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Agosto de 2009: Parece que estoy viva y después de muchos meses traigo un nuevo capítulo de Digital Cuatro… lamento la tardanza de la actualización, ha sido por causas ajenas a mí, pero no voy a torturarlos contándoles mis peripecias. Este capítulo está narrado desde el punto de vista de tres personajes, pero está inconcluso, espero que próximamente pueda subir el siguiente episodio. Quiero darles las gracias a todas las personas que han tenido la paciencia de leer D4, gracias por sus opiniones y críticas constructivas, las cuales me ayudan a crecer. Sólo quiero aclarar que las personalidades de los personajes están alteradas –en su gran mayoría- por alevosía y ventaja, la razón es simple: estoy trabajando con personajes que son adolescentes con serios problemas, por tanto, lo adolescentes no tienen definida su personalidad, van de a un lado a otro y son indecisos… aunque supongo que sí hay personajes que se me han salido de la manga. Espero mejorar en mi escritura, creo que el capítulo que sigue va interesante, espero que éste no los decepcione.
Advertencia: Este capítulo contiene escenas de sexo. Por favor, si no te agradan ese tipo de escenas, abstente de leer. No son demasiado explícitas, pero sí están algo fuertes. Las escenas incluyen una escena de hard yaoi, así que está advertidos.
Digital Cuatro
Por CieloCriss
Quince.- “Si le aplicas la chispa adecuada, la célula explota”
P a r t e u n o : L a c h i s p a a d e c u a d a
P.O.V. Joe Kido
Cerré la puerta con seguro.
Traté de esconder la mirada, pero lo primero que él me pidió fue que levantara la cara y me quitara los anteojos. Ya no quería quitarme los lentes ante él, se lo había permitido la primera vez, pero no me había gustado.
No le hice caso, al menos no inmediatamente, si me quitaba los lentes iba a descubrir que mis ojos estaban vidriosos, y se alegraría de ser él el causante de esas lágrimas, que por alguna razón siempre se me quedaban atoradas en el lagrimal.
Dejé la mochila a un costado.
-“¿No oíste, Kido?, quítate las gafas”.
Era sólo cuestión de venderme por calificaciones, no de quitarme las gafas, ¿que no?, por eso no hice caso, caminé hacia su escritorio y me dejé caer de rodillas, a la altura de la cremallera de su pantalón, hacia donde llevé mis manos, que por desgracia temblaban.
Él estaba sentado en su silla de profesor, sentí que dejaba caer su gruesa mano en mi cabeza y entremetía sus dedos entre mis cabellos.
No lo entendía. No me cabía en la cabeza cómo Shuu podía tener sexo con un hombre y sentir placer. ¿Así habría empezado mi hermano, acostándose con los profesores?, eso no importaba, porque yo estaba haciendo lo mismo, pero yo lo hacía para conseguir los primeros lugares en la tabla de calificaciones. Era como un trabajo, así lo quería entender aunque sabía que estaba mal…
Pero era muy desagradable… y dolía, dolía mucho. Debió ser terrible lo que pasó con Taichi cuando era un niño. Una violación a esa edad es un crimen irreparable.
A mí no me estaban violando, nadie me “obligaba”, aunque curiosamente cada vez que tocaba el cuerpo del profesor, sentía que mi padre me apuntaba con un arma en la sien.
La imaginación puede ser muy grande.
Con la menor repugnancia que pude le bajé el cierre, sentí su miembro entre mis manos y una bocanada de vómito quiso salir de mi boca. Me contuve.
Me contuve otra vez.
Él pareció darse cuenta de mis nauseas, por lo que soltó una risa que hizo que se me encogiera el estómago.
-“Quítate los lentes”- insistió. Tampoco lo oí. Los lentes siempre habían sido mi único escondite, tras ellos se escondían mis ojos, que además de miopes eran débiles.
Atrás de los cristales siempre se ven los ojos más fríos e intelectuales, yo me negaba a que ese profesor me quitara incluso eso.
Jalé un poco su ropa interior y lo toqué después de respirar hondo y profundo.
Tenía que soportarlo. No había otra opción para tener tranquilo a mi padre y a mí mismo. Por la vía legal, no había manera de que mis calificaciones fueran mejores que las de Osamu Ichijouji, mi rival académico.
Osamu era un genio, uno de verdad, como Koushiro. Y yo simplemente era un chico normal, por más dinero que tuviera mi familia no dejaba de ser ordinario… y… y si por lo menos tenía contento a papá con las calificaciones, seguro que Shin y mi madre estarían más tiempo a salvo. No había otra opción.
Mientras comenzaba a hacerle sexo oral, traté de pensar en otra cosa. En las curvas de Mimi-san, en mi primera vez, en algún recuerdo feliz de mi infancia, en lo que fuera, pero nada se quedaba en mi cabeza.
Él me jaló los cabellos e hizo que los lentes se me resbalaran. Con su otra mano me los quitó y quedaron al descubierto mis ojos de carbón mojados en lágrimas.
-“Eres muy directo, Joe-chan, ¿quién te dijo que hoy quería que me la mamaras?”- se rió y se movió, para que dejáramos de tener contacto.
Yo tosí un par de veces y me tallé los ojos.
-“Sensei…”- murmuré –“… te-tengo que irme temprano… hay… un concierto… y mis amigos”.- volví a toser. El olor de ese hombre lo traía impregnado en la garganta y tenía todavía más ganas de vomitar.
Jaló mi pelo para indicarme que me pusiera de pie. Le obedecí, pero cerré los ojos para evitar verle las arrugas. Era repugnante.
-“Mira, ¿quién sacó 100 hoy?”- abrí los ojos y vi mi examen inmaculado con puros aciertos.
-“… arigatoo”.
-“Yo cumplo lo que prometo, Joe-chan, pero debes ser complaciente”- pidió como si en algún momento yo hubiera sido grosero con él. –“¿comprendes?”.
-“… hai”.
-“Bien, entonces trata de disfrutar un poco conmigo”- tocó mis caderas con sus manos –“Tienes un buen trasero”- hizo la observación, luego me miró de frente –“y tus ojos derretirían a cualquiera, ¿no has pensando en usar pupilentes?”
Negué de nuevo temblando.
-“Mejor. Regálame sólo a mí esa mirada durante este ciclo escolar”- hacía todos sus esfuerzos por sonar seductor, pero lo único que yo podía devolver, hablando de sentimientos, era asco. Movió sus dedos hasta tocarme.
Estaba aterrado.
Ya me había acostado una vez con él, pero lo había hecho sin pensarlo, sin saber que era doloroso y sin saber la repugnancia que sentiría. En ese momento sólo había pensado en esto como una especie de “plan” para al menos agradar a mi padre por el lado de mis estudios, ya que me había negado a ayudarlo en… en… en sus negocios sucios.
Era sólo sexo. Podía soportarlo. Duraría sólo unos meses más.
Mientras dejaba que me manoseara y que estimulara a mi cuerpo para tener sexo, comprendí que estaba solo y que no iba a haber nadie que me sacara del agujero que yo mismo había cavado.
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Terminé de ponerme el cinturón. El profesor observaba mis gafas mientras yo me vestía en su cubículo privado.
Me sentía sucio. Había dolido menos que la primera vez pero me sentía mucho más miserable. No físicamente, porque el cuerpo tiende a reaccionar aunque tu mente se lo prohíba, pero mi espíritu –si es que existe- estaba pisoteado.
Me tallé los ojos con enjundia, respiré hondo y profundo, luego recogí mi mochila y la colgué de uno de mis hombros.
-“Tengo que irme”- susurré con debilidad.
El profesor siguió mirando mis anteojos, no sé que tanto les veía, pero durante todo el tiempo que duró el sexo, los sostuvo con su puño izquierdo, aunque sin fuerza.
-“¿Alguien te lo impide?”- preguntó con su voz patética.
-“Mis lentes… los necesito”.
-“Ah, sí”- comentó casualmente. Se puso de pie y caminó hasta mí. Era una cabeza más bajo que yo, pero tenía el suficiente sobrepeso como para doblarme en kilos.
Alzó sus brazos anchos e hizo que me inclinara un poco, para que –supuse yo- me acomodara las gafas.
Así lo hizo, pero inmediatamente después me delineó los labios.
Yo lo quité de un manotazo.
-“No haga eso”- atiné a decir.
-“¿Cómo? ¿te la puedo meter pero tu boquita está prohibida?”.
-“No me haga decirlo, sensei, yo sólo lo hago por mis calificaciones”.
-“Sí, por supuesto, es una lástima”.- se sonrió y luego ensombreció sus ojos castaños y me murmuró suavemente –“Eres un muchacho muy atractivo, tu madre debió ser muy hermosa, porque tu padre siempre fue mal parecido y tú y tus hermanos son de buen ver… pero tras los lentes, Jou-chan, y te seré sincero, nunca vi unos ojos más infelices que los tuyos”.
-“Usted puede decir lo que quiera”.
-“Otro diez saldado por hoy, Joe-chan, te veré hasta el martes, el lunes hay junta de profesores”.
-“De acuerdo…”- dije, luego apuñé las manos –“… Sensei… sólo una cosa más… usted y yo… usted y yo no somos amantes, que le quede claro eso…”.
-“Oh, no, por supuesto”- se acercó a mí y siseó –“, realmente eres como mi prostituto particular”.
Las náuseas se me vinieron de golpe. El katsudon que había comido en el almuerzo se me dejó venir. Yo me cubrí la boca con una mano y salí corriendo del cubículo, rumbo al sanitario.
