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Anime/Manga » Naruto » El Efecto Deseado font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Kashou No Tsuki
Fiction Rated: K - Spanish - General/Romance - Gaara & Ino Y. - Reviews: 26 - Published: 05-05-06 - Updated: 05-05-06 - Complete - id:2924930

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El Efecto Deseado

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Probablemente alguien que no viviera con él no notaría nada. Absolutamente nada. Y por supuesto, era normal que nadie lo hiciera, porque los sutiles cambios en el comportamiento de su hermano menor eran eso, sutiles, ligeros, pequeños cambios, pero que en lo personal, a él, a Kankurou, le ponían los pelos de punta. Y es que no se trataba de un simple cambio de ánimo común y corriente -una vez al mes tenía que lidiar con todo lo que tener una hermana significaba, y estaba acostumbrado a lo idiota que se ponía- sino de un cambio en el comportamiento de Gaara, el temible -aunque ya no tanto- Sabaku No Gaara.

Alguien que no conviviera con él a diario no se daría cuenta de los breves momentos en que se quedaba ensimismado, completamente abstraído, con los ojos brillantes y perdidos en un punto indeterminado del espacio. O la languidez con la que se desplazaba por los pasillos, la mirada clavada en el desértico horizonte vislumbrado a través de los amplios ventanales de las estancias del Kazekage.

Tales nuevas actitudes, que en cualquier otra persona no habrían dejado de parecer normales, llamaban fuertemente la atención de Kankurou, pero eran otras las cosas que realmente lo traían preocupado. Y porqué no decirlo, asustado.

En ciertos momentos, distraído y absorto en su propio y pequeño mundo, cuando se creía completamente solo, Gaara se sonrojaba. Era tan tenue que Kankurou apenas lo había notado las primeras veces, pero lo hacía. Y sonreía también. Y suspiraba. Solo. Sin motivo ni causa aparente.

Con el pasmo de aquel descubrimiento incluso se le había pasado por la cabeza la posibilidad del retorno del Shukaku a la mente de su hermano, ya que desde los tiempos del osito de felpa jamás lo había visto interactuar con la nada como en esos momentos.

Y no era que el marionetero lo espiara, era solo que... pasaba por allí.

Al igual que ahora, en este mismo instante. Kankurou sólo pasaba por ahí, nada más que para entregar el reporte de una misión -satisfactoriamente concluida, por cierto- y quizás, solo quizás, había abierto la puerta con demasiada cautela.

Silenciosamente se había introducido al despacho pensando que se encontraba vacío, y ahora observaba con irresolución como se repetía la escena de todos los días. Pensó carraspear para atraer la atención del pelirrojo, pero antes de que lograra hacerlo una débil y suave sonrisa comenzó a formularse en los labios del pálido Kazekage.

Oh no, lo está haciendo de nuevo!”

Esto era exactamente lo que le ponía los pelos de punta. Si, no podía negarlo, quizás le hacía sentir bien el ver a su pequeño e inestable hermano sonreír de esa forma, como jamás lo había hecho, pero el mismo hecho lograba producirle escalofríos.

Antes de que sus nervios se volvieran gelatina, el marionetista decidió detener el asunto de una vez por todas, y escupió la pregunta que tanto lo había atormentado el último tiempo, sobresaltando de paso al joven Kage.

“Gaara... ¿Te sucede algo?”

El pelirrojo despegó su mirada de las puertas de la aldea con algo de sorpresa y la sangre agolpándose en su rostro, ya un poco sonrojado. No respondió, pero tras sostener los ojos oscuros de su hermano unos segundos, con un gesto pesado y lento desvió su mirada aguamarina nuevamente hacia la ventana.

Si éste no hubiera sido Gaara, Kankurou habría afirmado con completa certeza que el joven ante sus ojos estaba un tanto avergonzado por haber sido descubierto de esa forma y enfrentado con la pregunta. Pero éste era Gaara, ciertamente.

Suponiendo que no contestaría, y para no seguir soportando el cortante e incómodo silencio que comenzaba a ahogarlo, se dispuso a abrir la boca y decir algo sobre el informe de la misión, cuando la voz de Gaara, levemente temblorosa, se hizo escuchar.

“No… estoy seguro”

“¿De qué?”

Gaara guardó silencio un segundo. Y Kankurou tuvo miedo.

“Kankurou… Has estado con alguna…” Hizo una breve pausa, cómo si estuviera dándole vueltas y vueltas a las palabras en su cabeza “…chica?”

