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Ven? les dije que andaba inspirada. Este se supone que es mi fic "humorístico"...se nota que de comediante me muero de hambre? jejejee. Bueno, ya que la espera ha sido larga, que al menos la lectura no lo sea tanto XD
Malfoy se encontraba estudiando en la sala común. Frente a él, el fuego de la chimenea alumbraba los cinco mapas celestes desplegados sobre la mesita de café. Ahora, como premio anual, sus calificaciones eran muy relevantes, y no pensaba, bajo ningún concepto, dejarse ganar tan fácilmente por su "otra" compañera.
De pronto, sus ojos grises se detuvieron sobre el punto donde se encontraba la constelación de Orión. Aguzó el oído y las cejas comenzaron a alzársele. Reconociendo el sonido, dejó escapar lentamente el aire que retenía en sus pulmones, al tiempo que se echaba cómodamente en el sillón. Con la cabeza echada atrás y los ojos cerrados, levantó su mano derecha y contó en voz y signo:
-Uno...dos...tres- y señaló la puerta que en ese momento se abría de un furioso golpe.
-Odio a Harry James Potter, pero sobre todo, odio a Ronald Bilius Weasley...oh si¡alguien va a morir!- una enojada castaña de pelo alborotado y brillante insignia de premio anual al lado del escudo de Gryffindor en su capa azotó la puerta para cerrarla de nuevo.
Malfoy rodó los ojos con exasperación. Era la cuarta vez en la semana que esa escena se repetía en la torre y francamente, ya lo tenía harto.
-¿Ahora que hicieron los estúpidos de Cara-rajada y Comadreja?- preguntó hastiado.
Hermione bufó y se dejó caer en el sillón al lado de Draco, inhaló y exhaló pausadamente cinco veces y soltando un último suspiro, procedió a contarle:
-Pues estábamos, como siempre, cumpliendo la detención impuesta por McGonagall, cuando…
Hermione, Harry y Ron estaban por segunda vez en la semana limpiando el desperfecto hecho por Peeves al pelearse contra Myrtle, la llorona vengadora. Llevaban horas y horas tratando de quitar la sustancia pegajosa adherida a todos los trofeos de la sala, sin contar con los calderos que les esperaban para mañana con Snape. Y en vista de que no se les había permitido emplear magia, Filch les había armado con cubetas de "limpialotodo" y cepillos dentales.
-¿Por qué esta mierda siempre me pasa cuando no soy el que la merece?- comenzó a lamentarse Ron mientras peleaban él y su cepillo para rescatar la placa donde aparecía el nombre de Mortimer Knag como ganador del torneo de gobstones de 1873.
-A mi ni me digas nada-dijo Hermione con un bufido-. Si a "éste" no le diera por andar adivinando el color de los sostenes no habría pasado nada...
-¡Oye! -replicó enojado Harry-. Te puedo asegurar que no espío a nadie. Ya te dije, fue un deja vu.
-¡Oh, sí, claro! Un "deja vu"-contestó ella sarcástica-. ¿Y que soy yo, la capitana de Ravenclaw?
-¡Ya cállense!-les gritó Ron enojado-. Joder, son más catastróficos que Fred y George a los cinco años.-terminó con hastío y meneando la cabeza.
Luego de eso, el trío decidió terminar de una buena vez el trabajo en silencio, simplemente interrumpidos por los maullidos de la Sra. Norris, que se había quedado a vigilarlos.
Luego de un buen rato de continuar talle y talle con los minúsculos cepillitos y de insistentes murmullos de indignación por parte de Ron llegó la profesora McGonagall para por fin levantarles ese castigo.
Los tres ya iban hartos, y que Ron volviera a quejarse de que la mayoría de sus castigos se los ganaba por andar tras de Harry o de Hermione, no les ayudaba en nada a mantener ese delgado lazo de amistad que se supone debían conservar. Después del enésimo chasquido de lengua de Hermione, Ron comprendió que se estaba metiendo en terreno peligroso y que si continuaba, era probable que se volviera a ganar tremendo ataque de canarios nuevamente. Así que decidió cambiar de táctica.
