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Author of 4 Stories |
Me disculpo de todo corazón por el retraso, pero tenía que solucionar varias cosas con respecto a la historia. Por ahora, les dejo el capítulo nuevo, y los reviews los responderé en el que sigue.
Muchísimas gracias por su paciencia.
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Disclaimer: Dark Sanctuary me inspiró para continuar con la historia, y tengo el presentimiento de que lo seguirá haciendo... Y tampoco es mío.
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SO LONG, FAREWELL…
La puerta de mi habitación se cerró por su cuenta detrás de mí, proporcionándole a mi espalda el soporte que necesitaba mientras me deslizaba lentamente hacia el suelo, mis rodillas por fin perdiendo la fuerza suficiente como para sostenerme un minuto más.
Estaba más allá del cansancio pero, como era de esperarse, no logré encontrar la motivación necesaria como para llegar hasta la cama, por lo que permanecí sentada contra la puerta un buen rato, permitiéndome respirar después del día tan caótico que había tenido la desgracia de vivir.
Y justo cuando estaba quedándome dormida, alguien me tomó del brazo, regresándome instantáneamente al mundo de los vivos, y noté que la luz del baño anexo a la habitación se encontraba encendida.
- Niña tonta… -escuché, al tiempo que Masque de Mort se esforzaba por depositarme entre las almohadas de la cama-. Te advertí que controlaras la Armadura.
De pronto, un espantoso mareo se apoderó de mi cabeza, y apenas tuve tiempo de zafarme de las garras del Maligno para postrarme ante el lavamanos y vaciar mi estómago.
Momentos después, una mano se posó sobre mi espalda, mientras la otra me alcanzaba un vaso con agua.
- ¿Mejor?
- No sé -murmuré, tratando de lavar el espantoso sabor que se alojó en mi garganta mientras observaba Masque de Mort a través del espejo, haciendo un esfuerzo por calmar el mareo.
El Cangrejo suspiró exasperado, mirándome fijamente unos segundos antes de sentarse al borde de la cama, apoyando los codos sobre sus piernas para poder analizarme cómodamente mientras yo me senté en el suelo del baño, sosteniéndome la cabeza con ambas manos.
- En el Yomotsu -susurré después de varios minutos de silencio, intentando controlar mi voz-. Tú me detuviste.
No era una acusación, aunque el tono de voz que usé le daba esa apariencia. A decir verdad, estaba agradecida.
Masque de Mort no respondió, pero no tenía que hacerlo. Su presencia era particularmente inconfundible.
- Deberías dormir -suspiró, y la forma en que lo dijo me hizo levantar la mirada casi por reflejo. Parecía… ¿preocupado?
- Sí, debería.
- ¿Me quieres decir qué demonios te ocurre? -gruñó molesto cuando no hice ningún esfuerzo por obedecerle-. Siempre has sido imprudente, Chloe, pero esto ya es ridículo.
Apreté los dientes, empeñada en sostenerle la mirada sin importar el precio. El Cangrejo tenía unos poderes de observación impresionantes, tal vez podría leer mi expresión sin yo tener que decir palabra.
Sin embargo, el otro estaba demasiado molesto como para captar el significado de mis entrelíneas, por lo que siguió con su tirada como si no me hubiese pedido una explicación momentos antes.
- Sin contar tu insensible demostración con tus compatriotas, que bien nos pudo costar una guerra, permíteme recordarte¿tienes idea de lo que pudo haber pasado si no hubiese llegado a tiempo para detenerte antes de que liberaras a todo el pobre cadáver que te manipulara el corazón?
Me abstuve de mencionarle que estaba hablando en plural, como si aún perteneciese a la Orden.
- Lo sé -susurré a modo de respuesta, por fin bajando la mirada.
- Entonces explícame tu lapso de locura, porque no lo entiendo.
- Te lo dije antes, Cangrejo, no eres mi confesor--
- ¡Maldita sea, Chloe, no estoy de humor para tus juegos! -gritó, poniéndose de pie de un brinco y dejando escapar el suficiente cosmo como para alarmar al Santuario entero desde donde estábamos-. ¡¿En algún punto de todo este episodio te detuviste a considerar las consecuencias de tus actos?!
