|
Author of 5 Stories |
¡Hola!
Aquí está mi nuevo fic como siempre me gustó la pareja Suki/Sokka (Tanto como el Zutara :P) creo que un fic de ellos dos puede dar muchos aspectos interesantes. Y lamento la demora con Ella es mi pecado, o.o les juro que la inspiración no me llega XD aunque veremos como me va con éste.
¿Se me olvida algo?
Ah, bueno, tengo que admitir que estoy incumpliendo mi promesa de actualizar cada dos semanas T.T pero haciendo caso a mi pobre patética mente les suplico que opinen sobre este nuevo ff. Así que espero que cuando vuelva me hayáis dejado algún mensajito (Samara haciendo pucheros) Ahh…por cierto creo que el título ya existía en alguna película o.o no estoy segura XD pero por si acaso ahí tá :P
Disclaimer: No, Avatar y Aang no son míos...y no los quiero al que quiero es a Zuko XD
Capítulo 1. Inicio
"Ahora eres libre, y yo no.
Ahora tienes paz, y yo no.
Ahora estás muerta, y yo no."
Esas eran las reflexiones que inundaban la mente de aquel joven, su cálido aliento subió como vapor, sus manos entumecidas ligeramente por el frío se hallaban refugiadas en los cómodos bolsillos de su abrigo. Mil y un palabras y memorias vacías rondaban su cabeza, repitiéndose una y otra vez…como cada ocasión en la que después de las clases se pasaba un momento por la pista de patinaje.
Reviviendo un pasado que nunca podría repetirse, esas sensaciones que no podría vivir nunca más…El lugar estaba desolado, tan solo con unas cuantas parejas deslizándose por el hielo, y aún así manteniendo el silencio en el lugar, un silencio que le perturbaba y que tan solo lo sumergía más en sus pensamientos.
El joven de mirada azul aspiró el frío ambiente, dejando que el aire entrara cortando sus pulmones, no entendía porqué aquel odioso sentimiento, esas odiosas memorias lo sofocaban tanto, tampoco lograba comprender porqué siempre regresaba a la pista, sabiendo que tan solo se dañaba a sí mismo...Se alejó del pálido hielo para ir a sentarse en una de las bancas más cercanas, ajustó su mochila sobre sus hombros antes de caminar pesadamente hasta el asiento de madera.
Nuevamente allí, otra tarde más en la que tan sólo se limitaba a presenciar cómo los patinadores se deslizaban sobre las finas cuchillas de sus patines, envidiando su libertad. Simplemente un espectador que trataba de avivar los vestigios del pasado…mantener viva la sonrisa de su madre, no perder aquel recuerdo de esa maravillosa mujer, tratar de sentir nuevamente las caricias y sollozos de ella…de esa mujer que le dejó, a él, a su hermana…y sobre todo…a su padre.
Debería sentirse orgulloso, incluso eufórico por las recientes noticias que le habían dado, las pruebas que había hecho para entrar al equipo de artes marciales de la universidad habían sido aprobadas, podía comenzar sus entrenamientos desde el lunes con sus compañeros...Nunca había sido malo para los deportes, y menos cuando se trataba de la defensa personal, algo en lo que su padre le había iniciado años atrás.
Pero hace cinco meses su vida se había desmoronado por completo, todo lo que conocía como vida y familia dejó de tener sentido para él…
Su madre, Natsuki Masahiko había sido una excelente patinadora sobre hielo en sus buenos años, de adolescente ya había participado en muchas competiciones olímpicas, y varias medallas y trofeos aún eran conservadas en el ático de su casa…Pero la dulce joven abandonó su carrera en la pista, porque su corazón había sido robado por un joven apuesto, con el cual años más tarde se casaría y formaría una familia. Agraciada y delicada mujer, su madre…
-Todo comenzó tan solo como una enfermedad…-suspiró Sokka Masahiko exhalando el aire levantando más vapor por su boca.
Una enfermedad interna y grave, que poco a poco fue consumiendo la vida de su madre, hasta apagarla por completo hacía ya cinco meses, meses en los cuales su padre, cobarde e incapaz de sobrellevar la muerte de su maravillosa y querida Natsuki, decidió salir de la ciudad por temor a seguir en un lugar donde tantos recuerdos quedaban de ella.
