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Akiko Koori
Author of 20 Stories

Rated: M - Spanish - Mystery/Suspense - Draco M. & Harry P. - Reviews: 100 - Updated: 06-29-08 - Published: 03-21-06 - Complete - id:2855147
Extra 3

Extra 3

Resumen: Sirius Black ha recuperado a su familia. Sin embargo ha habido ciertas modificaciones con las que no esta muy convencido, especialmente la que no tenía contempladas y a las que no puede dar marcha atrás.

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La capacidad curativa de los seres humanos podía ser absolutamente patética, frente a las criaturas mágicas, aún con ayuda de magia.

Justo el día que Charlie empezaba a desesperarse, tras semanas sin ver una sola reacción de vida en la criatura, pudo notar un pulso más constante. A partir de ese momento pudo trabajar con mayor esperanza y la seguridad de que avanzaba con los resultados del tratamiento médico.

Dar la noticia a Sirius fue absolutamente relajante. El hombre había estado especialmente insoportable, pasando al departamento del pelirrojo, casi a diario. Y sus visitas eran de todo, menos tranquilas.

Deborah Potter despertó exactamente a los 5 meses y 12 días, desde la dura batalla en la que perdió tanta sangre.

Para entonces Charlie ya había solucionado los problemas relacionados con sus miembros perdidos, colocando novedosas prótesis mágicas, quitando las escamas que la criatura había creado para compensar a la criatura humana.

Claro que la reacción de Deborah no fue del todo buena. No al menos en los primeros minutos, tras despertar. Sin embargo a Charlie no le extrañó. La criatura se sintió absolutamente extraña con las dos prótesis, y lo manifestó de la mejor manera, pesé a que ensordeció a quienes pudieron escucharla, un kilómetro a la redonda.

Ojalá Charle hubiese estado preparado para ello.

El pelirrojo suspiró cuando pudo regresar a casa y se quitó el abrigo. Sonrió al ver a su esposa y recibió su beso de bienvenida. Al instante miró a su hijo, que leía furtivamente uno de los libros de la escuela. Se acercó hasta él y le besó el cabello, librándose de su protesta.

Había terminado satisfactoriamente con el tratamiento médico de Deborah Potter. Ahora podría gastar el tiempo en su familia. El verano sería bastante agradable.

o.o.o

Un ruido de cristales rotos anunció a Sirius el inicio de los problemas. Aún tras un año de recuperación, Deborah no se acostumbraba completamente al uso de sus miembros nuevos y dejaba emanar ese mal humor del que se hizo presa.

Sirius estaba Seguro de que era un absoluto berrinche de la criatura, quien no se acostumbraba a la sensación de los miembros mágicos.

Era divertido cuando los berrinches ocurrían al anochecer, al menos tenía oportunidad de aplicar técnicas más placenteras, con ella.

El hombre suspiró y caminó hasta la cocina para ver a Debbie. Ella estaba parado frente a la mesa y en el suelo se veía un destrozado vaso.

Ella bufó y sacó su varita para reparar los cristales. Extrañamente no había comenzado a pelear, como las veces anteriores.

Sirius la miró con detenimiento y sonrió para acercarse e inclinarse a levantar el vaso recién reparado.

- Tengamos otro bebé.

El vaso volvió a caer al suelo. Sirius miró a la mujer y frunció el ceño.

- ¿No estás muy grande para querer otro bebé?

- Olvidas que soy una sirena -ella le ayudó a levantarse y le pasó los brazos por el cuello-. Sé que fue culpa mía no estar con mis hijos, mientras fueron pequeños, pero no quisiera perderme esa época.

- Diana está dispuesta a traer al niño de Malfoy -Sirius arrugó el ceño- ¿No puedes esperar al primer nieto?

Debbie hizo un puchero adorable y acercó su cuerpo al de él.

- Deberíamos concentrarnos en quitarte esas ridículas ideas a tus hijos -protestó Sirius- ¿Por qué estás tan tranquila con la idea de que nuestros 2 hijos compartan pareja?

- Porque Andrew Malfoy me gusta mucho. Estoy segura de que los 3 serán muy felices.

Sirius bufó.

- Ellos quieren comprometerse, con él, cuando cumpla los 16.

- Excelente edad -aceptó ella-. Aún falta tiempo para eso. Mientras podemos dedicarnos a cuidar a nuestro bebé.

Sirius tuvo que comprender que no había forma de discutir, respecto a ambas ideas. Nuevamente pensó que su familia había resultado un tanto distinto a lo que pensó. No le molestaba. No fue como imaginó, sencillamente resultó mejor.

o.o.o

- No creo que lo nuestro pueda ser llamado matrimonio.

Sirius Black levantó la mirada ante esa frase. Y es que no podía seguir ignorando a su hijo de 19 años, pesé a la exitosa media hora que había logrado hasta ahora.

Apollo sonrió de forma victoriosa y cruzó os brazos.

- Ni siquiera puedo creer que contemples algo así, Apollo Black -regañó el hombre.

- Tienes más de 50 años y acabas de tener otro hijo -Apollo meneó la cabeza-. No porque me moleste -se apresuró a agregar-, sólo opino que deberías dedicarle todas tus fuerzas para criarlo. Y no perderlas en nosotros, quienes ya somos unos adultos.

- ¡Unos adultos descarrilados! -aseguró Sirius.

- Te cuesta mucho fingir decepción hacia nosotros, papá -sonrió el joven-, Diana y yo queremos visitar a los Malfoy. Conociendo a Draco Malfoy, sería mejor asistir como la importante familia Black. Queremos intimidarlo.

La verdad es que Sirius dudaba que Draco Malfoy fuera a impresionarse con la presencia de todos los Black, especialmente cuando los gemelos pretendían arrebatarle a su único hijo.

Sirius y Draco estaban de acuerdo en que esa situación no les agradaba en lo más mínimo. Ambos parecían haber hecho hasta la imposible para convencer a los jóvenes de que era una locura. Al parecer los dos fallaron.

Sirius estaba seguro de que seguían en desacuerdo, pero ambas partes tenían una notable desventaja, dado el apoyo que sus respectivas parejas daban a los chicos.

Honestamente todo eso estaba volviendo bastante irritante. Más a Sirius quien, para colmo, debía ver a ambos gemelos con la misma idea descabellada.

Porque Diana también se había acercado a él. La muchacha parecía haberse sacudido todas las buenas costumbres que Sirius se encargó de inculcarse, para volverse una descarada mediadora entre Andrew Malfoy y su hermano.

Indecente. Era esa la palabra que llegaba a la mente de Sirius, cada vez que pensaba en la situación.

Deborah tomaba las cosas con mayor serenidad. Incluso parecía lamentar no haber hecho lo mismo, en su momento.

Finalmente Sirius suspiró. No notar que ese gesto ensanchó la sonrisa de su hijo, habría sido imposible.

Tres años después se habían convertido en el niñero favorito de tres niños y miraba complacido los intentos de James para alcanzar unas galletas que pretendía dar a Salomón, su tercer hijo. Mientras cuidaba de C.C, su nieto, con ese biberón casi terminado.

Eran una extraña familia, ¿cierto?

29 de junio del 2008


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