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Author of 12 Stories |
N/A: lamento esta larga ausencia; a veces las máquinas no funcionan como quisiéramos. Además, he editado los capítulos anteriores; era absolutamente necesario. Si tenéis alguna duda sobre la separación entre los flashbacks y el tiempo real, o cualquier otra cosa, no tenéis más que decirlo. Un saludo.
Crysania
Se moría por unos zapatos. Más que por una ducha o una buena comida, más que por un colchón confortable... unos zapatos o unas zapatillas, unos calcetines enormes, gordos... lloraba solamente al imaginarlo. Tenía los pies entumecidos, llevaba unos finos calcetines de algodón que en tiempos mejores habían sido azules y cuando había despertado en aquella suerte de celda días atrás estaba descalza. Ya había dejado de tener hambre, y se encontraba tan débil que la mayor parte del tiempo estaba adormilada, en una especie de trance.
Oyó pasos tras la puerta. Trató de incorporarse pero los brazos no la sostenían sobre el colchón.
.- Alohomora.
La puerta se abrió y dos hombres entraron.
.- Joder, que peste.
Se acercaron a ella y la izaron casi en volandas mientras gemía débilmente tratando de resistirse. Eran dos hombres, y se fijó en que habían sustituido las tradicionales máscaras que cubrían la mitad del rostro por otras que sólo dejaban ver los ojos. El que la sujetaba por el lado derecho la zarandeaba con frecuencia mientras recorrían un tortuoso pasillo, aunque en realidad ella apenas apoyaba los pies en el suelo, y tiraba de ella con urgencia.
.- Muévete chica, muévete. Además, hueles realmente mal.
.- No seas pesado, ¿no ves que no se tiene en pie?
El de su izquierda la sostenía con más suavidad y trataba de que no tropezara a causa de la velocidad del otro.
.- Ya hemos llegado.
Parados ante una puerta en apariencia normal y corriente, uno de ellos golpeó con los nudillos y esperó respuesta desde el interior. Seguramente en aquella estancia no pudieran entrar sin más.
Una voz femenina contestó.
.- Sí.
La puerta simplemente se abrió y ellos la dejaron allí. Dieron media vuelta y se marcharon mientras ella miraba como se alejaban sujetándose al marco de puerta. Atraída por una fuerza que no podía explicar ni resistir, caminó al interior de aquella estancia en penumbra.
.- Siéntate.
Miró a su alrededor preguntándose dónde iba a hacerlo cuando vio frente a ella una silla sobre la que se proyectaba un tenue foco de luz azul de procedencia indefinida.
.- Siéntate... vamos.
La insultante comodidad de aquella silla la invitó a recostarse sin pudor aunque sintiéndose observada. Frente a ella parecía haber al menos media docena de personas con los ojos clavados en ella. Sin embargo, conversaban entre ellos, y ella estaba tan agotada que apenas pudo captar fragmentos de la conversación que susurraban.
.- Hoy será la primera vez que dirijas un interrogatorio, espero que estés a la altura.
.- Sí.
La segunda de las voces le resultaba familiar. En realidad le pareció la misma que le había hecho aquella poco cortés visita en su celda. A decir verdad los dos hombres le parecían conocidos, aunque el segundo era bastante más joven, y también quien la sacó del estado de duermevela en el que, a pesar de la tensión, empezaba a sumirse.
.- Ginny Weasley.
Sacudió la cabeza lentamente y miró a su interlocutor. No le veía la cara y eso le ponía nerviosa.
.- Ginny Weasley; estás aquí acusada de traición al Lord. Si respondes satisfactoriamente a las cuestiones que te serán planteadas, serás recompensada con una muerte rápida. De lo contrario, este tribunal decidirá si debes seguir siendo una prisionera o si debes ser ejecutada... de otra forma.
Ginny miró al frente, desesperada por ver los rostros de ese supuesto tribunal. De sus respuestas dependía su vida.
.- ¿Cuál es el emplazamiento del Cuartel general de la Orden del Fénix?
Ginny agachó la cabeza. Sabía que esa sería la primera pregunta.
.- ¿Cómo?
.- ¿Cuál es el emplazamiento del Cuartel general de la Orden del Fénix?