Los pasillos estaban vacíos, los ojos se me nublaban, era la primera vez que trataba de contener el vómito en mi vida.
No supe cómo llegué, pero me encerré en uno de los escusados y dejé salir no sólo la comida, sino toda la impotencia que sentía; las lágrimas que traía atoradas en los ojos también cedieron.
Estuve varios minutos ahí. Después de regurgitar había quedado en silencio, para detectar si alguien me había visto, pero podía escuchar nada.
Las baldosas del sanitario se veían de otro color por lo aturdido que estaba, me puse de pie tambaleante y me dispuse a salir del pequeño cubículo para asearme.
Por suerte siempre cargaba conmigo cepillo y pasta de dientes, Taichi decía que era un exagerado y que no había nada que una pastilla de menta no pudiera ocultar, pero me alegraba ser un maniaco de la limpieza… además, era mejor no recordar los consejos de mis amigos. Pensar en ellos me causaba escalofríos y aunque supuestamente me habían perdonado, yo dudaba que todo volviera a ser como antes… el concierto de esta tarde me lo comprobaría.
Salí hacia el lavamanos arrastrando los pies, pero el diseño del baño era muy distinto a como yo lo recordaba.
-“Joe-senpai, ¿está bien?”- una chica me lo preguntó, estaba a mi costado.
Me llevé el pañuelo a la boca.
-“¿Qué haces aquí, en los sanitarios de varones?”- reclamé lo más cordial que pude. Distinguí que era Motomiya, la compañera que Sora había defendido cuando los D4 le habíamos puesto tarjeta roja. Parecía que habían pasado siglos desde entonces, pero a lo mucho sólo era cuestión de retroceder un par de semanas.
-“Etto… es el baño de niñas”- dijo con la voz aterciopelada, como si se forzara a ser cursi para verse más “encantadora”.
Parpadeé un par de veces. ¿Había vomitado en el sanitario de mujeres?, me puse más pálido de lo que estaba. Sin decir nada más salí con torpeza del lugar, ninguna otra chica me vio, así que lo más rápido que pude entré al baño correcto.
Me eché agua en el lavamanos. Me lavé los dientes no una, sino cuatro veces, pero todavía no me sentía a gusto, supongo que necesitaba ducharme durante horas para olvidar ese maldito episodio.
Yo había perdido la virginidad a los 14 años, en una ocasión en la que Matt y Taichi habían contratado a unas prostitutas para experimentar con ellas. Recuerdo que nomás entraron a primero de secundaria, entre los dos decidieron que era momento de empezar a acostarse con mujeres.
Salí del baño, pero la chica que me había descubierto seguía ahí. Se me acercó con el cuerpo tembloroso, se mordía los labios y parecía excitada por la posibilidad de haberme visto en un estado débil.
-“Joe-senpai… tome”- me ofreció una bebida energética. Yo las detestaba, pero la acepté de buena gana. –“etto… no voy a decirle a nadie”- se me adelantó.
-“Gracias”- le solté de manera hueca.
-“Joe-senpai puede confiar en mí”.- meneó su cadera cuando dijo eso y yo evité mirarla de frente.
Probablemente era mentira, aunque eso no era importante.
Estaba seguro que esa chica buscaba popularidad y era capaz de hacer lo fuera por ella, casi podía estar seguro de que prefería los físicos de Yamato y Taichi, pero yo también seguía siendo un D4 y los verdaderos sentimientos no importaban.
Tal vez lo único que necesitaba era un poco de consuelo, y estaba seguro de que ella me haría lo que le pidiera.
De varios tragos seguidos me acabé la bebida y le regresé el envase vacío.
-“¿Quieres ir a un hotel?”- pregunté directamente. Realmente yo solía ser bastante cortés con las chicas con las que salía, pero en esos momentos no tenía fuerza para nada. Pensé brevemente en Hikari Yagami, la niña que se convertiría en mi prometida… cuando ese día llegara mi vida sería un problema, pero todavía podía decirse que ‘oficialmente’ era libre,
Ella se enrojeció, sacudió las manos con torpeza y me miró con los ojos desorbitados.
-“¿Quiere decir que Joe-senpai quiere salir conmigo?”- tartamudeó.
-“No, quiere decir que quiero ir a un hotel contigo”- expliqué –“luego quizá… a un concierto”.
-“Oh, ¿de verdad?”- volvió a cuestionarme, esta vez con la voz inflada – “¡Sí, claro que sí!”.
Comencé a caminar hacia la salida de la escuela. De nuevo acomodé la mochila en mis hombros. Ella me siguió algo modosa y como si fuera por las nubes.
Su nombre. ¿Cuál era su nombre?
-“¡Jun, hasta mañana!”- le gritaron a lo lejos un par de muchachas; al verme con ella se pusieron rojísimas y alteradas –“¡Que tenga buena tarde, Joe-senpai!”.
Así que se llamaba Jun.
Bueno, pues Jun había sido la elegida para consolarme al menos esta tarde. Era una lástima que estuviera pensando así… ese era un pensamiento que adoptaría Taichi, pero yo no.
Aunque, uno no sabe, pero cuando cavas tu propio hoyo y te tiras en él, tiendes a revolcarte en tu propio estiércol.
Fin del P.O.V. Joe Kido.
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P.O.V. Mimi Tachikawa
Me costó mucho trabajo convencerlo y eso que era viernes y no había nada mejor que hacer hasta en la noche. Desde que era pequeño, siempre me costaba trabajo convencerle de que me incluyera en su vida. Así era Koushiro. Cerrado.
-“¿Y si le compro éste?”- le pregunté mientras estábamos en la tienda del Hospital de los Kido. Los dos acabábamos de salir del instituto.
Le mostré un conejito de felpa verdaderamente adorable, pero él lo miró con indiferencia.
-“Como sea…”
-“¿Por qué eres así conmigo, Izzy-chan?, sólo pedí tu opinión, además tú la conoces mejor que yo”- renegué haciendo un mimo.
Koushiro era el Digital Cuatro más despistado. Podría ser un genio como decía la gente, pero había detalles que se le iban, ¿no se daba cuenta de que todos mis mimos reclamaban su atención?, pero él en lugar de verme tenía su mirada de azabache perdida en la salida de la tienda.
-“A Hikari-san no le gustan los peluches”- consideró Koushiro.
-“¡Claro que le gustan!, a todas las mujeres nos gustan”- le reproché de nueva cuenta. –“Así que éste le voy a comprar y vamos a ir a visitarla”.
-“¿Y por qué tuve que venir yo, Mimi?”- preguntó.
-“Porque yo te lo pedí”- excusé mientras pagaba el conejito y hacía que el empleado lo metiera en una bolsa de regalo.
La verdad era que ver a Hikari en el Hospital era un pretexto para pasar más tiempo con Izzy-chan.
Desde que había pasado aquél incidente de su pasado quería saber cómo le estaba yendo, ¿quién iba a pensar que alguien tan reservado tenía un secreto tan oculto, tan doloroso?, yo realmente no sabía detalles sobre la Esposa-dos, pero lamentaba que los ojos vacíos de Koushiro fueran así por culpa de una mujer.
La verdad, Izzy-chan es mi D4 favorito. Si pudiera elegir a uno de los cuatro, lo elegiría a él, a pesar de que no me presta atención.
Me gusta porque tiene una carita de niño bonito y pequeño que delata que dentro de él aún vive algo de inocencia. La inocencia, aunque sea de mentiritas, me gusta.
Pero en cambio con el que me he acostado es con Taichi, y si pudiera tener sexo con alguien más, escogería a Yamato.
Soy incompresible y contradictoria. Aunque considero que está bien ser así, uno se tiene que poner sus moños.
Salimos en silencio de la tienda de regalos del hospital, Izzy iba en otro mundo, ¿en qué estaba pensando?, ojalá en mí, pero sabía que eso era imposible. A como él era, seguro que pensaba en cosas insulsas, como sus mentadas investigaciones o en su miserable pasado.
Lo natural sería que un chico como él, en crecimiento, pensara en muchachas como yo.
-“Izzy-chan”- lo interrumpí mientras caminábamos al cuarto de Hikari –“¿Tú estás enamorado de alguien?”.
Mi pregunta lo tomó por sorpresa, porque frunció las cejas. De su bolsillo sacó una paleta y se la metió a la boca. De tanto dulce que chupaba le iban a salir caries, y a nadie le haría bien eso, ni siquiera a él, que era un D4.
-“No creo”- dijo como respuesta.
-“¿Estás pensando en el concierto de esta noche?, podríamos ir como en cita, Cenicienta me traicionó y terminó saliendo con Yamato”.
-“No estoy pensando en el concierto y no me interesa ir contigo en cita. De hecho me parece problemático tener que ir a escuchar la música de ese grupillo”- admitió, se oía su voz dolida, pero yo no sabía por qué –“seguramente la calidad de sonido será pésima y tendré menos tiempo para mi club”.
-“Ay, eres un aburrido, ¿por qué eres tan aburrido, Izzy-chan?”
-“Si soy tan aburrido, ¿por qué me molestas tanto?”- renegó; luego se detuvo en el cuarto de Hikari, donde cruzó los brazos.
Parecía incómodo, ¿es que no quería ver a Hikari?, se suponía que eran buenos amigos, ¿qué no?... por irme a Estados Unidos a arruinar mi vida me había perdido la vida de estos chicos varios años, ya no podía leerles la mente… bueno, la verdad nunca les había leído la mente, pero podía adivinar un poco más lo que decían sus corazones.
