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Harry Potter and Beyblade Crossover » Harry Potter y los Blade Breakers
Witch Griselda Ravenwood
Author of 11 Stories
Rated: T - Spanish - Adventure/Friendship - Harry P. & Kai H. - Reviews: 28 - Updated: 05-22-11 - Published: 04-15-06 - id:2894512

Disclamer: J. K. Rowling y Takao Aoki, son dueños de Harry Potter y Beyblade, respectivamente. Yo hago este fic sin ánimo de lucro, como medio de entretenimiento y ocio.


Grimmuald Place

Los chicos ingresaron al cuarto donde estaba el trío. Se sorprendieron al ver el grupo numeroso de jóvenes que entraban. Hermione y Harry reconocieron que cinco de ellos, incluido el primo de la castaña, eran jugadores de beyblade. El pelinegro fijó su vista al bicolor, recordando su visión de hace semanas. Trató de tranquilizarse, a pesar de la ira descargada hace unos minutos.

Entonces sí se referían a ellos —pensó Harry —Pero… ¿por qué?

—Espera, Tyson ¿es verdad lo que acaba de decir ella? —preguntó Max.

—Sí… —respondió a su amigo. Después se dirigió a la castaña—. Hermione, no me has dicho porque te encuentras aquí.

—Es lógico, Tyson —comentó la joven Black —como amiga de Potter es mejor que esté en el Cuartel a que con su familia.

—Lo mismo te digo —respondió la chica Granger, sin hacer caso a la intervención de Annia—. Yo creí que eras muggle. Como han pasado años desde que nos vimos…

—Sí, es una larga historia —miró con nerviosismo a sus amigos, por si se le salía información de más.

—Sin embargo no comprendo por qué los Blade Breakers deben estar aquí —terció el joven de ojos verdes.

—Por intercambio —expresó Rei, llamando la atención de la castaña—. Estudiamos en el Midori Hikari, el colegio de Magia japonés.

—Tú eres Rei Kon, ¿no es verdad? —Preguntó la chica, mientras el oriental asentía—. Me da mucho gusto conocerte en persona. Aunque no pude ver sus juegos, leí muchas noticias en los periódicos. Son muy buenos jugadores de beyblade.

— ¿Bey qué? —cuestionó Ron

—Beyblade —Max sacó de su bolsillo a Draciel, mostrándolo al británico—. Es un deporte, y nosotros como beyluchadores, lo practicamos. Usualmente los muggles lo juegan, aunque existen magos que están en esto —respondió el rubio—. Mi nombre es Max Tate, mucho gusto, eh…

—Ron Weasley —el pelirrojo exclamó—. Es extraño que los muggles se diviertan con estas cosas —miró con desconcierto el objeto que traía el estadounidense—. Son demasiado pequeñas.

—Ron aunque no lo creas, los beyblades haces cosas fenomenales —dijo el rubio.

—Ahora recuerdo, pude ver un reportaje de ustedes durante mi estancia en Privet Drive, sobre su carrera deportiva como equipo —intervino Harry—. Es una verdadera coincidencia que los campeones mundiales sean magos y estén aquí —los observó detenidamente a cada uno, hasta llegar al ruso.

—No es nada fuera de lo común —lo observó con frialdad—. Eres Potter, ¿verdad? —interrogó. El moreno afirmó, percatándose que el ruso no prestaba atención a su cicatriz, como la gente lo hacía para comprobar que era El-niño-que-vivió—. Sólo es un intercambio y su director nos habló de la situación actual de su país —Kai mencionó con sequedad.

—Es demasiado arriesgado que aceptaran venir a Inglaterra, Hiwatari —musitó Hermione—. Aún sabiendo el estado en que vivimos ahora. Black, como su prima debiste explicarle a Kai y a sus amigos sobre quien-tú-sabes.

—Lo hice Granger. Ellos aceptaron los términos con el Profesor Dumbledore —respondió Annia con cierto enojo—. Estar bajo la custodia de la Orden del Fénix.

—Ustedes me comentaban algo antes de que entraran ellos —espetó Harry con cierta molestia a sus amigos—. ¿Alguno de ustedes piensa decirme qué es la Orden del Fénix?

—Algo nos habían comentado Annia y Aarón —terció Rei—. Son personas que luchan contra Voldemort —Ron y Hermione se estremecieron al escuchar el nombre, mientras el pelinegro de los ojos verdes lo miró con asombro.

—Es extraño que no temas al nombre de el-quien-no-debe-ser-nombrado —agregó Ron.

—Quizás porque en nuestros países no sea muy conocido y Dumbledore nos soltó todo tal cual es —expresó Kai.

—Es verdad —miró a su compañero en señal de agradecimiento—. Olvidaba que ustedes se refieren a él así.

—No importa —dijo Hermione—. Lo que había mencionado Rei es cierto: Son varias personas quienes la integran. Es una organización secreta. Dumbledore es quien la dirige, además que fue el fundador de la original.

—Mis padres estuvieron en la Orden Original, como también Sirius y Remus —añadió la joven Black—. Sé que desde entonces hay otros miembros.

—En efecto —respondió la castaña—. Pero sólo hemos visto unos cuantos venir a la casa. Pero creemos que hay más

— ¿Y bien? —interrogó, mirando a sus amigos con cierto recelo

—Eh —Ron tomó la palabra — ¿Y bien qué?

— ¡Voldemort! —exclamó Harry furioso, y tanto Ron como Hermione se alteraron. Kai fijó su mirada en el muchacho, observándolo con frialdad — ¿Qué está pasando? ¿Qué está tramando? ¿Dónde está? ¿Qué están haciendo para detenerlo?

—Te lo hemos mencionado, la Orden no nos deja estar en sus reuniones —dijo Hermione nerviosa—. Por eso no sabemos los detalles, pero tenemos una idea general —añadió al ver la cara de Harry.

—Algo habíamos oído sobre un grupo de chicos, con las orejas extensibles que Fred y George han inventado —intervino Ron. Luego dirigió su mirada a los beyluchadores, añadió: —No pensé que vinieran al colegio, y menos en esta situación —su vista se centró en Tyson—. Ni que uno de ellos estuviera emparentado con Hermione.

—Una verdadera casualidad —comentó el nipón de la gorra—. No creí que el profesor Dumbledore se refiriera a ustedes como los chicos con quienes estaríamos en el cuartel. Me sorprende todavía que Hermione esté aquí.

—Mencionaron algo sobre unas Orejas… —intervino Harry, dirigiéndose a sus amigos.

—Extensibles, sí. Sólo que tuvimos que dejar de usarlas después porque mi madre las descubrió y se puso hecha una fiera. Mis hermanos tuvieron que esconderlas todas —respondió Ron—. Pero pudimos usarlas lo suficiente para enterarnos de algunas cosas. Por ejemplo, sabemos que algunos de los de la Orden están persiguiendo a conocidos Mortífagos, vigilándolos, ya sabes...

—Algunos de ellos están intentando reclutar más personas para la Orden —dijo Hermione.

—Y otros hablan de las guardias —expresó Ron—. Siempre están hablando acerca de vigilar algo…

— ¿Puede que se refirieran a mí, no? —señaló Harry sarcásticamente.

—No sólo a ti —terció Kai con frialdad—. Te recuerdo que no eres el único al que le han asignado guardia durante todo el verano.

—El Profesor Lupin y Tonks nos acompañaron a nosotros —comentó Kenny al ver la cara de sorpresa del inglés—. Y estuvimos en el castillo durante un tiempo.

