|
Author of 5 Stories |
Notas del capítulo:
Advertencia: ¡Lemmon!
Lamento la tardanza, esto era para ayer, pero se fue la luz en mi casa debido a un tormenta.
Pareja principal: {[ DM/HP ]}
Secundarias: [ RW/BZ | PP/HG | SS/SB | TN/NL y otras más ]
Advertencias: OoC(Personajes fuera de Carácter original); AU (Debido al Crossover y a que casi ni uso los libros de HP)... Demás advertencias en el 1er cap.
º¸,ø¤º°°º¤ø,¸ º
Capítulo XXIX
Guerra
°º¤.¤º°°º¤.¤º°°º¤.¤º°°º¤.¤º°°º¤.¤º°°º¤.¤º°°º¤ º
Casa de los Gritos. Restaurada Sala de Conferencias.
— Con esto, Lestat, estamos implicando nuestro lado en su disputa —comentó Maharet.
— Lo que implica, no cambiará sus decisiones —comentó Lestat, despreocupado—. El resto del la Asamblea no encontrará reproche alguno si lo hablo al respecto.
Mekare le lanzó una mirada reprobadora.
— Sigues diciendo eso, y aún así no has hablado más allá de su mención. ¿Por cuánto tiempo nos tendrás en la oscuridad, querido?
Lestat se limitó a reír con candidez. No tenía pensado decir nada en relación solo porque sabía que no les incumbiría. Era algo que ya estaba hecho.
— ¿Me preguntaba si eso tiene que ver conmigo?
Lestat, y las únicas otras dos ocupantes de la habitación giraron para ver al autor de la pregunta.
— Harry, muy buenos días a ti, mon ange (mi ángel) —saludó Lestat, sonriendo—. ¿Y a qué te refieres exactamente?
Ante la aparente curiosidad, Harry sacudió su cabeza de un lado a otro con algo de exasperación.
— Sabe muy bien de lo que hablo, profesor.
— Nada de profesor, pensé haberte dicho que era Lestat.
La descontenta expresión en el muchacho no cambió ni un poco. Mekare sonrió disimuladamente y Maharet asintió con aires aprobatorios.
— ¿Debería preguntar a las señoritas presentes, entonces?
— No sabemos más de lo que has escuchado, querido —respondió Maharet.
— Y no es porque no hayamos tratada de descubrirlo —secundó Mekare, resumiendo su fulminante mirada en dirección de Lestat.
— Como ya lo he dicho antes —se defendió éste—, no va a cambiar mucho las decisiones del resto.
Mekare tuvo los repentinos deseos de entornar lo ojos. Pero sabía que en ella no se vería tan bien como en los jóvenes mortales.
— ¿Ni incluso mi decisión? —bufó Armand, apareciendo de las tenues sombras de la habitación.
Harry, quién había tomado asiento en una de las sillas cercanas a la de Lestat, dio un imperceptible salto.
— Veo que te has recuperado, Armand —dijo Maharet, acercándose junto con su hermana para rodearle en un fluido circulo en direcciones opuestas.
Dos pares de ojos jade brillando en conocimiento y críticamente observaron cada simple movimiento del Antiguo.
— Solo fue un pormenor temporal —retrucó Armand, sin reparos en entornar sus ojos. Para tales gestos eran esperados en su joven rostro.
— Si tú lo dices —replicó de vuelta Mekare, girando elegantemente y en un parpadeo humano, yacer sentada al lado de un sorprendido Harry.
— Lo digo... ¿Qué es lo que oigo, Lestat? ¿Sigues escondiendo la patética excusa detrás de todo éste engaño?
Lestat le sonrió de regreso, perlados dientes luciendo amenazantes ante los ojos del único parte-Vampiro de la habitación. Más que molesto estaba un poco aliviado de ver que había recuperado su pedante actitud.
— Si ya has escuchado la conversación, Armand, no necesitas que responda.
— Si siguen discutiendo el mismo tema una y otra vez me van a volver loco —se lamentó Mael.
El rubio se deslizó fluidamente desde la puerta hasta sentarse en una silla libre, sus ojos azules posándose brevemente en la tímida figura del humano.
— La razón de por qué luchamos en un principio ya no importa —concretó Khayman, quien había estado detrás del rubio todo el tiempo.
Silenciosamente tomó su lugar a un lado de Mael, recibiendo una sucia mirada de éste por sus palabras anteriores.
— ¿Lo dices por lo que Voldemort te ha hecho? —inquirió Jesse, apareciendo de pronto de una de las sombras detrás de Lestat.
No se acercó a Khayman, sinceramente siempre le había intimidado desde que le conoció por primera vez y prefería de la presencia de Lestat.
— Entre otras cosas —implicó Khayman, mirando por un momento al otro lado de la mesa, donde estaba Armand.
— Quiere decir que no tiene que ver mucho conmigo —murmuró Harry para sí mismo. Pero supo que había sido escuchado cuando todos se le quedaron viendo.
— Empezó contigo —admitió Lestat al fin, usando elegantes dedos para acariciar sus cabellos en un acto tranquilizador—, pero Voldemort ha tomado medidas extremas en secuestrar a uno de los míos por el bien de sus propósitos.
— Claramente no les importa lo que ocasionaron con ello —aportó Khayman, aún recordando su desagradable experiencia y teniendo oportunidad, con sus poderes restaurados, de compartirlo con los presentes.
Jesse, siendo la única recién nacida en el momento, fue la que se mostró más afectada.
— ¿Entonces seguirán luchando en contra de Voldemort? —cuestionó Harry, suavemente.
— Mientras siga deseando lastimar a mi preciado descendiente —aseguró Lestat, dando una última caricia a los sedosos cabellos azabache.
— Siempre te gusta hablar por todos, ¿no? —desestimó Armand, cruzándose de brazos.
— Sigues aquí, ¿no es así? —arguyó Lestat, divertido—. 'Mandy, deja de rezongar y ve con Daniel. Es probable que haya despertado y le esté dando un ataque de pánico. Deberías estar descansando, en todo caso.
— Estoy bien ahora —dijo tercamente en dirección a las hermanas—. ¡Deja de llamarme así, Lestat!
— Tratamos pacientes que así lo quieran —retrucó Mekare—, si Armand piensa que está bien, entonces, está bien.
— No podemos imponer nuestro conocimiento en aquellos que lo ignoran —aclaró Maharet tranquilamente.
