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El Poder de la Trifuerza
Final Alternativo.
Comenzaron a escuchar algo que, hizo que olvidaran el dolor. –Y las tres sangres en combinación sobre el Altar del Tiempo… ¡Harán que la puerta entre los dos mundos se abran!- los tres miraron la escena petrificados.
Observaron como la sangre que estaba en la daga se escurría en el Altar. La puerta del Tiempo parecía cerrarse, la Trifuerza dorada que había estado marcada desaparecía, y, una nueva puerta aparecía, con un símbolo totalmente diferente, y esta se abría lentamente, mientras, una luz blanca y negra salía de esta puerta, que se había vuelto a cerrar al instante, y se apoderaba del cuerpo del antiguo amigo de Anny.
Este comenzó a cambiar poco a poco, quedando más alto, vistiendo las ropas que el gran Ganondorf alguna vez había portado, sus ojos se volvían rojos, su cabello cambiaba de color y se alargaba, y su piel se volvía más morena, demostrando que lo peor había ocurrido … Ganondorf había resucitado.
-Cuanto tiempo sin verte, Link- habló con su áspera voz.
-Lo mismo puedo decir- contestó el muchacho rubio, con frialdad, levantándose y mirando al nuevo Ganondorf.
Ambas mujeres no comprendían el por qué de esas palabras. Lo miraron con intriga, pero él simplemente ignoró sus miradas, mientras desenvainaba la Espada Maestra. Ganondorf rió al ver la espada. -¿Crees que me podrás vencer aún con esa cosa?- le dijo señalando vulgarmente la espada.
Link lo miro sin comprender. ¿Por qué se reía si esa espada había marcado su fin una vez?
-Hay Link- dijo con cierta arrogancia. -¿Crees que podrás tocarme con esa espada? ¿No recuerdas como fue la última vez que nos enfrentamos?- Link lo miró, tratando de recordar… ¿qué era dif…?
-Las Flechas de la Luz- susurró.
-Exactamente. Esa maldita luz me deshizo alguna vez, pero, ya no… porque ahora no fue su alteza quien te guió, no fue quien lo planeó… no fue quien creo lo que necesitabas para poder vencerme- le sonrió con maldad. Link se quedó petrificado…
Acaso… ¿ahí quedaría el destino del reino? No… algún milagro debía ocurrir… cerró los ojos esperando hallar alguna respuesta.
-Recuerdo… que yo había logrado conseguir las flechas de fuego y de hielo… y al final, antes de la batalla decisiva, Zelda me mostró como crear las de luz, pero, ahora no sé como, pues era un objeto mágico que ella había creado…- miró a las dos jóvenes, que no tenía idea de que hablaban. –La princesa no ha recordado nada…- mordió su labio inferior, ¿qué haría ahora?
Miró a la muchacha castaña. Ella estaba más confundida aún. Todo estaba perdido…
Soltó la espada, resonando en el interior del Templo, y de dejó caer de rodillas, apoyándose en sus manos, viendo el suelo.
-Ahora, si me permiten, tengo que quitarles sus fragmentos de la Trifuerza- dijo, volteando a ver a Anny. Se percató de la mirada que le mandaba el hombre, soltó la herida que sostenía, mostrando la larga cortada, y que comenzaba a salir más sangre de esta, la cual se escurría en su rostro.
La muchacha se levantó del suelo con torpeza, pues, aquel hombre ya estaba muy cerca de ella. Lo miró con miedo, pues él la veía con demasiada ansia, pero, ¿ansia de qué?
Anny solo comenzó a caminar hacia atrás, pero, a los tres pasos, la pared no le permitía moverse más. El hombre se acercó más a ella, y le mostraba a la muchacha todo su intimidante tamaño. La muchacha elevó la mirada para verle a la cara. Estaba más que paralizada, estaba petrificada.
Vio como elevaba su mano, pensó que la golpearía, por lo que cerró los ojos, pero, en lugar de sentir dolor, sintió una caricia en su rostro. Sentía la mano áspera, y de nuevo abrió los ojos, viendo al nuevo gerudo. –No puedo creer que- comenzó a decir Ganondorf –esta joven tan hermosa haya decidido ir por el camino de la guerra. –la muchacha le miró con desagrado ante tanto la caricia como las palabras.
-¿Qué insinúas?- le preguntó con molestia, mientras quitaba la mano del hombre de su cara con fuerza.