-¿Y que tal el ajedrez Herms?
Ella estuvo a punto de responderle que por su culpa no había podido estar tomando sus clases regularmente con Malfoy, pero alcanzó a contenerse a tiempo. En lugar de ello, se las ingenió para componer una sonrisa maléfica que bien pudiera haber asustado a Harry, pero no desanimó a Ron para que en vez de joder, comenzara a fanfarronear.
-No que va¿cómo vas a estar aprendiendo ajedrez? Todas las personas que sé que lo practican no han mencionado que estén contigo...
-No estés tan seguro.-afirmó ella con seguridad y misterio.
-Pues a menos que estés tomando lecciones con Malfoy, no veo de que modo pueda alguien más enseñarte-respondió Ron mientras reía con lo que le parecía era un buen chiste.
-Oh, Ron, tampoco estoy tan desesperada-dijo mordiéndose los labios divertida al ver a su amigo reír.
-No, en serio, sí creo que estés muy desesperada. El torneo se acerca y aún no he dicho "jaque mate" ¿recuerdas?
Ella simplemente le sonrió sombría y decidió atacar por una tangente mientras seguían caminando camino al Hall.
-¿Y qué tal Lavender?-preguntó insidiosa para ver cómo Ron se sonrojaba ligeramente y Harry soltaba una risita.
-Bien. Andando, ya sabes. En sus cosas.
-Ajá. ¿Y cómo la ves?-insistió.
-Con los ojos ¿qué no?-respondió evasivo.
-Vamos Ron, yo te he visto, te la comes con los ojos desde que se dio el cambiazo en esta última salida a Hogsmeade-intervino Harry dándole un codazo cómplice a Ron en las costillas.
-¿Ah sí¿Y qué se hizo?-preguntó Hermione intrigada.
-Pues esas cosas que hacen las chicas... pintarse el pelo, hacerse un corte, manicure, maquillaje, comprarse ropa linda para andar por la torre...lo que hacen las chicas normales.-terminó Ron embobado.
-¿Las chicas normales Ron?-preguntó Hermione comenzando a ofenderse.
-Sí. Eso hacen todas las chicas normales ¿no? Arreglarse para verse lindas.
-¿Te parece que eso es todo lo que debe hacer una chica?-preguntó Hermione frenando el paso y poniendo los puños en sus caderas.
-Claro. Todas las chicas que conozco lo hacen.-dijo con certeza el pelirrojo.
-¿Y qué soy yo Ron?-le retó.
-¿Tú? Pues... eres Hermione-dijo dubitativo Ron.
-¿Eso qué significa?-preguntó ella entrecerrando peligrosamente sus flameantes ojos. Harry simplemente se echó al suelo para presenciar de nueva cuenta una de las famosas peleas Ron vs Hermione.
-Pues... ¿cómo decirlo? No te arreglas, mucho, te la pasas entre libros, andas con ropa común, no tienes citas más que la idílica y platónica relación que tienes con Krum... eres Hermione.
-Pues por si no te enteras, Ronald Bilius Weasley¡Soy una chica! Y déjame decirte que ser una chica implica más que ponerte bonita y complaciente.-le gritó ella.
-¡Pero eso es lo que te hace especial!-comenzó a la defensiva Ron.
-Y especial es el nombre que le ponen a las chicas que no llenan las expectativas-respondió blandiendo un acusador dedo frente al rostro del pelirrojo.
-¡No¡yo nunca quise decir eso!-balbució tratando de enmendar las cosas.
-¡Nooo que va! Nada más me dejaste muy en claro tu postura en lo relativo a lo que hace de una chica atractiva. Tu subconsciente te ha traicionado.-dijo golpeando con su dedo el pecho de Ron. Y luego de eso se dio la media vuelta para continuar su camino a su dormitorio.
