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Anime/Manga » Card Captor Sakura » ESCLAVA DEL DESEO
HOSHI KUMIKO CHAN
Author of 3 Stories
Rated: M - Spanish - Romance/Adventure - Syaoran L. & Sakura K. - Reviews: 572 - Updated: 08-29-06 - Published: 05-19-06 - Complete - id:2947692

Hola, se bienvenido a esta historia que tendrá de todo un poco, guerra, venganza, sentimientos, y mucha lucha de almas.

Esto es una adaptación de una de las más grandes obras de JOHANNA LINDSEY, ella es la autora de toda esta historia; así como los personajes los he tomado de CCS creación de las niñas de CLAMP; yo solo la he adaptado para llevarla a ti con fines de entretención. Una cosa te aviso si eres de alma y criterio sensible, te recomiendo que si la obra llega al punto de ofenderte será mejor que te salgas; no acepto comentarios vejatorios, cuando el único que decide seguir aquí eres tú. Ahórrate comentarios que solo lograrán gastar nuestro tiempo, tanto el tuyo en escribir dicterios y el mío por empezar a leerlos. Recuerda que el único responsable de lo que entra por tus ojos y llega a tu mente y/o corazón eres tú.

Fuera de eso, espero que te pases un buen rato y que la lectura de esta historia te ayude a escapar aunque sea por un momento de las tensiones de la vida cotidiana. Abrazos y pasa a leer…


Él: El apuesto Lord Syaoran de Fulkhurst, tiene el pecado de tener el cabello castaño y hermosos ojos ámbar. Se ha casado dos veces, tiene dos hijas pero su dos grandes deseos son tener una esposa que no le tema y tener un hijo varón.

Ella: La bella Lady Sakura, única heredera de los Kinomoto. Al quedar viuda su madre, la dama es obligada a casarse con el mismo asesino de su esposo. Al morir Genjo d'Ambrayresponsable de las desgracias de los Kinomoto, el hijo de éste: Yue, obligará a su hermanastra Sakura a casarse con un hombre de 80 años pues solo así sacará grandes beneficios de ese matrimonio arreglado y será la única forma de poseer a Sakura, que es su obsesión.

La misión: Sakura debe concebir un hijo para asegurar las riquezas de su anciano marido y así salvar de la muerte a su madre que está en garras de Yue. Un incidente inesperado los llevará a buscar un sustituto y así concebir al heredero.

El error: apresar al hombre equivocado para que Sakura quede embarazada.


ESCLAVA DEL DESEO

CAPITULO I

Inglaterra, 1152

La dama era menuda y frágil, pero ante la corpulencia del caballero que estaba a su lado, esa fragilidad se destacaba mucho más. Su cabeza rubia no superaba los anchos hombros del varón, y cuando la palma abierta cayó sobre la mejilla femenina, el fino cuerpo se estremeció con la fuerza del golpe. Una descarga de esa clase la hubiera enviado fácilmente al suelo si no hubiese tenido cierto apoyo. Dos de los escuderos del caballero la sostenían. Situados detrás de ella, le tiraban hacia atrás los brazos, forzándola a adelantar el cuerpo, no fuera a ser que recibiesen un golpe destinado a ella. Eso la mantenía erguida cuando hubiera podido doblar el cuerpo, y la obligaba a recibir un golpe tras otro.

A cierta distancia en una pequeña habitación, Sakura Kinomoto observaba. También a ella la sostenían con fuerza dos soldados, los mismos que la habían arrastrado a aquella habitación con el fin de que presenciara la brutalidad de su hermanastro. La sangre corría por el centro de su mentón, pues se había mordido los labios para evitar el grito. Las lágrimas descendían copiosamente por las mejillas color ceniza. Pero no la habían golpeado. Era probable que eso llegase si no cedía a los reclamos de su hermanastro, después de que él le hubiese ya demostrado que hablaba en serio. Pero mientras le quedase un poco de paciencia, no desearía afear a Sakura con cardenales que provocarían comentarios en la boda.

Yue d'Ambray no tenía tales escrúpulos ante su madrastra. Lady Hana Kinomoto -no, ahora era Hana d'Ambray y de nuevo viuda, porque el padre de Yue había muerto; le servía de poco, tan solo como rehén para garantizar la conducta de Sakura. Y no había muchas cosas que Sakura no hiciera por su madre. Pero lo que Yue le reclamaba ahora...

