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Libérame
Author: Mikapunzel PM
Yamato es Psiquiatra, y una especial paciente llega a sus manos ¿Quién es? ¿Por qué sufre? Capítulo Trece UP!
Rated: Fiction K - Spanish - Romance/Drama - Yamato I./Matt & Mimi T. - Reviews: 336 - Updated: 01-31-11 - Published: 02-24-06
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¡Por fin he podido actualizar! Había una escena que no lograba escribir y que me tenía estancada a más no poder ¡Hasta que me iluminó la Luz Divina!

Los invito a leer mi otro proyecto Mimato "Pink Princess"; así como también a visitar mi LJ, cuyo link podrán encontrar en mi perfil.

¡Saludos a todos y gracias por leer! Espero que este capítulo sea de su agrado.

NOTA: Digimon no me pertenece, esta historia la escribo por mero entretenimiento.


Ella asintió, y se mordió el labio antes de volver a preguntar ―¿Y cuál era la respuesta, Matt?


Capítulo Trece: Miénteme

Ishida quedó de piedra ante la pregunta ¿Qué decirle? ¿La verdad? Ni hablar, estaba recién saliendo de un lío amoroso con su ex novia y su ex mejor amigo como para meterse en uno nuevo; no estaba preparado, al menos no por el momento. Además ¿Qué podría decirle? ¿"Lo siento Mimi, no te respondí y me comporté como un crío y siempre me gustaste"? Ni hablar.

―¿Estás despierto? ―preguntó Mimi, impaciente.

―Ya no recuerdo la respuesta, Mimi ―mintió él, soltando un suspiro.

―Mientes ―aseguró ella, girándose para quedar cara a cara con él―. No temas lastimarme Matt, fue algo que ocurrió mucho tiempo atrás, ahora sólo quiero…

―Ya carece de importancia, en serio.

Mimi cerró los ojos, decepcionada. Nuevamente se quedaría sin la respuesta que tanto ansiaba y tampoco se atrevía a seguir insistiendo. Soltó un bufido y volvió a darle la espalda a Yamato, ya dispuesta a dormir y, en lo posible, olvidar el incidente.

―Vamos Mimi, no te molestes por eso.

―No estoy molesta ―aseguró ella―, simplemente ya me dio mucho sueño.

―Pero…

―Matty, tú mismo dijiste que el tema ya carecía de importancia, yo pretendo hacerte caso y no volver a tocarlo ¡Lo juro! ―agregó la castaña antes de acurrucarse y soltar un suspiro cansado.

El rubio por su parte prefirió no discutirle y acomodó la cabeza en la almohada, no sin antes volver a capturar la mano de la castaña con la suya; él no lo notó, pero Mimi sonrió un poco con aquel gesto y sintió que por primera vez en mucho tiempo podría dormir sin tener pesadillas, como le sucedía a menudo últimamente. Yamato por su parte recordó que aquella sería la primera noche que compartiría cama con alguien que no fuera su ex novia, Sora.


La mañana llegó irremediablemente, pero mostrando un hermoso cielo que era adornado por pomposas nubes y el radiante sol; de tanto en tanto, cuando el tráfico lo permitía, se oía el suave cantar de las aves en las calles.

Cuando Yamato abrió sus ojos se encontró solo en la cama, por lo que sus sentidos se pusieron alerta de inmediato; se levantó de un salto y buscó a la castaña por toda la habitación sin resultados fructíferos; sin pensarlo dos veces salió del cuarto a tropezones y se dirigió al de Miyako; sin siquiera golpear, abrió la puerta con una creciente angustia invadiéndole el pecho, cuál fue su sorpresa al encontrar a las dos chicas sentadas en la cama matrimonial riéndose y viendo viejos álbumes de fotos.

La primera en reparar en la presencia de Ishida fue Mimi, quien le enseñó una sonrisa de inmediato ―¡Matty! Estaba viendo las fotos de los pequeños de Miyako. Son tan monos.

