Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search
: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Naruto » Desire

o-o-Nekoi-o-o
Author of 14 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Angst - Neji H. & Hinata H. - Reviews: 131 - Updated: 11-27-07 - Published: 03-04-06 - Complete - id:2828923

Epílogo II

Una noche, Hinata despertó en mitad de la noche, visiblemente alterada. Algo no la dejaba descansar como de costumbre. Como cada cierto tiempo, debía hacer caso de sus obligaciones particulares para con sí misma y que ella misma se había impuesto.

Neji se hallaba a su lado, dormido apaciblemente y con expresión de calma. La muchacha, sonrojándose de felicidad, lo besó con ternura y deshizo con lentitud el abrazo que los unía. Se levantó, se puso la bata y se sentó en el escritorio de la habitación. Sacó papel y bolígrafo y encendió una velita, colocándola de forma que no alumbrase a su primo dormido.

No era la primera vez que lo hacía, no podía evitar establecer aunque fuese un mínimo de comunicación, aunque por supuesto, se guardaba mucho de poner cualquier dirección que les delatase. Confiaba en que su hermana escondiese bien las cartas que asiduamente le enviaba y de las que sabía que nunca iba a obtener respuesta.

Inspirada, comenzó a escribir.

Querida Hanabi:

¿Cómo te encuentras hoy? Por la hora, supongo que habrás acabado tu entrenamiento diario y te dispondrás a cenar en familia con papá y el resto de nuestros familiares. Imagino que hablarán de tu día y te instarán a que te fortalezcas a cada momento, que te gradúes pronto como chuunin en el examen oficial, .¿o me equivoco? No dejo de repetirte que lamento si por mi culpa tu educación se ha vuelto más estricta si cabe, pero mis motivos son justificables... creo que ya te lo he dicho en misivas anteriores, hermanita.

Neji y yo seguimos bien. Desde mi última misiva nada ha cambiado demasiado, salvo por que ascendí en mi puesto de trabajo, .¿lo sabías? Me siento muy orgullosa, ahora puedo vender ramos de flores sin preocuparme, pues ya pasé el período de prueba y me van a contratar por tiempo indefinido. ¿A que es genial? Podré juntar mi sueldo con el de Neji y podremos vivir un poco más relajados. Él me dice que trabajar tanto arruina mi salud, pero también debería velar por sí mismo, en ocasiones se sobreesfuerza y hace que me preocupe innecesariamente. Sigue siendo como era desde que vivíamos todos juntos y cuida muy bien de mí. Es algo por lo que le estoy inmensamente agradecida.

¿Papá está bien?. ¿No te ha preguntado por nosotros o por si has tenido alguna noticia de nuestra parte? No temo que lo haya hecho, pues ya sabes que no puedo decirte nuestra dirección, pero me asusto al pensar que puede encontrar estas cartas que te mando a escondidas. Podría interceptarlas de alguna manera, o enviar un espía en nuestra busca. Por si acaso, manténlas bajo resguardo debajo de tu cama, donde sé que también tienes esas revistas de maquillaje que tan poco le gustan a papá, pero con las que tanto disfrutábamos hace un tiempo.

Por otra parte... esto no se lo he contado a nadie, Hanabi, ni siquiera a Neji, y eso que es difícil ocultarle las cosas. No obstante, tenía muchas ganas de compartir contigo un pequeño secreto. Verás... ¿Sabes lo que ocurre con el paso del tiempo, cuando vives con un hombre al que quieres con locura? Creo que ya sospechas de qué se trata, pero igualmente, te lo diré: pronto podré decir que soy madre por primera vez. Puede que tú, con tu seriedad, me digas que soy muy joven para cuidar de una criatura y que hemos sido unos irresponsables por ello. Sin embargo, me siento muy feliz y no veo la hora de comunicárselo a Neji. Claro está, cuando esté completamente segura de que es cierto, muchas veces me ha pasado que es una falsa alarma. Pero, .¿no te haría ilusión tener un sobrino? Ojalá, y si nuestras circunstancias cambiasen, pudieras conocerlo... al igual que también desearía ver a papá otra vez y que lo tomase entre sus brazos, diciéndome que se parece a él.

Hermanita, os echo de menos, mucho, muchísimo. Desearía con toda el alma poder verte y darte un abrazo, volver a entrenar con Kiba-kun y Shino-kun alegremente por las tardes, regresar y cenar en familia, comentando cualquier tontería y riéndonos. Lamentablemente, sabes que no puede ser... pero no sabes cómo lo extraño. Incluso me gustaría tener una escena parecida a cuando besaste a Neji delante de mí, solo para fastidiarme, y la cual recuerdo con bastante cariño, solo para tener la impresión de que no me he ido del mundo real, que todavía hay situaciones absurdas por las que reír y llorar junto a mis seres queridos.

Espero que estés bien y que, por favor, superes tus propias metas, seas grande, que la gente te reconozca y llegues a ser una shinobi fuerte por la que el Clan debe estar orgulloso. Pero, sobretodo, no te olvides de vivir, de relajarte con tus amigos cuando dispongas de tiempo libre, y tener muy presente que debes vivir la vida y que nadie debe imponerte límites jamás. Sé feliz, hermanita; deseo fervientemente que acabes tus años satisfecha de tus logros y tus anécdotas de juventud. No te vuelvas una egoísta tonta y enamorada hasta la médula como yo, oh no, sería problemático que hubieran dos chicas así dentro de una misma familia. Creo que con una ya era demasiado molesto, .¿o no lo crees así?

Sabes que no dejo de rezar por ti y por todos los demás a cada día que pasa, por que vuestros deseos se cumplan y podamos ser todos un poco más felices que en días pasados.

Muchos besos y abrazos. Volveré a escribirte tan pronto como sea posible.

Te quiere con el corazón tu hermana,

Hinata Hyuuga.

Con un suspiro, la muchacha dejó el folio doblado sobre la mesa y preparó un sobre y el sello correspondiente, para que fuese enviada al día siguiente a primera hora.

Su felicidad se incrementó un poco, siempre le alegraba poder hablar de esa manera tan íntima con su hermana, unos solos minutos en un día, y poder desnudar sus preocupaciones internas. Tomando las debidas precauciones, claro está, siempre mantenía ese tipo de contacto para otorgar un poco de paz a su espíritu. Porque a pesar de todo, seguía echando de menos a lo que era su familia, se hubiera equivocado o no su padre, pero seguía sintiéndolo cercano, afable, paternal. Igual que a su hermana, a quien le debía gran parte del futuro que ahora tan felizmente tenía construido.