Hana se volvió para mirar a su hija. Tenía las mejillas enrojecidas por las marcas de la pesada mano de Yue, y sin embargo, no había derramado una lágrima ni proferido un solo grito. Su expresión, tan elocuente, arrancó más lágrimas a Sakura. Su cara decía claramente: "Me lo han hecho tantas veces, que no significa nada. No hagas caso, hija. No des a esta serpiente lo que te reclama".

Sakura no deseaba darle nada. Lord Sotan Arato, el hombre que Yue le había designado por esposo, tenía edad suficiente para ser su abuelo; más aún, su bisabuelo. Y la madre de Sakura se había limitado a confirmar los rumores que habían llegado a sus oídos acerca de ese anciano caballero cuando Yue le exigió que convenciese a su hija de que acatase sus deseos.

-Conozco a Arato, y no es apropiado darle una heredera del nivel de Sakura. Incluso si su edad no fuese un problema, ese hombre ha provocado escándalos a causa de su perversión. Jamás aceptaré semejante unión-

-Es el único hombre dispuesto a luchar para recuperar las propiedades de Sakura – señaló Yue.

-Las propiedades que tu padre perdió a causa de su propia codicia.

-Vamos, todo hombre tiene derecho a... –

-¿A invadir a su vecino? -lo interrumpió Hana con todo el desprecio que sentía por su hijastro, y que no era ni siquiera la mitad del que había sentido por el brutal padre del joven-. ¿Arrasarlo todo y hacer la guerra sin motivo alguno?; ¿Robar y obligar a las mujeres a contraer matrimonio antes siquiera de que hayan enterrado a sus maridos! Sólo se tienen esos derechos desde que el débil de Terada fue coronado rey-.

Yue se había sonrojado, probablemente más a causa de la cólera que por la vergüenza de lo que su padre le había hecho a Hana. En realidad, él era un producto de los tiempos. Era apenas un niño de ocho años cuando Terada arrebató la corona a Saori, después de la muerte del viejo rey Hojo. El reino se había dividido entonces, pues la mitad de los barones rehusó aceptar como gobernante a una mujer, y la otra mitad mantuvo su juramento a Saori, ahora traspasaba su fidelidad al hijo de ésta, Eisen de Aquitania. Genjo d'Ambray era uno de los barones que por entonces se había comprometido con Terada y por lo tanto se había creído con derecho a asesinar al padre de Sakura, que era vasallo de Hojo, y a obligar después a la viuda de Fujitaka Kinomoto a casarse con él. De este modo obtuvo el control de todas las posesiones y tierras de Fujitaka, heredadas por la propia Sakura, sin hablar de las tierras dótales de Hana. Y ni Hana ni Sakura podían reclamar por esta injusticia, y menos a un rey que había sembrado la anarquía en el dominio.

A diferencia de su padre, que había manifestado una veta de malevolencia que venía a completar su brutalidad, Yue era como la mayoría de los hombres de su tiempo, respetuoso cuando era necesario, grosero en otras circunstancias, y dispuesto a llenar sus cofres con los frutos de los trabajos de otros hombres. Pero como había vivido diecisiete años en la anarquía, sus actitudes eran distintas de las de otros barones. La mayoría de estos podían quejarse de tener un rey tan débil, que en el país imperaba la ilegalidad; por otra parte, la mayoría aprovechaba esa ilegalidad y la agravaba.

De hecho, durante los tres años en que Yue había sido hermanastro de Sakura, Jamás le había dicho una palabra dura, ni le había levantado la mano impulsado por la cólera, como hacía a veces el padre. Como caballero, Yue era un individuo diestro y valeroso. Como hombre, de hecho era muy apuesto, con los cabellos dorados casi blancos y unos ojos azules que inquietaban por su expresión constantemente alerta. Hasta ahora, Sakura lo había odiado sólo porque era el hijo de su padre. Para su propio beneficio en el curso de las mezquinas guerras con los vecinos, el padre y el hijo habían devastado las tierras de Sakura y se habían apoderado de todo lo que ella y su madre habían poseído. Habían anulado el contrato matrimonial que su padre le había preparado, y la habían mantenido soltera simplemente para beneficio propio, porque deseaban continuar aprovechando todo lo posible la fuerza de trabajo de los siervos, y exigiendo año tras año el servicio militar a los vasallos.

Pero un año atrás Genjo d'Ambray había tomado una decisión irreflexiva: apoderarse de Dyrwood, que se extendía entre una de las propiedades de Sakura y una de las que pertenecían al propio Genjo. Eso equivalía a remover un nido de avispas, pues Dyrwood pertenecía a uno de los principales jefes militares de los condados del norte, el señor de Fulkhurst, que no sólo pidió la ayuda de su vasallo de Dyrwood para dispersar a los sitiadores y obligarlos a retornar a sus lugares de origen, sino que además se dedicó sistemáticamente a destruir al hombre que se había atrevido a intentar un movimiento en perjuicio suyo.

