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Disclaimer: Pues eso. Que soy de carne y hueso y no, no soy rowling
Hola a todos. Hoy, desde luego, no estaba planeada una actualización de At the beginning. ¡Ni mucho menos! Andaba yo en plena crisis, sin saber si algún día terminaría la historia. Pero en fin, hubo una kedada que fue bastante reveladora y me dio la inspiración que faltaba. ¿Que por qué? Pues no lo sé. Supongo que porque oí tanta teoría loca sobre HP7 y tanto desvarío que me dio por imaginar. Y porque conocí a una lectora de la historia que, casualmente, comparte mi punto de vista en cuanto a algun personaje del fic y... me animé a intentarlo.
Si está bien o está mal ya.. a elección del lector. Pero señoras y señores, mi musa ha hecho una aparición fugaz y había que aprovecharla, así que tenemos el capítulo 18 de At the beginning.
Capítulo 18 - Perdón
Lily,
Si lees esta carta… es decir, sé que vas a leer esta carta. Porque por muy enfadada que estés supongo que, al menos, tendrás curiosidad de saber si…
La arrugó.
-Mierda.
Lily,
Léeme. Por favor. Y si no me lees pues… joder, es que si no me lees ni siquiera estarás leyendo esto así que parto de que vas a leerme y que… Vale.
Vale. No sé escribir. Y esto es una mierda pero tienes que leerme porque llevas días sin querer saber nada de mí y yo ya no sé cómo hacer. Sé que estás en tu derecho de no querer ni mirarme a la cara, así que espero que esto te sea más fácil.
De verdad. Lily. Tienes que creerme. Michelle y yo… joder, tú sabías que hacíamos… bueno. Que más de una vez… Pero desde que se casó ya nunca. Ni una vez. Y sobre todo porque tú salías con Sirius y estabas cerca y desde ese momento ni una vez. Te lo juro. Por favor. Ni siquiera me apetece. Tienes que creerme. No quiero, no me interesa. ¡Ni siquiera nos acostamos! Sé que es tonto porque era lo que íbamos a hacer pero… mierda, te juro que pensaba en ti. Cuando la besaba, y cuando la abrazaba y cuando…
Releyó. Frunció el ceño.
-Encima dale detalles –rompió la hoja-. Gilipollas. Gilipollas, gilipollas…
Lily,
Por favor. Si no me lees me voy a volver loco. Últimamente parece que no paro de hacer el capullo y que no hago nada bien pero tienes que leerme porque creo que te quie
Volvió a arrugarla. Pegó una patada a la mesa y arrojó la bolita de papel junto a las demás. En el suelo.
Entonces una mano en su hombro izquierdo, apretándoselo con suavidad.
-¿Cómo va?
Sirius apartaba una silla para sentarse a su lado. James dejó la pluma sobre la mesa, tensándose.
-Estaba… intentando…
-¿Escribir a Lily?
-Sí –admitió, y bajó la cabeza. Pese a que habían aclarado la situación, seguía siendo cuanto menos compleja. No parecía normal reconocer ante tu mejor amigo que intentas reconquistar el corazón de su exnovia. No. Desde luego, muy normal no era.
Sirius echó una mirada al suelo.
-Y por lo que veo no estás inspirado.
-No tengo ni idea de por dónde empezar, Padfoot.
El chico cogió las pelotas de papel y las subió a la mesa, cruzándose de brazos. Le miró con fijeza y una media sonrisa.
-¿Y qué ha sido de ese delincuente que se ganaba a las chicas con su retórica, eh?
James se miró las manos manchadas de tinta, preguntándose lo mismo en el fondo. Sí. ¿Qué había sido de James Potter? Por Merlín, una sonrisa, un par de palabras tontas y las tenía en su cama. Y ahora…
-Es distinto.