.- No lo sé.
.- Mientes.
.- No lo sé…
.- Crucio.
Ginny sintió miles de alfileres clavándose a la vez por todo su cuerpo. Gritó de dolor y cayó. Cuando pudo volver a moverse se sujetó a la silla y volvió a sentarse, pues se negaba a quedar tirada en el suelo.
.- ¿Cuál es el emplazamiento del Cuartel general de la Orden del Fénix?
.- ¡No lo sé!
.- Cru ...
.- ¡No! ¡Sólo sé que está en Londres!
Al instante se arrepintió, pero pensó que si daba unas cuantas respuestas vagas tal vez creerían que en realidad no sabía más o que estaba ocultando información que podrían sacarle más adelante, y que eso le daría algo de tiempo.
.- Eso también lo sabemos nosotros, estúpida.
.- No puedo deciros más, de verdad...
Ginny quedó expectante, aguardando la reacción que habían provocado sus palabras.
.- Crucio.
Cuando el dolor cesó le faltaba el aire y estaba segura de que no saldría viva de esa habitación. El interrogatorio era una excusa. Si querían saber algo no tenían más que utilizar la Legeremancia, o incluso un simple Veritaserum.
.- ¿Dejó Albus Dumbledore instrucciones sobre los horcruxes antes de morir?
Ginny empezó a llorar sin poder contenerse. No había oído aquel nombre en su vida.
.- ¿Qué?
.- Los horcruxes...
.- No sé lo que es eso, no lo he oído nunca, dejadme ya por favor...
Un nuevo Crucio la hizo desfallecer de nuevo y sin resistencia sobre el suelo de piedra.
Cuando despertó estaba de nuevo en su celda, sobre su colchón. No sabía si le habían perdonado la vida o si alguien había decidido dejarla para más tarde. Sin embargo, mientras el dolor la sumía en un intranquilo sopor, fue la voz de Draco Malfoy lo que escuchaba entre sus pesadillas.
.- No hemos obtenido gran cosa.
.- No esperábamos gran cosa.
.- Lo sé.
Caminaron en silencio a paso ligero haciendo que sus túnicas ondearan tras ellos.
.- Lo has hecho bien.
Draco miró de soslayo a su padre, sorprendido. No lo esperaba. Su primer interrogatorio había sido un fracaso y ambos lo sabían. No es que le importara; en realidad, le incomodaba tener allí a Ginny Weasley. Habría preferido eliminarla sin miramientos. Lo poco que supiera no sería útil y no le gustaba retener prisioneros en contra de su voluntad. Detestaba ver personas tan demacradas y débiles que no podían luchar.
.- Ahora no lo crees, pero esa chica puede venirnos bien.
.- No soy yo quien debe disponer como han de hacerse las cosas.
.- Tarde o temprano tratarán de venir a buscarla.
.- ¿Y creéis que la encontrarán? –Draco se paró y miró incrédulo a su padre bajo la máscara.- Este emplazamiento es inexpugnable. Si lo que queréis es minar la moral de la Orden, me parece bien, pero no tracéis planes ridículos. Que venga Severus y haga un buen trabajo con la mente de la Weasley, y luego acabad con ella, porque si el Lord si entera de que la tenéis aquí porque pensáis que eso hará venir a Potter...
.- De nada servirían con ella las artes de Severus. No creas que en la Orden no habrán sido adiestrados en Oclumancia durante la guerra, igual que aquí. Además, ella ni siquiera es miembro, es menor de edad.
.- ¿Y si ya sabéis todo eso para qué la tenemos aquí?
Lucius cogió a su hijo del brazo y Draco pudo ver en sus ojos una extraña expresión.
.- Yo podría hacerte la misma pregunta; ¿para qué esta aquí la sangre sucia?
Draco le miró con furia, se zafó bruscamente de su mano y continuó su camino en solitario, no sin antes espetarle:
.- Eso es asunto mío.
.- ¿A dónde vas?
.- ¿Cómo?
.- He dicho que a dónde vas.
.- ¿A ti qué te parece? Me voy a mi cuarto.
.- Son las seis de la mañana.
.- No querrás que me vean salir de aquí en el desayuno.