-¡Pero a pesar de ser así nos caes bien!-le alcanzó a gritar Harry desde el suelo. Ella, sin voltear a verlos, se limitó a continuar su camino.
-Lo sé, Harry, ahora... ¡Hazlo que recuerde eso cada vez que lo traicione el subconsciente! –le gritó aún dándoles la espalda.
-¿Y ahora qué hice?-alcanzó a oír que Ron preguntó inocentemente.
-¿Eso fue todo?-preguntó Draco solícito. Si le iba a interrumpir de hacer la tarea por desahogarse, que al menos se desahogara completamente.
-Sí...-dijo ella apenada por haberse contado semejante escena a Draco.
Él se percató de la incomodidad de Hermione y tirándose de nuevo hacia atrás en el respaldo del sillón de dos plazas donde ambos estaban sentados, le sugirió casualmente:
-¿Quieres dar una vuelta?
-Pero¿qué no tienes que terminar los mapas? –le recordó volteando a ver los pergaminos desparramados sobre la mesa –Recuerda que la profesora Vector no es tan condescendiente a pesar de que seamos Premios Anuales. –terminó sacando de nueva cuenta su faceta de chica responsable y ansiosa.
-¿Qué son diez minutos de las cuatro horas que llevo aquí? –le respondió desdeñoso. Se irguió en toda su estatura, estirando cada una de sus vértebras para agarrar del suelo la capa que había dejado tirada. Ella solamente lo miraba incrédula. Ya cuando estaba frente a la puerta y con la mano en el pomo, se volvió hacia Hermione con una ceja alzada.
-¿Vienes o no?
Hermione se mordió el labio indecisa. Ella también tenía que terminar tareas que por estar cumpliendo la detención no había ni siquiera empezado, pero la idea de despejarse diez minutos era demasiado tentadora. Él, con esa pose de chico malo obligándola a olvidarse un rato de que debía ser perfecta, era demasiado tentadora. Arrugó también el entrecejo; ¿diez minutos o comenzar la desvelada?
-Sé que tarde o temprano voy a terminar reprochándome esto... –dijo resignada mientras se reajustaba la capa y se iba a la puerta. Draco le regaló una de sus sonrisas de medio lado.
-Nunca hay que reprocharse nada. "Haz lo que quieras, dijo Dios, hazlo y carga con las consecuencias"¿no es ése uno de sus múltiples refranes muggles?
-¿Siempre tienes una palabra para todo?
-No. Es que adoro tener siempre la última palabra. –respondió arrogante.
Ella decidió por una noche darle el gusto de tenerla, y le siguió a través de los pasillos oscuros, donde sólo resonaban los pasos ahogados de ambos. A medida que avanzaban, una risilla se comenzó a escuchar. Una risilla traviesa, coqueta y divertida.
Hermione tenía la certeza de que provenía de alguna chica escapada de su dormitorio para ir a alguna especie de cita nocturna, y era su deber evitar a toda costa que alumnos no autorizados anduvieran vagando a deshoras. Con determinación, empezó a caminar hacia la fuente del sonido, pero una gran y fría mano la detuvo por el codo.
-¿A dónde te crees que vas? –le preguntó Draco al oído.
-A enviar a esa chica a su dormitorio. Es nuestra responsabilidad –le dijo digna.
-Granger, por amor a Merlín ¡déjala! Si le llega a pasar algo será por su entera responsabilidad... –luego de eso, una risa ahogada, más grave, acompañó a la risita.
-¡Pero no tiene permitido exponerse de ese modo! –le replicó ella zafándose. Él la tomó por los hombros y la colocó cara a cara, con escasos centímetros de separación.
-¿Qué es lo que realmente te molesta?
A Hermione la tomó por sorpresa la pregunta. Claro que tenía la certeza de que era su obligación evitar las escapadas nocturnas de amigos o parejitas, y también la seguridad de que ella no sería ni severa ni condescendiente.
