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Books » Harry Potter » Siempre Puro
Dzeta
Author of 19 Stories
Rated: T - Spanish - Romance/Drama - Sirius B. & Remus L. - Reviews: 95 - Updated: 05-31-07 - Published: 07-07-06 - Complete - id:3031315

Para Daia Black, con muchísisimo cariño.

Siempre Puro.

Epílogo (2º Parte).

La habitación, cuya puerta de cedro había cedido al fin ante un potente hechizo desvanecedor aplicado por Sirius, estaba oscura y fría. Los enormes ventanales se hallaban sellados y las cortinas, cargadas de polvo, estaban echadas lo que justificaba el enrarecido y penetrante aroma que predominaba en el ambiente. Entre penumbras, Sirius escuchó el murmullo de Remus, quien lo seguía de cerca, y al instante una luminosa luz alumbró el lugar. Fue entonces cuando el animago pudo distinguir las altas estanterías sobre cuyos entrepaños podían verse una gran variedad de artículos colocados unos sobre otros de manera descuidada.

Cualquiera que hubiera entrado en aquella sala habría pensado que se trataba de la bodega de Borgins & Burke pero, en realidad, el lugar no era otro que la vieja sala de reliquias de la noble y ancestral casa de los Black. Sirius y Remus entraron caminando con cautela por entre los viejos baúles y las deslustradas armaduras. Llevaban varios días buscando aquella pareja de espejos de doble vista que los merodeadores solían usar cuando alguno de ellos cumplía algún castigo por toda la casa sin ningún resultado y el único lugar de la mansión que quedaba por registrar era aquella sala.

Después de correr un poco las pesadas cortinas para dejar que la luz de la tarde iluminara la habitación, Sirius recorrió la antigua sala con la mirada mientras, con un ligero tono de desesperación en la voz, murmuraba:

-Esos espejos tienen que estar por aquí, en algún lugar. Tenemos que encontrarlos antes de que Harry se marche.

-Los encontraremos, Sirius. Harry no se marchará sin uno de ellos -afirmó Remus con voz segura- Yo empezaré revisando los armarios y los baúles.

-De acuerdo. Yo me encargaré de revisar las estanterías… ¡ah, y ten mucho cuidado con la plata, Rem! -le recordó Sirius a su pareja por enésima vez.

Remus asintió mientras murmuraba un No te preocupes y se encaminó hacia uno de los viejos baúles que se encontraba en el fondo de la sala.

La tarde pasó como un suspiro sin que lograran mucho progreso. Después de revisar la mayoría de las estanterías y de volcar el contenido de más de media docena de baúles, apenas habían logrado encontrar uno de ellos. Sirius se había animado por ello, pues eso significaba que el otro espejo tenía que estar ahí, así que renovó la búsqueda con la esperanza de encontrar la pareja. Pero la noche estaba ya muy avanzada y, en un arranque de desesperación, Sirius había probado el encantamiento convocador para intentar atraer el espejo faltante sin obtener resultado alguno. Como bien le había recordado Remus antes de comenzar la búsqueda; cuando Filch les confiscó el mapa del merodeador, James había decidido realizar un poderoso sortilegio sobre todas sus cosas, incluyendo los espejos, que las protegía de los hechizos básicos para evitar que cualquiera que no fuera él mismo pudiera encontrarlos. Así que tendrían que seguir buscando al estilo muggle y prescindir de los hechizos.

-¡Maldito Prongs! -susurró Sirius mientras con su varita encendía la enorme chimenea para contrarrestar el frío que la noche había traído consigo- si no hubieras sido tan paranoico, ese espejo ya estaría en mi poder…

Sirius se sentó sobre la descolorida alfombra y se quedó abstraído por un momento contemplando el fuego mientras cavilaba la manera en la que podrían agilizar la búsqueda. De pronto, se percato de que hacía ya varios minutos que no se escuchaba otro sonido que no fuera el crepitar de la chimenea. Preocupado, se puso en pie guardando el espejo en un bolsillo de su túnica y comenzó a buscar a Remus llamándolo a voces.