Por desgracia, se convirtieron en objetivos de este belicoso caballero no sólo las propiedades de Genjo, sino también las que él controlaba por vía de tutela. Genjo descubrió entonces para qué servía un rey débil: Terada rehusó acudir en su ayuda. Estaba demasiado atareado con sus propios problemas. Y aunque Genjo había muerto dos meses atrás en el curso de esa guerra provocada por su propia codicia, Fulkhurst no se sentía satisfecho. Yue estaba descubriendo que aquel señor de la guerra prosperaba con la venganza.

Yue había pedido la paz, pero su propuesta fue rechazada y eso lo encolerizó y lo indujo a hacer todo lo posible para reconquistar las tierras de los d'Ambray. Y el costo que estaba decidido a pagar consistía en sacrificar a Sakura arrojándola al lecho conyugal de un viejo libertino. Incluso había dicho a Sakura que aquello no duraría mucho, y que pronto podría volver a la tutela de su hermanastro, pues el hombre estaba a dos pasos de la tumba. Pero mientras estuviese casada con aquel viejo lascivo, Yue deseaba que de esa unión naciera un niño. Lo había dejado perfectamente claro, pues sólo de ese modo podría recuperar a Sakura y sus tierras, además de las tierras y las riquezas de Arato a través del niño. De ese modo obtendría los recursos necesarios para recuperar las propiedades de d'Ambray, que ahora estaban en manos de Fulkhurst.

Era un plan excelente, por lo que se refería a Yue. A decir verdad, no le costaba nada, y le permitiría obtener todo lo que deseaba -incluso, a la larga, a Sakura compartiendo su propio lecho. Eso era lo que estaba en el centro del plan, pues el joven se sentía en parte obsesionado por la menuda belleza de cabellos de lino que era su hermanastra.

La había deseado desde la primera vez que la vio, cuando ella tenía apenas quince años. Pero su padre no le había permitido tenerla. El valor de la muchacha, decía, disminuiría bastante si se la privaba de su virginidad, pese a que él no tenía la más mínima intención de casarla con nadie. Pero Genjo d'Ambray no podía vivir eternamente. Yue tenía inteligencia suficiente para comprender que la condenada virginidad no era para él, y bastante paciencia para esperar hasta que el asunto ya no fuese un problema, cuando fuese concedida a un esposo.

Por eso Yue la había tratado tan bien: no deseaba que ella advirtiese la veta de crueldad que su padre le había legado. Quería que Sakura lo mirase con simpatía cuando finalmente la llevase a su cama. La deseaba tanto que se hubiese mostrado dispuesto a desposarla él mismo si el asunto le hubiese reportado alguna ganancia. Pero como los d'Ambray ya controlaban las tierras de la joven, el matrimonio no le proporcionaba ningún beneficio. Apenas ella concibiera, Yue se proponía atraparla, y después continuaría teniéndola, pese a que tenía la verdadera intención de casarla nuevamente para obtener más ventajas en una ocasión futura. Desembarazarse de los maridos sería la parte más fácil. Conseguir que Sakura sintiese pasión por él no sería tan sencillo.

Tal y como Yue veía las cosas, casarla con Arato contra su voluntad, un paso que sería fácil, no podía volverla contra él. Tampoco creía que obligarla a consentir golpeando a su madre fuese una falta tan grave. Lejos de eso, Yue estaba tan acostumbrado a ver cómo su padre golpeaba a lady Hana, que el hecho le pareció desprovisto de importancia. No tenía en cuenta que Sakura había vivido esos tres años en Kemel, no con su madre en el castillo Ambray, y que, no habiendo presenciado las mismas escenas, no había llegado a inmunizarse contra esa experiencia. Yue estaba seguro de que Sakura no se sentiría afectada porque maltrataran a su madre, por lo cual no creía que los golpes que ahora descargaba sobre lady Hana pudieran impresionarla. Se trataba simplemente de lo menos que podía hacer para obligarla a aceptar el matrimonio, y por lo tanto fue lo primero que intentó cuando el razonamiento y la enumeración de los beneficios fracasaron.