Era distinto. Sobre todo porque no quería verla en su cama –o al menos no sólo eso-. Quería verla siempre y en todas partes. Por las mañanas y por las tardes y por las noches y poder besarla hasta que se quedara dormida. Y James no sabía mucho del tema pero suponía que era algo más difícil de conseguir que una simple noche loca.
-Pues yo creo que esta es una buena forma de empezar.
Miró a Sirius, quien había desplegado su último intento de carta. Le arrebató el papel con rapidez y volvió a arrugarlo, algo más alterado de lo que le habría gustado mostrar.
Para su sorpresa, el chico sonrió y sacó un nuevo trozo de pergamino, tendiéndoselo.
-Quizás te falle un poco la redacción pero no creo que sea para tanto –bromeó, y luego le habló seriamente-. No pasa nada por que sepa que la quieres. De hecho, Prongs, creo que debería saberlo.
-No me creerá.
-Pero merece saberlo.
-No quiero decírselo.
-Prongs, no seas…
-No.
Sirius suspiró, guardándose las ganas de negar con la cabeza y regañarle como muchas veces hacía Remus. Era tan terco…
-Está bien. No se lo digas. Pero de todas formas tienes que enviarle una carta –se incorporó aún más en su asiento-. Dime cómo te ayudo.
-Sirius, esto es un poco violento… tú, precisamente, ayudándome a…
-Hablamos de esto hace tres días. Soy tu amigo, maldita sea. Y vamos a conseguir que Lily te perdone y se lance a tus brazos. ¿Estamos?
James no estaba tan seguro. Pero la determinación en su mirada y la seriedad en sus rasgos le hicieron sonreír.
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-Alohomora.
-Kait. He dicho que no quería hablar con nadie.
Una vez abierta la puerta, la morena se asomó sin permitirle una queja.
-Me da igual. Llevas dos malditos días compadeciéndote y estoy harta. Si quieres llorar, vete a casa de tu madre.
La pelirroja se incorporó en su cama.
-¿Qué?
-Que yo también lo vi. ¿Vale? Estaba Michelle también, por si no te acuerdas. ¿Y qué hago yo? –se enfrentó-. Desde luego no encerrarme en mi cuarto diciendo lo triste que es mi vida.
Lily se levantó.
-Me alegro de que tú lo lleves bien. A mí no me apetece hacer nada, no me culpes por tener un mínimo de sensibilidad.
Kait respiró hondo, tratando de no enfadarse.
-Tienes una carta.
-¿De quién?
-De un gilipollas arrepentido. ¿Piensas leerla?
Lily se mordió el labio, observándola.
-¿La has leído?
-No.
-Léela tú.
-¿Segura? Lily, yo creo que lo mejor es que la devolvamos directamente. Ese imbécil se va a creer encima que…
-Kait. Por favor.
La morena resopló pero obedeció, desenrollando el pergamino.
-Querida Lily. Perdóname. Soy un idiota. Oh, mira, Lily. ¡Se ha dado cuenta!
-Kait, sigue.
-Por Merlín, no me puedo creer que realmente vayas a creerte todo esto. En fin. Lo de Michelle fue estúpido y no tienes ni idea de cuánto me arrepiento. Sé que no somos nada y no tendría ni por qué pedir disculpas, pero Lily. Sirva o no sirva para convencerte, tienes que saber que pensé en ti… ¿Cuándo¿Cuando se la tiraba o cuando…?
-¡Kait, basta ya!
-Pensé en ti y me sentí como el mayor imbecil de Londres. Me merezco que me odies, pero por favor no lo hagas. Quiero hablar contigo. Estaré en la cafetería de la academia a las 12. Si no apareces no te molestaré más. Dame una oportunidad.
-Son las once y media –se percató, dando un respingo.
Kait la miró alucinada.
-¿Y? Por Merlín. Dime que no piensas ir.
-Kait. Quiero… quiero saber qué ocurre. Me niego a creer que…
-¡Lily! Por Dios. ¡Viste lo mismo que yo vi! Ten un poco de dignidad. Sé que te quiere, sé que está loco por ti pero Merlín, no puedes perdonarle así como así. ¡Volvería a hacerlo!