Ahora los corazones de los cuatro estaban igual de secos que el mío.
Toqué la puerta. La suave voz de Hikari se escuchó del otro lado.
-“Adelante”- dijo con alegría, lo que me inquietó un poco. Generalmente esa niña no sonaba tan contenta.
Cuando Koushiro empujó la puerta y pude ver la habitación, pude comprender por qué estaba con esa sonrisa de oreja a oreja.
Era porque estaba coqueteando, justamente con el hermano de Yamato, Tk-chan.
Los vi riendo juntos, él estaba sobre una silla de ruedas, y a pesar de que se le notaba pálido y con ojeras, lucía como el hombre más feliz del mundo.
Hikari tenía las mejillas teñidas y estaba recargada en su cama como si nunca hubiera sido una Bella Durmiente.
Claro, porque si Sora Takenouchi era mi Cenicienta personal. Hikari-chan era algo así como la Bella Durmiente.
-“¡Izzy!”- dijo con alegría Hikari, desviando un poco su mirada de Tk-chan, para mirar a mi amigo pelirrojo –“y también Mimi-san”.
-“Vinimos a visitarte”- le dije –“También a Takeru-chan”.
-“Mimi-san, gracias”- respondió el aludido.
-“Ay, pero no te compré regalo”- me quejé –“Izzy-chan no me dijo que estarías en el cuarto de Hikari-chan”.
-“No me digas Izzy-chan”- se quejó Koushiro, tomando asiento con la vista nublada.
Me acerqué a Hikari y le di el peluche. Ella no pareció muy entusiasmada al verlo, lo cual me pareció una actitud muy grosera, o sea, yo me había preocupado por comprarle algo y pues, lo mínimo que tenía que hacer era fingir que le gustaba.
-“¿No te gustó?”
-“No es eso”- admitió.
-“Es una grosería, tardé mucho en escogerlo, Hikari-chan”.
-“Te dije que no le gustaban los peluches”- recordó con indiferencia Kou.
-“Te lo agradezco, Mimi-san”- mintió Hikari –“Es un conejito precioso. Es sólo que cuando era pequeña, mamá siempre me traía este tipo de regalos en lugar de traerme de visita a mi hermano… siempre decía ‘Taichi vendrá el próximo fin, Hikari, sé fuerte’, me esmeraba toda la semana y mi premio de consolación era un muñeco de felpa”.
-“Qué crueldad la de tu madre, pero mi conejito no tiene la culpa”- le dije.
-“Tienes razón”.
-“Escojamos un nombre, Kari”- opinó Takeru, arrebatando el muñeco para tocarle las orejas.
-“Ya se lo escogí, se llama Felipe”- les dije.
-“¿Por qué?”- cuestionó Tk.
-“Porque es el nombre del príncipe que despertó a la Bella Durmiente”.- sonreí.
-“No”- se quejó Takeru –“¡Yo soy ése príncipe!”.
-“Ay, ¿de verdad?”.
-“Claro, si Hikari es la Bella Durmiente, yo tengo que ser el príncipe que la despierte, ¿verdad, Kari?”.
Así que estaban enamorados. Por eso irradiaban tanta felicidad.
Hikari se sonrojó aún más.
-“Llamaré a este conejito Takeru, para dormir con él todas las noches”.- dijo en bajito.
-“Deberían dejarme pasar la noche contigo en lugar de al conejo”- consideró el pequeño rubio –“pero en cambio, enfermera-san no me deja estar contigo mucho tiempo…”.
Hacía mucho que no me tocaba escuchar tanta cursilería. Me dio envidia. Sólo pude sonreírles y voltear de reojo a ver a Izzy, quien parecía incómodo por esa conversación.
-“Mimi-san, ¿no es hoy el concierto del que mi hermano Tai ha hablado toda la semana?”
-“Ay, sí, pero es hasta en la tarde-noche”.
-“Me gustaría ir”- admitió Hikari, abrazando al conejo.
Iba a responderle cuando me sonó el celular. Me asomé a ver quien me llamaba. La verdad era que desde que había llegado a Japón casi nadie me llamaba.
Para mi sorpresa en la pantalla del móvil decía que era Yamato. Me dio extrañeza, y hasta sentí vértigo, como si fuera una niña emocionada que está flirteando con un muchacho.
-“Ay, ahorita vengo”- les avisé, poniéndome de pie y saliendo de mi habitación.
Me topé con una enfermera pelirroja que entró a la habitación de Hikari y comenzó a gritar, pero no le di importancia; me recargué en un pasillo y contesté.
-“¡Yama!”- saludé cuando contesté. A lo mejor soné muy tonta y esperanzada.
‘Necesito un favor’, respondió.
Ni siquiera dijo ‘hola, ¿cómo te va?’, él era aún más egoísta que el mismo Koushiro.
Me pidió de favor que le diera a Sora un vestido que quería que ésta usara para el concierto. Al principio le dije que no, que un hada madrina, como yo, era la encargada de elegir la ropa.
Pero bueno, él me convenció cuando dijo que podía darnos vestidos a mí y a Miyako. La verdad Yamato tiene un excelente gusto y siempre compra las cosas más caras, por eso acepté que él fuera el hada madrina de la noche.
Colgué el teléfono y me recargué pesadamente en la pared.
Iba en serio. Yamato Ishida iba en serio con Cenicienta. ¿Por qué nadie iba en serio conmigo?, me sentí como el Patito Feo. Y como que iba a ser difícil convertirme en cisne.
La enfermera salió de la habitación de Hikari arrastrando a Takeru Takaishi en la silla de ruedas.
-“Ya me llevan a encerrar, Mimi-san”- me dijo con su manita diciendo adiós.
Yo le sonreí.
-“Cúrate pronto”- le contesté.
Era un niño muy bonito este Tk-chan. Tenía la hermosura de Yamato pero el carácter de un angelito. Yo quería uno como él.
Con ganas de ir a casa de Yamato por los vestidos, regresé a la habitación de Hikari, entreabrí la puerta con la esperanza de escuchar alguna conversación entre ambos, por suerte los oí susurrar con nostalgia.
-“No te veo bien”- le decía Hikari a Izzy –“¿Por qué estás triste?”.
-“¿Eres muy feliz, Hikari?”.
-“Izzy, no respondiste mi pregunta…”
-“Me da gusto, Hikari, que Takeru te haga feliz”- comentó –“pero aunque yo haya dejado el fantasma de la Esposa-dos, todavía no respiro aire libre”.
-“¿Cómo puedo ayudarte a que seas feliz, Izzy?”
-“Siendo todavía más feliz”- respondió Koushiro.
Ay, qué ternura que un chico diga esas cosas. ¿Era que él la quería, a ella?... a lo mejor por eso no quería ir al hospital conmigo, talvez le dolía que Hikari fuera tan feliz.
-“¿No sería egoísta de mi parte, Izzy?”
-“No”.
-“¿Ves la montaña azul que se ve a través de la ventana de la habitación?”.
Koushiro se levantó y abrió la cortina.
-“Sí, la veo”.
-“Quiero llevar a Takeru allá”.
-“¿Cuándo se mejore?”.
-“No, lo quiero llevar antes. Para ver cuando el sol se oculte, para descubrir que aunque se ve azul, la montaña es de tierra rojiza”.
-“¿Qué puedo hacer para que logres tu objetivo?”
-“¿Me prestarías tu moto?”
-“No sé, Hikari, tanto Takeru como tú están enfermos”.
-“Sí, pero de amor”- susurró Hikari –“No me queda mucho tiempo, Takeru dice que conoceré a mis nietos y que viviré muchos años, pero sabemos que no es verdad, entonces quiero cumplirme ese capricho, quiero escalar esa montaña”.
-“Dejaré mi moto en el estacionamiento, llévate un celular por si necesitan ayuda”- terminó por decir él, mientras les daba las llaves –“… creo… creo que ya tengo que irme”.
-“Gracias, Izzy”.
-“Las princesas como la Bella Durmiente no deben dar las gracias”- bromeó él, mirando su reloj –“¿A dónde fue Mimi?, ya me quiero ir”.
-“No te gusta venir aquí, ¿cierto?”
-“Para nada”- admitió.
Fue ahí cuando empujé la puerta e hice acto de presencia. Me sentí algo incómoda, como estúpida, ellos tenía una relación medio rarita, me daba cosa no ser parte de esa relación.
-“Ya tenemos que irnos, Izzy-chan”- le dije con premura.
Koushiro me asintió y se despidió de Hikari con una mirada profunda, que dolía.
No supe cuándo fue que salimos del hospital, pero a la salida, Koushiro me propuso regresarnos en taxi.
Encontramos uno rápidamente, al avanzar por la avenida.
-“¿A tu casa?”- me preguntó con nostalgia.
-“Voy a casa de Yamato, Cenicienta y yo tenemos que alistarnos para el baile, allá está nuestro vestuario, luego tenemos qué llegar por Miyako”.
-“Querrás decir el concierto, no baile”- corrigió él.
-“Para mí será como un baile, aunque nadie se fija en las hermanastras como yo”.
Koushiro sonrió.
-“Yo prefiero a Griselda y Anastasia en lugar de Cenicienta”- dijo, pero fue para hacerme sentir mejor.
-“Ay, no seas ridículo”.
-“Si te gusta buscar analogías de esta vida con tus cuentos de hadas, ¿por qué no buscas ser una princesa como antes?, ¿por qué te das los papeles de la mala o la tonta del cuento?”
-“Porque es más interesante”- me reí.
-“Mmmh, Mimi… hace días fui algo grosero contigo, creo que te llamé hasta masoquista”.