―Escúchame bien Mimi Tachikawa ―dijo él ignorando completamente lo que la aludida le comentaba―, nunca más vuelvas a hacer eso ¿Me entiendes? ¡Nunca!

―¿Hacer qué? ―preguntó ella, sin comprender. Miyako sólo intercaló su mirada entre la pareja y sonrió por lo bajo, entendiendo perfectamente lo que había ocurrido.

―¡Escaparte de la habitación sin siquiera avisarme! ―exclamó él como si el hecho fuera lo más obvio del mundo.

Mimi lo observó perpleja ―Pero si estabas tan tranquilo durmiendo, ¿Cómo iba a despertarte?

―No me importa, pensé que… ¡Kami!

―Lo siento, en verdad ―se disculpó la castaña―, no era mi intención preocuparte.

El susodicho se dejó caer en una silla contigua a la cama matrimonial y observó a las dos mujeres al tiempo en que soltaba un suspiro ―Me has asustado como no tienes idea, Mimi.

Ésta vez Miyako decidió intervenir ―Vamos Yamato, son las una de la tarde, lógicamente íbamos a notar la pérdida de Mimi de haber sido así.

El rubio abrió enormemente los ojos ¿Las una? ¿Tanto había dormido? ―No… ¿Es una broma? Ni en mis días de doble turno me había levantado tan tarde.

Mimi rió ―Puse una de las pastillas que me recetaste en tu vaso de jugo la noche pasada.

El aludido la observó sorprendido e incrédulo ¿Era Mimi capaz de hacer algo como ello? No, tenía que ser una broma ―¡Mentirosa!

Tanto Miyako como la castaña estallaron en carcajadas inmediatamente ―Vamos Matty ¿Cómo voy a ser capaz de hacerte algo así?

―Yo creo que Yamato aún está un poco estresado por todo este asunto ―agregó Miyako―, aprovecha de descansar, yo estaré con Mimi, así que relájate.

―La habitación tiene sales de baño para usar en la tina ¿Por qué no te bañas con eso? ―sugirió la castaña, pero recibió una mirada no muy amigable por parte de Ishida.

―Mimi, que yo usara sales de baño como si me tratara de una chica mataría mi masculinidad interior.

―Oh, vamos, Matty ―insistió la castaña―, no seas anticuado, los hombres de hoy hasta se depilan y delinean los ojos, y no por eso…

―¡Basta! ¡Basta! ―interrumpió de inmediato Yamato―, iré a tomar una ducha ¿Luego almorzaremos?

Miyako se apresuró a responder ―Sí, la comida llega a las una y media. Más o menos. Si no les molesta comeremos en las habitaciones, Ken no quiere que expongamos a Mimi por nada del mundo.

La castaña asintió con la cabeza y volvió a acomodarse en la cama para seguir viendo las fotos de los retoños de su amiga, Miyako no tardó en unírsele cuando Yamato salió de la habitación y volvieron a quedar en intimidad.


Sora, a pesar de encontrarse aún preocupada por Yamato, había encontrado una paz mental que hace mucho no sentía; estaba recostada en el sillón recién comprado en el nuevo departamento del moreno; el cual la había dejado sola minutos antes debido a una urgente llamada de Hikari. El hecho no le pareció extraño a ella, como hermanos era lógico que se contactaran, más aún después del incidente entre Yamato, Taichi y ella misma, pues había sido la joven Yagami la que los había empujado a actuar de la mejor manera posible.

Lo que sí le pareció raro fue el rostro ensombrecido de Taichi cuando volvió junto a ella; hubo un breve lapsus de silencio hasta que él se atrevió a hablar; todo aquel misterio logró poner mucho más nerviosa a la pelirroja.

―Vamos, Taichi, habla de una vez ―apremió ella.

―Sucede que… por el momento no es bueno que te acerques a tu antigua casa ―habló finalmente él, recibiendo una mirada interrogativa por parte de su compañera―, Hikari me acaba de llamar y me ha confirmado que efectivamente la chica a la que Yamato trataba es Mimi.

