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18º Una guerra de ositos
Dedicado a Rochio Lovegood por toda su insistencia y ley del cubito. También al doctor House ya que sin él no habría escrito nada.
- Suerte – les deseó ambos chicos al verla salir de la sala. Y ella, avanzó guiada de un alguien y, llegó a una sombría oficina. La hicieron entrar y ella vio a Brian y Víktor sentados mirando a la pared y conversando con sus respectivos uniformados. Sobraba decir que Sam no tenía la menor idea sobre lo que estaba sucediendo.
- Siéntate ahí – le empujó y dijo con violencia aquel que la traía. Sam quedó sentada a la derecha de Víktor.
- Señorita Malfoy – le habló un hombre sentado delante ella -. Queríamos notificarle que ha sido absuelta de cargos.
- ¿Qué cargos?
- Sobre su presunta participación en la muerte y envenenamiento de Josh Cryer – al escuchar eso, Sam recordó el cuerpo inmóvil de Josh en una camilla y lo que él nunca le dijo. Hizo una pequeña mueca de dolor y su mirada de aguó -. Pero deberá permanecer un rato más y responderme un par de cosas – ella asintió -. Dígame todo lo que hizo el día que ocurrió todo -. Sam volvió a asentir y comenzó su relato.
En cambio, a su lado, Brian contestaba con su tranquilidad de siempre a medida que le preguntaban algo. Pero en él no todo estaba tranquilo, su preocupación por Leah aumentaba cada segundo y Miller, aun sabiendo todo, no le dejaba marcharse. Le prometía protección, pero él solo estaría conforme con la protección que él pudiera darle. Víktor, en su lugar, trataba de ordenar las ideas en su cabeza ya que todo lo sucedido de por sí era bastante confuso. Pero, su norte estaba fijo en que tendría que hablar con su hermano y hacer que otra bomba estallara.
Entraron a Kard a la habitación y lo sentaron en el otro extremo; rápidamente uno se acercó a él y comenzó la charla.
- ¿Dónde está Susan Wood? – les preguntaron a los cuatro a la vez.
- Eso es trabajo suyo.
- He estado todo el día acá, señor.
- ¿Qué tontera hizo ahora?
- ¿le pasó algo?
- ¿La última vez que la vieron? – preguntó.
- Salió corriendo del hospital luego de confesarse
- Pasó a mi lado mientras Joel la arrastraba
- Joel se la llevó a la casa, ¿no?
- En el colegio.
En ese momento entró otro uniformado a la oficina y, Kard y Sam, dedujeron su alto rango, ya que todos se levantaron a saludarlo, incluidos Brian y Víktor. Y él habló:
- Las ordenes son mandar a todos los menores de edad a su colegio o residencia, ya que necesitamos la autorización de sus padres para cualquier movimiento. Y los mayores de edad se quedaran a resolver sus dudas, compañeros, y deberán ser delegados a su colegio a más tardar las seis. Por supuesto, todo esto se aplica a los involucrados en el envenenamiento.
- Todo esto fue una mierda – reclamó Sirius mientras salía del ministerio en compañía de todos los chicos, menos los mayores de edad y Remus, ya que a él no estaba involucrado en el envenenamiento -. Salimos solo por problemas, podríamos habernos quedado cómodos en Hogwarts.
- Bienvenido a la guerra, Black – le comentó Kard.
- Sí, habla la experiencia, ¿cuántas guerras has vivido? Las de agua no cuentan – se burló él.
- Sí, si, muy divertido tú.
- ¡Momento! No vayan a comenzar a pelear, por que me duele la cabeza – se inmiscuyó Sam.
- ¿Y eso que tiene que ver? – preguntó James.
- Me dolerá más, obvio – todos asintieron, obviamente, conformes. Silencio.
- ¿A dónde van?
- A mi casa, obvio – respondió Kard -. Así como ustedes van a la de Potter y Sam a la suya -. Sirius rió.
- ¡cómo si Sam tuviera casa! – Sirius y James rieron mientras Peter, que también venía, solo soltó una pequeña risita. La aludida detuvo su caminar y les miró fríamente.
- ¿Es verdad? – preguntó Kard.
- Sí – respondió James -. Fue un momentazo cuando se quedó sin ella -. Sam la que quedó un poco más atrás se adelantó y se colocó a la derecha de Kard.
- Se han reído toda la vida de mí, no te preocupes... ni yo lo hago – Kard asintió -. Es verdad, pero no quiero hablar de eso. Ahora me iré a mi puente, ¿vas a dejarme, Fiennes?
