|
Author of 4 Stories |
Aloazoo º-º! Mi name es Chö >-> Se xD, es la primera vez que publico uno de mis Fics aquí º-º
Y para comenzar lo haré con uno de mi parejita predilecta ;; InuYashaxKikyou
No soi muy buena, pero we le hago el intento u u.
I va dedicado a mi Sis Mako-Shian, ella es la culpable de que ésto este aquí xD!
Sin más me les Despido, nos estarmoes viendo por ahi º-º!
Disclaimer: Se se, lamentablemente ninguno de éstos maravillosos personajes me pertenece TT.
I si me pertenecieran habría unos cuántos cambios >3> xD.
InuYasha y cía son Propiedad de la genial Rumiko Takahashi, yo solo los eh tomado prestado para dejar volar mis ideas locas xD.
Les dejo de dar la Lata º-ºU
Aí.Shiteru; Death
Por: Chö
Levantó su vista mientras se apoyaba ligeramente del marco de la puerta. En la entrada a su casa, su mujer se despedía del “otro”, con un leve beso en los labios. La observó, de abajo hacía arriba, recordando los momentos en que era Él quien se despedía de Ella con un beso, todas las mañanas. Hacía una semana que ese “otro” había tomado su lugar.
Ella cerró la puerta y volteó hacía donde se encontraba Él. Su rostro expresaba amargura. Caminó hacía Él, y pasando a su lado siquiera notó su presencia. Desapareció en la entrada al baño.
Él por su parte tan solo mantenía su vista clavada en el suelo. Ya no funcionaba.
Y a su mente retornaron miles de hermosos recuerdos, de cuando la había conocido. A esa chica de preparatoria, que todas las mañanas le esperaba en la plaza del barrio, para luego irse juntos. Él ya se encontraba en sus estudios superiores, Ella, terminaba la preparatoria.
Cuando Ella se le declaró, en el camarín de la Universidad, un día en que Él ya no confiaba en sí mismo, ni en que fuese necesario para alguien más. Rió ante aquella demostración de amor, que a diferencia de las otras, que terminaba con un beso y comenzaba por un: Te Amo. Ésta comenzó por alzar su mano ante Él y casi gritarle¡Si ganas el partido de Basketball te Confesaré que Te Amo¡Lo Prometo!
Él no pudo más que estallar en carcajadas, cosa que molestó infinitivamente a la de cabellos azabaches, la cuál, producto de sus nervios y tratando de consolarle en su tristeza, terminó por hablar más de la cuenta.
Y como todo lo demás en su tan inexperta vida. Cuando le pidió matrimonio fue tanto el nerviosismo del ambarino, que terminó por tomar más de lo debido. Llegó a la casa de Ella, de madrugada, y cantando las mañanitas en un tono agudo, le despertó, sin contar que la pequeña piedra que lanzó a su habitación le llegó al gato, el cuál maulló de manera histérica, despertando a la chica con un sobresalto.
Pero allí estaba ahora, soportando aquel matrimonio desenlazado. Un matrimonio que había terminado hace ya casi un mes, pero Él aún no se resignaba a marchase de allí. Dicen que el amor dura para siempre, Él más que nadie lo sabía.
Arrastró sus pies hasta llegar a la cama matrimonial, donde ya no dormía hace ya un mes. El sillón y una frazada ahora le cobijaban en las noches, en que sus ambarinos ojos le traicionaban, gatillando al peor desenlace que el podía esperar: Llorar.
Se sentó, observando la entrada al baño, que daba desde su habitación. La habitación en la cuál la amó con locura. Ese pequeño escondrijo donde la besó apasionadamente, y le entregó hasta lo más in intangible de su ser.