—Bueno, al menos ustedes sabían que los estaban vigilando, deberían agradecer eso al menos —enunció con enojo. Miró a sus amigos de nueva cuenta—. Entonces, ¿qué es lo que han estado haciendo si no se les permite estar en las reuniones? Habían mencionado que estaban ocupados…

—Y lo estamos —alegó Hermione rápidamente—. Hemos estado descontaminando esta casa. Ha estado vacía durante años y un montón de cosas asquerosas se han crecido aquí. Hemos conseguido dejar limpia la cocina, casi todas las habitaciones. Creo vamos a empezar con el salón ma… —soltó un grito, debido a la llegada súbita de dos personas más a la habitación.

Con dos fuertes estruendos, Fred y George, los hermanos gemelos mayores de Ron, se habían materializado en el aire en el medio de la habitación, asustando a las lechuzas, además, dejando anonadados a los jóvenes asiáticos.

— ¡Dejen de hacer eso! —gritó Hermione a los mellizos.

—Hola, Harry —dijo George, sonriéndole—. Nos pareció haber escuchado tu dulce voz.

—No reprimas tu enfado, Harry, deja salir todo lo que llevas dentro —glosó Fred, también sonriendo—. Debe de haber un par de personas en ochenta kilómetros a la redonda que no te hayan oído —de repente vieron a los nuevos inquilinos, fijando su vista en la joven—. Esa niña, no puede ser…

— ¡Annia, que milagro! —Expresó George, ambos acercándose a ella.

—Si es sorprendente verte por aquí —le removió el cabello—. Recuerdo como era, tan chiquita en primero y segundo.

—Siempre peleándose con Hermione —le hizo un guiño a la aludida, molesta por el comentario—. Buscando ver quien era la mejor…

—…hasta que te fuiste a Japón. Vaya a sido aburrido no ver más su competencia.

—Ya basta —se quejó ella, pero con cierto aire divertido, mientras Hermione se irritaba más con los pelirrojos.

—Pero las discusiones entre Ron y ella lo compensan —dijo George, observando a los mencionados con malicia.

— ¡Me muero de la risa! —Intervino su hermano menor, con enojo.

—Veo que han aprobado sus exámenes de Aparición —terció Harry, malhumorado.

—Con todos los honores —expresó George. En sus manos traía una cuerda de color carne.

—Les hubiera costado treinta segundos más bajar por las escaleras —les replicó Ron.

—El tiempo es galeones, hermanito —respondió Fred—. Harry lo estás haciendo más difícil, en especial con nuestros invitados —miró a los chicos—. Supongo que vienen del mismo colegio al que fue Annia, como se llamaba…

—El Midori Hikari —expresó Rei.

—No deberían aventurarse a venir —comentó George seriamente—, especialmente por quien-ustedes-sabes.

—Por cierto, ¿qué es eso que traen en sus manos? —preguntó la joven Black, cambiando el hilo de la conversación.

—Orejas Extensibles, un invento nuestro. No creo que ellos te hayan comentado.

— ¡Pero George y yo estamos en el negocio de los artículos de bromas!

— ¡Genial! —Expresó Annia, a lo que Hermione chasqueo la lengua, en señal de reprobación—. ¿Y cómo funcionan?

—Con esto intentaremos oír lo que ocurre allá abajo.

—Tengan cuidado —los previno Ron—. Si mamá los ve con otra de esas…

—Vale la pena el riesgo, esta reunión es importante —dijo Fred. De pronto la puerta se abrió nuevamente. Esta vez, ingresó una chica de melena roja en la habitación

— ¡Hola Harry! Me pareció oír tu voz —era Ginny, la hermana menor de Ron, sonriéndole, miró a los mellizos—. No lograrán nada con eso, mamá ha puesto un Encantamiento de Impasibilidad a la puerta.

— ¿Cómo lo sabes? —interrogó George

—Tonks me enseñó como averiguarlo. He estado lanzando bombas fétidas a la puerta desde las escaleras y todas rebotan antes de tocarla —de pronto se percató de toda la gente que estaba ahí— ¡Hola Aneshka! —Se dirigió a los desconocidos—. Mi nombre es Ginny Weasley. Y ustedes son…

—Los Blade Breakers —contestó Tyson—. Campeones mundiales de Beyblade…

—Disculpa, ¿de qué cosa? —preguntó dubitativa la chica.

—Ellos practican un deporte muggle, Ginny —terció Hermione, sacándola de la duda —. Éste chico es mi primo Tyson, y ellos son sus amigos.

—Yo soy hermano de Annia, Aarón Black. No soy beyluchador, sin embargo vengo acompañando a los chicos, señorita Weasley. Mucho gusto.

—Mira, este chico de ropas orientales se llama Rei —dijo el chico de la gorra, jalando a la pelirroja y yendo junto al rubio—. Él es Max—dejó a la joven, mientras traía consigo al más pequeño del grupo—. Este es Kenny y el amargado de allá, —señaló al ruso porque no se atrevía a acercarse a él—, es el primo de Annia, Kai —el bicolor soltó un bufido, mirando con odio a su compañero.

—Gracias Tyson por tu presentación relámpago —pronunció Hermione. Aún le sorprendía que sociable pudiera ser su primo.

—Saben es una lástima que no podamos usar las Orejas Extensibles —expresó Fred—. Me hubiera gustado oír que es lo que hace Snape…

— ¡Snape! —dijo Harry rápidamente—. ¿Está él aquí?

—Sí, lo he visto cuando llegamos —mencionó Annia.

—Según él, está haciendo un trabajo ultrasecreto— comentó George

—Imbécil —musitó Fred sin miramientos.

— ¿Quién es Snape?

—Es nuestro profesor de pociones, Tyson. Antes apoyaba a quien-tú-sabes pero ahora está en nuestro bando —reprochó Hermione a los gemelos.

—Eso no quiere decir que no sea un imbécil —la contradijo Ron—. Tendrías que ver la manera en que nos mira cuando nos encontramos cara a cara.

El grupo de magos empezó a discutir sobre algunos integrantes de la familia Weasley. Sobre su estancia dentro de la Orden y que realizaban actualmente tanto dentro como fuera de esta organización. Los beyluchadores, en cambio, se apartaron un poco, comenzando una breve plática entre ellos.

—Saben, son agradables —expresó Max—. A pesar que los problemas que cruzan ahora…

—Las guerras siempre separan a las familias, de alguna u otra forma —enunció Aarón, al momento que los Weasley hablaban acerca de Percy—. Aún no ha empezado la segunda guerra, pero la tensión se siente en el aire.

—Si —comentó Tyson—, en especial en Potter. Esperen ¿no es el mismo chico que Annia nos mencionó que derrotó a Voldemort?

—Sí —respondió Black, mientras observaba los gestos del pelinegro ante la mención del Profeta—. Él venció a Voldemort hace años, aún siendo un bebé. Por eso es famoso. Pero veo que últimamente, muchos lo tiran de a loco por lo que dice…

— ¿Qué cosa? —preguntó el Jefe

—Sobre su encuentro con Ryddle. Antes no creía que había regresado. Sin embargo, con lo sucedido con ustedes, me ha cambiado esa percepción…

— ¿Perdió a su familia? —cuestionó Rei a Aarón.