- Por supuesto – y al llegar a la siguiente calle, ambos doblaron a la derecha mientras que Sirius, James y, un callado, Peter continuaron adelante. Increíblemente, caminaron en silencio, cada uno pensando su situación propia y sus situaciones colectivas: Peter y Remus.
- Tienes razón, Canuto – habló Peter -. Deberíamos habernos quedado en Hogwarts – dijo en modo de despedida -. Debo pasar a comprar algo para mi madre, nos veremos mañana.
- Suerte en ello – deseó James.
- Te veremos mañana – se despidió Sirius. Y siguieron caminando por la avenida, mientras Peter cruzaba la calle y desaparecía entre la gente -. Somos los únicos sin grandes problemas.
- Soy el único – le corrigió James -. Tú tienes todo lo de tu familia.
- ¿Mi familia? Eso no es problema, Corna. Pero, no entremos en eso, hablemos de cosas triviales... ¿has notado que de este lado de la calle hay menos gente?
- Tienes un punto, Canuto. No lo había notado.
- Y mira... las tiendas de la vereda del frente están abiertas por medio: una sí y otra no.
- ¡Eres un gran observador!
- El mundo es mundo gracias a las trivialidades, hermano. No lo olvides nunca. – se miraron un segundo y rieron.
Eran tres. Dos de ellas estaban acostadas sobre la cama mientras la tercera estaba en una silla mirando a las otras dos. Ninguna de las tres se atrevía a decir palabra. Las de la cama por la sorpresa y la de la silla por no tener más que decir.
- ¿Es... Es enserio? – logró articular una de las de la cama. La chica de la silla asintió. Y la que faltaba se encontraba perdida en sus pensamientos; repitiendo cada palabra de la chica de la silla y tratando de encontrarle el sentido que no había en ninguna parte -. Es imposible.
- Es desesperado – agregó la de la silla -. ¿Está bien? – apuntó a la otra chica.
- ¿Por qué no me dijeron? – soltó la segunda muchacha levantándose de la cama.
- No podíamos y no queríamos ponerles en peligro.
- ¿Dónde está, Ign? - le gritó Liz, la segunda chica. La chica de la silla se levantó y la abrazó. Liz soltó algunas lágrimas que, en segundos, se transformaron en muchas lágrimas -. ¿Lo sabes? Dime que lo sabes, Kate.
- Lo siento, no tengo la menor idea.
- Se supone que ustedes deben hacer algo, ¿no? – exclamó la última chica de la cama, Lily -. No es todo a la vida.
- Lily, cállate. Aun no recuerdas todo – reclamó Kate enfadada. Lily se quedó en la cama y llevó su mano a la boca sorprendida. Y soltó un grito ahogado -. Maldita sea. Te hice recordarlo.
- Yo no sabía quienes eran, lo decía por... – comenzó Lily.
- Sí, lo que tú digas. Era nuestro plan que supieras. Otra de las tantas marionetas.
- ¿marionetas? – repitieron las dos.
- De nadie, olvídenlo. Ustedes no saben nada, tengo que irme. – Liz la detuvo del brazo -. Liz, voy a averiguar si saben algo de él, de Ign. Vendré a decírtelo de inmediato.
- Si le ves dile que lo quiero mucho – susurró con su voz cargada de sollozos.
- Le diré – prometió Kate y no quiso decirle que si lo tenían quizá ya no estaba con vida o que en el tiempo que tardaran en encontrarlo se volvería loco o quizá que otra descabellada cosa más.
Salió por la puerta previa despedida. Liz se volvió a la cama y se dejó abrazar por su prima.
- Todo esto es muy raro – comentó Lily. Su prima asintió -. Yo pensé que tenía una vida normal, como cualquier otra.
- No se puede tener una vida normal en medio de una guerra, Lils.
- Tienes razón
- Y tienes una vida cómo cualquier otra; todos estamos en guerra...
- Eso es verdad.
Silencio.
- ¿Puedes siquiera creer que hace poco hablábamos de la relación de Sirius y Kate? – preguntó retóricamente Lily.
- Yo pensé que tendríamos paz. Por un tiempo más, digo yo. No creí que los problemas llegaran a Hogwarts – reflexionó Liz.
- ¿Qué es la vida sin un poco de problemas?
- No estos tipos de problemas, Lils
- Lo sé. Ni siquiera hemos tenido tiempo de llorarle a Josh – susurró la muchacha.
- ¿Quieres llorarle?
- Claro que sí.