-Necesito saber porqué. Necesito saber qué siente. Por qué lo hizo.
-¿Y si está jugando contigo?
-¡Al menos lo sabré!
-Lily…
-¡No puedo estar así, sin saber qué pasa! Prefiero que me diga que no quiere nada conmigo a estar preguntándomelo sin poder dormir.
-¡Se acostó con Michelle!
-¡Ya lo sé! No le exculpo. Estoy enfadada. Es posible que tengas razón y esté jugando conmigo, pero… lo sabré si le veo. Necesito hacerlo.
-No te reconozco. Creí que no le tomarías en cuenta.
Lily cogió un jersey y se lo pasó por encima despeinándose aún más.
-Necesito escucharle, Kait.
-Pensaba que el otro día no le habías dejado hablar.
-No le dejé. Pero estuvo al otro lado de la puerta durante horas intentándolo.
-Es lo que se merece.
-¡Ya lo sé! Ya lo sé, pero…
Se mordió el labio. Kait la miraba sin comprender.
-Necesito verle. Sólo eso. No pretendo perdonarle. No aún. Pero quiero verle.
Kait observó impotente cómo se marchaba. Suspiró. Sólo esperaba que Lily no se equivocara y que todo saliese bien. Sabía de muy primera mano lo que era sentirse ridícula.
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James estaba sentado en una mesa de la cafetería. Eran las doce y tres minutos y Lily no estaba. Había pedido un café por el mero hecho de consumir.
No estaba muy seguro de que aquello fuese a funcionar, pero Sirius había insistido. Decía que conocía a Lily, que era demasiado tozuda como para conformarse sin saber la verdad. Que iría. Que le escucharía.
Sí, claro.
Por Dios. Era Lily Evans. No vendría.
Lo que James no sabía era que cierta pelirroja acababa de alcanzar la cafetería.
No llegaba muy tarde, pero se quedó aun así al otro lado del cristal, mirando por la ventana si el chico todavía estaba allí.
Lo vio enseguida. Sentado allí, mirando a su alrededor con cierta impaciencia, manoseando una taza ya vacía. Lily se mordió el labio, debatiéndose entre seguir mirando o entrar sin más contemplaciones. Después de todo, teniendo en cuenta cómo miraba su reloj, estaba claro que llevaba un rato esperando.
Parecía nervioso.
Sí, lo estaba.
No había más que ver cómo se revolvía el pelo entre los dedos. Lily podría incluso jurar que él estaría pensando exactamente qué decirle. Sobre cómo explicarle lo que había hecho.
Lo que había hecho.
Acostarse con Michelle.
Quiso evitarlo, pero su mirada se fijó inmediatamente en sus manos, escrutándolas en la distancia. Esas manos que una vez estuvieron en su cintura, en su cuello… hacía apenas cuestión de horas habrían estado en el cuerpo de Michelle. Y esos labios que fruncía con nerviosismo, la habrían besado.
Una cosa era saberlo. Imaginarlo… verle ahí y saber que podía ser real… era otra cosa. Algo bastante más doloroso, a decir verdad.
Un hombre la empujó para entrar en la cafetería, y se golpeó contra la puerta. James miró en su dirección y ella, de forma casi inconsciente, se escondió detrás del muro.
El corazón le latía con fuerza.
De repente, se sentía ridícula.
Kaitleen tenía razón.
¿Cómo podía haber querido a escucharle si él…?
Por Merlín. Era estúpida.
Cuando James dirigió su vista a la ventana, no había nadie. Sólo un hombre que entraba a la cafetería. Eran las doce y cuarto y Lily no había venido.
Había sido estúpido por su parte creer que lo haría.
Lily no quería saber nada.
Sacó un par de monedas del bolsillo. Ya era hora de volver a casa.
