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JKRanIV
Author of 18 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Humor - James P. & Lily Evans P. - Reviews: 68 - Updated: 07-30-06 - Published: 05-01-06 - id:2918360

Harry Potter no me pertenece. Si no, tendría pasta por un tubo y Remus Lupin sería enteramente mío.


Antes que nada. ¡Mil perdones por tardar tanto en actualizar! De verdad, lo siento, lo siento, lo siento T.T

Y otra cosita: Como ya veréis si leéis el fic, hay cierto personaje que ,al hablar, algunas de sus palabras terminan en “z” cuando en realidad tendrían que hacerlo con “s”. No es que yo sea disléxica, no xD Es que el personaje representa que tiene un defecto en la pronunciación y por eso habla así :D Espero que no resulte incómodo de leer.

0o0 “Cuando bailes en pelotas con un libro en la nariz”0o0

Capítulo 3:

- Cuando recibes cartas de un admirador-

- Estás loco- repitió Sirius por milésima vez mientras se extendía, cuan largo era, en el mullido colchón de su cama, estirando brazos y piernas.- Completamente loco, Prongs.

James puso los ojos en blanco y dejó escapar un sonoro suspiro de resignación. ¿Es que nunca iban a cansarse de decirle siempre lo mismo? No habían cambiado de tema desde que James había mencionado sus intenciones en los lavabos, y el tener que aguantar las quejas de sus amigos mientras se hacía polvo las rodillas y abrillantaba inodoros no era algo que pudiera ponerle a uno de buen humor.

- Déjame en paz de una maldita vez- gruñó, mientras se desabrochaba los botones del uniforme- me duele la cabeza, tengo sueño, quiero dormir ¡Y no me apetece escucharte!- añadió, alzando la voz al ver que Sirius abría la boca para decir algo.

Mientras James se sentaba con un evidente gesto de enojo, Sirius y Remus intercambiaron una mirada de preocupación. El joven licántropo se encogió de hombros y susurró algo así como “Ya se le pasará”, aunque no parecía demasiado convencido de ello.

- Oye…James- murmuró Remus, poniéndose serio- No te pongas tozudo porque sabes que lo decimos por tu bien, para que…-

- Para que no hagas el gilipollas, hablando claro- cortó Sirius, incorporándose y cruzándose de brazos.

Se hizo un breve silencio en el que únicamente se escuchó la fuerte respiración de Peter, que nada más llegar se había desplomado sobre la cama y, al instante, el agotamiento le había vencido por el agotamiento.

James se dio la vuelta sin demasiado entusiasmo y suspiró de nuevo.

- No me importa hacer el gilipollas.

- Pues a nosotros sí- resopló Sirius- Mira, bromear y tal está muy bien, pero creo que eso que intentas hacer es…demasiado exagerado. Por llamarlo de alguna manera, aunque yo creo que es peor-

James lo miró con semblante cansado y aburrido.

- Vale ¿Algo más?- preguntó

Sirius arrugó el ceño y miró de reojo a Remus, que en esos momentos se colocaba el pijama sin prestarse demasiada atención.

- Supongo que sí, pero ahora mismo no se me ocurre nada que decirte que no incluya el adjetivo: “subnormal”, o algo que se le parezca.

- Pues piénsalo de mientras, yo me voy a dormir…¡Y ya hablaremos de esto mañana!- volvió a cortar, antes de que su amigo pudiera replicar. Luego, James se levantó de golpe y cerró las cortinas de su dosel estirando con tanta fuerza que casi se quedó con un trozo de tela en la mano.

- Déjale, Padfoot- le aconsejó Remus, reteniéndolo por el hombro al ver que tenía la intención de seguir con la conversación- Es la tensión, el sentimiento de rechazo…ésas cosas. Siempre le pasa igual, ya lo sabes. Mañana ni se acordará de que se ha empeñado en bailar en pelotas con un libro en la cabeza para conquistar a Lily.

- En la nariz, Moony, en la nariz- suspiró Sirius, desesperado y sentándose en el borde de la cama- Espero que tengas razón. Conozco a James, y sé que cuando se empeña en algo…

Remus rió.

- Venga ya, ni con la maldición imperius sería capaz. Se le han torcido los cables y ya está- se sentó al lado de Sirius y volvió a sonreír- Y, bueno, en caso de que sucediera, yo por mi parte me lo pasaría en grande. ¿Te lo imaginas?

Sirius se quedó un rato en silencio. Después relajó la frente y curvó los labios en una sonrisa socarrona.

- Francamente desagradable- murmuró, intencionadamente fuerte.

- ¡Eh!- gritó James al instante, asomando la cabeza tras las cortinas- ¡Te he oído, capullo!

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- ¿Y dices que lo ha dibujado James? .¿Estás segura?- preguntó Liz, alzando una ceja cuidadosamente perfilada- Pues mi hermano de cinco años dibuja mejor que él, la verdad.

Lily rió estruendosamente y volvió a fijar la vista en su propio retrato, trazado con muy poca experiencia sobre un pergamino reutilizado. Pero no podía evitarlo, cada vez que lo miraba sonreía en contra de su voluntad.

- Yo lo encuentro original, creo que lo plastificaré y todo.

- ¿Lo qué?

- Plastificar. Es un método muggle para…déjalo, no tiene importancia- dijo Lily, guardándose el dibujo dentro del libro de Encantamientos- de momento, me lo guardo y punto.

- ¿Y eso?

- Me gusta.

- ¿James o el dibujo?

Lily hizo uso de su eficaz mirada asesina sin dejar de caminar a paso ligero.

- Joder, era broma- aseguró su amiga al acto, mientras se recogía el pelo en una alta coleta.- Pero mira que eres rara a morir, Lil. Le rechazas y le dejas en ridículo continuamente y ahora te interesas por su faceta de artista que no vale ni un mísero knut. ¿En qué quedamos?

