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Terra: Wiii! El 3er capítulo!
Yami: Al menos éste no está tan largo como el anterior... x.x
Yugi: Si! Era inmenso x,x Te emocionaste con ese chap xD
Terra: Es que estaba escribe y escribe la conversación de la chava rubia y el abuelo y para cuando me di cuenta ya iban 10 hojas! Oo
Yugi: o.o
Terra: Así que en "compensación" este chap está más corto... quizá no tanto, pero si n.n Además, 17000 palabras para 2 capítulos! Oo es mucho!
Yami: Bueno, empecemos el fic de una vez n.ñ
Terra: Disclaimer—YuGiOh no me pertenece y nunca lo será... sino ya habría cambiado el final... ¬¬ Ah, y por cierto, aquí les va un glosario por si no entienden algunas cosas...
1. Monbetsu: Una ciudad de Japón localizada en Abashiri, Hokkaido, que está pegada al Mar de Ojotsk.
2. Saitama: Ciudad cercana a la capital de Japón, Tokyo; que en esta historia, es la ciudad vecina de Domino.
3. Oma: Ciudad localizada en la isla de Hokkaido, al suroeste de Japón.
4. Hokkaido: Una de las islas de Japón (como estado, pero allá tienen otro nombre) localizada al noreste de éste, en el mar de Ojotsk.
5. Mar de Ojotsk: Parte del mar del Pacifico Oeste, a la derecha de Japón.
6. La distancia aproximada entre Saitama y Monbetsu es de aproximadamente 1024 km.
Yugi: Bueno, disfruten del 3er chap del fic! n.n
THE LOVE-KEEPER
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Capítulo 3: La Huida y el Reencuentro
Corriendo sin detenerse por las nevadas calles de la ciudad de Domino sin un rumbo fijo, siendo muestra de atención de toda la gente que pasaba de largo ó esquivaba, y con únicamente una pijama de tela delgada que no resistiría contra el frío de las calles, iba la fugitiva de la casa de los Motou, jadeando por respirar pero sin detenerse. El espesor de la nieve era un tanto grueso y difícil de correr en él, especialmente si uno iba sin botas ó zapatos para la nieve, pero ni ésta ni el frío le impedirían escapar a toda velocidad, tenía que alejarse de esa ciudad cuanto antes... Aún si volvía a enfermar de fiebre por la ropa tan ligera que traía. Tenía que irse. No podía dejar que ocurriera de nuevo, no a ellos... no a Yugi...
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En casa de los Motou, sin embargo, a diferencia de la paz y la quietud que reinaba las calles de Domino, había un caos total. Mas d patrullas con las sirenas encendidas estaban frente al establecimiento, con policías y detectives dentro y fuera de ellas, hablando entre sí y reportándose a la jefatura, ó interrogando a los testigos, los cuales eran Yami, el abuelo, y los demás amigos de Yugi, quienes habían acudido a su encuentro tan pronto les habló por teléfono y les hizo saber con un dejo de pánico que su invitada había huído; los chicos no podían dar detalles necesarios para dar una búsqueda, excepto el hecho de que sólo sabían que ella había ido rumbo al norte por las huellas que había dejado en la nieve. Ese dato se lo tuvo que dar Yami a la policía, dado que Yugi estaba totalmente conmocionado como para pronunciar palabra.
—Yugi... — (N/A: En este fic voy a estar cambiando el nombre de la imbe-digo, la chica castaña... osea, de repente voy a escribir Tea y otras Anzu, ya sea por que se me olvide o por algún otro motivo, así que hagan de cuenta que tiene 2 nombres, si? n.ñ gracias!) Tea se acercó a donde Yugi estaba sentado, el cual no podía ser más claro que era presa de la desesperación— Te encuentras bien?
Yugi lo miró como si hubiera hecho la pregunta más obvia del mundo.
—Claro que no estoy bien... —dijo con la voz quebrada y volvió a hundir su mirada mirando hacia el suelo— Es que aún no puedo creerlo...
—Aún no entiendo por que te angustias... —le dijo suavemente, mientras se acercaba y lo reconfortaba con un abrazo (N/A: Como me odio por escribir esto...) —Por favor no te pongas así... No me gusta verte triste... —Yugi no pudo evitar sonrojarse ante esas palabras, y sintió que su peso se aligeraba un poco. El calor y la compañía de su mejor amiga lo hacía sentir mejor siempre ante situaciones como ésas... (N/A: ToT No Yugi! No te dejes engañar!). Yami, que estaba hablando con uno de los oficiales en cargo, sintió el súbito y pequeño cambio de humor de su aibou; miró la amorosa escena, y frunció el ceño en disgusto.
—Es que aún no puedo creer que se haya ido... —replicó Yugi con un tono de voz más firme, que no se había percatado en lo absoluto del pequeño ataque de celos del espíritu.
—No sé por que te quejas, la verdad —respondió a eso Tea, con el tono de "soy una fastidiosa" que era digno de ella— Ella es una amargada sin amigos que ni siquiera parecía apreciar tu hospitalidad. Bien merecido se tiene si llega a congelarse en la-
PUM!
De pronto Anzu estaba tirada en el piso, completamente sorprendida y viendo a un muy enojado Yugi, mientras la primera frotaba su antebrazo izquierdo, llamando la atención de todos los presentes.
—NO VUELVAS A DECIR ESO! —sentenció Yugi, su rostro rojo de ira. Todos miraban la escena sorprendidos y en silencio. Tea lo miró con sorpresa y un poco de temor en sus ojos —NUNCA VUELVAS A DECIR ESO! —y se fue corriendo a su habitación con el rostro lleno de lágrimas.
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El silencio duró unos cuantos segundos más antes de que todos los agentes y policías y demás presentes volvieran a lo que estaban haciendo, dado a que lo tomaron como un ataque emocional del chico y no le dieron mucha importancia. Excepto por el abuelo, Yami y los amigos de Yugi. Anzu aún no se había recuperado del shock del "ataque" y aún seguía tirada en el piso (N/A: Como la escoria que es ¬¬). Pues tan pronto Tea había susurrado unas palabras a Yugi inaudibles para los demás, éste se había levantado de su asiento bruscamente y la había empujado sin miramientos a un lado tirándola al piso, gritándole lleno de rabia y marchándose de la escena.
Todos se miraron entre sí aturdidos. Nunca habían visto a Yugi comportarse de esa manera, siendo el un chico tranquilo y amable, en especial Yami, que compartía casi todo su tiempo con él. Y su reacción ante esa situación lo dejó un tanto sorprendido y preocupado. Él pudo sentir el remolino de sentimientos de Yugi cuando sucedió: Primero una ira indescriptible que lo invadía por completo que lo impulsó a tirar a Anzu; después un dolor muy fuerte, tan fuerte que si no lo desahogaba sentiría que explotaría en llanto; y finalmente una tristeza insufrible, el más fuerte de los sentimientos que había experimentado. Sintió que lo juzgaban injustamente, que los demás no sabían lo que sentía, y que no había quien pudiera entenderlo... Así que sin más que poder decir, rompió a llorar de dolor y corrió a su habitación.
Eso había dejado muy desconcertado a Yami, puesto que el sentía todo lo que su aibou, y jamás había detectado alguna señal de depresión ó soledad... Era muy extraño; así que sentía que era su deber averiguar que ocurría con él, y ayudarlo de alguna manera. Se había estado comportando muy extraño desde que esa chica había llegado... Y si tenía algo que ver ó no, no quería que nada malo le pasara a Yugi. Así que sin despegar la vista del frente se dirigió hacia las escaleras, pasando a un lado de Anzu, que no se había movido ni un centímetro de su lugar.