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Cuando escuchó que llamaban a la puerta, Kait rodó los ojos y se levantó desganada. Suponía que tenía que ser Lily, que volvería con el rabo entre las piernas. Por supuesto, eso sí, volvía sin llaves.
-Ya voy –gritó recorriendo el pasillo. Su voz murió cuando abrió la puerta.
-Hola.
Se quedó estática un segundo, sin saber cómo reaccionar. Allí, delante de sí, estaba Michelle.
En una rápida observación pudo darse cuenta de que era la primera vez que la veía sin maquillar. El color de sus labios ya no se distinguía del de su piel, y parecía muchísimo más pálida.
Y, Merlín podría jurarlo, la vio tan preciosa que tuvo que contener las ganas de cerrarle la puerta en las narices. ¿Quién era ella para llegar a su casa con esa sonrisa atribulada y con los ojos enrojecidos, a hacer que por un momento quisiera perdonarla?
-¿Qué quieres?
Trató de ser cortante, y probablemente lo consiguió. Michelle carraspeó, mirando al fondo del pasillo.
-Buscaba a Lily.
Kait alzó las cejas y se cruzó de brazos.
-Ya. Pues no está.
-Ah… -murmuró, claramente decepcionada.
Hizo un ademán de cerrar la puerta, pero su mano se lo impidió.
-¿Dónde puedo…?
-Mira, Michelle. No tengo ni idea de dónde está. Y ahora, si no te importa, tengo bastantes cosas que hacer.
-Kait, por favor –cerró la puerta tras de sí, consiguiendo pasar. Esta se apartó como si quemase-. Sé que lo que hice no estuvo bien. Estoy casada y James… -se mordió el labio blanquecino sin saber cómo continuar-. Pero es que no lo entiendes. No tienes ni idea. No sabes lo que es estar sola.
Su carcajada detuvo sus palabras.
-¿Ah, no? Vaya, pues yo diría que lo sé mejor que tú –comenzó a caminar por el pasillo dándole la espalda-. Por si no te has dado cuenta, no hay nadie aquí.
-Ya lo sé, pero… es que no sabes lo difícil que es fingir que todo va bien con Bob cuando en realidad…
-¿Y por qué coño te casaste con él, eh?
Kait se había dado la vuelta, y ahora la miraba fijamente con sus ojos negros escrutadores. Michelle abrió la boca para contestar, pero tardó unos segundos en hacerlo. Sí. ¿Por qué se había casado con él?
-Porque no soporto estar sola.
Negó con la cabeza, furiosa.
-Genial. ¿Sabes? Yo también lo odio. Pero no por ello… no por ello me caso con el primer hombre que pasa por ahí. ¡Ni me tiro a mi mejor amigo! Ni mucho menos sabiendo que vas a hacer daño a alguien.
-No me acosté con él.
-¡Pero ibas a hacerlo!
-Ya lo sé, ya lo sé, yo… -cogió el brazo de la chica, impidiéndole que volviera a darle la espalda. Sin sus habituales tacones, quedaban prácticamente a la misma altura-. Por favor, trata de entenderme. Me arrepiento de lo que hice, pero es que ya no puedo cambiarlo.
Se zafó de su agarre y se separó aún más.
-Pues ese es tu problema. No sé qué pretendes que haga yo.
-Sólo quiero que me escuches. Quería hablar con Lily, pero si ella no está, a lo mejor tú podrías hacerle ver que…
-No vas a utilizarme para que Lily te perdone.
-¡No busco que me perdone! Pero sí que entienda que fue una tontería.
-Pues tendrás que decírselo tú. Yo no pienso ayudarte.
-¡Kait, por favor¿Se puede saber por qué estás así? Creí que éramos amigas…
Contuvo el aliento. Sí, claro. Amigas. Si todo fuese tan sencillo como eso, no le dolería tanto la situación. ¿Es que no se daba cuenta? Por Merlín, lo próximo era ponerse un cartel en la frente.
