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Monchy
Author of 62 Stories

Rated: M - Spanish - Romance - Reviews: 7 - Updated: 08-01-06 - Published: 06-18-06 - Complete - id:2998478

Mejor

Capítulo I: La primera vez

La primera vez, Quinlan estaba sentado en la barra de un bar. Se inclinaba ligeramente hacia delante, mirando fijamente su bebida azul chillón, y sonriendo ampliamente. No era una imagen poco común, pero Mace supuso que tampoco era poco bienvenida.

Mace caminó hasta la barra, sentándose junto a Quinlan y alzando la mano para atraer la atención de la camarera. Una vez que hubo pedido su bebida, miró sus propias manos, que descansaban sobre la barra, y procedió a compadecerse a sí mismo.

“Vaya, hola.” Quinlan le miró, pero Mace no correspondió el gesto. “Qué aspecto tan deprimido.” Mace se encogió de hombros casi imperceptiblemente, y Quinlan regresó la mirada a su propio vaso.

La gente conocía al caballero Vos como ese molesto personaje que no podía mantener la boca cerrada, pero Mace sabía que Quinlan sabía exactamente cuando callarse. Como ahora. Mace apreciaba el silencio compartido. Tal vez, pensó, Quinlan era la mejor compañía que podía haber deseado para esta noche.

El silencio se alargó un poco más, y Mace decidió levantar el rostro sin ningún propósito. Se encontró a sí mismo mirando a Quinlan, ligeramente hechizado por el color de su piel y el contraste que creaba con la marca amarilla de su rostro. Era algo que hacía a veces – mirar la marca de Quinlan. Le gustaba la forma es que se movía con sus facciones, y lo fácil que parecía cambiar de un tono a otro de amarillo. Quinlan seguramente lo había notado.

“¿Cómo lo haces?” preguntó Mace tras unos segundos más de escrutinio. Quinlan llevó sus ojos hasta él, una pregunta en sus facciones, pero esperó a que se decidiera a explicar. “Sonreír, sin importar lo que ocurra. Tú siempre estás sonriendo.”

Quinlan amplió su sonrisa. “Es parte de mi encanto, supongo.” Mace asintió inconscientemente, mirando al frente cuando una bebida apareció frente a él. La tomó entre sus manos y le dio un trago largo. “No vamos despacio esta noche¿verdad?”

“No, no esta noche,” contestó Mace, una vez que hubo acabado de toser – nunca se le había dado bien beber.

“Vayamos a una mesa, entonces.”

“¿Qué?”

“Una mesa, maestro Windu. Superficie de madera¿sabes¿Puede tener diferentes formas?” Mace bufó suavemente, y Quinlan sencillamente sonrió. “Vamos.”

Mace se encogió de hombres una vez más, levantándose y siguiendo a Quinlan tras gritarle a la camarera que continuara trayéndoles bebida. Oh, iba a emborracharse esta noche.

Sentado en la mesa frente a Quinlan, volvió a compadecerse. O tal vez a sentirse miserable. No estaba acostumbrado a este tipo de humor estúpidamente absurdo.

“¿Le vas a contar al viejo Quinlan lo que pasa?”

“Soy más viejo que tú, Quinlan,” apuntó Mace, descansando su cabeza en su mano.

“Es una forma de hablar.” Mace asintió otra vez, esta vez arrepintiéndose cuando su cabeza comenzó a palpitar. Era realmente malo cuando se trataba de beber.

Miró a Quinlan de nuevo, quien tan solo le observaba detenidamente, esperando. Mace consideró la situación, preguntándose exactamente si su vida era algo que debía compartir con este hombre. Incluso tras haberle salvado de un giro seguro al Lado Oscuro, Quinlan y él no tenían lo que se podía considerar una relación. El hecho de que el hombre le fascinara era algo completamente distinto.

Pero Quinlan seguía mirándole, todo grandes ojos marrones y sonrisa dulce. Maldito bastardo manipulador.

“Qui-Gon,” musitó Mace repentinamente. Quinlan alzó ambas cejas en signo de interrogación. “Enamorándose de su padawan.”

“Ah.” Quinlan se inclinó hacia atrás, asintiendo. Aparentemente, Mace había sido el único que no se había dado cuenta.

“¿Quién puede culparle?” Mace suspiró, y Quinlan continuó asintiendo.

“Ahora entiendo las ojeras. No te quedan bien¿sabes?” Mace bufó, preguntándose en qué momento había pensando que contarle esto a Quinlan era una buena idea. “Me gusta más tu aspecto de maestro malote.” Esta vez fue Mace quien levantó ambas cejas en signo de pregunta. “Ya sabes, la forma en la que miras a la gente cuando han sido traviesos, como diciendo ‘¿me estás mirando a mí, ser insignificante?” Mace se atragantó con su bebida, y Quinlan sonrió.

“Yo nunca hablaría así.” Quinlan se rió, y Mace sospechaba que tenía mucho que ver con la expresión en su propio rostro.

“Es una buena imagen.” Mace sacudió la cabeza. “Deberías hacerte un tatuaje, para asustar a los niños más de lo que lo haces ahora.”

“Yo no asusto a los niños, y no voy a–”

“Justo aquí.” Mace observó su mano entre las de Quinlan, y le vio levantar un poco la manga de su túnica, casi como si su brazo le perteneciera a alguien más.

Mace miró hacia arriba, atrapando los ojos de Quinlan e, inmediatamente, cambió de dirección, asustado por lo que había escondido tras los orbes marrones. No necesitaba mirar su brazo para saber que los dedos de Quinlan estaba allí, pero aún así lo hizo. Dedos bronceados acariciaban la parte de atrás de su muñeca ligeramente, casi como si no estuvieran allí.

“Te quedaría genial.” Mace tragó con fuerza, inseguro de lo que estaba ocurriendo.

Y entonces, los labios de Quinlan estaban sobre su piel, besando suavemente la muñeca que sus dedos habían acariciado. Como si quemaran, Mace apartó su mano y la llevó hasta su pecho, mirando después a Quinlan. El caballero sencillamente le sonrió.

“Salgamos de aquí.” Mace no se movió, observando los labios de Quinlan con un extraño sentido de irrealidad. “Será mejor que te lleve a casa ahora que aún puedes caminar.”

“Creo... creo que me voy a quedar aquí.” Mace tosió, recuperando el tono severo de su voz. Sacudió la cabeza y regresó su mano a la mesa, aferrándose al borde inconscientemente.

“¿Estás seguro?”

“Si, Quinlan, estoy seguro.” Quinlan le sonrió, y Mace se preguntó por qué exactamente.

“Está bien. Yo me voy, entonces.” Mace asintió, abandonando un suspiro. Cuando miró hacia arriba, Quinlan aún estaba allí.

Extraño personaje, Quinlan Vos.

Mace sabía que había una pregunta flotando en el aire, una invitación tal vez, pero permaneció en silencio. Quinlan también. Pero tras unos segundos de respiración agitada, el más joven apoyó su frente contra la suya, sosteniendo su rostro con ambas manos. Mace no intentó moverse, atrapado por la fiera mirada en aquellos ojos que conocía tan poco.

“Buenas noches, Macey.” Y con eso, Quinlan abandonó el lugar.

Mace volvió a compadecerse.


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