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Disclaimer: Masashi Kishimoto es el autor oficial de Naruto, pero esta historia sí es mía.
Advertencias: Yaoi. Si no te agrada, no leas este oneshot. También spoilers, pero solo si no conoces el Kakashi Gaiden.
Cuestión de curiosidad
El sol empezaba a colarse entre las ramas del bosque, alumbrándolo todo por doquier, y dando paso a un nuevo día de entrenamiento para los ninjas del país del Fuego. De repente, el silencio que se respiraba en el aire, todavía rezumante de humedad por la noche anterior, fue interrumpido por una figura presurosa que saltaba por los robles sin contemplación alguna.
-Llego tarde, llego tarde, llego tarde… ¡Llego tarde!
Obito Uchiha cruzaba veloz el bosque, sin detenerse un instante, topándose con todas las ramas que se interponían en su camino. Hizo caso omiso de las heridas que cortaban su pálida piel, ocasionadas por los golpes contra las mismas. Le era imposible avanzar más rápido de lo que le permitían sus saltos de árbol en árbol y esto lo ponía cada vez más nervioso.
Se detuvo unos instantes para recuperar el aliento, para momentos después, continuar su maratón voluntaria. Debería empezar por poner el despertador un par de horas antes de lo que lo hacía para evitarse esas carreras agotadoras a cada amanecer. No comprendía por qué tenía que dormirse cada mañana. Sabiendo la bronca que le caía después por parte de Kakashi, debería ser suficiente motivación como para estar el primero en el lugar de reunión como un clavo.
-Anda que Kakashi… -masculló para sí, como si lo tuviera cerca de él-. Ni que él no se hubiese dormido nunca.
El recién estrenado ambu se creía muy listo como para ordenarle cosas sin ton ni son a cada momento, y no desaprovechaba el más mínimo instante para hacerle saber que era un enclenque y un completo inútil, que todavía no se explicaba cómo los habían puesto juntos en el mismo equipo, y para colmo, que bebiera los vientos por Rin de esa forma tan humillante le hacía ver como más patético de lo que parecía.
-Joder -suspiró con resignación. Por lo menos, se molestaba en burlarse de él por su amor platónico hacia la medic-nin en los escasos momentos en que estaban a solas. Consideración tenía Kakashi Hatake, lo que no tenía era precisamente abuela.
Obito recordaba que Kakashi se había comportado así con él desde que cruzaron los ojos por primera vez en la academia. Se trataba de un desprecio innato, de una superioridad detestable, provocando una absoluta desazón en el Uchiha, que disfrazaba de un desprecio igual o superior al del peliplateado, tratando de proteger su sensibilidad en vano. Porque no negaba que cada palabra afilada que Hatake le dedicaba le afectaba más de lo que él quisiera, por lo inteligente que el hijo de Colmillo Blanco resultaba, tal vez por su simple presencia, que parecía abarcar la mirada de todos cuantos les rodeaban, y él se sentía como un vulgar alfeñique.
Aún no se creía que lo hubiesen puesto con ese chico, hacía ya bastante tiempo, si las diferencias entre ambos eran abismales. Lo recordaba como si hubiera sido el día anterior.
-FLASHBACK-
-Obito Uchiha. Tú estarás con Rin...
Obito se esforzó por no gritar de la alegría. ¡Justo lo que esperaba! Eso de haber rezado unas doscientas mil veces la noche anterior para que lo pusieran con la chica a la que amaba en silencio había servido para mucho. ¡Qué felicidad! Se volvió al resto de la clase, buscándola con los ojos. Rin, sentada en su silla muy formalita, le sonrió, lo que aumentó considerablemente el contento del moreno. Ya le daba igual quién fuera el tercer miembro, mientras estuviese con la castaña a su lado…
-Kakashi Hatake, junto a Obito y Rin.
El rostro risueño de Obito se arrugó en una mueca de horror. Todo su gozo en un pozo. ¿Con Kakashi Hatake?. ¿Ese chico tan adusto, tan absolutamente serio, que prácticamente había que suplicarle para que hablase con un mínimo tono de amabilidad?. ¿El mismo que le daba patadas en la espinilla y le decía a voz en grito que era un llorica?. ¡Aquello tenía que ser un mal sueño!
Se volvió hacia Rin, en un intento de consolarse por si tampoco le agradaba la idea de que el peliplateado estuviese con ellos, pero fue peor, porque la mirada de la chica destilaba ilusión, y solo sirvió para destrozar aún más si cabía las ilusiones del Uchiha.
-¡No puede ser posible! –se quejó en voz alta. Como por inercia, se volvió hacia Kakashi, sentado al final de la clase. Éste, si había oído mencionar su nombre, no dio muestras de haberse dado por aludido. Siguió mirando por la ventana con expresión ausente.
-¿El qué? –el maestro, a punto de pasar al siguiente equipo, se vio obligado a interrumpirse por los aspavientos que empezaba a hacer Obito, presa de la congoja.
-¡Yo, con Kakashi Hatake!. ¡Es una locura, sensei! –Kakashi desvió un instante los ojos de aquello tan interesante que vislumbraba fuera y esbozó una sonrisa divertida que nadie vio-. ¿No podría reconsiderarlo?
-Obito Uchiha, las normas deciden que los equipos sean determinados por sorteo- anunció el maestro, ya bastante enojado por su infantil actitud-. Lo siento, pero es así como debéis estar agrupados. Siéntate en tu sitio. Bastantes problemas tenemos ya con la guerra que se nos avecina para que tú montes el espectáculo por una tontería.
-Ya le has oído, enclenque –murmuró Kakashi por lo bajo, malignamente-. Ni que fueras tú el único que le molesta el equipo en que está.
Obito, enfurruñado, se volvió hacia Hatake apretando los puños, pensando rápidamente en una ingeniosa respuesta que darle al altivo joven, empero, el profesor empezaba a perder la paciencia, y el horno no estaba para bollos. Además, .¿era ésa la impresión que quería dar delante de Rin?. ¿De un ser inmaduro y fácilmente impresionable?
Así que, a regañadientes, obedeció y se sentó en su sitio. No oyó el resto de equipos que se formaban a su alrededor. Se consoló pensando que al menos tendría a Rin. No sería tan grave estar en el equipo de Kakashi mientras estuviese al lado de aquella joven, quizá y con todo, si lo veía de otra perspectiva, le podía ir bien. Si lograba superarle, tal vez ella empezara a tener una mejor opinión de él y esa absurda admiración por Kakashi fuera mermando. Sería un objetivo a largo plazo, eso se prometió.
No se dio cuenta, pero el joven Hatake había abandonado por un instante sus ensoñaciones particulares para contemplarle desde su posición con un mínimo interés. Sus ojos parecían decir que se iba a divertir bastante a partir de ahora.
-FIN DEL FLASHBACK-
-Y tanto –se dijo Obito aún recordando el incidente, apretando los labios-. A mi costa por lo menos no puede negar que se lo ha estado pasando como nunca.
Por fin, llegó sin resuello al lugar de reunión, aquel recóndito lugar a las afueras de la aldea. Le sorprendió ver allí solo a Rin, pero le restó importancia, y en el fondo, se alegró de haber sido de los primeros. Probablemente Kakashi había sido el que se había quedado dormido aquella vez.
Miró a Rin arrodillada en la pradera, desde una prudente distancia. La joven no se había dado cuenta de su llegada: recogía hierba, probablemente para hacer medicinas, canturreando feliz. El sol le daba directamente en su cabello y resaltaba sus etéreos rasgos faciales.
Obito sonrió: su estómago estaba hecho un nudo. Pero pronto, la calma volvió a ser la dueña de su instinto. Había madurado, ya no sentía ese enamoramiento infantil, sino ahora, la quería sencillamente y procuraba cuidarla en la distancia. Se había dado cuenta de que si mostraba demasiado interés, quizá ella fuera más propensa a rehuirle, y prefería silenciarse.
Rin se volvió al sentir su presencia, y se le acercó, hierba en mano, radiante.
-¡Obito, por fin llegas!. ¡Oh! -se fijó en sus heridas-. ¿Otra vez has vuelto a chocar contra los árboles mientras venías hacia aquí?
-Hola, Rin –la saludó el joven, un poco menos efusivamente, tímido por las atenciones que recibía-. Bueno sí, será eso...
-Deja que te cure -la ninja médico sacó sus vendas del bolsillo de su vestido-. Hay que ver, ya te he dicho que andes con cuidado.
-Si me duermo, tengo que correr para llegar a tiempo… -Obito bajó la mirada-. Por cierto, .¿y Kakashi y el sensei?
Rin colocó una tirita en su mejilla y ahora se ocupaba de un corte profundo en la mano. El Uchiha dejó un instante de respirar para observarla bien, cómo ultimaba los detalles de la curación y procuraba que le doliese lo menos posible el ungüento que le aplicaba.
-Obito, .¿me escuchas? –la voz de la chica lo devolvió a la realidad. Le había estado hablando y no se había dado cuenta.
-Perdona, .¿qué decías?