Volvió a la cama y echó un vistazo a su primo, que no se había percatado de nada, sonriendo para sí. Apagó la vela con un delicado soplo y se acostó a su lado, abrazándole. Pronto todo quedó en silencio reparador. La paz se respiraba en el ambiente y cada cosa se mantenía en calma.

Era ahora cuando de verdad se veía llena de satisfacción. Porque todo, absolutamente todo lo que la rodeaba, estaba armónicamente bien.

---

Konoha.

Me despierto apenas oigo mi reloj-despertador que me da los buenos días con ese pitido tan molesto que sacude mis oídos. Con gusto lo apagaría y seguiría durmiendo, pero me acuerdo de que hoy es el día clave: debo despertarme antes que papá para recoger el correo, porque probablemente tenga hoy carta de mi hermana.

Dicho y hecho: en camisón, salgo al porche y justo veo al cartero dejar las misivas a la entrada. Ya conoce mi ritual de ir cada jueves a su encuentro, por lo que no se sorprende de verme tan temprano y me saluda con una sonrisa afable.

-Buenos días, Hanabi-chan. Puntual como siempre, .¿eh?

-No tengo más remedio –le comento, tomando la misiva de Hinata, que enseguida reconozco por sus dibujitos en el sobre-. Mi familia me tiene esclavizada: apenas oyen el sonido de la bicicleta de cartero, soy yo la que me tengo que levantar a por el correo.

-Oye, según tengo entendido, tu hermana mayor hace mucho que se fue a entrenar a otra aldea –curiosea-. ¿No era antes ella la que recogía las cartas?

-Pues sí, es así.

-¿Y no te sientes sola? Debe ser muy duro que un hermano esté lejos del otro durante tanto tiempo, pero es una buena manera de volverse más fuerte por ti misma. Ahora puedes entrenarte sabiendo que algún día podréis veros de nuevo.

-Eso es lo que una buena kunoichi como yo haría -le devuelvo la sonrisa y, sin que él lo sepa realmente, me tranquiliza mucho oírle.

El cartero asiente. Finalmente, se despide de mí agitando la mano y se encamina con su bicicleta a entregar cartas al resto de hogares de Konoha.

Llego al comedor y, a la espera de que mi padre se levante, desayuno con la mirada clavada en el televisor. Sin embargo, mi mente está muy lejos de interesarse por la telenovela matutina que están dando. Mis manos sujetan la misiva semanal de Hinata y sin poder contenerme más, la leo ansiosa. Siempre espero con mucha ilusión sus buenas nuevas fuera de nuestra casa y al mismo tiempo, con temor por si algo perjudicial les atañera en su refugio.

Es el día de la semana en que más pienso en Hinata, aunque no solo porque tenga carta suya. No es que mi vida haya cambiado demasiado desde que huyó con Neji-onisan a causa de su matrimonio concertado, hará ya casi dos años. Tan solo que ahora estoy en un equipo de genin junto a mi sensei. Es una rutina a la que me he acostumbrado: salgo, entreno y vuelvo a casa a tiempo para la cena. No hay un solo contratiempo que interrumpa mi perfecto día a día.

Mi padre sí que ha cambiado mucho desde que su hija predilecta dejó el nido a escondidas y traicionó sus principios, como a él le gusta llamarlo. La primera vez que la nombré cuando se había ido, me hizo prometer que no volvería a hablar de mi hermana mientras viviera bajo su techo, porque no quería oír el nombre de una exiliada. Ahora se ha volcado solamente en mí: me repite muchas veces que espera que no lleve el mismo camino que mi nee-san y me convierta en una kunoichi digna del clan.

Y bueno, sé que no soportaría comprometerme por obligación, pues él ya ha aprendido la lección con Hinata, así que estoy muy tranquila por esa parte.

Termino la misiva con un suspiro de alivio: Hinata se encuentra como siempre. Incluso más que bien: parece que su relación con Neji-onisan ha dado los frutos que sospechaba. Uno de los sueños más secretos de Hinata era ser madre lo más pronto posible, y ver que su sueño se ha cumplido me llena de alegría. Todavía recuerdo, hace ya tanto tiempo en una de nuestras charlas, las tantas veces que me lo hizo saber. Solo me queda desearles que continúen con esa paz que nunca se debe ver interrumpida, y sobretodo, merecen.

Abandonando mis ensoñaciones, miro el reloj. Papá se despertará pronto, y no es bueno que me vea todavía en pijama, podría empezar con una de sus charlas de siempre que nunca quiero oír, acerca de lo beneficioso que es empezar a trabajar ya de buena mañana. Así, termino de desayunar mis panqueques, subo a tientas a mi cuarto, oculto la carta junto a las otras, me visto y me voy a entrenar. Al menos, así podré decirle que tenía una excusa para levantarme tan temprano: poder superarme día a día, y le tendré contento.

En el bosque no hay nadie, como suponía. Lanzo shuriken de un lado a otro velozmente e intento sacar provecho de mi Byakugan. Estoy tan concentrada que tardo en advertir la presencia de alguien que me lleva observando un buen rato.

Me tranquilizo al ver a alguien conocido. Kiba se encuentra contemplándome con picardía en un árbol cercano; yergue la mano para saludarme desde su ubicación.

-¡Hanabi-chan! –grita-. ¿Qué haces por aquí?

-Kiba-kun, no chilles así –le recrimino en broma, llegando a su encuentro-. Además, hoy es jueves, .¿o no lo recuerdas? No debería sorprenderte verme tan temprano por aquí.

Parece que cae en la cuenta, al esbozar una mueca.

-Sigo con la idea de que siguen aquí, quiérase o no, y entonces se me olvida preguntar. ¿Qué tal les va?

Le comunico las buenas nuevas y se alegra en demasía. Hinata no dejó de repetirme que, aparte de mí, solo debía tener a Kiba informado, pues era uno de los pocos merecedores de su confianza, y yo por supuesto, cumplí su petición. Él no ha dejado un solo momento de preguntarme si está bien. Aunque me ha jurado que ya no siente nada por ella, lo cual es un alivio, teniendo en cuenta que hace tiempo que ella se entregó tan solo a Neji-onisan.

Bajamos al suelo y nos sentamos en él para conversar. Una costumbre que solemos compartir: nos encontramos cada cierto tiempo para hablar y pasar tiempo juntos. Con el tiempo, hemos fortalecido nuestra amistad, y no nos parece ya tan extraña esa práctica.

-¿Qué tal Shino-kun?

Frunce el ceño al tocar el tema de su rival, como siempre hace.

-Ese maniático de los bichos sigue desapareciendo cuando más se le necesita para salir por ahí con Yamanaka. Al parecer el amor –le añade una nota floreada-, le ha vuelto ciego. De ahí que lleve tanto tiempo con esas gafas de sol que no se quita ni para dormir –añade.

