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Books » Harry Potter » Ice Breath
mina202
Author of 9 Stories
Rated: M - Spanish - Romance/Drama - Draco M. & Hermione G. - Reviews: 85 - Updated: 06-24-07 - Published: 02-22-06 - id:2812929

Pueden matarme, tienen permiso... lo séé! ha sido demasiado tiempo (ya Mina, silencio, ya lo sé) pero una y otra vez no quedaba muy contenta con el final. Simplemente los capítulos de transición no se me dan muy bien, tengo que continuar trabajando en eso. Pero como buena niña, les he dejado algunas notitas y pistas... y para que se pongan contentas, les aviso que el capítulo final ya está escrito. Yeiii! al menos el final no tardará una eternidad O.O


Han pasado ya varios días. Aunque realmente pareciera que nada cambia. Los días se suceden en una interminable hilera de amaneceres y ocasos. Meredith no deja de apuntar que parezco deprimida. Yo no lo creo. Me siento muy viva. Más viva que nunca.

Y creo que a esta sensación contribuye el hecho de que estoy trabajando con lo que me encanta. Los problemas y la magia. Ya son 5 días, 17 horas, 45 minutos y 23 segundos desde la última vez que le vi. ¿Se puede llegar a tener precisión tal en el tiempo? Se supone. Por eso, si no hubiese sido bruja, hubiese sido física cuántica.

Hemos vuelto a Hogwarts. El atardecer siempre ha sido precioso desde los múltiples ventanales del piso cuarto para arriba. Mi favorito siempre ha sido el quinto. Desde ahí, el horizonte jamás es recortado por cosa alguna. Recostada contra ti, y tú contra el marco de la ventana, vemos como el sol se despide de esta fría tierra para irse a calentar lugares lejanos.

Todo es infinita tranquilidad. Sé que llevamos mucho tiempo juntos, pero cada instante, no sé si por especial o por mi repentina amnesia, parece ser el primero.

-¿En alguna ocasión te he decepcionado?-me preguntas cándido volteando tu rostro hacia mí.

-No. No has hecho nada que no me haya esperado que llegases a hacer.

Sonríes. Es casi como si te hubiese excusado de alguna culpa. Te inclinas sobre mí y me besas. Casi había dejado de lado el sentimiento de vacío en el estómago. Lentamente me vas cubriendo con todo tu cuerpo. Es esa deliciosa y excitante pesadez de tener a alguien contigo. Con parsimonia, la luz va siendo obstruida por ti, y es en la oscuridad que mejor me desenvuelvo. Los oídos empiezan a zumbarme, como si una vieja tonada tratara de colarse por mis canales auditivos. Pero el cosquilleo es intenso. Esto es la magia.

Estoy entre la pared y tu cuerpo. Con esas heladas manos has empezado a acariciar el muslo derecho, subiéndolo a la cintura para poder echarle mano más fácilmente. Tu lengua deja de explorarme la boca para irse a pasear por mi cuello. Repentinamente, me tomas por los hombros y me dejas de cara a la ventana, contigo arañándome la espalda.

Siento algo firme y caliente frotarse contra mi cadera, y eso me hace desear que el calor que estoy empezando a aprisionar se libere. Siento tu lengua cada vez más húmeda y anhelo que se junte con la mía. Me revuelvo tratando de que me liberes y me dejes apagar la sed, pero haces aún más fuerza para aprisionarme. Las menos las tengo empleadas en tratar de hacer empuje para que mis senos no se terminen de aplastar contra el frío muro. Tus manos dejan de pasearse por mi cintura para ocuparse de desabrochar tu cinto y pantalón, y ya una vez suelto todo, levantas mi falda y empiezo a sentirte demasiado cerca de mi entrepierna lo cual me hace empezar a ronronear la garganta, simplemente, es demasiada tensión acumulada queriendo estallar desde mi interior.

¿Desde cuando Bill flota? Porque levitando frente a la ventana lo miro desaparecer montañas con un simple coletazo de su varita. Abro la boca para comentártelo, pero la arremetida de tu lengua en mi oído derecho me sorprende y me calla la boca.