—Sí —expresó con amargura—. Tal como en mi caso, los progenitores de Potter estaban en la Orden. Recuerdo que mi padre decidió luchar contra él, a pesar que toda la familia estaba con la tontería de la pureza de sangre. Bueno casi toda, el tío Sirius, la tía Andrómeda y el Abuelo Alphard apoyaron a mi padre —su mirada se tornó triste—. Aunque estoy orgulloso de él, hay veces que pienso que mejor no hubiera entrado en la Orden.

Toda la habitación quedó en silencio de nuevo, en parte porque los Weasley, Hermione y Annia observaban a Harry, quien buscaba una excusa para cambiar el tema. Aarón, por su parte, evitaba la mirada de los beyluchadores. Por suerte para ambos, se oyeron unos pasos afuera del cuarto.

—Oh, oh —murmuró Fred. Recogieron sus cosas. Tanto él como George desparecieron. Segundos después, la señora Weasley se asomó en la entrada de la habitación.

—La reunión ha terminado, pueden bajar a cenar. Chicos, —miró a los extranjeros—después de comer veremos en donde los acomodaremos y Harry —se dirigió al pelinegro—, todo el mundo se muere por verte. Por cierto ¿Quién ha dejado todas esas Bombas Fétidas a la salida de la puerta de la cocina?

— Crookshanks —dijo Ginny con la cara colorada—. Adora jugar con ellas

—Oh —dijo la señora Weasley—. Pensé que había sido Kreacher. Ahora no olviden bajar en silencio. Ginny, tus manos están sucias ¿qué has estado haciendo? Ve y lávatelas antes de ir a cenar —la pelirroja sonrió a los otros y siguió a su madre fuera de la habitación.

—Bueno, será mejor que bajemos de una vez —expresó Annia a los chicos

—Tienes razón —enunció Aarón, mientras los demás salían del cuarto.

—Hermione, ¿vienes? —inquirió Tyson a su prima.

—No, eh, tenemos algunas cosas que hablar con Harry, ¿Cierto, Ron?

— ¿De qué? —Ella le dio un codazo—. ¡Ah, sí!

—Bueno, los veremos abajo —se despidió el chico de la gorra, pero teniendo la sensación de que ella le estaba mintiendo.

El trío se quedó solo en la habitación. Harry miraba expectante a Hermione. A pesar de que el enfado ya se había esfumado hace rato gracias a la información de los Weasley, había aquí algo extraño entorno a los Blade Breakers.

—Habíamos escuchado algo sobre jóvenes que venían de Japón —musitó finalmente Hermione—. Y como lo habíamos mencionado antes, no imaginábamos que fueran ellos.

—La pregunta aquí es ¿por qué? —Añadió Harry—. Es extraño que Dumbledore acepte que alumnos de otra escuela vengan a Hogwarts sabiendo la situación actual del Reino Unido.

—Es verdad —terció Ron—. Hermione, ¿sabías que tu primo era un mago?

—Pensaba que yo era la única bruja de mi familia. Hiro, el hermano mayor de Tyson no es un mago. Puede darse la probabilidad de que hubiera más personas con dones mágicos en los Granger, pero sé que Tyson me lo diría inmediatamente.

—Hay algo que no cuadra en ellos —comentó Harry—. Algo que la Orden trata ocultarnos sobre ellos. No es una mera casualidad que ellos estén el cuartel con nosotros —la puerta se abrió, era la señora Weasley.

— ¿Aún aquí, chicos? —Preguntó—. Es mejor que vayan a la cocina, antes de que todos se terminen la comida.

Resignados, los tres salieron del cuarto. Sin embargo, hallaron a todos plantados en las escaleras.

—Todavía están en el vestíbulo —mencionó Ron—. A lo mejor escuchamos algo…

— ¿Ustedes han oído algo, Hiw…? —Cuestionó Harry, pero ambos Hiwatari lo voltearon a ver—. Me refería a ti, Black.

—No. Y Potter, prefiero que me cites por mi nombre desde ahora, si no te importa. Si es que, vas a llamar a mi primo por nuestro apellido, claro —observaron cautelosamente al grupo numeroso que se hallaba en el corredor, susurrando entre ellos. Harry reconoció inmediatamente el pelo grasiento de Snape. Le interesaba que hacía en la orden…

— ¡Rayos! —oyó Harry susurrar a Fred, que estaba alzando la Oreja Extensible

— Snape nunca come aquí —le explicó Ron a Harry tranquilamente—. ¡Gracias a Dios! Vamos.

—No olviden que debemos bajar en silencio —les recordó Hermione.

La señora Weasley llegó ante ellos, comentándoles que la siguieran a la cocina. Pero antes de terminar la frase, escucharon un fuerte ruido detrás de ellos. Tonks había tropezado con el paragüero, excusándose. Sin embargo, antes de que Molly terminara de regañarla, de repente se escuchó un horrible y ensordecedor chillido que helaba la sangre.

Detrás de las cortinas raídas en la pared había un cuadro tamaño natural de una mujer mayor vestida con una capa negra estaba gritando, como si la estuvieran torturando. Después los demás retratos empezaron a chillar también, cosa que provocó que los presentes se taparan los oídos con las manos.

— ¡Sangres sucias! ¡Escoria! ¡Productos de la suciedad y la repugnancia! ¡Mestizos, lárguense de esta casa! ¡Cómo se atreven a venir a la casa de mis padres!

Lupin auxilió a la señora Weasley, tratando de tapara el cuadro. Ésta última, abandonó el intento de correr las cortinas, caminando deprisa, de arriba-abajo, por el vestíbulo, aturdiendo a los otros retratos con su varita, Sirius apareció de repente en frente de Harry. Empezó a discutir con el cuadro, hasta que él y Lupin fueron capaces de hacer que las cortinas se cerraran de nuevo.

— ¡Por fin! —expresó Tyson, aliviado—. ¡Por fin se calló! No sé quién era esa vieja loca…

—La "querida" tía Walburga —respondió Aarón con resentimiento, cosa que calló al nipón—. No te preocupes, si quieres, sigue despotricando contra ella. Nunca me agradó.

—Hola Harry —dijo Sirius lúgubremente al mirar a su ahijado—. Veo chicos, que han conocido a mi madre.

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Después de todo el barullo provocado en el pasillo, finalmente ingresaron a la cocina. Harry platicaba con su padrino, pero no le quitaba la vista a los orientales. Al entrar, observaron que el Señor Weasley y Bill, hablaban en susurros. La señora Weasley se aclaró la garganta. Su marido, un hombre delgado, pelirrojo, con una incipiente calva y con anteojos de montura de cuerno, miró alrededor y brincó inmediatamente
— ¡Harry! —dijo el Sr. Weasley apresurándose para saludarlo y estrechándole la mano enérgicamente—. ¡Qué bueno verte! —Viró su vista a los jóvenes asiáticos—. Blade Breakers, soy Arthur Weasley —saludó a cada uno de ellos, como al inglés—. He leído mucho sobre su deporte y me encantaría que me enseñaran como se arman con exactitud —todos miraron al Jefe, lanzándole la indirecta.

—Eh, si quiere, Señor Weasley, durante nuestra estadía, puedo mostrarle el armado de los blades.

— ¡Arthur, deja de presionar a los chicos con tu loca obsesión con los muggles!

— ¡Oh, Molly, es que nunca has visto algo tan fabuloso! ¡Lo que los muggles juegan! ¡Su gran creatividad! Además, he visto que magos y brujas de su edad empiezan a practicarlo y no sería mala idea que alguno de ustedes me mostrara como usarlo.