-Que como tardabas hoy más que otras veces, Kakashi ha ido a buscarte.
El chico bufó, exasperado. ¿Es que ese prepotente tenía que meterse siempre en su vida? No era la primera vez que se le presentaba en casa así como así, él mismo todavía en pijama, y había pasado todo el camino al encuentro con Rin informándole que le vendería un despertador decente, y que, gracias a él, en lugar de ninja parecía una niñera. Obito sabía que aguantar a solas con Kakashi era peor que cuando Rin y Yondaime estaban delante, porque al menos sus presencias lo acallaban un poco. Solo de pensar en aguantar sus pullas tan de buena mañana le hacía considerar tentador el fingir que estaba enfermo ese día, y quedarse tan a gusto en la soledad de su hogar.
-¿Y por qué no ha esperado como otras veces? –escupió molesto-. ¿Cuándo se ha marchado?
-Hace un momento. Habrá ido a tu casa -terminó de vendarle la mano y suspiró, cansada-. Ve por él, cuando le encuentres, hacedme el favor de no entreteneros. Yondaime-sensei nos está esperando en la cabaña para una nueva misión y me ha dejado encargada de esperar por ambos –cerró los ojos fastidiada-. Sabe que odio estar en medio de vuestras eternas disputas y me manda hacer algo tan molesto como eso.
-Lo siento, Rin. Me sabe mal que te tengas que molestar tú por mí… por nosotros –se corrigió inmediatamente-. Ese Kakashi, que se tenga que meter donde no le llaman, .¿no te parece muy maleducado por su parte?
Rin bajó los ojos, y Obito no se quiso dar cuenta, pero sus mejillas se encendieron, muy levemente.
-Lo hace solo por tu bien, Obito.
-Ya, por mi bien. ¿Por mi bien es hacer lo que hizo la última vez; colarse en mi casa sin avisar por la ventana de mi baño?. ¿Justo cuando me estaba duchando?. ¿Y que ni se moviera de ahí y empezara a meterme prisa desde el umbral?
-Bueno… -Rin empezó a retorcerse, nerviosa, las manos-. Ya sabes que él no soporta la impuntualidad y sencillamente querría llegar a tiempo, que no… no nos retrasáramos.
Obito suspiró. No había nada que hacer. Rin se empeñaba en defender a Kakashi a capa y espada en cuanto el moreno aprovechaba para desquitarse. Claro, siempre que el aludido no estaba delante. Pensó que ya que estaban a solas, .¿por qué no meterse con el altivo peliplateado, sin recibir insultos poco corteses por su parte? No era cobardía, sino sencillamente, ganas de quedar bien delante de la castaña. La filosofía del moreno era muy simple.
De pronto, se dio cuenta de la situación. Un poco tarde, pero así era.
Sencillamente, que Rin y él estaban solos.
Solos. Sin Kakashis ni maestros petulantes para interrumpirlos. Estaba muy nervioso. Empero no iba a desperdiciar una oportunidad así, que no se presentaba todos los días. Por fin tendría la oportunidad de hacerle ver, después de tantos años manteniéndolo en secreto, sus sentimientos por ella. ¿Por qué no? Rin tenía todo el derecho del mundo a saber cómo se sentía él, y era el mejor momento para sincerarse.
Así pues, tomó aire.
-Esto... –se dio cuenta de que, repentinamente, su boca se había secado-. Rin... Oye...
-¿Qué?
-Yo... mira... Antes de que me vaya... quiero... quiero decirte... aprovechando que estamos sin nadie alrededor... que tú... tú me... -Rin esperaba pacientemente a que el moreno acabara su frase. “Ahora o nunca”, fue el pensamiento de éste-. Tú... desde hace tiempo…
-Obito… -el rostro de Rin pasó de la calma a la repentina desazón, al intuir por dónde iban los tiros, pero ya era tarde para detener al moreno-. Obito, espera…
-Tú… ¡me gustas mucho, Rin!
Demasiado tarde.
Obito mantuvo los ojos cerrados durante un ratito por la vergüenza. No oyó respuesta alguna de los labios de ella, por lo que los abrió a ver qué ocurría. Cuán fue su sorpresa al encontrarse a la medic-nin totalmente anegada en lágrimas, contemplándole con ojos culpables. El moreno ahogó una exclamación y se apresuró a tomarla de los hombros, un poco asustado.
-Perdona Rin, .¿te ha molestado lo que he dicho? Lo... lo siento... ¡pero es la pura verdad! Yo siempre…
Rin se limpió sus ojos castaños y sonrió forzosamente.
-Obito, yo…
-Dime… ¿Te he hecho sentir mal?. ¿Es eso?
-No, no… Es que… me sabe mal… -se enjugó las lágrimas con la manga-. Lo siento mucho, pero… desgraciadamente, yo ya tengo a alguien a quien quiero, aunque seguramente jamás se dé cuenta de lo que siento por él. He estado mucho tiempo temiéndome este momento, que podía ocasionar que perdiéramos esta amistad que tanto aprecio. Obito, te quiero mucho, pero... este sentimiento es más similar a un amor fraternal que a otra cosa.
El moreno, aunque dolido, sonrió con dulzura. No podía haber esperado otra cosa... de vez en cuando se temía que era tan iluso e ingenuo como Kakashi le daba a entender.
-Entonces, ya tienes a alguien que te gusta. Debí haberlo imaginado, la culpa es mía por suponer que no te habías fijado en alguien todavía, y te he hecho sentir mal con lo que te he confesado.
-No, no es tu culpa, Obito. Créeme que si pudiera, te correspondería sin dudarlo. Incluso… incluso sabiendo que…
-Vale, Rin. No te preocupes. Es decir, tenía que intentarlo al menos. Además, tenía la corazonada de que me ibas a rechazar desde el principio –trataba de hacerla ver que no le había dolido su negativa, con poco éxito-. Mira, estoy perfectamente.
-Obito, espera, te debo una explicación –declaró la joven-. Antes de que te vayas, déjame decirte algo, por favor. Te lo debo por lo que acabas de hacer.
El moreno acarició amablemente los cabellos de su compañera, tratando de reconfortarla. Se sentía rechazado, sí, pero no por ello deseaba hacerla sentir mal, ni se iba a molestar. Si no se podía hacer nada, se conformaría tan solo con seguir junto a ella, protegiéndola de todo peligro, y siendo los mejores amigos. El dolor se acababa superando, estaba seguro. Tal vez con el tiempo…
-Sigamos siendo amigos, con eso seré feliz. ¿Te parece bien? Olvidemos este asunto, no tienes por qué explicarme nada -cambió de tema-. Bueno, iré a buscar a Kakashi para empezar la misión de hoy de una vez, que ya nos hemos retrasado demasiado -procuró no hacerle ver a Rin que lo que más deseaba ahora en el mundo era estar solo, para aclararse las ideas, para apresurarse en olvidar lo que acababa de hacer, que probablemente provocaría que la medic-nin no volviera a verle igual.
-Solo un instante, por favor.
…pero, al parecer, no le iba a dejar por el momento irse.
-Mira, Obito. Después de lo que me has dicho, me siento obligada a… verás, no te culpo por nada, pero... En fin, solo te diré que cerca de ti hay alguien que te necesita mucho más que yo y probablemente, se sienta como tú ahora. Es decir… que no solo te vea como un amigo, o al menos eso piense –se sonrojó.
-¿A qué te refieres?
La chica sorbió por la nariz.
-Es obvio.
-Que… que yo le gusto… ¿le gusto a alguien?
Rin asintió, una, dos, tres veces, muy deprisa, y su rubor se acentuó. La cabeza de Obito empezó a dar vueltas.
-No puede ser… -alcanzó a decir, aún en shock-. No tengo más amigas aparte de ti, y…
-Créeme, es la verdad. No soy tonta y conozco las señales. Probablemente le intereses de la manera en que yo creo. Aunque quiero ayudarte, no quisiera decirte quién es, claro… Solo me gustaría que, ya que lo sabes, que hicieras algo por mí.
El Uchiha se sentía en medio de una teleserie rosa. De buenas a primeras, los roles habían cambiado y era él el objeto de deseo de una persona, y no al revés. ¿Qué pretendía Rin con esa declaración?. ¿Hacerle sentir peor, o quizá, pretender que se olvidara de ella… con una mentira?
Rin, ante el silencio de su amigo, volvió a hablar.
-Obito, no dudo de la veracidad de tus sentimientos. Pero seguramente sientes algo más profundo por ese alguien, y lo encuentres más especial que yo.
-Rin, .¡pero si no conozco de quién me hablas!. ¿Cómo puedo estar enamorado de alguien que ni siquiera tengo en mente ahora mismo? Yo… Creo que me estás obligando a que me olvide de ti proyectando mis sentimientos hacia otra chica y…
-¡No! –sacudió la cabeza-. Claro que no. Como te dije, las señales son señales, y… conoces a esa persona más de lo que crees. Pero como te he dicho, tienes que descubrirlo tú mismo. Puede llegar un día en que os sinceréis y seáis correspondidos. Estoy segura de ello. Cuando eso ocurra, quiero ser la primera en felicitarte, por lo que me gustaría que me lo dijeras.