¿Acaso le molestaba el hecho de que esa chica experimentara algo que ella no¡Merlín¡Claro que no! Si de algo estaba convencida Hermione Granger, era que ella no necesitaba de más aventuras de las que tenía con Harry y Ron, las cuales superaban con mucho a lo que cualquier estudiante común de Hogwarts llegaría a vivir en esos siete años. ¿Envidia acaso¿Envidia de qué¿De que por las noches las chicas normales tenían citas en recovecos oscuros donde chicos con las hormonas alborotadas las besarían y tocarían hasta el cansancio¿Era eso¡Claro que no! Ella se había besado con Víctor Krum, y había experimentado a los catorce lo que era esa sensación de vértigo en el estómago. Había sido abrazada infinidad de veces por Harry y Ron, los cuales, a cuentagotas, estaban siendo reconocidos como chicos con posibilidades de atraer a chicas. Pero fuera de ellos tres... ¿qué era la pasión¿La excitación¿Cómo se siente una caricia impúdica¿Duele perder la virginidad? Miles de nuevas ideas se le estaban desbordando en un torrente de confusión, y si hay algo que Hermione Granger siempre ha odiado, ha sido el desorden y la incertidumbre.
Draco la vio librar una batalla dentro de sí misma. Vio como sus convicciones parecían caer estrepitosamente y cómo el cuerpo dejaba la tensión defensiva para dar paso a la relajación del que se ha resignado. Ella aflojó los hombros prisioneros de las manos de Draco y él, al verla tan calmada, terminó por dejar caer sus brazos a los costados.
-Oye, Granger¿estás bien? –para Hermione, esas palabras salidas de Draco le parecían lejanas, como el recuerdo de una tarde de verano en las noches de diciembre. Su mente seguía girando tratando de encontrar en qué había fallado, qué era lo que la hacía sentir incompleta. Levantó su mirada vidriosa para enfocarla en el rostro del rubio con la huella de haber dado con una infinita y dolorosa verdad.
-Racionalizo demasiado las cosas¿verdad? –le preguntó con una vocecita. Para Malfoy, la respuesta era obvia, claro que pensaba demasiado las cosas, hasta la más mínima, pero no creía que fuera el momento de hacérselo saber.
-Sólo lo necesario –respondió evasivo -, en ocasiones eso te ha ayudado bastante. Pero no me has respondido ¿qué te molesta?
-No lo sé –dijo dejando por un momento de lado la expresión de ave lastimada para ponerse de nueva cuenta seria y formal -, como siempre estoy racionalizando las cosas, en ocasiones no llego a ningún lado.
-¿Le tienes envidia? –preguntó tratando de aparentar indiferencia a los sentimientos o la respuesta que le fuera a dar la chica.
-Quizá... –respondió ella deshaciendo el camino de vuelta a la entrada de su dormitorio. Él se esperaba que replicara, no que se lo tomara tan tranquilamente y volviera a la torre. Meneando la cabeza, fue tras ella para alcanzarla de dos zancadas. Ambos entraron a la torre silenciosamente. Draco no sabía que hacer y por un momento prefirió que ella no empezara a desquitarse con él.
Hermione, por su parte, comenzó a deshacer la mochila que indolentemente había dejado tirada en el suelo antes de irse a detención. Sacó con cuidado los libros, abriendo sus perfectamente cuidados tomos en la página indicada. Desenrolló los pergaminos, sacó la tinta y afiló la pluma de faisán. Lo acomodó todo de modo que le quedara al alcance de la mano. Casi mecánicamente, comenzó a leer, anotar y escribir la tarea de Encantamientos. A Draco le pareció todo más bien una excusa para no hablar con nadie. Y dejó que así siguiera.