Ella se duchaba, la cortina del baño dejaba ver su hermosa figura. Sus curvas y como deslizaba lentamente sus dedos por sus cabellos. Él la observaba, extasiado, como aquella vez cuando fue hasta la antigua casa de Ella, donde vivía con sus Padres, y sin tocar la puerta entró al baño, donde ella terminaba de ducharse y permanecía desnuda. Una fugaz sonrisa curvó sus labios al recordar cómo frascos, pasta dental, shampoo, bálsamo y hasta W.C volaron sobre su cabeza por su intromisión sin permiso.
Y es que aquella mujer era hermosa, hermosa al reír, hermosa al llorar, hermosa al dormir, besar, amar, abrazar, sonreír, enfadar, en todo. Ella era todo, absolutamente todo para Él.
Los tenues rayos de sol traspasaban la ventana que daba a la ducha. La figura de Ella se veía hermosa. Parecía una ninfa, no… Un Diosa, y aún más que eso. Sobrepasaba las acentuadas pinceladas de Van Gogh, las facciones de Afrodita e incluso Venus.
Su vista recorrió toda aquella habitación. Sobre la cómoda adornaban miles de fotos. Fotos de tiempo de felicidad, donde Ella sonreía y Él se estremecía al verla. Tiempos en que aquellos ojos color avellana no despegaban su mirada de sus ojos ámbar. Tiempos pasados, tiempos donde las suaves manos de Ella jugaban con sus mechones plateados y Él no hacía más que besarla.
Y con ello, recordó la instancia cuando, Ella y Él, inexpertos en estas cosas del amor, debieron compartir un Día de San Valentín. Ella, quería lo que cualquier chica anhelaba: Chocolates, Rosas Rojas, ir al cine(a ver una película romántica, claro está) y besarle durante el resto de la velada. Él en cambio, tenía planes un tanto… distintos: Le llevó a la casa de su amigo Miroku, donde Ella y Sango (la novia del ya nombrado) debieron preparar el almuerzo. Ellos dos sólo se dedicaron a ver fútbol y hasta hablar de chicas. En realidad, no era muy bueno en esas cosas románticas.
Al final; Ella terminó por hacerle de “criada”, Él la pasó de lo mejor todo el día, mientras que la de ojos castaños quedó decepcionada y deseosa aunque solo fuese de un beso. La gran velada, terminó en el pórtico de Ella, donde le recriminó el egoísta día que Él le había hecho pasar. Se ganó el título a Idiota por mayoría de votos, y como recompensa una patada hacía la China.
A las cuatro de la madrugada, con una guitarra improvisada de la biblioteca de su universidad (que tomó “prestada”) le regaló una hermosa canción compuesta por Él. Ella, en vez de lanzarle agua al trovador, tomó el chocolate que había hecho para el ambarino y lo lanzó por la ventana. Al darse cuenta de que se trataba de su amado de cabellos plateados, corrió y le abrazó fuertemente.
“Al menos hubo Chocolate”, pensó Él.
No había sido el Día perfecto de San Valentín, pero para ser el primero, no estaba mal.
Ella ya lucía vestida y frente al espejo, siendo observada por el ambarino, que luego de recuerdos volvía a caer en su aborrecida realidad. Su pequeña intentaba arreglar el desastre de expresión que su rostro aguardaba desde hacía ya un mes. De sus ojos unas leves bolsas algo negruscas y abultadas le hacían tener un aspecto enfermizo. Su rostro, a pesar de ser de tez blanca y suave, como la nieve, ahora se encontraba pálido y sin brillo. Tomó algo de polvos y rubor, arreglando aquello, el labial rojo y luego el delineador negro y el rimel. No pudo ocultar su expresión de amargura y depresión, pero al menos se veía mucho mejor.
Ella vestía aquella prenda que Él tanto amaba. Aquel vestido rojo, que contorneaba la figura de su pequeña flor de campanilla. De su amada y pequeña flor.
Aquel vestido que usó en su fiesta de graduación, al cuál Él fue invitado, no exactamente por Ella, si no por otra chica del salón. Su pequeña había sido invitada por otro chico llamado Suikotsu. Ella estaba molesta y sentida con Él.