Ajena a ese sentimiento, y creyendo que lo mejor era ayudar a su padre en su desesperación, su hermana, Katara, fue con él a iniciar sus estudios secundarios en Londres. El joven de cabellos castaños miró entristecido el enorme reloj que se hallaba sobre la pared pintada de blanco...tenía que irse, Rezo de seguro estaba esperándolo, ese perro era leal y fiel pero a cambio de una gran dosis de alimento.
Sokka se estiró levemente antes de ajustarse la ropa para salir de las instalaciones, caminó hasta llegar al vestíbulo de entrada y caminó cerca de un enorme estante de cristal donde se exponían fotografías antiguas, medallas y trofeos de los excelentes patinadores que habían pisado aquel lugar.
Los reflectores iluminaban apropiadamente una bella imagen, una que significaba mucho para el joven. Una muchacha de ojos azules, cabellera castaña que caía sobre sus hombros con gracia, vestida en un delicado vestido celeste de patinadora cargaba triunfante una copa de oro, tras ella se veían a varias jovencitas que llevaban sus patines sobre los hombros y se sentía la alegría que seguramente ella sentía por haber ganado...Debajo de la imagen en blanco y negro estaba grabado: Natsuki Tsurigame- campeona nacional de patinaje en figura sobre hielo-1981
Sintió sus ojos entrecerrarse ante la fotografía que tenían allí en la pista, desvió la mirada tratando de salir lo más pronto posible, la mochila en sus hombros le pesaba pero no tanto como el vacío que inundaba su estómago al recuerdo de lo que alguna vez tuvo, una madre que lo esperase con los brazos abiertos al llegar a casa, añoraba a esa madre que con cariño le había llevado tantas veces a ese lugar, aún pequeño pero ya sabía patinar muy bien, claro…teniendo una maestra como era ella…
Con paso cansado salió por las enormes puertas hasta ser recibido a un ambiente un poco más cálido, a una tarde otoño en el centro de la ciudad de Osaka, los edificios altos parecían tocar el cielo rosado, que tenía matices de rojo y púrpura. Los árboles lucían su follaje marchito que de vez en cuando era derrumbado con gracia por la brisa rozando con sutileza a las personas que monótonamente caminaban por las calles de la moribunda ciudad.
Las jovencitas colegialas ya paseaban por la avenida principal, inundando el paisaje con sus uniformes de colores. Sokka, decidió que lo mejor sería comprar algo de comer, no se sentía de ánimos para lidiar con la cocina, se detuvo un momento ante un cruce y examinó en las profundidades de sus bolsillos esperando hallar algo de dinero para detenerse en algún lugar para comprar sus alimentos. Afortunadamente alcanzó a reunir lo suficiente para costearse una buena comida. Sonrió levemente antes de comenzar a cruzar la avenida hacia uno de sus restaurantes favoritos.
Pasó por delante de varias tiendas, pero mantuvo su vista fija en una heladería con enormes vitrales en los cuales se hallaba dibujado con letras góticas el nombre del local: 'Sinistra', dentro se veía un ambiente tranquilo, algo oscuro, pero se notaba acogedor…En una mesa cercana a la ventana estaba una pareja muy acaramelada, dándose sus muestras de afecto, Sokka frunció el ceño molesto, en aquella mesa incontables veces se había sentado con su madre y hermana para degustar su helado favorito en las tardes de verano, el de chocolate era su favorito y el de frutilla el de Katara. Pero su madre siempre pedía coco o vainilla, deseaba poder detenerse a tomar un café, pero estaba retrasado, tenía que apurar el paso…
Un par de niños pasaron corriendo cerca suyo casi derribando a una señora regordeta que llevaba sus compras en ambos brazos, el joven no dio mayor importancia hasta que al dirigir su vista hacia donde los chiquillos habían huido, observó que el lugar de comida rápida al que solía ir estaba cerrado, en el interior todas las luces estaban apagadas…las puertas cerradas, y obviamente sin comida para que el ordenara.