El Uchiha la miró fijamente. La medic-nin no parecía estar mintiendo. Se retorcía las manos y seguía muy ruborizada. Hablaba como si contuviese las palabras antes de soltarlas a la fuerza, como si alguien le estuviera apretando el diafragma para impedirle hablar y ella se resistiera con todas sus fuerzas. No parecía una mentira, sino como si aquello fuese un secreto que, tras haber sido dicho, le costaría muy caro. Se preguntó si acaso ya habría hablado con la chica a la que supuestamente gustaba, y por alguna razón u otra, estaba haciendo de intermediaria, o incluso, le ocultaba más de lo que le dejaba mostrar.
Era imposible saberlo, hasta poder averiguar más sobre aquella persona tan misteriosa. Y con Rin no había nada que hacer. Tenía la impresión de que sufriría un desvanecimiento si le decía más de lo que le había hecho saber.
Por ello, no le quedó más remedio que suspirar quedamente y prometérselo.
-Está bien, Rin. Así lo haré, .¿de acuerdo? No te preocupes por nada. Bueno, .¡me voy ya! No quisiera retrasarnos en nuestra misión... ¡Ahora volvemos Kakashi y yo!
-Sí... Nos vemos.
La castaña lo observó hasta que se perdió en la lejanía y, con un largo suspiro, volvió a su tarea de recoger hierbas. Lejos de la tranquilidad que denotaba al arrancarlas con el mayor cuidado, su mente era un remolino y su corazón un mar de sentimientos contradictorios. Congoja por su amor no correspondido, en el fondo, ilusión por si se llegaba a cumplir la promesa que acababan de hacer y el Uchiha era feliz.
Porque él... él tenía el triunfo asegurado con aquel que lo amaba desde el secretismo más oscuro; y no como ella, que podía asegurarse de que aquel chico por el que se desvivía apenas sabía que ella existía.
-Me pregunto si será hoy ese día en que me darás esa buena nueva, Obito –fue lo que logró decir, antes de volver a deshacerse en lágrimas.
El primer amor siempre era muy duro de superar, y más sabiendo que iba a ser realmente díficil que cierto chico objeto de sus pasiones fuera a pertenecerle, como ella quería, por tan largo tiempo como albergaba la eternidad.
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La casa de Obito ocupaba toda la esquina del barrio que les pertenecía de hacía generaciones. Imponente, se elevaba orgullosa, paredes blancas, tejado de madera rojiza, y ventanales con cortinas recién lavadas, hasta tapar el sol matutino, cada vez más brillante. El mediodía se acercaba: en nada, el barrio entero empezaría a oler a almuerzo.
Alguien se movía muy rápido dentro de la casa, por las paredes y el techo, explorándola. Cierto joven de cabellos grisáceos la exploraba en toda su extensión, sin prisa ahora, pues al inicio de sus actividades andaba presuroso en busca del moreno. La búsqueda había sido en vano. Como lo suponía, Obito ya debía estar en compañía de Rin y ésta informándole de los últimos acontecimientos. Solo faltaría él para completar el equipo.
Suspiró pesadamente. Ir a buscar él mismo al moreno no había sido muy buena idea, y menos cuando era tan partidario de la puntualidad. Aquello solo los retrasaría en la misión de aquel día. Juró por lo bajo, y se decidió a irse, tal vez por el camino pudiera encontrárselo.
Lo podía imaginar claramente. A ese tonto frunciendo el ceño, gritándole que no era culpa suya el dormirse por las mañanas, y dedicándole una surtida ristra de insultos a los que el pleiplateado no hacía ni caso. Estaba más ocupado, por supuesto, en divertirse ante la infantil reacción de su compañero, y pensando buenas maneras de molestarlo… para divertirse aún más a su costa.
Sí, Obito lo encrispaba, lo odiaba y le ponía enfermo que siempre llegara tarde, que llorara a la mínima dificultad y le suponía un estorbo. No podía comprender todavía qué pintaba en su equipo ese llorica al que nunca había visto luchar dignamente, como el resto de ninjas que Kakashi silenciosamente admiraba, de otros equipos. Pero por otra parte, no podía evitar que esa carga fuera interesante, interesante y curiosa, para él.
Oh, sí: un estorbo verdaderamente curioso. Quién lo iba a decir del mismo hijo de Colmillo Blanco. Que debajo de esa supuesta manía que le tenía a su compañero de equipo latía algo que no se ajustaba del todo a lo que expresaba. Algo que todavía no había llamado por su nombre, a lo que no deseaba ceder; pero cada vez encontraba más obstáculos para resistirse.
Obito Uchiha, sin querer, ocupaba más la mente de Kakashi de lo que a él le gustaría. Jamás había mostrado interés por nadie aparte de él mismo, pero este caso era especial. El moreno era completamente diferente de él y quizá era eso lo que más le atraía de su persona. Tan tímido, complaciente, y a menudo esa actitud pueril que se las traía… por no hablar de su facilidad para sonrojarse, y esa forma tan hilarante de conocer sus pensamientos solo con echarle una ligera ojeada en cualquier situación que se preciara.
Kakashi se culpaba a menudo de esa debilidad tan clara que sentía por Obito, y centraba sus fuerzas en que no se le notara. No deseaba sacar a la luz nada de humanidad en él que pudiera servirle luego al Uchiha para aventajarle, en cualquier aspecto que se preciara. Por ello, contenía sus instintos insultándole, rebajándole del nivel del ninja medio; haciendo ver que Obito nunca podría alcanzar su corazón, y ni siquiera podía aspirar a ser amigos. La actitud hosca que le mostraba era tan solo una fachada de lo que él quería verdaderamente hacerle. Algo que procuraba no pensar cuando estaba cerca de él, sino tan solo cuando estaba a solas y no tenía motivo para continuar con esa falsedad con la que se protegía.
A cada momento, no podía evitar preguntarse en qué pensaría, cuáles serían sus miedos más profundos. Si realmente era tan ingenuo como daba a entender, a qué se debería esa timidez en él tan exagerada, y el motivo por el que su autoestima era tan baja que ni siquiera podía replicarle como era debido en sus múltiples discusiones. Si habría alguna manera, solo una, de que viera, sin que su orgullo quedara mancillado, lo mucho que distaban sus auténticos sentimientos con lo que le mostraba.
A quién pertenecería su corazón...
Al llegar a esa pregunta, Hatake siempre apretaba los puños tratando de contener su ira. Esa vez no fue una excepción. Hasta la fecha no había visto a Obito muy entrado en ese tema, no obstante, no era tan tonto como para negar lo evidente. Sabía que solo le podía gustar Rin, aunque, de momento, para su alivio, era un amor no correspondido.
Kakashi no entendía qué veía en ella. Era una chica como tantas otras. De acuerdo, era muy amable, verdaderamente buena curando e incluso peleando como ninja... pero no dejaba de ser alguien común y corriente, a la que jamás prestaría atención. Le ponía enfermo ver cómo se desvivía por ella en vano, y sus múltiples intentos por acercarse a ella sin conseguir más que una sonrisa amistosa por su parte. Le molestaba que Obito no fuera consciente de la forma en que quedaba en ridículo, además, de que reconocía con desgana de que no se sentía precisamente contento de que algo llamara el interés del chico, y por un momento, aquellas pequeñas discusiones entre ellos quedaran temporalmente olvidadas.
¿Celos, tal vez? Bueno, Kakashi nunca había sentido esos instintos tan dominantes, así que desconocía la terminología propia del amor, pero sí tenía muy claro que, de no ser porque no tenía duda ninguna de que Rin solo veía al moreno como su más querido amigo, ya se hubiera encargado de quitarla de en medio. Y lo tenía tan claro desde que había averiguado, en una conversación a solas, que su corazón solo le pertenecía a alguien en especial, que nada tenía que ver con ellos.
Oyó de improviso la puerta abrirse con un chirrido. Se dio la vuelta con gran rapidez, frunciendo el ceño, y tensando su cuerpo. Obviamente, no esperaba a nadie: aquella casa no le pertenecía y a esas horas, todos los equipos estarían esperando y las gentes del pueblo disfrutando de su almuerzo. O era quien pensaba –lo cual no tenía mucha lógica, porque lo más normal era que siguiera esperándolo en el bosque con Rin-, o era un intruso cuyo objetivo era robar ahora que suponía la casa vacía de todo propietario.
Así pues, se sujetó con su chakra al techo, a la espera. Quién sabe quién podría ser, el ambiente de aquellos meses había estado tan tenso con las guerras que podía esperarse cualquier cosa. Por si acaso, se limitó a permanecer oculto, esperando por tomar al individuo, fuera quien fuese, por sorpresa, y le daría una lección que no olvidaría con sus técnicas que pocos podían superar: las de un recién estrenado ambu.