Él finalmente se sentó en el sofá para terminar de dibujar la ruta de la Vía Láctea cuando Orión se alineaba con ella. La tensión era perfectamente palpable. Y el escuchar el constante rasgueo de la pluma de Hermione contra el pergamino o goteando los excesos de tinta no era precisamente un ruido que Draco soportara tan fácilmente.
-¿No me vas a decir qué fue lo que te molestó? –le preguntó finalmente cuando se cansó del silencio.
-No tiene relevancia... –le contestó ella evasivamente fingiendo centrarse nuevamente en su tarea. Claro que no le iba a decir qué le molestaba. Ni siquiera ella lo sabía¿cómo iba a decírselo a él?
-Eres pésima mintiendo a cualquiera que no sea un profesor, Granger. –le azuzó. El pobre no conocía otro modo de obtener algo de ella que no fuera retándola. Hermione volteó a verle, pero ni siquiera parecía dispuesta a replicar.
-Lo que sea que tenga, Malfoy, no creo que sea de tu incumbencia. Nuestra relación se limita a maestro / alumna, no lo olvides. –terminó fríamente. Draco no se esperaba una respuesta de ese tipo. Normalmente era él el cortante.
-Oh, parece que Hermione Granger tiene ganas de ser Slytherin –dijo sarcásticamente -. ¿Cansada de ser una dócil gatita?
-No soy una dócil gatita, Malfoy. Y si lo fuera, te aseguro que ni por asomo te arañaba la espalda... –le dijo pícara.
-Eso es porque nunca te has dado la oportunidad... -atajó él pícaramente.
-¿Te encantaría, cierto? –preguntó Hermione mordazmente.
-¿Qué cosa?
-Que fuera como todas esas risueñas chicas, que se arreglan, que se dejan besar y tocar –comenzó a recitar desapasionadamente pero con ligera amargura -, que se escapan por las noches para tener aventurillas con chicos con los que raramente repetirán noche. ¿Pero sabes que? –Dijo de pronto con una enorme y orgullosa sonrisa – Yo no soy así. Y nunca lo voy a ser. ¿Y sabes qué es lo peor de todo? Que realmente me gusta ser así. Me encanta que los chicos me vean como competencia que como objeto sexual. Me encanta estar en la mente de los chicos como el enemigo al que combatir que como la fantasía con la que se masturban –la postura de Hermione era claramente desafiante al ver la mueca de incredulidad en el rostro de Draco -. Me es más fácil derrotarles, y eso te incluye a ti, cuando sé que me consideran una igual y cuando temen que los supere. Me gusta que me vean a la cara, no a los senos, piernas o trasero.
-¿Y si yo te dijera que me encanta imaginarte desnuda en las clases de Snape? –preguntó Draco con una seguridad que no dejaba sitio a dudas.
-Diría que te mereces que Harry te haya gritado degenerado en el Gran Comedor –devolvió Hermione con los ojos cerrados en claro escepticismo y algo de burla.
Draco se levantó del sofá para ir a tirarse a la alfombra, no sin antes hacer a un lado la multitud de libros que Hermione había desplegado a su alrededor. Se sentó frente a ella viéndola a los ojos y sin decir ni una palabra. Ella no entendía lo que estaba haciendo, pero no iba a dejarse ganar. Y le sostuvo la mirada en el mismo silencio.
-Eres tan terca que si no tuvieras senos te insultaría.
-¿Ya lo has hecho que no?-replicó ella irónica.
-No te insultaría con palabras en este instante. –replicó con una sonrisa mezquina.
-Entonces ¿Con que?
-Con esto –y sin previo aviso, Draco Malfoy agarró violentamente la barbilla de Hermione, y le plantó un posesivo beso. De esos que es apretar fuertemente tu boca contra la otra, sin darle oportunidad de escaparse, porque la advertencia es un mordisco.
La afiebrada mente de Hermione comenzó a dar vueltas interminables. Sabía que estaba mal, que su segundo beso no debería ser para él, su segundo beso sería para el chico que conocería dentro de cinco años, cuando tuviera tiempo luego de la escuela. Pero se sentía taaaaan bien. La ahogaba pero le encantaba, y eso no lo podía permitir, no debería estar tratando torpemente de corresponderle, no debería querer que continuara eternamente.