Armand bufó en molestia, y con una última mirada venenosa hacia Lestat, abandonó la habitación atravesando las sombras más cercanas a él.
— Parece que siempre luce enojado —comentó Harry, nerviosamente—. Pensé que era porque no le gustaban los humanos.
— No le gusta otra cosa que no sea Daniel —le confortó Lestat, riendo de pronto—, o incluso mi amado Beau.
Harry no preguntó por la mención del último, porque ya se daba una idea de quién era.
— Sigo pensando que se toman muchas molestias en protegerme —indicó, incomodo y avergonzado—. Siguen diciendo que no es del todo mi culpa, pero no cambia el hecho que, pues, lo es.
— En retrospectiva, protegerte ha sido la razón para dejar de ser neutrales —ilustró Mekare—. Era cuestión de tiempo.
Lestat asintió en acuerdo, tomándose la libertad de posar su brazo en los hombros de Harry.
— Por el momento solo estamos esperando cierta información —le explicó—. Y probablemente ayuda de otros.
— ¿Otros? —cuestionó Harry, ignorando con facilidad las acciones de su profesor. Era un coqueto empedernido, pero sabía que no iría más allá de insinuaciones.
Lestat sonrió abiertamente, lo que no le permitió percibir diferencia a Harry. Siempre sonreía a todo tipo de situaciones.
— Posibles aliados entre nuestra raza, mon ange.
— Vampiros —dijo Harry, parpadeando en confusión—, ¿no eres su líder?
— Los soy —rió, con sorna—, pero eso no significa que me sigan. Mekare es la Reina, pocos lo saben, y tampoco significa que lo acepten del todo.
Harry miró sorprendido a la bella inmortal, por primera vez tomando en su larga cabellera pelirroja y sus verdes ojos metalizados, su hermana, Maharet, era idéntica. Gemelas idénticas. Sintió la ligera melancolía al pensar que se parecían un poco a su madre.
— Solo un título —desairó Mekare, haciendo un gesto de ligero disgusto—, cuando le arranqué el corazón a Akasha y me lo comí, no lo hice por el poder que adquiriría, sino porque alguien tenía que hacerlo. Así de sencillo.
— Por supuesto —concordó Harry, tratando de mostrarse tranquilo y no pensar en la imagen. No quería terminar vomitando. Además de que no entendía la razón de tragarse un corazón.
— Como siempre, muy modesta de tu parte, Mekare —rió Lestat de nuevo, y ante la ligera confusión que detectaba de su alumno, agregó—: Para librar a nuestra raza de la condenación de la Reina, alguien debía tomar su lugar. Sin una Reina, la raza simplemente perece. Así es cómo comenzó la maldición.
— ¿De la Reina? —repitió Harry, aún confuso.
— Sí, de los horrores que Akasha impuso —murmuró Maharet, perdiéndose ligeramente en sus recuerdos—. Era una Reina desde un principio, y por su atroz reinado, fue maldecida por un vengativo espíritu. No murió, pero sí fue la primera de los Hijos de la Oscuridad.
— Ella comenzó todo —dijo Mekare, con odio—. Y fue inevitable que aquellos que condenó con el Don Oscuro, permanecieran atados a su existencia. Ella vivía, toda la raza descendiente vivía también.
— Matarla fue una teoría más que un hecho —comentó Maharet, suspirando con delicadeza—. Tuvimos la suerte, si es que creemos en tal cosa, de que funcionó.
— ¿Qué tiene que hacer como, ah, Reina? —cuestionó Harry, algo tímido de ser observado por dos pares de ojos verde metalizado.
Mekare y Maharet intercambiaron una corta mirada.
— Solo existir —declaró Mekare, sonriendo ante la incredulidad del humano—. Suena fácil, ¿no?
— Sí, eh... ¿no necesitan un gobierno?
Lestat sonrió, inclinándose en su asiento a su costado para atraer su mirada.
— Los Vampiros solo se gobiernan de las antiguas reglas, las cuales se ignoran en su mayoría y en general se rige solo una: Mantener nuestra existencia secreta para los humanos —le dijo, sonriendo como si recordara algo—. Yo escogí romperlas, así que depende de cada uno.
— Eso casi logra eliminar a la raza entera, Lestat —sermoneó Maharet.
— Ayudó a eliminar a la Reina, ¿no?
Mekare sonrió levemente ante las petulantes palabras, e incluso Harry se encontraba reprimiendo las ganas de sonreír; Maharet, una persona muy seria por lo que veía Harry, solo se mostró exasperada.
— Mejor haber estado en nuestra casi extinción que soportar otro desagradable reinado de Akasha —aportó la actual Reina.
— Una irresponsable forma de hacerlo —reprochó su hermana.
— ¿Entonces su palabra no significa mucho? —intervino Harry.
Mekare se giró para verle, y pausó en sus acciones para pensarlo bien.
— Si así lo quiero, puedo destruir a los rebeldes con un pensamiento —ofreció, sonriendo afectuosamente cuando Harry le miró con los ojos grandemente abiertos—. Somos pacientes, así que nos tomamos el tiempo para escuchar sus razones.
— Es divertido ver sus caras cuando logran comprender el poder de la nueva Reina —reiteró Lestat—. Más aún cuando se dan cuenta que Mekare no es la única con el poder.
— No me interesa mostrarlo, mi hermana se encarga de ello cuando usa sus bien sustentados discursos —apuntó Mekare, haciendo un gesto con su mano hacia el rubio—, pero Lestat no posee molestia alguna en hacerlo por su cuenta.
— ¿También posee el mismo poder? —preguntó Harry, impresionado.
— La forma en qué lo obtuve fue... interesante —informó Lestat, sonriendo sugestivamente y haciendo volar la imaginación del pobre Gryffindor—. Pero en todo caso, si me eliminan, no significa que la raza desaparezca también.
— Tampoco es como si fuera a pasar —confortó Maharet al notar la repentina preocupación del chico—. La Asamblea, casi en su totalidad, siente algo de cariño por el Príncipe Travieso, y haríamos lo que fuera para apoyarlo.
— ¿Algo de cariño? —protestó juguetonamente Lestat.
— Por ello estamos aquí —dijo Mekare, ignorándole—, sin saber exactamente por qué, estamos dispuestos a ayudarle, y por ende, a ti también, querido.
— Además —continuó Maharet, sonriendo—, nos gustaría estar ahí cuando tu pequeño nazca.
Ante lo último dicho, Harry se llevó una mano a su vientre.
— Me gustaría que estuvieran ahí también —confesó, acariciando con ternura la ligera curva.