-Oh, .¿con Ino-san? –me intereso, haciendo caso omiso de su sarcasmo-. ¡Nunca lo hubiera imaginado!

-Ya. Nadie lo suponía. Mientras Hinata estuvo aquí, nos dejaba solos a cada momento para escaparse a verla a su entrenamiento. Nos tenía un poco mosqueados, la verdad. La opinión de Hinata era que tenía un affaire. Yo, simplemente, opinaba que andaba de contrabando ilegal o algo muy secreto.

-¡No seas tonto!. ¿Por qué no iba a poder verse con alguien, Kiba-kun? –me enojo por su falta de tacto-. También es humano, por mucho que le detestes.

Suspira con fastidio. ¿Celos, tal vez? Frunzo el ceño para saber qué se esconde detrás de esa hostilidad.

-En cuanto a problemas del corazón, o Shino tenía alma de roca o sencillamente no le gustaban las chicas –explica-. Le conozco desde siempre: nunca antes había sentido el mínimo interés por nadie, así que eran las dos opciones posibles. Y de buenas a primeras, me entero de que sale con Yamanaka que, siendo de distintos equipos, dudo que hayan tenido muchas oportunidades para hablar; a todos nos ha resultado extraño. Pero claro, nunca puedes preveer las cosas.

-A mí no me sorprende –arguyo-. Mira sino a Neji-onisan y a oneesan, .¿no tenían acaso maestros distintos? Y fíjate como acabaron.

-Por si lo has olvidado, vivían en la misma casa. Alguna palabra tenían que dirigirse, aunque fuese a la fuerza.

Inclino la cabeza, pero no estoy avergonzada. Ya se me ha hecho costumbre hablar con Kiba a la ligera del tipo de contacto que tenían mi primo y mi hermana cuando vivíamos juntos. Precisamente, mucho diálogo no tenían. Tal vez más palabras y menos acciones instintivas hubieran acabado con unos cuantos baches de los muchos que habían entre ellos.

Kiba se recrea hablando de mi primo, sin pensar demasiado los calificativos que dirigirle. Sigue hablando, ajeno a mis pensamientos.

-…y por mucho que a ése no le gustara tanto hablar, ahí estaba Hinata para contenerle, porque no podía ir por el mundo repartiendo como nadie a cualquiera host…

-Vale, vale –le interrumpo con un pequeño empujón-. Siempre reaccionas igual cuando te hablo de Neji-onisan. ¿Todavía no le perdonas que te hubiera golpeado aquel día?

Resopla y se da la vuelta para evitar el contacto visual. Como un niño al que se le ha regañado por no prestarle el juguete al otro.

-Respeto la decisión de Hinata de irse con él a dios sabe dónde, pero nadie me quitará de la cabeza que es un impresentable y un salvaje en toda regla.

Me río. Me enternece cuando se comporta así, tratando infantilmente de hacer saber a la gente su opinión, y más teniendo en cuenta que realmente se aleja mucho de esa faceta. No es para nada inmaduro.

Al oír mi burla, se vuelve a mí.

-¿De verdad te parece gracioso que me meta con tu primo? –murmura con aire ofendido.

-No –digo entre risitas-. Tono.

-¿Tono? –formula, confuso.

-Tu tono, Kiba-kun. Sigues siendo –tomo aire antes de seguir riendo-, muy tímido –y esta vez me río sin contenerme más.

-Siempre tan descarada –murmura-. ¿Tu padre no ha tomado medidas contigo todavía?

-¿Qué dices?

-Debería empezar a preocuparse –susurra con enojo, pero intentando sonar serio en vano-. Una señoritinga de alta alcurnia como tú no puede andar haciendo esos desplantes a sus colegas. Le da mala imagen.

Esta vez refunfuña más en serio. Kiba es orgulloso por naturaleza, como los perros salvajes. Se comporta como un chico normal, pero a la hora de enfadarse, muestra sus colmillos como ninguno. Pese a su aspecto fiero, todavía tiene actitudes y expresiones de niños. Su rostro se arruga más todavía, avergonzado porque, sin ningún pudor, me esté burlando sin contemplaciones.

-¡Oye, calla ya!. ¡No es un asunto que tenga gracia, tonta! –me reprende enojado.

Lo dirá por él, porque a mí cada vez me parece más hilarante, así que me sigo desternillando.

-¡Al menos ríete con un motivo! –antes de que lo pueda evitar, se me tira encima a hacerme cosquillas-. Creo que éste es el mejor sin duda.

-¡Oye, suéltame! –logro decir entre carcajadas. Ataca todos los lugares que sabe que son mis puntos débiles, y yo no me lo puedo quitar de encima-. ¡Déjame de una vez!

-¿No estabas antes burlándote de mí tan a gusto? –suena satisfecho-. ¿Por qué no seguir con la diversión entonces?

-Pero… así no es justo –le recrimino sin dejar de reír histéricamente.

Rodamos un rato por la hierba atacándonos mutuamente. Hemos pasado de la nostalgia a la diversión: no es la primera vez que jugamos a estas cosas. A tanto ha llegado nuestra confianza. Me hace cosquillas, yo se las devuelvo, nos ensuciamos de hierba y tierra, el silencio roto por nuestros gritos y risas.

Finalmente, nos quedamos uno al lado de otro, jadeantes y sucios. Sonríe pícaramente, como solo él sabe hacerlo, y la sangre se acumula en mis mejillas. Me ocurre a veces cuando tengo la oportunidad de ver sus dientes blancos y tan rectos sobresaliendo de sus labios: me pone nerviosa y al mismo tiempo, me tranquiliza más que cualquier palabra de consuelo.

-Mírate, Hanabi-chan –dice en voz baja, ayudándome a incorporarme hasta quedar sentada-. Estás cubierta de hierbajos.

-¿Y de quién crees que es la culpa?

Sonríe. El sonrojo vuelve, y yo me muerdo los labios disimulándolo, en vano.

-Tuya, que te pones perdida sin quererlo.

Me abraza tímidamente, quitándome la suciedad de la ropa de la espalda, los brazos, la zona del cuello, de mi sudadera. Bien podría hacerlo sin interrumpir mi espacio vital, pero necesita una excusa para volver a hacerlo.

Y yo necesito esa excusa para hacerlo también, y le devuelvo el abrazo.

Nos quedamos un ratito así, compartiendo sensaciones encontradas bajo el sol de la mañana, en el bosque de entrenamiento. Sus manos solo se ocupan ahora de rodear mi cintura posesivamente, y las mías, de acariciar los firmes músculos de su espalda.