-Es increíble lo que un portus, un accio y un evanesco pueden hacer¿cierto? –susurras silbante y la presión de tu cuerpo estrechándome contra la pared ha comenzado a asfixiarme. Ya no respiro bien, sólo entre resuellos farfullo "portus, accio, evanesco" y así hasta el infinito...

-¡Portus¡Accio¡Evanesco! –siento que por fin los pulmones se me han liberado de la carga mientras impulsivamente me incorporo. Mis manos, cerradas como garras alrededor de las orillas de las frazadas comienzan a aflojarse. Las subo hasta mi rostro para palparlo; tengo lágrimas en las mejillas y sudor por doquier.

-¡Eva! –irrumpe Meredith apartando uno de los doseles de mi cama -¿Qué ha sido ese grito¿Os encontráis bien?

-Sí, estoy bien Meredith. –ella, desconfiada, pone una de sus manos en mi frente y me mira con desaprobación.

-Pues yo no os creo. Estáis ardiendo en fiebre y si no me permitís llevaros a la enfermería me veré obligada a llevaros encantada. Así que vos decís¿a la buena o a la mala? –finaliza poniendo sus pequeños puños firmemente en las caderas como lo hubiese hecho la señora Weasley o madame Pomfrey. Por la buena parece una opción más viable, pero honestamente, no me sentía tan mal. Pero si ella dice que ardo... ciertamente ardo, pero no creo que de fiebre.

-Está bien. En un momento te acompaño. –accedo. Me tomo un tiempo para despejarme la mente, y ya una vez tranquila y con la respiración acompasada de nuevo, me levanto y pongo una bata para poder salir. Meredith ya está en la puerta franqueándome el paso para que de ningún modo se me ocurra escaparme.

-¿Podríais primero dejarme ir a ver a Lady Ravenclaw o Gryffindor? –sugerí, pero en caso de que me lo negara, ni por un instante le iba a hacer caso.

-Bien. Id a donde os plazca, pero debéis estar segura de que sabré si os atendisteis o no. –termina blandiendo un amenazador dedo hacia mi rostro. Pero con una sonrisa siempre.

Vuelvo hasta la cama, donde al pie está mi baúl y saco una bata para ponerme sobre del camisón. Es temprano y es fin de semana, a la gente no le importa en absoluto madrugar.

Por el camino, la cabeza me da vueltas. Ciertamente, si usaron un portus, indica que planearon usarlo como traslador. Un accio si quisieron quitárselo de las manos a Draco. Un evanesco hubiera asegurado al que lo conjurase de que solamente él o ella podría volver a acceder al Vial. Es perfectamente factible. Perfectamente posible y probable.

Llego ante la puerta de Ravenclaw y toco insistentemente con los nudillos. Una vez. Nada. Dos veces. Nada. Tres veces y creo que ya no va a responder. Me doy la media vuelta para irme e intentar verla más tarde, pero escucho el rechinar de los goznes.

-¿No consideráis que es un poco temprano? –pregunta Rowena diplomática. Se ve tan casual con el cuerpo recargado contra el dintel en su bata azul rey y con el cabello suelto. Por un instante no parece tan severa. Se diría que inclusive luce juvenil.

-Tuve un sueño de lo más extraño, milady, y en él creo que he encontrado la solución al dilema del Vial...

-¿Es Eva, Rowena? –dice una voz masculina desde dentro. Rowena enrojece levemente, pero ni por un instante baja la mirada; inclusive levanta el mentón.

-Sí, es ella –responde sin dar a conocer la identidad de su acompañante -¿Y dices que en ese sueño vislumbrasteis una respuesta? –preguntó interesada.

-Sí milady. Desearía que lo pusiéramos en práctica lo antes posible. Deseo irme...

Ella asintió entendiendo mi congoja. Se frotó los ojos con las manos y me indicó que la esperara. A los minutos volvió vestida sencillamente en tonalidades azules y comenzó a andar con rumbo a las mazmorras. Yo le seguí.