- Y yo soy una “consecuencia” de los tuyos -gruñí, casi desesperada-. ¿Eso qué te dice?
- No me cambies el tema -susurró furioso, entrecerrando los ojos-, y no te atrevas ni por un momento a culparme por lo que hiciste.
Estaba siendo completamente injusta con él, lo sabía, pero aceptar que mi pasado me había nublado el juicio y había puesto en peligro miles de vidas era un trago ciertamente amargo.
Y, a pesar de que el hombre frente a mí era un desgraciado sin sentido de la moral ni remordimiento alguno, tenía razón.
Alcé la mirada de nuevo, encontrándome con que el Cangrejo se había apersonado de nuevo de la cama, sentándose en el extremo más cercano a mí, esta vez clavando los ojos en el espacio entre sus pies.
No tenía idea de cómo ni cuándo había sucedido, pero estaba convencida de que, de todo lo que había perspirado ese día, a lo que menos quería enfrentarme era a la decepción que seguramente sentiría mi mentor cuando se enterase de que todos sus esfuerzos por sacarme adelante a pesar de mí habían fracasado por completo.
Y no era que no quisiera superar toda la basura que me congestionaba las neuronas, si no que el hacerlo implicaba superarla a ella y eso, más que una injusticia, era una completa falta de respeto.
La mujer había dado la vida por mí, y seguir con mi vida con la cabeza en alto, como si nada hubiera pasado…
No.
La idea en sí era tan ridícula que resultaba una pérdida de tiempo siquiera considerarla.
- Antes de lo sucedido en Luxembourg -murmuré, apoyando la cabeza sobre mi rodilla izquierda-, hubo un incidente en la calle. Stephan, el hermano del Primer Ministro, estuvo a punto de morir.
Masque de Mort no dijo nada, limitándose únicamente a escuchar mi versión de los hechos.
- Shura y yo pudimos salvarlo, afortunadamente -continué, apretando las manos-, pero no pudimos evitar los… daños colaterales, y un hombre murió en los brazos de su hijo.
Un sonido me hizo alzar la mirada de nuevo, y Masque de Mort se encontraba sentado en el suelo frente a mí, extendiendo la mano para apartar un mechón de cabello de mi rostro.
- No los vi a ellos -susurré-. Y cuando tuve la oportunidad de corregirlo, no pude evitar querer… Tenía que hacer algo, lo que fuera.
Me tardé unos minutos en recuperar el aliento, durante los cuales Masque de Mort permaneció en silencio, permitiéndome ganar un poco de compostura.
- Sé que tanto Saga como tú se esforzaron en lograr que lo superara, pero no puedo. No puedo olvidarla y dejarla ir cuando es mi culpa que ya no esté aquí.
- ¿Y le haces justicia siendo miserable? -murmuró el otro por fin, casi indignado.
- No lo puedo evitar -reí, al borde de las lágrimas-. Todo lo que… Ella tuvo que morir para que yo pudiera encontrar mi propósito en la vida.
- ¿De qué hablas?
- Jamás hubiese llegado al Santuario si Audrey siguiera con vida -expliqué, sintiendo cómo las uñas se me enterraban en las palmas de las manos-. Estoy agradecida por todo lo que tengo, sí, pero ser feliz… es lo mismo que sonreír por su muerte. No puedo hacerlo.
- Nadie te pide que seas feliz porque la chica murió -respondió Masque de Mort, frunciendo el ceño-, sino a pesar de eso.
Parpadeé, sintiéndome de pronto muy pequeña.
- Te escondes del mundo en tu angustia, mientras desperdicias la oportunidad que tu hermana te regaló en lugar de respetar su sacrificio y vivir tu vida, lo que probablemente era su intención -continuó, tomando mi mano para examinar las marcas en forma de media luna que habían dejado mis uñas-. Si tu objetivo es devolverle el favor, estás haciendo precisamente lo contrario.