Debería sorprenderme de compartir un momento tan íntimo con un simple amigo, pero también es usual que acabemos una de nuestras múltiples peleas fingidas de esta forma: o abrazados con fuerza, o bien compartiendo algún tipo de caricia. Siempre en silencio, aunque pasen horas en este tipo de postura. Y aunque no digamos nada, actos como éste siempre consiguen que se me desboque el corazón y que me ponga ostentiblemente nerviosa por lo que pudiera ocurrir después.

Si me sincero conmigo misma, él me hace sentir muy bien. Me llenan de calidez sus sonrisas. Me sonrojo cuando me dedica algún cumplido. Siento una increíble paz cuando tenemos una conversación.

Para resumirlo en dos palabras, como era de suponer, sí. Me gusta. No tengo idea de cuándo, cómo o por qué ha pasado, pero es un hecho. Sin embargo, no está en mí decirle nada. No quiero destrozar mis ilusiones, no quiero ser un reemplazo en su corazón, no quiero ser un reflejo de mi hermana para él. Sé bien lo enamorado que Kiba estaba de ella, el riesgo que corrió por robarse un par de momentos a solas, su sufrimiento al no ser correspondido. Por eso, es mejor no decir nada y así evitar el desengaño.

No obstante, antes de que me dé cuenta, sus labios se apropian de los míos, con suavidad, sin deseo alguno de forzarme ni molestarme. Ha pasado tan de repente que apenas me he dado cuenta, y sin poder evitarlo, lo atraigo más contra mí, todavía no aceptando ni rechazando el contacto. Rompo la quietud, mi boca se mueve sobre la suya, estimulándolo a seguirme, despacito, una simple caricia, saboreando las comisuras de sus labios, abriéndola un poco, impaciente. Hasta que finalmente él, casi temblando, se atreve a ir a más y me deja probar más de él. Le correspondo con más fuerza. Acabo irremediablemente por convertir una caricia inocente en un auténtico beso apasionado, acabo guiándome por mi corazón. Es inevitable. Como cuando intento no mirarle más de lo necesario y no lo consigo. Cuando disfrazo mi absurda timidez con bromas sin importancia. Como cuando nos abrazamos en señal de amistad y yo me sonrojo como una amapola. Evitar ese beso es un caso de fuerza mayor, fuera de mi alcance.

Mis manos rodean su cuello, las suyas mi cintura y nuestro encuentro no verbal se sucede, cada vez más fogoso e intenso, pues él no ha dudado en acostumbrarse a mi ritmo. Como si lo hubiese deseado desde hace mucho tiempo, y solo hoy se hubiera atrevido a dar el paso. Como si mis más salvajes fantasías se hubieran hecho realidad. Se está demasiado bien creyendo en la ilusión de ser realmente amada por él como para que finalice tan pronto. Percibo que está cada vez más ansioso, porque apenas respira para volver a compartir uno dos, tres, diez besos más, pasionales, calientes. La efusión es tal que acaba quedándose encima de mí en la hierba, atrapándome en su espiral de desenfreno.

Pero todo placer acaba con su reacción cuando hago ademán de desabrocharle la chaqueta, mi mente perdida en un mar de niebla y gozo, rompiendo las barreras que apresaban lo que quedaba de mi cordura. Se yergue súbitamente, manteniéndome bajo sí, colocando sus manos sobre las mías en señal de autodefensa. Sus negras pupilas se han adueñado del resto de su mirada, y ahora es brillante, apasionada, incontrolable.

-Espera –jadea-. Así no, Hanabi-chan.

Se separa de mí con brusquedad hasta quedarse a mi lado. Toda mi piel me quema por la falta de contacto, se queja, yo me quejo interiormente. Y poco a poco, ese abandono va evolucionando hasta otra sensación...

Vergüenza.

Me incorporo con brusquedad con las mejillas ardiéndome. ¿Qué demonios ha pasado aquí? Hace nada estábamos riendo tranquilamente, como siempre que estamos juntos. Hemos seguido la rutina: un par de bromas, burlas, un abrazo para demostrarnos amistad, un rato para compartir el silencio que nos rodea, pero hoy ha sido la primera vez… que me he atrevido a más. Y qué más. Si solo hubiese sido un beso en la mejilla, o incluso uno sin importancia en los labios, ni lo habría pensado, pero nos hemos descontrolado sin quererlo, yo sobretodo. Me evoco hace un instante tratando de quitarle la chaqueta y me muero del embarazo; .¿cómo ahora explicarle el porqué me he dejado llevar de esa forma?. ¿Cómo hacer ahora que…?

-No tienes que hacer esto por mí.

-¿Eh? -creo haber oído mal.

Le miro directamente, a pesar de lo mucho que me cuesta por el pudor que me invade. Kiba sigue sentado a mi lado, mirando fijamente el césped como si estuviera esperando que una mano de improviso lo llevara consigo al centro de la tierra. Inmóvil, tenso. Pensando cuidadosamente las palabras que dirigirme.

-Eh… -solo alcanzo a murmurar. Mi vocabulario se ha reducido a una sola interjección. Qué grande que soy. Pero estoy tan expectante que enseguida dejo de pensarlo.

-Tengo que pedirte disculpas –dice de corrido.

¿Por qué? Eso quiero saber, y me veo preguntándoselo directamente.

Sus ojos se mueven despacio hacia los míos, me clavan como cuchillas. Cuando alguien quiere ser sincero con alguien, basta con fijar sus ojos en los de él. El sistema nunca falla, y él me lo está intentando hacer comprender. Va a decirme algo importante.

-Te he utilizado, Hanabi.

Ahogo un gemido. Las cuchillas se vuelven materiales. Al menos eso creo. Han pasado de taladrarme con una simple mirada a clavarse profundamente en mi pecho, abriéndome una herida mortal. Primero el dolor es muy suave, luego remite por todo mi pecho, devorándolo paulatinamente, ahogándome. Y provoca el picor de las lágrimas que debo hacer un esfuerzo por contener.

Lo ha dicho.

Kiba… Kiba ha acabado confesando sus verdaderas intenciones conmigo, y lo ha hecho sin pestañerar un segundo. Cuatro palabras han servido para forjar la excusa perfecta para terminar con nuestros encuentros fugaces. Para abandonar por siempre mis sentimientos por él. Para que él siga ahogado en su melancolía por haber perdido a Hinata. Para enterrarme para siempre en un pozo de vergüenza extrema, para obligarme a entender que es un ser miserable, que solo he cometido el error de fijarme en él sabiendo que no se había olvidado de oneesan…

Algo me obceca de pronto, no puedo pensar. El dolor expide ahora por todo el cuerpo, llega a mi cabeza, me marea, me hace reaccionar. Antes de darme cuenta, le he propinado el puñetazo más fuerte que jamás he dado a alguien, ni siquiera en un combate, motivada por la fuerza, la rabia, y la humillación. Tras el golpe, parte de mi energía acumulada sale al exterior, e incluso por un ínfimo momento, parece que me relajo. Un solo segundo.