Después de que todo había permanecido estático en la escena del crimen por unos segundos, Tea se dio cuenta inmediatamente del movimiento de Yami pasando por su lado, y de inmediato optó una posición lastimera y suspiró:
—Yamiii, creo que me lastimé el tobillo, snif. Me duele mucho... Creo que debo recostarme... Podrías cargarme?
Pero Yami le hizo tanto caso como a una mosca en la pared, y la pasó completamente de largo subiendo las escaleras. Ella lo miró indignada y se fue corriendo hacia el jardín a llorar sonoramente en uno de los columpios que había afuera... Pero ese plan tampoco funcionó.
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Yami subía las escaleras cautelosamente hasta llegar a la habitación de Yugi. No se oía un alma en todo el lugar, lo cual lo ponía más nervioso; esperaba tan siquiera escuchar unos apagados sollozos de parte de su aibou. Eso habría sido mejor que no escuchar nada. Llegó al frente de la puerta tras lo que parecieron ser minutos interminables. No se escuchaba nada dentro. Tras una pausa, tocó la puerta un par de veces; el sonido retumbó como pilares cayendo al suelo. No hubo respuesta... Siguió esperando, y al no sentir movimiento de parte de Yugi, abrió la puerta.
—Yugi? —Llamó. Vio justo enfrente sentado en su cama y mirando el vacío a Yugi, que jugaba con un pedazo de manta de su cama. Se veía más lúgubre que nunca. Yami se acercó a él y se sentó a su lado.
—Lo siento —dijo Yugi tristemente, sin darle tiempo a Yami de pronunciar palabra.
—No importa —respondió Yami, sonriente. Le aliviaba saber que Yugi no sentía nada más que culpa.
—No.. no se que me pasó allí abajo —dijo con un tono de voz más aliviado; por un momento pensó que Yami pudo haberse enojado con él. Yami se dio cuenta de esa incertidumbre, y le preguntó:
—Por qué creías que yo me enojaría contigo?
—No lo sé —dijo Yugi— supongo que... por haber golpeado a Tea de ese modo—añadió ruborizándose un poco. Yami frunció el ceño.
—Pues a mí no me molesta, la verdad —repuso— si a alguien deberías pedirle disculpas es a ella. Yo no estoy enojado contigo —pero su tono de voz de fastidio decía todo lo contrario.
—Lo siento, Yami —dijo Yugi de nuevo. Él sabía que Yami por alguna razón, no se llevaba muy bien con Anzu, y hace mucho tiempo le había pedido a Yugi que si ella no estaba no tenían por que sacarla al tema. Yugi no entendía muy bien por que, pero respetaba los deseos de su amigo; por lo que en cuanto Yami entró le ofreció una disculpa, sabiendo que Tea tendría que salir a flote.
—No importa —dijo Yami nuevamente con aspereza— No es tu culpa...
Yugi sonrió nerviosamente.
—Es que... —dijo con cautela, como si estuviera pensando muy despacio que palabras elegir— Quería preguntarte una cosa...
—Qué es? —preguntó Yami arqueando las cejas, mirándolo.
—Hace.. hace un momento... cuando estábamos en la sala —Yami lo interpretó como el momento en que tiró a Anzu— tú... tú fuiste quien... —Yami lo miró con expresión de sorpresa. Yugi tragó saliva— Tú fuiste quién me hizo golpear a Anzu? —dijo esto rápidamente, como si de esa forma las palabras le fueran a doler menos, al mismo tiempo que se ruborizaba intensamente. Pero Yami había dejado pasar su mirada de fastidio por una llena de estupefacción.
—Cómo dices? —preguntó. Lo que acababa de escuchar era inverosímil, así que no podía ser cierto que Yugi hubiera dicho esas palabras.
—Yo.. no... no... Lo siento Yami! No quería ofenderte! Yo sé que jamás harías eso! Es sólo que...
—No he sido yo —dijo Yami sorprendido, convencido ahora de que había escuchado bien— Yo jamás te habría poseído de esa forma... Nunca lo he hecho... —sabía que Tea le caía mal pero no era para tanto.
—Sí, lo sé —dijo Yugi, aliviado— Perdóname por preguntarte eso Yami, pero es que si no fui yo quién tiró a Tea...
—Qué no has sido tú? —preguntó Yami— A qué te refieres?
—Bueno, eso es lo más extraño —repuso Yugi— Por qué en ese momento no sentí que fuera yo del todo, era como si alguien hubiera entrado en mi cuerpo de repente y me hubiera usado por un momento; pero después ya no estaba —explicó Yugi. Yami lo miró un tanto sorprendido— Por un momento pensé que quizás habrías sido tú, pero... se sintió de una manera diferente, era como si hubiera sabido lo que sintió esa persona ante las palabras de... de Anzu, y yo respondiera por ella. —dio un largo bostezo, y miró su almohada con aprehensión— No se quién haya sido.
—Es extraño —dijo Yami, mientras Yugi se acomodaba en su cama— por que nadie pudo haberte poseído: de haber sido así, yo me habría dado cuenta...
—Pero no me poseyó, fue más bien como si me dijera... No lo sé —dijo Yugi, poniendo una sábana sobre él. Volvió a bostezar— Es difícil de explicar...
Yami lo miró un momento antes de hablar.
—Quién crees que haya sido? —le preguntó.
—No lo sé —respondió, entrecerrando los ojos— Quizás fue ella...
—Quién, Yugi? —preguntó Yami nuevamente.
—Ella Yami, tú sabes... —dijo Yugi, acomodando su almohada.
—Pero cómo puede ser? Aunque tuviera un artículo del milenio...
—No lo sé, Yami... —dijo adormilado— No lo sé...
Y se durmió en un instante.
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Muy lejos del hogar del caos y desorden donde buscaban a una joven fugitiva, iba corriendo con toda su fuerza y aliento nuestra joven protagonista. Cada vez sus piernas le daban para menos y sus pulmones mostraban dificultad en respirar adecuadamente. Finalmente, en las salidas de la ciudad se detuvo, jadeando, apoyándose en sus rodillas para tomar aire. En poco tiempo su respiración regresó a la normalidad, lista para seguir su interminable camino. Giró su cabeza y contempló la ciudad que creyó vería por última vez... Extrañaría a Yugi, sin duda. Había sido tan bueno con ella... Le ayudó sin conocerla y sin pedir nada a cambio... Ni siquiera tuvieron la oportunidad de hablar frente a frente. Jamás se dirigieron la palabra, y aún así ella podía decir que era un chico muy bondadoso, muy tierno, y de un corazón tan grande... Casi podía decir que ahora era su...
De repente pareció volver a la normalidad.
—Qué? Qué estoy diciendo? Yugi? Mi amigo? Jaja! —Intentó sonar fuerte. Que realmente no le importaba Yugi ni nada más; pero no podía ocultar la triste verdad de sí misma, la que la acechaba desde hace tanto tiempo: 'Yugi no puede ser mi amigo... Si lo fuera le pasaría lo mismo que a-'.
Se detuvo. Era mejor no pensar en eso, no quería hacer una escena ó algo parecido... No quería llorar. Cerró sus ojos y sacudió su cabeza, como si eso fuera a alejar esos pensamientos de su mente.
—No puedo distraerme ahora, necesito llegar a al puerto de Monbetsu antes de que alguien más me vea. —Dicho esto se alejó de inmediato del lugar, dejando leves huellas en la nieve que no tardarían en borrarse con el aliento del frío invierno.
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—Y eso es todo lo que vio?