A medida que íbamos descendiendo en las entrañas de Hogwarts me di cuenta que la temperatura bajaba considerablemente y lamenté solamente haber aparecido ante Rowena con sólo la bata y el camisón. Cuando un ligero vaho empezaba a salir de mi boca, ella se detuvo ante un lienzo que parecía una enredadera entre lazo del diablo y serpientes. Repentinamente, los ojos de una de ellas se abrieron rojos cual rubí encendido.

-Más os valdría abrir, presumo que tenemos la solución.

A regañadientes escucho que múltiples cerrojos empiezan a abrirse uno tras otro.

-No os parece demasiado temprano para visitas sociales –saludó Salazar Slytherin con desprecio e ironía y un codo apoyado por sobre su cabeza en el dintel de la puerta. Era el mayor de los cuatro fundadores, claro que la diferencia no era mucha, pero sí marcaba una brecha entre sus formas de ser y actuar.

-Sabéis que la social aquí es Helga, que para este momento estará bien dormida, así que no intentéis haceros el gracioso, que no os va –le respondió torciendo su sonrisa, en ningún momento incómoda por el modo que tenía de expresarse el señor Slytherin.

-Ya, la buena de Rowena educándome. ¿Qué diría el viejo Merlín de oíros, señorita Ravenclaw?

-Diría que os lo merecéis en toda la extensión de la palabra. Pero ya fue suficiente de "socializar" –ironizó - , el punto es que quiero que hagamos un experimento.

-¿Qué clase de experimento? –preguntó picado en la curiosidad bajando los brazos y poniéndolos cruzados

-Un choque de hechizos.

-¿Os ha afectado la noche pasada o que¿Para que deseáis un choque de hechizos? –preguntó inclinándose un poco hacia Ravenclaw.

-Si nos dejas entrar, os lo contaré –presionó Rowena dando un guiño familiar. Salazar, asintió sin expresión alguna en su rostro y se retiró de la puerta para dejarnos pasar.

-¿No consideráis demasiado comprometedor para un caballero como yo que os presentéis tan temprano y con una señorita a medio vestir? –apuntó mordazmente luego de cerrar la puerta detrás de mis espaldas.

-¿De cuándo acá sois un moralista? –contraatacó Rowena mientras tomaba asiento en una de las enormes sillas tapizadas en verde. Me indicó con su blanca mano que hiciera lo mismo. Obedecí, tomado asiento en la silla más cercana al crepitante fuego.

Era contradictorio, en segundo, cuando Harry y Ron entraron a la sala común de Slytherin, dijeron que estaba eternamente fría, lo mismo que el despacho de Snape y las mazmorras de Pociones; pero ahora, las habitaciones de Salazar estaban caldeadas.

Él hizo una mueca ante el comentario de Rowena y permaneció de pie con sus oscuros ojos fijos en ella.

-¿Cuáles quieres chocar? –preguntó con su fría mirada.

-Portus, evanesco y accio. –al escucharla, Salazar comenzó a dar vueltas por el recibidor. Iba mascullando los hechizos y haciendo aspavientos con las manos como discutiendo consigo mismo. Se detuvo repentinamente frente a Rowena.

-Sabéis que son incompatibles ¿cierto? –afirmó poniendo en duda su cordura.

-Ahí radica el encanto. –respondió ella con una sonrisa maquiavélica.

-¿Cuándo? –preguntó resignado cruzando los brazos en un suspiro imperceptible.

-Cuanto antes, mejor.

-En tres horas, en el invernadero 3. Debéis abrigaros, aún no es lo suficientemente cálido allá fuera. –terminó diciéndome sarcásticamente.

-Bien. –respondió ella con una sonrisa conciliadora mientras se levantaba de la silla y quedaba cara a cara con él. La entrevista había terminado así que ambas salimos de ahí.

-Sed puntuales –alcancé a escuchar que nos decía antes de cerrar la puerta.

