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Disclaimer: Los personajes no son míos, escribo esta historia con el único afán de divertirme y entreteneros.
Dedicado a Aykasha-peke, por ser una amiga excepcional y por estar siempre ahí cuando la necesito. ¡Te quiero mucho cariño!
You're the one for me
Capítulo 3
Cuando despertó, Draco estaba a su lado, con la cabeza en su pecho, dormido. Retiró suavemente el rubio cabello que cubría la frente y tapaba los ojos de su amante, y acarició la tibia mejilla con movimientos circulares, suavemente, con una dulzura que solo empleaba con él, en aquella cama y en aquella casa.
El rubio se removió en sueños y cerró los ojos fuertemente, en un vano intento de escapar de la deslumbrante luz del sol, que entraba por una ventana entreabierta.
Harry deslizó su mano por la espalda del chico, llegó a sus caderas y la introdujo bajo la suave camisa verde, completamente arrugada, buscando su calor.
Al notar la fría extremidad del moreno hacer contacto con su cálida piel desnuda se estremeció y abrió los ojos bruscamente.
.-¡Harry! –exclamó. El moreno le miró haciéndose el inocente y sonrió.
.-¿Qué? –preguntó con dulzura. Draco se levantó rápidamente de la cama, al ver que Harry no despegaba su extremidad de él, para perder el contacto con la fría mano de su pareja.
.-¡Estás helado! –casi le gritó.
.-¿Y qué quieres que haga? –sonrió el moreno mirándolo sugerente-. Ven a darme calor.
.-¡No! Primero date un baño de agua hirviendo –dijo con el ceño fruncido.
Harry frunció el ceño, miró su pijama de seda y luego la ventana entreabierta.
.-Fue culpa tuya –murmuró Harry, repentinamente mosqueado-. Sabes que mi temperatura corporal desciende por la noche.
.-Bueno, entonces yo te prepararé el baño –dijo Draco, cogió una toalla de uno de los cajones del armario y se metió en el baño, dejando la puerta entreabierta tras de sí.
Harry oyó el agua caer en la enorme bañera del baño, agrandado mágicamente por Draco, de modo que solamente ese cuarto era casi más grande que el apartamento en estado natural. Y Harry pensó, sonriendo, que su pareja nunca dejaría de desear lo más grande y lo mejor, al fin y al cabo era un Malfoy.
Escuchó cómo le llamaba y, rápidamente, entró y cerró la puerta tras él.
.-Ya tienes listo tu baño, señorito –dijo, una clara burla en su última palabra, para luego acercarse a la puerta e intentar abrirla… sin éxito. Suspiró y se giró para enfrentar a su pareja, la cual le miraba, con una sonrisa y las cejas alzadas, desde el interior de la bañera.
.-¿Por qué lo hiciste? –preguntó, de nuevo, como tantas otras veces en esa semana-. ¿Es que no te cansas de encerrarme?
Harry pareció meditar unos segundos, pues borró su sonrisa y frunció el entrecejo ligeramente. Luego negó con énfasis.
.-Quiero que te quedes conmigo –respondió a las dos preguntas a la vez. Su rubio amante se acercó a él y, agachándose hasta quedar junto a su oído, susurró:
.-Eres un capullo –inmediatamente se arrepintió de sus palabras pues, como castigo, fue arrastrado al agua de cabeza, ropa inclusive.
.-Lo sé –rió el moreno cuando le vio emerger de nuevo-. Y sé que por eso me quieres –añadió, abrazando a su chico, revolviendo el pelo rubio con cariño y haciéndole gruñir por esa caricia.
Y Harry se sorprendió por éste hecho. Generalmente, después de hacer el amor, Draco se acercaba a él y colocaba la cabeza en su pecho, ofreciéndose para que le acariciara el cabello, suave, tiernamente, como siempre. Continuó con su caricia, y sonrió al escuchar cómo su pareja suspiraba y gemía bajito, disfrutando.
Pero su sonrisa se borró casi inmediatamente al pensar en Narcisa. Sabía que estaba sufriendo, y lo peor era que sufría por su culpa.
Y en ese momento lo decidió. Sería un licántropo peligroso y sangriento, pero también estaba enamorado, y no pensaba dejar escapar la oportunidad de compartir su vida con esa persona tan especial.
Salió de la casa tan rápido como había entrado y volvió a aparecerse fuera de las barreras de la Mansión Malfoy, caminando luego rápidamente hasta llegar a la puerta y llamar al timbre.