Lestat, muy poco catequístico de su parte, permaneció en silencio. Una gentil sonrisa curveaba sus sensuales labios, y sus ojos miraban ausentemente las acciones del humano.
Harry realmente le agradaba la presencia de los Vampiros, y si bien no conocía todos aún, estaba ansioso de hacerlo. Si Lestat, y las dos hermanas eran los líderes no oficiales de los Vampiros, al menos estaba tranquilo de saber que Voldemort no tenía el apoyo de tan extraordinarios seres.
º¸,ø¤º°°º¤ø,¸ º
Fortaleza de Azkaban.
— Sigues diciendo que estar aquí es importante —musitó una profunda voz. La frase fue entendible, a pesar del pesado acento—, y sigo a tu lado porque sé que tienes una muy buena razón.
La luz de la luna apenas se filtraba por las pequeñas ventanas, podía escuchar las furiosas olas del mar golpear contras las duras paredes de piedra y los quejidos de los prisioneros hacían poco para animarle.
— Estas aquí porque te preocupas demasiado —retrucó la ligera voz de Reaven—. Si me hubieras escuchado, estarías ahora en Hogwarts, cálido y-
— Preocupado hasta la muerte —cortó la áspera voz de Viktor—. Eres un insensible, Reaven, y sabes que hemos soportado peores fríos en Durmstrang.
— Nunca me gustó Bulgaria, un frío de los demonios y los hombres ahí son unos bárbaros.
Viktor bufó por lo bajo, y se guardó las ganas de decirle lo presumido que eran los Ingleses.
— ¿Seguiremos caminando sin rumbo fijo?
— No estamos caminando sin rumbo fijo —retrucó Reaven, dándole una mirada molesta de reojo.
— Desde donde lo veo así es —murmuró Viktor.
— Tengo que concordar con él, desde donde yo lo veo también parece que te has perdido, Apolo.
La repentina penetrante voz les sorprendió, y antes de que el nombrado dijera algo, Viktor le puso detrás de él, su varita en mano y apuntando hábilmente hacia las sombras.
— ¿Quién está ahí?
— Tiene buenos reflejos, Sr. Krum —elogió la misma voz. Las sombras parecieron partirse ante la figura que avanzaba hacia ellos—. Apolo, he decir que, de todas tus conquistas, has escogido una buena opción ésta vez.
Viktor apretó los dientes a lo implicado, pero no hizo más que esperar a que el otro hiciera un movimiento en falso que le permitiera defenderse.
— Difícilmente una opción —comentó la divertida voz de Reaven—. Yo diría que no tuve elección alguna. Solo pasó.
La figura soltó una corta pero profunda risa, y Viktor hubiera lanzado un hechizo pero la insistente mano de Reaven sobre la suya detuvo cualquier acción.
La capucha del desconocido fue removida por una mano enguantada y Viktor pudo al fin apreciar su identidad. Un pálido pero aristócrata rostro le observó de regreso, ojos de un azul eléctrico tomaban en la posición íntima de Reaven, su cuerpo fijado a la tensa posición del búlgaro. Lo que más llamaba la atención era el largo cabello rojizo, recogido hacia atrás en una coleta baja que permitía observar perfectamente su inmutable expresión. Lucía mayor que ambos alumnos de Durmstrang, pero no por mucho.
Era indeleblemente hermoso, pero algo a su alrededor le hacía sentir que debía mantener su distancia. La mano de Viktor se tensó sobre su varita, lo que hizo que el agarre de Reaven se acrecentara, y por lo mismo no hizo nada a pesar de que sus instintos le instaban a hacerlo.
— Aiolos —saludó Reaven, dejando ir la tensa mano de Viktor y sin hacer caso de la inquietada pose—. Hace mucho que no nos vemos.
— Desde que has ido a Escocia —confirmó Aiolos, pero sus imposiblemente azules ojos fijos en Viktor—. Has tardado en llegar aquí.
— Inconvenientes. Es de confianza —aseguró Reaven, obviamente notando la mirada—. Y es importante para mí.
Eso último terminó de sacar a Viktor de su agresiva posición, sorprendido de escuchar la admisión del orgulloso inglés.
— No es difícil de notar —comentó Aiolos, al parecer deleitado de las reacciones que mostraba Viktor—. Para llamar tu atención, el Sr. Krum debe ser un extraordinario ser.
Viktor frunció el entrecejo, no sabiendo cómo interpretar las palabras.
— No creo que nos hayamos encontrado antes —dijo en su lugar, sabiendo que no le había dado su nombre antes y naturalmente, con el comentario de Reaven, no lo había obtenido de él.
— Es un mago muy reconocido, Sr. Krum —respondió, sonriendo de pronto—. Además, admiro la forma en que vuela. Es, como ya lo he dicho, sublimemente extraordinario en el aire.
No fue exactamente eso lo que dijo antes, y que le hubiera agregado más palabras a ese elogio era aún más inusual. Reaven pareció igual de sorprendido, porque se mantuvo inexplicablemente callado.
Si fuera otro mago, o si no estuviera acostumbrado ya a las palabras de aquellos que le admiraban, Viktor se hubiera sonrojado. Actualmente, se limitó a asentir con su cabeza para demostrar su apreciación.
La sonrisa de Aiolos se amplió, y si no estuviera interesado ya en su actual pareja, Viktor le hubiera considerado sumamente atractivo. Por el momento, lo que le hacia sentir el extraño, palidecía en comparación.
— ¿Continuamos a lo que venimos a hacer? —intervino Reaven, sonando algo molesto.
— Claro —respondió Aiolos, lanzando una última mirada a Viktor para después darse vuelta y comenzar a caminar—. Por aquí, por favor.
— Mantente lejos de él —siseó Reaven al oído de Viktor cuando se aseguró de que Aiolos estaba lo suficientemente lejos.
Viktor enarcó una ceja, incrédulo.
— ¿No debería decirte eso yo?
Reaven le ignoró, apresurándose a alcanzar al hombre. Ciertamente arrogante, pensó Vicktor.
º¸,ø¤º°°º¤ø,¸ º
Colegio de Magia y Hechicería, Hogwarts. Enfermería.
— Va a estar bien, Sr. Diggory —confortó la matronal voz de la enfermera.
Cedric asintió ausentemente, pero no dejó ir la mano de Oliver. Rodeada gentilmente de sus dos manos. No podía apartar la vista del pálido rostro y evitaba mayoritariamente posarla sobre las grandes vendas que cubrían el expuesto torso de su amado.