-“Deja ya, no me lo recuerdes, que todavía no te perdono”.
-“¿Ah, no?, ¿qué no quieres mucho a los D4?”.
-“Te perdono si me das un beso”- me aventuré a decir.
-“Eres tan chantajista”- se quejó Koushiro.
Pero para mi sorpresa se me acercó a los labios y los rozó con los suyos.
Olía a caramelo, todo el tiempo había estado con la paleta en la boca.
-“No puedo creerlo”- dejé salir, tocándome los labios. Siempre había chantajeado a Izzy-chan con besos, pero nunca había resultado.
Él encogió los hombros.
-“Hay muy pocas cosas que me importan por el momento”- fue su respuesta seca y lejana.
¿Darme un beso no le importaba? ¿Ni siquiera enfrente del taxista que nos miraba por el retrovisor?
-“Sabes rico, hagámoslo otro día”- le animé.
-“Llegamos a casa de Yamato, baja de una buena vez”- ordenó, limpiándose la boca con la mano.
-“Eres incomprensible, ¿qué no te gustó?”
Me miró condescendiente.
-“Eres bonita”- dijo sin más –“pero no sabes a ti misma”.
-“¡Bien, pues tú tampoco sabes a ti mismo, sabes a caramelo!”- gruñí, bajándome del auto.
-“Nos vemos en la noche”- susurró con despiste, sacando su portátil de la mochila.
Nunca me prestaba la suficiente atención, pero ahora, además de estar en otra dimensión, Izzy-chan definitivamente estaba más loco que nunca.
Por eso ni me digné al verle el rostro cuando me bajé del taxi, sino que caminé directo hasta la mansión de Matt.
Siempre había demasiados sirvientes en la entrada, era hasta medio molesto. Aunque en la casa de Taichi era peor, según había oído había hasta 10 guaruras vigilando a Taichi, pero éste siempre se las arreglaba para burlarlos.
Me presenté ante los que resguardaban la entrada de la Mansión Ishida y para mi sorpresa me dejaron pasar rápido, aunque no por la puerta principal.
Me llevaron directo a un pasillo oculto de ese enorme palacio del cuento de la Cenicienta, luego subimos unas escalinatas y entramos a un salón de música. Ahí estaba Yamato.
Estaba tocando el piano, pero en cuanto me notó, dejó de hacerlo y puso su clásica mirada de hielo.
Yo traté de sonreír lo más que pude y alcé la mano, como diciendo “hola” al estilo americano. Él pasó de mí y ordenó a los sirvientes que se fueran.
-“¿Y Matsumoto-san?”- pregunté por el nombre del guarura personal de Yamato –“¿Le diste vacaciones?”.
-“Toma asiento, Mimi”- ordenó sin hacer caso de mi esfuerzo por sacarle plática.
-“Ay, eres un malo, me mandas llamar sólo para darme vestidos para Cenicienta, ¿tanto te gusta?”-
Tampoco respondió. Del forro de su guitarra sacó tres trajes.
El primero era un vestido gris, corto, no demasiado elegante, pero ideal para un concierto de rock.
-“Dale esto a Sora”- mandó.
-“¿No es un color muy triste?, me parece que se le hubiera visto genial un azul claro”.
-“Asegúrate que se lo ponga… hice que compraran otros dos, los pueden usar tú y la otra chica que era Dama de Compañía de Kou”.
-“Pero no me has respondido, ¿tanto te gusta Cenicienta?”.
Me entregó los otros dos vestidos. Estaban bastante bien, eran de la mejor marca. El que me gustó a mí fue uno rosado, había otro de color violeta que le quedaría bien a esta chica Miyako.
Yamato me miró con supuesta indiferencia y bostezó, pensé que no iba a responder, pero de pronto dijo, aunque de manera queda, unas palabras que nunca olvidaré.
-“Es el amor de mi vida”- soltó con voz angelical, por primera vez noté su parecido con su hermano Takeru, y no sé por qué, pero comencé a lagrimar. –“¿Qué? ¿Te decepciona que diga eso?, ya te lo había asegurado Mimi, que por nada del mundo me involucraría con una mujer como tú”.
No tenía derecho a herirme, además no era por eso que yo estaba llorando.
-“Eres malo, tú no comprendes… es sólo… es sólo que es lindo saber que aunque eres un lobo feroz, al final vas a convertirte en príncipe, ¡y un cuento de hada se hará realidad!”.
Le debí parecer muy estúpida pero no me importó. Se encogió de hombros, como si con eso quisiera quitarse el peso de mis palabras.
-“Asegúrate de que se ponga ese vestido… puedes llevártela y arreglarla, como siempre lo haces, nos veremos en la Bahía de Odaiba a las 8 de la noche, los muchachos y yo llegaremos por ustedes”.
-“Pero no es justo, Cenicienta va contigo, Taichi llevará a su prometida… y yo no tengo cita”.
-“Mimi, me causas jaqueca, ¿por qué no te largas de una buena vez y me dejas en paz?, tengo cosas qué hacer, ¿te enteras?”.
Es verdad, parecía ensimismado en algo, aunque jamás había podido comprenderlo a él, era el más difícil de los cuatro.
Yamato podía ser lobo, hielo, fuego y astucia al mismo tiempo, pero había un espacio dentro de él que nadie, pero nadie podía comprender… bueno, más bien yo no podía entender.
¿Cenicienta podría? Ojalá que no. Porque el hielo de Yamato quemaba. Y aunque él acaba de reconocer que ella era el amor de su vida, el final feliz no estaba asegurado.
-“Ay, me voy, iré por Cenicienta”.
-“Sora. Llámala Sora”.
-“Yo la llamo como se me pegue la gana”- le saqué la lengua y salí del enorme salón de música.
Era mediodía según marcaba mi reloj.
Le pedí a los criados que me llevaran a la habitación de Cenicienta, para mi sorpresa estaba en una zona bien marginal.
Digo, en esa residencia no había zona marginal propiamente, pero no estaba en los rumbos de las habitaciones principales, sino cerca de donde se instalaban los criados. Eso hizo que soltara una risita.
-“Es que es Cenicienta”- corroboré mi información.
Su habitación estaba arrinconada y la puerta estaba abierta cuando llegué. Había quedado en llamarle a Cenicienta esa tarde, pero había sido mejor pasar una vez por ella. Me la llevaría a casa para alistarla y pasaríamos por Miya-chan.
Era como feo que yo tuviera dos chicas pobres bajo mi merced, era como la buena samaritana de la que hablaban en los libros religiosos de occidente. Pero bueno, Miyako Inoue no era tan mala después de todo y Cenicienta era muy interesante… las dos mucho mejores que todas esas compañeritas fáciles del instituto.
Lo primero que vi me desató un sonrisa. Sora, ¡Es decir! Cenicienta estaba refunfuñando con una sirvienta.
-“Ya te dije que no quiero medicina, Noriko”- exigía Sora –“me siento bien, no quiero consumir más fármacos”.
-“Pero, Sora-sama, el doctor dijo que era la última dosis”.
La tal Noriko prácticamente estaba temblando mientras sostenía la charola sobre la que estaba un vaso.
¿Tanto así le importaba que su ‘ama’ se tomara la medicina?, pensé que sólo Genai era así de obsesivo conmigo.
-“Las Cenicientas no refunfuñan y hacen caso de los doctores”- di como saludo a la chica, que me miró extrañada por estar en la mansión Ishida.
-“Mimi… hola”- me dijo.
-“Pasaba por aquí así que decidí recogerte, date prisa, Sorita, que todavía tenemos que recoger a Miya-chan, ¡he conseguido unos vestidos preciosos para el concierto!”.
-“No te preocupes, tengo mi propia ropa”- anunció ella –“no es necesario que me prestes ropa nunca más”.
-“Ay, cómo eres, ¡Toda el día estuve de compras!”- mentí –“me esforcé mucho para elegir los vestidos”.
Me miró incrédula e incómoda.
-“No hacía falta”.
-“Claro que hace falta, a mí me fascina ir de compras”- admití –“ya me pagarás el vestido, te lo aseguro”.
Saqué de mi bolsa el vestuario y se lo enseñé. Ella pareció un poco aliviada, como que se imaginó que le escogería algo escandaloso.
-“La única manera de que lo use es que te lo compre”.
-“Pues sí, te lo vendo”- sonreí. Qué boba, ni trabajando todo un año podría pagármelo, pero ni viendo la marca comprendería que ese vestido estaba fuera de su alcance.
Y mejor que no lo supiera, porque yo había quedado con Yama en que Cenicienta iba a usar eso.
-“¿A cuánto?”- era como si ella me estuviera retando.
-“Luego vemos, ahora tómate tu medicina para irnos, antes de que Yamato se aparezca por aquí, no tengo ganas de verlo”.
Fue curioso, pero eso la animó.
Agarró el vaso, que me supongo estaba lleno de agua y se tragó la píldora. Tomó los pases para el concierto y una pequeña mochila. Se despidió de su criada llamada Noriko.
-“Dile al doctor que es la última vez que me tomo la medicina”- le dijo a la sirvienta.
-“Sora-sama, gracias, muchas gracias por tomarla”- agregó la otra como si el que Cenicienta se hubiera tomado la medicina le hubiera quitado un gran peso de encima.
Fin del P.O.V. Mimi Tachikawa
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P. O. V. Sora Takenouchi
-"Ay, estoy emocionada"- chilló Mimí cuando el joven Genai, quien era su mayordomo y chofer, paró el vehículo y se bajó para abrirnos las puertas.