Kiba cae a un lado del césped como un peso muerto. En su rostro está bien visible una marca encarnada, mi venganza personal. Se vuelve a incorporar, esta vez sin mirarme. Muy despacio, como asimilando lo ocurrido. No logro ver su expresión, porque aparte de estar de espaldas a mí, parte de su flequillo cubre sus ojos.

No hay palabras, gritos… o quizá lágrimas. Al menos por su parte. Pero sí por la mía.

-Tú… eres despreciable –siseo, temblando de furia y dolor contenidos. No encuentro otras palabras con que describir lo que pienso ahora de él. Son tantos los pensamientos contradictorios que poseo que no puedo elegir ninguno en concreto para expresarme. Basta con un simple insulto, que siempre resume todo.

Él se lleva una mano a la mejilla, todavía muy lentamente. No quiere hablar, y creo que lo prefiero. No quisiera continuar con este drama. Un solo estacazo ha bastado para romper nuestra relación y pisotear los trozos con descaro. No hacen falta más golpes, porque ya no hay nada que romper.

-Me lo merezco –acaba formulando. Le tiembla la voz. Ambos temblamos de hecho, solo que él parece hacerlo por pura impotencia-. Merezco que me golpees y hagas lo que quieras conmigo.

Resoplo. No quiero que además se esfuerce en vano de querer darme lástima cuando ha sido él quien me ha creado falsas esperanzas, quien ha jugado conmigo todo lo que ha querido. Merece que le abofetee de nuevo, como él dice. Y varias veces. Pero, por razones obvias, no me veo capaz de hacerlo de nuevo.

-Porque al principio, debido a mis sentimientos por tu hermana, no pude verte como una chica. Y debo pagar mi pasado de alguna forma. Y de algún modo, también mi presente.

De nuevo una parálisis momentánea. ¿A qué demonios está haciendo referencia ahora?. ¿Qué es eso de “al principio” y “el pasado”? ¿E intenta reírse de mí con eso de que no me ve como una chica?

-¿A qué te refieres ahora, Kiba-kun? –me enojo cada vez más, aunque ahora más que dolida ando confusa, extraña-. Si estás intentando hacer que me sienta mejor, o peor, quién sabe, ahórratelo, .¿te parece? Creo que ya me he dado por enterada con lo de antes.

-No, Hanabi. Quiero contarte la verdad. La verdad, esta vez hablando en serio –ahora sí me mira. Sus ojos vuelven a ser cristalinos como antes, inocentes-. Quiero que dejemos de ser amigos, pero que sepas exactamente lo que ha ocurrido.

-No tengo nada que escuchar. ¿No has tenido suficiente con lo de hace un momento?

Su mano detiene mi huida, agarrando la mía. Me paralizo un instante, antes de soltarla con brusquedad, empero no me marcho.

-Por favor.

Me doy la vuelta, y ojalá no lo hubiera hecho. Me acaricia el alma sin quererlo, provoca mi furia ante mi flaqueza por no resistirme a él, a sus palabras siempre amables, a su rostro ahora plasmado de tristeza y preocupación contenidas. A pesar de todo¿por qué no dejar que se aproveche un poco más de este poder que tiene sobre mí? Al menos sé que no voy a verle más, y se guardará de querer algo de mí en el futuro. Necesito embriagarme de nuevo con su falsedad, querer creer que algo de lo que salga de su boca me servirá para un buen recuerdo, antes de permitirme completamente odiarle de por vida.

Antes de darme cuenta, he guardado el suficiente silencio para que siga hablando, sumergida en mis pensamientos de sufrimiento y venganzas futuras.

-Hanabi, tu hermana Hinata me despertó hace tiempo un sentimiento que llevaba reprimiendo durante varios años. Y que se esfumó justo cuando vi claramente que ella no me vería jamás como algo más que un amigo.

Lo ha dicho tan claro y despacio que parece ensayado. Sin emociones, sin titubeos, ni siquiera un triste pestañeo. Monocorde, con un tinte de nervios, eso sí que lo intuyo.

-Tras su elección definitiva hacia su primo –continúa, sin mirarme, sus mejillas ahora con una ligerísima capa de carmín-, mis sentimientos por ella se calmaron. Y yo me di cuenta de que realmente lo que necesitaba era que ella lo supiera. Que me atraía, y por ello, pude quedarme tranquilo, a pesar de no ser correspondido. Se trataba de algo muy fugaz… que inevitablemente acabé por aligerar.

Aún es demasiado pronto para pensar con claridad. Quiero oír el final, su final. Quiero la última esperanza que permita agarrarme a ella.

-Kiba… -digo, sin necesidad de querer añadir más. Él continúa sin hacer mención a mi leve interrupción.

-Cuando se fue, estuve un tiempo solo –eso es verdad. No quiso salir de su casa un tiempo, y yo no quise ir a molestarlo. Supuse que quería estar a solas consigo mismo-. Y cuando por fin tuve constancia de que ya no albergaba ningún sentimiento por ella, salvo amistad y cariño por tantos años juntos, volví a hacer vida normal. Y empecé, como bien sabes –ahora me mira directamente, aunque sigue pareciendo cohibido-, a salir contigo más que con el resto.

Me sonrojo. Sigo sin querer parecer débil ante él. Pero mi cuerpo no piensa lo mismo que mi raciocinio. Son incompatibles a más no poder.

-Por eso te quería pedir disculpas.

Le miro llena de sorpresa.

-¿Qué quieres decir? –ahora sí que no comprendo a qué viene la disculpa, esperaba más contenido. Se suponía que me había utilizado, pero no me ha dado ningún argumento que lo confirme. ¿No será que todavía tiene la decencia de reírse de mí?

Sus mejillas se colorean más, y se pone más alterado.

-Empezamos a vernos y entrenar juntos cuando todavía pensaba en tu hermana. ¿No me has golpeado por eso precisamente?. ¿Porque te sentías utilizada, como te he dado a entender?

Tardo un rato en reaccionar. Un segundo, dos, tres. Y luego, sencillamente, no puedo llegar más a allá que una simple conclusión: Kiba es tonto de remate, en un grado superlativo.

-Kiba-kun… -murmuro, todavía sin tenerlo claro-. ¿Me estás diciendo que crees que me estás utilizando porque aún guardas cariño hacia mi hermana desde que empezamos a vernos más a menudo?

Se silencia unos minutos. Lo piensa. Y por fin reacciona, haciendo una mueca inocente al confirmarme mi hipótesis. Absurda como ella sola, pero es la que me ha dado a entender.

-Justamente.