-¡Aquí estoy, Sirius! –respondió Remus asomándose desde detrás de uno de los armarios y, emocionado, añadió- ¡Ven aquí, tienes que ver esto!

El animago atravesó la enorme sala para llegar hasta él y, cuando se encontraba a unos pasos de Remus, vislumbró la luminosa luz de la varita mágica del licántropo iluminar una sección de la pared de piedra sobre la cual colgaba una pintura. Cuando estuvo frente a ella, Sirius pudo verse a sí mismo a la edad de 16 años.

El Sirius retratado en el lienzo lucía jovencísimo y muy atractivo. Demasiado atractivo. Vestía una camisa de un tono azul perlado oscuro arremangada hasta los codos cuya botonadura se abría ligeramente dejando ver parte de su pecho, y llevaba unos vaqueros algo gastados que se ajustaban perfectamente a su anatomía. El largo cabello negro estaba sujeto en una coleta pero algunos mechones le caían sobre el rostro de manera descuidada dándole un aspecto encantador y, aunque su porte tenía un aire arrogante, en sus labios se dibujaba una hermosa sonrisa cuya calidez se extendía hacia sus bellos ojos grises.

Solo que, a diferencia de las pinturas o fotografías mágicas, el Sirius del retrato no se movía ni saludaba con la mano. Simplemente estaba allí, retratado como si de un muggle común y corriente se tratara.

Sirius apartó la mirada del lienzo y se giró para mirar a Remus, quien tenía la vista clavada en la pintura.

-Te gusta, eh –dijo Sirius con una sonrisa en los labios.

-Diría que sí –respondió Remus en un leve susurro.

-¡¿Cómo dices?

-Diría que sí, Sirius, pero decir que sí equivaldría a alimentarte el ego y no me parece que eso sea una buena idea –declaró Remus con una sonrisa.

Sirius soltó una carcajada. Estaba seguro de que Remus se había quedado prendado del retrato pues no le quitaba los ojos de encima.

-¡Vamos, Moony! Acepta que te ha gustado… si lo haces, te contare su historia y el retrato será tuyo.

Remus no estaba dispuesto a admitir frente a Sirius que el retrato le había robado la respiración en cuanto lo vio porque conocía las consecuencias que eso tendría en el animago, su ego se elevaría por los cielos y no lo dejaría en paz. Pero quería conocer esa historia y, sobre todo, deseaba conservar la pintura.

Miró una vez más al Sirius retratado en el lienzo tratando de idear una buena respuesta pero, al clavar sus ojos en él, aquella sonrisa, la mirada, el porte, los labios… lo cautivaron una vez mas, tanto que no fue capaz de pensar con claridad y, sin poder evitarlo, las palabras salieron solas de su boca.

-Es precioso.

Sirius sonrió complacido mientras su pecho se hinchaba de orgullo y dijo:

-Fue idea del Tio Alphard.

-¡¿Tu tío?...

-Así es, Moony. En uno de sus viajes por la costa noroeste del mediterráneo, mi tío Alphard conoció a un pintor… un pintor muggle. Mi tío quedo tan impresionado por su trabajo que me llevo con él para que hiciera el retrato.

-Así que un pintor muggle, eh.

Sirius asintió y dijo:

-Mikel era un pintor muy joven aun pero con un talento excepcional. Hizo varios bocetos, algunos de los cuales se convirtieron en retratos. En cuanto mi tío vio terminado uno en el que yo vestía la túnica de gala, dijo que era toda una obra de arte y lo eligió para exhibirlo en su casa. Yo me quede con este… la pequeña cabaña que ves al fondo -añadió Sirius señalando el retrato- estaba ubicada muy cerca de un viñedo que pertenecía a Mikel. El tío Alphard y yo pasamos algunos días ahí y después, cuando el retrato estuvo listo, volvimos a Londres. Mi tío realizó una serie de complicados encantamientos sobre las pinturas para evitar que fueran alteradas o destruidas pues sabía que cuando mi madre las viera querría deshacerse de ellas.