Hermione tragó saliva y miró a otro lado. Draco se puso los zapatos y se levantó de la cama.
.- ¿Dónde he puesto la varita?
.- Puede que en el suelo.
Draco tanteó bajó la cama hasta que dio con ella.
.- Ah, sí.
Hermione se dio la vuelta y enterró la cara en la almohada, fingiendo un sonoro bostezo que amortiguara el portazo que sabía que daría Draco cuando se fuera de su habitación sin despedirse.
.- ¿Te gustaría irte de aquí?
.- ¿Qué?
.- Irte de aquí, volver a casa, ¿te gustaría?
.- Ni siquiera sé si sigo teniendo algo que pueda llamar casa.
La Medimaga sonrío.
.- Yo tampoco.
Hermione la miró. Era la primera vez que la mujer hacía algo parecido a una confesión sobre su vida anterior.
.- Y no creo que me dejaran marchar.
Después se arrepintió y recordó que debía sujetar su lengua. Se llevaba bien con la Medimaga, pero no dejaba por ello de ser una mortífaga como todos los que había allí, y no debía hablar más de la cuenta. Sin embargo, no dio muestras de que lo que había dicho le hubiera hecho reaccionar de modo especial, así que se relajó.
.- Ni siquiera sé qué haré cuando termine la guerra. Es decir, si sobrevivo.
Hermione meditó unos instantes.
.- Ni yo.
.- Pero tú, y aunque sea raro que yo lo diga, tienes la suerte de que tus padres sean muggles porque están apartados de todo esto... si es que hay alguien en el mundo alejado de esta guerra.
.- Mis padres murieron.
.- Oh... lo siento.
.- No importa, gracias.
.- Tendrás amigos...
.- Mis amigos ya me habrán dado por muerta, y aunque volviera a reunirme con ellos no les gustaría saber con quién he estado todo este tiempo.
.- Ya... claro.
Se hizo entre ellas un extraño silencio que no llegaba a ser del todo incómodo. Hermione aún se preguntaba si no estaría hablando más de la cuenta, pero necesitaba hacerlo. Hacía tanto que no hablaba con nadie, que nadie escuchaba lo que sentía.
.- No lo sé. No sé que haré cuando esto termine. No sé que hago aquí.
.- En realidad sí lo sabes, Hermione. Aquí todos lo sabemos.
Hermione se sentía a punto de llorar. Se sentía avergonzada y frustrada.
.- Sí.
.- De nada sirve que te lamentes. Estás aquí por un motivo que a ti te pareció lo bastante poderoso para dejarlo todo atrás.
.- Sí.
.- Lo que para otros es luchar por el Lord o contra el Lord... para ti es el hijo de Lucius.
.- Se llama Draco.
.- Draco.
.- Sí...
Buscaron sitio en las gradas. No fue fácil, aquello estaba lleno de gente; padres, alumnos, profesores. Hermione se sentó junto a Ron. Los Weasley también habían ido. Tras la cena le habían dado a Harry algunos consejos de última hora a los que el chico había prestado seguramente poca atención y habían ido a tomar asiento al campo de Quidditch.
Hermione miró a su alrededor, buscando. Siempre buscando. Era algo que superaba sus fuerzas. En la biblioteca, en el Gran Comedor, por los extensos jardines. Hiciera lo que hiciera siempre lo buscaba con la mirada hasta que lograba situarlo, saber dónde estaba, qué hacía y quién lo acompañaba en ese momento. Ahora no lograba encontrarlo. Miró entre los grupos de Slytherins pero no logró dar con él. Había demasiada gente. Se empezó a poner nerviosa, pensando que tal vez no había bajado a ver la última prueba del Torneo, que estaba enfermo en su cuarto o que aún no había llegado. Hasta que por fin lo vio, tres o cuatro gradas más arriba hacia su derecha. No era un lugar al que pudiera mirar fácilmente cuando le apeteciera, pero al menos sabía donde estaba.
Cada vez estaba más nerviosa. Tenía ganas de que empezara la prueba para pensar en otra cosa.
.- ¿Qué haces?
Ron la miraba con mala cara se frotaba el brazo.
.- ¿Qué?
.- ¡Que qué haces! ¡Me estás pellizcando!