-Ya le oísteis. –confirmó Rowena, y echó a andar por el entramado de pasillos hacia el Gran Comedor, punto de referencia para todo en el castillo. Yo le seguí en silencio.

Al llegar frente a las enormes puertas, ella se giró y con una sonrisa y una pequeña inclinación de cabeza subió las escaleras que la llevarían al pasillo base de su torre.

-¿Era el doctor? –era una pregunta que no tenía intención de dejar salir, pero que lo hizo inevitablemente. Ella volteó a verme, digna, pero sin decir nada. – Lo lamento. No fue mi intención ofenderos.

-Todo va al tiempo. Quizá y es eso lo que tenéis que aprender de este viaje.

-Sí, milady. –apunté bajando ligeramente la vista.

No tuve cara para continuar. Apresurada, seguí trotando por las escaleras, hasta llegar al pasillo desde el cual se veía al fondo el retrato con Sir Cadogan. Pero sentía algo raro. Como soledad. Pero que digo, si al final de cuentas todos estamos solos. Sólo nos conocemos a nosotros mismos cuando estamos en soledad. Estando solos, podemos tomarnos el tiempo para ver dentro. Cuando no, tenemos que estar ocupados en mantener las máscaras, que nadie nos vea llorar. Que si te ven llorando, eres la víctima perfecta. Más cuando no tenemos en quien apoyarnos. Este es el momento en que dirías: "Ahora se va a poner filosófica la muy..."

Pero si no es ahora¿cuándo¿cuándo estemos viejos y ya no tengamos nada más que decidir más que esperar la muerte?

De pronto, siento frío corriéndome por la espalda. Nunca debí haberte usado para saciar mi soledad. Dejé de reconocerme desde que me reflejé en tus ojos. Dejé de preocuparte desde que tomaste las riendas de todo. Saqué a todos de mi corazón desde que tú entraste en él. Arriesgué demasiado por lo que yo consideré lo máximo. Pero en vez de dejarme la sensación de amargura que debiera, siento lo que sabe tomar agua. Es neutro. Es equilibrio. Ya no sabe ni bien ni mal. Simplemente sabe y ya.

-¿Contraseña, milady?

-Cruzadas –respondí sin ánimo. La cabeza me reventaba y apenas me quedaban dos horas y media para el experimento. Tenía que ser rápida.

-No fuiste a la enfermería ¿cierto? –Meredith me esperaba sentada en las escaleras, también sólo cubierta por la bata sobre el camisón.

-No. –no tuve el valor de mentirle para que me dejara en paz, suficientes cosas ya le había escondido –Y no tengo tiempo de ir. Tengo una cita con Slytherin y Ravenclaw en dos horas y media.

-¿Para? –preguntó desconfiada.

-Ponerme al corriente de cosas que no he visto en clase. –si algún talento de supervivencia tengo, es mi asombrosa capacidad para mentir cuando lo deseo.

-Si os sentís peor¿irás? –dijo esperanzada.

-Claro.

-Bien –respondió convencida y aliviada -. Vestiros antes que el señor Weasley baje a hacer su ronda antes del desayuno. ¡Cielos! –bufó Meredith –ese chico es un halcón...

-Y me plazco de ello, señorita Blount.

Samuel apareció detrás de Meredith con su túnica impecable y ese porte de quien se sabe al mando, digno, pero sin llegar a déspota o arrogante.

Ella dio un salto al oírle tras de ella, llevándose una mano al pecho y en el acto, dejando entrever accidentalmente parte de sus senos. Cosa de la cual tomaron nota los ojos de Samuel Weasley, el cual, tuvo el pudor y recato suficiente para apartarlos y sonrojarse.

-Id a vestiros antes de que me arrepienta de no haberos quitado puntos –bufó pasando de largo con dirección a la puerta de salida. Pero al ir con los ojos entrecerrados y tratando a toda costa evitar mirar a Meredith poniendo una de sus manos como pantalla, tropezó con un taburete mal acomodado, cayendo ruidosamente en la sala. Rojo tal como estaría Ron o Ginny en una ocasión así, se levantó erguido, como si nada hubiese pasado y con paso firme salió de Gryffindor.