Yo me le adelanté y salí por mi cuenta, le sonreí a Genai para no verme grosera y me puse a ver el croquis que incluía el mapa del concierto.
Estábamos cerca de la Bahía de Odaiba, así que si caminabas un poco, podías llegar hasta el malecón y sentarte a apreciar el océano que se perdía entre la tarde; al otro lado estaba la explanada del concierto, que contrastaba con la tranquilidad de la orilla del mar.
Estaba nublado, como otros días, pero a mí no me molestaban demasiado los días así.
Volteé hacia el automóvil, Mimi se había bajado haciendo mimos y Miyako Inoue parecía algo contrariada después de que dejó el auto.
-"Ahora desaparécete, Genai, quedamos de vernos con los D4 aquí, así que Yamato y compañía van a cuidar de nosotras"- le exigió la muchacha al hombre, quien nomás hizo un gesto y se retiró algo aliviado.
Seguramente ser el guardián de Mimi Tachikawa no era algo sencillo, aunque ella me simpatizaba, no estaba segura de poder aguantarla mucho tiempo, pero eso se debía en gran parte a mi propia neurosis, a mi nueva incapacidad de soportar situaciones, a mi nueva incapacidad de vivir con plenitud.
El concierto de los Lobos Adolescentes ya no me entusiasmaba tanto como antes. Pensé que yendo con Kouji, Takuya y los demás podría olvidar lo que había pasado los últimos días, pero definitivamente si iba con los Digital Cuatro esta fiesta era como un espejismo.
Recordé brevemente mi noviazgo con Kouji. Tan fugaz e inocente. Sus besos y nuestras manos enlazadas poco se parecían a las caricias que me había dado Yamato Ishida.
No había punto de comparación, pero lo que no podía definir era si me desagradaba o me gustaba. No podía culparme. No cuando otro hombre desconocido se había llevado mi virginidad a fuerza. Comparado con ese momento, las otras caricias que me habían dado los hombres eran como partes entumidas de mi cuerpo y no podía definirlas.
-"Cenicienta nunca pensó demasiado las cosas"- opinó de repente Mimi, tras alcanzarme y notarme pensativa -"Hizo caso de su madrastra por años como víctima estoica, luego obedeció al hada madrina y se fue al baile sin pensar en las consecuencias"- la chica dio un largo suspiro -"y cuando se enamoró del príncipe y dieron las 12, salió corriendo como loca porque tampoco reflexionó en que con esas cosas del amor no importa el estatus social...".
-"¿A qué vienen esas reflexiones, Tachikawa-san?"- se atrevió a preguntar Miyako.
-"¡Miya-chan, me desconcentras!"- se quejó Mimi -"En fin... ¿en qué iba?, ah, sí, en que la Cenicienta se fue corriendo del baile, pero el destino después de jugarle chueco tantos años le dio una oportunidad, entonces quedó la zapatilla y eso le resolvió la vida, y no tuvo que pensar nada de nada".
Sonreí. Las analogías de esa chica con los cuentos de hadas eran muy divertidas.
-"¿Quieres decir que es mejor que no reflexione si quiero ser una perfecta Cenicienta?"- le pregunté.
-"Exacto"- respondió acomodándose el cabello castaño con rayos rosas; también se había puestos estrellas doradas entre su pelo, que naturalmente era castaño.
-"Mimi, yo no soy una Cenicienta, te lo he dicho"- dije con un tono mordaz.
-"Lo eres, ya lo he decidido, Miya-chan y yo podremos ser las hermanastras".
Miyako nada más abrió los ojos al doble y negó. Se le veía incómoda o incompleta.
-"Ya, déjate de estar deprimida sólo porque Ken-chan no vino, una mujer no necesita de sólo un hombre para divertirse, hay que se modernos, Miya-chan, pásatela bien con otro chico y dale celos a Ken-chan, es más, te presto a mi Izzy-chan".
-"¡Cómo crees, Tachikawa-san!".
-"Llámame Mimi, me desespera mi apellido"- bufó la chica, meneando la muñeca para ver su reloj de piedras brillantes –"Ay, ya es hora de que los chicos lleguen".
-"No puedo creer que haya terminado saliendo con los D4 a este concierto"- susurró Miyako, yo le oí con simpatía.
-"Lo mismo digo"- admití.
Las dos vimos que Mimi se paseaba por la banqueta, exasperada porque nuestros acompañantes estaban tardando mucho, me supuse que no estaba impuesta a que la demoraran.
Atrás podía verse la feria y donde iba a llevarse a cabo el concierto. Odaiba lucía igual que cuando era niña. Igual que cuando Kouji, Takuya y los muchachos tocaban en el vecindario sólo para mí.
La bahía todavía desplegaba una brisa que me hacía pensar que todo mejoraría. Aunque esta noche me sentía diferente.
A pesar de que corría un aire fresco estaba acalorada y sensible. Las veces que Mimi había tocado mi piel para maquillarme me había recorrido un escalofrío que todavía no lograba comprender.
No podía pensar con claridad acerca de mi situación. Los Digital Cuatro me nublaban la mente, la enredaban, la hacían un laberinto. Mis sentidos estaba asustados, algo entorpecidos; desde el vientre emanaba un sentimiento que me hacía cosquillas.
-"¡Ay, por fin, se tardaron siglos!"- gritó Mimi al ver que unas siluetas se dibujaban junto al crepúsculo.
Los vi mientras me mordía los labios, Taichi no estaba, pero claramente noté a Yamato, con ropas negras y la mirada de hielo quemándome los ojos.
Iba acompañado de Koushiro, quien, como era su costumbre, lamía una paleta con insistencia. También estaba Joe Kido, pero estaba acompañado por una mujer… estaba… estaba acompañado por Jun Motomiya. La chica por la que me habían puesto tarjeta roja. La chica por quien había comenzado todo.
No lo comprendí, pero encogí los hombros en señal de indiferencia. Jun tenía apresado uno de los brazos de Kido, éste sudaba y estaba más pálido que nunca; ni siquiera las luces del ocaso parecían reanimarlo.
También iba Akiyama-san, pero caminaba atrás de los D4 y parecía entretenido con una llamada telefónica. ¿Qué hacía él ahí?, ¿estaba trabajando como guardaespaldas de los D4 otra vez?
-"¡Jo-senpai!"- se indignó Mimi -"¿Por qué vienes con esa mujer traidora si fue la que metió a Sora en problemas?, ¡te lo prohíbo!".
-"Esta chica es mi cita hoy"- murmuró Joe, algo cohibido –"nos vamos a ir adelantando, ¿quieres, Motomiya-san?".
Jun asintió frenéticamente, parecía que uno de sus sueños se había hecho realidad. No sé por qué, pero me dio gusto por ella, un ligero gusto algo contradictorio. Si entraba a la red de los D4 iba a sufrir y ella no lo sabía, ¿era eso lo que me daba gusto? ¿Que fuera a sufrir al menos un poquito?, negué. Negué de nuevo. No tenía tan malos sentimientos dirigidos hacia ella… era sólo que mi cabeza estaba pensada. Me sentía… caliente.
-"¿Y Taichi?"- preguntó Mimi.
-"Umh, creo que llegará con su prometida directo al concierto"- comentó Koushiro.
-"¿O sea que nada más Izzy-chan va a acompañarnos toda la noche a Miya-chan y a mí?"- previó Mimi –"qué falta de cortesía, nos faltan hombres, así no me gustan los bailes".
-"En realidad es un concierto y sólo vengo porque Yamato-san insistió"- se defendió Koushiro, noté que levemente le dirigía una mirada a Miyako. La examinaba detalladamente, como siempre veía los programas que usaba en su computadora.
Mimi lo notó algo decepcionada, pero aún así avanzó hasta “El Nerd de Computadoras” y lo jaloneó del brazo.
-"Como sea, ahora estás con nosotras"- exclamó –"Toma el otro brazo de Izzy, Miya-chan, vamos a secuestrarlo".
Noté que Yamato fruncía el ceño, molesto por la palabra que había usado Mimi.
-"Ehhh…".
-"¡Miya-chan date prisa! ¡Ay, qué niña! ¿por qué te suprimes tanto?, eso te va a hacer mal tarde o temprano, no actúas con tu verdadera naturaleza".
Miyako terminó obedeciendo con el rostro colorado, noté que el pelirrojo no parecía enfadado, sino, de alguna manera, complacido. No sé si por tener dos chicas en sus brazos o porque una de ellas era Miyako Inoue.
-"Aquí están los boletos, Mimi"- di un paso al frente para entregarle los pases de entrada, pero una extraña ola de calor me nubló la vista y perdí el equilibrio.
No supe lo que pasó segundos después, hasta que un par de brazos fríos me sostuvieron
-"¡Cenicienta!"- gritó Mimi –"Estás colorada y sudorosa"- ella me tocó la frente.
Poco a poco me di cuenta de que estaba en los brazos de Yamato. No me había dado cuenta de cuándo me había sujetado para que no cayera, pero en el fondo estaba agradecida.
Cuando la vista dejó de ser borrosa pude enfocarlo a él, con su mirada azul estancada en mis ojos confundidos.
-"Parece que tiene fiebre"- opinó Koushiro.
-"Pues al menos está ardiendo"- corroboró Mimi.
Yamato no dijo nada.
-"Puedo mantenerme en pie"- le dije –"suéltame, no… no es nada".
Él me dejó delicadamente en el suelo.
-"¿Sorita?"- una voz nos interrumpió. La identifiqué segundos después. Se oía un poco más ronca de lo ordinario, pero era de él.
