|
Author of 31 Stories |
OSCURIDAD
Disclaimer: Ya me gustaría, pero a parte de los personajes que han surgido de mi imaginación, los demás no son míos.
Agradecimientos: A Eire, que ha beteado todo el fic. A Aryblack y Perla Negra, por sus hermosos dibujos.
Y a todos quienes han seguido Oscuridad, por su paciencia, especialmente en la espera del epílogo; por todos los comentarios recibidos y por los ánimos que me habéis dado. A todos, y todas, un gran beso y mi cariño.
EPILOGO – Segunda Parte
Ocho años después…
Encontrar a tía Pansy en la estación en lugar de a sus padres, fue la pequeña gotita que rebasó el vaso de mal humor de Evon. Lo mínimo que uno esperaba después de todo un curso escolar lejos de casa, es que sus padres se dignaran a ir a recogerle. Al menos uno de ellos.
- Tu padre tenía hoy una reunión muy importante que no ha podido eludir, cariño. –le informó Pansy, ayudando a su hija menor con su baúl– Y Harry está en Irlanda. Ha habido algunos pequeños problemas con los leprecaunts, según tengo entendido, pero estará de vuelta esta tarde. Y esta noche te llevarán a cenar a ese restaurante muggle que tanto te gusta.
- Yupi… –murmuró Evon con desgana.
Claro que¿qué podía un pobre hijo esperar cuando uno de sus padres era el recién nombrado Ministro de Magia y el otro el Jefe de Aurores? Evon arrastró su baúl con total apatía por el andén, siguiendo a la amiga de sus padres y a sus hijos.
Pansy le observó de reojo. A veces Evon podía ser tan insufriblemente sarcástico como su propio padre. Clavadito a Draco a sus dieciséis años. Había dado otro buen estirón. Debía ser ya casi tan alto como su padre y no le extrañaría que un par de centímetros más que Harry. Y esa expresión de mala leche concentrada, cómo no, exacta a la de Draco también. Pero Pansy comprendía que el muchacho se sintiera decepcionado. Habían sido unos meses difíciles para la familia Malfoy-Potter, con la campaña electoral, las elecciones… Draco había estado absolutamente intratable y Harry completamente desquiciado, incluso Pansy diría que algo paranoico. Había sido éste último quien había insistido en que Evon se quedara en la escuela durante las vacaciones de Pascua para mantener a su hijo al margen de todo el circo que se había montado alrededor de su familia. Así que desde Navidad, Evon no había estado en casa.
- Evon, cariño, tu padre verdaderamente ha intentado aplazar esa reunión. –trató de consolarle– Pero no ha podido.
El chico se limitó a encogerse de hombros, como si no le importara. Atravesaron la pared que separaba las dos estaciones y salieron de King’s Cross para dirigirse al estacionamiento, donde Pansy había dejado su automóvil. El trayecto hubiera transcurrido en el más absoluto silencio, de no ser por el imparable parloteo de Althea, la menor de los Zabini, empeñada en contarle a su madre los pormenores de su vida en Hogwarts desde que había regresado de las vacaciones de Pascua hasta fin de curso, mientras su hermano mayor, Iason, renegaba de vez en cuando pidiéndole que se callara, enfrascado en la última versión de un juguete muggle al que llamaban Nintendo DS.
Evon llegó a su propia casa desde la chimenea de los Zabini.
Una vez en la mansión, el muchacho ni siquiera agradeció las demostraciones de alegría y júbilo que le brindó Puky al recibirle, feliz de tener a su amito en casa de nuevo.
- ¿Un poco de té y unas pastas¿O le apetece más que le prepare uno de esos bocadillos que tanto le gustan¿Prefiere un refresco o…?
- ¡Cállate Puky! –ordenó Evon sin contemplaciones– No estoy de humor. –se detuvo al pie de la escalera y dijo en tono mordaz– Si “alguien” llegara y preguntara por mí, estaré en mi habitación.
Dejó a Puky completamente desolado en el vestíbulo, preguntándose qué había hecho mal y si sería necesario que empezara a golpearse contra algo.
