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Anime/Manga » Card Captor Sakura » Un Segundo en la Eternidad
Kassandra L. K
Author of 26 Stories
Rated: M - Spanish - Drama - Sakura K. & Syaoran L. - Reviews: 6 - Published: 05-14-06 - id:2939017

Card Captor Sakura © CLAMP.

Resumen: (Semi AU, SxS) La Cacería de brujas ha re-iniciado. La ilusión de un Tokyo de Cristal ha sido destruida por la Oscuridad. Los años de espera para dos enamorados separados han terminado, tan sólo que en el peor momento. Cuando a su alrededor todo se derrumba, sobrevivir será la tarea más difícil de todas. Sakura esperaba el regreso de un amor infantil. Syaoran regresaba a un amor infantil. Cuando el tiempo de la reunión llegue, traerá también el mayor dolor que conocerán.


"El amor que florece en la adversidad, es siempre el más raro y hermoso de todos. Irónicamente, es también, siempre el más efímero…"

X—

Un Segundo en la Eternidad

"Cierro mis ojos, sólo por un momento, y el momento se ha ido
Todos mis sueños, pasan frente a mis ojos, una curiosidad
Polvo en el viento, sólo son polvo en el viento…

La misma vieja canción, sólo una gota de agua en un mar infinito
Todo lo que hacemos se derrumba, aunque rehusamos verlo
Polvo en el viento, sólo somos polvo en el viento…

No te aferres; nada dura por siempre más que la tierra y el cielo
Se aleja, y todo tu dinero no comprará un minuto más
Polvo en el viento, sólo somos polvo en el viento…"
Dust in the Wind (Kansas)

Podía sentir manos reconociendo su cuerpo con lentitud por enésima vez, labios haciendo un viaje hacia sus senos que ya había sido recorrido antes, cabellos entre sus dedos que ya había sostenido con anterioridad, un cuerpo presionado al de ella que antes ya había sentido, una necesidad que coincidía enteramente con su propio deseo.

Estaba desesperada por sentir amor aún si era en la manera más básica de todas, y también él, aún si nunca lo diría en voz alta; pero la manera en que la tocaba como para recordar cada curva, en la manera que la besaba hambrientamente como si nunca más fuera a besarla, la manera en que la abrazaba posesivamente como si nunca fuera capaz de hacerla suya nuevamente—todo le decía que él la necesitaba tanto como ella a él.

Eran demasiado jóvenes para sentir tanta desesperación, lo sabía. Había cumplido apenas dieciocho años tres meses atrás, y él había alcanzado los diecinueve casi un mes atrás; tal vez tenían derecho a sentir la desesperación, sentirse tan apasionados con la relación de ambos, sentir la necesidad de estar siempre en contacto, con manos entrelazadas, de besarse tanto. Después de todo, no creía que llegaran a cumplir los veinte años, ninguno de los dos. Tampoco él lo creía, aún si no se lo dijera. Las posibilidades eran escasas. Nulas, en realidad.

Mientras sentía que llegaba al clímax, atrajo la cabeza de él a su cuello y él fue rápido en responder al fortalecer el abrazo que tenía en sus hombros. Podía sentir su respiración caliente en la base su cuello, y estaba segura de que él sentiría su propio jadeo entre sus cabellos. Trató de acercarlo aún más, deseando que si quizás podrían convertirse realmente en tan sólo una persona, no tendrían que separarse, deseaba estar con él para siempre. Ser capaz de escuchar su voz, sentir su aroma, tocar su cuerpo, oler sus cabellos, besar sus labios, despertar entre sus brazos cada mañana, cada atardecer.

Los deseos nunca se hacían realidad, lamentablemente.

Cuando él se relajo y dejó caer su cuerpo suavemente contra el suyo mismo, una gota cayó. No era lluvia, y la cueva en la que estaban no tenía goteras. Había una sola respuesta, y ella la sabía. La sabía desde el momento que la gota cayó en ella. En su cuello exactamente. Ligeramente, atrajo la cabeza de él hacia su mirada, pero él no se resistió. Sus ojos estaban nublados con lágrimas. Llevó sus manos temblorosas a las mejillas de él para limpiar sus lágrimas, en el momento que el llevaba las suyas a su rostro. Sólo entonces notó que ella misma estaba llorando también.