-Demonios, no ahora…-dijo el sintiendo el impulso de tirar la puerta porque su estómago ya comenzaba a gruñirle. Acercó sus manos hasta los cristales de la puerta y trató de pensar en algún otro lugar donde poder ir a comer…
Resignado comenzó a caminar hacia su casa, esperando encontrar en el camino algo de comer, los cafés estaban llenos, claro siendo aproximadamente las seis de la tarde no podía culparlos. Sus pasos eran acompañados por una delicada brisa que ondeaba levemente el abrigo café que llevaba puesto…
Al fin pareció hallar un lugar que parecía prometedor…
-¿Kyoshi?...-susurró él al leer el nombre en la parte superior del modesto edificio, dejando de lado todo prejuicio entró en él, al mover las puertas rechinaron. Dentro todo llevaba los colores negro, dorado y un tono verdoso decorativo en las paredes del amplio local, las mesas eran al estilo puramente familiar, manteles con bellos bordados y al frente un mostrador.
El piso era de madera al igual que muchas decoraciones, un pequeño Bar al fondo lucía atractivo sus bebidas y tragos, Sokka siguió investigando el amplio lugar, bien iluminado, muy limpio y acogedor…Al parecer tampoco cocinaban nada mal, un aroma exquisito comenzó a juguetear cerca de su nariz…
Aún sin saber exactamente el sistema del lugar caminó hasta sentarse en una mesa algo alejada del resto, se quitó la mochila y se acomodó en la cómoda silla, observó un momento más quedándose viendo un retrato de una mujer muy bella cerca de suyo, tenía ojos verdes, delineados con un excesivo maquillaje negro, una mirada realmente seria y profunda, su piel era blanca y sus labios estaban pintados de un fuerte carmesí…abajo del cuadro no había ningún nombre ni nada, Sokka estaba en eso cuando alguien levemente le tocó la espalda.
-Buenas tardes¿puedo ayudarte?- dijo una voz detrás de él trayéndolo a la realidad, se volteó instantáneamente para hallarse con el rostro sonriente de una jovencita.
-Emm…aún no he elegido lo que voy a pedir-dijo Sokka examinando mejor a la niña que era su camarera, vestía unos pantalones vaqueros anchos, y un delantal verde con las letras Kyoshi en negro grabadas sobre la tela sujeto a su cintura. Ella tenía el cabello de un castaño muy claro casi rojizo y unos ojos verdes, parecían unas esmeraldas al igual que los de la mujer en el cuadro, su sonrisa perfilada por sus labios rojos, y su piel tersa y pálida.
-¿Seguro? Si quieres puedo darte la carta-sugirió ella amablemente sacando de quien sabe donde un menú para el despistado joven, se le quedó mirando un momento antes de estirar su brazo para dárselo- Disculpa, pero…tú no eres de por aquí ¿verdad? –dijo la muchacha.
-Bueno, no en realidad, es la primera vez que entro aquí-
-Ya veo…, pues bienvenido a Kyoshi, bar-café-restaurante ¿Qué deseas ordenar?-dijo ella casi haciendo una reverencia, como si estuviese siguiendo una rutina diaria, luego la jovencita sonrió divertida- Es tan solo parte del protocolo-explicó.
-Interesante…-Sokka le devolvió la sonrisa, perdiéndose en esas bellas pupilas esmeraldas y al momento volvió a agachar la cabeza.
-Lo sé, es extraño, pero así me mandan, así debo obedecer -dijo la castaña cerrando sus ojos y haciendo una leve pose dramática- En fin, hablando de ordenar…¿Qué vas a querer?-dijo ella más natural sacando su libreta de su cintura.
-Pues, ya te dije que es la primera vez que vengo, no tengo la menor idea de qué sirven aquí, espero que valga la pena…-
-Hey…he trabajado aquí un buen tiempo, sirven cosas muy deliciosas …-dijo ella algo recelosa - Pues si quieres saber, servimos comida internacional, de todo: Italiana, Mexicana, China, Árabe, y hasta Francesa… si gustas-Ella se mesó la barbilla.
-Suena bien… pero…-comenzó a decir Sokka cuando ella le interrupió
-Claro que también tenemos lo clásico, Hamburguesas, malteadas, helados, raciones de papas fritas, barritas de pescado, pizza aunque eso entra como comida italiana…-rió ella logrando que Sokka pronto se sintiera en familiaridad con aquella jovencita y dejara de actuar tan retraído.
-Bien…comida rápida-murmuró el leyendo un poco el menú y ubicando todo lo dicho por la muchacha.