Cuando llegó a su habitación, Evon estaba todavía de peor humor. Era consciente de que el servicial elfo no se merecía el trato que le había dado y que si sus padres llegaban a enterarse, tendría sermón para un buen rato. La palabra “padres” hizo que pateara la elegante silla de su escritorio y que esta cayera al suelo con gran estrépito. Sin molestarse en levantarla, se sentó en la cama, ceñudo y enrabietado, distorsionando las bellas facciones de su rostro. Realmente había esperado que al menos papá Harry estuviera en la estación para recibirle. Y una corriente de encendida irritación le recorrió al recordar la ausencia del auror. Contaba con él para poder sobrevivir ese verano. Sobre todo, después de la tirante relación que tenía con su progenitor tras la discusión que tuvieron en Navidad y de la que, Evon estaba seguro, su otro padre había sido mantenido al margen. De lo contrario, conociéndole, le habría faltado tiempo para meterse por medio intentando arreglar las cosas entre ellos.
Evon quería a su padre adoptivo. Es más, sentía verdadera adoración por él. Aunque, como buen Malfoy, a veces fuera moderado y sobrio a la hora de demostrar sentimientos. Pero jamás haría nada que pudiera herir los de Harry. Esa era la principal razón de que siempre hubiera tratado ese particular tema con su progenitor con total discreción. Ambos lo habían hecho. Porque el muchacho no estaba muy seguro de que el auror entendiera las razones que le habían llevado a enfrentarse a su padre Draco en otras ocasiones, aunque la de Navidad había sido la peor. Se dejó caer de espaldas sobre la cama y cerró los ojos. Tenía derecho a saber. Se pusiera como se pusiera su padre.
En algún momento debió quedarse dormido, porque unos firmes golpes en la puerta le despertaron, sobresaltándolo. Se incorporó de un salto y acomodó sus ropas con rapidez.
-Adel ante. –dijo en tono seco, dispuesto a mantenerse distante y ofendido, fuera quien fuera el que estuviera a punto de entrar.
La puerta se abrió para dejar paso a un sonriente y acalorado Harry, que parecía haber hecho corriendo el camino desde Irlanda hasta Wiltshire. Avanzó hacia él con los brazos abiertos para estrujarle a continuación entre ellos, hasta casi dejarle sin respiración.
- ¡Merlín bendito, has vuelto a crecer! –exclamó Harry separándose un poco del chico para verle mejor– Sentimos no haber podido irte a recoger. –miró su reloj– Pero tu padre no tardará y nos iremos a cenar.
Evon se dejó repasar de arriba abajo por los felices ojos verdes, tratando de mantener su estoicismo. Estaba enfadado y no se iba a dejar convencer ni por abrazos ni por disculpas.
- Sí, tía Pansy ya me dijo que estabais “muy ocupados” para poder venir a recogerme.
Harry le dirigió entonces una mirada mucho más atenta, aunque pretendió no darse cuenta del tono acusador que su hijo había empleado. En ese momento se dio cuenta de la silla todavía volcada en el suelo.
- ¡Oh, vamos campeón! Tampoco es como si aún tuvieras doce años. –dijo sin perder la sonrisa ni el humor, encajando su fuerte brazo en el cuello del muchacho– ¡Por Dios! Pronto tendré que ponerme de puntillas para poder hacer esto.
Evon se dejó hacer, haciendo verdaderos esfuerzos para no corresponder a ninguna de las muestras de afecto de su padre. Porque en el fondo, quería hacerlo.
- ¿Vas a contármelo? –la voz de Harry había oscilado de ese tono de padre contento al de padre preocupado.
Evon alzó una ceja, en un gesto tan parecido, por no decir idéntico, al de Draco, que Harry habría podido dudar de a quién tenía en ese momento estrechamente agarrado por el cuello.
- Vamos a ver, supongo que tus notas han sido excelentes, así que… ¿es por qué tu padre no pudo ir a ver el último partido¿Por las vacaciones de Pascua?–Evon negó dos con la cabeza– ¿Mal de amores, entonces¿Una chica? –Evon volvió a negar– ¿Un chico que se ha atrevido a ignorar tus innegables encantos? –esta vez, Evon dejó escapar un resoplido de hartura. Harry le revolvió un poco el pelo, sabiendo que ese gesto le irritaba tanto como a Draco– Me rindo. Dime qué es entonces.