—Sí, después de eso, bajé las escaleras y no volví al cuarto.
—Ya entiendo; muchas gracias.
El abuelo había terminado de hablar con uno de los policías en cargo después de una entrevista a fondo sobre el tema en discusión, y ahora se dirigía a la cocina a preparar algo de comer. Anzu, que también había terminado de ser interrogada en el jardín, se acercó a Joey, quien había sido sacado a patadas por el abuelo de la cocina.
—Aún no entiendo.
—Gue esh lo gue no endiendes? —preguntó Joey con la boca llena de pastel.
—El por qué tanto alboroto. Ella se escapó de la casa. Y qué? Por qué arman tanto alboroto?
—Dal vez demen gue va'a a madar a alguien —dijo Joey encogiéndose de hombros.
—Ella no va a matar a nadie —dijo Yami bajando las escaleras, con el entrecejo fruncido ante el comentario.
—Entonces por que tanto alboroto, Yami? —preguntó Anzu. Yami frunció más su rostro. Por qué insistía en llamarlo por su nombre?
—Si realmente quieres saberlo, Yugi fue quien pidió que la buscaran; tiene miedo que le pase algo...
—Eso no me gusta —dijo ella con un dejo de disgusto y celos— Por qué le da tanta importancia? Ni siquiera la conoce! Ella no es su amiga como nosotros. —dijo de manera presumida, como si ser amigo de Yugi significara ser parte de un alto club social.
—Pues pregúntaselo a él —dijo dedicándole una muy fría mirada. Aunque Anzu, claro, no se dio cuenta— si tantas ganas tienes de saber...
—Oye, es verdad, cómo está Yugi? —preguntó Joey.
—Está durmiendo. Así que por favor no quiero que vaya a molestarlo NADIE —dijo Yami recalcando la última palabra, viendo como Anzu ya estaba por subir las escaleras.
—Ejeje, lo siento, Yami. n.ñ
Yami le dedicó su última mirada amenazante a Anzu, y se fue.
—Gue carácder... —repuso Joey ahora con su boca llena de salchichas.
—Ahhh... Yami —dijo Tea en un tono un tanto soñador. Joey sólo la miró escépticamente.
Yami, mientras tanto, se había dirigido a la cocina para ver si podía preparle algo de comer a Yugi, quien, si mal no recordaba, no había probado bocado desde que había regresado de la escuela (Yugi no había comido absolutamente nada en el momento en que el abuelo les relató como había transcurrido la mañana). Se dirigió al refrigerador y tomó un pedazo de hamburguesa que había sobrado del día anterior. El abuelo lo miró sonriente.
—Eso es para Yugi?
—Sí; me preocupa que no haya comido nada desde hace rato. —dijo Yami desde dentro del refrigerador mientras buscaba algo más para llevarle.
El abuelo volvió a sonreír.
—Bueno, no te preocupes, ya le estoy preparando algo de comer. Te molestaría si...?
—Para nada —dijo Yami sonriente — Yo me encargaré de llevárselo y ver que se lo coma cuando el despierte.
—Jo jo! —rió el abuelo alegremente— Realmente Yugi es muy afortunado de tener un amigo tan atento!
Yami se sonrojó un poco.
—Pues- yo... realmente-
—No me tienes que dar explicaciones, muchacho —replicó sonriente, mientras se volvía a su trabajo en la estufa— Yo se que a él lo quieres mucho. Nada más no te vayas a sobrepasar, eh?
—A... A qué se refiere? —preguntó Yami completamente rojo. Pero el abuelo sólo rió sin responder nada, y le puso un plato de comida en sus manos.
—Toma, llévalo esto a Yugi; conociéndolo no dormirá mucho por el hambre... Anda, ve! —le dio un empujoncito para que saliera de la cocina, pues Yami no lo dejaba de ver con una mirada de sorpresa. Hecho esto, el abuelo regresó al sartén disponiéndose a preparase algo para él. —Ay, estos muchachos... Realmente, a mí no me molesta... Y sin duda sería mejor a que estuviera con Tea... —agitó la cabeza— Uhh, esa mujer me da escalofríos...
Mientras Yami iba subiendo las escaleras completamente atónito. Acaso el abuelo había querido decir lo que el creía...? No, no podía ser. El abuelo nunca permitiría una relación como ésa... o sí?
—...Yami?
Se sobresaltó. Había llegado a la puerta del cuarto de Yugi hace ya quién sabe cuanto tiempo, y se había quedado parado pensando en tonterías. Y pudo haberse quedado ahí un buen rato más si no hubiera sido por que escuchó que lo llamaban. Una voz un tanto adormilada y cansada.
Tocó la puerta un par de veces, y la abrió con cuidado sin esperar respuesta. Dentro estaba Yugi, durmiendo plácidamente y sin ningún problema en su rostro. Era como un pequeño ángel que se queda dormido después de un duro día de trabajo. Tan apacible y tan tranquilo... Era imposible no formar una sonrisa de ternura al verlo.
—Uhm... Yami...
El faraón sonrió aún más en deleite por escuchar a su hikari pronunciar tan dulces palabras. Pero no podía dejarlo sin comer por más tiempo. Así que casi de mala gana, fue y le sacudió tiernamente el hombro para despertarlo.
—Yugi?
—Mmm... ehh? Qué? —se frotó los ojos tiernamente, tratando de aclarar su vista— Uhm... Yami? —Yami sonrió— Hola —dijo sonriendo él también— Mmm... Eso es comida? Es para mí?
—Claro que es para ti; el abuelo lo hizo y yo te lo traje—Yugi se levantó lentamente y alzó los brazos mientras se estiraba para despertar completamente. Yami sonrió nuevamente— Yugi...
—Si?
—Tú me llamaste? Hace un momento?
—Yo? Te llamé? —preguntó con un pequeño bostezo. Aún estaba un poco dormido.
—Sí. —dijo Yami— Me llamaste en sueños.
—En verdad? —preguntó frotándose los ojos— Ahhh... Pues... no... no lo recuerdo... por qué?
—No importa —replicó Yami, sin dejar de sonreír. Yugi le dedicó una mirada escéptica— Por qué mejor no nos concentramos en lo que te traje? El abuelo se enfadará conmigo si se entera que te hice esperar.
—Está bien! —dijo Yugi ya más despierto percibiendo el olor de la comida— Mmm... Huele delicioso! Qué es?
—No recuerdo muy bien como se llama era algo... bisquet, creo.
—Jajaja, creo que quieres decir "bistec", Yami.
—Oh si, es que siempre los confundo —dijo el faraón con un puchero y una gotita en su sien, haciendo reír más a Yugi.
(N/A: Para los que no sepan la diferencia o lo que es cada uno, bistec es un pedazo de carne que se puede servir en muchas maneras, y un bisquet es un pedazo de pan... Mmm... bisquet :9 ).
—Bueno, ya déjate de cosas, Yugi. Vas a comer lo que te traje, si o no?
—Jajaja, ya me lo como, no te enojes!
Yugi tomó de inmediato el pedazo de bistec que el abuelo había hecho para él, y en menos de 2 minutos ya se había comido más de la mitad. Yami lo miraba sorprendido: realmente tenía hambre! Hace mucho que no veía a su aibou comer así... Pero Yugi no parecía darle importancia, y prosiguió comiendo. A ¾ de haberse comido el pedazo carne, preguntó:
—Oye Yami... Yum... Dijeron algo los policías sobre su paradero? —obviamente estaba preguntando por ella, pensó Yami, pero por alguna razón nada de eso parecía molestarle.