- En que es un engreído-insoportable, pero tiene puntos que me hacen gracia.

Liz miró a la pelirroja y movió la cabeza en señal de causa perdida. Al fin decidió que más valía abstenerse de opinar.

- Aún así, yo de ti andaría con cuidado. Esta mañana, en el Gran Comedor, les he oído hablar sobre algo de James y una revancha. Creo que quiere volver a las andadas. Aunque Sirius parecía algo cabreadillo, porque no paraba de decirle que se le había ido la olla completamente…Puede que se hayan peleado ¿No crees?

Las dos chicas se detuvieron ante el cuadro de la señora gorda, que daba a la sala común de Gryffindor. Lily miró hacia ambos lados para comprobar que no hubiera alumnos de otras cosas alrededor y pronunció la contraseña en alto. El cuadro se abrió, dejando al descubierto un gran hueco, y las muchachas se adentraron en él.

- No me interesan los problemas personales de Potter. Pero si quieres, se lo pregunto a Remus esta tarde- murmuró Lily, pisando la mullida alfombra de color escarlata y respirando el ambiente cálido- Aunque ahora que lo pienso, sólo estaban él y Peter en Encantamientos

- James tiene entrenamiento¿Recuerdas? Y Sirius…pues no sé- de repente, Liza abrió la boca, como sorprendida por algo, pero al instante puso la misma cara que pondría si en el aire flotara un olor desagradable- Sí, sí, ya lo sé. Se habrá escaqueado para infiltrarse con los de Ravenclaw, seguro. Creo que le ha vuelto a dar la tontería con Rachel Beckett. ¡Ja! Ya verás cuando le pillen.

Lily sonrió ante la capacidad de su compañera para enterarse siempre de todo y en cualquier momento. Era imposible quedarse sin saber qué decir cuando estabas con Liza; tenía tema de conversación para cualquier situación. Toda una máquina de darle a la lengua que nunca se atrofiaba. Pero por suerte, también sabía cuándo era el momento de callarse, o cuándo debía decir únicamente las palabras apropiadas.

- Pues ya que tenemos la sala común prácticamente para nosotras solas¿Qué te parece si seguimos repasando pociones por donde lo dejamos ayer?- propuso Lily, sacando el libro en cuestión y agitándolo en el aire.

- ¿Para nosotras solas? Los de séptimo curso llegarán en seguida, y abajo había otro grupo de Gryffindors que parecían tener toda la intención de…

- Liiiiiz, no intentes poner excusas.

- Agg, vale- gruñó ésta, sentándose en una de las sillas de mala gana y dejando caer la mochila a su lado- Odio pociones ¿Por qué tuve que sacar un Supera las expectativas en el TIMO?

- Para pasar más tiempo con Max Golden, el guaperas de Slytherin que al final sacó un Aceptable y él no pudo seguir estudiando pociones y tú sí- le recordó Lily, pasando las hojas del cuaderno y colocando los botecitos de tinta sobre la mesa. Liza pegó un resoplido, y mirándola por el rabillo del ojo, Lily añadió.- No te quejes, igualmente conseguiste lo que querías: salir con él.

- Y así seguimos hasta día de hoy- dijo- Pero si hubiera sabido con antelación que nos haríamos novios gracias a que mi lechuza tuvo la genial idea de cagarse en su hombro, no me hubiera pasado toda la noche en vela exprimiéndome el cerebro para el TIMO.

Las dos amigas se miraron un segundo en silencio y luego estallaron en risas.

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James se pasó la mano por el pelo húmedo, revolviéndoselo. Le gustaba el efecto que provocaba aquella combinación, sobretodo después haberse exhibido con un buen espectáculo sobre la escoba, surcando los aires con destreza y seguridad. El sudor se enfrió nada más tocar con los pies en el suelo, y sintió cómo se le erizaban los pelos de la nuca en un escalofrío. Pero eso, descontando el hecho de que podía causarle un buen catarro, no era tan desagradable como notar que la sensación de euforia experimentada durante el entrenamiento se desvanecía poco a poco. Era genial sentir el viento en la cara y contar los vuelcos que daba el estómago en cada caída en picado, pero una vez terminada la sesión, no había más remedio que aterrizar y enfrentarse de nuevo al horario normal del resto de estudiantes.

- ¿Qué hora es, Sue?- le preguntó a una chica fornida y de rasgados ojos felinos. Era una de las bateadoras del equipo.

- La una menos cuarto. Hoy hemos acabado un poco más tarde de lo normal…tenemos media hora para cambiarnos y bajar a comer- respondió la aludida, entre jadeos.

James asintió, sujetando la escoba bajo el brazo. Si de él dependiera no se bajaría de ella en todo el día, y a juzgar por las caras de sus compañeros de equipo, la mayoría de ellos pensaban lo mismo. Arthur McKay, el guardián, le dio unas palmaditas en la espalda y declaró firmemente, como ya era habitual en él, de que ese año ganarían la copa. James le sonrió y hablaron animadamente mientras recorrían el campo en dirección a los vestuarios, y cuando estaban por llegar, no pudo reprimir una exclamación al reparar en la figura menuda de una chica con el pelo pajizo que estaba sentada en las gradas. Acababa de recordar algo importante.

- Ves tirando Arthur, luego os alcanzo.

- Claro- respondió el chico, pasándose una mano por la frente- Hasta luego.

