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Chicadeletras
Author of 4 Stories

Rated: K+ - Spanish - Adventure/Mystery - Harry P. & Remus L. - Reviews: 5 - Published: 03-20-06 - id:2853436
Cap.1 Alice Longbottom.

Alguien llamaba a la puerta con insistencia, y cada vez más fuerte. Los golpes empezaron a oírse por encima de la furiosa tormenta y también los gritos.

- ¡Doctora Shanahan, ¡doctora Shanahan!- se oía de detrás de la puerta- ¡Doctora Shanahan, por favor, salga!

Ann Shanahan despertó de repente. Reconoció la voz de Rachel Greep, una de las enfermeras del hospital de enfermedades y dolencias Mágicas de St. Mungo. Parecía estar realmente asustada, cosa poco habitual en aquella zona del hospital.

Ann se levantó del sofá, se puso corriendo las gafas y una chaqueta y abrió la puerta de su despacho. Se encontró con una Rachel muy pálida y con un aspecto algo desordenado, como si hubiera estado luchando cuerpo a cuerpo con alguien.

- ¡Doctora Shanahan!- gritó al ver aparecer a Ann y esta dio un salto.

- Rachel, Rachel, tranquilízate- dijo esta alarmada- ¿Qué ocurre?

- Es en ala cerrada del hospital, doctora Shanahan- dijo Rachel algo más serena, pero muy nerviosa- ¡Alice Longbottom se ha vuelto loca!

- ¿Cómo?- dijo Ann desconcertada- ¿Qué es lo que pasa, ¿por qué tienes el pelo tan alborotado?

- Será mejor que lo vea usted misma- dijo Rachel- Sígame, doctora Shanahan- dijo la mujer antes de empezar a correr hacia el ala cerrada.

Ann se quedó un momento sin poder reaccionar, pero pronto despertó, entró a su despacho a coger su varita y una poción relajante (si no para Alice, que se la tomara Rachel) y después de cerrar el despacho, salió corriendo en la misma dirección que Rachel, preguntándose que demonios pasaría con Alice Longbottom.

A medida que se acercaba al ala cerrada, oía gritos y más gritos. Reconocía en la distancia las voces de Rachel y de otro enfermero, Samuel, que le decían a alguien que se calmara. Y por encima de todo, la voz de Alice Longbottom gritando desesperadamente que la soltaran.

Ann abrió la puerta de sala muy asustada y al ver aquella escena se puso pálida. Alice se dedicaba a correr por la habitación de arriba abajo, cubriéndose la cabeza con los brazos y dando patadas a Samuel, cada vez que este intentaba cogerla. Los otros ingresados, incluido su marido, la miraban asustados y la mayoría estaban acurrucados en la pared o se tapaban con las sabanas de su cama.

- ¡Dejadme, ¡dejadme!- gritaba Alice como una loca- ¡Marcharos de aquí, ¡Marcharos de aquí, ¡no fue culpa mía, no fue culpa mía, ¡por favor, iros, iros!

- ¡Alice, Alice!- gritó Ann mientras intentaba coger sus brazos para que parara de moverlos- ¡Alice, cálmate, cálmate! ¿Qué pasa? ¡Alice, ALICE!

- ¡Soltadme, soltadme, ¡Han vuelto, han vuelto a por mi, ¡han vuelto a por mi! ¡Han...- de repente, se desplomó y Samuel la cogió al vuelo.

Ann pestañeó perpleja y bajó su varita. Hubiera preferido no tener que embrujar a Alice, pero no sabía como calmarla. Con un gesto le indicó a Samuel que la colocara encima de su cama y les dijo a las demás enfermeras que trataran de calmar y acostar a los demás. Se acercó a Alice y le tomó el pulso.

- El ritmo va bajando poco a poco- dijo- y la respiración también vuelve a normalizarse, pero sigue muy pálida. Rachel, tráeme de mi despacho una poción reconstituyente y otra hipnótica, haz el favor. La contraseña es “Baraja de póquer”- Rachel asintió y salió del ala todavía con la mano en el pecho.

Ann se quedó unos minutos en silencio, intentando comprender lo que acababa de presenciar. Nunca en el tiempo que llevaba tratando a Alice le había ocurrido nada parecido y, según su historial, tampoco. Aquello era abrumador.

- Samuel, ¿me dejarías un momento sola?- le pidió Ann al enfermero sin dejar de mirar a Alice. Samuel dudó.

- ¿Estás segura?- dijo levantando una ceja.

- Si, no te preocupes- sonrió Ann- Soy un poco manazas con los Hechizos de sueño, siempre me paso un poco. Seguramente no despertará hasta que Rachel vuelva con la poción y se la demos. Ahora voy a calmar a Frank.

Samuel observó a Frank Longbottom, que se había sentado en su cama y observaba a su mujer con los ojos como platos del susto, y asintió. Una vez hubo abandonado la sala, Ann se acercó a Frank.

- Hola, Frank- dijo en tono casual. Frank la miró con sus profundos ojos.

- Hola, Ann- dijo poco a poco, con dificultad. Ann sonrió.