Al final ocurrió algo que ninguno de los dos esperó. El ambarino pensaba disculparse con la de ojos castaños, pero el destino jugaba chueco y a veces de forma torcida. Bien para ambos.
Ella se quitaba con una toalla de papel frente al espejo del baño el rimel corrido, producto del llanto que había dejado escapar, al ver al de cabellos plateados bailar con otra. Se sintió aún más traicionada. Después de todo… Él le había dicho, que realmente se alegraba de saber que Ella sentía amor hacía el ambarino, más no le había respondido nada más.
Entonces, sucedió: Él, aparentemente, entró por equivocación al baño de damas, topándose con su pequeña campanilla, ahora vestida de rojo.
.- ¿Qué tanto haces en el baño de hombres, eh?
Ella tan solo le miró, aún quitándose el rimel de los ojos. Las orbes castañas detonaban molestia y por sobre todo frustración. Los ojos ambarinos solo le observaban, sin más.
.- Éste es el baño de damas, idiota –le respondió, volviendo su vista hacía el espejo. El rimel unido a las lágrimas seguía manchando y estropeando su maquillaje.
.- ¡Whaaaaa…¿De verdad? – Agregó, con tono sorprendido, algo sumamente actuado- Carajo, solo un idiota como yo se equivoca de baño
Él se volvió sobre sí mismo, llevó su mano a la perilla y la giró. La puerta no se abrió. Con algo más de fuerza intentó… más ésta no cedió.
.- Nos quedamos encerrados – le dijo, con el tono más calmado del mundo. Ella, que hasta hace poco se enjuagaba el rostro, ya terminando de quitarse el desastre ocurrido, levantó su vista, aún más frustrada.
.- ¡Qué..¡Qué le haz hecho a la puerta, tonto bueno para nadaaaa?
La del rimel corrido se acercó a la puerta. Otra vez el destino, o tal vez simplemente la escritora que debe continuar con la historia, pero bien, sea lo que sea, hicieron que uno de los tacones de la muchacha resbalara y su pie se torciera. El suelo resbaladizo le jugó una mala pasada y terminó en el suelo. Él inmediatamente, intentando ayudarle se agachó y le tomó de los hombros.
.- ¿Estás bien¿Te lastimaste?
Ya no pudo más, se sintió tan llena de cólera, frustrada y encima de todo sucia y mojada. El suelo estaba resbaladizo y húmedo, además de sucio, lleno de pisadas barrosas y cafecinas, asquerosas según Ella. Y ahora, su hermoso traje rojo se había impregnado de aquello tan exquisito.
.- ¡Suéltame Tonto Traidor! – Ella levantó su mano, para propiciarle la bofetada del siglo, pero… Él alcanzó a tomarle de ésta y con una expresión seria le dijo:
.- Te Amo…
La puerta se abrió de un golpe, haciendo perder el equilibrio del ambarino, que cayó sobre la de cabellos azabaches. Sango, al observar la escena sonrió complacida y luego volvió a cerrar la puerta, cuando en realidad, ella misma había propiciado lo ocurrido.
Él, sobre Ella y Ella, sobre toda la mohocidad asquerosa del baño le había plantado el beso del siglo, en vez de sobarse la cachetada. No es que haya querido, no, como creen. Simplemente Sango, al abrir la dichosa puerta, le hizo perder el dichoso equilibrio, y Él, no tuvo mejor opción, que aferrar sus labios a los de la de orbes castañas. No tuvo de donde más afirmarse…
Y aquel, fue un beso que duró bastante, sin contar que ambos quedaron bien húmedos… por causa de la Mohocidad asquerosa del Baño. Y por primera vez, Ella sintió como sus sentidos eran invadidos por la lengua de Él.