-Que todos que toman este cruel camino… mueren de esa manera- dijo tomándola de la barbilla. Rió cínicamente, a lo que la muchacha lo miró sin entender –ahora comprendo porque el anterior dueño de este cuerpo, te amaba- concluyó, sin quitarle la mirada de su rostro.
La muchacha se libero del agarre del hombre, corriendo en dirección a donde Zelda, a quien cogió de la mano derecha con su mano izquierda, forzándola a levantarse, y a correr a la entrada del templo. Anny sintió un cosquilleo en su mano izquierda, pero creyó que era del miedo.
-¿Crees que podrás escaparte así de fácil?- escuchó la voz del gerudo. La puerta del Templo se había cerrado y sabía no se podría abrir. Soltó la mano de la princesa y el cosquilleo en su mano izquierda paró. Escucharon ambas como se acercaba a ellas Ganondorf.
Tomó a la muchacha castaña por el cuello, levantándola del piso. Anny intentó todo lo posible porque la soltara. Puso ambas manos sobre la mano que apretaba su cuello, y de nuevo, aquel cosquilleo estaba en su mano izquierda. Al parecer él también lo había sentido, por lo que la lanzó con brusquedad.
La muchacha se estrelló con el altar. Se trató de levantar, pero le faltaba aire. Comenzó a toser e intentó que aire entrara bien a sus pulmones. El muchacho rubio se acercó a ella -¿Estás bien?- le preguntó, a lo que ella asintió con la cabeza. Link se levantó, y le extendió su mano izquierda para que se levantara.
Por tercera vez ahí estaba el cosquilleo. Soltó la mano de él.
-Link… Zelda puede estar en peligro- le dijo con voz casi inaudible y entrecortada, pues aún le costaba respirar.
Link volteó, tomó su espada, listo para golpear. –Yo se lo prometí una vez- pensó Link dispuesto a atacar a Ganondorf –que siempre seré el Héroe del Tiempo- saltó con la espada en alto, tal vez, podría llegar matarlo en ese momento – No importa cuando… no importa dónde… en nombre de Hyrule y tuyo, princesa Zelda… ¡Yo pelearé!- gritó para golpearle con fuerza –porque yo, princesa Zelda,…- Ganondorf hizo un rápido movimiento, y el muchacho no se percató, hasta que sintió un golpe de lleno en el estomago por parte del puño del gerudo. –Porque yo…- el muchacho perdió la conciencia totalmente en el suelo del Templo, alejado de Ganondorf.
Zelda reaccionó y se levantó, corriendo en dirección de la muchacha castaña que ya había logrado recuperarse. Los tres que poseían su fragmento estaban separados, y sin darse cuenta, su puntos formaban un triángulo… la Trifuerza resonó en cada uno de su poseedores, marcando el Triángulo sagrado, resonando con más fuerza su fragmento en mano de cada uno.
Link abrió los ojos, y sintió el cosquilleo en su mano izquierda, y sin levantarse, miró la escena desde el suelo. Tenía que ocurrírsele un plan. Cerca vio a la pequeña hada en el suelo aún. –Hay demasiada oscuridad para ella- pensó. Vio la larga herida de su brazo. –Las heridas jamás me han detenido… he sufrido peores que esta. No me quedaré en el suelo, viendo como las puede lastimar, pero… ¿qué puedo hacer?- el muchacho estaba confundido. Cerró los ojos para pensar en alguna idea. Nada… su mente estaba en blanco, parecía el fin… ¿Qué podría hacer ahora? Solo… ¿esperar?
Anny miró como en mano de los tres un triángulo se dibujaba. Sintió algo en su mano izquierda, que había comenzado como un cosquilleo y ahora era un dolor insoportable. Le quemaba la mano, tanto que la obligó a quitarse el guante. Miró perfectamente como algo aparecía en su mano. La Sagrada trifuerza se había pintado sobre su mano, pero… ¿por qué en ella? Una vocecilla sonó en su mente: Solo… sacrificio… luz. ¿Qué demonios había sido eso? No lo había comprendido.
El hombre gerudo se dio cuenta de aquello. Se acercó a ella, quitó a la princesa con brusquedad, y cogió a la muchacha con fuerza del brazo izquierdo. –Lo sabía- le dijo acercando su mano a la de ella.
Link se levanto al ver las agresiones contra ambas muchachas. -¡Hey! ¡Tú pelea es conmigo!- le gritó Link. El hombre soltó a Anny, y volteó a donde Link. Sacó una espada y volteó donde el muchacho rubio. Se abalanzó contra Link, quién parecía preparado.