—Sí... Una señora reportó verla hace una hora un poco cerca de las afueras de la ciudad... Iba a pie, así que los policías dicen que no pudo ir muy lejos, así que la buscarán en la ciudad siguiente a la nuestra, Saitama.
—Me alegro —dijo Yugi, habiendo terminado el bistec, dispuesto ahora a atacar la ensalada de al lado.
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En otra parte y muy lejos, mucho más lejos de lo que creían quienes la estaban buscando, iba la chica rubia. Había transcurrido bastante tiempo y recorrido gran distancia desde que estuvo en las afueras de Domino. En ese momento se encontraba en Oma, y necesitaba el camino más corto para llegar al puerto de Monbetsu. Lo malo es que ella no sabía el camino y no podía preguntarle a cualquiera, de lo contrario llamaría la atención, y mas importante, tenía que llegar a Hokkaido primero. Tenía que encontrar a alguien de las calles bajas de la ciudad, justo donde se encontraba ahora. Y para su suerte, en ese momento iba pasando un pandillero de aspecto atemorizante.
Lo siguió cautelosamente por los techos de las casas, mientras él caminaba tarareando una canción y sosteniendo una botella de licor que movía al compás de la música. Guardado en el cinturón de sus pantalones rotos y deshilachados, había un cuchillo con una punta muy afilada, pero a ella no le importó; por lo que cuando el muchacho dobló una esquina en la siguiente calle, ella sin dudarlo saltó y lo sorprendió por enfrente.
—Wow! —exclamó, deteniendo su feliz caminata, ante el recibimiento de quien menos se esperaba. Una sonrisa se formó en su rostro— Pero qué tenemos aquí!
—Cállate y escucha —dijo tajante. No tenía tiempo para sus "bromitas" — Necesito información, y tú me la darás; quiero que me digas por donde puedo-
—Y hasta vestida para la ocasión! —soltó de repente, viendo lo que traía puesto. No dio señal de haberla escuchado en lo absoluto— Esto sin duda va a ser muy emocionante!
Comenzaba a perder la paciencia.
—No quieres meterte conmigo —dijo con una mirada amenazante, a la que él no dio importancia.
—Ah no? —preguntó él, mientras tanteaba su navaja en su cinto— Qué no quieres acompañarme a la cama a jugar conmigo?
Y con esa frase, lo último que quedaba de su paciencia se esfumó en un instante. En un gruñido de ira lo sujetó por el cuello y lo golpeó contra la pared, al mismo tiempo que arrebató rápidamente de su mano el cuchillo que él había estado a punto de tomar.
—Dime —dijo enfurecida, con sus ojos brillando de furia— la forma más rápida para llegar al puerto de Monbetsu sin ser detectada. Ahora.
—Y-Yo... Yo... n-no lo sé...! —el hombre estaba aterrado— Juro que yo no...
—Mientes! —gritó ella, sujetándolo por el cuello más fuerte— Dime ahora como llegar al puerto de Monbetsu si es que aprecias tu vida!
—Por favor! —dijo él palideciendo— Por favor... n-no me lastimes... Es q-que yo... yo no pued-
—Si puedes —dijo ella, mirándolo fijamente a los ojos— Ellos no sabrán que me dijiste nada, te lo aseguro.
El hombre la miró boquiabierto.
—Pero cómo...?
—Pero —dijo ella en voz alta, sin dejarlo terminar— si de lo que tienes miedo es que te maten, más miedo deberías tener de mí.
El hombre no dijo nada, pero era claro que estaba evaluando sus opciones, ya que seguía lívido e inmóvil como una estatua. Pero al cabo de unos segundos, tras morderse el labio en evidente terror, tragó saliva, y señaló a una calle no muy lejos.
—Ves esa calle de allá? —preguntó. La rubia asintió— Tienes que seguirla hasta que llegues a una tienda de abarrotes que esté tapizada y cerrada. Entra, y pregunta por Hidan, él te llevará hasta el Puerto de Monbetsu por una vía subterránea. Si quieres tomar un barco fuera del país, tendrás que entrar como polizón junto con los demás, de lo contrario no te dejarán salir del barco en cuanto llegues...
—No importa —dijo ella sin mirarlo— Mi viaje termina antes.
—En medio del mar de Ojotsk? —preguntó impresionado— Pero cómo...!
—Y ahora —dijo— Debo irme. Gracias por tu voluntaria cooperación, y no te preocupes —agregó al sentir como el hombre se arrepentía de la completa conversación— tú no sufrirás ningún daño.
—Pero ellos sabrán que yo te dije! —dijo casi al borde de las lágrimas— Vendrán a rastrearme, me matarán, y...
—Nadie sospechará —dijo— y nadie vendrá a buscarte. Si alguien viene a hacerte pagar por algún crimen, no será por lo que me has dicho hoy, sino por otros crímenes que has inflingido en alguien más en el pasado.
El hombre no dijo nada, pues tal parecía que a la mente se le habían venido de una sola vez todas las cosas malas que había hecho en su vida. Parecía que en cualquier momento se desmayaría: estaba tan pálido como la muerte.
—Ahora vete. —dijo ella, aventando el cuchillo hacia dónde él estaba. En un segundo lo tomó, lo guardó en sus pantalones, y huyó por su vida. Ella le dedicó una última mirada amenazadora y se alejó hacia dónde el malhechor le había indicado.
No lo tomó más de 5 minutos recorrerla corriendo, ya que la nieve en esa parte de la ciudad no estaba tan espesa ni cubría toda la calle, pero aún así tomó una parte de la energía que aún no había recuperado por completo. Se sostuvo en sus piernas a medio agacharse e inhaló varias veces antes de retomar su postura. También tosió un poco: eso no era buena señal. Pero no le dio importancia, primero tenía que alejarse de Japón lo antes posible, después se las arreglaría respecto a su salud; pues ella sentía que la estaban buscando, que Yugi la estaba buscando, y por su propio bien, no debía dejar ser encontrada.
Todos esos pensamientos, sin embargo, se esfumaron tan pronto vio el edificio que tenía enfrente, tal como ese vándalo se lo había descrito, una tienda de abarrotes tapizada por todas sus entradas, con un letrero de "en reparación" en su puerta. Pero era bastante grande para tan sólo ser una tienda, así que ella dedujo bien al pensar que era más bien un lugar de reunión para la gente del 'barrio bajo'.
No se molestó en tocar; dio unas cuantas patadas a la puerta y ésta se abrió, dando un vistazo de una habitación polvorienta e inhabitada por dentro. Entró, cerrando la puerta tras de ella.
—Hola? —llamó a nada en particular. No parecía haber ni una sola alma dentro. Los pequeños destellos de luz que se colaban por la ventana sólo dejaban ver las partículas de polvo que volaban por la habitación. Avanzó, cada uno de sus pasos haciendo rechinar al piso de madera, y al final del pasillo divisó una luz que provenía de otra habitación. Sin molestarse por no hacer ruido, corrió hasta ella, y abrió la puerta.
Lo que vio dentro la dejó en su lugar por unos segundos, antes de entrar completamente: era un lugar muy parecido a una taberna, no había luz solar en la habitación y de algún lugar se escuchaba música country. Un pequeño foco alumbraba desde el techo a todas las mesas en donde había gente jugando, bebiendo, fumando, mientras eran atendidos por mujeres vestidas de una manera provocativa y con mucho maquillaje. Al fondo de la habitación estaba la mesa de bebidas, donde un corpulento cantinero estaba limpiando unos tarros de vidrio con un trapo sucio. Como nadie pareció percatarse de su presencia, avanzó hasta el bar. Se sentó en uno de los banquitos polvorientos y decadentes que había, y tan pronto levantó la vista hacia el cantinero, éste le devolvió la mirada.