-Además, no es por presumir, pero tenemos una excelente sección de bebidas-dijo ella guiñándole un ojo- Aunque…viendo tu rostro creo que tú no bebes ¿verdad?- dijo ella examinando el rostro del joven.
-¿Qué insinúas con eso?
-Oh…nada, es solo que en tu rostro se ve claramente que no te gusta la bebida
-Yo sí bebo, solo que no muy seguido, perdona si no bebo tanto como tú...-dijo el interpretando de mal modo las palabras de la jovencita.
-No quise decir eso, solo era un comentario, no seas tan agresivo…-dijo ella tomando nuevamente su libreta- Ahora, estoy algo ocupada, por favor dime lo que vas a ordenar…-
-¿Qué me recomiendas tú?
-Pues…depende¿vas a comer aquí o…vas a ordenar para llevar?
-Me quedaré aquí por la 'excelente' atención y servicio- dijo algo sarcástico Sokka sonriéndole a la chica.
-Muy chistoso, entonces te recomiendo lo que muchos piden: la orden de hamburguesa con papar fritas hasta el tope del plato y una malteada especial- añadió ella sonriéndole al sujeto.
-Mmm…suena bien, pero no pregunté que piden todos, quiero saber qué te gusta a ti…-dijo Sokka comenzando a interesarse en aquella jovencita.
La castaña le miró extrañada pero luego sintió un ligero cosquilleo en su cuello-Oh, si ése es el caso…podrías probar la lassaña, o el espagueti, aquí preparan muy bien las pastas…-ella se apoyó ligeramente en la mesa, a lo que él tan solo se acercó para susurrarle.
-De acuerdo, entonces una orden de Lassaña será…-Sokka buscó con la mirada algún distintivo o credencial en el delantal de la muchacha, pero no había ninguno- Disculpa la pegunta pero ¿cómo te llamas?
-Yo me llamo Masagi Suki-dijo ella sin mucha importancia anotando la orden-Bien, entonces en unos cinco minutos estará lista…-informó
-Bien Señorita Masagi-dijo él formalmente aún con la vista fija en ella. Suki se dio cuenta al instante de la mirada del joven.
-Con permiso…-dijo ella alejándose un poco con destino al mostrador.
Sokka siguió con la mirada a la joven, las cintas del delantal se ataban finamente a la estrecha cintura, denotando más las curvas que tenía y el cabello le caía hasta por debajo de los hombros brillando bajo las luces del lugar. Se recostó un poco en la silla esperando por su cena, al parecer Rezo tenía que esperar, algo interesante se le había presentado esa noche, y no era precisamente el restaurante…
Un amplio ventanal que daba hacia la calle de aquel suburbio, pero que siempre se hallaba cerrado por las amplias y gruesas cortinas.
-Ven Rezo, no me he olvidado de ti muchacho-dijo el joven quitándose el pesado abrigo de encima para luego tirarlo sobre el sofá e ir hacia la cocina, seguido por el enorme perro labrador que batía su cola frenéticamente.
Sokka estaba algo ido esta noche, o al menos lo estuvo cuando otra camarera vino a dejarle su orden en lugar de Suki Masagi. El joven llegó hasta la cocina, una mesa no muy grande con 3 sillas, un largo mármol y debajo de éste varias gavetas y cajones, arriba del mesón un bonito y sencillo mueble osea la alacena, más allá el refrigerador y la cocina.
Vivir solo en una casa tan grande era una de las razones por las que prefería estar fuera la mayor parte del tiempo, además que estando fuera de casa ensuciaria menos y pues...limpiaría menos. Se sentía consumido en un lugar tan solitario, por lo que era mejor permanecer en las calles.
Se agachó hasta estar a la altura del primer pequeño armario debajo del mármol. Abrió las portezuelas y extrajo una bolsa grande de comida para perro, y Rezo al oír el rasgarse de la bolsa saltó de contento ladrándole a su amo.
-Ya, tranquilo…me doy prisa-dijo Sokka tomando un recipiente de plástico transparente para servirle la comida. Rezo ladró dando una pirueta cuando el plato rojo le fué alcanzado.