- ¿Qué le pasa a Alice?- preguntó Frank con temor.

- Nada, solo está un poco nerviosa, nada más- dijo Ann con voz dulce- Mañana por la mañana estará bien. ¿Por qué no duermes un poco, eh, Frank?- Frank la miró y asintió con la cabeza. Poco a poco, se deslizó en la cama y Ann lo arropó como una madre arropa a su hijo pequeño. En apenas un par de minutos, Frank se quedó completamente dormido.

Desde que, hacia poco más de un año, Alice y Frank Longbottom habían pasado a estar bajo el tratamiento de la doctora Ann Shanahan, habían experimentado una serie de cambios muy positivos como, por ejemplo, reconocer a personas. Aunque no sabían que era su hijo, reconocían a Neville. También reconocían a la madre de Frank, a Samuel y, por supuesto, a Ann.

No había sido tarea nada fácil, pero Alice y Frank empezaban a despertar, aunque en su mente no tuvieran más de tres años. Paso a paso, estaban empezando a formar frases con más o menos sentido, iban perdiendo ese aire de ausencia y pasividad en sus miradas y mostraban interés por cosas como cuentos, muñecos e incluso el quidditch. Pero aún quedaba mucho por hacer.

Ann suspiró. Aunque los gritos de Alice indicaban, a la vista de todo el mundo, que estaba mal de la cabeza, nunca la había visto tan lúcida, ni tan fuerte como para montar aquel escándalo. ¿Qué podría haberla asustado tanto? De pronto, algo se aferró a su mano. Ann ahogó un grito al darse cuenta de que se trataba de Alice.

Esta estaba despierta, con los ojos completamente abiertos.

- Ann...- murmuró débilmente- Ann...

- Alice, ¿qué pasa?- le preguntó esta- ¿Por qué no duermes?

- Han vuelto, Ann...- dijo Alice con los ojos húmedos y cada vez más pálida- Han vuelto a por mi... Nos van a matar a todos...

- ¿Quiénes, Alice?- dijo Ann- ¿De que hablas?

- Yo... no fue culpa mía, no fue culpa mía- sollozó Alice y empezó a llorar desconsoladamente.

- Está bien, está bien- dijo Ann abrazándola- No llores, cariño, no llores. Cuéntame, ¿de qué se trata?

- No puedo, no puedo contarlo, se lo prometí... se lo prometí a ellos...

- ¿A quién?

- No recuerdo... no... no recuerdo sus nombres, pero él sigue vivo... – dijo Alice y se quedó quieta, mirando a Ann embobada. La joven doctora frunció el cejo.

- ¿Ha despertado?- preguntó Rachel apareciendo por detrás boquiabierta.

- Si, no sé como, pero se ha despertado- dijo Ann mientras consolaba a Alice. Cogió la poción que le ofrecía Rachel y se la hizo beber a Alice.- Venga, peque, ahora a dormir- Alice a penas pudo ofrecer resistencia. La poción hizo que se quedara dormida en seguida. Ann la tapó con las sabanas y ella y Rachel salieron de la sala despacio para no hacer ruido.

- ¿Qué cree que le ha pasado, doctora Shanahan?- le preguntó Rachel a Ann.

- No tengo ni idea- dijo Ann pensativa- Por un momento creí que había recordado algo del día que ella y Frank fueron atacados, pero no puede ser que eso la haya asustado tanto. Además, me ha dicho que, fuera quien fuera, “nos van a matar a todos”- Rachel la miró con los ojos como platos.

- ¿Eso ha dicho?

- Si, no se si cada día está más cuerda o al revés- dijo Ann. Rachel rió tristemente. Ambas caminaron en silencio hasta llegar casi al despacho de Ann, pero de pronto se quedaron petrificadas. De nuevo se oían gritos desde el ala cerrada. Pero está vez era Frank Longbottom quien gritaba. Ann y Rachel se miraron un segundo antes de correr de nuevo hacia la sala.

Al abrir, Alice estaba tirada en el suelo y Frank la tenía en brazos, gritando horrorizado. Del cuello de Alice chorreaba sangre, manchando su camisón y el pijama de Frank. La ventana estaba rota. Lo único que se le ocurrió a Ann fue tomarle el pulso a Alice.

- Está muerta- dijo sin apenas voz. Frank dio un grito de dolor. En el cuello de Alice había dos profundas incisiones, como de colmillos.

- ¡Rata, rata!- gritó de pronto uno de los ingresados. Ann y los demás, aun anonados por lo que acababa de suceder, miraron ausentes hacia donde indicaba el enfermo, justo a tiempo para ver una cola de rata desaparecer por la puerta.

Harry Potter observaba a través de sus gafas el cuerpo inerte de aquel pobre muchacho. Sus ojos estaban abiertos como platos, sus ropas rotas y manchadas por la sangre que hasta no hacía mucho bajaba de su cuello. Casi imperceptibles por el paso de los días y las pócimas conservadoras, había dos marcas en aquel cuello joven.