Entonces, James se dio la vuelta y aminoró el paso en dirección a la muchacha, la cual lo vio acercarse nada más alzar la cabeza. Su actitud agitada dio a entender que no tenía muy claro si era mejor irse o quedarse. El Gryffindor, evidentemente, sólo tenía la intención de comentarle un par de aspectos; aspectos que tenían mucho que ver con su “plan especial” de venganza, y que aquella misma mañana había discutido con sus amigos. Al final, y únicamente para que dejaran de ponerse pesaditos, prometió no tener ninguna intención de llevar a cabo la petición de Lily (a lo que Sirius reaccionó dándole un abrazo y exclamando “Mi Prongs ha vuelto”). La verdad es que, de algún modo, no iba a faltar a su palabra, al menos no del todo. Porque lo de bailar en pelotas con un libro en la nariz no era más que el desenlace de su “plan especial”, y en caso de que llegara a realizar dicha hazaña, significaría que sus intenciones se habrían cumplido satisfactoriamente.

Por fin, cuando pudo ver más de cerca a la niña, comprobó aliviado que no se había equivocado de persona: Era la misma chica de acento extraño que varias veces le preguntaba por su horario de entrenamientos. Ni siquiera sabía cómo se llamaba; (la conocían por el nombre de “Zúper Z”, por su forma de hablar) sólo que también era de Gryffindor, que cursaba segundo y que Sirius solía decir que posiblemente fuera una de sus muchas fans-de James- empedernidas y peligrosamente obsesionadas; eso último lo encontraba bastante exagerado, pues la chica parecía ser del tipo “soy-tímida-e-introvertida”. Aún así, si la cosa funcionaba, le podría ser de gran ayuda.

James se paró ante ella y volvió a despeinarse, sobretodo por la parte de la nuca. Obtuvo rápidamente el resultado que esperaba, pues la chica se ruborizó levemente.

- Hola. Esto… ¿podemos hablar un momento? Será solo un minuto- preguntó, regulando cuidadosamente el tono de voz, intentando que no sonara demasiado evasivo o amenazador.

La muchacha se lo quedó mirando unos segundos con expresión insegura. Al rato, asintió débilmente con la cabeza. Parecía nerviosa.

Ella se acercó y James carraspeó por lo bajo. No sabía qué palabras utilizar ni cómo comenzar.

- Bueno, haber, yo sólo quería comentarte que…- tragó saliva- ¿Cómo te llamas?

La chica alzó una ceja algo confundida, y James se dio cuenta de que ésa no había sido la pregunta más adecuada, precisamente. ¿Quizás estaría pensando que se tomaba demasiadas confianzas o que sus intenciones no tenían nada que ver con hablar?

- No quiero que pienses mal, ni nada por el estilo- se apresuró a rectificar el joven- Únicamente necesito pedirte un pequeño favor. Pero existe el pequeño detalle de que, para empezar, ni siquiera sé cómo te llam…

- Rebecha Golden- cuando habló, lo hizo con tanta naturalidad y tan alto, que incluso le provocó a James un pequeño sobresalto.

- Oh, bien…Golden. Entonces¿Te importaría que te…?

Rebecha se encogió de hombros, haciendo ondear su lacio cabello pajizo.

- Claro, adelante.

- Veamos…Seguramente te parecerá raro que te pida algo, dado que tú y yo no nos conocemos de nada. Exceptuando que nos vemos siempre por la sala común, que de vez en cuando te veo por los entrenamientos y que sueles pedirme los horarios…

- Me encanta cómo juegaz- interrumpió la chica rápidamente, adoptando de nuevo aquel característico rubor en las mejillas, y hablando sin ocultar su rara pronunciación.

- Gracias- respondió James, ronco. ¿Era su impresión, o los ojos de la pequeña Gryffindor le estaban dando un repaso de arriba a bajo?- Bueno, a lo que iba. Supongo que conocerás a Lily Evans ¿no? Es la prefecta de nuestra casa.

- ¡Ah¿Te refierez a la pelirroja de sexto que siempre te da calabazaz?

- Podría decirse así, sí- gruñó. Repitiéndose para sus adentros de que esa niña, de “soy-tímida-e-introvertida” no tenía ni un pelo.- En fin, pues tengo que pedirte algo al respecto. No es nada complicado, te lo aseguro, aunque si no quieres hacerlo no voy a obligarte, por supuesto.

- Te escucho.

- De acuerdo: la cosa consiste en que, siempre que nos sea posible, nos reuniremos en un lugar determinado, es decir, cualquier sitio en el que nos encontremos fuera del alcance de Lil…de Evans. Yo te iré dictando una serie de palabras bonitas, frases empalagosas…en fin, que te dictaré una carta, una carta de amor; y tú la escribirás. Luego la firmaremos con un nombre falso y se la entregarás alegando que te la ha dado “alguien”, cuyo nombre no puedes revelar. ¿Lo vas pillando?

- Sí. ¿Pero no creez que ez una manera demasiado cutre y trillada para conquistar a una chica?

- ¿Acaso he dicho en algún momento que esto sirva para conquistarla?. ¡Nada de eso! Es sólo una treta para confundirla.

- ¿Confundirla?. ¿Confundirla de qué? Ademáz, Evanz no ez tan idiota cómo para tragarse que un admirador secreto le confiesa su amor en una carta así por laz buenaz. Seguro que sospechará de ti el primero.

James puso los ojos en blanco. De todos los cientos de alumnos que pertenecían a la casa de Gryffindor, justo a ella tenía que elegirla como compañera de cometido.

- Mira, en todo caso, el éxito o no de mi plan será problema mío, así que deja de criticarlo porque no recuerdo haberte pedido opinión al respecto. Tú sólo dime si aceptas o no.

La muchacha se quedó un rato en silencio, pensativa. Arrugó la frente y bajó la cabeza, mirándose la punta de los zapatos, como si así consiguiera discurrir con más claridad

- ¿Puedo pedir algo a cambio?

Y encima, chantajista. Desde luego, aquella semana no le estaba saliendo precisamente como anillo al dedo. Pero de todas formas, no tenía otro remedio. Y si se miraba desde el punto de vista positivo, la chica parecía espabilada.