Sokka llevaba puesto unos cómodos pantalones para dormir, y una camiseta terminó de batallar con su cabello aún húmedo y arrojó la toalla al cesto de la ropa sucia. Se acercó hasta la cama que le esperaba. Se dejó caer sobre ella, derrumbándose como si todas sus fuerzas la hubieran abandonado. El mullido colchón, las sábanas tersas, la brillante luz de la luna que entraba a través de la ventana… nada de aquello hacía su vida menos miserable, porque era generalmente en las noches cuando más necesitaba de su familia.
Nadie podía escuchar sus problemas, ayudarle, comprenderlo, darle las buenas noches…darle consejos, reñir con él para hacerle sentir con vida. Él, Sokka Matsube, uno de los mejores estudiantes de la universidad Shinoda, uno de los chicos que podrían considerarse como que lo tienen todo, buenos amigos, calificaciones buenas, una casa para él solo, independencia, una buena vida social y académica.
En aquella casa había vivido desde que nació, allí aún quedaba, al igual que en la pista, el corazón de su madre. Porque Natsuki se entregó con pasión a aquel deporte, y también se entregó completamente cuando fue madre y esposa.
Las fotografías de su familia al lado de la mesita de noche, eran quienes lo acurrucaban para dormir mientras se sentía sin fuerzas para continuar. "Ironías del destino" pensó a la vez que oía su propia voz llena de incredulidad.
Había esperado años con ingresar a la universidad, y ser el orgullo de sus padres preparándose año tras año para hacerlo del mejor modo posible… Y justo en el momento en que lo había logrado…Todo lo que había tenido sentido para él desapareció dejándole solo.
Se volteó de lado sobre la almohada, y deseó poder estar en Londres con su padre y Katara, pero nunca abandonaría aquella casa, la cual su padre quiso vender semanas después de la muerte de Natsuki, para tratar de eliminar todos los recuerdos dolorosos.
Permanecería allí, seguiría adelante allí donde su madre estuvo y se marchó, no echaría toda una vida por la borda…Sokka sabía fingir delante de sus amigos que en su momento le dieron sus 'más sentidos pésame'. Entristecía por momentos y seguir cargando con el recuerdo de alguien que desgraciadamente ya se había ido…era una tortura. Pero él lo había querido así…masoquismo o como deseen llamarlo él seguía yendo a la pista de patinaje, esperando algún armarse de valor para volver a deslizarse sobre el hielo…
Ahora, ya no había marcha atrás sobre el desastroso destino de las cosas…debía seguir¿seguir porqué?...aún no lo sabía con certeza…sólo seguiría en memoria a su madre.
Bostezó y se acurrucó nuevamente entre las sábanas, y segundos antes de quedarse dormido recordó a quien acababa de conocer aquel día, interesante muchacha…Masagi Suki, Sokka sonrió inconcientemente, que boberías estaba pensando, lo mejor era dejar en paz a su mente por un día…o talvez por unas horas antes de volver a verla.
Sólo en una noche se habían formado nuevas expectativas para sí mismo, demasiadas...y él sin saberlo había colocado a Suki en una de ellas…
K les pareció? Está tan mal? o.o jejeje, bueno ya habrán visto por dónde pienso llevar la cosa ¿no? XDYa sé…están deseosos de atarme y ponerme nuevamente al caso con "ella es mi pecado" ¿cierto:P
Zuko: Si ya lo sabes…¿para qué preguntas cerebro de maní ò.o?
Me gusta hacerme la difícil :P mujajajaja, en fin mis queridos lectores aquí les traigo otra re-chiflada idea mía, un fic Sokka/Suki sé que no hay muchos a los que le guste la pareja, pero… ¡tenía que hacerlo¡ MI CONCIENCIA me lo pedía a gritos T.T Y verán que meteré luego a Katara, a Zukito porque un fic no es fic sin él…
Zuko: ¿me estás halagando? Demonios, el cielo se va a caer ¬¬
Claro, porque sin ti no hay a quién hacer sufrir ;P Buenos mis queridos amigos y Zuko, me despido, esperando actualizar pronto y también me agradaría mucho ver unos cuantos reviews en este nuevo fic o,o ¿pueden creer que me lo soñe? xD Les suplico TT no sean malitos…espero sus reviews¡
Nos vemos
-Samara-Lestrange-
|
Review this Chapter |