La lucha inició, cada uno lanzando golpes contra el otro a diestra y siniestra, pero sin tocarse mucho. Continuaron así. El hombre de las tinieblas golpeó en un momento a Link tan fuerte que lo lanzó contra la pared.
El muchacho se levantó lo más rápido que pudo, pues se percató que Ganondorf volvería a atacarlo. Levantó tanto su escudo como su espada, para no recibir un daño fuerte. De nuevo se estampó con la pared y calló al suelo. Desde el mismo suelo comenzó a girar a otro lado para salir del encierre del gerudo. Se levantó, aventando su escudo, pues este comenzaba a volverse inútil y un peso extra que le estorbaba.
Y de nuevo lo vio al asecho. Link se quitó una vez que lo vio acercarse demasiado. ¡PAF! Se estrelló el gerudo contra la pared, pues corría a una velocidad alta que no pudo frenar. De nuevo volteó donde Link.
Comenzaron a pelear frente a frente. Sus espadas chocaban, provocando un enorme estruendo en el interior del Templo. –Dime una cosa Link- comenzó a hablar Ganondorf. El muchacho dio un salto hacia atrás para esquivar un golpe del gerudo.
-¿Qué es lo que quieres?- preguntó Link con molestia, mientras de nuevo comenzaba el estruendo de las espadas.
-¿Qué es lo qué te hace tan fuerte y valiente?- le preguntó mientras lanzaba de nuevo un fuerte ataque. Link apenas si lo esquivó, por lo que recibió una cortada en la mano derecha. Se alejó del gerudo.
-¡Ja! ¿Crees que te lo diré?- contestó Link, moviendo su mano derecha, para recuperar el control de esta. Tomó con ambas manos su espada.
Ganondorf golpeó con su espada una parte de la pared del Templo, cortando un gran pedazo de roca, que cogió con ambas manos. –He pensado darte un obsequio- comenzó a decir mientas mantenía la roca sobre su cabeza con sus manos.
-¿En serio? No debiste molestarte- contestó Link con cierto sarcasmo, preparándose para esquivar la gran roca que era obvio que le lanzaría.
-Si…- comenzó a decir, mientras lanzaba la roca con todas sus fuerzas al techo del Templo -¡La más grande desesperación!- la roca se estrelló en el techo, que comenzó a soltar aún más escombros; su blanco: Zelda y Anny. Las dos jóvenes vieron como caían las rocas hacia ellas. Link intentó ir a ayudarles, pero Ganondorf se interpuso. –Vamos, empieza mostrándome toda tu furia, y termina suplicándome el perdón de tu vida - concluyó mientras solo permitía ver la escena.
Anny miró las rocas caer -¿Así terminará todo? ¿Así acabaran nuestras vidas? ¿Aplastadas por el techo del Templo? No… ella debe de asumir una gran responsabilidad, y yo me juré proteger a la Familia Real- pensó. Sintió un frío intenso en su brazo izquierdo, y, ahí miró, la marca que le habían dejado las brujas. Alzó su brazo con ayuda del derecho, abrió su mano que tenía en puño, y, una enorme capa de hielo las cubrió. A pesar del dolor que aún tenía de la extraña aparición de la Trifuerza en su mano, pudo cumplir su promesa.
La gruesa capa de hielo resistió todo lo que se le fue lanzado, y seguí en pie.
Link suspiró de alivio. Ganondorf lo volvió a atacar, terminando contra otra pared. –Es inútil todo lo que le hago- pensó. –Si tan solo, pudiera recuperar las flechas de luz.- sentía su derrota cerca. ¿Ya que podía hacer? Solo… ¿ceder y perder? ¿Dejarse morir?
La muchacha castaña vio que Link había dejado de atacar a Ganondorf. Podría matarlo si Link no se movía. Cogió ambas espadas, y cuando Ganondorf estuvo apunto de darle un golpe mortal con su espada a Link, la muchacha castaña se interpuso con las espadas en alto, deteniendo el ataque.
Link alzó la mirada viendo a la muchacha. Las espadas de Ganondorf y Anny estaban aún juntas. Alguno de los cedería ante la fuerza del otro. El gerudo comenzó a susurrarle algo, que hacía que empezara a ceder ante la fuerza del hombre. Entonces, ahí recordó que ese hombre no era su amigo, si no un maldito que quería destruir todo lo que había en el mundo.