- ¿Sabes ya quién ha podido hacer esto, Harry? - dijo una voz preocupada por detrás de él.

- Un vampiro, por supuesto- dijo Harry tan tranquilo.

- No digas tonterías, Harry- dijo Charles riendo- Hace siglos que no hay vampiros en Inglaterra, todos fueron desterrados a la Selva Negra. Eso lo sé hasta yo, y te aseguro que Historia de la Magia nunca fue mi asignatura favorita.

- ¿Entonces qué?- dijo Harry con voz autoritaria- ¿A quién más conocemos que le guste chupar sangre? A parte de los duendes de Gringotts, quiero decir.

Charles rió de nuevo.

- Ay, estos aurores jóvenes y locos, qué ganas de aventura tienen. ¡Vampiros!

- Está bien, no te lo creas, pero yo pienso que es así- dijo Harry algo molesto- Ya has visto las marcas que tiene en el cuello, idénticas a las de todos los demás. Pero para asegurarme, le preguntaré a mi amiga Hermione si hay alguna ley o algo así que permite a los seres desterrados volver a su país.

- Bueno, al menos es mejor hacer eso que nada- dijo Charles tapando con una sabana el cuerpo del joven muerto- Mañana tendrás los resultados de los análisis.

- Te lo agradezco, me pasaré por aquí sobre las doce- dijo Harry. Charles le miró un momento y luego le preguntó:

- ¿Has encontrado alguna relación entre los otros?

- Ninguna- dijo Harry- Ni se conocían, ni tenían la misma edad, ni nacieron el mismo día, ni fueron a la misma residencia en Hogwarts, nada. No tenían ninguna relación hasta que los encontraron desangrados y con cara de susto.

- Es muy extraño- dijo Charles- No descartes lo de los vampiros, Harry, quizá después de todo tienes razón.

Harry sonrió cuando Charles admitió que no era un idea tan absurda. Pero, ¿por qué iban a querer los vampiros volver a Inglaterra?

- ¿Hoy te toca descanso, verdad?- le preguntó Charles.

- Si, del trabajo si- dijo Harry colocándose su capa.

- ¿Qué quieres decir?

- Hoy es la despedida de solteros de mis amigos Ron y Hermione- le explicó Harry bastante contento- Se casan dentro de una semana.

- Ah si, es verdad- dijo Charles- Pero, ¿las despedidas de solteros no suelen hacerse por separado?

- Sí, pero nadie tiene por que saberlo- dijo Harry divertido- Esta es... la despedida legal...

- Ya veo- sonrió Charles- Felicítales de mi parte.

- Lo haré- dijo Harry- Hermione se alegrará de tener noticias tuyas. Y ahora que lo dices, llego cinco minutos tarde y me van a matar.

- Oh, ya lo creo- dijo Charles- Procura que Hermione no saque la varita.

Harry se estremeció al tiempo que se desaparecía y aparecía en el portal de su piso. El piso de Harry estaba situado en el casco antiguo de Londres. Vivía en un edificio antiguo, de tres plantas, que había sido restaurado y pintando unos años antes. Era un segundo piso grande, demasiado grande para él solo, quizá, pero muy bonito y cómodo. Aunque siempre estaba desordenado.

Harry limpiaba muy a menudo, pero como siempre tenía tirados por ahí papeles y demás documentos de la oficina, el piso parecía más sucio de lo que estaba. Hermione siempre le estaba echando la bronca y insistiendo para que recogiera, pero cuando Harry quitaba los papeles del medio, encontraba que al piso le faltaba algo.

Mientras subía por las escaleras se encontró con la señora Vermont, la vecina del piso de arriba, quién le dijo por milésima vez en lo que llevaban de semana, que su hija Joanne iba a visitarla mañana. Harry, que ya estaba cansando de que todo el mundo (bueno, Hermione, Ginny y la señora Weasley) le buscara novia, se excusó lo mejor que supo, pero agradeció educadamente a la señora Vermont su interés .

Abrió la puerta de su casa y hizo su ya clásico lanzamiento de llaves desde la puerta al jarrón de la entrada, que se tambaleó ligeramente pero se mantuvo recto. Harry le había echado un conjuro especial para que no se cayera nunca al suelo ni se rompiera. Le gustaba mucho aquel jarrón.

Nada más entrar, empezó a desvestirse y a tirar su ropa por ahí, haciendo que los papeles salieran volando. Su lechuza blanca Hedwig, que hasta entonces había estado durmiendo, se despertó y le miró con algo de reprobación, pestañeó varias veces y agitó las alas, pero aun así ululó dulcemente en señal de bienvenida.

- ¿Qué tal, nena?- dijo Harry antes de meterse en el baño. Se duchó en cinco minutos y se afeitó en uno. No tuvo demasiados problemas para peinarse, ya que desde que había salido de Hogwarts se lo había cortado más corto y no era tan rebelde. Aún así seguía con ese color negro azabache.