- No es nada, papá.
El tono fue tan poco convincente que Harry frunció el ceño y sopesó posibilidades, decidiéndose finalmente a hacer la irremediable pregunta.
- ¿Te ha vuelto a enviar otra de esas cartas la abuela Narcisa?
Esta vez Evon dejó escapar un largo y resignado suspiro.
- La abuela nunca deja de enviarme ESAS cartas. Lo sabes.
Harry apretó todavía más el ceño.
- Mejor que tu padre no se entere. –dijo– No nos hace falta ningún otro altercado familiar como el de la Navidad pasada.
Harry le dio un apretón cariñoso y todavía sin soltarlo, condujo a Evon hasta la cama donde ambos se sentaron. El Jefe de Aurores esbozó una sonrisa maliciosa, señalando la silla volcada.
- Puedo soltar esta lengua tan rebelde con un poco de Veritaserum, así que, tú mismo…
Evon puso los ojos en blanco y se deshizo del brazo de su padre con algo de brusquedad.
- Está bien. –se rindió éste sin poder evitar sentirse un poco dolido– Cuando quieras, ya sabes donde estoy. Cámbiate, tu padre no tardará.
Evon le vio alejarse hacia la puerta y su estómago se encogió un poco. Sabía que su padre no estaba enfadado, pero sí decepcionado.
- Papá, sabes que te quiero ¿verdad? No importa lo que diga la abuela ni la cantidad de cartas que me envíe.
Harry se detuvo y se volvió hacia su hijo.
- Por supuesto que lo sé. –afirmó, un poco sorprendido.
La expresión de Evon en esos momentos era anhelante y un punto atormentada. Harry, por primera vez, sintió un poco de preocupación. Regresó hacia la cama y se sentó nuevamente al lado de su hijo.
- ¿Es por algo que te haya dicho la abuela, Evon? –preguntó, tratando de encontrar la mirada que el muchacho ahora le esquivaba– Ya sabemos como es. Y tú deberías saber también que a estas alturas, nada de lo que diga de mí puede ofenderme. Así que tampoco debe ofenderte a ti.
- Lo sé. –Evon sonrió débilmente– No… no es eso realmente…
Evon se preguntaba si su padre entendería. Que si confesaba lo que realmente le preocupaba, sería comprensivo y tolerante con su deseo. Se pateó mentalmente por ser tan débil. Porque los Malfoy-Potter no eran débiles, si no muy capaces de resolver sus problemas por sí mismos y afrontar las consecuencias de sus actos. Lo cual no era detrimento para que, a veces, los Malfoy-Potter necesitaran abrazar a su padre y decirle lo fenomenal que era, sin caer en la debilidad.
- Eres realmente un padre fantástico, papá. No te cambiaría por nadie en el mundo, te lo juro. –y le abrazó con fuerza.
Aturdido, Harry empezó a sentirse verdaderamente preocupado. Miró a su hijo intentando adivinar lo que se escondía tras su mirada gris. Sin lugar a dudas, esta vez Narcisa se había pasado de la raya. Le devolvió el abrazo, intentando tranquilizarle para que encontrara por fin el valor para soltar lo que le estaba corroyendo.
- ¿Qué sucede, Evon? –preguntó suavemente.
Su hijo no respondió inmediatamente. Siguió abrazado a él durante unos instantes antes de decir:
- Prométeme que no te enfadarás. Porque no es que te quiera menos ni nada parecido, papá.
El corazón de Harry empezó a latir un poco más deprisa.
- Sea lo que sea, no voy a enfadarme. Lo prometo. –dijo.
Evon se separó un poco de su padre para mirarle con sus penetrantes ojos grises, que al igual que los de Draco, jamás dejaban de tener en su fondo un punto de desafío.
- Quiero conocer a mi madre.