— ¿Puedo quedarme un poco más? —pidió en voz baja.
La enfermera hubiera protestado que 'no', pero notando el profundo cariño del joven Hufflepuff que profería a su paciente, su ferviente reglamento se desinfló en un simple suspiro.
— Si llega a quedarse hasta tarde, puede dormir a su lado —accedió en un susurró y ante la sorprendida mirada del muchacho, le sonrió—. Solo no deje correr el rumor de que cualquiera puede hacerlo. Que tenga una buena tarde, Sr. Diggory.
Cuando los pasos ligeros de la enfermera dejaron de escucharse, Cedric no perdió tiempo y soltó, con todo el recelo del mundo, la mano de Oliver para apresurarse en correr las cortinas y darles la poca privacidad que podían tener.
Con mucho cuidado subió la espaciosa cama (prometiendo nunca más alegarle a la enfermera) y se recostó a un lado, reteniendo su respiración en un ilógico intento de no perturbar el sueño de su prometido. Cuando estuvo seguro de estar lo más cómodo posible, dejó ir un pesado suspiro.
Y casi pega un salto del susto cuando un fuerte brazo le tomó de la cintura y le terminó de recostar a mitad del firme cuerpo que pensaba yacía dormido.
— ¡Oliver!
— Me alegra que estés bien, amor —murmuró Oliver, sin abrir los ojos.
Cedric no dijo nada y escondió su rostro en el cuello de Oliver. Mientras el silencio les envolvía, Oliver tuvo la suficiente fuerza para envolver el tembloroso cuerpo de su prometido en sus brazos y mantuvo su silencio incluso cuando sintió su cuello llenarse de lágrimas.
º¸,ø¤º°°º¤ø,¸ º
Casa de los Gritos. Habitaciones de Armand.
— Si en verdad te desagrada estar aquí, entonces deberías irte.
Armand pausó en su incesante ir y venir de la abusada alfombra de la habitación. Daniel pensaba, entretenido, que solo terminaría usando el techo cuando se acabara el piso.
— ¿Y qué hay de ti?
— ¿Qué hay de mí? Ya lo sabes, no creo que necesites escuchar lo mismo una vez más.
En un instante Armand paso de una esquina del cuarto a sobrecoger a Daniel con su pequeña, pero no por eso menos poderosa, presencia. Sus manos posadas en los dos postes de la cama, tan frágiles que con un solo toque parecería que se romperían, aún más con la fuerza de un Vampiro.
— ¿Te gusta incitarme, mi querido Daniel?
Daniel no se movió ni un poco, sentado orillas de la cama que solían compartir. Su cabeza estaba inclinada hacia arriba para verle.
— Solo expongo lo que es.
— Te gusta incitarme —reiteró Armand, sonriendo con amargura.
Más que las palabras, el sentimiento en la voz de su Creador le hizo enojar.
— ¿Qué es lo que pasa contigo? Solo te digo lo que quieres escuchar.
— ¡Eso no es lo que quiero escuchar! —explotó Armand, para el oído humano sería una simple exclamación, pero para Daniel el tono era tan alto como un grito.
— ¡Por Dios, Armand! —expresó Daniel, tan dolido que no pudo esconderlo de su voz—. ¿Qué es lo quieres en verdad de mi?
El Antiguo permaneció en un estado estático por unos segundos.
— Quiero que me ames.
Daniel se mantuvo en silencio por largos segundos. Ninguno encontrando la necesidad de respirar; dos personajes en un inanimado cuadro. Y entonces, Daniel soltó un quebrado suspiro, cubriendo sus ojos y parte de su frente con sus manos.
De repente tenía las muy humanas ganas de llorar.
— Yo ya te amo.
Armando cerró sus ojos por uno momentos, y al abrirlos de nuevo, estos brillaban con renovada determinación. Daniel, con la cabeza cabizbaja y aún cubriendo sus ojos, no vio la adoración centellear poco a poco en los ojos grisáceos.
— Mi amado Daniel —murmuró en su oído—, si piensas permanecer al lado de Lestat, no me importa la razón, aún así permaneceré a tu lado. Ya es hora de que comprendas que no pienso dejarte ir, y mucho menos abandonarte.
Daniel sintió dos finas manos remover las suyas gentilmente y cuando conectó su acuosa mirada turquesa con la de Armand, sintió su corazón rebosando de amor.
— ¿Hablas en serio?
— Sí, todas y cada una de mis palabras.
Daniel sonrió temblorosamente y aceptó sin protestas el suave beso que fue depositado en sus labios.
— Te amo —murmuró, antes de que sus labios se separan del todo.
Armand sonrió, colocando una mano detrás de su cuello para ahondar el beso. Daniel simplemente abrió sus labios solícitamente.
— Te amo, mi querido Daniel.
º¸,ø¤º°°º¤ø,¸ º
— ¿Solamente es esto? —inquirió la incrédula voz de Reaven.
En su mano colgaba, de una delgada cadena, el pendiente de Slytherin. El segundo registrado en existencia.
— Es solamente un indicio de mi lealtad —indicó Aiolos, cruzando sus piernas y posando sus codos en los brazos de la silla en forma indolente—. Ayuda el hecho que sea descendiente del creador de Azkaban y sus guardianes originales.
Viktor, sentando al lado de Reaven en un improvisado sillón, le miraba sin comprender. Tenía una idea de lo que estaban haciendo ahora. Aiolos era una informante, un espía buscando una posición cercana al Lord Oscuro.
— ¿Guardianes originales? —cuestionó, atrapando su mirada.
Aiolos sonrió, pasando su mirada por todo el perfil del búlgaro sin discreción alguna.
— Los Dementores.
Viktor enarcó ambas cejas, claramente impresionado.
— No los comanda —agregó Reaven, queriendo restarle importancia—, simplemente tiene el derecho de entrar a la prisión sin que le arranquen el alma.
— Por supuesto —aceptó Aiolos, divertido al notar el repentino recelo de su amigo—. El Lord está convencido de que tenerme a su lado es conveniente al momento.
— Eso es bueno, ¿entonces? ¿Alguna nueva información?
— Me temo que ya saben sobre sus nuevos planes sobre una arma biológica, ¿no? —pausó, notando las confusas miradas de ambos—. Ah, entonces no lo saben. Bueno, eso significa que su viaje aquí no es del todo un desperdicio.