- Hombre, si entra en la categoría de lo mínimamente aceptable, puedo permitirte algún beneficio a tu favor.- masculló, rogando para que no le pidiera imposibles

Rebecha profirió una iluminada sonrisa.

- ¿Podríaz darme un vuelta en tu escoba?

- ¿Sólo eso?- James suspiró, aliviado- De acuerdo, trato hecho enton…

- ¡No, no, espera! Ya de paso también me gustaría que me presentaras a ese amigo tan guapo que tienez… ¿Cómo se llamaba?

- ¿Sirius? .¿Sirius Black?- El joven de cabello alborotado estalló en una carcajada- Olvídate de él, maja. Para empezar, es demasiado mayor para ti, y para seguir, está ocupado en otros intereses. Y siento decirte que con tu edad y tu cuerpo de preadolescente, todavía no cumples dichos intereses

- No, no me refiero a Black. Estoy hablando del otro, del morenito, el que también ez prefecto…

- ¿Remus?- exclamó James. Desde luego, la niña era exigente.

- Exactamente. No quiero ninguna cita especial con él ni nada por el estilo, sólo me gustaría conocerlo…máz a fondo¿me explico?- suspiró, y casi parecía que había empezado a dar saltitos de emoción- Tendríaz que verlo cuando nos guía por loz pasilloz…siempre tan amable y tan atento para todo; siempre se presta a ayudarnoz con mucha paciencia y adem…

- Espera, espera, espera, para el carro- dijo James, sin poder dar crédito a sus oídos e indicándole con la mano que se detuviera - Mira, ya sé que Remus rebosa monería por todas partes y eso a las chicas, aunque yo no logro entender porqué, les mola. Pero insisto en que él también es demasiado mayor para ti. Os presta mucha atención y tal porque es su deber como prefecto, pero…no te ofendas si te digo que él…bueno, que él no tendrá el mismo interés por ti.

Rebecha se cruzó de brazos y lo miró entre ofendida y enojada, arqueando las cejas al máximo.

- Tal y como tú decíaz antez, que él me preste atención o no será, en todo caso, problema mío. Así que ya sabez, o me daz tu palabra de que me lo presentaráz, o no hay trato.

James resopló con los hombros abatidos. Remus le iba a matar por esto. Pero ¿Qué otra opción le quedaba? Necesitaba empezar su pequeño plan de revancha, y cuanto antes mejor.

- De acuerdo, de acuerdo- accedió al fin, malhumorado- Te daré una vuelta en mi escoba…

- Por cada carta que escriba- añadió la muchacha, levantando orgullosamente el mentón.

Pero mira que llegaba a ser condenadamente lista, la mocosa.

- Joder, vale ¡Pero esta es tu última petición!- gritó él, perdiendo la paciencia y comenzando a arrepentirse de no haber seguido caminando hacia los vestuarios con Arthur McKay, en vez de acercarse hasta ella y comentarle el plan.

La muchacha se quedó un segundo con la boca abierta, como si quisiera replicar, pero luego la cerró y asintió satisfecha.

James se rascó la parte trasera de la cabeza con un chasquido de agotamiento, revolviéndose aún más el pelo en el movimiento.

- En fin…¿Qué te parece si empezamos hoy?. ¿Te va bien en la biblioteca después de cenar?

- Creía que estaba cerrada a esaz horaz- dudó la chica.

James hizo gala de una enigmática sonrisa, blandiendo la escoba entre sus dedos como si de un experto malabarista se tratara. Y lo mejor de todo, era que conseguía hacer que no pareciera algo intencionado.

-Pues claro que lo está, pero no nos supondrá ningún problema entrar en ella, te lo aseguro- le dijo él- Tú sólo dime¿Te va bien, o no?

-De acuerdo- respondió ésta encogiéndose de hombros- Pero no te aseguro nada…puede que se me tuerzan los planes….

- Pues en ese caso, házmelo saber de antemano- le recomendó James- Bueno, de momento quedamos así ¿no? En la biblioteca, después de cenar…sobre las nueve y media o así. ¡Ah! y no te olvides de traer pergamino, pluma, tintero…

- ¿Qué?- se quejó- ¡No entraba en el trato que tuviera que gastar mi propio material para escribir tu estúpida carta!-

- Nada de quejas, chavalita, que tú ya has pedido bastante.- le contestó, irritado- Además, si utilizara mi material, cualquier mínimo indicio que estuviera relacionado con migo podría hacer sospechar a Evans-

- ¿Qué clase de indicios?

- ¡Y yo qué sé? Una huella dactilar, por ejemplo

Rebecha se lo quedó mirando largo rato, fulminándolo.

- Por muchaz medidaz de seguridad que tomez, Lily Evanz acabará sospechando de ti de todaz formaz- le repitió- Yo insisto en que este plan es muy estúpido, pero en fin…

De improvisto, una voz masculina que pronunciaba el nombre de James a gritos, interrumpió en la conversación de ambos. El joven de gafas supo quién era sin necesidad de voltearse.

- ¿Qué haces aquí, Sirius?- le preguntó al recién llegado con voz sorprendida- ¿No se supone que deberías estar en clase o en la sala común?

- ¿Pero que dices, degenerado? Eres tú el que está en el lugar equivocado, el Gran Comedor está ya casi lleno y empezaremos a comer dentro de nada ¿Se puede saber que hacías?

- ¡Mierda, y yo sin cambiarme de ropa!- exclamó James, y asiendo fuerte el mango de la escoba empezó a correr hacia los vestuarios- ¡Estoy listo en un segundo!

- Eso, tú acelera, listillo, porque dudo que vayan a esperarte.

- ¡Ah, Golden!- gritó James desde la lejanía y sin dejar de correr- ¡Recuerda, sobre las nueve y media en…el retrato de la señora gorda!

- Sí, sí, allí estaré- dijo la muchacha en voz baja, mirando de reojo a Sirius con las mejillas encendidas.

