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Mírame a los ojos y dime
todo lo que estas pensando, cuéntame:
Que no es de azúcar que la vida endulza
que tus labios los puedo tocar.
navegar el cielo seria buena idea
y la luna poder visitar
Y que mañana al despertarse
con poemas que se escribieron con estrellas
te hablara de un planeta de sonrisas
que nacieron para ti.
Belanova (Dulce beat)
“Este fic está dedicado con todo cariño para gente muy especial de Santiago de Chile”
Lemon tea
Después de ocho horas de vuelo y unas nauseas espeluznantes, Katsuya tocaba finalmente tierra y respiraba hondamente el reconfortante aire fresco del área de descenso del aeropuerto. Tenía un ligero dolor de cabeza puesto que su acompañante en el asiento nada más y nada menos que su hermanita Shizuka no lo había dejado dormir en todo el viaje.
Shizuka no paraba de halarlo para que llegaran rápidamente al área de registro, estaba impaciente por tomar sus maletas y conocer su nuevo hogar. A Jounouchi lo único que el importaba era llegar a un baño y vomitar toda la asquerosa comida del avión. ¿A quien se le había ocurrido ofrecer lasaña y cacahuates para acompañar?
- Vamos Katsuya apúrate nos deben de estar esperando-
- Créeme que iría más rápido si no tuviera que cargar con cinco maletas de las cuales ¡tres son tuyas!
La gente iba y venia con su equipaje, Katsuya estaba un tanto nervioso al caminar por los amplios pasillos del aeropuerto miraba de un lado a otro tratando de encontrar algo, fue Shizuka la que pudo distinguir de entre la gente, un letrero con sus nombres, sus ojos brillaron y corrió rápidamente al hombre que sostenía el cartel atropellando a su paso a un par de personas.
- ¡Hola!
-Tú debes ser… ¿Shizuka?- Preguntaba el hombre del cartel.
- ¡Si!
- ¿Y donde esta Katsuya?
A lo lejos solo se veía como un apenado Jounouchi levantaba a la gente que Shizuka había empujado. – Discúlpela lo que pasa es que la pobre toma medicamento.
(‘’) ’.’ (‘’)
Minutos más tarde Katsuya contemplaba por la ventana de la camioneta las calles de la ciudad, el cielo estaba ligeramente nublado y el pavimento aun estaba mojado por la reciente lluvia. El chofer observó el croquis para ver la dirección a donde llevaría al par de hermanos.
- Espero que les guste la estancia, han llegado en la mejor época, la temporada de lluvias esta terminando.-
Shizuka no dejaba de maravillarse por las enormes casas de estilo occidental. - Aquí tienen mucho espacio. ¿No sería lindo tener una mascota?- Katsuya sonreía a su hermana al notarla tan emocionada.- Una vez más el chico rubio miraba como cielo se despejaba dejando pasar un poco más la luz del sol. No podía creer que finalmente hubieran llegado a su destino.
La camioneta subía una pendiente y avanzaba a través de numerosos arbustos y jardines hasta que justo frente a ellos aparecía un enorme árbol cuyas hojas caían al ser sacudidas por el aire.
- Bien chicos hemos llegado.- Detrás de aquel árbol aparecía una hilera de casas.
- Katsuya mira – Shizuka bajó de la camioneta y se dirigió a una reja. Era la casa más pequeña de la cuadra pero no por ello menos interesante. En el jardín delantero era lo mejor y el aroma a tierra mojada le daba un toque aun más especial.
El chofer ayudó a Katsuya con las maletas. Shizuka sin embargo no pudo esperar y al notar que la reja no tenía llave la empujo y caminó rápidamente a la puerta principal. Era como si estuviera a punto de abrir un regalo, la curiosidad por conocer a esas personas la estaba matando, se acerco al timbre y lo presiono suavemente.
Al principio parecía que no había nadie pero en instantes se escuchó un gran alboroto de una persona bajando por las escaleras, súbitamente las cortinas de la ventana cercana a la puerta se abrieron dejando ver la cabeza de un perro enorme. Shizuka se sorprendió al notar como el animal le enseñaba los colmillos.
- ¡Shizuka!- Katsuya gritaba a su hermana al ver los dientes filosos del animal.
- ¿Crees que quiera morderme?
El perro introdujo su cabeza entre las cortinas, ahora se escuchaba como alguien quitaba la llave de la puerta. Shizuka abrazó a su hermano puesto que temía que el perro le fuera a saltar encima. Un anciano de baja estatura y overol daba la bienvenida a sus nuevos inquilinos.
- ¡Hola! Bienvenidos pasen.
Katsuya y Shizuka permanecían estáticos.
- ¿Qué pasa?- Preguntaba el anciano al notar la mirada de temor de los jóvenes.
- Su perro quiere mordernos.- Katsuya no dejaba de mirar los dientes del perro.
- ¿Chilli? No para nada, lo que pasa es que mi perro sabe sonreír, luce un poco tétrico pero siempre lo hace cuando esta feliz.
- ¿Un perro que sonríe?