El primer error de Yue fue suponer que Sakura sentía por su madre lo que él había sentido por la suya, es decir casi nada. El segundo fue que no previo una reacción tan inmediata por parte de Sakura. Ni siquiera se había vuelto a mirarla desde que comenzara a abofetear a su madre, unos momentos antes. Pero cuando vio que Hana miraba a su hija con tan firme coraje, él también volvió los ojos en esa dirección, y el cuerpo se le puso rígido de cólera. Comprendió entonces el error que había cometido. La muchacha tenía mucho afecto por su madre. Sus grandes ojos esmeraldas estaban húmedos de lágrimas. Ardía en deseos de rogar a Yue que se detuviese, y no lo hacía porque su madre había manifestado claramente que no aceptaba el matrimonio con Arato. Hubiera sido mejor que la drogase, la casara con Arato, e incluso la llevase a la cama antes de que recuperase la conciencia, para presentarle el hecho consumado. Pero aquellos hermosos ojos verdes lo miraban ya con tanto odio, que Yue comprendió que ella Jamás lo desearía como él había esperado. No importaba. Aún así la poseería, y pronto; pero le irritaba muchísimo el pensar que no sería tal como lo había imaginado, y cerrando los dedos en un puño lo descargó sobre el costado de la cabeza de Hana. La mujer se desplomó sin proferir un solo grito.

Sakura hizo un ruido, un murmullo ahogado, antes de musitar:

-No. Basta-

Yue dejó a la madre, a quien sostenían sus hombres, y se acercó a la hija. Todavía lo irritaba el pensamiento de lo que había perdido personalmente. El fastidio estaba allí, en sus ojos, en su expresión, y con una mano levantó la cara de Sakura, obligándola a mirarlo. Pero sus sentimientos hacia ella se hicieron patentes en el hecho de que su mano no la trató con rudeza, pese a la irritación que sentía. Casi sin quererlo, enjugó suavemente las lágrimas de su mejilla. No obstante, su voz era dura:

- ¿Te casarás con Lord Arato?

-Lo haré.

-¿Lo harás con buen ánimo?

Sakura lo miró inexpresiva un momento antes de explotar.

-Pides demasiado!...-

-No. ¿Qué te cuesta una sonrisa si garantiza que él cumpla prontamente el contrato matrimonial?-

-¿Dudas de que lo haga?- Preguntó la joven.

-No, pero no hay tiempo que perder. Ahora Fulkhurst está inactivo, pero sólo porque se apoderó de Tures.

Sakura palideció al oír esto. Sabía que dos de sus residencias cerca de Dyrwood habían sido ocupadas, una incluso sin lucha, pero el castillo de Tures había sido la principal de las propiedades de su padre, su baluarte, y estaba mucho más al norte. Sakura había crecido en Tures. Todo lo que sabía del amor y la felicidad lo había aprendido allí, al amparo de aquellos muros de piedra. Ahora un guerrero enemigo ocupaba el castillo. No, en realidad los enemigos no habían ocupado los últimos tres años; por lo tanto¿cuál era la diferencia¿Qué más daba uno que otro? Ella no lo tenía, y no creía que jamás llegara a tenerlo. Incluso si Lord Arato podía recuperarlo para ella, le pertenecería sólo en la forma.

Yue interpretó mal la expresión de Sakura, y trató de reconfortarla.

-No desesperes, Sakura. Arato se ha enriquecido explotando a los mercaderes de su ciudad durante los últimos veinte años, mientras fue el dueño de Kirburough. Los mercenarios que adquirirá con su riqueza derrotarán a Fulkhurst y lo enviarán de regreso a su propio dominio. Recuperarás Tures antes de que termine el mes-

Sakura no contestó. Ya le habían dicho que el contrato matrimonial estaba redactado de tal modo que la beneficiaba; que las propiedades, una vez recuperadas, le pertenecerían, y no quedarían en manos de su esposo, un aspecto que nada significaba para ella en esos tiempos en que se hacía poco caso de la ley y la justicia, pero que significarían mucho si Eisen llegaba a gobernar. Sin duda, Arato pensaba aprovechar bien las propiedades de Sakura. Era obvio que Yue deseaba volver a tenerlas bajo su control, lo cual significaba que si Arato moría con bastante rapidez a causa de su edad avanzada y sus dolencias, Yue la ayudaría en ese sentido. Pero Yue deseaba que ella tuviese primero un hijo de Arato. Como había hecho día tras día durante los últimos tres años, Sakura se estremeció y rogó a Dios que Eisen de Aquitania ganase el trono de Inglaterra. Su padre había sido vasallo de Eisen, y Sakura le Juraría fidelidad en un abrir y cerrar de ojos. Entonces, y sólo entonces, podría escapar del control de Yue d'Ambray.