-Extraño el chico ¿eh? –afirmó Meredith cuando estuvo segura de que no nos oiría.

-Ni tanto. –respondí viendo aún hacia la puerta. Me volví hacia Meredith y le lancé una mirada maliciosa –Sólo actúa así cuando andas tu cerca...

-Claro –afirmó apesadumbrada –le caigo tan mal que mi cercanía le saca de sus cabales. -Me sorprendió la ignorancia en cuanto a que Samuel actuaba como un típico adolescente atolondrado.

Preferí dejarla en su ignorancia y seguir subiendo a la alcoba. Del baúl saqué una túnica morada lo suficientemente abrigadora para el día que se avecinaba. Me gusta el morado. Es el color perfecto para un atardecer, no es tan brillante como el naranja y no es lúgubre como el índigo.

Pero a media mañana, con el sol subiendo tímidamente por la bóveda celeste, no es un atardecer lo que me cautivaría. Llegué temprano, no están ni Slytherin ni Ravenclaw y el invernadero 3 está cerrado. No es el más grande de los que hay, y está discretamente oculto por el montón de árboles y hierbas que se cultivan dentro.

¡Mirad! Dentro hay prímulas. Adoro las prímulas, son pequeñas, frágiles, etéreas, y solamente florecen en primavera. ¡Cierto! La primavera está empezando. ¿Qué dicen de la primavera¡Ah, sí! Es la temporada donde el amor y las plantas florecen. Cuando los jóvenes revolotean unos sobre los otros, buscando con quien compartir los recién descubiertos sentimientos. La época perfecta para enamorarse, según muchos. Pero ¿por qué ahora¿Por qué no invierno, cuando se nos antoja estar cerca de alguien¿Por qué no verano, cuando nos gustaría tener quien nos enseñe a nadar¿Por qué no otoño, cuando gustamos de tirarnos colina abajo abrazados a alguien¿Por qué tiene que ser en la maldita primavera? En primavera, los frutos aún no están maduros, las flores que se abren son las que más pronto mueren, el amor es simple reacción química a las feromonas... todo es ilusión, todo es pasajero...todo está vivo por unos segundos, todo no es más que preludio.

-No todas las auroras son falsas –una voz grave y sombría se percibe a mi derecha. Slytherin está de pie cerca de la puerta del invernadero y a unos pasos más allá, Rowena viene bajando del castillo -. Bien, mon cherie, pasad al invernadero y juguemos un rato al alquimista¿queréis? –dice arrastrando las palabras. Abre la puerta y el lugar está en parcial oscuridad. Ambos fundadores convocan un lumus para evaluar el sitio. A pesar de que está lleno de maleza y plantas creciendo en desorden, al centro, bajo el domo, hay un amplio espacio despejado y es ahí donde vamos.

-¿Queréis intentar con algo inanimado o preferís algo vivo para empezar? –pregunta irónico Salazar mientras levita una planta y toma una piedra con su mano izquierda.

-No me gustaría hacer enojar a Helga tocando sus plantas, así que si os place, podemos empezar con vuestra piedrita –le respondió Rowena con un ademán despectivo a la piedra que sostenía Salazar. Él simplemente sonrió de lado y bajó bruscamente la planta.

-Vuestros deseos son órdenes –se burló Salazar. Ella rodó los ojos con fastidio, pero no parecía de algún modo enfadada. Enfiló bajo el domo y Salazar acudió con la piedra depositándola en el suelo.

-Será necesario que los tres conjuremos a un tiempo cada hechizo. Vos, Eva, diréis el Accio, vos, Salazar, el Portus, y yo el Evanesco; veremos que resulta de ello –dijo decidida. Nos indicó que nos pusiéramos en triángulo y que aprestásemos las varitas. Yo la desenfundé de debajo de mis faldas, a lo que una ceja alzada reprobatoriamente de Slytherin me deja claro lo que piensa acerca del sitio donde la guardo.