Kankurou quiso restregarse los ojos al creer haber visto un ápice de timidez en la gélida expresión de Gaara, y dio un respingo interior, sin acabar de convencerse de que el que estaba frente a él, el adolescente avergonzado que apartaba la mirada y le preguntaba sobre chicas, era su temible hermanito menor. Una parte de sí tornó a sonreír. Jamás lo habría imaginado.

Claro que había estado con chicas, su vida no tendría sentido de no ser así, un par de veces, un par de horas, intensas horas. Pero si Gaara repentinamente le salía con preguntas de ese tipo sólo podía significar una sola cosa.

El moreno sonrió y relajándose por primera vez en mucho tiempo, contestó.

“Unas cuantas veces. ¿Porqué lo preguntas¿Te gusta alguna?”

Los segundos que tardó en contestar, Kankurou los pasó imaginando quién podría ser la afortunada elegida. La asistente que le había asignado el Consejo estaba bastante buena, y esa chica Matsuri que lo perseguía tampoco estaba mal, aunque parecía algo trastornada.

“¿Tu crees que yo pueda gustarle a ella?”

Ahora sí estuvo seguro. Decididamente era timidez lo que se reflejaba en el rostro del pelirrojo. Kankurou sintió ganas de reír casi incontenibles ante la pregunta de su hermano, pero por la frágil integridad mental de Gaara, y su propia integridad física, hizo todo lo posible por reprimirlas. Todo lo que salió a la superficie fue una sonrisa confiada que esperó le transmitiera lo mismo al pelirrojo.

“Claro. Pero ¿quién es ella?”

Gaara miró al suelo y respondió con el color en su rostro tornándose casi morado.

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Yamanaka Ino estuvo al menos treinta segundos en shock. Sus ojos y boca estaban abiertos de par en par y la sangre trepaba hasta sus mejillas, haciéndola sentir la cara ardiendo. Con una voz aguda, temblorosa y al borde de la desaparición logró formular la primera pregunta que se le vino a la cabeza.

“Q-QUÉ?”

Gaara puso en marcha inmediatamente la segunda fase del plan.

Sonrió de lado, tal y como Kankurou le indicó que hiciera, luciendo confiado y ligeramente insinuante, apenas inclinando la cabeza hacia un lado, como había ensayado muchas, miles, millones de veces en el espejo de su baño, a solas.

La Yamanaka sintió que su corazón iba a salir disparado en cualquier momento de su pecho. La sonrisa, esa sonrisa, era demasiado. La piel pálida del Kazekage, el fuerte contraste con su cabello rojizo y el brillo fogoso de sus ojos, acompañado de esa sonrisa, componían un conjunto difícil de no admirar con baba escurriendo por la comisura de sus labios, lo cual la hizo preguntarse con nerviosismo ensoñador cómo era que no había notado antes, en sus numerosos viajes a la Arena, lo atractivo que podía llegar a ser Gaara. Lo suave y varonil que era su voz. La tonicidad de sus músculos y el exhuberante color de sus ojos.

Después de obtener el “efecto deseado”, como lo había llamado Kankurou con tanto afán, Gaara se dispuso a ejecutar el siguiente de los pasos que había aprendido de memoria – no sin antes aplacar la impresión que le produjo la efectividad de sus métodos- respondiendo a la pregunta de la rubia.

“Me gustas”

…y paso a paso, acortando la distancia entre los dos y cerrando con suavidad los ojos, acercó su rostro al de Ino.

La rubia, aunque lo había escuchado por segunda vez, no dio crédito a sus oídos hasta que se encontró con el rostro del Kazekage sobre el suyo, y sus propios labios presa de la hambrienta boca de él. Cerró los ojos y se entregó sin resistencia al beso, sintiendo una de las manos de Gaara apropiarse con calma en su cintura.

Debía seguir los consejos de Kankurou, y solo por eso se detuvo, por más que quisiera profundizar y continuar el beso. “Un contacto breve, pero que sepa que la deseas, y luego te detienes”. Se separó lenta y tortuosamente, sin quitar sus manos del cuerpo de Ino y sin apartar sus ojos verde agua de su rostro, aplicando cada concepto aprendido.

Ella abrió los ojos después de unos segundos, con las mejillas carmesí y los ojos brillantes.

“Tu… Tu también a mí”

Gaara sonrió de lado nuevamente, y descubrió con un placer secreto que comenzaba a gustarle hacerlo.

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Temari y él sólo pasaban por allí rumbo al hostal donde se estaban hospedando y se encontraron casualmente con su hermano menor y la rubia. Aquello jamás habría sido planeado por Kankurou… Oh, no.

La expresión de Temari no tenía precio.

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N/A: Eeeh! Me siento feliz n.n Escribi un GaaraIno, ahora puedo morir en paz u.u (EDITADO Y MEJORADO)



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