Remus sonrió y dijo:

-Imagino lo que habrá sido para tu madre verte retratado vestido al mas puro estilo muggle…

-La vieja bruja lo intento todo para destruir el retrato pero de nada valieron sus esfuerzos. El tío Alphard sabía lo que hacía cuando lo protegió con todos aquellos encantamientos.

Sirius se quedo mirando la pintura durante unos segundos después de los cuales añadió:

-Hacía muchos años que no lo veía, de hecho, hace muchos años que no pisaba esta habitación –musitó Sirius con un tono ronco en la voz mientras recorría la sala con la mirada- Creo que la última vez que estuve de pie aquí fue el día en que me marché de esta casa.

-Es cierto -confirmó Remus apartando al fin sus ojos dorados del retrato- pero no te marchaste solo, ¿recuerdas?

Sirius dejó de recorrer la sala con sus oscuros ojos grises y miró al licántropo. Dibujando una sonrisa en sus labios dijo:

-No, no lo hice. Tú estabas conmigo, Rem.

-Aún recuerdo aquella tarde… recuerdo lo aterrado y nervioso que me sentía sentado allí –Remus señaló un lugar cercano a la chimenea donde se encontraba un sillón alto-. Recuerdo haberte visto entrar por esa puerta, tan alto y apuesto, que con sólo mirarte sentí que me derretía –recordó Remus sonrojándose ligeramente- Tenía tanto miedo de que no me perdonaras…

Sirius se acercó a él y, sin dejar de mirarlo fijamente, dijo:

-¿Cómo no iba a perdonarte si te amaba desesperadamente?... y aun te amo desesperadamente, lobito -aseguró el animago sin apartar sus ojos grises de los dorados. Remus sonrió- Aquella vez yo también estaba nervioso… nervioso y bastante sorprendido de verte, Moony, porque creí que te había perdido. Creí que en realidad ya no me amabas y estaba a punto de cometer una locura que me habría atado para siempre a Stella, pero cuando te vi de pie ahí… cuando me besaste y dijiste que me amabas comprendí que todo lo que había pasado tenía que haber sido un malentendido o una treta.

-Sí, una sucia treta de Stella…

-¡Maldita bruja! Te hizo tanto daño, Moony… debiste dejar que me encargara de ella –murmuró Sirius entre dientes- La habría hecho pagar todo el dolor que causo.

-Yo creo que ya ha pagado suficiente, ¿no lo crees? Hace unos días, cuando visitamos a Arthur en San Mungo, la vi. No me reconoció, no sabe siquiera quién es. La sanadora encargada de su cuidado dijo que es muy probable que nunca recobre la cordura. Sentí lastima al verla en ese estado.

Sirius no dijo nada. No era que le alegrara la situación de Stella pero no podía evitar pensar que merecía, en parte, lo que le había pasado. Aun recordaba la manera en la que aquella chica había humillado a su Remus, lo mucho que lo había lastimado y la crueldad con la que lo había tratado. ¡Y pensar que él había estado a punto de permitir que su madre sellara aquel absurdo compromiso que lo hubiera unido para siempre a ella!

-Pero no hablemos más de Stella -dijo Remus interrumpiendo los pensamientos del animago- Prefiero recordar lo que ocurrió después, en el Caldero Chorreante…

Sirius, dibujando una gran sonrisa en el rostro, miró los brillantes ojos dorados de su pareja y dijo:

-Aquella noche en el Caldero Chorreante fue muy especial para mí, Moony.

-¿De verdad lo fue? –preguntó Remus.

-¡Por supuesto! -afirmó Sirius sin sombra de duda- ¿Es que acaso ya olvidaste que fue nuestra primera noche juntos?