Sora lo observó con los ojos abiertos como platos, sin creer lo que oía; posteriormente el castaño se dedicó a contarle con lujo de detalles todo lo que Hikari le había informado: que la joven Tachikawa era buscada por unos tipos peligrosos, que Yamato se había enterado el mismo día del escape de su verdadera identidad; Ken y Miyako en Estado Unidos tratando de dilucidar el tema y que Hikari y Takeru se quedarían a ayudar a mantener en secreto a su amiga.

―¿Y me vas a decir que en todo este tiempo la policía no ha sido capaz de encontrar nada? ―exclamó la pelirroja, indignada, logrando descolocar a Taichi. El hecho de que se preocupara más por la vida de su vieja amiga que por el hecho de que su ex pareja estuviera al cuidado de ella era, por decir lo menos, extraño, considerando el escaso tiempo que llevaban separados; de todas formas aquel pensamiento logró tranquilizarlo muchísimo, por lo visto Sora no estaba dudando acerca de sus sentimientos por él.

―¿Y… y no te preocupa que Matt esté con ella? ―se atrevió a preguntar.

La pelirroja captó de inmediato la indirecta ―Tai, no te negaré que me es extraño pensar que Yamato ha sido doctor de Mimi todo este tiempo y que no se haya dado cuenta; pero yo menos que nadie estoy en el derecho de criticar sus acciones, no podría tener la moral siquiera de enojarme si él pretende tener algo con Mimi. Yo escogí mi camino, y ese es junto a ti.

―Sora…

―Déjame terminar ―pidió ella―. Sé que todo esto es muy reciente, digo… hace dos noches aún era novia de Yamato, lo sé, piensas que me podré arrepentir. Pero te aseguro que esta vez siento que estoy haciendo lo correcto, no te preocupes.

El castaño sonrió y atrajo a la chica hacia su persona, en un abrazo ―¿Entonces? ¿Qué sigue ahora? ―preguntó, adivinando vagamente que su novia tenía algo en mente.

―Bueno, no nos vamos a quedar de brazos cruzados mientras todos los demás están haciendo algo por salvar a Mimi ¿No?

―¿Qué propones?

―Simple, en mis años de experiencia he visto que los periodistas somos tan capaces de encontrar información valiosa que los mismos detectives y policías ―comentó―, me pondré en contacto con Ken para que me envíe toda la información que pueda y en base a eso comenzaré a buscar casos similares, alguna noticia sobre el tema debe haber.

―Podría ayudarte en algo, si bien no trabajo como embajador actualmente, cuando estudiaba conocí a un par de tipos importantes, súmale que soy una figura deportiva medianamente conocida, nada que un par de fotos y autógrafos para sus hijas o esposas no pueda solucionar ―sonrió él.

―¡Oye! ―exclamó ella, dándole un suave empujón―, no quiero verte coqueteando con otras chicas ¿Está claro?

El susodicho rió ―¿Ni siquiera por información privilegiada que nos pueda ser útil?

Sora pareció pensarlo y tras unos segundos, respondió ―Está bien, pero no quiero besos ni nada más íntimo que eso; sólo puedes llegar hasta los abrazos.

Dicho esto, Takenouchi tomó el teléfono de su novio y llamó a Hikari con la esperanza de poder comunicarse con Ken lo antes posible; mientras más tiempo tuviese para investigar, tanto mejor.


A eso de las tres de la tarde y luego de haber saciado el apetito con el almuerzo, Miyako pensó que era buen momento para ir de compras por la ciudad; lamentaba que su amiga no pudiese acompañarla pero sabía que su seguridad era lo primordial.

La dejó en la habitación, junto a Yamato, dotada de muchas revistas de moda y libros con crucigramas y sudokus, nada mejor para matar el tiempo, al menos en su opinión.