Harry había cambiado mucho con los años. Se había convertido en un joven alto, delgado, fuerte y apuesto. Su cara no presentaba grandes cambios, ahora sus facciones eran más maduras, pero muy joviales. Sus gafas habían pasado de ser redondas y negras, a ser alargadas y con una montura plateada a penas distinguible y detrás de ellas seguían brillando sus grandes ojos verdes. Y también, en su frente casi imperceptible, seguía esa cicatriz en forma de rayo, recuerdo de su trágico pasado.

Hacía ya siete años que había dejado Hogwarts. Había conseguido graduarse con buenas notas y había dejado la niñez atrás. En el último año, Harry habían conseguido vencer a su enemigo mortal, Lord Voldemort y restablecer la paz en el Mundo Mágico. Pero esa es otra historia. Ahora tenía ya veinticuatro años y trabajaba como auror en el Ministerio.

Al dejar Hogwarts, había estudiado en la Academia de Aurores de Londres y se había graduado con brillantes resultados. En poco tiempo, se colocó en uno de los puestos más altos en su trabajo. Al igual que sus mejores amigos Ron Weasley y Hermione Granger.

Ron era periodista. Era el jefe de reporteros de El Profeta y se le daba muy bien. Era bastante conocido dentro del mundo Mágico e incluso había hecho colaboraciones en el Departamento de Relaciones Públicas del ministerio.

Hermione era miembro del Ministerio de Relaciones con los seres Mágicos. Gracias a ella, los elfos cobraban y llevaban varita. Y lo más importante: había conseguido que nadie lo viera raro.

Los tres tenían sus carreras y a los tres les encantaban, pero aún así seguían siendo muy amigos. Bueno, en caso de Ron y Hermione, más que amigos.

Iban a casarse dentro de una semana y ambos estaban de los nervios con los últimos preparativos de la boda. Harry iba a ser el padrino de bodas y les había ayudado mucho. Aunque su índice de colaboración había descendido notablemente aquel mes, des de que habían empezado a cometerse aquellos extraños asesinatos.

- Hombre, el desaparecido- dijo Hermione cuando al final Harry apareció delante de ellos, ya bien arreglado con su túnica de gala negra y con zapatos limpios- Ya creíamos que no venías.

- Es que estaba...- empezó Harry.

- Trabajando- terminaron Hermione y Ron por él. Harry sonrió.

Había tenido suerte y todavía no había llegado nadie a la sala del Callejón Diagon donde se iba a celebrar la fiesta. Sólo se veía pasar a los camareros terminando de arreglar las bonitas velas de color blanco que flotaban en el aire y los elegantes manteles bordados de las mesas.

Ron y Hermione estaban fantásticos y sonrientes. Resultaría verdad eso de que la felicidad embellece a la gente. Ella llevaba una flamante túnica de tirantes de color magenta y un precioso peinado con flores pequeñas alrededor como si fuera una corona y él se veía muy bien con su elegante túnica de color azul.

- Caray, chicos- dijo Harry alegremente- estáis geniales.

- Lo sabemos- dijo Hermione y los tres se echaron reír- Tu también estás muy guapo, pero puedo ver que te has arreglado con prisas.

- ¿Y eso?- dijo Harry extrañado examinándose de arriba abajo.

- La capa, Harry, la capa, la tienes del revés- dijo Ron divertido. Harry se colocó la capa bien y se encogió de hombros.

- Aún así soy el primero. ¿Qué queréis? Hace veinte minutos que he salido del Area de Charles Tatcher- dijo algo molesto mientras se sentaban.

- ¿Otro muerto?- preguntó Hermione mientras Harry se sentaba en la mesa.

- Ajá. Y ya van seis- dijo Harry cansado- Más de lo mismo: perdida de glóbulos rojos, marcas en el cuello y cara de susto.

- ¿De quién sospechas?- preguntó Hermione.

- De un vampiro- dijo Harry y, resignado, observó como sus dos mejores amigos reían. Pero ambos pararon al ver el serio rostro de Harry.

- ¿De un vampiro?- dijo Ron sorprendido- Pero los vampiros fueron todos desterrados a la Selva Negra hace seis siglos o así, ¿verdad? Bueno, todos excepto Hermione, ya me entiendes.

- Ja, ja- dijo Hermione sarcásticamente- Cariño, intenta madurar esta semana. No me gustaría casarme un crío de quince años.

- Oye, ahora hablando en serio- dijo Harry dejando de reír- no me diréis que no es muy extraño.

- Extraño es Harry, pero de ahí a pensar en vampiros- dijo Hermione- Según los archivos de mi departamento, en la última inspección que se hizo a la Selva Negra, a penas se encontraron vampiros. Están extinguiéndose. Los que quedan están muy débiles. Se mueren de sed.

- Quizá por eso están volviendo- dijo Harry- A buscar comida.

- No, no creo que se atrevan a volver, los brujos de aquella época les dieron un buen rapapolvo- dijo Hermione pensativa- Tendrás que buscar otro culpable, Harry.

- Mmm... se me está ocurriendo un articulo de lujo- dijo Ron con la mirada perdida en el techo- “Los chupa- sangre desafían a los brujos”.