Noté que Yamato miraba a mi viejo amigo con desaprobación.
-"Ay, pero si es Minamoto Kouji-san, ¿no me recuerdas?, soy Mimi"- dijo rápidamente la chica.
Él sonrió entretenido y se nos acercó. Llevaba colgado de su hombro el estuche de su bajo.
-"Creo que de nuevo me están confundiendo con mi hermano gemelo"- fue lo que le dijo a Mimi, e inmediatamente me miró a mí. –"Takuya me dijo que vendrías, Sorita, me da gusto verte, cada día estás más bonita, aunque te ves un poco frágil hoy".
-"No es nada, Koichi-san, estoy bien".
-"¿O sea que Kouji-san tiene un hermano igual de precioso que él?, éste es mi día de suerte"- Mimi se soltó de Koushiro y corrió hacia Koichi- "Soy Mimi Tachikawa, mejor amiga de Sora".
¿Mejor amiga?, sonreí débilmente al escuchar la afirmación de Tachikawa.
-"Mucho gusto, soy Koichi Kimura, qué bueno que nos acompañen a la tocada, ¿todos estos son amigos tuyos, Sorita?".
-"Ahh, sí"- mentí.
Koichi me miró algo inconforme. Algo debía yo de tener en el rostro, a lo mejor había visto que casi tropezaba o el sudor que salía de mi cuerpo le inquietaba de alguna manera.
-"¿Por qué no pasas a nuestro camerino y descansas un rato?, te ves mal, Sorita, creo que hay algunos remedios en el botiquín del camerino".
-"Me parece buena idea"- respondió Yamato, con una sonrisa que de alguna manera me dio miedo.
-"¿También podemos ir?"- preguntó Mimi –"Es que queremos un autógrafo, ¿cierto, Miya-chan?".
Miyako agrandó los ojos nuevamente, inquieta de ser el instrumento o pretexto de Mimi.
-"Creo que lo mejor sería irnos a las gradas"- gruñó el ‘Nerd de Computadoras’ –"hay demasiada gente".
-"Ay, no seas aguafiestas. Izzy-chan, siempre con tus cosas"- rezongó Mimi -"¿No te parece interesante conocer el camerino de unos artistas?".
-"No realmente"- afirmó él.
-"Ayyy, aburrido".
-"Además tú sabes todo sobre camerinos, Mimi"- agregó Yamato, con frialdad -"¿qué no supuestamente modelas?, ahora mismo te comportas como una falsa fanática sin dignidad".
-"Por mí no hay problema con que vengan"- Koichi había notado la tensión y había soltado las palabras algo nervioso.
Yo los oía conversar, pero era ajena a todas esas palabras.
Las ráfagas del viento me hacían cosquillas cuando chocaban con mi cuerpo. Respirar era difícil. No comprendía las emociones que se me estaban acumulando en el vientre. Era una especie de excitación. Como si me hubiera subida a la montaña rusa y llevara horas de bajada.
Me recargué en un automóvil, a través del cristal vi brevemente que mi rostro estaba sonrojado como nunca antes. Dolía. Ese calor dolía. Al menos no era normal.
-"Sorita…"- susurró preocupado Koichi -"¿Quieres que llamemos a un doctor?".
-"Vamos de una vez al camerino"- pidió Mimi –"Seguro que está engentada, Cenicienta no parece el tipo de chicas que atienda este tipo de eventos muy a menudo".
-"¿Cenicienta?"- fue la réplica confusa de Koichi.
-"Ay, larga historia"- sonrió Mimi.
-"Toma mi mano, Sora, yo te guiaré al camerino"- dijo mi amigo con preocupación. Se notaba a leguas que sabía que yo y mis acompañantes no éramos muy compatibles; Koichi siempre había sido muy perceptivo.
-"Lo siento"- interrumpió el D4 rubio –"pero hoy esta chica es mi cita".
Yamato prácticamente se interpuso entre Koichi y yo. Me abochorné por ese acto inmaduro y rudo de su parte. Tenía todo el dinero del mundo, pero ni un gramo de educación.
-"¿De verdad, Sorita?, lo lamento, no quise se imprudente…".
-"Descuida, no es lo que piensas, Koichi-san"- dije –"yo puedo ir sola, sólo estoy un poco mareada".
La frescura del viento de nuevo hizo que el vestido me tocara la piel con suavidad. Mi boca quiso decir algo, pero la sellé. Sí. Lo que sentía era excitación.
Koichi nos guió algo cohibido, de hecho caminó varios pasos delante de nosotros. No le permití a Yamato que me tocara, pero iba a mi lado y no me quitaba la vista de encima.
Atrás venían Miyako, Mimi y Koushiro, éste último carraspeando por la gente y el ruido. Ryo Akiyama se perdió entre la gente.
Había muchos jóvenes en la explanada. Chicos de mi edad que reían, gritaban con la música y se mezclaban en la multitud.
Yo estaba ahí pero no los percibía por el calor que sentía. Todo se estaba concentrando en mi entrepierna, lo que me tenía muy asustada.
Estaba excitada de verdad.
Nunca antes me había pasado, a excepción de cuando Ishida se había atrevido a tocarme más de la cuenta, aunque la sensación había sido en una escala menor.
No quería sentirme así, débil y fácil. Pero así me percibía en esos momentos. Tenía que buscar la manera de contener esas emociones… yo… quería en verdad disfrutar el concierto, olvidarme de todo lo que había pasado estos últimos días.
Quería que todo fuera un cuento. Ser una Cenicienta de verdad, pero de esas que no consiguen príncipe. Por que las hay ¿verdad?... debe de haberlas.
No me gustaba la sensación que me causaba ver los ojos celestes de Yamato Ishida; no me gustaba su música, ni su voz, ni su actitud de príncipe, ni su piel pálida.
Ojalá todo fuera un cuento. La tarjeta roja, el nuevo Taichi, la pesadilla de mi violación…
Mi violación. Trataba de no pensar en ella. Pero siempre salía a flote. No importaba qué tanto me esforzara por rememorar un buen recuerdo, porque de cualquier manera las manos de ese hombre terminaban golpeándome contra el piso y su miembro terminaba rompiéndome. Haciéndome giras.
Los recuerdos no servían para olvidar a veces.
-"¿Estás bien, Sora?"- la voz de Kouji me hizo retornar a la realidad. Le vi frente a mí. Al parecer acabábamos de entrar al camerino de los Lobos Adolescentes y nos habíamos topado con él.
¿Había caminado sin darme cuenta?, ¿qué estaba pasando conmigo?, sacudí al cabeza. Al lado de Kouji estaba Koichi, los dos me miraban preocupados.
-"Ay, qué lugar más ordinario"- se quejó Mimi, lo dijo en voz bajita, pero la escuché bien.
Yamato seguía a mi lado sin decir nada.
-"Kouji-san, lo siento, me distraje…"- le dije, sonreí lo mejor que pude –"ya estoy lista para verlos tocar como en los viejos tiempos".
-"¿Bromeas?"- fue la respuesta de Kouji, mientras tocaba mi frente –"Tienes fiebre".
-"Lo mejor será que regreses a tu casa para reposar"- agregó Koichi.
Negué.
No.
Definitivamente no. Ese concierto significaba un respiro para mí. No iba a dejar que esa absurda sensibilidad se llevara mi entusiasmo de ver a mis viejos amigos de tocar… quería ver de nuevo a Kouji con la guitarra, quería que me dedicara al menos una canción.
El noviazgo entre Kouji y yo en realidad había sido muy inocente.
Solamente nos habíamos besado un par de veces, siempre me había dado la sensación de que Kouji me veía más como una hermanita que como una mujer.
Y a lo mejor era cierto, en aquel entonces apenas tenía 14 años.
Había cambiado mucho en ese tiempo. Mis padres se habían separado, en la secundaria había tenido pocos amigos y mi vida había dado un vuelco por culpa de los Digital Cuatro.
Yo ya no era yo. Era una réplica de aquella niña de sonrisa tímida que solía amar el fútbol sóccer más que a las muñecas. Ya no era yo.
El camerino era un cuarto desordenado. Noté que Yamato lo inspeccionaba cuidadosamente. Takuya y Tomoki entraron entonces.
Los dos acudieron a saludarme inmediatamente.
-"¡Mi pobre Sorita está enferma!"- se quejó Takuya –"Creo que hay un remedio para el resfriado, iré a ver".
-"Takuya-san"- regañó Tomoki, el más joven de la banda. Era sólo un año mayor que yo. –"no hagas eso, está contraindicado automedicar a las personas. Koichi-san tiene razón, Sora-san debería regresar a descansar a su casa, ya habrá otras oportunidades de que nos vea".
-"Podríamos darle un concierto privado"- consideró Koichi.
-"No"- expresé con terquedad –"aquí me quedo".
Kouji suspiró.
-"Sigues igual de terca"- opinó algo fastidiado. Fue hasta un servibar y sacó una botella de agua –"toma, a lo mejor te ayuda un poco de agua".
Gritos de frenesí adolescente estaban llegando a mi oído, pero como en otra dimensión. El camerino tenía una pequeña ventana, por la que llegaba el sonido y se veían las sombras de los jóvenes que exigían que iniciara el concierto.
-"Me quedaré con Sora aquí, en este lugar"- dijo de pronto Yamato, con un sarcasmo que no pude traducir. Lo noté un poco ansioso, pero seguía mirándome como lobo –"seguramente un poco de paz le hará bien y cuando esté en condiciones de escuchar el ruido que dicen tocar, pues la acompañaré a las gradas".