-¿Qué? –no pude evitar decirle en reproche. Rowena ahogó una risita.

-Todas las que tenéis el tipo de intelectuales sois iguales –comenzó Salazar –nunca dejáis pasar la oportunidad de hacer cualquier clase de comentario de mal gusto.

-Solamente con tipos que dan el calibre, Lord Slytherin. –le hice el cumplido. No todos los hombres soportarían los insidiosos comentarios de una mujer inteligente sin ofenderse realmente. Y él si que podía. Con un bufidito satisfecho, Slytherin aprestó la varita, misma cosa que hicimos Ravenclaw y yo.

-A la cuenta de tres... uno... dos... ¡tres!

-¡Accio!

-¡Portus!

-¡Evanesco!

Puf. Un destello y una explosión nos hicieron perder brevemente el equilibrio. Trastabillando, tosí hasta sacar el polvo que se colaba por mi nariz, mientras que con mi mano izquierda, libre de la varita, hacía amplios aspavientos para disipar un poco el polvo. Retirado un poco, pude ver que Salazar Slytherin estaba impasiblemente firme en su sitio, sólo cubierto de polvo de la cabeza a los pies. Rowena Ravenclaw había retrocedido unos pasos y con su pañuelo se retiraba la suciedad del rostro. Volteé hacia donde habíamos disparado nuestros hechizos. Ahora solo había un cráter negrusco. No había huella alguna de la piedra. Me temo que la hemos pulverizado.

-¿Qué pensáis ahora de vuestra idea, señorita Marcauss? –pregunta insolente Salazar.

-Que un factor se nos está escapando, lord Slytherin.

-¿Un factor¡Prácticamente la desintegramos! –me espeta sorprendido de mi tranquilidad.

-¿Y si le estaba influyendo alguna clase de pensamiento o sentimiento? –sugirió Rowena tentativamente. Pues si se tiene en cuenta de que gran parte del potencial de la magia radica en sentimientos y pensamientos del mago que la conjura, podría ser que eso fue lo que se nos escapó.

-¿Sugerís que pensemos lo mismo al mismo tiempo? –preguntó Salazar tratando de corroborar lo sugerido por Rowena.

-No sería tan mala idea después de todo… -pensé en voz alta. Después de todo¿qué podíamos perder? -¿Alguna idea de lo que deberíamos pensar?

-¿Por qué no pensar en que la piedra esté en cinco minutos a la entrada del invernadero? –sugirió Ravenclaw esperanzada y confiada.

Salazar y yo lo consideramos un poco y finalmente decidimos acceder. Él consiguió otra piedra y nos volvimos a poner en guardia para hechizar conjuntamente de nuevo.

-¡Accio!

-¡Portus!

-¡Evanesco!

De nueva cuenta la piedra pareció pulverizarse en una nube.

-Ahora esperaremos cinco minutos. –sentenció Rowena mientras hacía aparecer un banquillo donde sentarse. Encogiéndose de hombros, Salazar hizo lo mismo, pero hacieno aparecer un sofá bastante ostentoso. Yo preferí un banquillo rojo.

En el tiempo de espera, no pude menos que pensar que el tiempo no es más que la gran broma del Arquitecto para tentarnos a llenarla de toda clase de acciones, muchas de ellas sin sentido. Porque¿en qué podríamos emplear el tiempo libre? Acaso somos lo suficientemente fuertes para resistir a la tentación de perder el tiempo en nimiedades, pero continuamos siendo unos holgazanes de la época moderna que nos limitamos a vivir y ya. ¿Dónde quedan nuestras preguntas sin respuesta? Al fondo del baúl del olvido. ¿Dónde quedan esos amores por los que decíamos entregar la vida? Anclados lejos de nuestros corazones para que no nos hagan daño.

-¿Ya son cinco minutos? –preguntó Salazar luego de que se cansó de chocar su pie contra el suelo.

-Ya lo creo, milord –dijo Rowena levantándose finalmente de su butaca. Se acomodó las faldas y comenzó a avanzar a la puerta del invernadero.