- ¿A las nueve y media en el retrato de la señora Gorda?- inquirió Sirius con el entrecejo fruncido- Chavalita¿Qué clase de patrañas te ha metido ese zopenco en la cabeza?

- Heum…nada importante- Rebecha dirigió la vista al suelo- Bueno…er…yo voy tirando al Gran Comedor….Adióz.

- Hasta luego- murmuró Sirius, no sin antes dejas escapar un profundo y sonoro suspiro.

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Su mano se deslizaba rápidamente sobre el pergamino, escribiendo líneas y líneas de apuntes cuyo cerebro no lograba memorizar. Únicamente se dedicaba a escuchar y a transcribir las palabras en el folio, así de simple. Y estaba demasiado cansado y aburrido como para prestar atención, o como mínimo para intentarlo. Era la última clase de la tarde y, además ¿A quién le podía interesar cómo transformar una marmota en una almohada?

- James…eh, James.

El aludido se volteó disimuladamente hacia su derecha.

- Sirius me ha contado que tienes planes para esta tarde- susurró Remus sonriendo cuando su amigo le miró- Pero… ¿No crees que es demasiado pequeña para ti?

- Ya estamos otra vez- se quejó James, y puso los ojos en blanco- ¿Te lo ha contado a la hora de comer?

- Sí, mientras tú hablabas con Peter sobre el próximo partido- hizo una pausa y dirigió una mirada a la profesora McGonagall, que en esos momentos había dejado de dictar y había empezado a escribir en la pizarra- ¿Así que ahora te interesas por Golden?

- No sé si ese capullo de Sirius ha olvidado mencionarte que no es ninguna cita.

Remus rió.

- Ya lo sé, era para picarte un rato. Pero tampoco nos has dejado muy claro para qué habéis quedado exactamente.

- Me pidió que le ayudara a estudiar y yo acepté.

- ¿A las nueve y media de la noche?

- ¿Qué importancia tiene la hora?

- Ninguna- reconoció el licántropo a medida que copiaba lo de la pizarra- pero tampoco es algo muy normal, que digamos.

James se encogió de hombros.

- Pues iros acostumbrando a partir de ahora- mojó la pluma en el tintero y empezó a escribir, tragando saliva. Si Remus supiera que en realidad iba a ser él el que iba a tener una cita con Rebecha Golden, seguramente no habría que esperar a la luna llena para que resurgiera su bestia asesina interna.

- Sirius cree que tiene algo que ver con Lily, ya sabes- comentó Remus al cabo de un rato.

- Pues Sirius cree demasiado y se equivoca. Lily es historia.

Remus abrió los ojos desmesuradamente, y su sonrisa se ensanchó.

- Pensé que nunca oiría esas palabras. Ten cuidado de que no las escuche Lily, que alomejor te monta una fiesta.

- ¿Es que siempre tenéis que estar de cachondeo con el tema?- gruñó

McGonagall anunció al rato que la clase había finalizado, y una marea de estudiantes se alzaron de sus asientos con un estruendoso ruido de mesas y sillas de fondo.

Mientras James recogía todavía sus cosas, Sirius se acercó con la mochila al hombro.

- Ha dicho que Lily es historia ¿Te lo puedes creer?- le dijo Remus conteniendo la risa y señalando a James.

- Ya, ahora se interesa por preescolares de pronunciación defectuosa- suspiró Sirius. James le ignoró por completo- Cambiando de tema¿habéis visto a Beckett por aquí? Yo la llevo buscando todo el día, pero creo que huye de mí.

- No jodas que no has ido a Encantamientos por eso- Remus enarcó una ceja y se cruzó de brazos- Peter me dijo que te habías ido a la enfermería.

- Peter se inventa unas excusas que dan pena- dijo Sirius restándole importancia- Pero con tal de que el profesor Flitwick se la creyera…

- Me reiré en tu cara como te descubran.

- Beckett me preguntó por ti ayer, no sé si te acuerdas- James interrumpió en la conversación de sus dos amigos con semblante aburrido.

- ¡Coño, es verdad¿Y a qué esperabas para decírmelo?

- Parecía que se te había olvidado- se defendió James encogiéndose de hombros y dirigiéndose al pasillo seguido de Remus y Sirius.

- Pues precisamente por eso- Sirius rodó los ojos.

- La verdad es que parecía muy cabreada contigo, Padfoot- continuó James- Eso de que no aparecieras a la cita no le sentó para nada bien.

- ¡Tenía ojeras!- se lamentó Sirius, como si aquello fuera suficiente para justificarse.

- Padfoot, las tías te seguirían detrás aunque tuvieras la lepra- le espetó Remus.

- Bueno, ya vale. Dime de una vez lo que te dijo- insistió Sirius

- Déjame adivinar- dijo el joven licántropo con una sonrisa antes de que James hablara- algo así como…no sé: “Dile que saldré con él cuando le ponga la cara en las tetas a su prima Bellatrix”.

- ¡Eh!- bramó Sirius- ¡Retira eso ahora mismo!

Pero en la cara de James se había dibujado el trazo de una sonrisa picarona. Asintió levemente para sí, satisfecho.

- No es mala idea, Moony- murmuró en tono casual- Sí¿Por qué no, Sirius? Te contaré lo que Beckett me dijo de ti cuando pongas la cara en las tetas de tu prima.

Sirius palideció al instante mientras Remus se aguantaba la barriga, sacudido por fuertes carcajadas.

- Supongo que será una broma- Sirius tragó saliva. Su rostro había adquirido el color de la tiza.

- En absoluto.

- James, cabrón, a mí no puedes hacerme esto ¿te das cuenta de lo que me estás pidiendo?

- También está la opción de preguntarle a Rachel Beckett directamente- le recordó él.

- ¡Claro, sería fácil si ella dejara de evitarme!

- Eso no es problema mío.