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Obito llegó a su casa tras haber pasado todo el camino divagando. Se sentía estúpido, y también, bastante descorazonado, por lo que acababa de pasar.
Maldita sea. Toda su existencia suspirando por ella, se armaba de valor para confesarle lo que realmente sentía, y al final resultaba que Rin no lo correspondía y, para colmo, le hacía creer que había otra chica a la que gustaba y que probablemente a él también. Una excusa tan rebuscada como desesperanzadora. Obito le tenía mucho cariño a Rin, empero reconocía que no había sido la mejor forma de zanjar el asunto por su parte. Incluso se sentía molesto. ¿Por qué no había dicho esas frases prefabricadas que ya existen para rechazar a alguien? Como el “te quiero mucho, pero no estoy enamorada”, “solo me gustas como amigo”, o “quizá con el tiempo, pero ahora no”. Había una larga ristra de excusas, poco originales, pero las más comunes, y nadie se enfadaba si se les daba una.
Pero qué va, Rin tenía que ser especial y darle falsas esperanzas con otra persona, que supuestamente existía, y dejarlo más confuso y acongojado que antes de saber que no era correspondido.
Avistó su casa en la lejanía y apuró el paso, ceño aún fruncido. Qué cruel era la vida... ¿Por qué nada salía como él quería?
-Mejor dejo de preocuparme ya por eso. Ya pasó, si Rin no puede ser feliz conmigo, al menos que lo sea con aquel a quien ame. Aunque sigo pensando si aquello era o no verdad…
Sacudió la cabeza. Tal vez debería dejar de pensar en ello. Se prometió a sí mismo encontrar de una buena vez a Kakashi, probablemente aún en su casa, y desear que aquel día desastroso pasara lo más rápido posible.
El moreno abrió la puerta de su hogar y echó una ojeada rápida. A primera vista no había nadie. Su casa estaba vacía, y lo seguiría estando por los siglos de los siglos, pues ni tenía padres ni le hacían falta. Aunque reconocía que siempre tener a la soledad como única compañera no era nada agradable y, que incluso en ocasiones, le alegraba el pasar varios días fuera, en misiones, por muy mal que salieran: estar junto a personas –inclusive Kakashi, por mucho que le costara reconocerlo- solía alegrarlo más de lo acostumbrado.
Se interrumpió cuando, repentinamente, una figura esbelta salió de la nada y lo derribó, cayendo sobre su pecho, y dándole un gran golpe contra el suelo de tatami.
-¡Eh! –el moreno articuló un sonido de sorpresa, resbaló y cayó al suelo cuan largo era. El individuo lo contempló sentado en su cintura. Obito, muy asustado al principio, frunció el ceño al identificarlo.
-¡Oye tú! –el peliplateado no había desperdiciado la ocasión para sorprenderlo, como ya era costumbre-. ¿Qué se supone que haces?
-Ah... debí imaginarlo -murmuró el peliplateado, neutro. Intentaba sonar como si fuera cosa de todos los días asustar a Obito cayendo de repente encima de él, y tenerlo inmovilizado en el suelo. No había sido de momento su intención, pues desconocía su identidad hasta que se le había echado encima, empero, toda precaución era poca cuando debía evitar un supuesto robo.
-¡No digas “debí imaginarlo” con ese aplomo! –Obito se revolvió bajo el cuerpo de su compañero, tratando de liberarse sin éxito-. ¿Qué pretendías atacándome en mi propia casa, eh? Ahí subido tan tranquilamente en el techo, .¿qué crees...?
-Inútil, .¿es que no piensas siquiera el motivo que me llevó a hacerlo?
-Eh…
-Pensé que podría ser un enemigo. ¿No sabes acaso que estamos en guerra o qué? Un intruso podría haberse colado aquí tranquilamente y tú sin enterarte –resopló con desgana-. No llego a estar yo y a saber qué hubiese pasado.
-¡Pero si no era ningún enemigo!. ¡Era yo!. ¿No lo ves? No tienes ningún motivo para seguir cortándome el camino, .¡bájate de mí de una buena vez!
Los pataleos del moreno terminaron por hacer perder la paciencia a Kakashi, quien, resoplando con disgusto por el numerito, se ajustó más en las caderas de su compañero, y sus brazos apresaron sus muñecas, dejándolo en una situación en que tenía muy pocas posibilidades de salir del paso.
Obito contuvo la respiración por unos leves instantes. Kakashi no parecía exactamente tener ahora esa actitud desdeñosa con él… parecía incluso enojado, y se tragó los insultos que pensaba dirigirle de golpe. Sus manos apresadas por las de él, sin posibilidad de quitárselo de encima por estar justo en sus caderas, le hacían quedar en una degradante posición en que poco podía hacer por falta de movilidad. Quedó quieto, lo que cumplía el objetivo del peliplateado, al menos de momento.
Su máscara ayudaba a ocultarlo, por suerte. Kakashi no cabía en sí. Era la primera vez que se encontraba en ese tipo de situación con alguien, y, por supuesto, el hecho de estar ahora mismo a solas con el objeto de sus deseos constituía un gran momento que no debía dejar pasar. Un momento en que podía, subrepticiamente, averiguar las cosas que deseaba saber de Obito. Disfrazándolo de una simple inspección, con su antipatía acostumbrada, dudaba de que el Uchiha pudiera replicarle. Tal vez lo subestimaba, pero no tenía elección si tanto deseaba sucumbir a su curiosidad por el joven.
-Desgraciadamente, no puedo hacer eso –le hizo saber, intentando parecer serio.
-Eh, .¿por qué? –parecía que la saliva había vuelto a su lugar de origen, pero Obito seguía consternado.
Kakashi suspiró y aumentó la presión en las muñecas del moreno, sus ojos mirándolo más amenazadoramente si cabe, y Obito mirándolo con una incredulidad tal que había dejado de resistirse.
-Hoy estás un poco espeso, .¿no? Naturalmente, no puedo dejarte ir sin saber tu verdadera identidad. ¿Cómo voy a creerme de buenas a primeras que eres el mismo llorica que está en mi equipo y no un poderoso enemigo de las villas con quienes estamos en guerra?
La primera reacción de Obito fue reírse a carcajadas, sin embargo, optó por dirigirle un insulto que llevaba tiempo teniendo en la punta de la lengua.
-¡Estás chiflado! –ya no estaba confuso, ahora empezaba a enfadarse de verdad. ¿A cuento de qué Kakashi le venía con esa historia? Era perfectamente inteligente como para discernir que se trataba de él realmente y no cualquier enemigo-. ¿No crees que es muy temprano para reírte de mí?. ¡Soy Obito Uchiha, y lo sabes! Ahora deja que me levante o me veré obligado a…
-¿Y cómo sé que no me estás mintiendo?
Kakashi, sin variar la postura en que estaban –que comenzaba, quiérase o no, a ser algo incómoda para ambos-, llevó una de sus manos a su máscara y se despojó de ella, mostrando al sorprendido Obito su rostro.
El Uchiha se tragó todas sus protestas de golpe. Era la primera vez que tenía delante al peliplateado sin aquella máscara negra. Un escalofrío lo inundó de pies a cabeza, y una inexplicable marea blanca se hizo con su mente, vaciándola de toda racionalidad. Extrañamente, sus ojos no perdieron contacto en ningún momento de la piel que había quedado al descubierto solo para él en aquel preciso instante: unos rasgos agraciados, finos y jóvenes, una mandíbula fuerte, pómulos duros cubiertos de piel cremosa. Nada que Kakashi se hubiera visto obligado a ocultar durante tantos y largos años, alimentando más y más el misterio de qué horrible y sanguinolienta cicatriz de guerra estaría escondiendo, o bien un rostro tristemente desfigurado.
Un débil lazo de intrínseca unión entre ellos fue del todo visible para Obito, una vez ese detalle tan íntimo de Hatake le fue revelado, y, por una vez, sus palabras tomaron un cariz amable, casi involuntariamente.
-¿Por qué te has quitado…? –murmuró en un hilo de voz.
-No me has dicho cómo me llamo todavía, Obito, si es que eres el verdadero -le interrumpió Kakashi en tono monocorde.
El aludido, volviendo a la realidad, abrió la boca para responder. Kakashi, con o sin máscara, seguiría siendo el mismo presumido que lo humillaba sin razón aparente, y por mucho rostro que le hubiera mostrado, a él entre unas pocas personas, no le daba derecho a que le siguiera tomando el pelo.
-¿Vas a seguir mucho tiempo con esto? Empieza a aburrirme este juego –frunció el ceño, sin querer dar a entender su incipiente incomodidad por la cercanía de su compañero, e intentó desasirse de su agarre una vez más sin éxito.
-No es nada que esté muy alejado de tu comprensión, enclenque –el peliplateado apretó los dientes, empezando a perder la paciencia. Aquel momento que empezaba a teñirse de mórbida tensión iba a quebrarse e iba a quedar él en ridículo si Obito no respondía sus insinuaciones. Forzó un tono más amenazante-. Llámame por mi nombre, tan solo. Una sola vez, alto y claro, y podré dejarte marchar. Si te niegas a hacerlo, por las circunstancias que sean… a la fuerza tendré que arrancártelo de la boca.