Lamentablemente para Mimi, sus intereses actuales distaban mucho de si 'el rosa es el nuevo blanco' o si las tonalidades azules desplazarían al negro en la temporada y observaba con creciente interés el "National Geographic" que leía Yamato en ese momento. Sin ánimos de distraerlo decidió probar qué tal se comportaba su aburrimiento con un sudoku. Se encontraba totalmente concentrada cuando un nombre en particular llegó a su mente: Sora Takenouchi; de inmediato dejó caer el lápiz junto al cuadernillo de sudokus y se tiró de espadas sobre la cama.

¿Qué demonios hacía Yamato, en la habitación con ella, y sin su novia de años? ¿Acaso a Sora no le molestaría que él hubiese desaparecido sin dar siquiera explicación alguna? ¿No estaría preocupada y buscándolo? Aquellas y un sinnúmero más de preguntas cruzaban la mente de la castaña a una velocidad incalculable; de ser así Sora exigiría que Yamato volviera ¿No? O peor aún, ella podría convertirse en un blanco de ataques también. Había comenzado a restregar sus manos, nerviosa, cuando la voz calmada de su compañero la hizo volver a la realidad.

―¿Qué te preocupa?

―¿Eh? ―masculló ella, sin entender en un comienzo―, ¡Oh! Nada, es sólo… ya sabes, cosas.

El rubio dejó la revista a un lado y se giró en su cama para observar a Mimi ―No necesito ser adivino para notar que estás preocupada por algo ―contestó él, dirigiendo una rápida mirada a las manos de la chica, quién al darse cuenta del acto las dejó caer sobre el cobertor.

―En verdad no es nada Matt, no te preocupes.

―Mimi, si nos estás ocultando información importante sólo será perjudicial para ti ¿Comprendes?

―Matty, no tiene nada que ver con el tema de… ―cayó unos segundos―, ese tema.

Ishida entrecerró los ojos ―Bueno, al menos no has negado que algo te preocupa.

Ella lo observó boquiabierta y no fue capaz de decir nada por unos instantes, luego de ello, estalló ―¡Deja alguna vez de usar la maldita sicología en mi!

―¡No te ofusques Mimi, sólo trato de ayudarte!

―¿Y si estoy preocupada contando los días para mi siguiente periodo también debo informártelo? ―preguntó ella, para arrepentirse segundos después―. Lo siento, lo siento.

Yamato guardó silencio mientras la observaba, analizándola nuevamente ―Tienes razón, te concedo eso; hay asuntos que siempre serán totalmente privados tuyos. Pero no dejaré de analizarte mientras no considere que estás lo suficientemente bien emocionalmente, no creas tampoco que me gusta estar aplicando mi conocimiento en ti… en ti especialmente.

―Ya me disculpé Yamato.

―Mimi no se trata de eso ―agregó de inmediato―, aún estás tan cerrada como una ostra y cada vez que intento entrar no me lo permites. Yo sé que estás asustada por todo lo ocurrido, pero debes entender que yo no quiero hacerte daño.

La castaña abrazó sus rodillas y escondió su rostro uno segundos que a Yamato se le hicieron eternos, finalmente se dignó a mirarlo ―En verdad yo… yo… yo me preguntaba algo.

―Continúa ―indicó él, motivado.

―¿Prometes no molestarte?

―¡Mimi!

―¡Sólo promételo!

―Ésta parece una charla de adolescentes de quince años ¡Por Kami! ―exclamó él, con seriedad.

Mimi no tardó en coger el almohadón de su cama y tirárselo en el rostro ―Escúchame bien Yamato Ishida, porque te juro que si no lo haces te voy a dar un golpe tan fuerte en tus partes nobles que te quedarás sin poder celebrar el día del padre ¿Me oíste? ―Yamato quedó perplejo ante la reacción de la castaña; una actitud como aquella era la típica que él recordaba de los viejos tiempos, con berrinches de niña mimada; no pudo evitar sonreír ante aquello―, ¡Y encima te ríes!