-No, claro que no lo he olvidado -respondió Remus enseguida- Nunca olvidare la manera tan dulce en la que me hiciste tuyo aquella noche… y tampoco he olvidado el maravilloso verano que pasamos en casa de James después de eso.

-Sí, aquellos meses en el Valle de Godric fueron increíbles. Aun recuerdo como nos divertimos junto a James y Lily… y lo mucho que disfrutamos amándonos -dijo Sirius- ¿Recuerdas aquella noche de Agosto que pasamos en el jardín de los Potter… la cena, la música y los fuegos artificiales que James creó para Lily?

-Desde luego. Fue una noche maravillosa -respondió Remus soltando un suspiro profundo.

Sirius sonrió. Recordaba muy bien aquella noche pero, de pronto, una sombra de tristeza se instaló en sus ojos y dijo:

-¿Sabes lo que dijo James aquella noche, Moony, cuando me sorprendió mirándote mientras Lily y tú hablaban sobre los fuegos artificiales?

Remus negó con la cabeza y Sirius declaró:

-Él dijo: "Espero que, algún día, mi hijo luzca una expresión de felicidad igual a la que tienes en el rostro, Sirius"

Ambos se quedaron en silencio un momento, entonces Sirius añadió:

-Lily y James deseaban que su hijo fuera feliz, Moony, pero ni siquiera pudieron vivir lo suficiente para verlo crecer… Harry nunca ha hablado con ellos.

Remus se acercó a él y colocó una mano sobre su hombro. Sirius apretó el pequeño espejo que guardaba en el bolsillo de la túnica y, con un tono bastante seguro en la voz, declaró:

-No voy a dejar que Snape le haga pasar un mal rato a Harry con esas malditas clases de oclumancia, Rem. No voy a permitir que el hijo de mi mejor amigo luche solo contra Voldemort… Yo haré todo lo que sea necesario para que Harry sea feliz, Moony.

-Lo sé, sé que harás lo que sea necesario… y más -dijo Remus apartando la mano de su hombro para colocarla en su mejilla derecha y, acercándose aun más a él, susurró - y sé que vas a conseguir que Harry sea feliz tal como has conseguido que yo lo sea, Sirius.

El animago lo miró sorprendido. Remus sonreía mientras acariciaba suavemente su rostro sin dejar de mirarlo fijamente.

-¿De verdad, tú…?

-Por supuesto, Sirius -aseguró Remus.

Sirius aun lo miraba con la sorpresa reflejada en la mirada y Remus, deslizando la mano hasta su nuca, lo atrajo hacia él para sellar sus labios con un beso. Fue un beso largo y muy suave, cargado de emociones. Cuando se separaron, los ojos grises de Sirius volvían a brillar de nuevo. Con un ánimo renovado, tomó a Remus de la mano y dijo:

-Vamos, Rem. Debemos encontrar el espejo faltante.

Estaban a punto de emprender la búsqueda nuevamente cuando Remus se volvió para mirar una vez más el retrato y dijo:

-Estoy pensando que este retrato quedará muy bien en la pequeña biblioteca que tengo en casa, ¿no lo crees, Sirius?

-Absolutamente, Moony... solo no lo mires tanto ¿de acuerdo? Podría ponerme celoso de que lo mires más a él que a mí.

Remus soltó una carcajada y murmuró:

-No te preocupes que yo solo tengo ojos para ti, Sirius, solo para ti.

FIN.

No estaba muy segura acerca de cómo publicar este capítulo, si ponerlo como un fic aparte o colocarlo como una segunda parte del epílogo que ya había publicado. Al final, después de unos cuantos ajustes, me decidí y lo puse aquí. Espero que hayan pasado un rato agradable leyéndolo. Besos a todos y, por favor, no abandonen la página sin antes dejarme un review ¿va?... ya saben, un review no cuesta nada y en cambio me hace muy feliz.

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