—Jm, hola —dijo él, mirándola de arriba a abajo, seguramente evaluándola— Te sirvo algo?
—No gracias —dijo ella, sonriendo pícaramente— Yo no tomo.
—Pfft. Pues... si vas a estar aquí, tienes que tomar algo.
—Muy bien; qué tienes que no tenga alcohol?
—Cerveza de raíz —soltó bruscamente, al mismo tiempo que tomaba desde abajo un tarro vacío— Te sirvo?
Ella asintió. Él le dio la espalda mientras llenaba tarro de cerveza desde un barril que tenía atrás y en la parte izquierda del bar. Después de unos pocos segundos en los que ella lo contempló todo el tiempo, se volvió de frente y le sirvió su bebida haciéndola deslizarse, derramando bastante de su contenido. En otras circunstancias eso la habría molestado un poco, por la manera tan brusca que le daban el servicio; pero ahora necesitaba con urgencia que le dieran información, así que lo pasó por alto.
—Así que —dijo el cantinero tan pronto ella había detenido su bebida, y estaba de nuevo mirándola de frente a frente—Tú no eres de por aquí, no es cierto? Nunca te he visto antes.
Ella dio un gran sorbo antes de contestar.
—Tal vez —dijo con evasivas. Parecía que el cantinero estaba impaciente por saber como había encontrado ese escondite, pero como ella no añadió nada más, él habló.
—Quién te ha dicho de este lugar? —preguntó sin rodeos, su tono de voz un tanto amenazador— Cómo has llegado aquí? Nadie más debería saber de su existencia.
—Me lo ha dicho un amigo —dijo ella indiferentemente, sin dejarse intimidar.
—Quién? —preguntó con recelo.
—Importa? —dijo ella, arqueando las cejas, y volvió a tomar otro sorbo.
Tal vez no le importase, o se dio cuenta que no podía sacarle más información, pues no volvió a preguntar nada. La miró un momento, como evaluando sus posibilidades, pensando... La joven rubia no le daba importancia; miraba a los alrededores con aparente aburrimiento, algunas veces lanzando mirando miradas de desdén a las meseras prostitutas, pero sin dejar de estar al pendiente del cantinero. Sabía que debía ser paciente, y si aguardaba y no decía comentarios, obtendría lo que ella querría. El cantinero por su parte, no la había tratado lo suficiente para decir con certeza si era peligrosa o no. En apariencia cualquiera habría dicho que el le podría dar su merecido fácilmente; pero sus instintos le decían que con ella no era mejor meterse, y no debería buscar problemas. Había algo en ella que la hacía verse como una persona muy fuerte, poderosa, a pesar de lo que traía puesto. Debería arriesgarse...? Lo pensó un momento más, y se decidió. Carraspeó para llamar la atención de la joven; ella lo miró enseguida, como esperando una respuesta a una pregunta que ella hubiera formulado. Y él, cuando habló, lo hizo con un tono diferente.
—A qué has venido? —preguntó suavemente, casi amable— Qué te ha traído por estos lugares?
—Necesito información —dijo ella, disimulando una pequeña sonrisa de satisfacción. Necesito llegar al Puerto de Monbetsu sin que me vean, y me han dicho que aquí me podían ayudar. Tú eres Hidan? —preguntó. El hombre asintió con una mirada de sorpresa, pero no hizo preguntas— Me han dicho que tú puedes ayudarme.
—Jm, bueno, sí, yo puedo ayudarte. Pero verás... —se detuvo un momento. No sabía como decirle que su ayuda tenía un costo. Ella pareció leerlo de su mente, por que un segundo después, metió la mano en su bolsillo y dijo:
—Oh, lo siento —dijo ella, mientras sacaba algo que mantenía escondido dentro de su puño— No he pagado mi bebida.
Y con eso dejó una enorme y reluciente moneda dorada en la mesa. El hombre la tomó y, estupefacto, vio que era un doblón de oro.
Eso le pareció más que suficiente.
—Jm, si, bueno... si me haces el favor de seguirme... —Salió de detrás del bar y se dirigió a una puerta trasera. Ella lo siguió.
'Lo bueno es que me he traído el dinero que tenía de esa casa' pensó.
Estaban tomando, aparentemente, una ruta que los llevaba a alguna habitación subterránea, ya que en esos momentos iban bajando por unas escaleras que se ponían cada vez más oscuras y húmedas conforme avanzaban, que tomaban las formas más curiosas conforme bajaban; el hombre delante de ella no decía ni pío, y ella ya se había cansado de tratar de mirar el fondo de las escaleras. Y tras unos tediosos y silenciosos 10 minutos, finalmente llegaron a una puerta alumbrada por 2 antorchas. Él sacó una llave escondida de una de sus botas, abrió el enorme cerrojo, y entraron.
Lo que vio era como una especie de inmenso y lúgubre túnel subterráneo con un río que corría silenciosamente en él. Estaba lleno de ratas y del sonido de las gotas que caían incesantemente, y al fondo, una pequeña lancha de motor. El cantinero llamado Hidan le indicó que debían subirse en él para llegar hasta su destino. En minuto ya estaban ambos dentro y él preparando el motor, tan pronto comenzó a funcionar, zarparon hacia lo que parecía la entrada del recorrido.
—Si quieres puedes dormir —dijo él, virando la lancha a cada momento y volteando constantemente hacia la derecha o la izquierda por diferentes caminos. Al parecer el Puerto no era al único lugar al que se podía llegar— Esto tardará un poco.
Ella no necesitó oírlo 2 veces para acurrucarse en su asiento. Estaba muy cansada por la caminata que había llevado toda la mañana, y ese trago de cerveza no era precisamente reconfortante en lo que se refería a comida. Estaba muy cansada para incluso pensar que podría ser una trampa, que en cuanto se durmiera Hidan le podría hacer algo; pero para su suerte, él no era precisamente ese tipo de mala persona, a pesar de dirigir un negocio en las partes bajas de la ciudad, y nunca habría pensando en hacer algo que no debía, y que no le convenía, dada su situación. Así que sin más preámbulos y nada más en que pensar, se durmió instantáneamente.
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Pero en otro lugar muy lejos... Sin nadie que lo pudiera contemplar, pequeñas partículas viscosas empezaban a moverse y a juntarse lenta y silenciosamente, mientras se cernían en dirección al norte...
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Tras lo que parecieron unos cuantos minutos, pero en realidad fueron horas habiendo atravesado todo Hokkaido en lancha, la chica rubia despertó en medio de ese monótono túnel, aún recorriendo las mismas fosas de piedras, el mismo olor de agua verde, el mismo sonido de motor de lancha, el mismo paisaje... Pero afortunadamente, pensó tras haber hablado un minuto con Hidan, ya faltaba poco para llegar. Se acomodó de modo que su cabeza se apoyara en uno de sus brazos, que a su vez descansaba en uno de los extremos del bote, mirando a nada en particular con aire aburrido, esperando el momento que ya pudiera salir de ese lugar.
Hidan, por su parte seguía concentrado en lo que tenía que hacer, murmurando por lo bajo y virando en todas direcciones y reasegurándose que el camino que tomaban era el correcto. A veces lanzaba unas miradas de curiosidad a su cliente: que persona más particular le había tocado! Por no mencionar su ropa; que iba a hacer una persona como ella por esos lugares, que estaba buscando? A dónde estaba yendo...? Reparó en que tenía un medallón de oro que le colgaba del cuello, y que se movía conforme la velocidad del bote. Entonces recordó el doblón de oro con el que le había pagado, y su curiosidad creció en aumento: Qué clase de persona puede ser una que lleva objetos de oro? Alguien de una familia rica? Alguien de la realeza? Tal vez una... princesa...?