.- ¡Lo siento, no me he dado cuenta!
.- ¿Te pasa algo?
.- No… estaba distraída, pensando en Harry.
.- Lo va a hacer bien, seguro.
.- Lo sé.
Ludo Bagman tocó por fin su silbato y Harry y Cedric pudieron entrar en el laberinto. Los minutos empezaron a pasar y Hermione se revolvió incómoda en su asiento. Notó que Ron la observaba y trató de calmarse. Miró a Draco de vez en cuando, pero él hablaba animadamente con sus compañeros sin prestar mucha atención a nada. En realidad lo único que hacían todos era mirar los altos setos. De momento no había nada más que ver.
Estaba deseando que ocurriera algo cuando tras lo que le parecieron horas escuchó voces a los pies del laberinto. ¡Por fin! Harry había salido, ¡había ganado! Hermione sonrío y se levantaron, pero no tardó en darse cuenta de que estaba ocurriendo algo extraño.
Fudge apareció desde donde quiera que estuviera sentado, seguido de Dumbledore. Ron le dirigió una mirada inquisitiva, pero ella no supo como responder.
Entonces vio que Cedric también estaba allí. Empezó a escuchar gritos. Gritos y llantos. Se puso de puntillas.
.- ¿Qué demonios está pasando, Ron?
Intentaron bajar algunas gradas, pero a estas alturas todo el mundo había tenido la misma ocurrencia. Hermione alzó la cabeza entre la gente y vio a Harry. Se apoyaba en Dumbledore. Lloraba y gritaba, y también oyó a Cho chillando en algún lugar delante de ella.
.- ¿Por Merlín, Ron, qué pasa?
.- ¡No lo sé, no lo sé!
En ese momento Amos Diggory apareció de entre la gente y todos se apartaron como si fuera algo previamente ensayado. Ron le apretó el brazo y se dio la vuelta, pero ella seguía sin entender hasta que, a través del pasillo que había abierto la gente pudo ver el cadáver de Cedric tendido en el suelo y a Harry junto a él. Miró a su alrededor como si esperase ver a alguien que de un momento a otro dijera que todo aquello era parte del Torneo o tal vez una broma muy pesada. Pero en lugar de ello se llevaron a Harry y ella se dejó caer aturdida en el primer asiento que encontró, enterrando la cara entre las manos.
Se sintió miserable durante el banquete que cerraba el curso. Nada más tomar asiento lo buscó con la mirada. En seguida lo encontró, como siempre en su mesa.
Dumbledore iba a hablar de Cedric, todos lo sabían, y cuando alzaron sus copas y brindaron por él, Hermione vio a Draco, en silencio, evitando secundar a los demás en el homenaje a su compañero muerto. Fijaba la vista en sus cubiertos con una expresión en el rostro de absoluta indiferencia. Ni siquiera era desprecio o rechazo; simplemente no estaba escuchando.
Cuando por fin pudieron dar ese curso por terminado subieron al tren. Hermione ignoraba lo que iba a ocurrir a partir de ese momento. Sólo podía asegurar que no vería a Draco en todo el verano y que desde luego no habría cartas suyas ni una tierna despedida. Que probablemente lo que había pasado entre ellos durante aquél curso no iba a ser más que un recuerdo que las vacaciones se encargarían de borrar., aunque no podía saberlo. Únicamente quería sentarse en algún compartimento, explicar rápidamente a sus amigos lo que había descubierto acerca de Rita Skeeter y dedicarse a mirar por la ventana hasta que llegaran a King’s Cross.
Cuando encontraron uno libre, Hermione sacó el tarro de cristal de su bolsa con aquel escarabajo negro que les había tratado de amargar el año. Hablaba de insectos y animagos cuando alguien la interrumpió.
.- Muy lista, Granger.
Se le paró el corazón, las palabras quedaron rígidas en su boca mientras miraba al suelo enmoquetado, incapaz de levantar la vista. Sintió sus ojos sobre ella. Nadie más lo notaba; ni Ron, ni Harry, ni Crabbe o Goyle que le flanqueaban en el quicio de la puerta. Sólo ellos dos sabían el efecto que le estaba causando. Sí, él sabía que estaba paralizada en su asiento, que no era capaz de mirarle.