Y de nueva cuenta volvió a caer en su mundo, en su realidad, en su ahora vida. En donde los recuerdos eran nada más que eso…La vio, colocarse aquellos mismos tacones negros, exactamente los mismos, a los que les agradecía, el haberla hecho caer al suelo, y dejarle así besarle hasta que su sexto sentido clamaba por algo de oxígeno.
Algunos mechones del cabello de Ella se deslizaban por sus facciones. Tomó su bolso, de encima de la cómoda, dejando caer algunas de las tantas fotos. Singularmente, aquella en la cuál, El ambarino y Ella, salían del altar.
Él en tanto, permanecía sentado sobre la cama. Observando cada movimiento de Ella, cada desliz de su cabello, cada paso y cada sonido de sus tacones al tocar el suelo.
Sobre la cómoda, además de las fotos caídas, un frasco de pastillas anti depresivas se dejó ver, cuando Ella tomó su bolso y salió de la habitación. Él no pudo más que preocuparse, más que tornar su expresión a una de tristeza, una profunda, una de esas que te dejan un nudo y un hueco en la garganta, en el estómago y una sensación de ahogamiento.
Pero ellos ya no podían estar juntos, todo había terminado. Y dicen que el amor dura para siempre… Tal vez, en algún indeterminado universo paralelo, exista también el amor, y allí, tal vez si dure para siempre.
Ella se colocó su chaqueta negra, a juego con su vestido y tacones. Tomó las llaves de su auto y salió de la casa, cerrando bien la puerta. Él le siguió…
Encendió el Mustang negro, dejó su bolso en el asiento del copiloto, junto a unas rosas rojas. Él tomó asiento atrás.
Y mientras el auto se dirigía hacía un rumbo desconocido por Él, comenzó a recordar otros sucesos, al lado de Ella. Cuan bien se sentía al lado de Ella, cuanto extrañaba aquellos delicados y suaves brazos alrededor de su cuello. Y su voz, repitiendo: Te Amo… Te Amo.
Una campanada le hizo salir de sus pensamientos. Otra, y otra más. El auto se había detenido a pocos metros de una capilla. Observó por la ventana hacía sus alrededores, todo era verde, un césped hermoso que brillaba a los rayos del Sol, de aquel día despejado.
La vio, caminando entre el césped, con las rosas rojas entre sus brazos.
Buscaba algo…pareció encontrarlo, y de rodillas, lentamente, se dejó caer sobre el pasto.
Abrió la puerta del auto, mientras su expresión de tornaba corrompida. Un dolor punzante en el pecho, le ardía. Dicen que el amor dura para siempre, Él lo sabía… de antemano.
Caminó hacía Ella, con paso lento, mientras la expresión dibujada en su rostro no desaparecía. Al llegar junto a Ella, observó con horror, de aquello de lo que tanto escapaba.
Allí, sobre la lápida de mármol, su nombre se escribía en una tinta negra, al lado de una cruz. Ella lloraba, desconsolada, mientras las Rosas adornaban la sepultura de Él, del ambarino al cuanto tanto amaba.
.- InuYasha… - susurró, entre sus sollozos. El rimel se le había corrido nuevamente, como aquella vez. Pero que importaba ahora, Él ya no se encontraba a su lado, para limpiar el desastre.
Él por su parte se había quedado helado, mientras observaba lleno de una sensación de miedo, dolor y tristeza. Una sensación horrible. Sus orbes doradas, se mantenían fijas en aquella lápida, donde su nombre yacía, al igual que su cuerpo.
InuYasha Gennoske Hirenai Taisho
.- Kikyou… - no pudo más que llamarle, con tono temblante, mientras le observaba, desvanecida sobre la sepultura de Él, llorando desconsolada, mientras su cuerpo sufría leves escalofríos.
Hacía un mes, que Él había muerto en un trágico accidente automovilístico. Recordaba aún que el de orbes doradas y cabellos plateados le había llamado desde su móvil, avisándole que en cuanto llegase, le llevaría a cenar. Esa noche, quería mimarla, hacía un año se habían casado.