Cuando terminó de secar sus mejillas, él presionó un beso en su palma, sin siquiera justificar o tratar de esconder sus lágrimas. No había razón ya para hacerlo realmente. Él nunca había tenido que esconderle su dolor a ella, no ahora después de todo lo que había pasado, y nunca antes.

Los ojos de él miraron en los suyos, y supo que él estaría recordando. Mientras se dejo hipnotizar por su fuerte mirada, se dejó a sí misma caer también en los recuerdos. El día normal, una llamada alegre, las heridas, la sangre, las muertes, el dolor, los rostros de su familia, de sus amigos, el sacrificio. Era simplemente demasiado para entenderlo.

Había sido una cálida mañana. Simple, ordinaria, normal…


.

El día estaba alegre afuera. Sentía los pájaros cantar, ronquidos venir de la habitación continúa, alguien cocinando en el primer piso, y su compañero de cama acurrucado bajo la almohada murmurando sobre videos. Sí, era un buen día.

Excepto que una vez más, no había despertado a buena hora. Pero esta vez, no estaba exactamente atrasada en la hora justa para llegar al instituto. Si se apresuraba lo suficiente, tendría media hora de antelación. Corrió a la ducha y salió vestida y arreglada en el momento que su hermano despertaba. Él la miró extrañado, sorprendido quizás incluso. Con una mirada que decía claramente que no creía el hecho que se hubiera levantado antes que él.

El desayuno, no estuvo frente a ella sino durante diez minutos, a lo que su padre sonrió. En el momento que su hermano bajaba a desayunar, ya estaba lista para salir al instituto. Lanzó una sonrisa a su familia, y salió de la casa. Minutos antes habiéndose despedido de su pequeño guardián que dormía en su cama, y dejando un postre para que comiera cuando despertara.

Lunes 27. Nuevamente, una sonrisa se hizo paso a sus labios al ver el día que la esperaba. Pocos días para su día. Esperaba que el sábado amaneciera así también. Sería un perfecto regalo de Kami-sama en su cumpleaños.

Salió de su ensueño al sentir un beep-beep venir de su mochila. Ah claro. El teléfono celular último modelo creado por Daidouji' Toy Factory. Realmente no entendía porque su mejor amiga insistía en que fuera su catadora oficial de los objetos que la compañía creaba. No era como si se quejara tampoco, pero a veces sentía que abusaba de la buena voluntad de su amiga—aún si fuera ella la que le regalaba los artefactos.

Un teléfono desconocido apareció en pantalla. Posiblemente de la compañía, haciendo sus típicas ofertas. O un equivocado. De cualquier manera, no heriría contestar. Cuando su saludo inicial no tuvo respuesta, trató nuevamente. Antes de hablar, una voz conocida y anhelada le interrumpió.

Sakura.

Impresionante como tan sólo una palabra, una palabra tan pequeña y que había escuchado durante toda su vida fuera capaz de hacerla quedar muda. Escuchó al otro lado una maldición dicha en cantones, o mandarín, realmente nunca había entendido cual era cual, y el nombre 'Daidouji' entre las palabras. Sonreír fue simplemente natural.

–¿Qué atrocidades hizo la inocente Tomoyo para merecer que la hables así? –preguntó mientras caminaba, sin poder detener la sonrisa. La voz se detuvo en contestar, pero aún así le ganó la partida cuando quiso volver a hablar.

Pensé que me había dado el número mal. A propósito.

–Meh, eso hubiera sido Tomoyo Daidouji en pleno. Aún así no deberías maldecir tanto, sabes.

¿Y cómo podrías tu saber que estaba maldiciendo? –recibió como respuesta, y apretó el teléfono aún más en su mano– Podría bien haber estado declarando mi profundo cariño por ella.

–Mentiroso –rebatió ella, antes de notar una banca y sentarse en ella con descuido. Eran pocas veces las que había escuchado su voz en los años que habían pasado. Cualquier oportunidad de escucharlo debía ser tomada con cuidado para recordarla cuando quisiera. No sabían cuando se encontrarían nuevamente, y los recuerdos era lo único que tenía para aferrarse.

Culpable. ¿Qué tal todo?

–Bien. Muy bien. ¿Y allá? –hubo un suspiro al otro lado de la línea.

Aburrido.

Eso cumplió su cometido de hacerla reír suavemente– Pobre pequeño lobo aburrido en casa. Si ya hubieras regresado podríamos haber encontrado una manera de entretenerte.

Voy a obviar lo que supongo no pretendías insinuar en ello.