Y ante la sugerente mirada hacia Viktor, se entendió más que 'información'.
— ¿A qué te refieres con arma biológica? —demandó Reaven, tratando de aguantarse las ganas de decirlo con más saña.
Le parecía insultante el saber que su amigo, que en realidad era un aliado más que eso, se atreviera a andar mirando de esa forma a Viktor. En otras ocasiones, le hubiera importado poco. Sin embargo, Viktor no era un 'amigo con beneficios', era su amante y Reaven pensaba seriamente en permanecer a su lado un buen indefinido tiempo.
— Exactamente eso —reiteró Aiolos, sacándole de sus pensamientos—. A diferencia de los alegatos de que el Lord desprecia todo aquello muggle, al parecer está dispuesto a utilizar esto que le llama 'ciencia'.
— La mayoría que luchamos contra él sabe poco con lo relacionado a lo muggle —apuntó Reaven, fastidiado—, ¿me dirás que tiene seguidores educados en esta 'ciencia'?
— Para nada —negó, tranquilo—, ha decidido tomar a ciertos muggles especializados en lo que es una bioarma. Por lo que se ha visto, o los resultados obtenidos de... ciertos experimentos, puede incapacitar a ciertas criaturas mágicas.
— ¿Afecta a la comunidad mágica? —intervino Viktor, realmente preocupado y sumamente curioso. Siempre había ignorado la existencia de los muggles, y ni estaba a favor ni en contra de ellos porque no tenía la necesidad de ello.
— Si a comunidad mágica te refieres a los magos y brujas —dijo Aioloes—, entonces, sí. El patógeno, a lo que llaman organismo vivo que causa enfermedades, está en contacto con cualquier ser vivo. El efecto varía según sea el organismo de esa criatura.
Reaven le contempló por unos momentos, pensando que era incrédula y algo sorprendente la forma en que hablaba. Suponía que, siendo un espía, tenía que memorizar y entender lo mejor posible las acciones del enemigo.
— Estos experimentos, ¿qué ha pasado con ellos?
Aiolos permaneció en silencio por unos instantes, lo que causó cierta aprensión en los otros dos muchachos.
— Murieron, con la excepción de uno al cual no se ha sabido su estado.
— ¿Por qué? —preguntó Reaven, después que hizo funcionar su garganta ante la sombría declaración.
— Porque el sujeto logró escapar —reveló Aiolos, sorprendido—. Algo imposible considerando que las celdas de los sujetos están custodiadas por Licántropos.
Reaven tragó en seco, pensando agónicamente en su padre. Se obligó a despejar su mente, y sonrió débilmente cuando Viktor tomó su mano en preocupación.
— ¿Qué clase de individuo pudo escapar de un Hombre Lobo? —inquirió Viktor, notando que su amante no podía decir nada y mucho menos sin saber por qué le afectaba tanto.
— Al parecer su enemigo en común —les dijo, sonriendo—. Un Vampiro.
— De alguna forma, eso no me sorprende —musitó Reaven, evitando mirar la suspicaz expresión de Viktor.
— Tú sabrías mucho de eso, ¿no, Apolo? —dijo Aiolos, recibiendo una mirada alarmada del búlgaro.
Reaven no dijo nada, y sabía que cuando estuvieran solos, tendría que explicarle a su amante mucho en vedad.
º¸,ø¤º°°º¤ø,¸ º
Harry tragó un respiro corto, el aire que le rodeaba era cálido en comparación a la verdadera temperatura de la habitación. Las palmas de sus manos estaban resbalosas, húmedas debido a la transpiración y el esfuerzo de su cuerpo al aferrase candorosamente a los fuertes hombros de su pareja, sus largas piernas rodeando la delgada cintura y fuertes manos guiando sus caderas a moverse en un sinuoso vaivén.
Apenas pudo emitir un suave gemido cuando sus caderas fueron elevadas en un ángulo más adecuado, y la ardiente necesidad de Draco le penetraba con más facilidad.
— Draco —emitió en un suave murmullo, cerrando sus ojos para poder experimentar mejor las sensaciones de su tembloroso cuerpo.
Sus manos se desplazaron en un murmullo de una caricia, rodeando el cuello de Draco para abrazarle, juntando sus mejillas y musitando, con su respiración siendo robada cada vez que su centro era embestido, dulces palabras que pedían más.
Tenían mucho tiempo haciendo el amor, lento, gentilmente explorando sus cuerpos, tortuosamente placentero y sin el frenesí que usualmente les incitaban sus hormonas adolescentes. Se olvidaron de los problemas fuera de su habitación, de que posiblemente eran escuchados por los siempre presentes Inmortales. Solo estaban ellos dos, y el breve dulce recordatorio de su pequeño creciendo en el interior de uno de ellos.
— Harry —susurró Draco, rozando sus labios con los suyos—, abre los ojos, mi amor, quiero verte.
Harry abrió sus ojos, conectando su nublada mirada con la de Draco. Los ojos de grises estaban velados por el deseo y el siempre indeleble amor; la poca luz que había, delineaba tenues sombras que enmarcaban su intensa expresión y sus movimientos parecían fluir sosegadamente.
Y fue en un incontable instante cuando el cuerpo de Harry se rindió ante el abrumante placer, dejando escapar un suave grito de éxtasis en su culminación. Draco, siempre observándole, siempre atento, pareció perder todo atisbo de autocontrol y tomó sus labios, ahogando en un jadeo imperceptible el nombre de Harry.
Draco, recostando a su pareja, colapsó hacia un lado, cuidadoso de no colocar un peso que no necesitaba Harry en su estado. En otra ocasión Harry lo hubiera querido así, adorando el extenuado cuerpo de su pareja sobre el suyo, pero también entendía que debía de velar por su pequeño sin protesta, ni pensarlo siquiera.
Harry fue el primero en recuperarse, y con la repentina lucidez se le ocurrió cuestionar algo que poco a poco le estaba llenando de vergüenza.
— ¿Crees que escucharon todo?
Hubo un corto silencio seguido de un bufido de diversión por parte de Draco.
— Puse un hechizo silenciador alrededor de la habitación —respondió, moviéndose sobre la cama para poder acomodar las sábanas y cubrirles a ambos—. Lo que no sé es si su condición les permite escuchar de todos modos.
Harry dejó ir un lamento y se llevó ambas manos a la cara. Draco rió un poco, y alejó una pequeña mano para besar su sonrojada mejilla.