- Ni lo sueñes- dijo Harry- No quiero que aterrorices a la gente. Hasta que no sepa nada seguro, no publiques nada, Ron. Cada vez que te cuento algo, al día siguiente está todo el mundo blanco del susto.

- Harry, soy periodista, no lo puedo evitar- dijo Ron medio riendo medio en serio- Pero no te preocupes, no diré nada. Te lo prometo- añadió rápidamente al ver la cara con que Harry lo miraba- ¿Qué tal que si cambiamos de tema?

- Si, será mejor- dijo Harry- ¿A qué hora empieza a llegar la gente?

- Ya- dijo Hermione levantándose - Ahí están mis padres... y los tuyos, cariño...

- A si que los reproductores de CD’s están pasando de moda...- decía el señor Weasley en aquel momento- ¿Qué me ha dicho que se utiliza más ahora?

- El DVD- contestó el señor Granger amablemente.

- Ah, vaya que interesante- dijo el señor Weasley- ¿Y en qué consiste?

- Arthur, por favor, ¿es necesario que sepas como funciona cada trastito muggle?- le espetó la señora Weasley enfadada.

- Hombre, Molly- dijo el señor Granger- Trastitos no son.

- Claro que son trastitos- se metió la madre de Hermione mirando a su marido igual que la señora Weasley miraba al suyo- Molly tiene toda la razón. Trastitos inútiles que lo único que hacen es acumular polvo. Pero claro, como no los limpian ellos...

- Será mejor que vayáis antes de que la sangre llegue al río- sugirió Harry y sus amigos asintieron. Se levantaron y fueron hacia sus padres.

- ¡Hermione, estás preciosa!- dijeron la señora Weasley y la señora Granger a coro- Ese vestido te queda genial

- Gracias, Molly- sonrió Hermione- Mamá, ¿has recogido los trajes de las damas de honor para la boda?

- Si, claro... oh!- entonces, la señora Granger se puso a llorar, acompañada por la madre de Ron.

- ¿Qué pasa?- preguntó Harry sorprendido.

- Ya sabes, Hermione ha dicho boda - dijo Ron y Harry se echó a reír.

- Harry, ¡qué guapo estás!- exclamó la señora Weasley nada más verle- Cada día resultas más apuesto.

- Vaya, mira que bien- dijo Harry divertido.

- Que te lo diga a ti y no a mi, que soy su hijo- dijo Ron con la mosca en la nariz.

- Bueno, Ron, es que Harry no tiene ni abuela ni novia que se lo diga- dijo Hermione besando en la mejilla a su prometido- Tú en cambio, me tienes a mi.

- Gracias Hermione, por recordarme lo vacía que está mi vida- dijo Harry con voz trágica.

- No, no quería decir eso...- añadió Hermione.

- Ya, ya...- dijo Harry riendo- Ya la has pifiado, ahora no puedes hacer nada.

Hermione se cruzó de brazos contrariada, mientras Harry y Ron reían.

La sala fue llenándose poco a poco de gente. Primero llegó la familia de Hermione, (no fueron muchos, solo los más cercanos y la mayoría dentistas) y luego la de Ron, todos sus tíos, primos, abuelos, tíos- abuelos... y, como no, sus hermanos mayores con sus parejas. Tanto Bill, Charlie, Percy y los gemelos también estaban ya casados, pero el único que tenía un hijo era Fred, que se había casado con Angelina Jonhson: se llamaba Joey y era pelirrojo y un demonio. Ginny no se había casado, pero vivía con su novio Michael de la escuela y se hobby favorito era presentarle a Harry amigas suyas, aparte de otras muchas de Hermione y de las encantadoras señoritas que le presentaba la señora Weasley cuando no tenía que eliminar ninguna plaga doméstica, como solía bromear Ron.

Y es que, ahora que la boda de Ron y Hermione se acercaba, la persecución había aumentado considerablemente. ¿Cuándo se ha visto que el padrino vaya a la boda sin novia? . En menos de un mes, Harry había conocido a más de catorce chicas y empezaba a ponerse de los nervios.

Cuando ya era casi hora de que empezara el banquete, Remus Lupin llegó a la fiesta (me hubiera encantado que llegara con Sirius Black, pero bueno, ya sabéis... ¡leches!). Harry lo vio de lejos y se acercó a él con una sonrisa.

Remus y él habían estado viviendo juntos mientras Harry cursaba sus estudios como auror y tenían una relación prácticamente de padre e hijo. Remus no tenía ningún poder legal sobre Harry pero, después de la desgraciada muerte del padrino de Harry (por que mira que fue desgraciada, puñeta), Sirius Black, él era el único amigo que quedaba vivo de sus padres y ambos se sentían unidos por un fuerte vínculo afectivo iniciado por una sencilla y bonita amistad cuando Harry había sido alumno de Remus en Hogwarts.

Remus vio llegar a Harry y sonrió con orgullo y ternura. El parecido del muchacho con su padre se había acentuado más con el paso de los años, si aquello era posible, pero Harry también había desarrollado una extraña forma de hacer notar con su sola presencia el carácter valiente y noble que tenía, igual que lo había hecho su madre tiempo atrás. En aquel momento Harry llegó donde estaba y ambos se abrazaron.