Medio soltó la espada que sostenía en su mano izquierda, volteando la palma de esta hacía Ganondorf. El sello que tenía marcado en su brazo brilló, soltando hielo en el rostro del Gerudo, dándole la oportunidad a Anny de quitárselo de encima.
Volteó donde Link -¿Qué pasa contigo? –le gritó molesta. -¡Te pudo haber matado!- continuó con el mismo tono de voz. Del muchacho no hubo respuesta alguna. Tomó la mano izquierda de él y le mostró el Triángulo. -¿Vez esto?- Link no entendió para que le quería mostrar. La miró a los ojos –Esto demuestra que eres el único que puede vencerle- le dijo.
Link quería decirle que simplemente era imposible. La muchacha se levantó y volteó donde el gerudo, que ya había podido quitarse de encima el hielo. La muchacha le lanzó una capa más de hielo, necesitaba hacer reflexionar a Link.
Volteó de nuevo a ver al muchacho. –Link…
-Simplemente es imposible- le interrumpió. -¡Todo está perdido!- le gritó.
-Llegaste con mucha confianza hasta aquí, y ahora me dices que es imposible. Valla Héroe que escogieron- dijo ella con molestia.
Ambos no se dieron cuenta del regreso del gerudo. Tomó a la muchacha por el cuello. –Tú me estás comenzando a desesperar- dijo, mientras la levantaba del suelo.
-¡Tu lucha es conmigo!- gritó Link. -¡Déjala fuera de esto!- insistió.
Con su mano libre golpeó a Link hasta lanzarlo cerca de la princesa. Ganondorf sacó otra espada que tenía guardada. Lo primero que hizo a la muchacha fue golpearla contra la pared más cercana que tenía. Soltó un grito de dolor mientras que unas gotas de sangre salpicaban el rostro del gerudo. Después, la lanzó contra la pared contraria, con la misma fuerza. La muchacha intentó levantarse, pero le fue inútil. No tardó mucho tiempo para que Ganondorf estuviera frente a ella. Se agachó lo suficiente pasa estar a la altura de ella de pie. De nuevo la cogió por el cuello. -¿Necesitas ayuda para levantarte?- preguntó sarcásticamente, mientras la levantaba por el cuello.
De nuevo escuchó la vocecilla: Solo tú… lograrán… luz. Seguía sin entender nada.
La muchacha intentaba librarse del agarre, pero simplemente no podía. –Ya no me eres útil de ninguna forma- le dijo al oído. –Así que, ¿para qué mantenerte aquí? Podría bien haber sacrificado tu vida, pero, pensamos que cooperarías, y me he dado cuenta de que como no cederás, el único camino que tienes ahora, es el de la muerte- concluyó.
Sacó su espada, poniendo la punta de esta en el vientre de la muchacha. Aún no la atacaba, solo quería causarle temor. Comenzó a introducir la espada en el cuerpo de la muchacha. Anny cogió la mano derecha con la que estaba clavando la espada. El ardor de nuevo comenzó, pero no le importaba eso ya, pues si no detenía a ese hombre, la mataría.
Estaba perdiendo fuerzas por la falta de aire. Ahí comenzó a sentir como el metal frío entraba por su cuerpo. Primero de manera lenta, y terminó de manera rápida, atravesándola. La punta de la espada se veía del otro lado de su cuerpo. No pudo ni sentir el daño. Sintió que algo de sabor metálico se dirigía a su boca. La abrió, y sangre brotó. Ganondorf sacó la espada con brusquedad, dejando el cuerpo de la muchacha que cayera solo al suelo. Una vez más la vocecilla habló… y el mensaje lo escuchó completo: Solo el sacrificio de tu vida podrán regresar la luz a este reino en desgracia… haz tomado lo que no te pertenece, y lograrás regresarlo al morir. No es un castigo, es la bendición de las Diosas.
Link y Zelda miraban sin poder hacer nada. Zelda simplemente no sabría que hacer y Link apenas se estaba recuperando del golpe anterior. Vieron horrorizados la escena. Por los ojos de la princesa comenzaron a brotar lágrimas. El muchacho se levantó como pudo, y cogió la Espada Maestra. La princesa se levantó también, dispuesta a ir a cuidar a su amiga.
El muchacho intentó atacar a Ganondorf por detrás, intento en vano. Ganondorf comenzó a luchar contra él de nueva cuenta.
