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Author of 9 Stories |
Primera viñeta
Crescere
Cuando me di cuenta, era ya demasiado tarde. Nada tiene sentido, nada tiene forma. El silencio se ha vuelto casi sepulcral y por más que gritara con todas mis fuerzas, se que nadie lograría escucharme, ni siquiera yo misma.
No. No todo es silencio. El sonido repetitivo de las gruesas gotas de sangre al caer lenta y tortuosamente al suelo se reproduce aplastantemente contra mis oídos una y otra vez. Una y otra vez. Una y otra vez…
Algo me oprime el cuerpo, la cara, el pecho… Los sentidos. Los párpados pesan cada vez más y la vista se nubla. Pero aún sigo consciente. Terriblemente consciente. No quiero voltear, ni moverme. Aún siento la sensación en la espalda de que hay algo que no debería estar. Una sensación que vacía mi cabeza y deja mi mente en blanco. Es demasiado para que un ser humano pueda soportarlo.
¿Ser humano?
¿Aún te consideras un ser humano?
Cierro los ojos fuertemente, deseando que desaparezcas tan repentinamente como viniste. No, no soy un ser humano. Ellos mismos me lo han dejado en claro miles de veces. Pero tampoco soy tan anormal como para hacer caso de una voz que proviene de mi propio cerebro.
¿Acaso sólo los seres humanos, tal como ellos se conocen y aceptan, son dignos de no sufrir? Para ellos, el resto de los seres vivos no importan. No sienten. No sufren.
Y tú… ¿Aún estás viva?
No lo sé. No entiendo donde estoy, ni qué hago en este lugar. Algo me impide abrir los ojos, algo me impide moverme. ¿Qué me pasa? Nunca fui débil. Nunca me permití ni me permitieron serlo. Jamás lloré frente a nadie, ni dejé que notaran ese sentimiento que crecía cada vez más con el paso del tiempo. No era odio. Tampoco soledad. Era vacío.
Tú estás vacía. Lo odias, pero no sabrías que hacer si alguien te sacara de ese estado. Ya lo intentaste, pero, como siempre, te fallaron.
Lo sé. Quise confiar en alguien. Quise creer que en verdad me tendían una mano desde la luz, en medio de toda esta oscuridad. Y estoy casi segura de que en algún momento, tal vez por escasos segundos, lo hice. Y me costó… Esto.
Ja. Intenta decirme que no deseaste con toda tu alma que esto sucediera. Dime que cuando notaste que no había sido un error, cuando te diste cuenta de la pérdida definitiva de la vida de una criatura inocente, no quisiste ver sus cuerpos mutilados y su sangre oficiando de papel tapiz.
No… No me culpes. No por algo tan estúpido. No había estado consciente de que tan no-humana era hasta este momento. No podría imaginarme que si deseaba verlos muertos, en menos de lo que tardé en idearlo, ya habría ocurrido.
¿Qué son?
Tú misma deberías saberlo. Está dentro de ti. Es aquello que ves cuando duermes, y que sientes cuando despiertas. Es esa sensación de tener algo en el cuerpo que no debería estar allí. Algo que quería salir y encontró la oportunidad perfecta para hacerlo. Ahora.
¿Y si no los quiero?
Acabo de descubrir su existencia, pero es como si estuvieran ahí desde siempre. Afuera, libres. Y, sin embargo, me molestan. Me quema la sensación y la impresión de sentirlos allí.
No los quiero.
No puedes hacer nada. No puedes cortarlos. No puedes arrancarlos. Son energía pura, invisibles, pero a la vez tan reales. Tan sólidos.
Tan sólidos que pueden mancillar decenas de cuerpos en pocos minutos. Lo sé, y no sé como. Pero no siento remordimiento por haberlos privado de sus inútiles existencias. Es algo personal. ¿Es ser egoísta eso? ¿Estar aquí, encogida en el suelo, en una habitación bañada en sangre junto a cuatro cuerpos muertos y mutilados, sólo pensando en mí?
Ellos no hubieran pensado en mí. También hubieran sido egoístas, de ser el caso opuesto, pero no de igual manera. Tendrían miedo, por que su estúpido sentimiento de superioridad los habría llevado a matar a alguien. Y, aunque no les importara, tendrían problemas más tarde. Cuando los descubrieran.