Vio de repente que sus ojos ya no miraban a un extremo del túnel, sino a un punto más o menos situado a la altura de su hombro, con aire de sorpresa. Entonces el hombre se volteó para mirar justo a tiempo como iban directo a una sólida pared de piedra... Éste viró de inmediato, pero la colisión era inevitable...
—SALTA! —gritó, y un segundo después una enorme explosión inundó todo el lugar, acompañado de un gran incendio y piezas de metal que volaban por los aires. Y tan pronto como había empezado, terminó.
De inmediato una pequeña figura rompió la superficie para tomar aire fresco, tosió unos momentos antes de mirar a los lados frenéticamente.
—Hidan? —llamó. El agua estaba helada— Hidan, dónde...?
Y horrorizada vio no muy lejos un cuerpo que flotaba inerte en el agua. De inmediato nadó hasta él a pesar del insoportable frío, él siguiendo sin moverse. En cuanto llegó vio que tenía una herida grande y profunda en su cabeza; no podía decir si estaba vivo o no. Pero era mejor no arriesgarse, así que lo tomó por un brazo y empezó a nadar hacia un haz de luz que se veía al fondo: sin duda, la salida.
Al cabo de 10 minutos se encontraba en una calle cubierta de nieve y sobre sus rodillas jadeando por aire, en la entrada de la ciudad, sin dejar de toser. Sus mejillas estaban un poco sonrosadas por el agua fría, que había empeorado su fiebre. Pero no le dio importancia; fue de inmediato hacia Hidan, que seguía inconsciente, recostado en una de las paredes de los edificios. Ella tomó su brazo y revisó su pulso.
—Parece que sigue vivo... —se dijo para ella misma, mientras revisaba su respiración— Y esa herida no es tan grave, seguro despertará en unos momentos— se levantó— Mejor, así no tendré problemas al irme... Ya le estaba entrando mucha curiosidad... —Hundió una mano en su bolsillo y sacó otra moneda de oro, la puso en la palma extendida de Hidan, y se dio la vuelta. Dio unos pasos hacia a un balcón que estaba enfrente, y con un sensación de alivio, vio el mar, que se perdía en el horizonte, y donde comenzaba, el puerto, con cientos de barcos— Al fin —dijo ella, mientras miraba los muchos trabajadores que parecían hormigas que iban aquí y allá subiendo la mercancía, pues esos eran barcos de comercio. Sería muy fácil entrar. Pero su viaje apenas empezaba—...Y en cuanto llegue, empezará mi búsqueda— Y con esto saltó el pasamanos, y se fue corriendo en dirección a los barcos.
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Ya estaba atardeciendo, y en casa de los Motou un policía había llegado desde una patrulla diciendo que no encontraban ni rastro de ella, a pesar de que hace unas horas le reportaron que estaba en las afueras de Domino.
—Si esta yendo a pie con esta nieve, no pudo haber llegado más lejos de Saitama... —dijo el oficial, extrañado.
—Tal vez se escondió —dijo Yami, quien era al que el oficial le había comunicado sus noticias, acompañado de Yugi, pues tan pronto había terminado de comer había bajado al recibidor.
—Pero en dónde? —preguntó el hombre, frotándose la nuca en desconcierto— No creo que haya tomado refugio en ningún lado... Por ahora la seguiremos buscando, pero si no encontramos nada, tendremos que...
Se interrumpió: uno de los localizadores que usan los policías estaba sonando en su cinturón.
—Aquí Takashi. Qué noticias tienes?
—Señor, una mujer llamó hace unas horas, y reportó haber visto a una chica de cabello rubio en pijamas saltando por los techos en la ciudad de ! —Pero antes de que el hombre pudiera asimilar las palabras que había escuchado, se oyó que otra radio volvía a sonar: —Señor! Un hombre nos ha reportado hace unos minutos que hay una chica de aspecto sospechoso rodeando los puertos de la ciudad de Monbetsu!
Yami, Yugi y el oficial se miraron uno a otro, estupefactos: en tan sólo la mitad de un día, ella había recorrido más de 1000 km a pie...?
El oficial fue el 1ero en recuperarse.
—Dónde está ahora? —preguntó al hombre que le dio el último mensaje— Cuál es su ubicación?
—Creemos que ahora ya debe estar por llegar a los puertos, en probablemente unos 10 minutos.
—Bien, manden la patrulla más cercana hacia allá, y no dejan que salga el páís.
—No! —gritó Yugi— Qué van a hacer? No irán a arrestarla!
—Ella escapó de este lugar, y si hay alguna razón seguramente es por que huye de la justicia.
—No! —dijo Yugi, quien claramente estaba volviendo a pensar el haberle hablado a la policía— Ella no es una criminal, ella no ha hecho nada...!
—Eso no está en su decisión, es lo que la autoridad decida...
—Pues váyase con su maldita orden! —exclamó Yugi, para sorpresa del oficial y de Yami. Pero éste 1ero no se inmutó.
—No hay forma en que puedan llegar antes que nosotros; y cuando lo hagan ya será muy tarde. —Y con esto salió por la puerta, llamando a todos los hombres a su cargo, y se fue.
—Yami... —lo había pensado todo en un segundo, y Yami era la única manera.
—Muy bien —dijo Yami mirándolo seriamente: sin duda habiendo pensado lo mismo—Toma mi mano, y no me sueltes.
De inmediato Yugi tomó de una mano a Yami, mientras con la otra sostenía el Rompecabezas. Yami empezó a murmurar algo por la bajo y con los ojos cerrados, y en cuestión de segundos, el símbolo milenario apareció en su frente y el Rompecabezas empezó a brillar. Y en menos de un latido, ambos desaparecieron.
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—Por fin... lo logré —Era la chica rubia, llena de alivio al por fin encontrar su ruta de escape. Estaba a unos cuantos metros del puerto; y tan pronto pudiera escabullirse, estaría a salvo— No tardará mucho el llegar al templo, y en cuanto arrive, tomaré lo que necesito, y por fin empezaré mi búsqueda.
Estaba a punto de bajar por unas escaleras que había, pues estaba contemplando la distancia desde un mirador. Pero tan pronto dio unos pasos, se detuvo en seco.
—Quién es! —preguntó dándose la vuelta bruscamente— Quién está ahí!
Y para su horror y horrible sorpresa, vio como unas minúsculos y putrefactos pedazos de algo viscoso se paseaba por el suelo, juntándose unas con otras, empezando a tomar forma, y a elevándose del suelo...
—No! —gritó ella, desesperada. Había entrado en pánico— Ustedes no pueden estar aquí! Fueron destruidos! Deberían estar muertos!
Pero la muerte no parecía ser ningún obstáculo para ellos, pues finalmente habían tomado forma, cientos de ellos, y se cernían lentamente hacia su débil presa.
—No sé como han logrado sobrevivir —dijo con un dejo de nerviosismo, al mismo tiempo que tomaba su llave mágica, doblegándose un poco por la debilidad, y la hacía crecer hasta convertirse en un cetro— Pero esta vez me aseguraré de acabar con ustedes!
Y débil como estaba, se lanzó al ataque.
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Y mientras a unos pocos metros de distancia, 2 siluetas casi idénticas aparecieron en medio de una desierta calle. Y antes de que pudieran empezar a buscar, oyeron un estruendo no muy lejos.
—Es por allá! —gritó Yami, ambos corriendo en dirección a lo que era, sin duda alguna, a quien buscaban.