- Se te ve contento, chaval- le dijo Remus dándole unas palmaditas a la espalda.

- Te aseguro que lo estoy- sonrió Harry.

- Ayer leí los discursos que me enviaste- le comentó Remus cogiendo una de las copas de vino que les ofrecía un camarero- Están muy bien, me gustó el de la boda especialmente.

- ¿En serio, ¿no crees que es demasiado...- empezó Harry jugando con su copa.

- Demasiado... ¿qué?- dijo Remus arqueando las cejas. Harry carraspeó.

- Emotivo- dijo al final.

- Cursi, quieres decir- dijo Remus riendo.

- Mmm... sí- dijo Harry con cara de circunstancias.

- Que va, es muy bonito, eres un padrino de primera- dijo Remus- Me ha acuerdo de cuando le tocó a Sirius hacer el discurso en la boda de tus padres. Fue muy divertido, nos reímos mucho.

- ¿Y eso?- dijo Harry interesado.

- Sirius siempre fue una persona muy curiosa. Podía no pestañear delante de un dragón furioso y, en cambio, estaba nerviosísimo aquel día, odiaba hablar en público y te aseguro que en a boda de Lily y James no éramos pocos.

- ¿Qué pasó?

- Pues que temblaba tanto la copa de cava que tenía en las manos fue derramándose poco a poco sobre la túnica de James hasta que no quedó nada y cuando levantó la copa y hizo el ademán de beber, no tenía nada con que hacerlo- explicó Remus mientras Harry reía- Me hubiera gustado que le hubieras conocido más- añadió en tono melancólico. Harry suspiró.

- Sí, a mi también- dijo con voz triste. Ambos se quedaron unos instantes en silencio, hasta que por fin Harry se decidió a empezar con otro tema.

-¿Qué tal todo por Hogwarts?- preguntó intentando sonar alegre. Remus volvía a impartir clases en Hogwarts desde hacía cinco años, cuando el nuevo director, Severus Snape, le ofreció misteriosamente el trabajo. Pero detrás de las sospechas, solo había profesionalidad y Remus se encontraba muy bien allí.

- Bien, todo sigue igual, hay un chico en Rawenclaw que juega de buscador y es una maravilla, un día te podrías pasar por allí, hace tiempo que no vas por Hogwarts.

- Des de que caíste enfermo, hace dos años- dijo Harry con aire soñador- Me gustaría volver. No sabes como envidio a esos chavales. Los años en Hogwarts han sido los mejores de mi vida, a pesar de todo.

- No hables así, todavía eres muy joven- replicó Remus con afecto.

- Aún así, los envidio- repitió Harry- Te van a tener de profesor siempre y yo sólo te tuve un año.

- Oye, no te quejarás de profesores de Defensa, que has tenido muy buenos.

- Sí, especialmente los que intentaban matarme, hacerme pasar por loco o, incluso, ser más famosos que yo- Remus se echó a reír- Pero bueno, quizá si me pase un día de estos... Vamos, si el trabajo me deja.

-¿Sigues con los desangrados?- preguntó Remus.

- Sí, y hoy he ido a ver a un chico que mataron el otro día- dijo Harry- Te juro que estoy empezando a asustarme. Ya van seis muertos. Si esto no se controla, no se lo que podría llegar a suceder... Y con un Voldemort en la historia ya vale.

- ¿Tan grave es?

- Podría llegar a serlo- dijo Harry- A penas tenemos pistas. Sea quién sea, actúa con rapidez y sigilo, la mayoría de víctimas no se han encontrado hasta pasadas un par de horas.

- Da escalofríos- dijo Remus.

- Lo sé, pero el idiota de mi jefe no quiere hacerme caso. Estamos ante un asesino en serie y el estúpido se comparto como si estuvieran muriendo gatos, en lugar de personas...

- Veo que tus relaciones con Benjamin Anderson no han mejorado mucho- dijo Remus sonriendo. Benjamin Anderson era el Auror jefe del distrito de Londres y Harry no se llevaba demasiado bien con él.

- Pues no, la verdad- dijo Harry asqueado- Parece que quiera desacreditarme delante de los demás o algo así. No lo consigue por que la mayoría de veces resulta que tengo razón, pero... Sé que es un gran auror y le admiro, pero el hecho de que yo sea más joven y más inexperto no significa que no puede ser tan útil como él.

- Creo que ese es el problema- dijo Remus perspicaz- Mientras todos los aurores de tu generación aceptan las ordenes del jefe sin rechistar, tú rechistas por todos ellos.

- Normalmente, no me conformo con lo que me dan y ya está - replicó Harry.

- Normalmente no, nunca- replicó Remus- De todas formas, puede ser que Anderson no te haga caso por que como a los aurores jóvenes no os dan misiones demasiado complicadas, cree que te lo estás inventando.

- ¡Claro! Y todos esos muertos son una ilusión óptica...