— Ahora ya no quiero salir de éste cuarto —manifestó, girando inconscientemente su rostro para darle un corto beso—, ¿Crees que podamos vivir para siempre aquí?
— Tal vez —caviló Draco, siguiéndole la corriente—. Podríamos pedirle a Dobby que nos traiga la comida.
— ¡Sí! —Exclamó Harry, sonriendo juguetonamente—. Y solo nos tendríamos que preocupar por hacer el amor... Todo el tiempo que queramos.
Los ojos plateados se agradaron en repentina sorpresa, y al instante siguiente se oscurecieron en deseo.
— Harry —gruñó Draco, rodeándole con sus brazos para atraerle a su cuerpo—. ¿Tratas de provocarme?
— No lo sé —respondió, mirándole inocentemente. No duró mucho, porque una mano, que no era la suya, se deslizo por su cuerpo hasta pinchar uno de sus pezones—. Ahhh... ¡Draco!
— Bien, pues si lo haces, está funcionando —murmuró, besando el expuesto cuello de Harry.
— Entonces sí lo estoy haciendo —admitió Harry, girando sus rostro para besarle.
Cuando ambos pensaron que su amoroso jugueteo iba a continuar, fueron interrumpidos. La puerta tembló sonoramente, y Draco la miró con aprensión.
— Debería haber puesto un hechizo reforzador —rumió por lo bajo.
Usó su varita para limpiarles, y de una vez vestirles con sus uniformes. Harry trató de disminuir el ardor en sus mejillas y alejar su vista del ahora cubierto cuerpo de su pareja.
— Al menos no derribaron la puerta —le comentó, pasando una mano por sus cabellos, y estos no mostraron cambios favorables.
— Si por ellos fuera, lo harían —gruñó Draco, cancelando el hechizo silenciador.
Abrió la puerta sin prisa alguna, y al hacerlo, se encontró con la sonriente expresión del director de Hogwarts.
— ¿Quién es? —preguntó Harry, desde la cama. Había decidido sentarse, y por lo que vio Draco (sonriendo con orgullo), tenía una mano en su vientre. Al parecer había estado pensando en su pequeño.
— Buenos días, mis muchachos —saludó Dumbledore, agradeciendo a Draco con un asentamiento de cabeza cuando éste se hizo a un lado.
— Bueno día, director —respondió Harry, mirándole con confusión.
— Veo que han podido adaptarse a éste lugar sin inconvenientes.
Harry y Draco se miraron por unos momentos, y fue el Slytherin quién decidió responder.
— No hay un lugar más seguro por el momento —implicó, tragándose su descortesía, y ante la mirada reprobadora de Harry, agregó con recelo—: El profesor Lioncourt ha sido de gran ayuda.
— La Asamblea ha sido muy amble con nosotros —añadió Harry, guardándose el 'casi' al pensar en Armand—, han hecho lo posible por hacernos sentir bienvenidos.
— Me alegro de escuchar eso —admitió Dumbledore, su satisfacción tornándose en seriedad—. Me temo que permanecerán aquí por un poco más de tiempo.
— ¿Por qué? —dijo Harry, alarmado—. ¿Todos están bien? ¿Ron? ¿Hermione?
Draco no perdió tiempo en sentarse a su lado, abrazándole a su cuerpo y siendo agradecido cuando Harry le sonrió débilmente.
— Todos están bien —aseguró el director, sonriendo fugazmente ante la escena—. Hubo algunos herido, pero se recuperarán. Nada que no pueda arreglarse. Sin embargo, la única desgracia no fue a nuestra causa, sino a los Mortífagos.
— ¿Quién? —demandó Draco, ansioso ante el pensamiento de su padre.
Harry pareció entenderle, pues había tomado su mano para ofrecerle algo de confort. Draco tomó el ofrecimiento sin vacilación, un poco más fuerte de lo debido, pero Harry no se quejó.
— Bellatrix —dijo Dumbledore, sobresaltándoles.
Ambos chicos se relajaron en alivio. A Harry no le agradaba pensar en la muerte de alguien, ya fuera un mago oscuro o uno de sus seres queridos, pero eso no le quitaba la tranquilidad de saber que había un Mortífago menos de quién preocuparse. Y ese era uno menos que podría haberle lastimarlo, y por ende a su pequeño.
— Era mi tía —dijo Draco por respuesta, sin sentimiento alguno en su voz—, pero era una mujer desquiciada. No le importaba lastimar a alguien con tal de que cumpliera con los propósitos de su Señor. Incluso a uno de su familia —pausó, mirando con posesiva protección a su pequeña familia en sus brazos—. Solo estoy tranquilizado de saber que no podrá lastimar a Harry, y que no usará nunca nuestros lazos sanguíneos para acercarse a él. La prefiero muerta a viva. Así no estoy obligado a cazarla yo mismo y aniquilarla.
Harry no dijo nada, un poco horrorizado de entender que un familiar de su pareja podría llegar a hacer tal cosa. Se sentía consolado de saber que Draco le protegería igualmente, incluso cuando eso significaba matar a alguien de la familia.
Harry lo comprendía, pues él mismo estaba más que seguro que llegaría hasta los extremos por proteger a Draco y a su bebé.
— Es entendible —dijo Dumbledore, algo apagado—. Me temo que no puedo asegurar que no haya algún otro ataque. Y si lo hay, prefiero que ambos permanezcan aquí, donde es seguro. Por lo que hemos escuchado, su objetivo son ustedes.
— Ya hemos oído algo al respecto —reiteró Draco, escondiendo su cólera al recordar al hombre que cargaba el rostro de su padre—. ¿No hubo algún otro Mortífago identificado?
— No, ninguno que pudieran ser visto. Aún estamos investigando.
— ¿Qué pasará con los estudios? —intervino Harry, después de un intervalo de silencio.
— El profesor Lioncourt se ha ofrecido a enseñarles —informó Dumbledore, mirando con un poco de reprobación a la nada—. Ha pedido un tiempo de ausencia, por asuntos... personales, y que realmente no es por el repentino ataque. Es conveniente que lo haya pedido ahora.
— No puede enseñarnos solo Defensa —indicó Draco, incrédulo.
— No, por supuesto que no. Me ha asegurado que el resto de su Asamblea está... entrenada en ciertas artes que convencionalmente les enseñarán a ustedes.
— ¿Todos? —preguntó Harry, intercambiando una mirada de escepticismo con su pareja.