La princesa se hincó junto al cuerpo de la muchacha. Se encontraba sentada recargada contra el muro del Templo. La princesa no sabía que decir. Anny con las pocas energías que le quedaban se levantó. Sentía como la sangre salía de su cuerpo. Pero… ¿ese golpe no debió terminar con ella? Entonces… solo ella podría destruirse así misma… eso haría.
Zelda se levantó -¿Anny? ¡Espera! ¡Deja que sane esa herida!- la muchacha no se lo permitió. Cogió la mano de la princesa, y luego, la miró a los ojos. La princesa vio el rostro de la muchacha rubia totalmente sucio y cubierto por un poco de sangre.
-Tengo que hacer lo mejor para este reino y… tú sabrás que hacer- le dijo. Zelda la miró sin entender.
Anny tomó una de sus armas, dispuesta a hacer lo que debía…
Levantó la espada hasta lo más que pudo con sus dos manos, para, con toda la fuerza que le quedaba atravesar su cuerpo con la espada. Todo fue tan rápido… que no supo que pasó.
Sintió el metal de la espada en su cuerpo. Escupió sangre, para después dejarse caer. La princesa gritó horrorizada. -¡¿Por qué lo haz hecho!?- gritó la princesa, mientras lágrimas salían de sus ojos.
Link vio como la muchacha rubia comenzaba a llorar desconsoladamente. Tal distracción le provocó desventaja. Ganondorf lo atacó con fuerza. Se estrelló de nuevo contra la pared.
Estaba ya agotado. –Será que- pensó -¿aquí terminará todo? ¿Aquí quedará Hyrule?- el muchacho perdió el conocimiento… acaso… en verdad… ¿ahí quedaría Hyrule…?
La princesa volteó a su amiga que, aparentemente seguía aún con vida. Sacó la espada del vientre de la muchacha que veía el techo con una sonrisa. -¡¿Cómo puedes sonreír en un momento así?!- le gritó.
-Porque… con esto, ustedes salvarán este lugar.- comentó lentamente, antes de ser cubierta por el manto de la muerte.
La princesa siguió derramando lágrimas.
Ganondorf se acercó a donde la princesa. Zelda tomó la espada de la muchacha castaña. -¡Aléjate!- le gritó.
-No pudo aguantar su propio dolor, y decidió quitarse la vida. Que tonta… pero, ahora, podré deshacerme de los poseedores de los otros fragmentos.- Zelda le miró impactada.
El gerudo con su espada estuvo a punto de matarla, pero, una extraña luz apareció suscitando que Ganondorf se alejara. La princesa vio un extraño fantasma frente a ella. –Lamento, no poder haberte dicho nada- le habló el fantasma de su amiga; Zelda estaba increíblemente impactada. –“El sacrificio de mi alma era para darte a cambio”- comenzó a decirle –“la luz que necesitan para detenerlo”- concluyó, entregándole un cajac con unas flechas doradas. –“Es tu turno de demostrar tu poder”- se despidió antes de desaparecer, junto con la luz que había creado.
La princesa corrió lejos de Ganondorf, para ir donde Link, que se estaba comenzando a levantar. –Link- le habló. –Necesito tu arco- le dijo. El muchacho rubio le miró extrañado, pero, le entregó el arco.
La princesa sacó una de las flechas doradas y la lanzó en dirección del gerudo, quien logró esquivarla por pura suerte. Link vio que, cuando la flecha se estrelló contra una de las paredes del templo, una luz apareció.
-Pero… ¿cómo? – se preguntó. Vio el cuerpo inerte de la muchacha castaña. –Ella era el sacrificio de la luz- pensó, para después, comenzar a prepararse para cuando la princesa lanzara el siguiente ataque
La princesa lanzó varias flechas sin dar en su objetivo, hasta que, una al final, dio en el pecho del gerudo. Link no lo dudó más, y se lanzó a donde la flecha seguía clavada, y clavó la espada en ese mismo punto, dándole así, fin a su existencia.
Aquella puerta que se había abierto anteriormente se volvió abrir con una magia de colores… los sabios. El alma de Ganondorf fue encerrada de nuevo en el Mundo Oscuro. Un haz de luz los cubrió a los dos, mostrándoles que, todo había terminado…
Comenzaron a escuchar agua a su alrededor. Abrieron sus ojos lentamente, descubriendo una habitación enorme, muy semejante a la habitación de los sabios. La princesa y el guerrero no se percataron que continuaban apretando la mano del otro. –Link- le llamó; él le volteó a ver. -¿Dónde estamos?- preguntó insegura.
