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La respuesta
Entre lucha y lucha, no tenía tiempo para nada. Prácticamente le quedaba el tiempo justo para estudiar. Él era brillante en esa materia, no hacía falta ni recordarlo, pero aún y así su rendimiento se estaba viendo afectado. Y ahora, que estaba en 3º de carrera… no era momento de jugársela. Aun que visto desde su perspectiva… los estudios eran algo realmente insignificante, nada comparado con salvar miles de vidas, pero aún y así… sabia que tenía que esforzarse, que tenía que poner todo de su parte para ser un hombre de provecho en el futuro, con un buen porvenir.
Las ausencias, cada vez eran más difíciles de cubrir con excusas, y su madre no era tonta, eso lo sabía bien, así que tarde o temprano acabaría pillándole. Quizás se extrañaba un poco de que no lo hubiera descubierto ya, pero… quizás era mejor no pensarlo.
Aún y así lo llevaba todo hacia delante, era un buen estudiante, un hijo amable, un amigo atento… una persona educada y gentil en todos los aspectos. Shiori podía estar contenta, porque su hijo se había convertido en todo un caballero.
Por eso, cuando llegaba la noche, cuando por fin podía tumbarse en su cama, mientras notaba la tensión de cada uno de sus músculos aliviarse después del estrés diario, era en ese preciso momento, cuando Kurama notaba esa sensación.
Estando echado en su cama, en medio del silencio y de la oscuridad de la noche, le resultaba inevitable ponerse a pensar. Al principio le invadían los pensamientos aturullados de todo lo que había hecho hoy, y de todo lo que le quedaba por hacer mañana; pero unos instantes después, cuando intentaba dejar su agitada mente en blanco para poder descansar al fin, era cuando volvía ese sentimiento, esa sensación a la que no era capaz de ponerle nombre, pero sin embargo era un solo nombre el que le infundía esos sentimientos.
Se preguntaba una y otra vez porqué seguía sintiendo ese vacío en su interior, porqué si él hacia todo lo que podía por hacer las cosas bien. Ayudaba a la gente, se esforzaba en los estudios, mimaba y quería a su madre todo lo que podía, y siempre estaba cuando un amigo le necesitaba, ni que decir de cuando se le requería para una misión, que siempre era el primero en prestarse voluntario. Entonces… ¿por qué? Y le llenaba una amargura inexplicable, por que no era capaz de encontrar una respuesta.
Pero una noche, una de tantas noches en que la rutina era la misma, acostarse para descansar y ver que no podía hacerlo porque su mente divagaba sin su consentimiento por caminos inescrutables para él, en una de esas noches, halló lo que tanto ansiaba.
…
Kurama se acababa de estirar sobre su cama. Estaba tan cansado que ni siquiera se había quitado la ropa, pero pensando en la reprimenda que le daría su madre si le viera acostarse así, decidió hacer el último esfuerzo del día y comenzó a desvestirse, pero antes descorrió las cortinas para que entrara algo de luz y le fuera posible poder ver sin necesidad de encender la lamparilla de la mesita de noche.
Se puso el pijama, y cuando se iba a acostar, se sentó en la cama para quitarse las zapatillas, y ahí fue cuando empezó a invadirle esa sensación, su mente empezó a decirle que había algo que no acababa de estar bien, a pesar de todo, a pesar de ser el mejor en todo lo que hacía, había algo que no había hecho, algo que no había encontrado… en realidad no sabia que es lo que era, pero fuera lo que fuera le hacía estar incompleto, le impedía ser feliz.
Con un movimiento pesado se levantó de la cama y fue de nuevo hacia la ventana, empezaba a hacer calor, pronto empezaría el verano. Kurama suspiro, cada vez era más pesado ese sentimiento de amargura, apoyo la frente en el cristal, y miró hacia el cielo que estaba hermosamente estrellado. Suspiro de nuevo y abrió la ventana. Y cuando se giraba para ir hacia la cama, una brisa fresca y con un agradable olor a jazmín invadió la habitación, haciendo mover las cortinas. Kurama se giró, mientras notaba como apartir de su estomago empezaba a invadirle una sensación extraña. Cuando volvió a estar de cara a la ventana se encontró frente a frente con Botan. Había llegado a toda velocidad con su remo, y lo sabía por que algunos mechones celestes de su hermoso pelo se habían soltado de la coleta, además jadeaba ligeramente, a causa de la falta de oxigeno por la velocidad, y por que tenía las mejillas ligeramente coloreadas por el esfuerzo, ya que el remo volaba gracias a su reiki.
Botan entro en la habitación de Kurama e hizo desaparecer su remo, y se sentó en la ventana, apoyándose ligeramente en el marco mientras intentaba normalizar su respiración.
Kurama simplemente permanecía de pie y en silencio, no entendiendo muy bien la situación. No solo por el hecho de que Botan estuviera ahí a esas horas de la noche, sino que también por la extraña manera en la que su corazón estaba latiendo en ese instante.