Aparté la mano cuando el Cangrejo comenzó a trazar líneas invisibles delicadamente sobre ella, observando con los ojos casi cerrados cómo el otro simplemente frunció el ceño y se puso de pie.
- Te sugiero que duermas -dijo con tono frío-. Mañana será un largo día.
Y, sin más, dio la media vuelta y salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de él.
. : o : .
Después de varios intentos por iniciar una conversación conmigo, el chofer se dio por vencido y simplemente se dedicó a conducir, permitiéndome contemplar mi falta de entusiasmo con detenimiento.
No me costó trabajo alguno dormir la noche anterior, aunque al despertar seguía igual de cansada que antes, a pesar de haber dormido unas buenas 8 horas.
Masque de Mort había desaparecido y no supe nada de él desde que se fue del hotel, por lo que, al ver que el vuelo a España saldría en un par de horas más, me dirigí hacia el aeropuerto, con el mismo sentimiento de indiferencia que se apoderaba de mí antes de una pelea, la conversación de la noche anterior dándome vueltas en la cabeza desde que abrí los ojos esa mañana.
Cuando las paredes de la habitación comenzaron a cerrarse sobre mí, apagué el cigarro que tenía en la mano, tomé algo de dinero y me subí al taxi más cercano que pude encontrar.
Realmente quería ver a Shura.
El aeropuerto era bastante grande, como era de esperarse, pero la sala de aguardo designada al vuelo hacia España se encontraba relativamente desierta, por lo que no me costó trabajo encontrar al Santo de Capricornio, sentado con los brazos cruzados, la mirada clavada en un punto indistinto en el suelo y luciendo su mejor expresión de pocos amigos.
Se veía soberbio aún reposando desvergonzadamente en una incómoda sillita azul, por lo que mi estómago decidió que era buen momento para volverse un nudo.
‘Maldito estómago traidor.’
El otro respondió con un pequeño espasmo, burlándose de mí.
Caminé la distancia que nos separaba en unos cuantos segundos y me acomodé en la silla junto a él, desviando la mirada hacia mi derecha para pretender observar cómo se reacomodaban los aviones a lo largo de la pista de aterrizaje.
Después de varios minutos de silencio incómodo, el Cabrón suspiró.
- ¿No deberías estar entrenando?
- Hola a ti también -musité sin apartar la mirada del ventanal, alzando una ceja.
- Hola, Chloe -corrigió con tono burlón-. ¿No deberías estar entrenando?
- En teoría -respondí, encogiéndome de hombros e ignorando su intento por molestarme-, sólo que ahuyenté al Cangrejo y realmente no sé de qué se trata el dichoso entrenamiento, así que no puedo hacerlo yo sola.
Miré de reojo a Shura cuando no dijo nada, sólo para encontrarme que me observaba con la suficiente intensidad como para derretir varios cientos de kilómetros siberianos. Naturalmente, me retorcí un poco en mi silla.
- ¿Qué? -pregunté desconcertada.
- Si se puede saber -murmuró sospechosamente, agachando la cabeza un poco en dirección mía-¿cómo es que ahuyentaste a Death Mask?
- Quiero pensar que con mi maravillosa personalidad -dije, frunciendo el ceño. Aunque el significado de esa frase no le hizo mucho sentido a Shura, quien me miró confundido. ‘Mejor cambiar el tema antes de que empiece a hacer preguntas’, sugirió mi Chloe interior-. Por cierto¿a qué hora sale el vuelo a España?
- En poco menos de veinte minutos -respondió el otro después de echarle un vistazo al reloj negro que colgaba de una pared.
- ¿Y ya sabes qué vas a hacer?
- Tengo una vaga idea -resopló-. Aunque estoy seguro de que mi argumento no tendrá la suficiente fuerza como para compensar tus ataques sicóticos.
- Chistoso -gruñí, tratando de imprimirle suficiente sarcasmo a mi voz.
- Sí, bueno -respondió el otro, mirando hacia el techo-, no hay como la promesa de mucho dolor insoportable para cambiar puntos de vista¿no crees?
- Ja ja.