-"Oye, chaval, no te permito que insultes nuestra música"- gruñó Takuya. Kouji también miró con odio al rubio. –"ni siquiera nos has oído, ¿cierto?, menudos amiguitos te traes, Sorita".
-"No son… mis amigos"- quise defenderme.
-"Soy su cita"- aclaró Yamato, triunfante –"y, por supuesto que los he oído. Apestan. Su vocalista principal tuvo una crisis de hipertensión por obesidad que lo dejó fuera de la jugada, en cuanto al rock que supuestamente tocan, pues no tienen mucha afinación que digamos… las letras, quizá son lo más rescatable de su banda; el público pobre que tienen les aplaude porque no saben lo que es la música y quizás por sus apariencias, aunque no tienen nada de extraordinario".
-"¡Cómo te atreves!"- gorgeó Takuya. Kouji apretó los puños, pero Koichi se interpuso entre Yamato y su gemelo.
-"Han enviado la versión beta de su disco a la empresa de mi padre muchas veces"- se rió Yamato –"nadie los ha querido contratar, pero con un buen vocalista podrían sobrevivir".
-"¿Empresa?"- dijo Tomoki.
-"Mi compañero es dueño del emporio musical Ishida"- susurró con malicia el “Nerd de Computadoras” -", pero esto es aburrido, Yama-san, iré a buscar a Tai-san y a Jou-senpai…"
-"Eh, me voy contigo, Izumi-senpai"- dijo rápidamente Miyako.
-"¿Así que te juntas con juniors presuntuosos, Sora?"- preguntó Kouji.
No respondí. Estaba aún más cálida. No podía contestar, incluso respirar me causaba inquietud.
-"Vivimos en la misma residencia"- Yamato se sentía en un pedestal. –"y hoy es mi cita… en fin, pero creo que lo importante es que ella descanse y ustedes comiencen a retorcer sus guitarras, ¿no es así?".
-"¡Espera!"- el rostro de Takuya ya no era de odio. Los ojos le brillaban –"Eres conocido de Sorita y ella nos aprecia, si tú hablaras con tus padres sobre nuestra música tal vez pudiéramos conseguir grabar un disco…".
-"No me extraña, al final en lugar de 'lobos' son 'perros falderos'".
-"¡Takuya!"- gritó Kouji –"no necesitamos la ayuda de nadie".
-"Chicos, el concierto ya casi comienza"- apuró Tomoki –"creo que el sujeto éste tiene razón, Sora-san debe descansar aquí, en el intermedio veremos cómo sigue y a lo mejor ya estará mejor para vernos tocar".
-"Es lo más sensato"- consideró Koichi –"Lamento que estés enferma, Sorita, pero te dedicaremos el concierto con nuestro corazón, tal vez no seamos los mejores, pero hacemos lo que podemos y nos gusta nuestro trabajo".
Takuya lanzó un bufido desanimado.
Tomoki se puso su gorra y se fue adelantando al escenario, seguido por Koichi.
Kouji me acercó una silla e hizo que me sentara en ella.
-"Descansa"- dijo.
-"Kouji-san, gomen nasai…"
-"No te preocupes, sólo una cosa es tu culpa"- admitió.
-"¿Qué?"- pregunté débilmente.
-"Juntarte con esa mierda de personas".
Sonreí.
-"¿Kouji-san?".
-"¿Mmh?"
-"Deja las mejores rolas para el final, te prometo que te escucharé".
Él también me sonrió.
No sentí ñáñaras a pesar del calor que invadía mi cuerpo, pero la sensación de simpatía se intensificó.
-"Takuya-san, estoy ansiosa por oír el concierto, dedíquenme una canción a mí, ¿quieren?"- dijo Mimi, pensé que ella se había machado antes con Koushiro y Miyako, pero al parecer había seguido curioseando el lugar.
-"Seguro, pequeña, deja te acompaño a tu asiento".
-"¡Sí!"- se emocionó Mimi, luego volteó a verme -"¡Que te mejores, Cenicienta!".
No supe si le respondí. Pero su voz dejó de escucharse. Kouji le echó una última mirada a Yamato y salió del camerino.
Yo cerré los ojos.
Calor. Sentía mucho calor.
Yamato sacó su celular mientras se dirigía a la entrada del camerino.
¿Iba a irse también? ¿Me iba a dejar sola? ¿Cómo podía acabar con la sensación de vértigo en mi vientre?
Cerró la puerta del camerino.
-"Hagamos nuestra propia música"- sugirió con tono dulce.
-"No vuelvas a insultar a… mis amigos"- le rogué.
-"Si juegan a hacer música está bien, pero si se quieren dedicar a la música en serio, deben hacerlo mejor"- consideró con seriedad.
Luego sacó su celular.
-“Espera a que te dé la señal”- fue lo que dijo después de que marcó. No supe a quien le había llamado, pero no me dio buena espina.
Definitivamente ese rubio no me daba buena espina.
Estaba nublado. Mis ojos veían neblina alrededor.
Había sido una mala idea quedarme encerrada con Yamato en ese camerino. No me gustaba su mirada y su sonrisa. No me gustaba que se acercara lentamente hacía mí. No me gustaba sentirme emocionada.
Pero… a lo mejor lo que no me gustaba era que me fascinara verle.
Me arrebató la botella de agua, la abrió y dejó caer un chorro de líquido en mi cabello.
Un camino de frescura deshizo el peinado que Mimi se había esmerado en hacerme.
El agua se fue deslizando hasta alcanzar mi frente, me acarició el perfil y el cuello… fue cayendo directamente hasta el escote de mis pechos.
-"No… no te acerques demasiado".
-"Hace calor"- susurró -"¿tienes calor, Sora?".
Lo dijo de manera seductora, mirándome intensamente. Se inclinó hacia mí y me acarició la quijada.
-"Ah…" - dejé salir débilmente. Su caricia se había sentido tan bien…
Él se hincó. Tomó mis manos y las besó.
-"Tranquila, yo voy a hacerte sentir bien y te demostraré todo lo que te quiero".
¿Qué pretendía con ese tipo de actitudes?, no. No estaba bien que me gustara sentir sus manos en mi rostro, no estaba bien percibir esas sensaciones.
El calor. El maldito calor me estaba volviendo loca. Le di un empujón y me puse de pie, tambaleándome.
No estaba enferma, era sólo que estaba estimulada. Sexo. Tenía que ver con sexo.
Caminé hasta la mesa donde generalmente maquillan a los artistas. Era un mueble viejo, con un espejo roto, en el que me veía doble. En lugar de maquillaje, en la mesa había un par de cepillos para el cabello y gel.
Me vi a través del reflejo. Prácticamente me estaba derritiendo. El calor estaba asentado en mis mejillas, que lucían como rosas de color carmesí, mis ojos estaban desorbitados, mi cabello húmedo y pegado a la frente. El suave vestido gris que Mimi me había comprado se había ajustado a mi cuerpo sudoroso, mis manos temblaban.
El deseo crecía, pero el temor también.
Por el espejo vi que Yamato se ponía detrás de mí y me rodeaba con sus brazos.
-"Déjame amarte, Sora, sé lo que necesitas…"- insistió, lamiendo mi oreja,
-"Tengo qué salir de aquí-" dije como robot, tratando de ahogar el escalofrío que había sufrido al sentir su lengua sobre mi lóbulo.
Me abrazó con fuerza. Mucha fuerza. Su abrazo me incitaba más, agitaba mi respiración.
-"Te amo".
Lo que estaba pasando no era una coincidencia.
No era normal que yo me sintiera así, era como si Yamato mismo hubiera planeado que él y yo estuviéramos solos en ese camerino.
Él era astuto y chantajista, pero… ¿era su culpa? ¿Era tan calculador?
Las palabras fueron avispas
y las calles como dunas
cuando aún te espero llegar
La música de los Lobos Adolescentes me distrajo un momento. Habían comenzado su primera canción. Las voces de Koichi y Kouji eran los que cantaban. Eran voces que sonaban como cascadas, mientras Yamato seguía tendiéndome una trampa. Porque era una trampa, lo sabía, el cazador era él, y yo su presa.
En un ataúd guardo tu tacto y una corona
con tu pelo enmarañado
queriendo encontrar un arco iris infinito
-"¿Qué… qué me pasa?"- le pregunté, dándome la vuelta. Él siguió asfixiándome en sus brazos.
-"¿Por qué me preguntas eso a mí?".
-"Tú… planeaste todo esto"- lo culpé.
-"¿Te refieres al afrodisíaco?"- cuestionó con calma.
-"¡¿Qué?!"- interrumpir -"¿afrodisíaco?, ¿me diste un… afrodisíaco?".
Eso explicaba el calor, eso explicaba mi sensibilidad… eso me ponía las cosas claras, pero NO hacía que dejara de sentirlas.
-"Yo no te di nada, sólo que tienes todos los síntomas"- me explicó con hipocrecía, con su mirada sobre la mía. Subió su mano y delineó mis labios –"Si no te doy un poco de placer vas a enfermar de verdad, ¿duele, no es así?, yo te haré sentir bien. Tienes que relajarte, ¿de acuerdo?, tenemos que dejar salir el efecto de la droga".
Le solté una cachetada con la mayor fuerza posible. Yamato la aceptó de buena gana y volvió a abrazarme, puso su cabeza en mi hombro, sentí sus cabellos dorados tocándome y haciéndome suspirar.
-"Te voy a hacer la mujer más feliz del mundo en estos instantes"- aseguró.