De un empujón lo apartó de ella. Ante la mirada altiva de él, cogió fuerza y le estampó la mano en la cara. Era la tercera vez que lo golpeaba en los siete años que llevaban estudiando en Hogwarts. Con la respiración agitada y la mano aún alzada, Hermione fijó sus ojos castaños en la enrojecida mejilla de Draco para esperar la reacción del chico.
Lo que vio no le gustó para nada. La primera reacción del chico fue de estupefacción. Nadie antes le había rechazado. Siempre había sido un príncipe mimado que conseguía todo lo que siempre quería. Pero no esta vez. Eso lo enfureció. Una mueca maligna empezó a deformarle el rostro.
Por dentro, ella estaba empezando a plantearse que tan lejos había subestimado la paciencia del chico para con ella. Casi se atrevió a pedirle disculpas. Casi. Pero como toda buena obstinada, prefirió permanecer con el mentón en alto a la espera de lo que fuera a pasar. Fue un duelo de miradas del cual ambos rehusaban salir vencidos.
-¿Te piensas quedar ahí? –siseó Draco luego de que él lentamente se irguió pero sin perder el contacto visual con Hermione.
-Puedo quedarme donde quiera ¿no? –arguyó ella desafiante. Draco sonrió arrogantemente de lado. ¿Por qué simplemente no podía admitir que su mundo la había colocado en una posición inferior con respecto a él? Pensó.
-Desde luego, estás en el suelo, que es tu lugar original, asquerosa sangre sucia.
-¿Con que volvemos a los motes eh? –replicó ella irónica –Y yo que pensaba que el buen huroncito saltarín había aprendido que las personas no siempre responden al modo en que se les llama.
-La diferencia es que yo sí se nombrar correctamente a las personas. Por eso yo sí obtengo lo que quiero y tu no –le respondió con una voz glacial.
Era cierto. Por ejemplo, si Draco Malfoy hubiese creado la P.E.D.D.O., seguramente en este momento tendía un buen número de afiliados y un proyecto de ley esperando en el escritorio del Ministro. Pero gente como ellos, pensó Hermione, no utilizaban su influencia o poder en ayudar a otros, sino para afianzar aún más su posición de ventaja. Y eso le repugnó. Le repugnó que hacía unos días podía haberse imaginado como aliada de Malfoy, cuando en ese instante lo que le pasaba por la mente era la certeza de que de un modo u otro, él la estaba utilizando para sus propios fines.
-Eres una criatura repugnante y despreciable Malfoy –le dijo tratando de destilar el mismo veneno que él –y créeme que no me va a doler el día en que alguien más, aparte de mí, rompa tu nariz, que por cierto, cariño –mueca sarcástica-, está medio desviada.
Ambos se vieron deseando no estar en el colegio sino en campo abierto para poder batirse en duelo. Una idea no tan mala después de todo, consideró Draco.
-Bien, sangre sucia, si tantas ganas tienes de nuevo de pelear conmigo, así será. Dentro de tres días, a media noche, en el claro a 3 metros del sauce boxeador. A ver si como retas, peleas.
-Sin trampas, Malfoy querido –le advirtió ella.
-Sin trampas, sangre sucia –regresó él.
Jojojojojojo! pelea, pelea!
Lo siento, no puedo evitar hacerlos pelearse, pero al menos, tenemos la ventaja de que ya se probaron mutuamente XD... que no niegue que le gustó XP
Bien, si continúo así de inspirada puede que tengan noticias mías próximamente, y a como se ve que va a estar el final de la saga escrita por JK, esto anda tomando el camino de un universo alterno XP...Mio! mí universo!
sé que no tengo derecho, pero...(carita conmovedora XP) reviews?
Raven