- ¡James, maldita sea!- gritó- Soy tu amigo¿Por qué no me lo dices y punto?

- Jode que no te tomen en serio ¿verdad?- espetó el muchacho de gafas con una mezcla de diversión y recelo en la voz.

Sirius le fulminó con la mirada un segundo. Luego se relajó y puso los brazos en jarras.

- Almenos podrías ponérmelo un poco más fácil ¿No te parece? Yo que sé, pídeme que le toque el culo a Moony o algo así…

- ¡De eso ni hablar!- dijo Remus con el ceño fruncido y borrando sus sonrisa al instante.

- Pues a mí me encantaría- susurró Sirius, fingiendo una mirada de lujuria hacia él y alzando las cejas repetidamente en señal de deseo- No sé si te das cuenta, Remus, pero cuando te agachas para limpiar inodoros se te pone el culo en pompa.

- Vete a la mierda.

- No parece un lugar muy acogedor, ni siquiera para alguien como Sirius- interrumpió una voz.

Lily Evans había aparecido detrás de Remus con su larga cabellera caoba recogida en un moño despuntado. Su rostro, despejado, rebosaba frescura por cada uno de sus poros. Incluso podía divisarse cierta tonalidad rosada en sus mejillas.

Sirius la miró ceñudo.

- ¿Se puede saber que he hecho/dicho yo para que me trates así, señora prefecta?

- De eso hablaremos más tarde, señor campanero. Potter¿Puedo hablar un segundo contigo?

Los tres amigos se quedaron en absoluto silencio. James sintió cómo la frente se le empapaba de un molesto y frío sudor. Tragar saliva se le hizo casi tarea imposible.

- Claro- dijo al fin.

Mientras se alejaba siguiendo los pasos de la pelirroja de sus sueños, James vio que Sirius le daba un codazo a Remus. Ambos parecían tan o más sorprendidos que él. El corazón empezó a latirle con una fuerza descomunal cuando ella le agarró de la manga de la túnica y lo arrastró hasta la esquina más próxima del aula de transformaciones.

- Evans, me estás tocando.

La joven le dirigió una mirada que decía claramente “¿Y qué?”

- Pensaba que yo para ti era como una especie de enfermedad contagiosa o algo así- titubeó, en un intento de explicarse.

Entonces ocurrió lo impensable. Lily profirió un ademán de media sonrisa.

- Tampoco es para exagerar.

Iba a morir. El corazón le explotaría y entonces moriría, estaba seguro de ello.

- Bueno¿Qué tienes que decirme?- James se puso las manos en los bolsillos del pantalón, haciéndose el desinteresado, para que no se notase tanto su estado de creciente agitación.

- Oh, sí- Lily descolgó la pesada mochila de su hombro, la apoyó en el suelo y la abrió para rebuscar en su interior- El otro día encontré algo…y creo que te pertenece.

En la mente de James aparecieron de repente todo un elenco de desastrosas y embarazosas posibilidades. El tiempo se ralentizó de forma exagerada cuando Lily desplegó delante de sus narices lo que quería mostrarle: Un sucio pergamino garabateado con tinta en el que yacía un retrato muy mal realizado. Las suposiciones de Lily eran del todo correctas, pues se trataba del dibujo que él había hecho el otro día y que luego había perdido.

- Anda…- dijo James con voz demasiado grave- Es…muy bonito.

- Es horroroso- opinó Lily sin dejar de aguantar el dibujo en el aire- Pero tengo que reconocer que tiene su gracia.

James se mordió el labio inferior. ¿Algún día mejoraría su mala suerte?

- ¿No vas a decir nada?- se extrañó Lily al cabo de un rato.

- ¿Qué quieres que diga?

- Pues no sé. El motivo que te llevó a dibujarme, por ejemplo.

- Ah¿Es que eres tú la del dibujo?

Lily frunció el ceño. Ese gesto le permitió a James respirar con más tranquilidad. Ahora no podía revelarse como el autor de aquel patético dibujo, debía negar cualquier cosa que evidenciara su amor por Lily y continuar con el plan original.

Confundirla.

- Potter el dibujo es tuyo. Además, mira las iniciales del final, las que están decoradas con la snitch. Pone “L.E”, lo que significa que es mi retrato ¿no?

James negó suavemente con la cabeza.

- Es la primera vez que veo este dibujo- mintió- No es mío.

Lily lo fulminó con la mirada, y bajó la mano que sujetaba el pergamino con tanta fuerza, que el susodicho produjo un golpe sordo al impactar contra el aire.

- ¿Tú te crees que nacía ayer?- sus mejillas se habían encendido visiblemente- ¡Este dibujo es tuyo, Potter, está más claro que el agua!

James retrocedió unos centímetros ante la reacción de la chica. ¿Por qué estaría tan explosiva? .¿Quería felicitarle por su trabajo?. ¿Reprocharle?. ¿Impartirle clases de dibujo particulares?

- No hace falta que te enfades- dijo- Vamos a ver¿qué te hace pensar que soy el autor de este dibujo?

Ahí Lily no respondió de inmediato. Se quedó con la boca abierta y los puños apretados. El rubor se le empezaba a extender por el cuello, y ella, al notarlo, se puso más nerviosa todavía.

- Pues…-vaciló- Lo encontré en la sala común, lo que significa que tiene que haber sido alguien de Gryffindor. Luego están las iniciales y la sntich ¿Qué me dices de la snitch?

James dejó escapar una risita.

- En Gryffindor hay cientos de alumnos y cientos de aficionados al quidditch- hizo una pausa y tomó aire. Lo que estaba por decir le provocaba cierto pinchazo en el estomago- Y yo no soy el único que va detrás tuyo, Evans.

De nuevo, Lily se quedó sin argumentos. Ahora toda su cara hacía juego con su pelo recogido y tambolireaba con el pie sin darse cuanta. Dirigió la mirada al suelo, claramente cohibida.