Cuando le abrieron entró como un vendaval y le dijo al elfo que le guiara hasta el dormitorio de su ama rápidamente.
Cuando llegaron, Remus entró sin llamar, cerrando la puerta tras de sí. Fue entonces cuando la vio. Cubierta por un camisón negro y frente a la ventana, dándole la espalda.
.-Narcisa… yo… -comenzó. La mujer se dio la vuelta y se acercó a él rápidamente, de modo que el hombre pudo observar la parte delantera de su cuerpo. El camisón arrastraba por el suelo y tenía un bonito escote de pico. En la parte superior de éste, una ancha banda de encaje con un forro plateado cubría su pecho, y unos finos tirantes de seda, al igual que el resto de la prenda, sujetaban el camisón a su cuerpo. Remus no pudo dejar de pensar que estaba preciosa, a pesar de las marcas de lágrimas recientes en su rostro y de sus ojos rojos y húmedos aún.
.-Hazme tuya, Remus –suplicó al tiempo que se acercaba y depositaba un húmedo y salado beso en los labios del licántropo-. No me importa qué pase, solo hazlo.
Y le besó de nuevo, esta vez más larga y pasionalmente. Remus no pudo contenerse y la correspondió, rodeando su fina cintura mientras ella enredaba sus manos entre sus cabellos castaños.
Él acariciaba su cintura con los dedos, suavemente, sin dejar de besarla, y ella tiraba levemente de sus mechones entrecanos, mientras sus lenguas batallaban por el control de la otra boca.
Narcisa avanzó a tientas hasta llegar a la orilla de la cama y, una vez allí, se dejó caer despacio, arrastrando al licántropo con ella. Remus tuvo que soltar su cintura, con cierta molestia, para colocar sus manos a cada lado de su cuerpo y no aplastarla así con su peso.
Se separaron en busca de aire y el licántropo besó tiernamente las comisuras de los labios de su amante, que le acariciaba la nuca y el cuello con sus suaves y finos dedos.
Narcisa cambió las posiciones para quedar ella arriba, besándole el cuello y los lóbulos de las orejas, intercalando dulces besos con suaves mordisquitos, haciéndole suspirar en voz baja y apretar sus dedos en torno a la estrecha cintura de la mujer.
Pronto los besos llegaron a la base del cuello del castaño, esta vez más pasionales y salvajes que antes, mientras las manos de Remus viajaban por la espalda de la mujer hasta llegar a su trasero, posándose allí y masajeando suavemente, revolviendo el resbaladizo camisón.
Las manos de Narcisa se deslizaron desde los costados del cuerpo del licántropo hasta el primer botón de la camisa de éste, desabrochándolo despacio a medida que besaba la suave piel que quedaba al descubierto.
Hasta que la camisa dejó de ser un obstáculo. Narcisa arremangó su camisón hasta medio muslo para así poder sentarse y, sujetando al licántropo de los bordes de su camisa, hacerle incorporarse también.
Sus manos viajaron desde el abdomen del castaño hasta los hombros, deslizando las palmas por su pecho y arrastrando la camisa con ellas, hasta que finalmente ambos se deshicieron de ella.
Y entonces Narcisa continuó besando aquí y allá. Primero la base del cuello, luego las clavículas y, después, siguiendo un camino descendente por su torso, besando y mordisqueando los pezones, lamiendo y soplando la piel ardiente, haciendo que Remus sufriera escalofríos producidos por el placer.
Llegó a su cadera y algo le impidió continuar: la cinturilla de los pantalones de su amante. Y desabrochó el cinturón, luego el botón y finalmente la cremallera, para segundos después comenzar a desprenderle de la molesta prenda, que aterrizó a varios metros de la cama.
Y luego se levantó, dejando a Remus allí acostado, mirándola con sus dorados ojos brillando anhelantes. Soltó su rubio cabello, que había estado recogido en un moño, y dejó que los lacios mechones recorrieran su espalda, acariciándola con suavidad.
Sus manos se dirigieron entonces a los tirantes del camisón y, sin prisas, los deslizó por sus hombros, permitiendo luego que toda la prenda se deslizara por su cuerpo, dejando una aureola negra bajo sus pies y un cuerpo pálido y delicado cubierto solo por un sujetador y unas braguitas negras de encaje. Remus tomó aire y cerró los ojos, sintiendo como su corazón se aceleraba con rapidez al ver a la mujer que amaba así, semidesnuda, frente a él.