―Vamos, es que no te viste la cara ―confesó riendo, para luego carraspear y recobrar su compostura―, sabes que aunque me moleste, no podré regañarte… mucho.

Mimi sonrió levemente ―La verdad es que de repente recordé que me habías comentado sobre So… ―como si fuera una jugarreta del destino Mimi quedó con las palabras atascadas en la garganta cuando fue interrumpida por una voz femenina que entraba estruendosamente a la habitación: Hikari Yagami.

―¡Chicos! ―gritó ésta―, ¡La encontramos! Es hermosa y está a las afueras de la ciudad, tiene muchos cuartos y… ―tanto Mimi como Yamato se acomodaron en sus respectivas camas y observaron a la castaña, algo avergonzados―. ¿Llego en mal momento?

―¡No! ―dijeron ambos, al unísono.

―Sólo… sólo comentábamos lo que leía Yamato ―se apresuró a decir Mimi.

―Sobre el calentamiento del núcleo solar, bastante interesante ―apoyó él.

Hikari los observó con los ojos entrecerrados, escéptica. Bueno, ya podría quedarse a solas con Mimi y sacarle toda aquella jugosa información de por qué tanta intimidad y secretos ―Bueno… eso, ya encontramos la casa; los gastos correrán por cuenta de la oficina de investigación de Ken, así que no deben preocuparse, al menos por el momento.

―¿Cuándo nos movilizamos? ―preguntó Mimi.

―A la noche, a eso de las nueve cuando ya esté todo muy oscuro; así que sería ideal que fueran preparando el equipaje que han sacado para que estemos listos ―respondió la castaña―. Por cierto, Takeru quiere conversar contigo, está esperándote en nuestra habitación.

―Pero… ―dudó él, observando a Mimi.

―¡Ay hombre! no te preocupes, yo me quedo con ella ―agregó la Yagami, guiñándole un ojo―, siempre hay muchas cosas de las que conversar entre chicas.

Matt le dedicó una sonrisa a cada una antes de salir de la habitación para ir al encuentro con su hermano.


Takeru se encontraba viendo televisión cuando una cabeza rubia muy parecida a la de él se asomó por la puerta, era su hermano. Takaishi apagó el aparato y se sentó en la cama a la espera de que Yamato hiciera lo mismo.

―¿Ocurre algo? ―preguntó Ishida, acomodándose junto a su hermano.

―Conmigo no ―aseguró éste―, pero es sobre ti y supuse que no querrías que Mimi se enterara del tema, al menos por el momento.

―¿Se trata de… Sora? ―inquirió un tanto incómodo; el sólo hecho de mencionar su nombre le clavaba una espina en el pecho.

Takeru asintió con la cabeza ―Hikari se ha comunicado con Taichi esta mañana y le ha comentado lo ocurrido, así que no debes preocuparte por ello; él se encargó de decirle a Sora.

―Bien… ―fue lo único que logró articular.

―Hay más ―agregó el menor de los hermanos―, Sora de inmediato llamó a Ken, dijo que ayudará en la investigación.

―¿Qué?

―Bueno, ha dicho que tiene contactos y que sería más fácil si todos cooperamos, Taichi también ha comenzado a mover hilos para ayudar.

―¿Así sin más? ¿Ni siquiera le molesta que luego de romper yo esté con su amiga que resulta ser la chica de la que estuve enamorado toda mi adolescencia?

―Matt…

―Y por si fuera poco van a meter sus narices en un asunto que es delicado y probablemente tenga que verles la caras una y otra vez cuando es lo último que se me apetece en estos momentos ―masculló Ishida, ignorando completamente la presencia de su hermano.

―¡Matt! ―exclamó Takaishi, haciendo saltar al susodicho―, comprendo lo que estás sintiendo.

―¡No! ¡No lo entiendes! ―rebatió―, ¿Cómo podrías si nunca te ha pasado esto? Tú dejaste a tus novias anteriores y me atrevería a decir que Hikari jamás te haría pasar por algo como esto.