-Es lo mismo que quisiera saber yo- contestó el muchacho, mirando a su alrededor, para poder encontrar algo que se le hiciera familiar.
-Veo lo confundidos que están- se escuchó una tercera voz… la voz de Anny. La buscaron con la mirada.
La vieron a lo lejos; tenía su cabello suelto, parecía no tener heridas y vestía una túnica dorada. Les sonrió a ambos. –Anny… tú- comenzó a hablar la princesa.
-No digas nada, líder los sabios, pues, deberías saberlo- le dijo con una voz firme. La princesa y el joven guerrero la miraron sin comprender; ella comenzó a reír.
-Ganondorf era la oscuridad, Link fue el elegido para combatirlo, Zelda es la séptima sabia, y yo- comenzó a decir mirándolos.
-¿Qué? No me dirás que ahora también eres una sabia- dijo Link. La muchacha castaña rió de nuevo.
-Ganondorf antes de ser sellado gritaba si era una Diosa, y ahora dicen que soy sabia… temo que no es ninguna. Parece que, en realidad yo soy la Protectora de la Luz. Cuando la luz sea necesitada, solo el sacrificio del alma de la protectora de la luz logrará crear las flechas que usaron en este enfrentamiento. –les comentó. –La última vez que se enfrentaron, alguien ya se había sacrificado, pero, ahora, para que esta vez reaparecieran, era necesario un nuevo sacrificio- concluyó con la misma firmeza.
-Entonces… ya no volverás- habló la princesa.
-Exacto- dijo la joven castaña. –Pero, ahora, todo regresará a la normalidad, y podrán continuar con sus vidas. Aquí es, cuando nuestros caminos se separan- concluyó, antes de que una cegadora luz los envolviera. Solo escucharon un último mensaje: -Nos volveremos a ver cuando nuestros caminos, vuelvan a ser uno solo…
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La princesa veía al cielo nocturno a través de su ventana. Estaba esperando que su amiga estuviera feliz y en paz. Ya había sufrido en vida, y ahora recibiría la recompensa por tanto dolor. Escuchó el sonar de la puerta. –Pase- contestó, entrando un soldado a la habitación de la princesa.
-Ya es hora, su majestad- expresó el soldado. Zelda asintió. Salió de la habitación, recordando todo lo que había ocurrido; ya habían pasado dos meses… dos meses donde pudo conocer mejor a ese joven rubio que, en muy poco tiempo le había cautivado su corazón, y ahora solo él era el dueño de este. Miró su mano derecha, donde el guante le cubría su blanca piel. Sabía que debajo de este, se encontraba marcada aún la trifuerza.
Salió directo a donde una pequeña tropa le esperaba. Comenzaron a caminar, para comenzar a adentrarse en el jardín del castillo, donde el pueblo esperaba ansioso a su próximo gobernante. En cuanto la gente vio a la princesa, comenzó a gritar de emoción, hasta que la princesa llegó a un pequeño altar que se había puesto en el exterior.
Se sentó en el trono. El silencio se hizo en el jardín. Un monje que provenía del Templo del Tiempo fue el encargado de dirigir la coronación.
En cuanto, la corona de la reina tocó su cabeza, los aldeanos volvieron a gritar de alegría. Todo iba perfecto. La, ahora, reina Zelda se levantó de su trono e hizo una seña de silencio, la cual todos acataron.
-Es claro que- comenzó a hablar –todo saben que ha pasado en nuestro reino. Mi padre, el antiguo rey fue asesinado y nuestra tierra cayó en manos de la oscuridad.
Yo no supe como reaccionar al principio de esto, y simplemente no pude hacer nada. Pero, hubo dos almas valientes que se encargaron de traer la paz de nuevo a este reino. Dos almas jóvenes… una de esas almas se perdió por lograr salvar a nuestro reino… el alma de una querida amiga para mí…
También, un joven guerrero se dispuso a ayudar a nuestro reino sin desear nada a cambio, pero, yo pienso que, este muchacho merece una recompensa; es por ello que él se convertirá en el Primer Caballero de la Familia Real de Hyrule.