Se obligó a abrirlos de nuevo al sentir un nuevo peso en la cama, y lo primero que vio fue el rostro levemente sonrojado de Narcisa, que avanzaba gateando hacia él.
Vio la cara de Narcisa cada vez más cerca de la suya, y luego sintió sus labios presionando contra los suyos.
La sujetó de las mejillas y las acarició con los pulgares, suavemente. Pronto sus lenguas se unieron al juego y se acariciaron entre ellas, la pasión aumentando con cada caricia.
Las manos de Remus viajaron por todo el cuerpo de Narcisa, consumidas por el placer y ardientes por el fuego de la pasión. Las sudorosas palmas se deslizaron por los omoplatos y se introdujeron debajo de la parte trasera del sujetador, acariciando la suave piel. Sacó sus manos de allí y, deslizándolas ésta vez por encima de la tela, continuó acariciando hasta llegar a la cadera, apresándola suavemente.
Y ella rompió el beso y bajó de nuevo por el pecho, besando los pezones y mordisqueándolos con picardía y dulzura, hasta sentirlos erguirse de nuevo. Entonces continuó su camino por el torso, llegando al ombligo y hundiendo allí su lengua, haciendo que Remus se arquease levemente y jadease por la impresión. Y al bajar un poco más se encontró con la molesta goma de los bóxer, que le impedía continuar su camino descendente.
Introdujo la punta de sus dedos en la prenda y acarició el interior con sus uñas, suavemente, provocando que el licántropo gimiera y se retorciera levemente, asaltado por el placer. Y cuando Narcisa se negó deliberadamente a terminar con su sufrimiento, Remus la besó casi con fiereza, enrojeciendo sus labios y apretando sus nalgas, haciendo que sus caderas se unieran desesperadamente.
Desabrochó su sujetador y lo mandó lejos de ellos, masajeando segundos después sus senos, sin separar sus labios en ningún momento.
Cambió las posiciones, quedando él arriba y comenzando un camino de besos desesperados. Besó su cuello, sus clavículas, la parte central de sus pechos y luego pasó a atender sus pezones. Besó y mordisqueó con suavidad, primero uno, mientras su mano acariciaba el contrario, y luego el otro, repitiendo sus caricias.
Y fue entonces cuando Narcisa perdió el control. Sujetó el pelo de su amante y tiró de él hacia arriba, haciendo que de los labios de Remus brotara un gemidito adolorido.
Le besó y, con prisa, le bajó los bóxer, al tiempo que él la desprendía de sus braguitas. Rodeó con sus piernas la cintura del licántropo y él la penetró con rapidez, comenzando a moverse casi al instante y sin dejar de besarla.
Narcisa empujaba con sus piernas las caderas de Remus, a la vez que se arqueaba, en cada encuentro de sus cuerpos. Y así los movimientos se hicieron cada vez más salvajes y desesperados.
.-Te quiero –jadeó él luego de una embestida demasiado placentera.
Y ella sintió demasiado cerca su orgasmo, y se arqueó, buscando el cuerpo de su amante, encontrándolo inmediatamente. Remus la besó, transmitiéndole sensaciones jamás experimentadas.
Y ambos se dejaron llevar, juntos, por la marea de sentimientos que les asaltaban.
Remus terminó con un gemido ronco, mientras Narcisa lo hacía con un jadeo ahogado.
Y se abrazaron, Remus aún en el interior de su amante, y ella abrazándole e intentando calmar su agitación. El castaño salió de las estrechas cavidades que apresaban su miembro, ya fláccido, minutos después; y sin perder tiempo apoyó su cabeza en el pecho de la mujer, rodeándola con uno de sus brazos.
.-Te quiero… -fue lo último que escuchó antes de caer en los brazos de Morfeo.
FIN
Hola! Os gustó? Bueno, pues aquí está el último capítulo ;D Realmente disfruté mucho haciendo este reto, impuesto por Aykasha-peke. Nena, que eres la mejor! Espero que os gustase mucho y que dejéis muchos reviews . Sí? Verdad? Jeje, ojalá me dejaran tantos reviews como a otros autores, aysh! Pero bueno, de ilusiones no se vive. Venga, mil besos a todos!
Vamos con las contestaciones a los reviews:
F.: Bueno, muchas gracias por tu ánimo, de verdad, no es un fic que me fascine, encima de que es asquerosamente corto. Muchas gracias por leer y aquí tienes el último chap. Besos!
Reviews? Los merezco?
·PaddyPau·
Miembro de muchas órdenes