Y cuando sintió aquella punzada terrible en su pecho, tan fuerte que pensó que moriría, el rostro de Él se dibujó en sus recuerdos, como un aviso.
Y así era, aquel aviso, que le informaba de que, ese maldito día de lluvia, las ruedas de su amor le jugarían chueco y tras una curva el auto patinaría, dejándole estrellado en el barandal de la plaza; aquella misma plaza, donde Él le había conocido, la misma donde se esperaban cada mañana. La misma donde le regaló aquel anillo plateado, con un adorno de flor en lapislázuli, que jamás se quitó.
Y sus orbes doradas observaban ya, como aquel anillo brillaba en la mano derecha de Ella, en su dedo índice.
Hacía un mes… que Él le había abandonado. Pero Kikyou no imaginaba que su amado InuYasha no se había separado de Ella ni un solo segundo. Que Él siempre permaneció allí, cuidándole… y acariciando sus cabellos en la noche, intentando consolarle en su ahogado llanto.
Y dicen que el amor dura para siempre… Que bien lo sabía Ella.
Había intentado reconstruir su vida de nueva cuenta, al lado de otro hombre. Más no pudo, aquella mañana se lo había dicho, y con un amargo beso de despedida fue el final, de un romance sin principio, y sin amor.
InuYasha colocó su mano sobre el hombro de su amada, mientras la fría brisa surcaba los alrededores del cementerio. El patio D-12 se encontraba desolado. Tan solo Ella, y su vestido rojo lloraban.
Y sintió como unos brazos fuertes le rodearon por el cuello, y como la calidez de Él le invadía todos los sentidos. Sonrió, allí estaba su amado InuYasha, consolándole.
Regalándole un abrazo, tras una tierna sonrisa.
Y así era, Él le había abrazado, consolándole en su dolor.
Y dicen que los fallecidos se marchan a un lugar conocido como el paraíso, donde son felices. Más para Él, su paraíso fue el estar al lado de su amada y pequeña Kikyou. Ahora, el vivía el más terrible de los infiernos, al tan solo poder abrazarla como una sombra.
Sufría, y no soportaba la idea de que… ahora aquel muro invisible que los separaba era tan inmenso como la vida y la muerte. Ella respiraba, sentía. Él ya no respiraba, pero sentía… sentía como nunca.
Y Ella lloró allí, el resto del día, y parte de la noche. Mientras Él la abrigaba en sus brazos. Mientras en palabras abstractas para su amada, le repetía cuanto le amaba.
Y la vida continúa, el tiempo no se detiene. Nadie espera a nadie, y nadie espera lo que espera. Todo se viene de un sobresalto, dejándote helado, frente al duro y cruel destino, que se cierne sobre nosotros.
Necesito descansar
Tú amor me llevaré
Me voy hacía un lugar
Donde el tiempo es una ilusión.
Y Ella siguió llorando, allí.
Y dicen que el amor dura para siempre, que ciertas son esas palabras.
Por que a pesar de que el amor se sustituya y cambie
Siempre queda algún recodo en tu corazón para el.
Nunca desaparece totalmente.
Dicen y Dicen…
Más Ella ya no hablaba, solo seguía abrazada a Él
Sin notarle, sin saber.
No llores más por Mí
Siempre estoy cerca de Ti.
Los suspiros son aire, y van al aire
Las lágrimas son cristales de salina agua
Y van hacía el gran diamante cristalino salado llamado mar
…Pero…
Cuando el amor se acaba… ¿Sabes tú donde va?
¿Se acaba en verdad?
.Fin.
Malazza la Chö xD:
No es que no me gusten los finales Felices pero we TT,
las pequeñas estrofillas son de una Song de Mago, y la Rima al final de la Historia
es de Bécquer, algo modificada por mi Santa y malazza Mano xD.
Comentarios, críticas, de todo, denle una oportunidad a ésta pobre niña TT xD.
Nos estamos leyendo!