Mi reacción es sonreír. Al principio levemente, y luego esbozo una sonrisa. No estoy alegre. Es más bien una mezcla de alivio y sorpresa por la peculiaridad de su lógica. Más que una sonrisa acaba convirtiéndose en una especie de mueca arrugada. Me siento como si me hubiera tragado un limón.

-Eres rematadamente estúpido.

Ése es mi veredicto. Sin acritud, por supuesto. Solo constato un hecho. Kiba es tan simple que no puedo decirle nada más concreto. Me mira frunciendo el ceño.

-Bueno, ya me he disculpado, .¿no? Ahora… -baja la voz-. Hanabi, deberías disculparte tú también. Lo del arrebato de hace un momento… Fui yo quien lo inició, es la verdad. Pero sí se supone que soy yo quien te he hecho confundir amor con amistad, no entiendo tu reacción.

Vaya, vaya. Al parecer las sorpresas del día no han acabado. Contengo mis ganas de darle otra bofetada para que deje de decir sandeces una tras otra… pero creo que voy a esperar al final. Tengo la impresión de que todavía tiene bastante más que decirme.

-Un beso lo entiendo, hemos compartido muchos. Pero lo de antes… no ha sido precisamente algo que se tache de inocente. Y no quiero que pase más, por la situación en que estamos.

Mi cara empieza a contraerse por la mueca inamovible de incredulidad de mi rostro. Me tira la piel, y me arde la cara. Esta vez del enfado y la frustración. Ha llegado mi límite. Quería evitarlo, pero ha sido imposible.

-¡¿De verdad eres tan idiota?! –le grito, sin ya contenerme más.

-¿De qué vas con ese tono? –refunfuña ahora molesto.

-Me resulta increíble. ¿De verdad no lo adivinas?. ¡¿No tienes idea de por qué me dejaba llevar por ti tantas veces?!

-Hanabi… Quizá creas que te guste sencillamente porque yo, estúpido de mí, hice que te confundieras con un par de besos. Pero no veo otra explicación… Porque… Quiero decir, .¿tú me ves como un amigo, no?

Me muerdo los labios. No tiene sentido seguir ocultándolo por más tiempo. Me siento obligada a sincerarme con palabras, ya no con indirectas. A ser clara y franca con él, a mostrar finalmente mis sentimientos, aunque sea…

-¡Me gustas de verdad, imbécil!

…con mi tono de mala leche. Vale. No es precisamente la declaración de amor del siglo. Podría haber obviado lo último. Pero lo surrealista de la situación empieza a acabar con mis nervios. Ha empezado con un desengaño por mi parte, a una declaración inesperada, llegando a la conclusión de que me he ido a enamorar del tío más complicado del mundo. ¿De modo que lo de utilizarme se refería a que se hizo mi amigo cuando realmente ya había olvidado a Hinata, pero sigue queriéndola como amiga?. ¿Qué empecé a gustarle de verdad cuando ya la había olvidado?. ¿Es por un simple cariño por lo que se disculpa conmigo?. ¿Qué entonces los besos que me daba no era por despecho, sino que en serio le atraía?. ¿Y aún así, le cuesta tanto creerme?

Se ha quedado en el sitio. Su mueca cohibida se transforma en una de sorpresa. Por una parte, porque he gritado tanto que se habrá enterado toda la aldea. Y segundo, porque no esperaba de verdad que pudiera decirle algo así. Debe creer que soy de piedra. Como su opinión acerca de Shino.

-Hanabi, .¿estás diciéndome la verdad?

-¿Bromearía con algo así?

-No contestes mi pregunta con otra pregunta. Si estás siendo sincera… esto cambia las cosas a peor. Habré jugado con tus sentimientos más gravemente.

Maldita sea, es tan tonto que me resulta insólito que esté enamorada de él. Dios, no puede estar pasándome algo así. Justamente a mí, no.

-¡Kiba, por favor! –estallo-. ¡No puedo creer lo que oigo! Me haces creer en primer lugar que me estás utilizando porque sigues enamorado de mi hermana¡y ahora me entero de que la has olvidado, pero aún así, tú crees que me estás haciendo daño porque guardas “cariño” hacia ella!. ¡Por Dios!. ¿No puedes entender que es absurdo?

-¡No, no lo es! No estaría siendo sincero contigo –explica-. Quizá el que todavía le tenga cariño significa que no la he olvidado del todo, y entonces, significaría hacerte creer que eres simplemente un objeto para mí –se mesa los cabellos, desesperado porque entienda su peculiar punto de vista-. Eres tú quien no lo entiende. A nadie le gusta ser utilizado, y menos que nadie querría que tú sufrieras por mi causa.

Esto es para contarlo y no creerlo. Me siento protagonista de un culebrón. La típica chica que se cree engañada y un chaval de pocas luces que acaba confesándose de la forma más surrealista posible. Y que no se entiende a sí mismo porque está entre dos amores distintos. Parece recién sacado de una telenovela de esas de tríos y amores reñidos que tanto me gusta ver.

Solo me queda algo por hacer, y aunque signifique avergonzarme un tanto, debo hacer que Kiba comprenda que hay una diferencia abismal entre el cariño y el amor. Se lo debo, y nos lo debo, para que deje de hacer esos juicios que no tienen base fiable alguna.

-Solo hay una manera de averiguar la verdad.

Me acerco a él y coloco mis manos en sus mejillas, sobresaltándolo en un primer instante.

-¿Qué pretendes? –intenta averiguar.

Hago que nuestros ojos se encuentren, y lo posible para que no aparte, cohibido, la mirada. Nos mantenemos así un instante, intentando relajarnos. Lo vital es estar lo menos nervioso posible. Me aplico a mí misma ese concepto también: el corazón me late tan rápido como una bomba de relojería.

-Probemos una cosa, Kiba-kun. Cierra los ojos.

-¿Por qué? –inquiere, desconfiado.

-¡Solo hazlo! –me impaciento-. Deja la mente en blanco. Y solo siente a partir de ahora. Sin necesidad de ver, analiza lo que ocurre… y después me cuentas, .¿vale?

Antes de que proteste más, le callo besándole directamente en la boca. Sin rituales ni tonterías. Literalmente. Me trago la vergüenza por muy amarga que me resulte por causas de fuerza mayor. Porque quiero que se aclare, y porque deseo de verdad que esto le haga reaccionar por fin. Que se dé cuenta finalmente de si le gusto de verdad, y pueda procurarme ser feliz.

El contacto es tan breve que apenas lo disfruto. Pero no es necesario, solo basta para transmitirle a él las sensaciones justas para ayudarle a sincerarse. Las mismas que tengo ahora, pero que comprendo perfectamente. Comprendo que le quiero mucho, y nada ni nadie me convencerá de lo contrario. Ahora solo falta que él también me entienda y se entienda. Por el bien de ambos y de nuestra relación.