―No seas injusto Matt, estoy tratando de ayudarte.

―Lo siento T.K., pero en esto no puedes ayudarme.

―Sé que es difícil que la persona a la que amas te engañe… ―comenzó a hablar Takeru, pero nuevamente Yamato lo interrumpió.

―¡Es que yo no la amo!

―¡Entonces por qué demonios te estás comportando así!

―El que no la ame actualmente no quiere decir que no lo haya hecho en su momento y que aún así la quiera ¿Comprendes? ―dijo ya un poco más calmado―, no me molesta el hecho de que no me ame, sino que le haya importado un carajo todo lo que teníamos; lo único que hubiese pedido es que terminara conmigo antes de meterse con el que se hacía llamar mi mejor amigo.

―Eso lo entiendo Yamato, sólo quería saber si estabas bien ―aclaró Takeru―, sé que no te será fácil perdonar, mucho menos ahora que es reciente… pero me gustaría que pudieras rehacer tú vida ―Ishida lo observó interrogante―, te conozco lo suficientemente bien como para saber que estás pensando en quedarte soltero hasta la muerte.

Yamato soltó una carcajada, mas no negó nada ―Takeru…

―No me mientas ¡Eres mi hermano! ¿Cómo no voy a saber cuándo me ocultas algo? ―exclamó―, te conozco mejor de lo que te imaginas; sé que estás confundido, dolido y piensas que probablemente las relaciones no son para ti ―Yamato iba a replicar, pero su hermano lo miró fijamente, serio―, déjame terminar. Te aseguro, Matt, que volverás a amar tanto o más, no mañana ni pasado, y probablemente tampoco el mes que viene, pero tarde o temprano sucederá, ya sabes…

El mayor sólo soltó un suspiro para luego darle un par de palmadas en el hombro a Takaishi ―Gracias T.K.

―No me tienes que agradecer nada ―replicó él―, con que confíes en mi y sepas que si te sientes mal estaré allí, me basta.


En cuanto Yamato desapareció del lugar, Hikari tomó ubicación junto a la castaña, mostrando una sonrisa que Mimí describiría como terrorífica.

―Así que… hablando del calentamiento del núcleo solar… ―comentó Hikari, sugerente.

Mimi la observó adivinando las intensiones de su compañera ―Pues, sí…

―¿Es más interesante leer sobre ese tema a ver los hermosos conjuntos que vienen esta temporada? ―preguntó la Yagami, tomando una de las revistas que Miyako había comprado para Mimi, la que aún seguía intacta bajo el envoltorio.

La castaña alzó los hombros ―Probablemente antes sí me hubiese importado, ahora esas cosas no me llaman la atención ―respondió de inmediato―, es decir, he pasado el último tiempo en bata de hospital y conectada al suero, usar esa ropa hasta hace un par de días atrás ni siquiera era una posibilidad para mí.

Hikari supo de inmediato que había tocado un tema delicado para su amiga, uno del que probablemente no quería hablar ―Lo siento Mimi, no quería incomodarte.

Tachikawa negó con la cabeza, restándole importancia ―Probablemente cuando me sienta mejor me vuelvan las ganas de ver maquillaje, ropa y peinados ―agregó optimista.

―Me gustarían que las cosas fueran como antes.

―A mi también ―correspondió la castaña, apoyando su cabeza en el hombro de su amiga―, me he perdido demasiado eventos importantes: El matrimonio de Miyako, tu relación con Takeru ¡Hubiese dado lo que fuera para ver todo aquello!

Hikari tragó saliva para no romper en llanto en ese preciso momento ―Ya no importa Mimi, de ahora en adelante serás capaz de ver muchas otras cosas ¡Y mejores!

―¿Podrías ponerme al día sobre todo lo que ha ocurrido? ―pidió Tachikawa―, quiero saber sobre todos.

―Bueno, tendremos historia para rato.