- Es cierto míralo además de mover la cola sonríe. ¿No es genial? – Shizuka se agachaba para saludar al perro el cual le lamía las manos y se movía en círculos para que la chica lo acariciara.
El chofer dio una señal de despedida a los hermanos y se retiró en su camioneta de vuelta al aeropuerto. El anciano tomó un par de maletas. - Será mejor que les enseñe sus habitaciones no olviden quitarse los zapatos, a propósito mi nombre es Sugoroku Mutou.
Katsuya y Shizuka miraban a su alrededor, la casa sin lugar a dudas era mucho más grande de lo que aparentaba y la distribución tampoco era muy común, en la parte más baja se encontraba el lobby, la habitación del anciano, la lavandería y un enorme almacén el cual seguramente era el centro de trabajo del anciano, en el segundo piso estaba la cocina, el cuarto de televisión, el baño principal, y dos habitaciones más , fue hasta el tercer piso donde se encontraban los cuartos de Katsuya y Shizuka
- Hay que horror porque compré una casa con tantas escaleras ya estoy muy viejo para esto… Bien chicos del lado derecho dormirás tu Shizuka y del izquierdo está tu habitación Katsuya, atrás esta un estudio para cuando tengan que hacer tareas y aquí esta su baño… Más bien medio baño, la tina esta en el de abajo así que deberán turnarse con mis nietos para que no haya ningún problema.
- ¿Nietos?- Preguntaba Shizuka aun más emocionada.
- Si, en este momento no están pero en la fiesta los conocerán.
- Wow, mejor de lo que imaginé tendremos una fiesta en nuestro primer día.- Katsuya comenzaba a sentirse igual de emocionado que su hermana.
- Claro, será una parrillada para darles la bienvenida.
(‘’) ’.’ (‘’)
Katsuya estaba más que satisfecho con su habitación, juraría que medía el triple de la de su antiguo hogar y a diferencia de toda la casa el piso no estaba alfombrado, además el techo era tan alto que Jou podría colocar una canasta y jugar basketball si lo hubiera deseado. Aunque después de meditarlo mejor lo primero que quería hacer era estrenar la cama. Así que arrojó las maletas a un lado y fue a tirarse directamente en aquel dulce colchón que parecía nube por sus sábanas blancas. Katsuya cerraba los ojos pensando en la nueva vida que le aguardaba al lado de su hermana. Apenas cerraba sus ojos cuando escuchó un fuerte ruido que provenía del piso de abajo.
- ¿Shizuka estas ahí?- Adormilado, Katsuya bajó las escaleras. Una de las cosas extrañas de la casa es que tenía varias puertas, muchas de las cuales solo eran closets, la casa era un pequeño laberinto, Katsuya avanzó por la sala la cual estaba repleta de numerosos muebles y objetos antiguos de diversos países que el abuelo Mutou había visitado en su juventud.
Una vez más Jou escucho la voz de su hermana junto con otra persona, en ese momento Chilli salía de la cocina y olfateaba las manos de Katsuya con la esperanza de encontrar algo para comer.
Al abrir la puerta de la cocina además de quedar deslumbrado por el intenso sol del atardecer que entraba a través de la ventana, Katsuya pudo distinguir a un chico de ojos violetas sentado junto a una mesa de madera.
- Hola.- El chico de cabellera tricolor estiraba su mano y ofrecía un pan tostado para comer a Katsuya– ¿Gustas?
Katsuya realmente se sentía muy extraño, no sabía si estaba despierto o dormido, aquel chico mostraba una amplia sonrisa. Cuando la fotofobia fue disminuyendo Katsuya pudo fijar su vista a las hermosas montañas que se lograban distinguir a lo lejos.
- ¿Hermano no piensas responder?- Shizuka estaba sentada del otro lado de la mesa preparándose un pan tostado con mermelada. Katsuya sin embargo frotaba sus ojos y volvía a mirar la hermosa vista del ventanal.
- Disculpa a mi hermano está algo dormido. – El chico de ojos violetas observaba el rostro cansado de Katsuya. A su vez Jou se dejo caer en una de las sillas y decidió romper el silencio.
- Lo siento… Mi nombre es Katsuya Jounouchi.
- Mucho gusto Katsuya, mi nombre es Yami Mutou. – Yami servia un poco de té de limón a Katsuya y de paso estrechaba su mano.
- Así que tú eres uno de los nietos del señor Mutou -
- Se podría decir que si.
- ¿Se podría decir?- Antes de que Yami pudiera responder la pregunta de Katsuya, Shizuka le entregaba un teléfono inalámbrico a su hermano.
- Disculpa por interrumpirte pero acabo de hablar con mamá, parece que hubo problemas quiere que te comuniques lo antes posible.
- Por supuesto que no lo haré-
- ¿Katsuya?
- ¡Olvídalo no pienso regresar! - Katsuya se sentía apenado hablando de esa manera frente a Yami por lo que decidió tomar a su hermana de la mano y retirarse de la cocina.
(‘’) ’.’ (‘’)
Katsuya hacia pequeños surcos con su tenis en el pasto del jardín delantero.