-¿Estáis segura de que no volaremos? –ironizó él mientras sostenía la mano de Rowena para evitar que abriera la puerta.

-Si tanto teméis, podéis quedaros con todo gusto dentro –le retó ella de vuelta sacudiéndose su mano. Ambos se sonrieron como dos niños a punto de cometer una travesura. Salazar se adelantó y con todo el glamour caballeresco que puede tener el más oscuro de los cuatro fundadores, abrió la puerta para que ambas pasáramos.

Habíamos tenido la precaución de marcar la piedra por si nuestro experimento resultaba exitoso, y fuimos a un metro de la puerta, que era donde los tres habíamos visualizado a la piedra en cinco minutos. Como era una ladera había muchísimas piedras, por lo que nos pusimos manos a la obra a buscar una piedra marcada con el escudo de Hogwarts.

-Sólo a vosotras se os pudo haber ocurrido imaginárosla al pie de una ladera… -se quejó Salazar luego de llevar un buen montón de piedras descartadas a sus pies.

-¿Podéis callaros y continuar? –le respondió ella impaciente por sus quejas de colegial. Ella también estaba ya cansada, si de por si no se había dado el tiempo de peinarse tan elaboradamente como acostumbraba, ahora las guedejas de su negro cabello caían salvajes por su rostro.

-¡Lo tengo! –grité triunfante finalmente sosteniendo en alto la piedrilla con el emblema de Hogwarts. Los tres hicimos un corro alrededor de la piedra, fascinados de que nuestro experimento loco hubiese resultado exitoso. No me sentí tan eufórica en ese aspecto desde que logré preparar la poción multijugos. Los tres cruzamos miradas y no pudimos menos que sonreír satisfechos. Lo habíamos conseguido, iba a poder volver a mi tiempo. Ahora sólo necesitaba encontrar a Draco para decírselo.

-¿Iréis a por el señor Carlyle? –preguntó Rowena mientras se guardaba la piedrecilla en uno de los pliegues del vestido.

-Si me permitís un caballo y un guía, creo que podré.

-No necesitáis de nadie –explicó Salazar –desde aquí podéis ver las tierras de Greensox, sólo seguid el camino de la izquierda al llegar a la bifurcación.

-Convocad a un elfo y pedidle un caballo, ellos saben dónde están. –indicó Rowena.

Asentí y eché a andar al castillo; en cuanto crucé el umbral de las enormes puertas pensé firmemente en un elfo y con un discreto plop, una criaturilla pequeña y color verdoso se apareció.

-¿Desea algo la señorita?

-Sí, un caballo, por favor. –nunca he podido evitar decir gracias y por favor a un elfo, a pesar de la mueca de extrañeza del elfo.

-En un minuto en la verja de Howgarts señorita. –con otro discreto plop, desapareció.

Comencé mi camino hacia las verjas frontales de la escuela, las que indicaba ya el camino fuera de los territorios mágicos. Sentía de nuevo las maripositas en el estómago, volvería a verle y sería para darle una noticia maravillosa: que volvíamos a casa. Ya me imaginaba que saltaría de gusto, que estaría emocionado por volver a sus habitaciones, a lo que su nombre significaba… lo que ser Malfoy significaba. Entonces, como una sombra, se me planteó la idea de que quizá, cuando volviésemos, algo hubiese cambiado, algo ya no fuera igual… a lo mejor y era el destino que no volviéramos.

Aparté esas ideas de mi cabeza en cuanto vi el hermoso alazán que me habían traído. Con torpeza he de admitir, lo monté y lo hice galopar hacia Greenhall. Hacia donde se supone y debí haber vuelto hace tiempo…


Bien. Les gustó? no? bueno...si esto les dejó mal sabor de boca, las consuelo promocionando el nuevo capítulo de Mina con su historia de Sailor Moon, "Espero curarme de ti"... ya el final! ella que pudo T.T

Nos seguimos leyendo...ciao!

Raven

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