¿Te hubiera gustado morir a manos de unos simples niños humanos?
Vamos. Eres cientos de veces mejor que ellos. Tú eres superior. Tú sí eres una humana.
No. No te refieras con ese calificativo a mí. Si ellos no lo creen así, entonces será como digan. No soy un ser humano. Y estoy orgullosa de no serlo. De aceptar como son a los demás seres vivos. De no pensar sólo en mí para evitarme problemas. De odiarlos.
Ellos también te odian. Te odian por que no sufres ante sus torturas. Te odian por que se creen mejores y no pueden demostrarlo. Te odian por que no eres débil, como ellos.
Me odian, sí. Y yo los odio. No es nuevo. Pero intenté acallarlo. Intenté confiar en alguien. En verdad lo hice. Pero si estoy aquí, debe tener algún sentido. Si aún estoy en pie, entonces no hay motivo por el que no deba estar en este lugar. En este mundo.
Eso no tiene sentido. Y, sin embargo, es lo más inteligente que te he visto pensar hoy.
Pero, me pregunto… ¿Qué haces aún ahí? Van a encontrarte a ti si no sales ahora.
Es cierto. Pero no quiero abrir los ojos. Tengo miedo de no poder ver. De no poder sentir.
Miedos injustificados. La sala se extiende ante mí en todo su lúgubre esplendor. No había visto nunca nada parecido. Es extraño pensar que yo misma lo provoqué.
Los muebles derrocados, los muros y el suelo goteando carmesí, los cuerpos destrozados a mis pies.
Y él.
Es una lástima. ¿No crees?
Tal vez era la soledad. La necesidad de tener un amigo. Pero en el poco tiempo que compartí a su lado, aprendí a quererlo. Aunque no hablara; no necesitábamos palabras para comprendernos. No le interesaba que tuviera estas dos cosas raras en la cabeza. Ni que no tuviera un verdadero hogar ni familia.
Comprendí que los animales son los seres más puros que existen. Sobre todo uno tan noble como el perro.
Allí está. Se ve tan frágil, tan roto… Tal vez se destroce más si lo tomas sin cuidado.
¿Por qué no los… usas?
No sé como.
Son parte de ti. Lo sabes.
El pequeño canino está en el suelo, no muy lejos de mí. Su cuerpo mancillado no se mueve, y la sangre ha dejado de manar de él. ¿Podré hacerlo…?
Sin saber como, dos de ellos se mueven hacia delante, hacia el cadáver del animal. Y lo toman con suavidad, para después volver etéreos hasta mí.
Tomo el cuerpo con mis manos. Aún está tibio. No merecía esto. Y ha sido por mi culpa.
Dijiste que no debía culparte. Lo estas haciendo ahora.
Déjate de palabreríos. Sal de ahí ahora mismo.
Sí. Le daré una sepultura digna. La linde del bosque donde nos conocimos es el lugar perfecto. Debajo de aquel árbol…
Camino suavemente hacia la salida. Mis pies chapoteando en arroyos de líquido rojo oscuro. Y caliente. Al llegar a la salida, me detengo un momento, para observar mi obra prima.
¿Ya le tomaste el gusto?
Uno sólo llama ‘obra prima’ a algo que va a volver a hacer.
Todo está en ti. Tienes el poder de cambiar mucho.
Y tal vez, algún día, descubras que no estás sola en este mundo…
No estoy segura de no querer estarlo. Si encuentro a alguien más… Sólo me creará problemas. Causará más muertes. Muertes provocadas por mí. Y la próxima vez será voluntariamente.
De todas formas, no creo que eso se cumpla. No sé si llamarlo venganza, pero los humanos deben darse cuenta de alguna manera.
Todos ellos son infelices. Y para olvidarse, deben hacer infelices a otros.
Y no puede seguir así. No puedo permitir que siga así…
— — —
Pensamientos de Lucy después de matar a sus cuatro compañeros del orfanato.
Con esto he aprendido que cuanto menos duerma, mi cerebro se pondrá más hiperactivo... Y salió esta cosa, de pronto (?).
En un principio la pensé como una escena aislada, pero que he decidido convertir en una serie de viñetas relatando diferentes situaciones similares y cronológicamente continuadas, con el mismo personaje de centro.
Nos leemos.