.- ¿Intentando no pensar en ello? ¿Intentando fingir que no ha ocurrido?
.- Fuera – Harry trató de terminar aquello, pero Hermione supo que no sería tan sencillo.
.- ¡Escogiste el bando perdedor! ¡Te lo advertí! Te dije que debías elegir tus compañías con más cuidado, ¿recuerdas? ¿Cuando nos conocimos en el tren, el primer día en Hogwarts? ¡Te dije que no te juntaras con semejante gentuza! -cuando sacudió la cabeza hacia Ron y Hermione, dirigió una mirada hacia la chica que duró sólo un segundo, que nadie apreció pero que a ella le hizo sentir mareada.- Pero ahora es tarde, ahora que el Lord ha regresado, los sangre sucia y los amigos de los muggles serán los primeros en caer… bueno, los primeros no, el primero ha sido Diggory…
Y ya no pudo pensar.
Había algo en ella muy frágil que temblaba cuando él estaba presente, y él acababa de sacudirlo de la manera más cruel. Hermione sacó su varita y dejó salir el primer hechizo que acudió a sus labios. Sin mirar, casi sin apuntar, sin calibrar las consecuencias.
Cuando se atrevió a ver lo que había hecho, Draco y sus dos acólitos yacían inconscientes tras aquella indescriptible mezcla de encantamientos. Quiso llorar, pero se limitó a fingir una sonrisa igual que los demás mientras Fred y George los sacaban al pasillo. Al menos ahora tenía algo claro; lo que fuera que hubiera tenido con Draco había terminado.
.- Si no quieres no hace falta que me lo cuentes.
Al fin y al cabo ya no importaba. Había pasado hace tanto tiempo que era como si le hubiese ocurrido a otra persona.
.- Da igual. No son más que cosas de críos.
El verano había transcurrido deprisa, y ella pensaba que las cosas habían cambiado. El mundo mágico se sacudía y Grimmauld Place no era una excepción. No tuvo mucho tiempo para acordarse de Draco, y cuando lo hizo pensaba que era mejor así, que cuando antes lo olvidara, tanto mejor.
Llegó la carta de Hogwarts comunicándole que desde ese año era prefecta, y por fin se permitió un par de días de alegría y auto-complacencia. Después fue apaciguar el mal humor de Harry y preocuparse por su posible expulsión lo que la mantuvo ocupada. Como siempre, pensar en los demás, velar por sus amigos, cuidarse de que su apoyo no le faltase a nadie.
El uno de septiembre su estómago pareció tener vida propia cuando se dirigían a la estación. Sin embargo, no vio a Draco, así que se obligó a pensar en sus primeras obligaciones como prefecta mientras se encaminaba hacia el vagón con Ron.
Habría podido jurar que el tren se había detenido, que las personas que estaban a su alrededor se habían marchado y que no existían los sonidos cuando corrió la puerta y puedo verlo allí sentado con esa actitud que parecía querer decir que tenía cosas más importantes que hacer, como cualquier otra que no fuera estar en ese lugar.
Sus miradas se cruzaron sólo un instante, suficiente para que Hermione comprendiera que debía borrar de su memoria lo que había ocurrido el año anterior.
.- Han pasado tantas cosas que a veces me vienen recuerdos a la mente de cosas que no sé si me han ocurrido a mí.
La Medimaga guardó silencio.
.- Todo se ha vuelto un maldito caos desde ese baile de Navidad. Todo ha ido de mal en peor y sólo yo tengo la culpa. Él me ha destrozado la vida y yo se lo he puesto en bandeja.
.- Hermione…
.- No sé que me ha pasado.
.- Déjalo.
.- No sé porque le he contado estas tonterías.
.- No pasa nada. Pero ahora será mejor que volvamos al trabajo.
La mujer se alejó un poco y Hermione se permitió un momento de calma antes de seguir sus pasos.
.- Al trabajo…
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.- Ron, estamos a punto de volver. Pero sólo será un día, dos a lo sumo, y ya sabes para qué.
.- No te preocupes, no voy a subir corriendo a tirarme en la cama, si es lo que temes.
.- Sólo… sólo necesitamos una pequeña ayuda, algo que nos diga por donde empezar.