- Y a todo esto -continuó-¿me quieres contar qué te pasó?
- Pas vraiment (1) -murmuré.
- De acuerdo -concedió el otro, recargándose de nuevo en el respaldo de la silla-. But you’re fine now, right? (2)
- Creo que sí -mentí, sonriendo un poco-. Aunque no sé qué tan bueno sea convivir con Masque de Mort en mi nuevo estado mental. Antes podía soportarlo… Ahora, no puedo garantizar nada.
- Entonces ven conmigo.
Estuve a punto de hacer un comentario sarcástico acerca de lo que haría el Cangrejo del Mal una vez que se enterara de que me había fugado con su mejor amigo el Cabrón, sin mencionar los distintos niveles de tortura medieval a los que tendría que sobrevivir cuando nos alcanzara, pero me quedé muda cuando miré hacia abajo y noté que la mano de Shura se encontraba casi sobre la mía, sus dedos trazando los míos.
Los dos quedamos absortos en una especie de trance, Shura pensando Dios sabrá qué, mientras que yo trataba de controlar a mi traicionero estómago a la vez que mi cabeza hilaba las neuronas que le quedaban para crear un pensamiento lógico.
Esfuerzos inútiles, realmente.
Shura entrelazó sus dedos con los míos mientras que su otra mano fue a parar a un lado de mi rostro, recordándome instantáneamente aquella vez en Capricornio el día que Athena decidió revocar la ley de las máscaras. Aunque el déjà vu vio su fin cuando el otro se acercó a mí de tal manera que su nariz rozaba ligeramente la mía.
- Ven conmigo -repitió en voz baja, y su tono de voz, aunado a lo cerca que se encontraba de mí, me impidieron desviar la mirada de sus ojos.
Apenas lograba respirar, ya no se diga moverme. Pero Shura parecía no tener el mismo problema, ya que sólo sonrió (seguramente burlándose de mi expresión) e inclinó un poco la cabeza, terminando con la diminuta distancia que nos separaba.
Me tardé varios segundos en registrar que, efectivamente, Shura me había besado.
Ese hecho me devolvió la capacidad de razonamiento pero, para ese entonces, ya me encontraba respondiéndole con avidez, dejando escapar un suspiro cuando mordisqueó ligeramente mi labio inferior y enredando mis dedos en su camiseta mientras sus manos se posaban en mi cintura, intentando acercarnos aún más.
Las bocinas de la sala de espera resonaron con el anuncio para abordar el vuelo 4236 a Madrid, y pude percibir la reticencia con la que Shura se echó hacia atrás y miró de reojo a las pocas personas que se alinearon frente a una edecán para mostrarle sus pases de abordar.
- No puedo… -murmuré, mirando hacia el suelo y casi mordiéndome la lengua para no cambiar de opinión-. Discúlpame.
- Lo sé -respondió, apretando ligeramente mi mano antes de ponerse de pie-. ¿Cuándo regresarás al Santuario?
- No tengo idea -dije, encogiéndome de hombros.
- Si llego primero, te esperaré ahí -sonrió, mirándome fijamente por unos segundos antes de dar la media vuelta y dirigirse hacia la puerta.
Con un suspiro, me reacomodé en la silla y miré de reojo el ventanal hasta que el avión desapareció en el cielo.
. : o : .
A pesar de que la luz del sol brillaba intensamente en las calles, la habitación del hotel se encontraba pobremente iluminada y una extraña sensación flotaba en el aire, dándole una cualidad casi macabra al lugar. Lo cual podía significar sólo una cosa.
Estirando los brazos, me senté en el borde de la cama a esperar pacientemente.
Unos minutos después, la puerta del baño se abrió de par en par y el Oscuro recargó un hombro en el marco, una toalla amarrada firmemente a su cintura mientras se tallaba un ojo con la palma de la mano para remover el exceso de agua.
- Pensé que tendría que perseguirte por los Pirineos -murmuró, en lo que parecía su versión de “buenas tardes”.
Alcé una ceja, haciendo todo lo posible por no ser obvia cuando lo recorrí de pies a cabeza con la mirada.