—No se preocupe, señor Weasley —expresó Tyson con emoción—. El campeón mundial le enseñará algunos trucos con Dragoon —sus compañeros sólo se quedaron viendo por su "modesta" aportación, algunos de ellos, negando con la cabeza.

Los jóvenes tomaron asiento. Harry y Sirius comenzaron a platicar entre ellos, hasta que grandes nubes de humo verdoso cubrieron la habitación en unos segundos. Era un individuo en harapos, que en ese momento, se disculpaba con el niño-que-vivió, cuando le reclamó Molly:

— ¡Por última vez, Mundungus, no fumes esa porquería en la cocina, especialmente cuándo vamos a comer!

— ¡Ah! Tienes razón. Perdón, Molly —la nube de humo desapareció cuando Mundungus guardo su pipa en el bolsillo, pero un olor acre como de calcetines quemados permaneció.

La señora Weasley, después de regañarlo, exclamó que necesitaba ayuda para poner la mesa. Harry, Max y Rei se ofrecieron en auxiliarla, pero ella los rechazó, argumentando el viaje tan largo que habían tenido los tres. Tonks, animada, mencionó que ella podría hacerlo, aunque Molly, también declinó su oferta.

Posteriormente, Mundugus abordó, con algo de nerviosismo, a Harry. Comenzaron a hablar de la señora Figg… hasta que Sirius tomó la rienda de la charla. Ahijado y Padrino, dialogaron sobre el terrible verano que ambos tuvieron. En el momento que Mundugus miraba la copa de plata, los gemelos hicieron un gran estruendo en el comedor, llevando la cena. Un cuchillo, por poco hiere a Sirius.

— ¡POR EL AMOR DE DIOS! —Gritó la Sra. Weasley—. ¡No era necesario que usaran magia! ¡Ya han tenido suficiente! ¡No por ser mayores de edad, deben utilizar la varita en todo momento!

— ¡Solamente intentamos ahorrar un poco de tiempo! — explicó Fred, sacando el cuchillo de pan de la mesa—. Perdón, Sirius, no quisimos lanzártelo…

Las risas de Harry y Sirius no se hicieron esperar, mientras que Mundungus, quien se había caído hacia atrás de su silla, se puso de pie. Kai y Aarón los miraron con cierto odio, por su descuido, mientras los demás aún no se recuperaban del susto. El señor Weasley trato de entrarlos en razón, empero su mujer comenzó una nueva ola de regaños, comparándolos con sus hermanos mayores… hasta que llegó a Percy, quedando paralizada, sosteniendo la respiración al tiempo que lanzaba una mirada asustada a su esposo, quien repentinamente tenía una expresión rígida.
—Vamos a comer —dijo Bill rápidamente.

—Esto se ve maravilloso, Molly —mencionó Lupin, vaciando el guisado sobre un plato y pasándolo a través de la mesa.

—El profesor Lupin tiene razón, señora Weasley —comentó Tyson cuando recibió su plato y empezó a engullirlo.

Por unos minutos reinó el silencio, excepto por el tintineo de los platos, los cubiertos y el traqueteo de las sillas cuando cada uno se instaló frente a su comida. Entonces la Señora Weasley se giró hacia Sirius, mencionándole los quehaceres pendientes, cosa que Black contestó con ironía.

Rei, Kai, junto a Harry, se pudieron percatar de las diversas conversaciones que se llevaban a cabo en la mesa. Tonks, que estaba al frente de Potter, cambiaba de apariencia enfrente de Ginny, Hermione y Annia. Las dos primeras, comenzaron a pedir sus narices preferidas. Aarón, Tyson, Max y Kenny, hablando se enfocaban a los beyblades,

En otro lado, Lupin, el señor Weasley y Bill estaban enfrascados sobre el tema de los duendes y del banco mágico. No pudieron terminar de oír, puesto las risas de Mundugus, los gemelos y Ron, llenaron el recinto. Más tarde, la señora Weasley reprimió a Dung. Kai lo veía con cierto desdén, debido a su comportamiento.

La cena estuvo maravillosa. Incluso Tyson, terminó repleto por las tantas porciones de comida que se engulló, sin hacer caso a las miradas de asombro del grupo y la de disgusto, por parte de su capitán. El clima se relajó en aquel punto, mientras Tonks bostezaba; como Ginny jugaba con Crookshanks, haciendo rodar corchos de cerveza de mantequilla para que los persiguiera.

—Se acerca la hora de irse a la cama —dijo la Sra. Weasley con un bostezo, mirando a los jóvenes —es mejor que vayamos de una vez a acomodar a nuestros invitados…

—No, aún no Molly —la interrumpió Sirius, apartando su plato vacío y girándose para mirar a Harry—. Sabes, estoy sorprendido contigo. Pensé que la primera cosa que harías cuando llegaras sería preguntar por Voldemort —la atmósfera en el cuarto cambió con la rapidez, del relajado al tenso. Los chicos miraron extrañados a los magos ingleses.

— ¡Y lo hice! —exclamó Harry con indignación—. Les pregunté a Ron y Hermione pero ellos dijeron que a nosotros no nos aceptan en la Orden, así que….

—Y ellos tienen toda la razón, —dijo la Sra. Weasley—. Tú eres demasiado joven —Estaba sentaba muy erguida en su silla, los puños apretados fuertemente, cualquier rastro de somnolencia había desaparecido.

— ¿Desde cuándo alguien tuvo que estar en la Orden del Fénix para hacer preguntas? —dijo Sirius—. Harry estuvo atrapado en esa casa Muggle durante un mes. ¡Él tiene el derecho de saber qué ha pasado!

— ¡Un momento! —interrumpió George casi gritando.

— ¿Cómo es que Harry consigue que sus preguntas sean contestadas? —dijo Fred con ira.

— ¡Hemos intentado conseguir información de ustedes durante un mes y no nos han dicho ni una sola cosa! —agregó George.

— "Eres demasiado joven, por eso no estás en la Orden" —comentó Fred, con una voz aguda que sonó increíblemente parecida a la de su madre—. ¡Harry ni siquiera es mayor de edad!

—No es mi culpa si no les han dicho lo que está sucediendo en la Orden —señaló Sirius con calma —es la decisión de sus padres. Harry, por otra parte...

— ¡No te corresponde a ti decir qué es bueno para Harry! —mencionó con brusquedad la Sra. Weasley. La expresión de su cara, habitualmente amable, lucia ahora peligrosa — ¿No has olvidado lo que Dumbledore dijo, supongo?

— ¿Qué parte? —preguntó Sirius cortésmente, pero con el aire de un hombre que se prepara para una lucha.

—La parte de no decirle a Harry más de lo que él necesita saber' —contestó la Sra. Weasley con un fuerte énfasis sobre las tres últimas palabras.

Las cabezas de de los jóvenes giraban de Sirius a la Sra. Weasley como si estuvieran en un partido de tenis. Ambos seguían en su riña. La mujer buscó ayuda en su marido. El Sr. Weasley no habló inmediatamente. Tomó sus lentes y los limpió despacio con su ropa, sin mirar a su esposa. Sólo cuando los hubo colocado con cuidado sobre su nariz, contestó.

—Dumbledore sabe que la situación ha cambiado, Molly. Él acepta que Harry esté informado, hasta cierto punto, ahora que se queda en el Cuartel General.