El joven Hatake se inclinó hacia Obito, decidido. No se dejó impresionar por la expresión de pavor de su compañero de equipo. Tenía muy claro de que, si quería satisfacer su curiosidad por aquel joven, algo tendría que hacer al respecto. No deseaba bajo ningún concepto pasar el resto de su vida pensando en cómo debía saber, o si era suave al tacto. Más aún si él también escondía algo por él, o si podía llegar a obligarle a sentir en aquel momento de confusión. Era una oportunidad que no iba a dejar escapar.
-Evidentemente, algo has debido comer que te ha sentado mal.
-¡Deja de evadir el tema! Hazlo de una buena vez. Di “Kakashi” y te suelto. Y no creas que podrás desasirte tan fácilmente –añadió al ver cómo Obito, hastiado y confuso por la situación, buscaba un kunai-. Sabes que te tengo ganas desde hace tiempo y te atacaré con todo mi arsenal.
Obviamente, lo de tener ganas tenía otra connotación, no obstante, Obito no era capaz de asociar ningún tipo de idea en aquel tipo de situación.
-No pienses que voy a rebajarme a lo que tú me ordenes –le espetó, haciendo especial hincapié en el “tú”-. No diré nada en absoluto.
Una sonrisa de Kakashi, quien, evidentemente, esperaba de buen grado que el orgullo del Uchiha saliera a flote y se negara a hacerle caso, apareció en sus finos labios. Ahora sí que aquello era perfecto. Podría justificar sus actos siguientes como una forma de identificar al verdadero Uchiha, y no quedaba en duda de que Obito era tan ingenuo que se creería que toda aquella parafernalia no tenía nada que ver con lo que Kakashi realmente anhelaba de él.
-Tú lo has querido entonces. Te lo haré decir… aunque sea de una forma un tanto inusual.
Hasta entonces, Obito nunca se habría imaginado que Kakashi hubiera querido decir con “inusual” a rozar levemente, muy levemente, su rostro, ahora petrificado por el estupor con una de sus curtidas manos, recorriendo sin prisa su mejilla, la línea hasta su barbilla, y, por último, comenzara a pasar sus dedos sobre ésta última, acariciando cauteloso la suave piel del Uchiha, paralizado, expectante ante la posible tortura denigrante que Kakashi le tenía preparada, y que probablemente, implicaría mucho dolor. Cerró los ojos, y apretó los puños, furioso, esperando en cualquier momento un puñetazo, o un jutsu poderoso que le hiciera rendirse, una vez más, a sus deseos.
Sin embargo, nada de esto ocurrió.
La curiosa mano de Kakashi dejó de moverse subrepticiamente para convertir su gesto en una oficial caricia, que enseguida pasó al cuello del moreno, maravillándose ante la tersura que presentaba y, gratamente sorprendido, de que Obito se estuviera dejando hacer sin protestar en lo absoluto. Lo observó con ojo crítico. Su cuerpo estaba absolutamente en tensión y sus labios apretados en una fina línea, decidido a apechugar con lo que viniera, y no decir nada de lo que Kakashi pudiera considerar que tenía el juego ganado. Orgullo contra orgullo, aquél era el juego en que alguno de los dos tenía que perder… Y ninguno de los dos deseaba ser vencido por el otro.
-¿Hablarás? –se atrevió a decir Hatake, sabiendo de antemano la respuesta. La mirada fulminante que le dirigió Obito fue más que suficiente para contentarse-. Allá tú. Pero no voy a tener tantos miramientos a partir de ahora.
Posó delicadamente sus labios en la base del cuello del moreno, apenas rozándolo, lo que sirvió para sacar del provisional aletargamiento al moreno, quien dio un brinco y una pequeña exclamación de sorpresa salió de sus labios, no así, el nombre de su compañero. Se revolvió un poco, pero, al contrario de lo que Kakashi esperaba, no hizo aspavientos ni gritó. Solo susurró muy bajito:
-¿Qué... crees... que haces?
La forma de pronunciar aquellas palabras, tartamudeando en el proceso, y su cuerpo temblando por la nueva sensación de los labios del peliplateado aún en su cuello, moviéndose sobre él sin llegar a más que una simple caricia con los mismos, hizo estremecer involuntariamente a Kakashi, en contra de su voluntad. Separó sutilmente sus labios de la base del cuello de su compañero, notando cómo éste subía y bajaba al compás de la respiración de Obito, ahora, empezando a aligerarse un poco por la tensión del momento.
Frunció ligeramente el ceño. Lo más sorprendente, era que Obito había dejado de dirigirle punzantes pullas contra él, de revolverse como una anguila y de protestar por el agravio que estaba sufriendo: en el último minuto se había quedado completamente en tensión, con una expresión de estupor y, al mismo instante, de confusión entera, y apretaba a menudo los dientes, tratando de contener cualquier palabra que pudiera hacer entender a Kakashi que se había dejado vencer. Sorprendente, pero aun así, le daba pie a continuar.
Presa de sentimientos contradictorios, entre la culpa por engañar a su compañero por su solo deseo abrasador que le carcomía, Hatake volvió al cuello de su compañero, esta vez, mordiéndolo con suavidad, degustando su sabor, arráncandole al moreno otro suspiro, repitiendo la pregunta anterior, más jadeante que la última vez.
-Solo compruebo que eres tú. Relájate, si no te tomaré como un enemigo y la tendremos.
-Pe... pero...
Dejó de hablar en cuanto volvió a sentir al peliplateado, y regresó a su estado original: dientes apretados, sus ojos fuertemente cerrados, y parálisis absoluta. Kakashi podía estar intentando algo fuera de lo común para hacerle hablar, una nueva forma de humillarle, pero no le iba a dar el gusto jamás. Por muy bien que se sintieran sus caricias, esos pequeños lametones en la base de su cuello, la sensación de que poco a poco iba a más, inevitable y deliciosamente… solo se trataba de una mera técnica, algo bizarra, pero no por ello debía asustarse, gritar, o más aún, abandonarse como supuestamente Kakashi le incitaba a hacer; de vez en cuando observándole para ver sus reacciones.
Extrañamente, Obito tenía la impresión de que su cordura se había ido de vacaciones. Su mente estaba completamente en blanco, era todo sensaciones y disfrute lo que su cuerpo albergaba por las suaves caricias que Kakashi le proporcionaba en el cuello… y ahora sus manos, pasando con suavidad de su rostro a su camisa, levantándola suavemente, pero sin llegar de momento a tocar su piel. La sensación de su boca lamiendo su cuello, atreviéndose a más, sus manos acariciando su piel estaban acabando con su autocontrol y su voluntad. De su boca apretada en una fina línea empezaban a salir inoportunos jadeos que lo colocaban en una situación muy incómoda, y se maldecía por darle, sin que él pudiera evitarlo, el gusto a Hatake.
-Mmh… -no podía negarlo, lo estaba disfrutando, y en el fondo, deseaba, no, rogaba por hacer que ese contacto se incrementara, aunque no sería por él mismo, atrapado como seguía bajo Kakashi, y con la cabeza vacía de raciocinio.
El ambu sonrió ante la inocencia del moreno y empezó a mordisquearle, ahora, el hombro. Sus manos, que habían empezado a acariciar la piel tersa de su vientre, se atrevieron incluso a explorar un poco más abajo, ocasionando un pequeño gemido por parte del moreno, más claro que la vez anterior. Sin embargo, aún se resistía en articular más que sonidos ininteligibles, lo cual, en el fondo Kakashi agradecía para no verse obligado a detenerse. Su hábil mano no tardó en desabrochar, poco a poco, tortuosamente, el pantalón del moreno, mientras la otra continuaba sujetando las de Obito. Su sumisión le era muy favorable, pero no había previsto que fuera a durar, y menos cuando pretendía… llegar a mucho, mucho más.
Sin más, acabó desabrochar del todo el pantalón, dejando al descubierto su ropa interior. Sin embargo, no quiso de momento seguir por ahí. El peliplateado tenía algo pendiente de mucho antes; sentía que iba a desfallecer si no besaba ahora al moreno; besarle de verdad, aunque luego fuera a morir y no poder contarlo. Tenerlo bajo sí y no sellar sus labios era un pecado, y se dispuso a hacerlo, todavía con la extraña sensación de culpa y algo de aturdimiento por la pasividad del Uchiha.
Observó que la expresión asustadiza de Obito se había volatilizado para ser sustituida por una de placer candente. Seguía tenso, pero sus mejillas se habían coloreado terriblemente, y su cuerpo semidesnudo empezaba a cubrirse de una película de sudor más que visible. De su boca cerrada en un orgulloso mohín salía un gemido ocasional, y de su cuerpo, un estremecimiento más que notable. Esto lo excitó terriblemente, y por tanto, decidió no pensarse más lo que iba a hacer. Sus labios se acercaron sospechosamente a los del moreno mientras sus manos seguían con el reconocimiento corporal.