Alzó mi cuerpo y me sentó en la mesita de maquillaje. No me dio tiempo de defenderme, porque inmediatamente me besó. Fue un beso enérgico que absorbió mis labios.
-"Ahhh, mmhh, ¡NO!"- rogué. No podía hacer más. Mi cuerpo estaba temblando ante sus caricias.
Estaba en el ojo del huracán. Estaba perdida. Pero, yo… yo quería estar perdida entre sus brazos. En el fondo eso quería, me repugnaba admitirlo, pero eso quería.
Mis manos que aún son de hueso
y tu vientre sabe a pan
la catedral que es tu cuerpo
lo será del enemigo
La canción se oía al fondo. Yo lo dejé tocarme.
Me besó el cuello y con su mano derecha desenmarañó más mi cabello rojizo. Su otra mano acababa de tocarme los pechos, pero suavemente.
-"¡NO!"- insistí, se lo dije con lágrimas, que salieron a borbotones de mis ojos.
Sus manos amables no se parecían a las de Oikawa, pero no quería imaginarme aquella escena. No quería revivir ese sexo amargo que me había perforado parte de la vida.
-"Sí"- susurró con su voz de luzbel –"te haré mía. Lo vas a olvidar, nunca pasó nada… ¿acaso mis manos se parecen a las de él?"- delineó con suavidad uno de mis pezones. Subió sus labios a la altura de mi frente y me besó –"No es lo correcto, pero es mi manera de hacer las cosas, de hacerte mi mujer".
Traté de forcejear, pero cada vez que lo pateaba o cacheteaba, él no se movía. Seguía acariciándome lentamente. Con sus manos recorría mi cuerpo; dejaba la marca de sus labios sobre mí como si estuviera haciendo un camino nuevo en mi piel.
Dirigió sus manos hacia cierre de mi vestido, lo jaló fácilmente, como si la prenda estuviera diseñada para desaparecer rápidamente.
Era un vestido sin mangas que dejó al descubierto mis pechos, hacia los cuales él dirigió su boca. Los besó.
Sus manos buscaron la cara interior de mis muslos y tocaron mi entrepierna, aunque sobre mi ropa interior.
Estaba paralizada. Sintiendo todas las descargas eléctricas que explotaban en mi cuerpo. Malditas hormonas. Mis brazos estaban colgados en mis costados, sin vida. Con lo único que respondía era con mis lágrimas y mis gemidos.
El calor se estaba esparciendo por todo mi cuerpo y me estaba volviendo loca.
-"T-te lo dije… si lo haces… serás como él".
-"Que así sea"- atravesó la ropa interior con sus dedos.
Me retorcí al sentirlo. No supe si grité, pero traté de ahogar el gemido que nació desde mi sexo.
-"Por... favor"- le rogué que se detuviera.
Pero Yamato me ignoró, siguió tocándome, sus dedos me acariciaban con apremio, como si quisieran conseguir algo de mi clítoris.
Fui perdiendo la poca fuerza que me quedaba debido a todas las sensaciones que sentía. Eran una tras otra, una tras otra sin parar.
Apenas podía soltar los suspiros y esconder mi cara entre los hombros de Yamato. Él, con su mano libre, delineaba mis pechos y mi abdomen.
El maldito afrodisíaco me estaba venciendo.
-"Bien… te estás humedeciendo acá abajo"- murmuró.
-"T-te o-odio…"- pude decir.
-"Todo va a estar bien, no sentirás dolor... necesitas libertarte del afrodisíaco, lo necesitas".
Yamato estaba decidido, de eso no había duda. Me miró. Sus ojos ya no eran de hielo, al contrario, eran electrizantes, parecían querer convertirse en dos supernovas.
-"Ahh"- dejé salir cuando ya no pude más. Subí mis brazos y le rodeé la espalda. –"Yamato…".
-"Te amo"- repitió una vez más, sacando sus dedos de mi entrepierna y desabrochándose la bragueta.
Deslizó mi ropa interior por mis piernas y las abrió. Yo temblaba y lloraba al mismo tiempo, mientras me abrazaba de su espalda sudada.
¿Qué hacía? ¿Qué hacía? ¿Qué hacía?
Sentí su erección entre mis piernas.
No sabía si todo estaba perdido, si en la guerra era la derrotada. No sabía si él lo había planeado todo… lo único que tenía en claro es que los dos deseábamos eso, lo único que entendía era que entre la piel suave de Yamato no estaba escondido ningún Yukio Oikawa.
Eras verano y mil tormentas
y yo el león que sonríe a las paredes
que he vuelto a pintar del mismo color
-"… Nhhhg-Nooo…".
Todo fue como si hubiera entrado a un campo lleno niebla. Mis pensamientos desparecieron. Las sensaciones inundaron mi cuerpo. Le dije que no con la boca, pero mi corazón saltó de júbilo, traicionándome, mi cuerpo cedió.
Él entro en mí. Con seguridad. Como si no pudiera haber otra solución. Su trampa se sentía simplemente deliciosa.
-"Por...favor... sal... ah..."- le pedí entre jadeos. Yamato estaba dentro de mí, inmovilizado y viendo que me encogía en sus brazos, como mantequilla.
-"¿Te duele, Sora?"- me preguntó. Su tono de voz sonó dulce, expectante. Mis piernas se encogieron alrededor de su cintura. Sentí el peso de su cuerpo, pero en mi cabeza. Seguía reclinada en mueble donde minutos anteriores seguro se habían alistado los Lobos Adolescentes, atrás de mí había estaba el espejo partido en dos. ¿Yamato estaría mirando cómo temblaba mi espalda?
No. El cuerpo no me dolía, me había estimulado lo suficiente y la droga me entumía los otros sentidos. Lo que dolía era el engaño y su rostro sudado lleno de autosatisfacción, como si hubiera ganado un trofeo, o como si hubiera sido el causante del estallido de una bomba. Y lo era.
-"Te lo ruego..."- mis mejillas estaban por convulsionarse, pero no más que mi vientre, que se encogía y se agrandara: quería que él se moviera dentro de mí. Mi cuerpo era traición: anhelaba el sexo. –"...sal".
Me hundió la cabeza en su hombro, pude oler su cabello y su cuello sudado. Me gustaba ése olor.
-"¿De verdad quieres que salga?"- preguntó seductoramente, moviendo su cadera y su miembro dentro de mí. Gemí levemente y mi cuerpo volvió a sentir que temblaba.
Negué, soltando tres lágrimas que tenía atrapadas en mis ojos. Me odiaba a mí misma por ser tan débil. ¿Por qué había tomado esa droga? ¿Cómo la había tomado?
-"Limítate a responderme, Sora"- pidió él; no entendía cómo podía guardar tan bien la compostura estando en la antesala del sexo –"¿Te duele que te toque?".
-"E-eso... debiste preguntarlo antes... de ponerme esta trampa...".
-"¿Todavía piensas que fui yo quien te puso así? ¿Cómo podría haber sido culpa mía si no te he dado nada de comer o beber?" - se rió –"... pero, Sora, los afrodisíacos son para disfrutarse".
-"Ah"- volví a soltar mientras volvía a moverse dentro de mí. De repente su cuerpo también temblaba, como si su paciencia estuviera desapareciendo.
-"Dímelo, por favor, ¿te duele?".
-"... no"- por fin admití, alzando la cabeza. Yamato se mostró conforme y halagado, en cuanto sus ojos azules chocaron con los míos, me dedicó una sonrisa que nunca antes le había visto en el rostro. Era éxtasis.
Me abrazó lentamente y susurró con esa voz de ángel caído que tenía:
-"Esta es tu primera vez... este será tu primer orgasmo y de ahora en adelante serás sólo mía".
No dijo nada más, sólo comenzó a moverse dentro de mí. Nos recargamos en el espejo, como si fuera la cabecera de una cama, se inclinó en mi cuerpo y me besó. Yo volví esconderme en su cuerpo, con las lágrimas fuera de control, le arañé la espalda buscando un punto donde pudiera aferrarme sin desvanecerme. El comenzó a resbalar su sexo en mí, haciéndome desaparecer y reaparecer en milésimas de segundos.
Toda yo sumisa, como perdedora. Todo él brillando, como si tuviera el poder de destruir el mundo.
Atrás, la música de los Lobos Adolescentes llenaba el camerino ante nuestros gemidos y temblores.
No sé distinguir entre besos y raíces
no sé distinguir lo complicado de lo simple
Y ahora estás en mi lista
de promesas a olvidar
todo arde si le aplicas la chispa adecuada
La voces metálicas de Kouji y Koichi eran sombras que me erizaban la piel. El concierto afuera, Yamato adentro de mí, haciéndome el amor como seguro lo tenía planeado, y yo sin defensa alguna, porque lo disfrutaba, porque esa droga y yo estábamos de acuerdo.
El rostro pálido de Oikawa sobre mi cuerpo se disolvía para convertirse en Yamato, en un iceberg derritiéndose. 'Esta es tu primera vez', me había dicho, 'este será tu primer orgasmo y de ahora en adelante serás solo mía'.
¿Por qué todo había terminado así? ¿Por qué tuve que sucumbir ante sus deseos y planes? ¿Por qué en el fondo de mi ser sus deseos son tan parecidos a los míos?
Fin del P.O.V. Sora Takenouchi
Continuará en la segunda parte: la célula que explota
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G r a c i a s
Por leerme…
En el próximo capítulo sabremos qué pasará con Yamato, Sora y con el concierto de Los Lobos Adolescentes.
Espero sus comentarios
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