— ¡Sí, pero hay una diferencia entre eso e invitarlo a preguntar todo lo que quiera!
—Personalmente —terció Lupin calmadamente, mientras la Sra. Weasley giraba rápidamente hacia él, esperanzada de que finalmente había conseguido un aliado —pienso que es mejor que Harry conozca los hechos, no todos, Molly, pero una imagen general de nosotros, antes que reciba una versión alterada por … otros.

—Bien —respiró profundamente y mirando alrededor la mesa, buscando una ayuda —Puedo ver que nadie me apoya. Solo diré esto: Dumbledore debe haber tenido sus motivos para no desear que Harry supiera demasiado, y hablo como alguien que tiene los mejores deseos para él, de todo corazón.

—Él no es tu hijo —dijo Sirius entrecortadamente

—Es como si lo fuera —mencionó la Sra. Weasley con ferocidad—. ¿A quién más tiene?
— ¡Me tiene a mí!

— Sí —explayó la Sra. Weasley, frunciendo el labio, —El punto es que ha sido bastante difícil para ti cuidar de él mientras estabas encerrado en Azkaban, ¿verdad? —Sirius comenzó a levantarse de su silla.

—Molly, no eres la única persona en esta mesa que se preocupa por Harry —dijo Lupin enérgicamente—. Sirius, siéntate, por favor—. El labio inferior de la Sra. Weasley temblaba. Sirius se hundió despacio en su silla—. Pienso que deberían permitir a Harry opinar sobre esto —siguió Lupin —es suficientemente grande para decidir.

—Quiero saber qué ha estado sucediendo —afirmó Harry inmediatamente, sin mirarla.
—Muy bien. Chicos, ¡a la cama! —Hubo un gran alboroto de inmediato.

— ¡Somos mayores de edad! —Aarón, Fred y George bramaron al unísono.
— ¿Si Harry lo tiene permitido, por qué no puedo yo? —gritó Ron.

—Ronald tiene razón señora Weasley —terció Annia —somos de su misma edad, nos gustaría mantenernos al tanto de lo que pasa aquí…

—Sí, no es justo que él sepa todo lo que está ocurriendo —se quejó Tyson

— ¡Mamá, yo también quiero enterarme! —gimió Ginny.
— ¡NO! —gritó la Sra. Weasley, los ojos brillosos—. Lo prohíbo…
—Molly, no puedes detener a Aarón, Fred y George —Expresó el Sr. Weasley cansadamente—. Son mayores de edad.

—Todavía están en la escuela.

—Pero son legalmente adultos

— ¡Oh, bien entonces, ellos tres pueden quedarse, también, pero los demás…!
—Harry igual nos va a decir a mí y Hermione todo los que le digan —protestó Ron con vehemencia—. ¿No es cierto? —agregó indeciso, mirando a los ojos de Harry.

—Por supuesto —Respondió. Ron y Hermione sonrieron

— ¡Si ellos se quedan, nosotros también! —expresó Annia

— ¡Aneshka, no pueden quedarse!

—Señora Weasley, por favor —terció Kai—. Si su hijo y la chica Granger están presentes, no veo porque nosotros no.

—Es importante saberlo, señora Weasley —complementó Rei—. Si vamos a estar en Inglaterra por algún tiempo, es necesario conocer los peligros a los que estamos expuestos.

— ¡Ni siquiera lo piensen, chicos!

—Molly, el que tiene que decidir es Remus, él es el responsable de su bienestar —los interrumpió Arthur. Cambió su vista hacia el licántropo, esperando su respuesta.

—Annia y Kai ya no son niños —miró a sus ahijados—. Pueden quedarse, y como menciona Rei, necesitan informarse, sin andar con una venda en los ojos. Además los tres tienen la misma edad que Harry —los chicos miraron con gratitud a Lupin.

— ¡Bien! —gritó la Sra. Weasley—. ¡Bien! ¡Ginny, Tyson, Max, Kenny, a la cama!
La pelirroja y el moreno protestaban en el camino, mientras los otros dos los seguían resignados, pero sabiendo que, por lo menos Rei les contaría lo sucedido. Cuando llegaron al vestíbulo, los chillidos estridentes de la Sra. Black se agregaron al alboroto. Los chicos siguieron a la señora Weasley. Dejaron a Ginny en el primer piso. Kenny se quedó en el segundo piso, en la habitación de Bill. Subieron al tercero.

—Ustedes dormirán con Fred y George —les aclaró la mujer, con gentileza, mientras aparecía dos camas más —espero que no los molesten ese par. Quiero que se metan de inmediato a sus camas, sin estarse preguntando sobre lo que pasa en la cocina, en donde espero que no se vayan por las ramas. Buenas noches chicos

—Buenas noches, señora Weasley —contestaron al unísono, mientras ella bajaba las escaleras.

—No es justo, el amargado está ahí —reprochó Tyson, mientras Max cerraba la puerta.

—Pero al menos Rei está ahí, además, tu prima también se quedó, seguro te comentará algo.

—Tienes razón. Bueno —miró todo el cuarto— ¿En dónde están nuestras cosas? —Al momento hubo un "bum". Un elfo vestido con una toga con el emblema del colegio apareció, dejando sus baúles. Se dirigió al rubio.

—Dumbledore les envía esta nota —le entregó un sobre—. Deben leerla y dársela a sus compañeros —después de lo dicho, se esfumó.

—Bueno, al menos tenemos algo que hacer antes que lleguen los mellizos —expresó el japonés, mientras su amigo abría el sobre.

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La Sra. Weasley llamó imperiosamente a sus hijos y a Hermione, cuando terminaron las explicaciones por parte de la Orden. Después que ellos se levantaran, Harry los siguió. Los chicos extranjeros esperaron un poco. Imitaron a los otros jóvenes, quedándose un poco rezagados del grupo. Estaban en las escaleras:

— ¿Escucharon lo que dijo Sirius y vieron su reacción? —cuestionó Annia

—Sí, ahora no me queda la menor duda —contestó su primo.

—Es especial, cuando nos observaron —terció Rei—. Hay algo relacionado con nosotros en este asunto. Por eso estamos aquí.

—Un arma. Oigan, las Bestias bit, ¿se pueden usar como armas? —la chica miró a su primo con expectación.

—El abuelo intentaba hacer un ejército al obtenerlas —le respondió—. Muchos saben el poder contenido en esos seres, pero pocos pueden controlarlos.

— ¿A qué te refieres? —cuestionó la joven.

—Cada Bestia Bit tiene un elegido —respondió el chino —sólo uno. Es muy difícil que se acople a otra persona…

—Chicos, por favor —era la señora Weasley, interrumpiéndolos—. Les prohíbo que sigan hablando de esto. Incluso en otro idioma —los muchachos vislumbraron a la joven con cierta sorpresa.

—Lo siento, pero usé el japonés para comunicarnos —les susurró—. Espero que Granger no haya podido oír algo.

—Aneshka —la interrumpió —dormirás aquí en el primer piso con Hermione y Ginny —le dijo la señora Weasley.

— ¿Qué? —mencionaron al unísono las chicas.

—Señora Weasley, por favor ¿no puedo ocupar otra habitación?

—Ella tiene razón, no podemos estar en un mismo cuarto sin discutir —le expresó Hermione.

—Lo siento chicas, compartirán la recámara. Vayan directamente a la cama. Tenemos un día atareado mañana. Espero que Ginny ya esté dormida, así que no traten de despertarla.