Botan levantó la vista cuando se encontró con fuerzas para empezar a hablar –Kurama-kun- comenzó en un susurro –siento venir a estas horas de la noche, aunque casi parece que me estuvieras esperando, jeje. Lo digo porque como habías abierto la ventana y estabas ahí de pie… aún que claro, seguro que si has abierto la ventana es porque hace mucho calor. Porque lo hace, eh? Ahora que se acerca el verano en ningenkai, empieza a subir la temperatura de una forma horrorosa, buf! Yo no soporto sudar, sabes? Ahora que claro, tú y los chicos tenéis que estar acostumbrados, porque con tanta lucha pues digo yo que… -de repente Botan paro en seco y se golpeó la cabeza con un gesto cómico mientras se sonrojaba –mira que soy tonta, me pongo a hablar de cosas sin sentido cuando en realidad he venido ha decirte algo muy importante. Koenma-sama me ha pedido que te avise, bueno, a ti y a los demás, de que os necesita con urgencia Ha aparecido un grupo de youkais que pretenden que el rey Emma les de el libro dorado de las almas, no veas la que están montando en reikai.
Cuando Botan acabo de explicarle el problema ya estaba de pie frente a Kurama, recuperada del todo. Como él seguía sin decir nada se acercó un poco más y ladeo su rostro, mientras le preguntaba –Kurama-kun, ¿me has oído?
Pero lo cierto es que el pelirrojo no había oído nada, después de las primeras palabras de Botan había desconectado sin querer. Pero es que, cuando oyó a la guía decir: “casi parece que me estuvieras esperando”, el corazón le dio un vuelco, fue como si de repente se hubiera chocado contra una pared que había tenido enfrente desde siempre. ¿Cómo podía estar tan ciego? ¿Es decir como podía haber estado tan ciego? La respuesta que tanto ansiaba la tenía delante y no se había dado cuenta.
Botan vio a Kurama sonreír y de pronto lo oyó susurrar: Ahora lo entiendo. Se acerco un poco más a él, estaba empezando a preocuparse, nunca había visto a Kurama comportarse así, pero cuando se dio cuenta de que el aliento del muchacho le hacia cosquillas en las mejillas, y de que podía percibir perfectamente su agradable aroma a rosas, se retiro sonrojada –Ku…Kurama-kun, ¿te… encuentras bien? ¿Qué es lo que no entendías?
Pero Kurama permanecía callado, con una sutil sonrisa en la cara. Y el silencio hizo que Botan empezara a sentir vergüenza, no entendía porqué pero de repente le entraron ganas de salir corriendo de allí, el embriagante olor de Kurama empezaba a invadir todos sus sentidos, y esa mirada… prefería marcharse a volver a ponerse en ridículo frente a él, pero por otra parte… él seguía sin reaccionar, y eso la tenía preocupada.
-Bue…bueno, yo… me voy, pero si no me he explicado bien… yo…
-Te has explicado con claridad- al oír que se marchaba Kurama reaccionó, dando un paso hacia ella.
-Bi…bien, pues… entonces… creo que me voy a avisar a los demás- Botan subió al pedestal de la ventana e hizo aparecer su remo. –Nos vemos.
Kurama corrió hasta la ventana y alcanzó a cogerla de la manga del kimono. Botan perdió por un momento el equilibrio, pero enseguida se estabilizó -¿Qué ocurre? ¡Que ocurre!- gritó asustada.
-Sshhh, disculpa, no pretendía asustarte. Pero no chilles que vas a despertar a mi familia.
-Oh… claro, perdona- volvió a sonrojarse porque su rostro había quedado muy cerca del de Kurama.
-No, no pasa nada.
Y volvieron a quedarse en silencio. Él porque no sabia qué decirle a pesar de que había sentido la necesidad de detenerla. Ella porque era su turno de no entender nada, ni por qué él la había detenido, ni por qué se sentía así siempre que estaba tan cerca de él.
-Bu…bueno, me… voy…- susurro Botan.
-Espera!- dijo cogiéndola de la mano –espera- susurro. No sabía por donde empezar, de hecho no sabia ni que quería decir. Ahora eran dos los que estaban sonrojados.
-Gracias por venir a avisarme.
-Pe…pero, ese es mi trabajo.
-Ya, bueno… pero gracias por venir- Se estiro un poco y tironeo un poco de ella para poder alcanzarle el rostro, y la besó en la mejilla –gracias- susurro cerca de su oído.
Ella pudo aspirar su aroma y sentir su calido aliento en la mejilla. Por poco vuelve a perder el equilibrio, estaba tan nerviosa que lo único que pudo hacer fue tartamudear –de…de nada.
-Nos veremos muy pronto ¿no?- preguntó Kurama aún sujetándola de la mano y muy cerca de su rostro.
-S…sí, Koenma-sama necesita que vayáis con urgencia.
-Pues entonces iré en cuanto pueda, no dudes que iré lo antes posible- dijo mientras le soltaba la mano.
Botan no sabía porqué, pero tenía la sensación de que tras las palabras de Kurama había algo más, quizás era por su tono de voz, grave y susurrante, o por la mirada que había en sus ojos, una mirada que era incapaz de describir, pero que hizo que su corazón latiera fuertemente. Y sin darse cuenta, las palabras salieron de su boca –te estaré esperando- y se marchó rápidamente; si se quedaba un poco más allí… a saber las estupideces que era capaz de decir… o de hacer.
Pero se fue tan rápidamente que no pudo ver a Kurama sonreír con sorpresa, pero de felicidad, al escuchar sus palabras. Y no pudo oírle mientras decía: “Tú eres la respuesta”.
…
Bueno bueno, espero que os guste, y sobre todo… espero RR!
Un saludo, Marie.
PD: Mañana subo al practico de conducir, y estoy tan nerviosa q necesitaba aliviar la tensión y me dije: pq no escribes algo?
Y pensé: nunca he escrito sobre Botan y Kurama, y aki lo teneis.