-Oye… -susurró Obito, vislumbrando a Hatake a milímetros de sus labios, insinuante, decidido. Se maldijo por ser tan débil ante sus tácticas, y al mismo tiempo, le maldijo a él por ir tan despacio, por aumentar su tortura-. Yo... Verás, deberíamos...
-Ssshh...
Si Obito hubiese querido decir algo, no hubiese podido, pues fue inmediatamente silenciado por el peliplateado. Sus mejillas adquirieron un tono carmín más pronunciado, y jadeó sin resistirlo más cuando la lengua de su compañero empezó a chocar contra sus labios, ansiosa, deseosa por más contacto; pero no por ello la rechazó, sino que abrió más la boca para dejar escapar con mayor libertad sus suspiros y se abandonó definitivamente a aquel beso, que tomó un cariz más devastador en segundos siguientes. Tímidamente, fue subiendo sus manos hasta posarlas en el cuello de Hatake, profundizando el ardiente contacto. Al tiempo que besaba al moreno, Kakashi tanteó muy levemente la base de la entrepierna del mismo, por encima del pantalón. No quería llegar a tanto de momento, solo deseaba disfrutar de la sumisión de Obito, y de su incitante sabor, y no quería profundizar el contacto. Ese beso, en definitiva, le provocaba que se olvidase de todo lo demás.
La piel de Obito se erizó en cuanto Kakashi aumentó más si podía la intensidad del beso, que se tornó más húmedo y demandante. Su terquedad por no mostrar un signo de debilidad ante su eterno rival se había evaporado como el humo, solo le preocupaba seguir ese beso, corresponder a la violencia que éste marcaba, enredar su lengua con la de Kakashi de forma más violenta si cabía. Una mordida en el labio inferior le hizo gemir más pronunciadamente, y el agarre de sus manos en la camiseta del joven ambu se incrementó, casi arrancándole la camisa de pura necesidad. No tardó en volverlas más activas, en bajar por la espalda de Kakashi, sudorosa también de excitación y clavarle las uñas; las sensaciones agolpándose más rápidamente en su corazón, y ahora, sin poder remediarlo, en su entrepierna, que empezaba a latir, urgente. Se sentía en el séptimo cielo.
Por falta de oxígeno, el Uchiha rompió el beso, jadeando como si hubiera corrido una carrera, dejando restos de saliva, que brillaban en los labios de su compañero, ambos compartiendo el mismo tono rosado de las mejillas, su corazón palpitante y sus extremidades temblorosas por la excitación. El contacto visual fue salvaje, desgarrador. Obito se sentía desfallecer ante los ojos de Kakashi, sin ahora burla, sino contemplándolo con un deseo que lo quemaba, y no dudaba de que fuera del todo verdadero. También su avidez rugía en sus entrañas, algo le indicaba que no debía parar esa súbita corriente de sensaciones totalmente nuevas para él, empero no pudo evitar que, tras un pequeño instante cargado de silencio, su mente le golpeara como una estaca, y su raciocinio volviera de golpe.
Aprovechó que Kakashi se había distraído mirándole, para apartarlo rápidamente de un empujón y retroceder, mirándolo horrorizado, luchando contra el instinto de huir de allí.
-¿Qué pasa? –inquirió Hatake, frunciendo el ceño ante el cambio de planes. La mirada vidriosa de Obito, repleta de deseo insatisfecho, acababa de volatilizarse y ahora se encontraba apoyado contra la pared, contemplándole con una mezcla de horror y culpabilidad, respirando entrecortadamente por la realidad que lo había golpeado.
-Kakashi… -una de sus manos se elevó hasta agarrarse la camisa en la zona del pecho-. ¿Qué crees que estás haciendo?
El peliplateado lo contempló, asombrado, para después regresar a su expresión neutra acostumbrada. ¿De qué hablaba Obito ahora? La atmósfera de placer en que se habían visto envueltos se empezó a disipar; ya no más contacto entre ellos, la mirada lujuriosa del Uchiha sustituida por el rechazo.
-¿De qué hablas? –intentó parecer, sin éxito, despreocupado.
-¡Eres un enfermo! –Obito gritó antes de poder contenerse, todavía en su posición inicial, acurrucado contra la pared. Su ceño se frunció y su boca habló por sí misma-. ¿Cómo se te ocurre, de buenas a primeras, meterme mano y luego hacer como que nada ha pasado?
-Si no me equivoco, no era yo el que hace unos minutos estaba gimiendo debajo mío –¿a qué venía esa actitud, cuando el moreno había disfrutado tanto o más que él aquel beso? Y todo lo demás, si se le permitía decirlo.
-Eso… ¡Eso es inevitable cuando alguien te está haciendo ese tipo de cosas!. ¿Se puede saber qué clase de técnica para hacerme hablar es ésa?
Kakashi resopló con fastidio. Vale, en un principio la idea era aprovecharse de la situación, pero no se podía creer que el Uchiha fuera más ingenuo de lo que pensaba. ¿Todavía seguía pensando en la estúpida excusa de hacerle hablar por medio de un par de besos y caricias por el cuerpo? Por favor, .¿a qué persona normal se le ocurriría hacer hablar a otra por medio de un beso tan abrasador como el que habían compartido?
-Sigues siendo tan inocente que a veces me causas naúseas, enclenque –Kakashi se acercó a Obito, quien retrocedió en vano, pues la pared estaba justo detrás de él. Lo contempló, apretando los dientes, intentando ocultar su vergüenza. Su boca se torció en una mueca de odio.
-Eres un bastardo –siseó-. Me largo de aquí. Y no se te ocurra seguirme, porque, a pesar de que no pueda vencerte todavía, aún me quedan fuerzas para hacerte bastante daño si quiero.
Obito, aun sabiendo que había muy pocas posibilidades de que Kakashi, que nunca quedaba satisfecho por nada, le dejara marchar alegremente y olvidaran aquel suceso, se incorporó violentamente, apartándole de un empujón para salir de allí, para volver a la realidad. Una vez pasado el momento de placer, su cabeza era un torbellino de dudas, odio, vergüenza. Su mente no cesaba de recriminarle lo que había pasado, las posibles consecuencias, lo que ocurriría si a Kakashi, al que parecía haber roto la diversión de golpe, se vengaba contándolo, contando cómo le había engañado sin piedad.
Hatake lo tomó desprevenido, cogiendo uno de sus brazos inmovilizándolo. El moreno dio un grito al sentirse aprisionado.
-¿Adónde te crees que vas? –preguntó, sus dientes entrechocando de la furia. ¿Esas tenían?. ¿Primero se abandonaba, y ahora le dejaba ahí plantado, sin explicaciones, con sus ilusiones rotas y su orgullo herido?
-Obviamente, no me voy a quedar aquí para que sigas humillándome como quieres. Me largo con Rin y el sensei.
-Tú no vas a ninguna parte.
Obito se volvió, con ganas de golpearle. ¿Qué demonios se creía?. ¿Que podía hacer con él lo que se le viniese en gana?. ¿Qué podía confundirle de esa forma, hacerle sentir esa deliciosa fusión con él, llevarle al séptimo cielo, cuando sabía que detrás de ello, Kakashi solo buscaba reírse de él, avergonzarle? Era increíble que se estuviera enfadando por no seguirle el juego, cuando precisamente había sido Hatake quien lo había comenzado. Sintió deseos de llorar de frustración, de la intensidad de lo que empezaba a sentir, del odio por la indiferencia que parecía mostrar Kakashi, todo.
-¿De qué coño vas?. ¡Deja de decirme lo que tengo que hacer y lo que no, imbécil! –Obito tiró de él, empero Kakashi lo mantenía aprisionado tan fuerte y dolorosamente que le fue imposible. Siguió gritándole, como única arma defensiva que ahora tenía en mano.
-Lo haré siempre que quiera –los ojos de Kakashi relampagueaban, de nuevo el ansia por tener a ese moreno bajo suyo otra vez, el odio, la herida traspasando por sus venas-. Y más si es a ti a quien concierne, si es algo que concierne a los dos, como lo que acaba de pasar.
-Esto es solo una broma muy pesada de tu parte, y no estoy dispuesto a participar en ella. Suéltame de una vez, o…
-¿O qué?
El tono de Hatake no había sido precisamente del odio del que empezaba a teñirse. Había sido ronco, esclarecedor. El joven no respondió a la réplica de su compañero y se limitó a devolverle la mirada con desafío, ahora, sin forcejear. Un asfixiante silencio empezó a formarse entre ellos, lleno de esencias de la pasión desatada minutos antes, de la confusión de ambos, de fuertes sentimientos no expresados con palabras.
El moreno se vio a sí mismo, en cuestión de segundos, de nuevo en los brazos de Kakashi. Éste había tirado de él hasta fundirlos a ambos en un apretado abrazo, que los estremeció a ambos. Un pequeño forcejeo al principio no fue nada para el ambu, quien lo atrajo hacia sí con violencia, con desespero. Como si nunca quisiera dejarle marchar. Obito, odiándose a sí mismo, contuvo las lágrimas y cesó sus meneos, pero no le devolvió el abrazo.