—Pero qué ha pasado? —gritó Yugi cuando se oyó el sonido de como una pequeña explosión.
—Esos policías debieron haber llegado antes que nosotros, y tal vez quieran llevarla a la fuerza...!
Pero más equivocado no podía estar, por que en cuanto llegaron en unos minutos, preparados para lo que fuera, no pudieron suprimir un grito de sorpresa cuando vieron a los mismos monstruos que Yami había derrotado hace unos días, enteros, vivos y llenos de energía, atacando a la misma chica que habían acogido también ese mismo día, quien, a pesar de encontrarse sumamente débil, usaba todo lo que tenía de su poder para acabar de ellos, moviéndose con una fuerza y habilidad asombrosa.
Tenía en sus manos un enorme cetro dorado que usaba como espada contra los monstruos, partiéndolos en 2, o reduciéndolos a cenizas. Pero lo que más sorprendio a ambos, fue como de repente vieron brillar algo que llevaba en su muñeca, algo de lo que no se habían percatado antes hasta ese momento.
—Un artículo del Milenio! —gritó Yugi, sorprendido.
En ese momento tanto los monstruos como ella se percataron de su presencia.
—Pero, qué hacen! —gritó mientras como vio con horror como Yugi, el mismo Yugi a quien ella había dejado, y otro chico idéntico a él que ella jamás había visto, iban corriendo en dirección a los monstruos, dispuestos a atacar— Qué... qué... no... Váyanse! —exclamó al mismo tiempo que destruía a 2 criaturas abriéndose paso entre ellos.
—No nos iremos! Vinimos a ayudarte!
Sus ojos estaban contraídos en horror.
—No saben lo que dicen! No tienen ni idea de a lo que se enfre-
Pero calló, pues en ese momento un monstruo la había golpeado en la cara lanzándola hasta otro extremo para abrirse paso, pues había encontrado nuevamente esa pirámide dorada que colgaba del chico.
—No! No dejaré que lo lastimes! Aléjate! —gritó ella con miedo tan pronto vio como se le acercaban a Yugi, a quien habían tomado por sorpresa, y lanzó una enorme ráfaga de poder hacia los monstruos con su cetro, haciéndolos desaparecer. Ella giró su cabeza hacia ellos.
—Y ustedes váyanse! —gritó, casi furiosa— Si se quedan los matarán! Váyanse!
—No vamos a dejarte aquí! Morirás si lo haces!
Más monstruos estaban acercándose...
—HE DICHO QUE SE VAYAN! —Y con eso lanzó una ráfaga haciéndolos retroceder varios metros, pero sin lastimarlos. Pero ese movimiento le costó caro, pues había perdido la oportunidad para defenderse, y en un segundo estaba siendo lanzada por los aires.
—Vamos! —gritó Yami tan pronto ambos se pusieron de pie, al mismo tiempo que sus manos volvían a resplandecer de ese mismo poder que usó antes, y los dos se lanzaban al ataque.
La chica rubia había perdido el conocimiento tan sólo un instante tras haber recibido esa paliza; pero se levantó con dificultad justo a tiempo para ver la escena que se mostraba ante sus ojos, y lo que vio la dejó estupefacta.
Ambos Yami y Yugi estaban peleando con un poder extraordinario, destruyendo a los monstruos con una facilidad asombrosa. El más fuerte parecía ser el más alto, cuyas manos resplandecían de un infinito poder, destruyendo a todos los que se ponían en su camino. Mientras que Yugi, formaba un campo de fuerza que duraba tan sólo unos segundos cuando alguien se le acercaba, pero reduciendo a las criaturas al polvo más fino. Pero, de dónde provenía tanto poder...?
Y entonces vio, con sorpresa, la pirámide resplandeciente que colgaba del cuello de Yugi...
—Un artículo del milenio... —musitó, sin dar crédito a sus ojos, posándose sin darse cuenta en Yami— Entonces él...?
Pero ese momento de distracción le costó caro, pues en un segundo uno de los monstruos más corpulentos la había tomado por el cuello y la colgaba del aire, pretendiendo ahogarla.
—Suél...ta...me! —dijo entrecortadamente, al mismo tiempo que ponía su mano en el brazo de la criatura, y éste empezaban a salir pequeñas burbujas, como si estuviera hirviendo, mientras el brazalete que tenía en su mano no dejaba de brillar...
El monstruo soltó un alarido de dolor que resonó por toda la explanada, y la lanzó por los aires, en dirección al mirador, haciéndola caer por el risco, y dándose de bruces contra el suelo sin nieve con un golpe que se oyó por todo el lugar.
—NOO! —gritó Yugi, pues ningún ser humano podría haber sobrevivido a una caída así, y sus ojos se llenaron de lágrimas— Ella... ella...!
Pero un sonido como de succión lo distrajo por un segundo, pues justo detrás de él, Yami había creado un inmenso portal que abarcaba gran parte de la calle, con nada más que oscuridad dentro.
—Qué.. qué es eso! —preguntó Yugi aterrado. Pero Yami no parecía tener tiempo para responder esa pregunta.
—Retrocede! —gritó. El símbolo del milenio apareció unos segundos en su frente, y tras otro enorme sonido de succión, el portal empezó a tragarse todo lo que tuviera a su alcance.
—Pero qué..! —en ese momento Yami corrió hacia donde estaba Yugi, haciéndolo agacharse en el suelo tan pronto llegó— Yami! Qué es eso!
—Es un portal hacia el Reino de las Sombras —gritó Yami en medio del estruendo, mientras los pocos monstruos que quedaban de la batalla eran tragados por el portal— Una vez que entren ya no saldrán! No podrán regresar Yugi!
Y en eso sintió como estaba siendo levemente arrastrado por el suelo; Yami de inmediato lo asió por la cintura y rodeándolo por los hombros, haciendo que se detuviera. Tan fuerte era la fuerza del portal que no pudieron mantener los ojos abiertos, pero escuchaban con claridad los alaridos que se perdían en el Reino de las Sombras; y tan pronto como empezó, se detuvo. Yami y Yugi miraron al frente: tanto los monstruos como el portal habían desaparecido. Yami exhaló profundamente.
—Bueno —dijo con un suspiro— Parece que por fin-
—Oh no! —gritó Yugi. Se había olvidado momentáneamente de la chica rubia. Corrió seguido de Yami hacia el mirador, y miró hacia el final del risco.
Respiró en alivio en cuanto la vio, pues, aunque parezca imposible, ella sobrevivió. Aunque no podía estar en las mejores condiciones, aún se movía un poco y respiraba entrecortadamente, haciendo un esfuerzo por ponerse de pie.
—Oye! —gritó Yugi desde arriba. Ella lo miró con un ojo abierto— Te encuentras bien?
Su visión se estaba nublando: se supone que no debería ver a más de 2 personas... el paisaje se estaba poniendo oscuro y las imágenes se distorsionaban... Sus ojos estaban muy cansados... Necesitaba descansar un poco...
Pero cuando volvió a abrir los ojos, vio frente a ella un par de ojos amatistas que la miraban fijamente y muy de cerca, y el impacto que esto le produjo le dio suficiente fuerza para retroceder.
—Qué hacen aquí? —preguntó. Su cabeza le estaba empezando a doler.
—Vinimos a ayudarte—dijo Yugi firmemente, quien estaba frente a Yugi. El otro chico se había perdido de vista— Aunque tú nos hayas dicho que no lo hiciéramos.
Ella se irguió poco a poco hasta quedar sentada en la nieve, y miraba a Yugi con una expresión adusta.
—Pero por qué? —preguntó ella— Por qué viniste?