A pesar de haber vivido bastante tiempo con él en Cáncer, el Cangrejo tenía la maña de usar ropa un par de tallas más grandes que la suya, dándole un aspecto un tanto escuálido. Aunque, por lo visto, mi estimación se encontraba lejos de la realidad.
Era indiscutible que parecía ramita junto a Aldebarán, pero sólo en cuestión de proporción.
- ¿Te gusta lo que ves? -dijo, sacándome de mi trance con una carcajada.
- Nada mal -respondí, haciendo un esfuerzo por no soltar la risa cuando el otro se enderezó, casi posando-. Hasta pareces una persona común y corriente.
- Ten más respeto, mocosa -respingó de vuelta, entrecerrando los ojos-. Muchos darían un ojo de la cara por verse así.
- Meh -sonreí, encogiéndome de hombros.
- Monella insolente… (3) -gruñó entre dientes, encerrándose de nuevo en el baño sólo para reaparecer segundos después, completamente vestido-. ¿Lista para empezar?
Asentí, apoyando las manos en las rodillas para ponerme de pie y, al momento siguiente, noté que la habitación había sido reemplazada completamente por un paisaje mil veces más lúgubre e inhóspito. El Yomotsu.
- El entrenamiento estará dividido en dos partes -comenzó el Cangrejo, sentándose en el suelo y haciendo un ademán para que lo imitase-: yo me encargaré de la primera, y Shion hará el resto.
- ¿El Patriarca? -murmuré confundida, a lo que el otro solamente suspiró.
- A Athena se le metió una idea loca en la cabeza, misma que él te explicará con lujo de detalles; yo no tengo ni las ganas ni la disposición para hacerlo.
- No es que me disguste la idea de entrenar contigo de nuevo -respondí, arqueando una ceja-, pero ¿por qué no se encarga él de todo?
- Tu entrenamiento es especializado -dijo, cruzándose de brazos-. Cada cosmo es único, pero el de un cáncer es diferente al resto, al igual que sus propiedades y capacidades. En otras palabras, esto es algo que, en este momento, sólo tú y yo podemos hacer.
- ¿Y Shion? -pregunté, entrecerrando los ojos.
- Como ya te dije, él se encargará de la segunda parte y de la explicación -gruñó, exasperado-. ¿Me estás poniendo atención siquiera?
- Atentamente -musité, arrugando la nariz-. Entonces¿qué tengo que hacer?
- Meditar, más que nada -respondió con una sonrisa tétrica.
- Es broma¿no?
- Au contraire -rió en una mala excusa de francés-. Necesitas adquirir perfecto control sobre tu Armadura, el Yomotsu y tu propio cosmo, además de poder balancearlos simultáneamente al nivel más alto. Y como te niegas a hacerlo por ti misma -continuó, lanzándome una mirada acusadora-, entonces tendré que enseñarte personalmente.
Suspiré, ni un poquito interesada en iniciar una discusión al respecto.
- De acuerdo, suficiente teoría -declaró, poniéndose de pie en un movimiento fluido-. Párate frente a mí y convoca a tu Armadura.
Fruncí los labios, obedeciendo casi de inmediato a su primera instrucción antes de respirar profundamente y concentrarme para llevar a cabo la segunda. En cuestión de unos cuantos segundos, la Armadura de Cáncer me cubrió por completo.
- Contrario a los demás ropajes sagrados, las Armaduras de Athena poseen consciencia propia -comenzó-. Es por eso que no nada más escogen a sus portadores, sino que, como podrás haberte dado cuenta durante las pruebas Vestales, también los guían de acuerdo a su carácter. En el caso de Cáncer, debes simpatizar con ella para poder controlarla y, una vez logrado eso, ella misma te ayudará a manipular por completo el Yomotsu.
Dicho esto, el cosmo del Cangrejo llenó el lugar con una hermosa luz dorada, a lo que la Armadura respondió con una vibración, claramente armonizando con la energía de su antiguo portador a pesar de haberle abandonado en dos ocasiones.