- Cualquiera puede haber hecho ese dibujo- dictaminó James con un suspiro.

- Sigo creyendo que no estás siendo sincero conmigo- murmuró ella, levantando la mirada- Y la verdad, no entiendo el porqué.

El corazón de James profirió una brusca palpitación antes de recobrar su ritmo frenético. ¿Era decepción lo que veía en la cara de Lily?

- ¿Pero por qué tanto empeño en creer que soy yo?- dijo rápidamente, sin poder reprimir la pregunta.

Lily no lo miró, y cuando habló, su voz había variado levemente de su habitual tonalidad.

- Costumbre, supongo- susurró- es igual, olvídalo Potter. Todo esto ha sido una estupidez. Me he montado mi propia paranoia a partir de esta…chorrada de dibujo- lo señaló un momento y luego lo dejó caer en el interior de la mochila.

- Lo siento- dijo James antes de pararse a pensar si aquellas palabras tenían algún sentido en aquel contexto.

- ¿Lo sientes?- Lily encaró una ceja mientras se agachaba para cerrar la mochila. Luego, al levantarse, su boca se alargó en una sonrisa insegura- ¿Por qué lo sientes?

James se quedó inmóvil. Su mente no producía ninguna palabra, ningún pensamiento coherente. Sus ojos sólo enfocaban las clavículas de Lily, cuyas formas artísticas sobresalían del cuello blanquecino de su blusa. La realidad parecía alejarse por momentos.

- Yo también lo siento- la pelirroja dejó escapar el aire tan cerca de él que casi pudo sentir su aliento cálido- O estoy empezando a sentirlo.

Y tras aquellas sugerentes palabras, ella dio media vuelta y se fue dejando tras de sí un rastro de perfume prácticamente imperceptible.

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Aquella noche no cenó demasiado. Dejó la mitad del puré de patatas y apenas probó bocado de las chuletas de cerdo de apariencia exquisita. Remus se percató al instante de su extraña e inusual conducta, pero al parecer debía llevar el desconcierto escrito en la cara, porque su amigo no hizo ninguna pregunta al respecto.

James no tenía nada de apetito, y cada vez que intentaba concentrarse en su plato, la imagen de cierta cabellera roja le venía a la mente. Y también su voz. En cierta ocasión levantó la mirada y se encontró, no sin asombrarse, con que los ojos de ella le observaban fijamente. Pero la unión de ambas miradas duró poco, pues Liza, la amiga de la pelirroja, distrajo la atención de Lily y ésta desvió la vista. Después, James no volvió a tener el valor de intentar averiguar si ella todavía le seguía mirando.

También le asaltaron las dudas. Más de una vez estuvo a punto de anular el encuentro con Rebecha Golden en el cuadro de la Señora Gorda y cancelar así el plan de “revancha”. Quizá, al fin y al cabo, no haría más que empeorar las cosas. Además, y pensar en ello era algo que le producía más de un cosquilleo inquietante en el estómago, Lily estaba empezando a dar muestras de tener cierto interés en él. ¿O sólo eran coincidencias?

Más tarde, y antes de que sus amigos terminaran de cenar, James se levantó alegando que no se encontraba demasiado bien. Remus asintió y Sirius le miró como si fuera un bicho raro. Lo cierto era que este último aún le reservaba cierta exaltación por ponerle en un aprieto con su prima, pero por una vez, y aunque a James le doliera pensar así, que le dieran a Sirius. A Sirius y a todo lo demás.

Avanzó solo por los pasillos, sumergido en sus propios dolores de cabeza. En cuanto llegó a la entrad de la sala común, divisó la figura de Rebecha, esperándole. Ya no había vuelta a atrás.

- Llevo mucho rato esperándote- le recriminó la chica- ¿Vamoz a ir a la biblioteca al final o no?

- Sí, claro- respondió James, monótono- Espérame un momento, tengo que ir a buscar algo.

- Si te refierez a pergamino, tinta y esaz cosaz, lo llevo todo aquí- le mostró la mochila que colgaba de su hombro.

El joven resopló con fuerza.

- Tú quédate aquí que ahora mismo vuelvo.

Había sido demasiado frío, pero no podía evitarlo. Era como si un cubito de hielo se le hubiera implantado en la boca del estómago.

- Por cierto…- oyó que decía la voz de Rebecha a sus espaldas, antes que el retrato de la Señora Gorda se cerrara detrás de él- ¿Ya le has hablado a Remuz sobre mí?

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El hechizo adecuado pronunciado en voz baja y luego un pequeño destello salido de la nada. Nada más simple y, sin embargo, la puerta de la biblioteca ya estaba abierta.

Ocultos por la capa invisible, James y Rebecha cruzaron a paso silencioso los estantes polvorientos del gran recinto hasta alcanzar la mesa más alejada de la entrada. La varita de James iluminaba el camino en todo momento.

- Esta capa ez genial- comentó la chica mientras se sentaba sigilosamente- ¿Dónde la haz conseguido?

James chascó la lengua.

- No tengo tiempo de contártelo. Otro día ¿vale? Ahora vayamos al grano, no sé cuanto tiempo podremos permanecer aquí sin que nos descubran. Como mínimo debemos terminar antes de que se vacíe el Gran Comedor.

- ¿Por qué estáz tan raro?- se quejó Rebecha- Esta mañana parecíaz máz….estusiasmado.

- ¿Lo tienes todo?- preguntó él, ignorando aquella cuestión.

Rebecha arrugó la nariz unos instantes, molesta, pero luego asintió y empezó a sacar todo el material que llevaba en el interior de su mochila y lo dispuso sobre la mesa.

- Todo listo- dijo sonriente, mientras sostenía la pluma- ¿Por dónde empezamoz?