Harry no habría podido decir que la petición le hubiera parecido extraña. Pero sí que le había pillado completamente por sorpresa. Cuando Evon tuvo edad para empezar a hacerse preguntas, tuvieron que explicarle que él también tenía una mamá. Había vivido los embarazos de Hermione y tía Pansy. Y esas enormes barrigas despertaban la curiosidad de cualquier niño. Le explicaron que, a veces, la relación entre los padres no funcionaba y decidían que lo mejor era separarse y que cada uno siguiera con su vida. Y eso era lo que habían hecho papá Draco y su mamá. También, a veces, los padres volvían a encontrar a otra persona, de la que se enamoraban y con la que deseaban vivir. Y su padre había encontrado a Harry. A Evon nunca le había parecido extraño tener dos padres. De pequeño, no le había dado importancia, porque era un niño amado y feliz. Y después, había descubierto que otros niños también los tenían. Incluso dos mamás, también. Además¿cuántos niños podían presumir de un padre famoso que salía en los libros de historia del colegio?
Harry le había prometido a Evon que hablaría con Draco, a pesar de sentirse un poco dolido porque aquel asunto coleaba desde Navidad y él no se había enterado hasta ese momento. Y lo que había previsto como una cena agradable y festiva, para celebrar los buenos resultados académicos de Evon y que ya le tenían otra vez en casa, acabó siendo un esforzado monólogo por su parte, entre caras serias y una comida carísima mal aprovechada.
o.o.o.
Ahora, tendido en la cama y con una extraña sensación en la boca del estómago, Harry escuchaba la casi imperceptible respiración de su esposo. Sabía que no estaba dormido, a pesar de tener los ojos cerrados. Y le encorajinaba su silencio, como si no tuvieran nada importante de que hablar.
- Sé que estás despierto. –dijo finalmente– Así que deja de fingir y afrontemos esto de una vez.
Un pequeño gruñido le indicó que sus palabras no habían sido muy bien recibidas.
- No hay nada que afrontar. –dijo Draco sin abrir los ojos– Se le pasará.
Harry se armó de paciencia. Sabía desde el principio que no sería fácil.
- Debes hablar con él. –insistió– Tiene muchas preguntas. Y tú las respuestas.
- No. –fue la tajante respuesta.
- ¿Por qué?
Entonces Draco se incorporó con algo de brusquedad y Harry dio un pequeño respingo cuando se encontró de repente con el rostro de su esposo a pocos centímetros del suyo. Sus ojos grises centellearon en la penumbra.
- Evon no necesita saber nada de esa zorra. Está muerta para mí. No existe. Lo único bueno que hizo en su vida duerme al otro lado del pasillo. No voy a dejar que esa vieja historia le haga daño a él también.
Antes de que Draco pudiera volver a acostarse, Harry puso una mano firme en su nuca, impidiéndole retirarse.
- Ya lo está haciendo, Draco. A los dos. ¿Cuántos meses lleváis Evon y tú sin hablaros apenas? Seguramente mientras ha estado en Hogwarts ha resultado fácil. Pero¿pensáis ignoraros también todo el verano, hasta que empiece el nuevo curso? O a lo mejor piensas que la solución será encerrarte en tu despacho de Ministro de reunión en reunión hasta las tantas, esperando a que “se le pase”. Porque te advierto que con quien vas a empezar a tener serios problemas entonces, será conmigo.
El rubio no respondió, limitándose a apretar las mandíbulas con fuerza y a mandarle una mirada furibunda. Pero los hermosos ojos verdes de su esposo, habían endurecido su mirada tanto como la suya. Draco comprendió que Harry estaba más que dispuesto a tomar las medidas que fueran necesarias. Sin embargo, el firme agarre de la mano aflojó y los dedos empezaron a moverse gentilmente por el cabello de su nuca.
- Sé que suena extraño que lo diga yo, Draco, pero deja de protegerle. Él no quiere que lo hagas. Sé por propia experiencia que eso a veces resulta mucho más doloroso que la propia verdad.
La tensión en el rostro de Draco pareció decrecer un poco. Pero igualmente dijo:
- Evon no necesita pasar este mal trago. Me niego.
Pero dejó que Harry le arrastrara sobre su pecho y le abrazara.
- Quizás necesite ese mal trago, amor. Es casi un adulto. Cumplirá diecisiete en diciembre. –le recordó– Su último curso en Hogwarts. Tendrá que tomar muchas decisiones sobre su vida a partir de entonces. No permitas que otras preocupaciones distraigan su atención de un momento tan importante para él.
Harry sentía el aliento caliente de Draco sobre su piel, mientras éste se negaba todavía a darle una respuesta.