-¿Qué harás? -volvió a repetir en su oído, susurrante, cálido-. ¿Le contarás a todo el mundo cómo te inmovilicé en el suelo?. ¿Les dirás que te toqué así?
Una de sus manos pasó por su espalda. El Uchiha apretó los dientes, sucumbiendo de nuevo al temblor anterior, de cuando los dedos de su rival lo estaban acariciando en el suelo, a otro ramalazo de aquella extraña sensación que lo hacía querer llorar y al mismo tiempo, entregarse a esas caricias sin querer pensar en el después, en porqués. Atormentado por esos deseos, se silenció, y simplemente, se mantuvo tenso, recibiendo el cariño del peliplateado, pero no correspondiendo a él.
-¿Que por mucho que te esfuerces en ocultarlo, querías más de esto?. ¿Que no dudé en besarte, y tú, a tu vez, no dudaste en hacerme saber... -un pequeño beso en su cuello fue suficiente para arrancarle un pequeño suspiro que le servía para constatar su interrogatorio-... que andabas ansioso por más?
-Imbécil -solo murmuró Obito, incapaz de ser más elocuente. Pero Kakashi se dio cuenta de la nota de derrota que había en su voz-. Si contara eso, saldría yo más perjudicado que tú. No soy tan estúpido como imaginas.
Kakashi sonrió levemente, conteniendo una réplica cínica e ingeniosa al insulto. Reconocía que al principio se había sentido dolido por la indiferencia de Obito, sus ansias por salir de allí, su rechazo... pero lo conocía más que eso, y sabía que se encontraba así por la confusión del momento, por su extrañeza ante su comportamiento. De ahí que hubiera detenido el intento de librarse de él, y de reprocharle que aquello era una broma enferma por su parte.
Ninguno de los dos hizo nada por apartarse, ni nada se dijeron en el intervalo en que estuvieron así. El Uchiha suspiró, derrotado, y sus manos se cerraron en torno a la cintura de su rival, atrayéndolo más contra sí. Aunque ahora parecía que Kakashi le daba pie a alejarse de él si quería, extrañamente, se sentía muy bien en esa posición, por lo que se limitó a embriagarse en la dulce sensación de sus brazos alrededor suyo.
Simplemente, era más de lo que podía evitar.
-¿Qué quieres exactamente de mí, Kakashi? -deseaba saberlo, ahora hablaba totalmente en serio. Era demasiado extraño para tratarse de una broma, aquel ambiente demasiado íntimo para que no tuviera una pizca de veracidad en él.
-Todo.
Esa sola palabra para expresar la magnitud de sus sentimientos por el Uchiha le parecía ínfima, pero no encontraba otra forma de expresarle lo mucho que significaba para él.
-Eh…
-Quiero tu cuerpo –le reveló, besando la base de su cuello suavemente, ocasionando en su compañero un pequeño respingo-. Pero no me conformo solo con eso. También quiero tu mente, tus pensamientos solo para mí. Y…
No fue capaz de pronunciar, orgulloso como era, lo más preciado para él, así que, separándolo un poco de él, se limitó a posar una mano en el pecho del moreno, esperando que con ese gesto Obito entendiera lo que deseaba decir. Los latidos violentos de su corazón lo satifacieron, Obito estaba tan nervioso como él. Sin embargo, el Uchiha, si supo de ello, no le hizo saber nada a Kakashi. Cerró los ojos resignado.
-¿Por qué?. ¿Por qué ahora me haces esto, por qué después de…?
-Simplemente, es lo que siento. No todo tiene que tener un porqué, Obito.
La simple mención de su nombre significó para el Uchiha más que cualquier otra palabra de Kakashi. Era la primera vez que lo llamaba por su nombre así: el peliplateado lo había pronunciado no con un deje de desdén, de ironía, sino de forma pura, teñida de amabilidad. Se dio cuenta de que sonaba precioso en sus labios. Simplemente Obito, no inútil, molestia o enclenque.
Su mano tanteó hasta llegar al pecho de Hatake y la posó allí, como había hecho antes con él. El ritmo del corazón había aumentado considerablemente, retumbando bajo sus dedos temblorosos con violencia, desnudando interiormente al ambu, mostrando su debilidad por él, el torrente de cosas que quería decirle, más intensas después de tanto tiempo guardadas para sí, en un ambiente que, después de todo, estaba en silencio.
-¿Te convences ahora, llorica? -Kakashi sonrió, tratando de ocultar su turbación por verse descubierto completamente.
Obito sonrió con torpeza. Se retiró de ahí y envovió el cuello del ambu, sus dedos jugando con sus cabellos grisáceos.
-A no ser que te hayas corrido una maratón antes de venir, supongo... que te lo has trabajado para hacerme creer todo esto -declaró con inocencia.
Sus ojos se encontraron, unidos en una fuerte tensión eléctrica. Sus labios no tardaron en unirse de nuevo, demandantes. Un nuevo beso volvió a sumergirlos en la atmósfera de antes, esta vez más suave, más entendible para ambos, declarándose por medio de aquella caricia sus más oscuros secretos, teñidos aún de contradicción entre el deseo y lo que les esperaba una vez saciados sus instintos. Se miraron, frente contra frente, sus manos acariciándose por doquier.
-Vayamos a un lugar más cómodo –se atrevió a manifestar el ambu, reprimiéndose para no cargar a Obito hasta la cama más cercana sin pedirle explicaciones, intentando saber si realmente quería llevar a término aquello tanto como él.
Obito no necesitó responder. Con una tímida sonrisa, que también encerraba cierta picardía, se dejó arrastrar al dormitorio. Y para Kakashi, significó aquello como la mejor comida que le pudieran ofrecer a un peregrino después de años encerrado en la soledad, el sufrimiento, y el hambre de ser amado.
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Se habían dejado caer en los brazos del otro, piel con piel, sin nada que ocultarse, dando de nuevo rienda suelta a su pasión, en el amplio lecho de Obito. Sus últimas palabras habían sido las pronunciadas por Kakashi, manifestando su deseo de terminar lo empezado, y aquella declaración indirecta que, para Obito, le era suficiente para dar de nuevo una oportunidad a su corazón, y dejarse llevar sin querer preguntar nada más. Habría tiempo para ello una vez se hubiesen saciado del otro, una vez se hubieran desprovisto de las ganas que se tenían, se hubiesen embriagado de sí. Tenían tanta ansia del cuerpo del otro que ambos creían que iban a explotar por el ardor.
Kakashi no podía creer que Obito fuese capaz de excitarlo más que cualquier otra persona. Ya había tenido encuentros pasionales antes, pero el moreno era el primero en encenderlo de esa manera tan salvaje. Sus ansias por poseer el cuerpo del Uchiha iban en aumento: no podía creer que llevara toda su vida deseándolo y que ahora estuviesen así... Con el moreno bajo suyo, gimiendo ahora sin ningún reparo, sus uñas clavándose en el colchón de la cama, incitándolo a seguir proporcionándole aquel inmenso placer, a seguir dando vueltas en aquella intempestiva espiral de lujuria.
Obito, presa del placer, se deshacía sin reparos en ruegos hacia su compañero, obsesionado con llegar al punto cúlmine, mientras se preguntaba, todavía con algo de capacidad para considerar la situación de un modo razonable, qué había sido de su inhibición anterior. Se había esfumado como el viento. Quería a Kakashi, sentirlo como suyo él también, llenarse de su presencia, disfrutar al máximo cada uno de sus besos, que lo poseyese, sentirlo enteramente. No podía esperar. Ni en sus más salvajes fantasías hubiera imaginado que dentro de él se escondiera una salvajedad de sentimientos tan intensa por su compañero, que estuviera ahora sin más con él en su cama, que, lo más sorprendente, fuera correspondido, y se sintiera todo tan, pero tan estupendamente bien.
Kakashi llegó a un punto en que le resultó incontenible su fuerza de voluntad, por lo que se incorporó del vientre del moreno, hasta llegar a sus labios, los cuales besó, lleno de pasión, y acabó acariciando con sus dedos, en una más que directa petición.
-Lo siento, pero no puedo más, Obito –se explicó, respirando agitadamente.
Dirigiéndole una sonrisa cansada, lamió con gusto los dedos que el ambu le ofrecía, pues no por nada compartían la misma ambición: sentirse como parte del otro. Y para el Uchiha, que también se desesperaba por conocer cómo sería ser parte del mismo ser que su compañero, se apresuró a levantarse levemente, hasta quedar sentado encima de las caderas del peliplateado.
-Iba a decir lo mismo acerca de mí –se explicó.
La pregunta de Kakashi, sorprendido por la acción inesperada del joven, murió en sus labios en cuanto supo qué pretendía: empezó a frotarse contra su entrepierna, en leves, pero rítmicos movimientos, aumentándolos gradualmente a medida que los segundos pasaban. Kakashi gimió sin contenerse, un calor comenzó a extenderse desde sus partes bajas por todo el cuerpo, y sus ojos comenzaron a ponerse vidriosos. Su excitación, ya erguida, comenzó a incrementarse más si cabía al ser estimulada así por Obito.