- Mira Harry, si tan preocupado estás, habla con Ojo-Loco. El es el jefe del Ministerio de Seguridad Mágica, ¿no? Quizá él si te escuche. Por cierto, ¿no ha venido a la despedida?

- No, dice que con ir a la boda ya tiene suficiente- dijo Harry divertido- Pero lo que me has dicho no es mala idea- dijo Harry- Creo que mañana hablaré con él y le plantearé mi teoría.

- Y tu teoría es...

- Que el asesino es un vampiro- dijo Harry convencido- Remus, ¿estás bien?- Remus se había quedado algo pálido.

- Mmm... si, no te preocupes. ¿Vampiros, dices, ¿por qué?- la voz tranquila de Remus se notaba fingida, pero Harry no mencionó nada- Los vampiros...

- Fueron desterrados a la Selva Negra- terminó Harry por él- pero las víctimas tienen marcas en el cuello, como de colmillos- dijo ansioso- De hecho, si yo fuera el jefe, y ya habría hecho comprar a la gente ajo a carretadas.

Remus volvió a reír y lo miró pensativo.

- De todos modos, dentro de una semana, tus mejores amigos se casan y tú eres el padrino, así que deja a los vampiros de una vez y dedícate a pasártelo bien, solamente- le dijo en tono de reproche.

- Vale, señora Weasley, gracias por compartir conmigo su opinión- dijo Harry. Remus le sonrió irónicamente y lo empujó hacia donde estaban el resto de hombres por que, lo que eran las mujeres, habían desaparecido misteriosamente.

- Eh, Remus- lo saludó Neville Longbottom alegremente, que se había unido a la fiesta poco después que Harry. Remus y él eran compañeros de trabajo, ya que otra de las sorpresas que les dio Severus Snape fue contratar a Neville como profesor de Herbología – Al final has podido venir, ¿eh?

- Muy bien, Neville, gracias- dijo Remus- ¿Y el novio, que tal?

- Ahora mismo muy entretenido- dijo Ron con una sonrisa maliciosa- Harry, llega el último spring.

- ¿Cómo, ¿qué dices?- Harry se giró hacia el punto que le señalaba su amigos- Dios mío, no, por favor.

Remus, Neville, Ron y todos sus hermanos se echaron a reír. No muy lejos de allí, Ginny, la señora Weasley, Hermione y otras compañeras como Parvati o Lavender, estaban reunidas en torno a una chica de cabellos rubios bastante bonita y con sonrisa de anuncio. Casi todas miraban a Harry de reojo y reían.

- Empieza el espectáculo- dijo Fred divertido.

- Bueno, yo me voy, quizá todavía no me han visto- dijo Harry.

- De eso nada- dijo Ron cogiendolo por el brazo- Tú no te vas. Venga, si ellas lo hacen con toda la buena intención del mundo.

- Acéptalo Harry, un chico atractivo, con talento, simpático y con un buen trabajo y dinero no puede permanecer soltero mientras Molly Weasley viva- dijo George.

- Oh, vaya, mira que bien. En serio, ¿no comprenden que no me gusta que me traten como un artículo de edición limitada?-dijo Harry exasperado- Estoy empezando a creer que me rifan.

- Venga chaval, relájate, tómate una de estas- Ron le pasó una copa de vino blanco- y ve a saludar.

- De eso nada, si no me llaman no pienso ir- dijo Harry negando con la cabeza.

- ¡Harry!- era Ginny, la chica sería alguna de sus amigas- ¿Por qué no nos traes un par de copas de cava, cariño?

Harry se mordió los labios mientras el resto se desternillaba.

- Por Dios- dijo Harry. Cogió la copa de vino que le había dado Ron y se la bebió de un trago. Ron y los demás lo miraron con ojos como platos- Bueno, allá voy- dijo Harry yendo hacia ellas con dos copas de cava en la mano y con la mejor sonrisa que podía forzar.

- Eres un cielo- dijo Ginny guiñándole el ojo- Mira, esta chica se llama Miriam Sanders. Miriam, él es Harry Potter.

- Encantado- dijo Harry cogiendo la mano de la muchacha y besándola delicadamente.

- Oh, que chico tan adorable- dijo la señora Weasley y Harry notó que las mejilla se le encendían- Bueno, ¡que cabeza tengo! Acabo de recordar que la tía Fiona ya tendría que estar aquí. Será mejor que vaya a buscarla.

- ¡Oh! Te acompañamos- dijo Ginny en un fingido tono casual- Miriam, ¿te quedas tu con Harry? Y así, os vais conociendo...

- Claro- dijo Miriam tranquilamente.

Antes de que se fueran, Harry enganchó a Hermione y a Ginny por el brazo.

- Esto es una encerrona- les dijo indignado.

- Muy bien Harry, que gran capacidad de síntesis- dijo Ginny y Hermione estalló en risas. Harry les dirigió una última mirada de rencor y se giró hacia Miriam sonriendo.

- Harry Potter- dijo Miriam con voz melosa- Tenía ganas de conocerte. Ginny me ha dicho que eres auror- dijo.