Me separo de él y nos volvemos a mirar, ahora que ha abierto los ojos. A un tiempo, nos ruborizamos de pies a cabeza.

-Bueno… -venga, dilo ya, .¿te atreves a besarle de improviso y ahora no le puedes preguntar qué ha sentido? Me recrimino y hago un esfuerzo-. ¿Qué?

Él tarda un poco en contestar. Un poco nada más, pero lo suficiente como para dejarme el alma en vilo en los dos segundos en que tarda en formular su respuesta.

-Tenías razón.

-¿Qué se supone que significa eso? –le espeto, tal vez con demasiada brusquedad. ¿Por qué Kiba siempre me altera tanto, ya sea para bien o para mal? Bueno, más bien para mal. Aunque no lo haga conscientemente, parece que juega conmigo más de lo que supuestamente hace.

-Soy un completo idiota –remata-. Y tú demasiado buena conmigo.

Y antes de darme cuenta, me besa por su propia iniciativa.

Hasta que puedo recuperarme del shock inicial, de asimilar lo que me ha dicho, de que me está besando, ahora de verdad, y no por mera confusión que decía sentir, me quedo completamente quieta, recibiendo su beso, sin moverme por la sorpresa. Una declaración indirecta unida a un beso, pero no consistente en un “me gustas”. Solo me da la razón y me corresponde al beso que le di antes.

Me gustas. Siempre he considerado el que tantas sensaciones juntas se puedan resumir en una sencilla frase que apenas condensa una ínfima parte de los sentimientos bastante estúpido. Aun así no dudé en utilizar ese recurso antes para confesármele, porque es el único del que disponía, por muy banal que resulte. ¿Cómo hacer comprender así a la otra persona lo mucho que significas para él?. ¿Cómo dos llanas palabras juntas pueden provocar que una amistad se vaya a pique, o tener un final feliz?. ¿Por qué son tan difíciles de pronunciar en las situaciones más clave?

Casi prefiero que su sinceridad se haya condensado en algo diferente. Para mí es la declaración más bonita y sentida del mundo. Y cómo me lo está demostrando, lo valoro mucho, muchísimo más.

Una simple caricia de sus labios contra los míos ya es suficiente para hacerme flotar. La profundizamos un poco más, sumergiéndonos en cada segundo, en cada lapso de tiempo, juntos. A veces más fuerte, otras más débilmente… pero el beso no deja de ser apasionado ni por un segundo. Me tiene arrobada, y cuando por fin se separa, me arde tanto la cara como si tuviera fiebre. Nos miramos.

-Te habrá quedado claro con esto, supongo –se inquieta, desviando la mirada.

Yo solo puedo sonreír. Me siento tan bien que no lo puedo explicar. Solo sonrío, y sonrío tanto que parece que exagero terriblemente. No es así.

-Lo hubiese preferido antes, Kiba-kun, pero… me alegra ver que lo has comprendido. O al menos, eso me has dado a entender.

-No sé lo que realmente me ocurría –se explica con dificultad, todavía consternado por el beso que acabamos de compartir-. Tu hermana me afectó demasiado, y el sentimiento era tan fuerte que dudaba que se hubiera ido completamente. Por eso… me negué a aceptar que realmente la había olvidado y me había fijado en ti. En parte por no hacerte daño, y por otra…

-Porque eres muy malo para darte cuenta de las cosas –le recrimino, bromeando.

Se relaja, como pretendía. Una sonrisa pícara aflora en su moreno rostro. Ya vuelve a actuar como antes.

-Volvemos a lo mismo: un día iré a ver a tu padre para que te enseñe modales. Y ahora que lo pienso, .¿qué es eso de ir besando a la gente sin preguntar? –frunce el ceño-. Qué mala imagen me estás dando, Hanabi. No sé yo si ahora estaré dispuesto a salir contigo oficialmente…

-¡Que yo sepa exactamente lo mismo acabas de hacer tú ahora! -¡será caradura! Por mucho que lo diga en broma, me niego a aceptar que me eche la culpa así-. Y te callas, .¿eh? Que el que quedaría mal serías tú por besarme y luego no querer salir conmigo. Podría contarlo por ahí.

-No te atreverías –formula, casi nervioso. Yo río.

-¿Que no? Tranquilamente. Y todos empezarían a decir que eres un aprovechado, y probablemente, un pederasta sin escrúpulos. Soy menor que tú, ahora que lo pienso, Kiba-kun.

Por un momento, casi parece que se lo toma en serio. Su rostro se arruga en una mueca de terror. Empero por mi risa, vuelve a la carga. Qué inocente puede llegar a ser.

-Solo eres tres años menor que yo, listilla.

-Suficiente como para que te des cuenta de que eso es lo que me falta para ser mayor de edad, como tú.

Se une a mis risas, se me tira encima a hacerme cosquillas, a decirme: “venga, corazón, ven a divertirte con este tío aprovechado mayor que tú”, nos besamos un poco más, y seguimos con nuestras pullas de siempre. Volvemos a besarnos, y de improviso, lo dice.

Una mirada profunda en mis ojos, una caricia en mi rostro, y solo basta un momento para que sus labios se abran y lo digan.

-Te quiero.

Y yo no tengo más remedio que repetirlo unos segundos más tarde. En contra de mis principios de que una simpleza semejante no condensa toda la franqueza. Pero es inevitable, y, realmente, sincero.

Como todo lo que siento por él, los sacrificios que hemos superado ambos, y para bien, el final feliz que ahora compartimos.

Fin


N/A: Bueno, supongo que todo tiene un final, y este fic, para mi gran congoja, ha llegado al suyo. Supongo que muchos esperaban el desenlace que he propuesto, y la pareja final de Kiba y Hanabi. Supongo que era lo más lógico, tras ser las personas más cercanas a Neji y Hinata y, por tanto, a raíz de sus encuentros y desencuentros, que hayan desarrollado algo uno por otro es de lo más normal. Aunque Kiba se haya sentido “culpable” por pensar en otra mujer, aunque fuese en términos de amistad, cuando tenía a Hanabi delante. ¡Eso es ser muy romántico (o muy tonto), y no lo que se ve por ahí! Al menos ya lo han solucionado y ahora ya se ven como una pareja normal. Por favor, que no se haya visto muy empalagoso, o muy irreal, que es la impresión que me ha dejado (se esconde).

En fin. Gracias a todos aquellos que me han dejado algún comentario, o bien siguieron esta historia en silencio. Ha supuesto mucho para mí vuestro apoyo, comentarios y sugerencias a medida que pasaban los capítulos, y que me animaban a continuar. No sabéis lo feliz que me habéis hecho, por eso os lo agradezco tanto y tan repetidas veces hasta el cansancio.