Mimi aprovechó de acomodarse en la cama, mientras Hikari la imitaba. Ahí comenzó a relatar qué había sido de los demás chicos, comentó que Takeru estudiaba literatura y que Taichi era un reconocido futbolista a nivel mundial, así como también que Sora se había dedicado al periodismo y que Miyako había congelado sus estudios de enfermería cuando nació su primer bebé; Joe era médico y Koushiro Ingeniéro Informático. Así, entre anécdotas llegó el momento en el que todos se movilizarían al nuevo escondite. Fue el mismísimo Ken quién interrumpió la charla de las chicas.

Se vistió a Mimi de manera que pasara totalmente desapercibida, con gorra de baseball incluida y ropa que fácilmente le quedaría a un muchacho y no a una chica.

En la entrada del hotel esperaba un taxi en el que solamente viajaría Mimi, Ken y Yamato; este último también ataviado con una especie de disfraz, el que incluía una peluca de color castaño, cosa que lo hacía ver totalmente extraño en opinión de Tachikawa.

Tras ellos partirían los demás integrantes del grupo, quienes se le unieron media hora después, frente a la puerta de entrada de una casa medianamente grande, al menos lo suficiente para alojar a seis personas sin que chocaran entre ellas por la falta de espacio. Según lo que se le había informado a Mimi el lugar contaba con cuatro habitaciones, una la ocuparía Miyako y Ken, una segunda por Hikari y Takeru, finalmente Yamato y la castaña en las dos restantes. Michael por su parte había conseguido un departamento un tanto alejado de los demás con el fin de montar la oficina de trabajo allí y no poner en riesgo la misión.

Luego de haberse instalado cada uno en su respectivo sitio cenaron prácticamente en silencio. Tanto Hikari como Takeru se encontraban cansados por lo que fueron los primeros en disculparse y encerrarse en su habitación; por otro lado Miyako y Mimi se dedicaron a limpiar todo lo utilizado intercambiando breves palabras de vez en cuando, hasta que el cansancio se apoderó también de la joven de cabellos violetas y muy a su pesar tuvo que dejar a Mimi; Ken, por otro lado, en cuando terminó de cenar desapareció del lugar informando que la noche la pasaría con Michael instalando algunos equipos importantes en el departamento de éste; por lo que, nuevamente Mimi quedó completamente libre de hacer cualquier cosa que no pusiera en peligro su vida y la de sus compañeros. Yamato aprovechó el momento de tranquilidad para telefonear al hospital e informar el por qué de sus faltas injustificadas, su sorpresa fue inmensa al oír, de la propia voz de su jefe, que por el momento no debía preocuparse de nada, el mismísimo FBI le había informado que él era testigo importante de un caso secreto y que mientras no se asegurara su bienestar no debía volver al trabajo.

Aún extrañado se unió a Mimi en el patio trasero de la casa; si bien el pasto estaba un tanto crecido, los árboles eran abrazados por enredaderas y todo lo que alguna vez se vio bonito estaba oculto por maleza, el lugar no dejaba de tener su encanto; al menos así lo consideraba la castaña, quién desde que vio el estado del lugar había decidido que su primer objetivo sería arreglar el sitio.

―¿En qué piensas? ―preguntó el rubio, sentándose junto a ella en uno de los escalones que daban a la puerta trasera.

―En lo bonito que debe ser este jardín si se le arregla ¿No te parece? ―respondió ella, sin quitar su vista de un manzano.

Yamato sólo asintió con la cabeza, la verdad es que no se había reunido con ella para hablar sobre la flora del sector, estaba preocupado por el estado de ánimo de la castaña y quería asegurarse de que el cambio no generaría eventualmente alguna reacción desfavorable en ella ―¿Qué piensas de todo esto?

Mimi lo observó sin entender ―¿Esto qué?

―El cambio ¿No te molesta?

Ella soltó un suspiro, al tiempo en que abrazaba sus rodillas ―No, es algo a lo que me acostumbré ―agregó―, lo que me preocupa es que estén todos ustedes acá, lo que menos quiero es que les suceda algo.