Link apareció, algo nervioso. ¿Qué debía hacer? Un soldado lo empujó, para que caminara donde Zelda. Cuando llego donde ella, esta le susurró al oído: -“Arrodíllate”- cosa que Link hizo. La ahora reina tomó una espada entre sus manos y la apoyó con los hombros de Link.
-Haz logrado traer la paz a nuestro reino, y el pueblo de este lugar deberá reconocerte como el Héroe que eres; es por ello que, yo, Reina de Hyrule, te nombro Primer Caballero de la Familia Real de Hyrule.- el muchacho alzó la mirada a donde la reina.
Después de devolver la espada a sus vasallos, recibió una caja de terciopelo, la cual abrió, mostrando que en su interior se encontraba un collar de oro con el símbolo de la Familia Real de Hyrule. –Y con esto, demostrarás tu relación con la Familia Real- concluyó, mientras ponía el collar en el cuello de Link. –Levántate- le susurró una vez que le había puesto el collar. Así lo hizo, para después voltear donde el pueblo que comenzaba a gritar de emoción. Ambos jóvenes miraban a todo el pueblo.
Entre la gente ambos vislumbraron algo que no creían… una túnica dorada… no era posible… ¿o si? Se tallaron los ojos, para después no encontrar a la persona con esa túnica.
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Todos los miembros de honor que habían sido invitados a la coronación bailaban en el gran Salón, y alguno que otro se acercaba a la reina para conversar con ella respecto a la dedición que había tomado. Hubo un momento en que al fin la dejaron sola. Se levantó de su trono y se acercó a donde vio al muchacho rubio, sentado mirando aún su collar.
-Veo que te estás aburriendo un poco- le comentó Zelda.
-Si… esto nunca ha sido lo mío- contestó Link. –Todas la doncellas que me han pedido que baile con ellas terminan furiosas con migo por que siempre las piso- dijo con cierta pena.
-Ya veo, yo tampoco soy muy buena para esto- concluyó, con una gran sonrisa, la cual Link contestó con otra.
-Zelda- le habló el muchacho, a lo que ella volteó a verlo. -¿Viste lo mismo que yo hace un rato?- le preguntó.
-Si te refieres a la persona con esa túnica… si- habló la ahora reina –me sorprendí demasiado. Tal vez solo lo alucinamos… tal vez, la extrañamos demasiado. –concluyó mientras se levantaba y comenzaba a caminar a una puerta que daba a un jardín.
-Si… era una buena amiga… yo la quería como si fuera mi hermana pequeña… pero, ella tomó esa decisión, y debemos respetarla. A ella no le gustaría vernos deprimidos por su decisión. –Zelda asintió con la cabeza.
-Por lo menos, ahora sé que nunca estaré sola… si tú no llegas a estar, ella estará conmigo en espíritu, y siempre me acompañará.- Link sonrió al escucharla más tranquila. Se acercó a ella y le pasó una mano por la cintura. Zelda se recargó en su hombro. Un viento comenzó a soplar, haciendo a Zelda acercarse más a Link, para evadir el frío. El muchacho se sonrojó por la forma en que la joven rubia se abrazaba a él.
-¡Su majestad! ¡Su majestad!- escucharon a lo lejos, haciendo a ambos separarse.
-¿Qué pasa?- contestó Zelda al ver llegar a un soldado.
-La están esperando para la cena- comentó el guardia haciendo una reverencia.
-Claro, ahora voy- comentó. El guardia hizo otra reverencia antes de irse.
Link y Zelda se miraron, sin saber que hacer o decir. La joven sintió un extraño empujón, al igual que Link, terminando chocando sus labios con el del otro. Se separaron totalmente sorprendidos. Una risa sonaba entre el viento, y deslumbraron de nuevo a la joven con su túnica dorada y con su cabello castaño, para después desaparecer… su última travesura. Ambos rieron ante el incidente. Link miró a la joven reina, para después, tomar su rostro entre sus manos y besarla de nuevo, cosa que ella correspondió… ahí quedaron, esperando que, su futuro mejorase con el paso de los años.
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Wuenu… esto es… pues, un final alternativo XD! La verdad es que recibí unos reviews donde me dijeron que creían que Anny iba a morir, así que me quedé pensando en eso, y pues, esta jué la idea que quedó. Espero que les halla gustado y yo espero ya no seguir escribiendo de este fic… pero… ahí veré XD!!!
Bueno, me retiro, pues el dinero no alcanza para mucho tiempo en el café Internet. Espero sus reviews n-n.