-No dudes –suspiró el moreno, tomando la mano del peliplateado y dirigiéndola a su entrada-. Es demasiado tarde para arrepentirnos.
Un rudo beso cortó sus palabras. De nuevo, la carne de Kakashi se vio herida por las uñas del moreno.
-Yo nunca me arrepiento de nada –le hizo saber, su voz enronquecida, y su libido al límite. Tomó la mano de Obito que lo guiaba y la entrelazó con sus dedos, mientras que su otra mano empezó a dilatar su cavidad, muy suavemente al principio. Obito gimió, dolorido y, a la vez, excitado.
-¡Ay!
-Solo es un dedo, no te vas a morir, llorica –besó dulcemente su cuello, para relajarlo, con cariño-. Se te pasará, relájate.
-No es el mejor momento para que empieces con tus… -le besó-… tus insultos de siempre… prepotente.
El peliplateado se sonrió. Obito, pese a todo, seguía siendo él mismo. Introdujo un segundo dedo, que entró más fácilmente, y pronto su rival dejó de quejarse en voz baja. Al parecer, se iba acostumbrando a la invasión, y le incitó a continuar apegándose más contra su cuerpo, ambos compartiendo el sudor, el temblor, sus corazones palpitantes, lo mucho que habían deseado, de distinta forma, aquel tipo de situación y que aún no se creían que estaban compartiendo.
A pesar de las molestias iniciales, se sintió por fin realizado cuando sus dedos fueron sustituidos por el propio Kakashi, quien se adentró no sin algo de dificultad, empero enseguida un latigazo de placer lo dominó en cuanto fue consciente de la estrechez de su compañero. Lo recostó contra la cama, levantando sus piernas para acceder mejor, y comenzó a moverse en cuanto Obito le dio pie a ello.
Pronto, las embestidas se aceleraron. Dejaron de percibir el mundo exterior como tal. Solo hacían caso a sus gemidos, el calor de sus cuerpos, el éxtasis, la deliciosa atmósfera en que se amaban. Era inexplicable aquella sensación maravillosa de unión que los transportaba a un mundo de placer incontenible, cómo su sensual baile podía hacerles llegar a lo más alto. La descarga de delicia fue para ambos como una bendición. Acabaron, el peliplateado en el interior de su amado y Obito en el abdomen de Hatake, clamando su nombre. Las fuerzas abandonaron sus cuerpos húmedos de sudor, y poco a poco, fueron recuperando la normalidad de sus respiraciones.
Unos instantes de silencio, en que solo se mantuvieron abrazados, compartiendo el calor de sus cuerpos al descubierto, dieron paso, una vez recuperados, al poner sus sentimientos sobre la mesa. Por mucho que entendieran ahora que solo había habido sinceridad en sus actos, de su boca querían oír cómo se sentía el otro tras aquella experiencia.
-¿Desde cuándo? –fue simplemente la pregunta de Obito.
-No importa el tiempo. Simplemente, empecé a sentir que lo deseaba, y que no podía mirarte sin sentir nada que se distara lo más mínimo.
-Entonces, .¿esos insultos, esas ganas de humillarme…?
Kakashi resopló, atrayendo a Obito en un abrazo más apretado. Estaban juntos en la cama, en brazos del otro, de vez en cuando besándose tranquilamente y disfrutando juntos de la tranquilidad que les suponía haberse sincerado.
-Si te parece, enclenque, iba a ir a tu casa a regalarte flores por San Valentín y a cantarte sonatas bajo tu balcón –el moreno se rió tan solo de imaginarse aquello. El ambu con una guitarra parafraseando baladas en su casa le aprecía enormemente divertido, además de surrealista-. Eso no va conmigo, Uchiha. Simplemente, esperé el lugar oportuno… -bajó hasta sus labios, delineándolos suavemente con su lengua, hasta capturarlos en un beso que los dejó sin aliento-… y el momento oportuno, claro está.
Obito lo contempló, interrogante, pero le devolvió el beso. No podía esperar mucho de Kakashi: por más que creyera en que todo aquello había sido completamente real, el orgullo seguia empañando la vida del ambu.
-En mi caso, fue porque Rin... -se incorporó-. ¡Oh, hablando de Rin!. ¡Mierda!
-Tú siempre estarás igual de hiperactivo, .¿no? –rezongó Kakashi, contemplando, aunque algo divertido, los gestos desesperados que comenzaba a hacer el moreno.
-¡No, no! Digo, .¡hace siglos que la dejé sola en el bosque, y le prometí que regresaríamos juntos sin entretenernos!. ¡Deberíamos estar ahora con ella y con el sensei!. ¿Qué pensarán ahora de...?
Kakashi rió suavemente. Esto sorprendió sobremanera al moreno, pues nunca había visto a su reciente amante reír o mostrarse alegre.
-No creo que pase nada porque hoy no vayamos.
-¿Y tú eras el que las normas las ponía por delante de todo? -quiso saber el Uchiha, sorprendido.
En respuesta, el joven de cabellos grisáceos se posicionó de nuevo sobre él.
-He descubierto ahora algo más importante que las normas.
Después del golpe del moreno tras esas palabras que encerraban de nuevo un deseo de repetir la experiencia, éste no pudo darle más la razón. Un nuevo beso, más caricias, y al poco, volvían a sentirse en el cielo.
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-¿Llevas mucho tiempo esperando?
La voz del Hokage sorprendió a una joven medic-nin que, aburrida de recoger hierbas medicinales, leía un libro bajo un roble. Habían pasado un par de horas desde que sus compañeros se habían borrado del mapa, y francamente, se sentía perder el tiempo allí sola, esperando por un maestro sin prisa ninguna y a dos chicos que se pasaban el día peleando.
-No más de lo acostumbrado, sensei –se incorporó-. Kakashi y Obito se han entretenido más de lo acostumbrado, por muchas advertencias que les dije, y al final, he acabado acudiendo a la cita yo sola.
Yondaime sonrió, casi petulante, y acarició los cabellos de la enfurruñada jovencita.
-Habrán arreglado sus diferencias en todo el tiempo que llevan fuera, .¿no lo crees así?
Se mordió los labios. Su maestro podía parecer despreocupado, fingir que de nada se enteraba, pero había coincidido con ella de que aquel había sido, por fin, el día en que ambos habían puesto sus sentimientos en claro, y obviamente, no se les podía pedir ir a entrenar después de algo tan importante.
-Rin, no estés triste –la consoló el rubio, sonriendo ampliamente-. Deberías alegrarte de que ambos por fin vayan a dejar de poner trabas a nuestro trabajo, si han puesto ya las cartas sobre la mesa.
-Lo sé –la castaña sonrió acongojada-. Pero aunque sé que estoy siendo egoísta, sensei… quizá finalmente acabe sintiéndome sola.
Yondaime se puso un poco más serio, empero no detuvo sus mimos a la joven en un intento de consolarla.
-No te preocupes por esa clase de cosas. La amistad no es algo que se rompa de la noche a la mañana, y ambos te tienen un cariño incondicional, incluido yo mismo. Ya verás, que a partir de ahora, las cosas incluso irán mucho mejor.
La joven, aunque todavía algo dolida, se apresuró a darle la razón.
-Además, no creo que tengas tiempo para pensar en la soledad, cuando un pajarito me ha dicho que hay un chico de la academia al que gustas mucho.
-¿Eh?. ¿Qué dice, sensei? –se ruborizó. El rubio rió pícaro.
-Me gusta pasarme por la sala de profesores, y al parecer, es un cotilleo que se lleva diciendo por todo el colegio. Un tal Jiro, .¿te acuerdas de él?
El aumento del rubor de las mejillas de Rin confirmó a Yondaime su teoría.
-Con que es recíproco, .¿eh? –empezó a molestarla-. Qué juventud esta, todos se emparejan tan rápido y desde tan jóvenes… Venga, te invito a un helado para celebrar tu recién estrenado compromiso.
-¡Sensei, no somos siquiera pareja!
-Ya se verá con el tiempo…
Entre risas y más conjeturas por parte de ambos, se alejaron del lugar, rumbo a Konoha. La felicidad que en muchos días anteriores se les había negado a una pareja que ahora dormía tranquilamente, y a una joven cuyas ilusiones empezaban a cobrar sentido, empezaba a iluminarles sin remedio.
FIN
N/A: Ando reeditando algunos de mis oneshots, porque al estar escritos de hace tiempo, he visto que mi escritura no es la misma que ahora y he querido hacerlos un poco más explicativos, porque para mí la acción pasaba demasiado rápida y perdía calidad.
Solo he cambiado un poco el final, con el punto de vista de Rin, y la mitad del lemon, pero en esencia es el mismo. Si lo vuelven a leer ahora cambiado, siempre pueden decirme de nuevo si está mejor o peor que el anterior ;)
Besos y gracias por leerme.