Los reviews del anterior epílogo están aquí contestados. Espero que también os haya gustado este epílogo y me lo hagáis saber con un último review por vuestra parte, que, si está firmado, os contestaré al e-mail sin dudarlo. Os digo adiós y ya nos veremos por otros fics. Cuidaos todos.

Star-Flowers: ¡Me alegro de que te haya gustado! Bueno, la parte del baño en un principio iba a ser el lemon, pero me pareció un lugar muy poco adecuado… Y por ello hice que Hinata hiciese eso. Gracias a la carta que le escribió a Hanabi, ya sabes las consecuencias de tantas noches juntos sin pensar… ejem, ya sabes. Pero no por ello no va a ser deseado, como ya has visto, la máxima ilusión de Hinata era tener hijos en un futuro cercano. Además, ya te lo insinué por msn. Espero que el final definitivo con este epílogo te guste, y ya nos seguiremos viendo. Muchísimas gracias por tu apoyo¡besitos!

Hinatahyugadiaz: ¡Wiii, Eneri-chan! Bueno, muchas cosas ya te las había insinuado por msn, justo como en este epílogo. La verdad es que me da algo de pena terminar con este fic, me ha gustado mucho escribirlo. Espero que este epílogo también te haya gustado, aunque no hay mucha mención al NejiHina, más bien a Hanabi y a los demás personajes secundarios. ¡Ya te veré por School entonces! Me alegrará recibir tus opiniones. Ojalá te animes a publicar algo pronto tú también. ¡Muchos besos, abrazos y agradecimientos!

Iria: ¡Oh, conectamos entonces! Me alegra que te haya gustado. Yo también ando esperando más NejiHina por tu parte, nunca hay fics suficientes de esta pareja por FF. Desgraciadamente, Neji y Hinata eligieron una vida solitaria, lo que para Konoha significó traición pero… se compensaron con la llegada del bebé. Como puedes ver, sus vidas están llenas sin necesidad de seguir siendo ninjas. Bueno, espero que te haya gustado también este último escrito sobre Desire. Muchos besos y que estés bien, .¡mil gracias por tu apoyo!

Kyuuketsuki Maru: ¡Normal que al principio te perdieras! Neji se despidió de Hanabi en el último capítulo y de ahí no se supo nada… hasta ahora, jeje. Iba a dejarlo sin flashbacks, pero me dije que si lo hacía, dejaría un hueco argumental bastante grande. Así que lo incluí de pasada. De nada por la respuesta, ya que te molestas en dejarme comentario, yo te respondo. ¡Mil gracias por tus palabras y tu apoyo! Nos vemos.

Belldandy: ¡Ah, tú me agregaste del livejournal! Ahora ya sé a qué fic te referías, cuando leí tu post allí no había leído tu review. Espero escribas cosas en tu blog pronto, y así te leo yo también. ¡Intercambio equivalente se llama eso! Bueno, me alegra mucho que te haya gustado, y espero que tu opinión sea parecida con este epílogo, aunque no sea muy NejiHina. Pero Hanabi se merecía también un poco de felicidad, y Kiba es la mejor opción para ella, .¿no crees? Sí, probablemente siga escribiendo, pero ahora que he empezado la uni, tardaré más en empezar nuevos y terminar los viejos… En fin. Bueno, un beso muy fuerte y gracias por leerme. ¡Bye!

Hanahakyruhyuga: Me alegra que te haya gustado. ¡Besos!

Neon: Malinterpreté tus palabras entonces, lo siento. Es que pensaba que no habías leído que haría dos omakes para esta historia. Me alegra que de cualquier forma te guste. Ojalá puedas decir lo mismo de este epílogo. ¡Besos y gracias!

KagomeHb: ¡Gracias! Si te digo la verdad, ese lemon iba a ser el único de la historia, pero tuve que hacerlo en la octava parte porque los acontecimientos dieron un giro inesperado. Me alegra que te haya gustado, y espero leas este epílogo también. ¡Un beso!

AnaBlack0516: Tengo compartido a Neji con vete tú a saber las narufanáticas. ¡Jo! Yo que lo quiero para mí sola, es tan monísimo-requete-precioso… Lástima que tenga varias dueñas. Hablando de él y su primita, pues pronto serán padres, como ya ves. Al fin su vida tiene algo de luz después de tanto angst, rechazos y dolores de principio a fin. Aunque no sé si será niño o niña, porque eso ya no lo voy a escribir, así que lo dejo a la imaginación de quien quiera. Aquí tienes el epílogo dos, disfrútalo y ya me dirás. ¡Mil gracias por tu apoyo!

Alenis: Me pongo contenta al saber que al final te gustó. ¡Mil gracias por tu comentario! Espero leas este epílogo también.

Blue-Bird07: No te preocupes por el retraso, valoro todas las opiniones por igual. ¡Gracias por tu opinión! Y es imposible no amar el NejiHina. Probablemente seguiré haciendo cositas con ellos, muy angustiosas la mayoría, si ambos me siguen inspirando. Espero te guste el epílogo final también. ¡Un besito!

Omtatelo: Me llena de alegría que pienses que este fic tiene calidad... No comparto tu opinión, pues creo que FF alberga escritores con mucho más talento, y recurro irremediablemente a compararme... Soy muy exigente conmigo misma. Pero valoro de verdad tu opinión, y me hace muy feliz. A mí me gustaría muchísimo hacerme escritora, pero hoy día no puedes vivir de tus letras… por eso estoy estudiando Economía en la universidad. Mil gracias por tu comentario, ha significado mucho para mí. Creo lo mismo de los epílogos, pero es que quería darle al fic un final más “cerrado”. Espero hayas disfrutado este epílogo igualmente. Un beso muy fuerte.

Hyuuga hine-san: Espero puedas decir lo mismo del epílogo final. Un beso.

Tierna Hinata: Muchísimas gracias por tus palabras de apoyo, y más tratando de ser objetiva. Coincido contigo en que el lemon es una de las partes más difíciles que conforman un fic o historia romántica, porque tienes que estar pendiente de una armonía sin igual entre las dos personas. Yo intento dulcificarlos lo más posible, y me alegro de que consideres que aquí lo he logrado. ¡Te lo agradezco por hacérmelo saber! A mí también me gustaría escribir durante todo el rato, pero tengo que estudiar mucho. Un beso y espero que te guste el final.

Kira: Me alegra que te haya gustado. Mi estilo no lo considero muy bueno pero me hace feliz que lo consideres aceptable. Espero que el final te haya gustado también. Un beso.



Return to Top