Sabía que en algún momento él aparecería para velar por el bienestar de la chica. Por eso mismo, ella se había encargado de que en el ministerio gastaran mucho tiempo en él. En realidad, ella no se había encargado de eso, pero sí había pedido que se encargaran de eso. Aunque para todos era un absoluto mérito de ella y, no había que negarlo, eso le encantaba.
No sabía muy bien con cuánto tiempo contaba así que era mucho mejor apurarse. Avanzó por las calles que faltaban y llegó a un común edificio color ladrillo; común porque en esa calle todos los edificios eran de ese color y en toda la ciudad abundaban a más no poder, pero ella lo reconocía claramente. Recordaba el número de la residencia a la perfección y reconocía las rejillas de la entrada porque no era la primera vez que estaba ahí.
Entró.
- ¡Amanda! – exclamó fascinada la señora de la casa al reconocerla. Ella le sonrió amablemente y le dio un breve abrazo de bienvenida. – No imaginé que te vería tan pronto.
- Usted me lo dijo, señora Fiennes, ella es una niña encantadora – respondió ella alegremente.
- Le diré a Mary que le avisé para que puedas verla – habló la señora. La muchacha asintió y se sentó en uno de los banquitos de la improvisada sala de espera de siempre. La señora le llamó a Mary y le pidió que preparará a Momentos después, aquella tal Mary se le acercó y la guió hacia la habitación de la pequeña. Mary le abrió la puerta y ella, sonriéndole, entró a la habitación. La niña la miró rebosando alegría y se lanzó en sus brazos.
- ¡Tía Amanda! – chilló la pequeña.
- ¡Mi Leah preferida! – exclamó ella en forma de respuesta-. ¿Cómo has estado?
- Bien – asintió la niña. Amanda bajó a la niña de sus brazos mientras aquella Mary cerraba la puerta brindándoles privacidad -. Papá no ha venido.
- Oh, no te preocupes, Leah. Tu papá debe estar muy ocupado. De seguro debe venir en camino.
La niña sonrió. Tomó la mano de Amanda y la guió hasta la ventana. Amanda se sentó en una silla y la niña tomó asiento en el piso mirándola fijamente.
- Papi ya vendrá – declaró Leah. Amanda asintió -. Quiero un cuento.
- ¿Cuál?
- No sé, uno tuyo.
- Esta bien, déjame recordar uno.
Leah asintió, corrió a uno de los sillones y trajo varios cojines, los que dejó en el suelo. Luego abrió la puerta y gritó el nombre de una de sus amiguitas, para que viniera a escuchar el cuento de tía Amanda. Minutos después llegó la niña junto a Mary, la que traía jugos y galletas para todos. Los dejó en la mesa y volvió a salir. Leah junto a su amiga se sentaron en el piso y se acomodaron para oír el cuento de Amanda. Cuando ya tenía la atención de ambas niñas comenzó a hablar.
- Esta será la historia de una familia de ositos. ¿Les gustan los ositos?
- Sí – dijeron las dos niñas a la vez. Amanda sonrió.
- Había una vez una familia de tres ositos que vivía en los bosques del sur de Escocia. Los nombres los ositos eran Jota, Viko y, el nombre de la osita, Suki. Jota estaba enamorado de una osita de la familia de la montaña más cercana llamada Katu. Viko no creía mucho en el amor, sólo tenía un amigo que vivía con ellos llamado Brito. Y por último Suki había traído a su mejor amiga, Sumi, hija del clan enemigo del norte. Suki también estaba enamorada de un osito de la montaña más cercana, pero en el clan del sur estaba prohibido que dos familias tuvieran más de un lazo entre sí, así que Suki siempre estaba un poco triste.
Un día, cuando Suki le comentó a Sumi de la situación, ambas discutieron. Y Suki para despejarse se fue a dar una vuelta por las montañas deshabitadas. Mientras escalaba escuchó la voz de Brito y se acercó sigilosamente a él. Estaba dentro de una cueva muy grande y misteriosa hablando con una luz de varios colores, muy hermosa. Intrigada con la luz, salió de la cueva y se escondió esperando que Brito saliera para así ella pudiera ver a esa luz.
Minutos después, Suki entró a la cueva y buscó a luz por todos lados sin éxito alguno. Volvió al día siguiente y no la encontró otra vez. Estaba furiosa así que lanzó un gran rugido llamando a la luz y se fue. Abandonó la búsqueda de la luz cuando la luz la encontró a ella mientras estaba de cacería. Suki la siguió. Descubrió que la luz era muy inteligente y se hicieron buenas amigas. Así un día la luz le ofreció su ayuda para tener a ese osito que ella tanto quería. Suki sentía un amor tan grande por ese osito que no se dio cuenta que esa luz estaba aprovechando de ella y actuó siguiendo lo que la luz le decía.