- Tienes que hablar con él… Cree que no fue correcto la manera en que te fuiste de casa- Shizuka insistía con el teléfono en la mano.
- ¿Quieres que hable con él después de todo lo que dijo?
- Sabes que cuando está enojado no mide sus palabras.
- Por favor él siempre esta de mal humor. Analízalo me encuentro en una nueva ciudad iniciando una nueva vida, lejos de todo aquello que me hacia daño. ¿Por qué he de recordarlo? Yo hice todo lo posible por llevarme bien con él durante muchos años, simplemente estoy cansado.
- Pero…
- Al menos intentemos ser felices aquí. No crees que es justo después del infierno en el que vivimos durante tanto tiempo. – Shizuka al escuchar estas palabras simplemente se mantuvo en silencio por un instante apago el teléfono y dio vuelta para volver al interior de la casa.
Katsuya se sentía culpable, después de todo Shizuka no tenía que pasar por esa desagradable situación, pero él ya había tomado una decisión y no se retractaría. Había llegado muy lejos y no era momento para dudar. Dejó caer su cuerpo en el pasto y miró la ciudad por unos instantes.
- Regresaras derrotado, llorando como cuando eras niño. - Aquella voz no dejaba de repetirse en la cabeza de Katsuya. – Siempre terminas avergonzándome… -
Chilli se acercó y lamió una de las mejillas de Katsuya tratando de llamar su atención para que lo acariciara, logrando que Katsuya saliera de sus pensamientos. - ¿Sabes una cosa amiguito? – Katsuya pegó su nariz a la del perro – Le demostrare que no lo necesito.- El perro solo movía su cola pensando que el chico jugaba con él.
(‘’) ’.’ (‘’)
- Luce muy extraño-
- Parece que es un demonio estaba aquí desde que nos mudamos. –
Yami le mostraba una pequeña escultura de piedra a Shizuka, la cual tenía la forma de un duende con cabeza de león y cola de dragón. La escultura daba la impresión de estar recostada sobre el pasto del jardín.
- Mira tiene dos colas. -
- No seas ingenua Shizuka la de adelante no es una cola.- Katsuya aparecía junto a ellos dando una mordida a una hamburguesa, la sonrisa de aquel duende parecía observar al trío con sus ojos burlones.
- ¡Que asco! No me digas que es su… ¡Agh! Que pervertido mira como sonríe.-
- Es el Dios de la fertilidad por eso lo esculpieron así...- El trío dio una vuelta al notar la presencia de un chico muy parecido a Yami. – Parece que en algunas regiones de China la utilizan los matrimonios nuevos para la buena suerte. Los antiguos dueños debieron olvidarla… -Shizuka y Katsuya estaban sorprendidos ante el parecido del nuevo chico con Yami.
- Bienvenidos, Soy Yugi mi abuelo me comentó sobre su llegada. Espero que Yami no los haya molestado con sus historias. – Katsuya seguía incrédulo por la apariencia de Yugi aunque este último era de una estatura un poco más baja.
- Momento lo que pasa es que Yugi no lo quiere admitir pero esta cosa tiene vida. A los que vivieron aquí seguramente les dio un buen susto y por eso se fueron de esta casa. –
- No le hagan caso esta mintiendo…
- Claro que no. Esta cosa cambia de lugar por si sola, en la mañana apareció a los pies de la puerta principal y al abuelo casi le da un infarto cuando recogía el periódico. -
- ¡Si porque tu la pusiste ahí!
- Cuantas veces te tengo que repetir que yo no lo hice. Que me dices de la vez en que estaba vistiéndome, cuando de repente sentí una extraña presencia y ¡Pau! Ahí estaba esa horrible sonrisa pervertida a unos metros de la ventana de mi cuarto, mirándome con esos ojos.
- Si Yami, la escultura quiere entrar a la casa para violarte.
- Me encantaría deshacerme de ella, pero el abuelo esta empeñado en conservarla. Otra cosa que confirma mis sospechas sobre este demonio es que Chilli jamás se le acerca. Es decir ¿que perro pierde su oportunidad para marcar su territorio en una escultura tan horrenda?
- Es que Chilli no es un perro normal, puede ver televisión y en lugar de beber del inodoro lo sabe usar.
- Y también sabe sonreír. – Shizuka intervenía en la discusión entre Yugi y Yami.
- Lo siento Katsuya pero has caído en una casa de fenómenos, ¿estas dispuesto a soportarlo?
- Mmmm. Creo que podré tolerarlo.
- Solo te repito que debes tener mucho cuidado con nuestro perverso amigo. – Yami mordía una patata al horno.
- Por supuesto que Yami se refiere así mismo – Yugi terminaba rematando, a lo que Yami respondía arrojándole una servilleta a la cara.
- Por supuesto que tendré cuidado con ambos.
El abuelo se acercaba con una charola repleta de más comida lo cual hacia muy feliz a Katsuya. Definitivamente se la estaba pasando de lujo en su nuevo hogar, al parecer sus integrantes eran bastante agradables. Era su sueño hecho realidad vivir tranquilo junto a su hermana como una familia, aunque no fuera exactamente su familia.
Continuará.