—Buenas noches —ingresó la castaña primero.

—Yo también me despido, hasta mañana, chicos —la joven Black entró después, sin mirar a Granger.

—Dormida, claro —comentó Fred por lo bajo, mientras que subían al siguiente piso —Si Ginny no está en la cama despierta, esperando a que Hermione le cuente lo que hablaron, entonces yo soy un gusarajo.

—Muy bien, Kai, Rei, ustedes compartirán el cuarto con Harry y Ron.

—Mamá no lo dirás en serio —expresó el pelirrojo con horror, mientras Kai lo miraba con odio—. Bueno, no tengo nada en contra tuya —se dirigió al chino —pero tu amigo da miedo —el ruso lo fulminó con sus ojos.

—No digas tonterías, Ronald Weasley —le respondió la mujer —son jóvenes de su edad. Así que no admito excusas, ¡a la cama, jovencito! —el chico se metió resignado al cuarto, mientras la señora lo miraba con reproche. Después fijo su vista al bicolor, suavizando su voz—. Siento mucho como se ha comportado Ron, Kai.

—No se preocupe, Señora Weasley.

—Buenas noches, entonces —terciaron Harry y Rei

—Duerman bien —Fred les guiñó un ojo.

La Señora Weasley cerró la puerta detrás de Harry con un rápido golpe. La habitación parecía, en todo caso, aún mas húmeda y oscura que a primera vista. Sin embargo, pudieron notar que había dos camas más, junto a ellas, un baúl cada una. En la de Rei se encontraba una jaula. El británico se dispuso a ponerse su pijama, sin prestar atención a los extranjeros, se quitó los anteojos y se metió en su fría cama mientras Ron iba con las lechuzas a alimentarlas. El chino, por su parte, sacó a su ave e hizo lo mismo que el pelirrojo.

—Se ve que es un inmaduro como Tyson —masculló el ruso, mirando de lejos a Weasley con resentimiento, cuando puso el seguro a la puerta. Éste último, sintió un escalofrío en la espalda.

—Vamos Kai, apenas los conocemos, no es posible que tengas un juicio sobre…

—Annia ya me ha hablado de ellos —lo cortó, mientras sacaba su ropa del baúl—. El chico Weasley se parece a Tyson; mientras que Potter es un poco quejumbroso.

—Según entendí que es un héroe por derrotar a Voldemort —Rei también comenzó a cambiarse—. Sabes, yo me sentiría igual que él al ser apartado de todos, sin saber que hace su enemigo, anexando el desprestigio de la sociedad mágica.

—Hum, como sea, tenemos que aguantarlos hasta que entremos al colegio de Annia —el neko apagó su vela, mientras se acomodaba en su cama. En ese momento aparecieron los gemelos en el cuarto sobre Ron y Harry.

— ¡Ay!

—No grites, Ron, o Mamá va a volver

—Ustedes dos Aparecieron en mis rodillas

—Sí, bueno, es más difícil en la oscuridad
Vieron las borrosas siluetas de Fred y George bajándose de la cama de Ron. Se escuchaba el ruido de los resortes, y el colchón de Harry bajó unos centímetros cuando George se sentó en él, cerca sus pies.

—Antes que nada, Kai, Rei, dos de sus amigos están con nosotros —expresó Fred

—El chico que se llama Tyson dice que no te desquites con Harry y Ron, Kai; aunque te saquen de tus casillas, no los asesines —mencionó George con aire burlón

—Muy gracioso —expresó con amargura —deberían estar en su cuarto.

—Nos libramos de Percy, y nos llega uno nuevo —comentó con burla Fred.

— ¿A qué han venido, Weasley?

—A comentar sobre lo sucedido —dijo George, comenzando a discutir acerca de la información obtenida hace unos minutos. Se produjo una pausa y Harry supo que los otros, al igual que él, se preguntaban qué clase de horrores podía perpetrar esta nueva arma. Los beyluchadores no quisieron mencionar lo que habían pensado con Annia, aunque era lo más probable. Él quería sus Bestias Bit.

Los jóvenes asiáticos siguieron escuchado con atención la plática, hasta que los gemelos desaparecieron de la habitación. Percibieron como los ingleses volvían a acomodarse en sus camas. Al regresar el silencio, Kai agregó, pero en japonés, para evitar ser entendidos por los magos:

—Ellos tienen razón en parte, el tamaño no es garantía de poder. Nuestros bits son la muestra de ello.

—Pero aún me pregunto, porque sólo a nosotros —dijo Rei — ¿Qué relación tienen nuestras Bestias Bit con el mundo mágico? —escucharon pasos afuera otra vez

—Discutamos esto después. Descansemos ya, antes que nos cuelgue la madre de Weasley.

&.&.&.&.&.&.&.&.

Annia se levantó temprano, a diferencia de sus compañeras de cuarto. Sentía que alguien la llamaba en esa casona. Se arregló, sin hacer ruido; después, salió de la habitación con el pequeño libro negro que halló en la mansión de su primo. Como si alguien le dictara que hacer, ella caminó hacia las escaleras, subiendo hasta el último piso, en donde sólo encontró dos puertas. Leyó el rótulo de la de al frente.

Es la habitación de Sirius —pensó, al momento que dirigió su vista a la otra, en la cual observó una inscripción, al cual rezaba:

No entrar

Sin el expreso permiso de

Regulus Arcturus Black

¿Regulus? ¿Acaso será hermano de mi tío? —se preguntó a sí misma, al momento que se encaminó a dicha puerta. Tocó el pomo de la puerta, y despacio, la abrió.

Al entrar, procurando cerrar el portal, se sorprendió de la decoración del cuarto. Los colores de la casa de Slytherin abundaban en las paredes, viendo el escudo de los Black en la cama, con el lema característico. El llamado era más fuerte, aunque le daba algo de miedo.

Se dirigió al buró, examinando cada uno de los cajones. Hizo lo mismo con el escritorio. Removió su contenido, donde abundaban plumas viejas, un tintero, desechos de pergaminos. No lo encontraba, hasta que un brillo púrpura tintineo cerca del frasco le llamó la atención. En efecto, era un guardapelo de plata, con los galgos hechos en relieve, idéntico que el del libro.

Era mejor que se fuera de ahí. Cerró el cajón, guardó el medallón en sus bolsillos, saliendo cuidadosamente de la habitación. Bajó hasta el segundo rellano, cuando escuchó una voz.

—No sabía que estabas despierta —era su primo—. Vine a buscarte. A propósito, ¿qué hacías arriba?

—Eh… nada, cosas sin importancia. ¿Para que querías verme?

—Aclarar dudas, sólo eso —musitó—. Es sobre lo que hablaron tu tío y Remus. Los gemelos nos hicieron una visita nocturna. Ellos sospechan sobre el tamaño del "arma". Tanto Rei como yo creemos de lo que hablaron en la reunión, en parte, son de nuestras Bestias bit.

—Es probable. Pero, dejaron entre ver que hay otra cosa. Voldemort querrá algo más, pero —llegaron al vestíbulo, caminando en silencio. Habló en susurro—, no sé me ocurre que sea. En cuanto regrese a Hogwarts, buscaré toda la información acerca de sus Bestias Bit. Estoy entre la espada y la pared; preguntarle a Theo si está al tanto de la situación.

— ¿Qué tiene que ver tu amigo en esto? —preguntó el ruso, extrañado. Ahora se encontraban cerca de la cocina.