James se quedó en silencio. Lo cierto es que no había pensado en nada en concreto, su especialidad era más bien improvisar sobre la marcha.

Dirigió una rápida mirada a la oscuridad de si entorno, a las sombras alargadas de los libros ordenados, a la cara de la niña ilusionada que aguardaba enfrente suyo como si estuviera por realizar su primera y excitante travesura.

- Creo que tendríamoz que buscar un nombre falso con el que firmar laz cartaz- propuso ella al ver que James no pronunciaba respuesta alguna.

James suspiró. La duda le carcomía por dentro. Quizá era mejor abandonar cuando todavía podía hacerlo.

- Eso mejor lo dejamos para el final- dijo al fin- Empecemos por la carta en sí. Veamos¿De qué color dirías que son exactamente los ojos de Lily?

Rebecha se llevó un dedo al mentón, entornando los ojos. Después, rápidamente, se puso a escribir.

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Cuando Lily se tumbó en la cama dejó aflorar tal exhalación, que Sharon, una de sus compañeras de habitación, se la quedó mirando como si acabara de soltar el vocablo más obsceno que hubiera oído jamás.

- ¿Te encuentras bien, Lily?- preguntó, enarcando una ceja.

- No lo sé- admitió la pelirroja.

Y aunque parecieran insulsas, aquellas palabras definían a la perfección su estado de ánimo.

Desde el encuentro con James de aquella tarde, su pecho había sufrido constantes retorcijones. Una mezcla de decepción e ilusiones rotas se le habían amontonado en la garganta, aprisionando su respiración.

Sí, así era como se sentía. Contrariada.

Y lo peor de todo era que la causa parecía provenir a raíz de la indiferencia que James había mostrado hacia ella. ¿Pero por qué?. ¿Por qué le importaba que James se hubiera mostrado impasible?. ¿Por qué se había sentido tan decepcionada al descubrir que aquel maldito dibujo no era suyo?

“Será que te has acostumbro demasiado a que beba los vientos por ti” le había dicho Liza hacía escasos minutos, para consolarla. “Pero bueno, era lo que querías ¿no? Querías que te dejara en paz”

¡Pues claro que era lo que quería!

O eso pensaba hasta hace poco.

- Tía, en serio, yo te veo fatal- insistió Sharon acercándose a ella- ¿Seguro que no te pasa nada?

Lily se dio la vuelta, en señal de rechazar su oferta, y hundió la cabeza en la almohada.

- Déjame, no pasa nada, estoy bien. Creo que es la depresión post-exámenes o algo así- susurró sin alzarse.

Sharon se encogió de hombros.

- Si tú lo dices…

La muchacha se alejó y Lily aprovechó para cerrar las cortinas del dosel, y evitar así más intromisiones fortuitas. Necesitaba meditar en su interior, y muy profundamente.

Pero cuando iba a volver a estirarse en la cama, sus ojos se fijaron en el extremo de un sobre que sobresalía por debajo de su almohada. Frunciendo el entrecejo, y olvidándose por momentos de sus dudas existenciales, Lily tiró de la punta y extrajo lo que parecía una carta dirigida ella. El corazón le dio un violento vuelco.

Las manos le temblaban cuando la abrió:

Lily, tus ojos, aparte de estar perfectamente alineados a lado y lado de la nariz, son dos esferas de sublime redondez. El verde intenso brilla en ellos con la lucidez del azul del cielo vespertino moteado con leves destellos de gris en los bordes y filamentos de amarillo tirando a turquesa.

Tu pelo aterciopelado parece sacado del movimiento de las llamas danzantes del fuego (es decir, que es rojo). Y tu piel es suave y de tonalidades tostadas, pero no por el polvo de los libros viejos, sucios y manoseados que siempre llevas contigo, sino porque naciste así: pura, fresca…y morena, claro.

Lily, te admiro cada día al pasar. Te miro y te examino de arriba a bajo, por detrás y por delante¡Como si fueras una obra de arte!

Estoy enamorado de ti, mi preciosa, hasta los mismísimos huesos.

Enteramente tuyo (de arriba abajo, por detrás y por delante), Harry.

Nada más terminar de leer la última línea sus dedos se cerraron entorno al pergamino, aguantando la respiración con los dientes apretados.

Si la furia absoluta tuviera nombre en ese momento, se llamaría Lily Evans.

¿Cómo había podido ser tan rematadamente estúpida?

- Potter tenía que ser…

Y tras mascullar aquellas palabras, procedió a despedazar la carta en trozos lo más pequeños posibles. Mejor así que no gritar y tirarse de los pelos.

Continuará….

Notas de autora:

Por lo visto, no se pusieron muy de acuerdo con el color de ojos de Lily xD

Bueno, a lo que iba. Resulta que he tenido un parón y bloqueo mental total con esta historia, pero tras un rapto de inspiración momentánea, he decidido continuarla. Aunque el capítulo, como habréis podido comprobar, es malísimo U.U Lo siento, de verdad. Encima de que os hago esperar, os obsequio con esta bazofia T.T

Me gustaría poder acabarla, al fin y al cabo sólo tendrá tres capítulos más. Pero no estoy muy segura, no ando satisfecha con los resultados. Necesito vuestro apoyo, de verdad, ahora más que nunca. Si los reviews son positivos y en general me pedís que la continúe, el ff seguirá activo. Si no, me temo que se pudrirá en la inmundicia T.T Lo siento, pero es que no me convence para nada este ff, tengo la moral baja. Así que vosotros decidís su suerte.

En fin, nada más. Muchísimas gracias a los que dejaron su opinión en el anterior capítulo ¡Sois vosotros los que me animasteis a continuar: Getta BlackLioness Anne Evans, Tasha Turner, LocatisLunaticaLupin, Isa, naruweasley-kOkORy-Marta EvansXini-92, Rocio, de4d Lady, patitopotter.

:JKRanIV:



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