-Por favor, escúchame. Fui yo la que le busqué, estaba completamente borracha. Para James no significó nada.
Para James no había significado nada. Eso no hacía falta que se lo juraran, estaba claro que simplemente era idiota. Pero ella…
-¿Y para ti?
Michelle se quedó quieta tratando de entender el porqué de la pregunta.
Kaitleen resopló y se dio la vuelta, entrando en el salón y sentándose frente a la televisión encendida.
Ella le alcanzó y la apagó.
-Quiero a James.
La verdad cayó en la habitación como una losa. Kaitleen tenía la vista fija en la televisión apagada. No debía haber hecho la pregunta, no debía y lo peor de todo era que lo sabía. Preferiría no haberlo escuchado directamente de su boca.
-Sé que no estuvo bien, pero por favor, perdóname.
La morena seguía sin reaccionar. Michelle se sentó cautelosa junto a ella. La miró como si creyera que en cualquier momento iba a tocar un resorte que la haría saltar.
-¿Hablarás con Lily?
Lo encontró.
-No.
Sonó cortante, pero sólo movió su cabeza. Ojos repentinamente llorosos, labios apretados con algo que Michelle interpretó como rabia.
-Pero ella tiene que saber…
-¡No! –se levantó, dándole la espalda, parpadeando con rapidez para evitar las lágrimas.
-Pero… -se alzó también, colocándose junto a ella.
-¡Estoy harta! Por eso estás contándome todo esto. ¿No? Para que Lily te perdone y así James te perdone también. ¡Estoy harta!
-¿Qué?
-¡Búscate la vida! –una lágrima larga hasta sus labios. Michelle la observó perpleja-. Odio ser la que siempre ayuda a todos. ¿Vale? Habla tú con quien te de la gana.
-¡No lo hago por mí! Lo hago por James, y por Lily. ¿No lo ves? Por Merlín, Kait, no entiendo nada…
-Vete.
-¡Pero por qué!
-¡Joder, vete! Déjame sola.
Michelle frunció el ceño, cansada.
-No. No me voy. ¿Se puede saber qué te he hecho yo para que estés así?
Kaitleen la miró entre lágrimas de rabia e impotencia, con respiración errática e incredulidad.
-No te enteras de nada –casi sonrió, mientras se apartaba para intentar volverle la espalda.
-¿De qué? –la retuvo, tratando de intimidarla con sus pocos centímetros de mayor altura.
-Te pasas el día rodeada de gente y ni siquiera ves las cosas más obvias.
Entonces tres segundos. Los tres segundos más largos de su vida. Tres segundos dudando qué hacer, deleitándose con su evidente confusión. Parecía tan desconcertada, tan… perpleja… por un momento creyó que podría perdonarla.
-¿A qué te refieres?
-Por Merlín, Michelle…
Intentó huir, ella le frenó.
-¿Qué?
-¡Joder!
Obtuvo su respuesta, más por hastío que por verdaderas ganas de contestarle. Fueron un par de manos en sus mejillas y unos labios en los suyos. Rápida, cabreada y en absoluto sonrojada. Ni un ápice.
Los ojos de Michelle se abrieron de par en par.
¿Acababa de…?
¿Eso significaba que…?
Merlín.
-¿Lo entiendes ahora?
-Merlín.
La miró durante unos segundos como si no lo creyera. Queriendo decir muchas cosas y a la vez no queriendo decir nada. Queriendo escapar, echarse a correr y gritar que ella era heterosexual, por Dios. Que no debería besarla ninguna chica y mucho menos mirarla de aquella manera.
Sus pies, en cambio, estaban clavados en el suelo.
-¡Kait, he vuelto!
Las dos cabezas se giraron hacia la puerta, por la que empezaba a asomarse una melena pelirroja.
Y fin del cap. Ahora vendrán los tomatazos, pero POR DIOS que me he quedado agusto jajaja.
Un beso a todas n.n
Dreamkat