— Algunos de ellos —corrigió Dumbledore—. Son adeptos, eso lo he comprobado. No se preocupen. Otra razón por la que permanecerán aquí, es por su bebé. Es mejor que su desarrollo sea supervisado cercanamente. ¿Y qué mejor que el Sr. Armand?
— Ah, tiene razón —comprendió Harry, sonriendo.
Draco tenía serias dudas al respecto, pero no las vocalizó. Sería repetitivo y lo último que quería era estresar a su pareja.
º¸,ø¤º°°º¤ø,¸ º
— ¿Cuánto tiempo queda?
Ante la pregunta, Harry levantó la vista del de libro de Historia de la Magia que había estado repasando. No había un Vampiro en la Asamblea que tuviera el conocimiento concreto de la materia, tomando en cuenta que se habían mantenido fuera del margen de cualquier ámbito de la magia por siglos, y sus historias eran de poco interés. Por ello, tenían que estudiarlo por su cuenta y al final tomarían los exámenes cuando regresaran al colegio.
El Vampiro, Louis, si recordaba bien, le miraba detenidamente.
— Eh, ¿tiempo? —devolvió Harry, confuso.
Los ojos verdes metalizados del Inmortal se dirigieron hacia abajo y Harry siguió la mirada, exclamando un suave 'Oh' de comprensión.
— Espero no ser impertinente —se disculpó Louis.
— Para nada —negó Harry, con una suave sonrisa—. Ya ha pasado algo de tiempo, pero de acuerdo con Armand casi son cuatro meses.
Louis inclinó su cabeza a un lado, como buscando obtener una nueva perspectiva del estado de Harry.
— Se ve como si estuviera más avanzado —comentó, puramente sincero y no como Armand lo hubiera dicho, con sarcasmo o desidia.
A Harry le agradaba en sobre manera los delicados gestos humanos que hacia Louis.
— Lo es —confirmó Harry, sin preocuparse—. Armand me aseguró que iba a ser diferente. Soy humano, pero en mi sangre está el gen vampirice, también en Draco. Solo que en ambos está dormido.
— ¿Afecta al bebé? —inquirió Louis, con algo de preocupación.
— No de una manera negativa —le aseguró Harry, no sintiendo vergüenza al introducir debajo de su camisa una mano para sentir con más cercanía el gentil calor de su bebé—. Puede que posea algunos rasgos o dotes de un Vampiro, pero seguirá siendo un humano.
Louis se maravilló del hermoso brillo que desprendía Harry, y se preguntaba si así luciría él mismo cuando su propio estado avanzara. Su embarazo aún no comenzaba, su cuerpo tenía que adaptarse para poder cargar al bebé.
No faltaba mucho para ello, y Lestat estaba aún más ansioso que él para que ocurriera. Si se concentraba lo suficiente, podía discernir los cambios que ya se dieron en su cuerpo. Su corazón latía cada vez más lento, casi al paso de un humano, se encontraba con la necesidad de respirar con más regularidad y su apetito era mayor.
— ¿Ya has comido? —cuestionó Louis de pronto.
— Sí, hace unos horas —aseguró Harry, entre divertido y extrañado de ver su preocupación—. Y aún no me ha dado hambre.
— ¿El bebé podría tener hambre?
Harry parpadeó, aún más confuso y, sintiendo algo de agradecimiento por su atención, le sonrió.
— Eso significaría que me daría hambre a mi también —le dijo, asumiendo que tal vez porque no estaban acostumbrados a estar cerca de una persona embarazada.
— Eso sería lo lógico —sospesó Louis, pensativo—. ¿Podría conversar regularmente contigo?
— Por supuesto —convino Harry, sorprendido—. Disculpa si sueno grosero pero, ¿por qué razón exactamente?
Louis comprendía que sonara algo sospechoso, después de todo, apenas habían acordado hablarse de tú a tú. Y su pregunta sonaba extraña, para oídos mortales. Para los Vampiros, la excentricidad de sus maneras era algo típico.
— No sé si Lestat mencionó esto —pausó, sorprendiendo a Harry al hacer algo tan mundano de un Inmortal como entornar sus ojos en exasperación—, sé que no les ha dicho nada, es la forma en que le gusta hacer las cosas... Pero, bueno, ¿comprendo que recientemente te has enterado de un posible embarazo entre hombres?
— Sí; fue sorprendente, pero lo acepté tan pronto como me di cuenta que siempre había deseado mi propia familia —admitió Harry, abrazando con sus dos brazos su prominente vientre con ternura—. No me importó mucho la forma en qué paso, a decir verdad.
— He de decir que concuerdo contigo —le dijo Louis, ambos sonriendo ante su mutuo sentimiento—. Por eso creo que será fácil explicarte; mi cuerpo se está preparando para tener el bebé de Lestat.
Ante la admisión, por reflejo, Harry posó su mirada en el medio de Louis. Ya sabía sobre la relación que poseía con su profesor, y le parecía incorrecta la forma en que actuaba el Vampiro si ya tenía una pareja.
— ¿Tienen planeado tener un bebé? —preguntó en lugar de inquirir sobre la naturaleza de su relación.
— El bebé ya está en mi interior —clarificó Louis, posando una elegante mano sobre la zona sin moverla—. Es solo su esencia, y hasta que mi cuerpo se adapte a ciertas condiciones, entonces se desarrollará.
Harry asintió su cabeza en comprensión.
— ¿Deseas saber sobre mi condición para ayudarte en la tuya?
— Así es. Aunque es muy posible que no sea lo mismo —contempló Louis—, pero será lo más cercano a lo que puedo esperar; tomando en cuenta que nunca, desde el nacimiento de la Reina, se ha hecho acabo.
— ¿Nunca? —preguntó Harry, impresionado.
— Nunca —repitió Louis, su propio asombro cambiando a algo de exasperación—. Lestat gusta de hacer realidad cosas imposibles.
— Por lo que he oído últimamente, ya no se me hace extraño.
Louis rió suavemente, y Harry le escuchó con algo de asombro. Tenía una sedosa voz y el placentero sonido de su risa le hacían sentirse realmente confortable.
Al parecer a su pequeño también porque pudo discernir el trémulo lazo de calor que desprendía su vientre y, según Armand, era el creciente centro de magia del bebé.
Solo lo sentía cuando Harry mismo estaba tan relajado o feliz que él bebé mismo lo apreciaba. Usualmente pasaba eso cuando estaba a solas con Draco, intercambiando platicas banas, sin sentido y divertidas. El orgulloso padre se maravillaba en interminables horas de entretener a su familia, sin importarle que su impecable aristócrata personalidad se rompiera ante los ojos del que antes fuera su rival.