- Sí, efectivamente, soy auror- dijo Harry amablemente- Un trabajo muy divertido, deberías probarlo alguna vez- Miriam rió- ¿Y tú, ¿a qué te dedicas?

- Pues trabajo en el Misterio, en el Departamento de Juegos y Deportes Mágicos, como organizadora de eventos deportivos - le explicó Miriam orgullosa- He oído que eres un gran buscador.

- No soy malo- dijo Harry encogiéndose de hombros.

- Pero sí modesto- dijo Miriam con su sonrisa Colgate. Harry esbozó una sonrisa y al levantar la vista vio que media fiesta estaba pendiente de ellos dos.

- Dios mío- murmuró disgustado, pero riendo- Bueno, pues supongo que será un trabajo interesante, el tuyo.

- Buff, es muy cansado- dijo ella suspirando melodramáticamente- Pero me dan entradas para todos los partidos- añadió más animada.

- Ah, mira que bien- dijo Harry y... ahora, ¿cómo continuo diantre la conversación? . Rió nervioso y Miriam le siguió tontamente.

En aquel momento, una voz conocida sobresalió entre todas:

- A ver, un poquito de colaboración, ¡por favor!- todo el mundo se quedó callado y se fue apartando para dejar paso a un chico de piel negra muy alto y a una chica rubia muy pequeña. Ambos llevaban el uniforme de aurores.

- ¡Adriana, ¡Joe, ¿qué hacéis aquí?- exclamó Harry sorprendido acercándose a sus compañeros, olvidándose completamente de Miriam.

- Mira, ahí está- dijo Adriana- ¡Vale, ya pueden volver a bailar, qué ya lo hemos encontrado!- Harry la cogió del brazo riendo y se los llevó a parte. Adriana era un poco demasiado escandalosa.

- ¿Qué ocurre, chicos? Estoy en medio de la despedida de mis mejores amigos- dijo Harry contrariado.

- Lo sabemos Harry y lo sentimos, pero tu llevas este caso y tenemos que informarte- dijo Joe.

- ¿Informarme de qué?

- Mmm... Harry, ¿va todo bien?- dijo la señora Weasley des de su mesa.

- Sí, señora Weasley, no se preocupe- dijo Harry y se giró de nuevo hacia sus compañeros- ¿Qué ocurre?

- Otro desangrado- dijo Adriana- Y esta vez, ha sido en un lugar lleno de gente. Aunque tampoco cuenta demasiado, los posibles testigos estaban o dormidos, colgados o no están en condiciones de memorizar nada.

- ¿Dónde ha sido?- preguntó Harry sorprendido.

- En el hospital de enfermedades y lesiones mágicas de St. Mungo, en el ala cerrada- le explicó Adriana- La víctima ha sido una de las pacientes que lleva más tiempo allí. La conocerás, Alice Longbottom.

¡CRAS! La copa de cava que llevaba Harry se escurrió de su mano y cayó al suelo rompiéndose en mil pedacitos. El corazón le latía tan fuerte que sentía que la sangre correr por sus cuerpo.

- ¿Cómo?- preguntó sin aliento.

- ¿Qué pasa, Harry?- dijo Joe y más preocupado, añadió- ¿No sería familia tuya o algo así, verdad?

- Hace cinco minutos estaba hablando con su hijo- dijo Harry con un enorme esfuerzo- Está aquí, en la fiesta.

Adriana y Joe lo miraron alarmados. Harry se pasó las manos por el pelo y miró a su alrededor. Gran parte de los invitados los miraban, algunos de reojo y otros descaradamente. Sus amigos lo observaban preocupados, mientras él jugaba con los pies con los trozos de cristal del suelo.

- Mmm... bueno, el jefe nos había ordenado que fuéramos a buscar a su hijo, no imaginábamos que estaría aquí... – dijo Joe titubeando- Si se lo dijeras tú, que eres su amigo... ¿qué dices?

Harry miró a Joe gravemente y asintió poco a poco. Dejó a sus compañeros abatidos en una esquina y se dirigió hacia sus amigos. Estos lo esperaban impacientes.

- ¿Qué ocurre, Harry?- preguntó Remus preocupado.

- Pues... me temo que he de irme- dijo Harry y aquel comentario fue seguido de quejas por parte de toda la mesa.

- Harry, hoy es tu día libre, el primero que te tomas des de hace semanas, es nuestra cena de ensayo y eres mi padrino- dijo Ron disgustado- Ni siquiera ha empezado la cena y no has hecho el discurso. No puedes irte.

- He de irme, lo siento mucho, ha sucedido algo terrible- dijo Harry triste y con el agobio haciendo que se le hiciera un nudo en las garganta.

- ¿El qué?- dijo Neville intrigado. Harry miró a Remus instintivamente. Él lo miraba fijamente. Harry suspiró.

- Bueno, Neville, tú... tú sería mejor que vinieses conmigo- dijo. Todos los presentes se sorprendieron. Neville se puso ligeramente pálido.

- ¿Por qué?- preguntó con voz temblorosa.

- Ven, por el camino te lo cuento.



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