- ¿Qué era esa luz, tía? – preguntó, interrumpiendo, la amiga de Leah. Ella asintió demostrando que también quería saberlo.
- Esa luz, niñas, era yo.
Ambas muchachas, Lily y Liz, ya había terminado de llorar cuando comenzaron a hablar de cosas sin sentido. Trataban de subirse el ánimo la una a la otra mientras guardaban lo poco que habían sacado de sus bolsos. Kilómetros más al este, Sirius y James guardaban sus cosas y las de Remus para ir al andén otra vez mientras este último respondía sus últimas preguntas para irse del ministerio; el padre de James lo llevaría al andén. Y el último de los merodeadores se encontraba en un refugio cercano a la casa de las primas Evans preparando unos cafés para unos compañeros. Él y toda la gente que había en esa sala escuchaba cómo la traidora de Luna Black ayudada de su prima Bellatrix se dedicaban a divertirse mientras le tratan de sacar información a la malherida Susan. Hace unas horas habían mandado a Peter a tirar comida por la entrada de una escotilla, el había obedecido sin dudarlo y había descubierto que uno de los mellizos Fiennes se encontraba ahí dentro. Gracias a Merlín, el muchacho estaba inconsciente, porque si se hubieran visto y él lo reconocía sería un gran problema. Por primera vez en todo el tiempo que llevaba ahí la pregunta por qué llegó a su cabeza.
En la casa de los Wood no había nadie más que el elfo. Joel estaba en el hospital cuidando de su Kath sin noticias aún de que su hermana estaba desaparecida y de que su hermano y Brian estaban en el ministerio siendo interrogados. Y, por último, Sam estaba en la morgue del hospital para recibir el cuerpo de Josh ya que Joel se lo había pedido. Sam no se había atrevido a contarle lo que había pasado con sus hermanos así que sólo lo saludó y fue a cumplir con lo pedido. Sus ojos estaban rojos de llorar y sus mejillas con caminos negros dónde el delineador se la había corrido de tanto lamentar la muerte de Josh.
Dónde los Fiennes, Kard estaba abrazando a su madre la que lloraba desesperada por la desaparición de su hijo mientras su padre con la cabeza metida en la chimenea trataba de hacer todo lo posible para encontrarlo. Del otro lado de la chimenea había una habitación dónde Kate les gritaba a todos por no saber dónde estaba su amigo Ign. Un chico le lanzó un hechizo silenciador en el mismo instante que entraba una mujer de ya avanzada edad diciendo que ya sabían dónde estaba el muchacho. El padre de Ign, a la chimenea, estalló de alegría y desapareció para avisarle a su familia luego que escuchara y viera cómo todos se preparaban para ir a buscarlo.
Lily y su prima ya habían llegado al andén cuando Kate y los suyos irrumpían en el lugar dónde se suponía que estaba Ign. En ese momento, ya en el tren al ver pasar a los merodeadores, Lily recordó que debía terminar con Víktor.
- Hablaré con él mañana – declaró -. Sé que no es un buen momento para él, pero no puedo mentirle más, a la larga será peor. Le diré que lo apoyaré como una incondicional amiga... si él acepta claro. Y si no, le pediré que no mezclemos lo personal con el musical.
- ¡El musical! – exclamó Liz sorprendida -. No había recordado que existía aún. ¿Crees que con todo esto el musical se haga?
- Por supuesto que sí, conocemos a Dumbledore, querrá que todo siga con normalidad.
- Eso es verdad – concedió Liz. Abrieron unas ranas de chocolate y hablaron de un trabajo que debían entregar mañana. Hablaron de muchas cosas más mientras el tren avanzaba su camino cada vez con más rapidez.
Al llegar a Hogwarts y encontrarse con un solitario Víktor, Liz habló.
- No deberías hablar con él, aún.
Soy una mala persona, lo sé. Cómo excusa les digo que mi muso andaba desaparecido y lo encontré estás últimas cinco noches luego de ver el Doctor House.
Pues, ya estaremos en Febrero, pero no tuve la oportunidad de desearles feliz navidad ni año nuevo:
Ojalá todos su lindos deseos se cumplan.
Muchas gracias por leer.
Gracias a Rochio Lovegood y Sami-Maraurder girl por sus lindos reviews ^^
Gracias también a las 11 personas que tienen esta historia en sus favoritos y a las 4 que la tienen en sus alertas.
Nos vemos, si Merlín e Irial quieren, allá por Marzo.
Jana Evans