No era difícil entender la razón por la cual Harry lo amaba tanto.
— Si tienes cualquier pregunta, puedes decírmelo —le dijo, sonriendo—. Y con respecto a las cosas más técnicas, creo que eso tendrás que preguntarle a Armand. Entiendo lo que puedo, y el resto se lo dejo a él.
— Entiendo, y muchas gracias. Espero que no le moleste al Sr. Malfoy.
— Para nada. Le agradas —le aseguró, mostrando algo de diversión.
— ¿Oh? ¿Puedo preguntar por qué?
Harry se mordió el labio inferior, algo inquieto.
— No es que él sea- ah, impertinente pero el profesor-
— Es un irresponsable —le cortó Louis, comprensiblemente—. Entiendo que el Sr. Malfoy no confíe tu seguridad, o cualquier aspecto que te relacione con Lestat. Yo no lo haría tampoco.
— Ah, espero que no me esté entrometiendo —murmuró, algo avergonzado, pero su resolución anterior de no preguntar se venía abajo a cada minuto—, pero, ¿por qué estás con él si piensas de esa manera?
Louis se tomó un tiempo para contestar, y antes de que Harry se sintiera incomodado, le contestó.
— Él me creó, y el lazo que nos une me impedía ser independiente hasta que fuera lo suficientemente fuerte. Me rehusaba a matar humanos para alimentarme —le confesó, algo de amargura en su voz al recordar esa etapa de su existencia—. Pero, admito que fui un cobarde por no tener la fuerza suficiente para decir 'no', tiempo después. Sí pude separarme físicamente de él, pero en mi mente siempre estaba presente. Y, bueno, él siempre ha estado ahí por mí. Aunque yo pensara que estaba solo. Pasamos por mucho, y sus virtudes, por muy pocas que sean, pesan más que sus defectos.
Harry se tomó un tiempo para contemplarle. La bella melancolía que resaltaba el apuesto rostro del Vampiro, y sabía (por su profesor) que Louis siempre había sido hermoso, incluso cuando era humano.
— Lo amas —murmuró Harry, entendiendo un poco más la inusual relación que tenían.
Louis asintió lentamente con su cabeza, y aunque no sonrió, como Harry lo hacía cada vez que pensaba en su amor por Draco, comprendió que el amor era diferente para cada uno.
º¸,ø¤º°°º¤ø,¸ º
El recientemente adquirido piano profería las suaves notas de 'Sonata de Luz de Luna', fragmentando la suave quietud de la sala. Las cortinas yacían cerradas. Siendo viejas, con algo de polvo que se rehusaba a desaparecer incluso con magia, hacían poco para detener los últimos insistentes rayos de sol del día.
— Lestat, ¿verdaderamente piensas seguir con esto?
— Especifica qué es 'esto', Marius... Me hubiera gustado conocer a Beethoven; el hubiera disfrutado de la belleza de ésta noche bañada por la claridad de la luna.
La redundancia de que ni siquiera era de noche flotó en ambos sin ser vocalizado. Los ojos celestes de Marius centellaron en molestia, pero al segundo siguiente lucían tan apacibles como siempre.
— Eres realmente insufrible, mi niño, sabes muy bien de lo que estoy hablando.
Lestat rió galantemente, presionando con expertos y elegantes dedos las tres insistentes notas de la bella melodía.
— ¡Tu niño en verdad! —aceptó Lestat, mostrando sus colmillos en una traviesa sonrisa—. Con respecto a 'esto' —acentuó, cambiando ágilmente las notas del piano a la pegadiza melodía de 'Por Elisa'—. ¡Sí, mí querido padre! Pienso comenzar oficialmente ésta guerra.
— Solo porque es divertida —vocalizó Marius, reprobatorio.
Las notas altas de la cambiante tonada de 'Por Elisa' cambiaron a las constantes, insistentes, tres notas de 'Luz de Luna' en teatral respuesta. Y apropiadamente sonaban a una sombría premonición.
— Es por diversión —confirió Lestat, sonriendo abiertamente, echó su cabeza hacia atrás, sin dejar de tocar—. Pero es la primera vez que lo siento, esta emoción también. Hizo cosas que ya he visto, y este virus —murmuró, sumiéndose por un momento en sus pensamientos—. Un virus que puede destruir todo lo que he hecho —siseó sedosamente, y Marius no le preguntó a qué se refería—. Voldemort me hace enfurecer. ¿Sabes quién más me ha hecho enfurecer desde que 'renací'?
Marius cerró sus celestes ojos, y al abrirlos, los cobaltos ojos del Príncipe le miraban. Metalizados en la emoción que Lestat dijo sentir.
— Nadie —respondió, apenas en un murmullo.
Lestat rió de nuevo, y volvió su cabeza hacia el enfrente, ondulando a la tonada de las trágica melodía.
— Exactamente. Y porque Voldemort es el primero, por supuesto que tiene mi especial atención. ¿Apruebas de esto?
— No hay nada que aprobar. Sin embargo, tienes que tomar en cuenta que hay Licántropos involucrados. No va a ser fácil.
Lestat exclamó con un sonido de su garganta su entendimiento, pero en realidad había escuchado solo lo que quería, y se lo dio a comprender a un exasperado Marius en un alegre alegato.
— ¡Entonces, esto es guerra!
Continuará...
Notas finales:
Para aquellos que han leído todos los libros, me disculparán si me tomo tanta libertad de moldear a los personajes a mi entendimiento de lo que he leído hasta la 'Reina de los Condenados'. El carácter de típica diversión y prácticamente nada de enojo en Lestat es mi especulación. Tomo en cuenta que no he leído a fondo todos los libros, y que no he leído el resto. Pero de algo si estoy segura, cuando Lestat estaba en... las garras de Akasha, la antigua Reina, él nunca se mostró molesto por el supuesto "secuestro", se divertía, como siempre, y aprovechaba para beber de su sangre y hacerse más fuerte. Así que si no le afecta negativamente ser la mascota de la Reina por un tiempo, habrá pocas cosas que le molesten.
¡Muchas gracias por leer! ¡Comentarios son más que bienvenidos! Así sabré si aún se toman las molestias de seguir esto y así podré redimirme mejor.
Alycen
PD: Disculpen cualquier error ortográfico o gramatical que se haya pasado por alto, es mi culpa que la de mi querida beta. Abrazos a Ros-chan por su trabajo.