–¿Por qué deberías? Puedo ser inexperta, pero no significa que sea completamente ingenua –comentó con una sonrisa, y al no recibir respuesta, su sonrisa se acentúo– ¿No piensas responderme?. No me digas que por primera vez te mande a callar.

Hubieron ruidos bruscos y una discusión en cantones antes de que él respondiera.

Hubiera respondido pero lo que tenía que decir no hubiese sido apto para una tercera oyente de una conversación privada.

Tsk. Qué decepción. Realmente le hubiera gustado que diría él ante sus insinuaciones–. ¿Meilin?

No entiende que…

Sólo déjame decir hola, un hola no quitará mucho de tu 'conversación privada'. ¡Y podrán seguir con sus sucios temas cuanto quieran!

¡Meilin, vete a clases!. Luego puedes llamarla tú, ahora déjame en paz.

Nuevamente, por el tono de voz, escuchó hablar en cantones algo que posiblemente no querría entender. Esta vez una voz femenina–. ¿Y bien, algo que responder? –preguntó, al sentir tranquilidad nuevamente del otro lado de la línea.

De hecho sí. ¿Quién eres tú y que le hiciste a la Sakura que conozco?

Nuevamente, la joven río– Ya no tengo doce años, y tú tampoco.

Buen punto. ¿Sakura? –la mencionada hizo un sonido de que escuchaba– ¿No te quedaste sentada mientras hablábamos, verdad?. Si mis cálculos están bien, te quedan quince minutos para llegar a clases.

Mirando la hora, dejó escapar un quejido mientras se levantaba y comenzaba a correr al instituto. No debería haber abandonado los patines o la bicicleta por sus meras piernas– No te rías.

¿Acaso me escuchas riendo?

–Por la manera en que hablas, sé que estás muriendo por reírte en tu interior.

Quizás, pero mientras no lo haga en el exterior, no tienes como estar segura.

–Olvidas que te conozco tanto cómo tú a mí.

Cierto.

Deteniéndose en su carrera, se dejo caer contra una muralla, tratando de alcanzar su aliento, y esperando que su alma llegara a encontrarse nuevamente con su cuerpo. Cerró los ojos mientras apretaba el teléfono a su oído, sin escuchar nada más que una respiración acompasada al otro lado de la línea. Seguramente, él iba también en su camino a clases.

–¿Porqué tan callado?

Siempre soy callado –vino la perezosa respuesta. Río por lo bajo, una vez más caminando hacia el instituto, intercambiando el paso entre caminar apresuradamente y correr tranquilamente– De acuerdo, tan sólo estaba escuchándote.

–No estaba hablando.

No, pero estabas respirando.

Un leve sonrojo se hizo paso a sus mejillas, el instituto ya en vista y con unos cuantos minutos de adelanto– ¿De cuándo tienes te convertiste en el romántico empedernido de Eriol?

No lo soy, pero no significa que no tenga mi dosis de romanticismo –dejando escapar un sonido de total poca credibilidad, continuo caminando; a lo que él rebatió con deje de alguien que ha sido atrapado robando galletas del jarro– Meilin ha dejado demasiadas novelas románticas en casa. Y viendo que ya he leído toda la colección familiar, leer esos es el último recurso para tratar de no aburrirme.

Lo sabía. Sabía que de alguna parte tendría que haber salido su supuesto contento de tan sólo 'escucharle respirar'. Se sonrió al imaginar la cara de aburrimiento de él al leer las novelas tan cliché tragicómicas que a Meilin le gustaban– ¿Entonces cuando vuelvas habrá un Romeo en vez del antiguo niño tímido que conocí?

Yo no presionaría, Sakura. Pero podría ser –comentó él, antes de dar una pausa– Hablando de eso. Te tengo noticias.

–¿La razón de que llamaras a esta inusual y tan incómoda hora del día?

De hecho, sí. Ma-Ma convenció a los Ancianos de dejarme regresar para tu cumpleaños.

La voz le tembló inevitablemente– ¿Estás seguro?

Cien por ciento.

No sonaba a algo definitivo, pero aún si fuera tan sólo un día, si fuera tan sólo un momento en que pudiera estar junto a él, sin cartas, sin más llamadas, escucharle a su lado… ¡la dicha!

–Ese sería el mejor regalo de cumpleaños que podría esperar –murmuró, tratando de que la voz no le traicionara de la manera que su corazón le latiera.