—Su padre es un Mortífago —musitó—. Pero, no quiero perder su amistad. A parte de Luna, es mi único amigo. Digamos que soy la "rara" de Gryffindor. Por eso no tengo nexos afectivos dentro de mi casa —entraron a la cocina a desayunar.

Al terminar, se dirigieron a la Sala, en donde ya los esperaba la Señora Weasley. Cada uno tomó una botella y un cubre bocas. Se acomodaron en sus puestos, esperando la señal de la mujer. Al escucharla, rociaron las cortinas, saliendo de ellas un motón de horripilantes bichos. Kai vio como uno de los gemelos se guardaba una de esas monstruosidades, mientras que hablaban con Potter, cuando Tyson llamó su atención.

—Kai, ayer nos llegó un mensaje del profesor Dumbledore —el bicolor miró a Max, quien afirmó lo que mencionó el moreno.

—Y bien, ¿qué?

—Vendrá el 10 de agosto a conversar con nosotros.

— ¿Sobre qué?

—Sobre todo lo que ha pasado en Japón, supongo —expresó Max—. No decía nada más en la carta.

—Espero que también nos informe si algo similar le ha pasado a otros equipos —argumentó Rei.

Se pasaron toda la mañana fumigando. Tocaron el timbre, así que Molly Weasley salió de la habitación. De repente escucharon su voz:

—Me encanta oír a mamá gritar a alguien más —expresó Fred sonriendo —para variar.

—Los muy idiotas la están dejando irse por las ramas —comentó George —debes buscar la manera de calmarla, o seguirá así por horas. Tenía ganas de reprimir a Mundugus desde que dejó su puesto. Y ahí va la madre de Sirius…

En el momento que el pelirrojo cerraba la puerta, se escabulló a la habitación un elfo doméstico. Era Kreacher. Rondó por el cuarto, como si nadie estuviera, murmurando para sí, hasta que Fred llamó su atención. Ofendió a los gemelos, a Hermione, hasta que detuvo su mirada en los nuevos inquilinos. Después de Harry, siguió con Aarón:

—Es el hijo del traidor Alphard. Recuerdo que el muy ingrato rechazó la amabilidad de mi ama.

—Si claro —expresó con ironía—, jamás conocí a alguien tan repulsiva como mi tía abuela.

—Lo que diga el amo —realizó una reverencia—. Tenía que salir así, un sucio traidor; con un abuelo que burló la confianza de mi ama y un padre que se casó con una sangre sucia. Oh, si ella supiera que has pisado nuevamente su casa. Y ahí está su hermana, ella es peor que él ¡Oh, si mi ama supiera que has profanado su casa! ¿Qué diría si la mugre mestiza se encuentra aquí?

—Kreacher deja de llamarla así —mencionó con disgusto Aarón —te lo prohíbo —el elfo fijó sus ojos en los extranjeros…

—Y ahí se encuentran los asiáticos, inmundicia de engendros, oh si mi ama los viera aquí…

— ¡Deja de llamar así a la gente! —gritaron al unísono Ginny y Ron

—No está en sus cabales —argumentó la castaña, tratando de justificarlo—. No sabe lo que dice…

—Desengáñate, Hermione…

—De todos modos, ¿Qué es lo que quieres? —preguntó George.

—Kreacher está limpiando.

— ¡Sí, cómo no! —dijo una voz detrás de Harry. Era Sirius, quien había regresado. El elfo se inclinó hacia él. Habló con la criatura, la cual siempre lo ofendía. Sin embargo, cuando le ordenó que saliera, no desobedeció, pero reclamaba por lo bajo:

— Regresa de Azkaban para darle órdenes a Kreacher, oh, mi pobre Señora, qué diría si viera ahora su casa, escoria viviendo en ella, sus tesoros arrojados fuera, ella que juró que ya no tenía un hijo y él regresó, y además dicen que es un asesino.

—-¡Sigue murmurando y seré un asesino! —amenazó Sirius irritado cuando él cerró de golpe la puerta en las narices del elfo. Hermione intentó defender a la criatura, sin embargo Sirius le expresó lo que pensaba de él. Además agregó que no podían dejarlo libre. Fue hacia el tapiz (árbol genealógico). Harry, Aarón, Kai y Annia lo siguieron.

— ¡No apareces! —comentó Harry, después de examinar la parte inferior del árbol más de cerca. Los Hiwatari vieron que tenía razón.

—Antes estaba —dijo Sirius, apuntando a un agujero pequeño, redondo, carbonizado en el tapiz, más bien como una quemadura de cigarro—. Mi anciana y dulce madre me destruyó después de que huí de casa. A Kreacher le fascina esa historia —conversaban acerca del relato de Sirius, mientras Kai buscaba a su prima en el árbol.

—Ustedes tampoco están —les argumentó a ambos Black.

—De hecho, sólo está él —expuso Aarón, mientras colocaba su dedo en una quemadura, la cual Sirius decía en ese momento, era Alphard—. En este lugar se hallaba mi abuelo. Y como le expresó nuestro tío, Walburga lo borró por darle dinero. Aunque —sonrió— lo hubiera tachado de todos modos por tener un hijo fuera del matrimonio.

—Nuestro padre, ¿no es cierto?

—Así es. Cassandra mencionaba que la tía tuvo un interés en mi padre al saber que él era un sangre limpia, cuando ella averiguó que era un Black en todos los sentidos (para ella), cuando el abuelo falleció. Así que, lo colocaría en el árbol con su respectiva familia. Sin embargo, mi madre, Sora, era japonesa, así que no lo tomó muy bien, aunque no puso reparos al ver que era bruja de estirpe pura. Los problemas empezaron cuando ella falleció.

— ¿Por qué? —cuestionó Kai.

—Verás, a mi padre se le metió la idea de ingresar a la Orden del Fénix. Ya sabrás como recibió Walburga la noticia.

—Es ahí donde conoció a mamá —intervino la muchacha—. En ese tiempo, ella decidió seguir aquí en Reino Unido, a pesar de la Guerra. Entró por Remus, a quien siempre lo tuvo en una alta estima.

—Y bueno, ya sabes lo que ocurrió después. A los tres años de la muerte de mi madre, mi padre siguió con su vida, al lado de Cassandra. Al menos, lo que duró.

—Papá nunca me conoció físicamente —murmuró, con deje de tristeza—. Murió cuando yo tenía 36 semanas de gestación.

—Fue un golpe duro para tu tía, Kai. Estuvo a punto de perder a Annia y yo a la única familia que tenía en ese momento. Tengo el recuerdo vago de haber estado en un hospital muggle, en donde las atendieron.

—Afortunadamente, pues salimos bien. Pero se complicó aún más nuestra vida. Al año de vida, fue la caída de Voldemort.

—Y Walburga, quizás por un lado, vengarse, por otro, llenar el vacío que Regulus dejó, peleó por mi custodia. La continuó Narcissa cuando la matriarca falleció. Cassandra no ganó. La última alternativa era que mi abuela materna luchara contra Black. Vino ella. Gracias al cielo, no me quedé con nuestra tía, pero me separé de ellas —miró a su hermana.

—Mi madre me comentó que Walburga también la pondría, puesto al inicio pensaba que era descendiente de la cadena de sangres limpia de la familia Hiwatari —el bicolor la veía con extrañeza.

— ¿Qué? ¿Cuál familia?

—Verás, Kai. En Japón, hay una dinastía con su apellido; sin embargo, todos son magos —dijo Aarón—. Dudo que estén emparentados con ustedes.