En lugar de revelar lo que estaba pensando, preguntó a Yue:

-¿Eso significa que mis vasallos me jurarán fidelidad esta vez, o estarán atareados de nuevo combatiendo en tus guerras?

A Yue se le enrojecieron las mejillas. Este era otro de los aspectos en que su propio padre había ignorado la letra de la ley, pues cuando las propiedades Kinomoto cambiaron de dueño a la muerte del padre de Sakura, los nueve vasallos del difunto hubieran debido acudir para rendir homenaje a Sakura por las propiedades que ahora retenían en representación de la Joven. Sin embargo, ella no había visto a ninguno de esos caballeros durante los tres años en que vivió aislada en uno de los recintos más pequeños de Genjo. Cada vez que mencionaba el asunto, se le daban excusas en el sentido de que sus caballeros estaban soportando un sitio, o en medio de una campaña, u otra cosa por el estilo. Era muy probable que sus hombres la creyesen muerta. Ese habría sido para Genjo el modo más fácil de asegurarse los servicios de aquellos hombres sin tener que atender a la preocupación que ellos manifestaban por el bienestar de Sakura.

Con una voz dura que desalentó la posibilidad de nuevos comentarios, Yue dijo:

-Cinco de tus vasallos murieron luchando contra Fulkhurst, y no sabemos si Sir Genda vive o no, pues lo habían designado castellano de Tures. Es probable que ese monstruo lo haya asesinado, como hizo con mis propios caballeros-

Concluyó con un encogimiento de hombros que dio a entender claramente que no le interesaba mucho si Genda había sobrevivido o no.

Las mejillas de Sakura palidecieron nuevamente. No hizo más preguntas porque temió saber cuáles eran los caballeros que aún vivían y cuáles habían perecido. ¿A quién debía culpar por la muerte de aquellos hombres¿A Fulkhurst, que había descargado los golpes mortales, o a Yue y su padre, que habían provocado la ira de Fulkhurst? Dios todopoderoso¿cuándo recuperaría la paz el país?

Con voz neutra, pidió a Yue que ordenara que la soltasen. El hizo un gesto en dirección a sus hombres, y cuando ella quedó libre se acercó a su madre. Pero la mano de Yue le aferró el brazo y la empujó hacia la puerta. Sakura trató de desasirse, pero el apretón de Yue era firme.

-Déjame ir con ella.

-No, sus mujeres la atenderán.-

-Yue, hace tres años que no la veo –recordó Sakura, aunque sabía que el ruego de nada le serviría.

-Cuando estés embarazada del hijo de Arato y podamos tener la certeza de que sus tierras son nuestras, dispondrás de tiempo suficiente para verla.-

Más manipulaciones y actos de coerción. Sakura no pudo continuar en silencio, y dio rienda suelta a sus sentimientos con una voz de odio.

-Eres despreciable, peor todavía que tu padre. ¡Por lo menos él era sincero en su crueldad!-

La mano de Yue apretó con más fuerza el brazo de Sakura, y ése fue el único indicio de que las palabras de la Joven lo habían afectado.

-Sólo tengo en cuenta tus mejores intereses cuando...-

-¡Mentiroso! Haré lo que quieres, pero si repites de nuevo que con eso me beneficiaré, me pondré a gritar.-

Yue no discutió con ella. Lo que deseaba era abrazarla y besarla, pues el fuego de la furia femenina avivaba su deseo más que la belleza misma. Pero no se atrevía ni siquiera a besarla. Si llegaba al lecho de Arato sin su virginidad, el anciano podía repudiarla, y de ese modo se frustrarían las esperanzas de Yue, que se centraban en la posesión de la riqueza del anciano noble. De modo que se limitó a decir:

- Bien, vamos, hoy mismo nos trasladaremos a Kirkburough. Mañana te casarás.-

Y Yue se la llevaría a su propio lecho apenas hubiera el más mínimo indicio de que estaba embarazada.

Continuará…


Bueno… he aquí el primer capítulo. Estos así son al principio, lleno de datos que pueden aburrir, pero les prometo que esto se pondrá cada vez más emocionante. Para que vean que vengo con la mejor intención de hacerlos pasar un buen rato, veré si subo el siguiente capítulo este mismo fin de semana. Haré todo lo posible por mantener un ritmo responsable de actualización. Nos veremos muy pronto… más del que ustedes creen.

Cuídense mucho y pórtense bien que nada cuesta.

HOSHI KUMIKO CHAN

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