—No podía dejarte aquí, o sí? —dijo Yugi, como si fuera cosa de sólo usar el sentido común.
—Pero... —su expresión había cambiado a una de total desconcierto— Pero, por qué? Yo jamás te había ayudado antes... me acogiste en tu casa y yo me porté muy mal contigo, con tu abuelo y con tus amigos... Por qué me ayudas? —preguntó impasible. Su voz empezaba a quebrarse. Ella, que toda su vida había aprendido que uno sólo ayuda a una persona a cambio de algo, o en compensación por algo que hizo antes por ti, no entendía la actitud altruista que Yugi le había mostrado, siendo el la 1era persona que había hecho algo así por ella.
Pero Yugi no parecía entender.
—Por que eso hacen los amigos—dijo arqueando levemente las cejas en sorpresa— Eso no es suficiente?
Fue como si un enorme espejo de cristal se hubiera roto en pedazos. Lo había escuchado pero no lo podía creer: Yugi había dicho que ella era su amiga...? Pero cómo? Ella que se había portado tan malagradecida con él, que ni siquiera le había dado las gracias por ayudarle, y que nunca había hecho nada por él, la consideraba su amiga? Sintió la boca y la garganta seca, incapaz de pronunciar palabra por lo que acababa de oír, mientras que una extraña sensación subía por su garganta y llegaban hasta sus ojos, llenos de una triste sorpresa...
—Te encuentras bien? —preguntó Yugi un poco preocupado, al ver que ella se había quedado estática.
Y entonces se sorprendió al ver como pequeñas lágrimas se empezaban a asomar por sus ojos, y bajaban en pequeños caminos hasta estrellarse con el suelo. Y sin aviso alguno y para su gran sorpresa, se abalanzó contra él y empezó a llorar.
—Gomenasai... —dijo ella en un susurro, mientras las lágrimas seguían cayendo en el hombro de Yugi— Gomenasai Yugi...
—Pero, por qué? —dijo Yugi, que aquella reacción lo había tomado por sorpresa.
—Por todo lo que hice... —dijo ella en voz queda. Era un llanto silencioso, apenas sin pronunciar sonido, pues tal parecía que éste se había quedado atorado en su garganta. Pero Yugi podía decir que tenía mucho encerrado dentro, y que en verdad lo sentía, fuera lo que fuera— Perdóname por haberme portado así con tu abuelo... Perdóname por haberme portado así frente a tus amigos... Por haberme ido de tu casa sin decir nada, y causarte tantos problemas...
—No.. No digas eso... —dijo Yugi, un poco alarmado. Ella lo soltó y lo vio de frente. Todo su rostro estaba contraído en la tristeza; las lágrimas aún asomándose por sus ojos, cuyo azul ahora estaba inundado de ese triste mar. Se secó los ojos momentáneamente, y a continuación puso sus manos juntas sobre sus piernas, y se inclinó ligeramente, su largo cabello ondeando entre su rostro.
—Gomenasai, Yugi... —Yugi se le quedó mirando sin saber que decir— Te prometo que algún día te pagaré tu gentileza.
Yugi estaba a punto de decirle que eso no era necesario, que lo que había hecho era por gusto, cuando en ese momento a lo lejos, se escucharon unas sirenas.
—Han venido a buscarte —le dijo Yugi. Ella se le quedó mirando inexpresivamente— Creo que será mejor irnos.
Ella asintió, aún derramando unas cuantas lágrimas. Yugi cerró los ojos y ella lo imitó. A través de sus párpados cerrados pudo ver como su artículo empezaba a brillar, y sintió como una mano, que no era la de Yugi, tomaba la suya, y murmuraba unas palabras por lo bajo...
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Una patrulla acababa de llegar al mirador.
—Es aquí? —dijo un oficial tras haber salido de una patrulla.
—Sí aquí es—dijo otro.
—Pues... yo no veo nada.
—Tal vez ya llegó a los puertos... Vengan, vamos a ver!
Pero la persona que ellos buscaban estaba muy lejos, a 1000 kilómetros de distancia, a salvo en la casa de Yugi...
Continuará...
Terra: Yay! Por fin terminé el capítulo... x.x
Yami: Uhm... que decías del capítulo corto, Terra?
Terra: Olvida lo que dije! ¬¬ Tal parece que ya nunca podré hacer chaps cortos T.T Gomene.
Yugi: Sí bueno, no importa, ahora, a contestar los reviews!
Yami: Sí! Gracias a Gravi Echizen, Lizy-chan, Hitsury, Niyushi Takamiya, Emily, Yamimylove, Oro Makoto Hayama y Hiromi-chan por sus reviews!
Terra: Shii, en verdad los aprecio TwT
Gravi Echizen: si, yo sé que estaba largo xD Y este también x.x Pero realmente no pude acortar nada n,ñ Y si! esa Tea del demonio es una idiota ¬¬ Muajajaja! Y mientras yo escriba este fic así será siempre D Wiii, espero verte en el próximo chap, nos vemos! Me loves you! n.n
Lizy-chan: que bueno que te haya gustado mi fic n.n y la razón por que se fue, la vas a hacer hasta el próximo chap, que Dios quiera no me tarde tanto en escribir... n.ñ Jeje, y no, ella no está enamorada de Yugi, simplemente fue amistad a 1era vista XD Y no puedo hacer que ella se enamore de él por que iría contra mis principios . Jaja. Espero verte otra vez! Matta ne!
Hitsury: Jajaja, hola Hitsury xD Si, veo que mucha gente me pregunta por lo de sus poderes; bueno, como ya te habrás dado cuenta, ella tiene un artículo, pero más detalles vendrán en el siguiente chap n.n Bye bye!
Niyushi Takamiya: Hola Niyushi! Hace un buen que no nos vemos TwT Que bueno que te guste mi fic, y yo se que ella es medio mala, pero en realidad tiene una muy buena excusa jeje. Y ya lo creo que pondré escenas kawaii de Yami y Yugi! D pero no soy mala T.T es que se me va la inspiración y por semanas no puedo escribir... xD Bueno, ojala nos veamos pronto, eh? Bye bye! X3
Emily: Hola! Que bueno que te guste mi fic n.n Y si, yo se que ella es muy mala xD Pero como dije antes, ella tiene muy buenas razones, además, a partir de ahora ya no será tan mala, jeje. Espero verte pronto! Ja ne!
Yamimylove: Hola x3 Que bueno verte por aqui. Y no, Yami y Yugi no son novios, Yami esta enamorado de Yugi, pero el es un ingenuo y no se da cuenta xD Pero a pesar de no ver a Yami como un amante (por ahora x3) lo quiere mucho. Jeje, ya verás como va la historia. Nos vemos! Ja ne!
Oro Makoto Hayama: Hola xD Si, yo sé que la chica mala es cruel bla bla bla... pero ya veran, despues ya no va a ser tan mala ;D jeje Y si, va a ver un poco de puppyshipping en esta historia! Aunque debo decir que no es mi fuerte, así que ya veré como se desenvuelve en esta historia... Espero verte pronto n.n Ja ne!
Hiromi-chan: Holaa! n,n Si, yo se que estaba muy largo D: pero es que no lo pude evitar, y este, que según más corto, me resulto casi igual que el 2! X.x Ay, bueno, que se le va a hacer? xD Jaja, bueno, a ver si nos reunimos todas antes de entrar a la prepa... bueno, luego nos veremos! Matta ne!
Terra: Bueno, eso fue todo por hoy!
Yami: No olviden escribir!
Yugi: Mas bien, dejar reviews XD
Terra: Cuídense!
Matta ne!