—Además, recuerdo que Voltaire siempre ha mencionado que en nuestra estirpe no hubo ningún individuo con magia, a excepción de mi mamá.

—El apellido no es muy común —la contradijo él—. Hay pocas familias nombradas igual a la nuestra.

—No creo que sea posible —expresó ella con desdén, mientras la Señora Weasley llamaba a los cuatro a comer—. En fin, debemos irnos antes de que tu amigo y Ronald se acaben todo —miró a su tío y a Harry — ¿Se quedan?

—Si, Aneshka —respondió Sirius —Vayan ustedes —los tres japoneses se fueron de ahí, dejándolos solos, quienes seguían hablando de la "Honorable" Dinastía Black.

&.&.&.&.&.&.&.&.

Durante los siguientes días estuvieron limpiando la casa. Algunos de ellos no se tragaban entre sí, a parte de las primas de los Beyluchadores. Por una parte, Harry consideraba que el bicolor era un arrogante, a tal grado de compararlo con Malfoy. En cambio, el ruso no soportaba ni a Granger, (porque él defendía a su prima); ni a Ron, (tanto parecido con Tyson, incluso ambos habían simpatizado); ni a Potter, (siempre peleaban en cosas que no concordaban).

Los chicos, dejando fuera sus roces, se asombraron de cuanta cosa existía en la casa de un mago, en especial en esa, la cual había sido abandonada hace diez años. El día en que Dumbledore los había citado llegó. La señora Weasley les dijo a ellos que fueran los últimos en quedarse en el comedor, a la hora de la cena, para esperar al mago. Ya era media noche. Lupin y Sirius se habían quedado en esta ocasión, haciéndoles compañía.

—Es algo extraño viniendo de Dumbledore que quiera platicar con ustedes —mencionó Canuto — ¿No les dijo algo en su carta?
—No —respondió Max—. Sólo quería vernos hoy.

En ese momento, Molly venía acompañada del Profesor. Miro con aire taciturno a los Blade Breakers y a sus acompañantes. Los dos merodeadores iban a salir de la habitación cuando el anciano les dijo:

—Pueden quedarse; Remus, Sirius —ambos se volvieron a sentar. Dirigió su mirada a los jóvenes—. La razón por la que los cité el día de hoy es la siguiente. Por ahora, han sido el único equipo que ha sufrido ataques por parte de Voldemort. Sin embargo, en los países en donde tienen jugadores de Beyblade, han decidido vigilarlos. Al menos, los contactos que poseemos en aquellos lugares.

— ¿Incluido Rusia? —Preguntó el bicolor—. Me sorprendería ver a Tala y a los otros con niñeras.

—En efecto Kai. Empero, sus amigos desconocen que están al cuidado de algunos miembros de la comunidad mágica. Por otro lado, sus familias también cuentan con protección, por órdenes de la Ministra Tachikawa.

— ¡Qué bien! —Suspiró Manabu—. Al menos mi familia estará bien.

—Lo mismo digo —terció Max—. Profesor, ¿en Estados Unidos, también?

—Algunos extranjeros se han ofrecido como voluntarios en las investigaciones de la Doctora Judy Tate. La mayoría son magos especializados en artefactos muggles; otros, squibs que han trabajado con ella, por lo que conocen un poco sobre el tema de los beyblades.

— ¿Y en China? —mencionaron al unísono Rei y Tyson.

—Bueno, sé que mi abuelo está en custodia del Ministerio Japonés; pero mi padre y mi hermano han estado trabajando ahí.

—Tanto la aldea de Rei como tu familia, Tyson, están bien. En el país del sol poniente (1), han realizado lo mismo en Japón, en parte, gracias nuevamente a la Ministra Tachikawa.

—Me alegro de oír eso.

— ¿Sólo por eso los citó? —preguntó Sirius

—No. Además he, de mencionarles sobre el 1° de Septiembre. Irán escoltados junto a los Weasley, la Señorita Granger —Annia gruñó— y el Señor Potter. Después abordarán el tren en el andén 9¾. Aarón no podrá ir con ustedes en el mismo compartimento, puesto es prefecto. Al bajar, seguirán a los alumnos que no sean de primero. Subirán a los carruajes con los demás, pero procuren estar juntos o con los Weasley. La profesora McGoganall los esperará en la entrada.

— ¿Entrarán junto a los chicos de nuevo ingreso al Gran Salón?

—No, Remus. Ellos arribarán después de los de primero. Se nombrará de qué colegio provienen, el grado que estudian, antes de su Selección.

— ¡Vaya! Todavía falta mucho para ver en qué casa quedan —expresó la muchacha. Miró a su primo con mirada maliciosa—. A Kai de verde lo veremos —canturreó.

— ¿Sigues con lo mismo? —preguntó irritado el ruso.

—Oh, vamos. No todos los Slytherin son malos.

—Por cierto —comentó el anciano, interrumpiendo a los Hiwatari —necesitan ir al Ministerio —miró a Rei, a Kai, a Annia y al joven Black—. Deben arreglar su situación —los cuatro lo miraron extrañados—, debido a que ustedes presentarán los TIMOS y el EXTASIS, respectivamente.

—Genial —mencionó el ruso—. ¿De qué se trata dicho asunto?

—Sólo es el llenado de papeleo, Kai. Además que el Ministro Inglés está interesado en esto. Podrían aprovechar el día que Harry irá a su vista disciplinaria.

—Profesor, ¿alguna otra cosa? —expresó Aarón.

—No por ahora. Es mejor que vayan a descansar. Ya es tarde —todos se levantaron.

—Profesor Dumbledore —expresó Sirius, con seriedad—. Quisiera pedirle algo. ¿Me permitiría ir pasado mañana a la vista de Harry? —todos quedaron en silencio por un momento, hasta que el Director suspiró.

—Lo siento Sirius, Me temo que es imposible —el anciano lo miró con tristeza—. Sabes que es peligroso que vayas al Ministerio, y más si se encuentra Lucius Malfoy rondando por ahí —el profesor salió de la habitación, reuniéndose con Molly Weasley. Los chicos sólo miraron al Black mayor, con cierta tristeza.

—Deben ir a descansar —musitó con nerviosismo Lupin, al ver a su amigo con algo de pena—. Mañana aún tienen cosas que hacer.

Los jóvenes se retiraron sin protestar.


(1) China, así como Japón se reconoce como el "País del Sol Naciente"; al primero, de esta forma.


Lechucería Hiwatari

No imaginarán cómo me está costando esta historia. Más aún que ahora no tengo tiempo... aunque lo esté invirtiendo aquí en ese momento. Bueno a estas alturas ya se han leído Reliquias de la Muerte (o eso espero) así que no habrá sorpresas.

Bien, intenté rellenar algunos huecos de la trama original, pero como notarán, fallé. Además, he agregado partes del libro. En lo personal, este capítulo no me gustó y siento que les estoy defraudando (mucho copy-paste de la obra original). Espero en un futuro, acabar por lo menos una de mis historias. Aunque para mi mala fortuna, Hetalia me está obscecionando, dejando abandonado un poquito a Beyblade. Agregando que este trimestre veo la salud en el adulto -medicina interna- y son varias materias.

Por hoy es todo, los reviews, se pasan a mi profile. Si alguién sabe algo de Tailime Hiwatari-Cullen y la manera de contactarme con ella, se los agradezco.

¡Poka!

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