.- Ya lo sé, Harry, me estás cansando.
.- Lo siento… no te lo diré más veces. Sólo intenta que tu madre no trate de convencerte para que te quedes.
.- Harry…
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Lucius Malfoy hacía ondear su túnica por los pasillos con su paso ligero y firme. Al contrario que a otros, a él no le incomodaba la máscara. Además en su caso resultaba más bien inútil, pues sus cabellos lo hacían inconfundible cuando no iba encapuchado.
La enfermería estaba más lejos de lo que él pensaba de sus aposentos. De cualquier modo, era un sitio que esperaba no tener que visitar a menudo.
La enorme estancia le dio la bienvenida poniéndolo de mal humor. Definitivamente no le gustaba ese lugar. Buscó con la mirada a la mujer que dirigía aquello, y se topó con la de la joven sangre sucia que su inepto hijo había llevado allí. Incluso a distancia la sintió encogerse de miedo. Esto le divirtió, pero no tenía tiempo ni ganas de amedrentarla, así que se acercó a ella procurando no hacerlo demasiado y trató de dispensar aquel asunto con la mayor rapidez.
.- Tú.
La chica se estaba haciendo la sorda y eso no le gustaba.
.- ¿Incluso aquí te comportas como una insolente y maleducada sangre sucia?
Por fin se giró tratando de parecer segura, pero sus ojos la delataban.
.- Busca a tu maestra y tráela.
La mujer apareció antes incluso de lo esperado y con aspecto contrariado.
.- Lucius, Hermione me ha dicho que has preguntado por mí.
.- Oh… Hermione, no recordaba su nombre. Qué chiquilla tan… peculiar.
.- Sí que lo es. Pregúntaselo a tu hijo, puede que él te lo diga.
Su media sonrisa desapareció y adoptó esa expresión que parecía querer transmitir que algo olía a podrido.
.- Esa sangre sucia y mi hijo no…
.- Déjalo estar Lucius… en realidad tengo cosas que hacer, ¿qué querías?
.- Sí, aquí hay mucho que hacer… supongo que estabas limpiando tus varitas.
.- Mis varitas mantienen con vida a nuestra gente. ¿A qué has venido? Eres un hombre ocupado, no creo que tengas tiempo que perder.
.- En realidad no. Verás, voy a traerte a alguien. Necesitará estar aquí unos días.
.- No haré que nadie mejore si luego volverá a una celda para que me lo traigáis aquí cada diez días. Es perder tiempo, esfuerzo y medios.
.- No sabemos lo que pasará con ella aún.
.- ¿Una chica?
.- Algo más joven que la sangre sucia.
.- ¿Más joven?
.- ¿Vas a repetir todo lo que diga? La traerán esta noche.
.- ¿Y cuál es la particularidad de esa chica para que vengas a contármelo, Lucius?
.- La sangre sucia no puede verla.
.- ¿Cómo?
.- Mándala a otra parte o haré que la encierren en su habitación, pero no puede verla.
.- ¿Por qué?
.- No puede verla, y con eso basta.
.- No puedo prescindir de Hermione tanto tiempo.
.- Te mandaré a alguien.
.- ¿Qué importa que traigas a alguien a quien Hermione conozca? ¡Ella sabe que hacemos prisioneros!
Lucius resoplo impaciente, pero la Medimaga comprendió.
.- Son deseos de tu hijo, ¿me equivoco?
.- No, no te equivocas. Y puesto que son deseos de mi hijo, será así como se haga. Además, será lo mejor. Ahora he de irme. Y recuerda, a partir de esta noche y hasta que la chica salga de la enfermería, la sangre sucia no pondrá los pies aquí.
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“Unos días estoy cansado de pelear y sin embargo otros me siento con fuerzas para cualquier cosa. Tú eres lo único que me hace seguir. Tú y pensar que cada vez está más cerca el momento en que por fin llevaré la Marca. Entonces no dependeré de nadie.
Algún día acabará todo esto y estaré contigo. Mientras, sólo me queda llenar pergaminos de pensamientos absurdos y pensar en el día en que te los pueda dar.
Creo que es por ti que aún no me he vuelto loco…
Draco”