Era una extraña sensación la de estar en medio de dos energías tan afines la una con la otra, dándome por primera vez la oportunidad de sentir cómo sería si Cáncer y yo compartiésemos ese vínculo. Lo cuál me desconcertaba, siendo que el Maligno era uno de los personajes más sádicos que había tenido el placer de conocer, mientras que la Armadura radiaba lo opuesto.
Sin embargo, estando envuelta en luz dorada de dos diferentes fuentes aparentemente contrarias, no pude sentir nada más que sincronía.
‘C’est étrange…’ (4)
Tal y como había ocurrido cuando fui nombrada Santa de Cáncer, un sentimiento de plenitud se apoderó de mí, arrancándome un suspiro inconsciente al sentirme tan en paz conmigo misma por primera vez en meses.
- Concéntrate, Chloe -escuché al Oscuro susurrar junto a mí, notando con sorpresa que mis ojos se encontraban cerrados-. Ve tomando control de la Armadura lentamente con la pauta que te acabo de dar.
Respirando profundamente un par de veces, fui aumentando mi cosmo gradualmente al tiempo que el otro disminuía el suyo, los dos haciendo un esfuerzo por que el cambio fuese lo menos forzado posible.
El cambio fue asombroso. Presenciar el vínculo que comparte una Armadura con su portador y formar parte del mismo son cosas completamente diferentes y, a pesar de haber sabido este hecho de antemano, el vivirlo por vez primera será una experiencia que jamás olvidaré.
Lo que había sentido durante las pruebas Vestales era sólo un eco de la sensación en la que ahora me encontraba perdida. Era como ser parte del firmamento en lugar de sólo un espectador más.
La constelación de Cáncer se dibujó frente a mí, contrastando soberbiamente con el negro del resto del universo.
De pronto, el sentimiento de plenitud se transformó en una luz por demás abrumadora, amenazando con engullirme por completo y robándome el aliento de tal manera que comencé a ahogarme a pesar de seguir respirando.
- No te asustes -escuché decir a Masque de Mort al tiempo que, al igual que había ocurrido antes, un reflejo oscuro consumía aquél vacío tan perturbador, regresando todo a la normalidad con dolorosa lentitud.
Resistí la urgencia de simplemente desmayarme, y una vez que me encontré segura dentro de los confines de la habitación del hotel, opté mejor por caer de rodillas, sujetándome la cabeza en un esfuerzo por que dejara de dar vueltas.
- Merde…
Sentí algo frío en el cuello, por lo que abrí un ojo sólo para ver que el Cangrejo colocaba una toalla mojada sobre mi nuca para luego reclamar su lugar favorito al borde de la cama.
En cualquier otra ocasión, su mirada intensa y silencio incómodo me habrían hecho sospechar pero, en el estado en el que me encontraba, no alcancé a ponerle mucha atención a esos pequeños detalles, prefiriendo sentarme contra la pared y agachar la cabeza para que la toalla no se moviera de su lugar.
Bendita fuerza de gravedad.
- Todavía te falta mucho -murmuró el otro con tono agrio-. Pero supongo que fue un avance, por poco que durara.
- ¿Qué sucedió? -pregunté sin levantar la cabeza.
- Cáncer es un portal -explicó-. Todo nuestro poder radica en que nos encontramos entre la vida y la muerte, de ahí que tengamos control sobre el Yomotsu. Con la Armadura es básicamente lo mismo; demasiada concentración podría costarte la vida, pero muy poca no te da el control necesario. Hay que encontrar el punto medio.
- Claro, nada de esto tenía que ser fácil -suspiré, cruzando los brazos y recargando la frente sobre ellos.
El otro simplemente bufó mientras que yo entreabrí los ojos, enfocándome en el suelo entre mis pies.
Esa noche soñé con la memoria de destellos azules y risas y soledad que, al despertar, me hicieron fruncir el ceño. Esos recuerdos ciertamente no eran míos.
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Traducciones:
(1) No realmente.
(2) Pero ya estás bien¿verdad?
(3) Mocosa insolente.
(4) Qué extraño.