Se supone que debas tener un buen regalo, Sakura. No se cumplen dieciocho años todos los días.

–¿Cuándo llegarás?

Ma-Ma está viendo si puede arreglar un viaje privado el viernes por la tarde, sino tendrá que ser en la madrugada del sábado.

–No necesitas tomarte tantas molestias, venir tan tarde o tan temprano. Aún si llegaras al siguiente día de mi cumpleaños estaría bien…

Lo sé. Es por eso mismo que pretendo llegar antes.

La adolescente entró al instituto con una sonrisa plasmada en el rostro, recibiendo extrañas miradas al pasar– A veces pienso que eres demasiado bueno conmigo. Si sigues en eso, a este paso terminarás mimándome.

Por primera vez en mucho tiempo, le escuchó reír. Aún si no fueran carcajadas, una vibración proveniente del otro lado de la línea, una risa suave y cristalina llegó a sus oídos– ¿Y el problema en eso sería…?

–La gente ya me cree una barbie descerebrada aquí, contigo podría convertirme en una princesa mimada.

Nuevamente, él río suavemente.

Aún si te consintiera como una princesa antigua, no lograría cambiarte. Además, tu familia y tus amigos saben que no eres así. ¿Es eso lo que importa, no?

Subiendo las escaleras hasta el tercer piso, la joven sintió la sonrisa en su rostro permanecer– Hmm. Ne. ¿Y qué piensas tú? –Hubo un prolongado 'hm' del otro lado, y supo que él trataba de buscar una buena respuesta. Entró al salón sonriendo a quienes la saludaban y haciendo un gesto con la mano en respuesta.

Pienso que eres—Eck. ¿Sakura?

–¿Sí?

Tengo que correr.

A esto, finalmente, la oji-esmeralda dejo un escapar un suspiro mezclado con una risa– ¿Llegas tarde?

No, pero el club de karate esta empeñado en hacerme parte de ellos. Si son capaces de ganarme una vez, supuestamente tengo que unirme al dichoso club.

–Típico de un caballo salvaje. (1)

Exactamente. Cómo si no tuviera suficiente que hacer además de venir a clases –él se detuvo en su hablar, y sintió sonidos de una supuesta lucha venir del otro lado. Sonrió al sentir la respiración de él después de unos segundos, agitada levemente. No lo suficiente como para demostrar cansancio. Él mencionó un 'Sak' antes de verse interrumpido, y le escuchó dirigirse a quién fuera que estuviera con él– ¿Podrían siquiera esperar a que termine mi llamada o hacer esto en la tarde? Supongo que no.

Su mejor amiga entró al salón y la miró levemente sorprendida de verla a hora en clases, pero se limitó a saludarla con la mano. La oji-amatista movió los labios formando un nombre en una pregunta silenciosa, y ella asintió.

¿Sakura?

Volviéndose al teléfono, observó al profesor entrar en el salón, y se agachó hacia el banco, tratando de disimular su llamada– ¿Hn?

Te veré el sábado.

–Estaré esperando entonces, Syaoran.

Su mejor amiga, cabellos grisáceos, ojos amatistas, sonrió desde el banco subsiguiente, haciendo que un sonrojo se hiciera pasó a sus mejillas.

Hasta entonces, Sakura.

Con una sonrisa que luchaba por alcanzar la del gato Cheshire, Sakura colgó el teléfono y sonrió a su mejor amiga, que la miraba con ojos soñadores. Supo lo que vendría antes de verlo.

–¡Kawaii!

Algunas cosas simplemente no cambian.

Sakura respondió a la lista tratando de sonar normal y no completamente extasiada, antes que el profesor continuara leyendo los nombres. Tomoyo se volvió a ella y cubrió su rostro de miradas ajenas con su largo cabello, haciendo que imitara la acción.

–¿Fue tu enamorado, ne? –preguntó su mejor amiga, riendo suavemente al provocar que un sonrojo hiciera paso a sus mejillas– ¿Bueno?. Algo realmente bueno debe haberte dicho para estar tan horrorosamente complacida. ¿No me digas que han estado mejorando su relación por el teléfono? –notando su mudez, Tomoyo se llevó una mano al cuello, sus ojos dilatándose levemente– No digas… ¡Oh, Kami-sama!

Hubo un murmullo general, en el momento que el profesor se volvió a la joven Camarógrafa.

–¿Algo que compartir con la clase, Daidouji?