―Eso era de suponer ―sonrió él―, y no diré nada al respecto porque sabes lo que pienso.

―Por supuesto que lo sé, a estas alturas puedo leerte tan bien como tú lo haces conmigo, señor doctor ―bromeó.

―¿Ah si?

―Por supuesto ―aseguró la castaña, con firmeza―, por ejemplo, estoy segura de que piensas que este cambio, si bien es bueno, puede traerme alguna clase de complicación emocional.

Él asintió ―Sí, pero…

Ella lo interrumpió ―Pero no te preocupes, no la sufriré. Me siento muy segura, hace mucho que no experimentaba eso.

―No estoy seguro de que estemos actuando bien si de tu salud se trata ―confesó él.

―Pero si en cuanto a mi seguridad ―consoló la castaña―, sé que me veo completamente desvalida, temerosa e incapaz… pero… después de ver todo el esfuerzo que ustedes están haciendo por mí, créeme que las ganas de no vivir más se han ido esfumando. Sé que también piensas que es muy pronto para sacar conclusiones positivas al respecto ―continuó―, pero tengamos confianza esta vez. Lo único que quiero es que toda esta pesadilla se acabe, volver a ser la de antes, sonreír, correr y tener las mejillas con un color más bonito.

―Temo que estando acá no pueda tratarte como es debido

―No voy a necesitar medicamentos Matt ―aseguró ella.

―Puede que no, pero tampoco estás cien por ciento bien ―rebatió―, no quiero llegar un día y ver que sí necesitas algo para relajarte. Probablemente no quieras más medicamentos, pero has pasado tantos años consumiéndolos para mantenerte viva que es probable que tu cuerpo, lo quieras o no, los pida ―explicó―, son lo mismo que una droga común como la heroína y el éxtasis, es probable que sientas algún grado de síndrome de abstinencia por no consumir tus medicamentos.

Mimi apartó la mirada del césped y la fijó en Yamato ―No había pensado en eso… ¿No hay maneras de controlarlo?

―Siempre. Si ocurre pensaré en algo ―suspiró―, tú misma dijiste que había que ser optimista ¿No?

Ella asintió, mostrando una pequeña sonrisa. Y ninguno habló por un gran lapsus de tiempo, en el que Mimi miró las estrellas en el firmamento e Ishida el vaivén de las hojas al viento. Todo aquello era realmente extraño ¿En qué momento el silencio no se tornaba incómodo entre ellos? ¿Por qué la brisa nocturna llevaba el aroma de Mimi? ¿Y por qué las estrellas brillaban como los ojos de Yamato?

Mimi volvió su vista extrañada hacia Yamato al tiempo en que él le devolvía una exactamente igual a la suya ¿Es que acaso los astros se habían alineado con el fin de burlarse de ellos?

Algo temeroso en un comienzo, el rubio extendió su mano hasta alcanzar un mechón castaño de la joven, quién por su parte no apartaba sus ojos de los de Yamato, los que asemejaban un mar calmo y profundo, reflejando el brillo hipnotizante de las estrellas. La mano de él viajó desde su cabello hasta su mejilla y ahí se quedó, temerosa de desplazarse, ante el contacto la castaña bajó su vista hacia la mano que Ishida aún tenía libre y con la atrapó con la propia, entrelazando sus dedos en los de él.

La castaña volvió a levantar su vista cuando sintió una caricia bajo su nuca y supo que fuera lo que fuera que sucediera después sería inevitable.

Y ambos perdieron la noción del tiempo cuando sus frentes se encontraron, en una guerra de voluntades que probablemente perderían… y quizás tampoco querían ganarla.


Muchas Gracias por leer. Saludos a "paolis", a quién le respondo por este medio ya que dejó su "R" anónimo. Espero que les haya agradado este capítulo y deseo de todo corazón no estancarme en una escena nuevamente, para poder actualizar más rápido.

Saludos.

...Mikapunzel...

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