–No, sensei, lo siento, estaré tranquila ahora –mientras se sentaba, Sakura la observó con brillantes esmeraldas, y un profundo halo rosa cubriendo aún sus mejillas.

–Después, Tomoyo. Al final del día.

–No puedo esperar tanto, Sakura –murmuró su amiga tras dientes apretados, dándole una mirada significativa.

–Tendrás que hacerlo. Lidia con ello.

–¡Pero…!

–¡Daidouji!

–¡Perdón, sensei!

Camuflando su risa tras la palma de su mano, Sakura volvió la vista a la ventana, sintiendo aún sus mejillas arder. Ver a la Daidouji Tomoyo siendo reprendida por el profesor era una situación que no sucedía todos los días y valía cualquier dinero en el mundo, o cualquier vergüenza que Tomoyo le pudiera infligir después como repercusión de su silencio.

No importaba, realmente. Pronto, se acabarían los susurros a sus espaldas, los rumores, los chicos que rechazar, el ir a fiestas sin acompañante… Él venía. Comparado a ello, cualquier vergüenza que Tomoyo pudiera hacerle pasar sería siempre infinitamente mísera. Después de años de estar apartados, años de espera, el chico—hombre de sus sueños, regresaría a ella.

Eso era lo único que importaba.

Él venía.

x—

Jueves 30.

Había sido un buen día. Sin mucho sol, una brisa fría en el aire, el cielo despejado. No era caluroso, ni había frío. Sólo, perfecto. Claro, le había tocado un bloque doble de matemáticas con una profesora despreciable que sólo la disminuía frente a toda la clase, pero además de eso, todo parecía ir bien. Perfectamente.

Y Syaoran venía.

El pensamiento hizo que una sonrisa apareciera por enésima vez en su rostro.

Le había llamado unas horas antes, cuando estaba en el almuerzo, diciendo que llegaría el sábado en la mañana. Lo que en términos normales para Sakura, significaba que llegaría en la madrugada, a las siete a más tardar. Había tratado de convencerlo que no debía apresurarse ni hacer la atrocidad de levantarse en mitad de la noche tan sólo por ella—pero como siempre, sus argumentos ni siquiera habían entrado a la cabeza de Syaoran y ya los había desechado como innecesarios.

Encontraba tierno que le preocupara tanto, pero creía ciertamente que algún día tendría que cuidarse de que su preocupación se transformara en obsesión.

Nah.

Probablemente antes que viera a Syaoran obsesionado y paranoico, vería a Eriol corriendo desnudo por las calles de Tomoeda junto a Takashi, proclamando como en algún lugar antiguo, olvidado, en ruinas y completamente extranjero, era tradición una maratón nudista para ganar algún premio igual de incoherente como la mera tradición. El pensamiento le hizo reír brevemente.

Quizás debería retractarse de ello. Sabía de hecho que Eriol y Takashi serían muy capaces de hacerlo. Ugh.

Notando a Tomoyo de pie en la reja de la secundaria, le sonrío mientras hacía una seña, y su mejor amiga se la devolvía también con una sonrisa demasiado similar a la suya propia. Aa, claro. Sólo entonces recordaba. Desde el día en que Kaho-sempai había fallecido en un accidente dos años atrás, un Eriol devastado se había tornado a Tomoyo y ésta le había ayudado en gran parte a volver a sus cabales, le había detenido de cometer una idiotez, e incluso había logrado que el inglés volviera a hacer las de molestador oficial entre sus amigos. Él estaba aún en Inglaterra, pero la conexión entre su antigua amiga, y su suspicaz amigo, era notoriamente… obvia, incluso a sus ojos. Quizás no era especialmente romántica, pero que era una relación estaba establecido de tiempo atrás. Y el inglés había anunciado ayer su regreso a Tomoeda.

Para no perderse el cumpleaños dieciocho de su sucesora, había dicho. Pero Sakura sabía que en gran parte, la reencarnación de Clow venía a Japón para concluir asuntos pendientes que habían con la heredera al imperio Daidouji. Realmente esperaba que se tratara de una confesión doble en uno de los balcones de la Mansión Daidouji, bajo la luz de una luna llena en la mitad de la noche.

Era una romántica, lo sabía.

A dos pasos de Tomoyo, ésta le sonrío.

–¿No te molestará que esperemos a Rika y a las demás?. Nos invitaron a acompañarlas a tomar algo en el nuevo puesto de helados.

–¿Ah, sí? –murmuró, sin saber cuándo exactamente habían sido invitadas. Como leyéndole la mente, Tomoyo posó una mano en su hombro, asintiéndole.

–Ocurrió en el receso dónde por coincidencia se te ocurrió ponerte a divagar sobre tu cumpleaños y lo que eso traerá.

Un leve sonrojo se hizo paso a sus mejillas– ¿No tengo remedio, verdad? –preguntó simplemente, antes de escuchar a Tomoyo reír suavemente, haciéndole sonreír.

–No, Sakura, no tienes arreglo para tu infinito enamoramiento. Pero si lo tuvieras, no tendría gracia el ver su relación… evolucionar.

–No empieces, Tomoyo.

–Sólo estoy diciendo…–

Los ojos de Tomoyo pasaron a enfocarse en el edificio tras Sakura, y sus ojos se dilataron con sorpresa, miedo y algo de desesperación tan sólo en un segundo.

Volteándose al momento que notó a Tomoyo mirando a sus espaldas, Sakura observó cómo el interior del edificio Instituto Secundaria Seijuu ardía en llamas, el fuego propagándose en segundos. No sintió a Tomoyo tirarla al suelo, ni escuchó el grito que escapó de su propia boca, o el sonido de la explosión. Su mirada se mantuvo en los rostros de Chiharu, Rika y Naoko que estaban casi en la entrada del Instituto, pero que en meros instantes quedaban tragadas por el fuego, el edificio derrumbándose encima de ellas, sus gritos sin llegar a sus oídos. Obviando todo a su alrededor, a Tomoyo que la abrazaba firmemente de la espalda, los gritos de la gente que salía de sus casas y se arremolinaba frente al edificio, se vio incapaz de moverse, de alejar su mirada del edificio.

En tan sólo unos segundos, la Secundaria Seijuu se había derrumbado frente a sus ojos, cubriéndola de polvo y humo, pero guardando en el interior de sus paredes y escombros, a las que habían sido sus amigas desde tercer grado, y sólo Kami sabía a cuantos estudiantes más. Tomoyo la mecía en su regazo, y no estaba segura de si pretendía a calmarla a ella o a sí misma. Quería correr, acercarse a ver si quizás había alguna manera de rescatar a sus amigas, pero Tomoyo no la soltaba, su cuerpo no le respondía, su voz no salía, y ni siquiera sus pensamientos corrían de manera coherente como para pensar en alguna manera de hacer algo.

Su mirada esmeralda reflejaba el fuego del edificio derrumbándose frente a ella, y no pudo hacer nada sino caer hipnotizada a las llamas, su boca secándose y sintiendo la desesperación de las lágrimas de Tomoyo cayendo en su cabeza, los gritos de la gente alrededor.

No podía creer lo que veía, pero estaba sucediendo. Y ella era incapaz de hacer nada, inmóvil en el suelo.

Sin que lo supiera, era esto lo que había sido el inicio de todo.


(1) Tenía que poner algo, y que mejor que atacar a Syaoran con una banda de karate kids. Hehe. Ne ways, la idea era de Ranma, y Ranma viene a significar 'Caballo salvaje/indomable no-se-que-fsck-más', de ahí que Sakura diga esto.

NA: Amo esta historia. No está terminada, ni tampoco editada, pero la dejo publicada más que nada para ver que tal, como es recibida, si parece interesante. El primer capítulo, y nada más que ideas concretas de lo que vendrá, pero me tiene bastante entusiasmada la idea. El capitulo final está a medias incluso. No esperen un final feliz, pero tampoco esperen uno no-feliz. Si no puedo creer en el romance SxS en mis historias, no tendría caso escribir. Pero creo que podría gustarles. No por nada soy una fan de SxS yo misma.

El Rating es debido a que es posible que hayan insinuaciones a temas adultos pero nada explícito, referencia a violencia (cosa que dudo, no se me da bien), y gran falta de buen léxico (ósea groserías, nunca se sabe con Syaoran). Lo que en FFNet es 'M', no recomendable para menores de 16 años.

Nada más que decir, espero comentarios y críticas, ya sean constructivas o no. Me gustan las críticas.

PD. Para los que me conozcan (y esto lo editaré después de unos días) Qué Escenita 6 está casi-casi, de hecho el capítulo 7 ya lo tengo hace días. Pero soy una floja. Sólo eso.

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