- Si tú no quieres verla, yo le llevaré. –se ofreció, a pesar de que le hacía tan poca gracia como a su esposo.
Pero Draco negó rotundamente.
- No. –dijo– Supongo que es algo que Evon y yo tendremos que afrontar. Sólo… déjame pensarlo.
Harry sabía que no podía esperar una rendición rotunda y que ese “déjame pensarlo” era lo más cercano a una afirmación que iba a conseguir por el momento.
- Bien. –aceptó.
Besó con ternura la rubia cabeza apoyada sobre su pecho. Y después le dio un doloroso y retorcido pellizco a la nalga que tenía más a mano.
- ¡Auchhh!!! –se quejó Draco, sorprendido y dolorido.
- Y la próxima vez que me ocultes algo sobre nuestro hijo, no me limitaré a un pellizco, amor. Recuérdalo antes de que consideres “protegerme” a mí también.
Draco se frotó la dolorida nalga a través del fino pijama, pero sonrió. Harry había dicho “nuestro hijo”. Las mismas palabras que había utilizado durante años para referirse a Evon. Había sido bastante tonto por su parte temer que su esposo pudiera sentirse herido o amenazado por aquel repentino interés de Evon por su madre.
- Lo recordaré. –susurró.
Y se relajó por fin entre los brazos de su esposo.
o.o.o.
Dos días después de aquella conversación, Draco había ido a buscar a Evon a su habitación a primera hora de la mañana. Harry sabía que tragándose una buena dosis de orgullo Malfoy, y ambos habían bajado al jardín, donde Puky había servido el desayuno. El día anterior, Draco había puesto del revés la agenda de medio Ministerio, para poder pasar ese día con su hijo y resolver asuntos privados que en ese momento eran mucho más importantes. Y aunque Harry se moría por aparecerse en la mansión a la hora de comer, para saber cómo habían ido las cosas entre padre e hijo, el trabajo se lo impidió. Cuando llegó por la tarde, ni Draco ni Evon estaban en casa. Puky le informó que habían salido a volar. El rostro de Harry se iluminó con una sonrisa de satisfacción. Bien, pensó, muy bien. Se duchó y sustituyó el uniforme por ropa más cómoda. Después bajó al jardín y se instaló en una de las tumbonas con una cerveza y una bolsa de patatas fritas con sabor a salsa barbacoa. Ambas de procedencia genuinamente muggle. Se dedicó a observar el cielo, intensamente azul, a la espera de que aparecieran las dos personas más importantes de su vida. Casi una hora después, tras otra cerveza y media bolsa de patatas más, dos Malfoy acalorados y jadeantes aterrizaban a pocos metros de él.
- Espero que no te hayas dejado ganar. –dijo Harry mientras levantaba la mano y su hijo chocaba la suya con una gran sonrisa.
- Le he machacado. –sentenció Evon en tono triunfal, mientras le mostraba la snitch que guardaba en su mano. Después se inclinó para susurrar– Un día de estos tú también caerás.
Harry soltó una espontánea carcajada.
- Sigue soñando, campeón, sigue soñando.
- Torres más altas han caído… –le recordó su hijo en tono suficiente.
- Tú sólo procura no caerte de la escoba la próxima vez que juegues conmigo. –se burló Harry– Yo no soy tu padre.
Draco apartó con algo de brusquedad las piernas de su esposo a ambos lados de la tumbona y se dejó caer con fuerza sobre un desprevenido Harry.
- Os recuerdo que sigo aquí. –gruñó.
Harry se quedó unos segundos sin aire y después se removió un poco para dejar a Draco repantigarse confortablemente sobre él.
- Creo que necesitas una buena ducha, cariño. –bufó apartando el rostro del empapado cabello.
- ¿Subes conmigo? –preguntó Draco en tono insinuador, mientras su trasero empujaba contra la entrepierna del moreno.
- ¿Para darte linimento? –se burló Harry.
- Para darme lo que tú quieras…
Y estiró el cuello hasta alcanzar los labios de su esposo.
- Aghhh, yo también sigo aquí¿sabéis? –se quejó Evon– Creo que yo sí subiré a ducharme. Antes de que empecéis con las tonterías.
Ambos le vieron desaparecer por la amplia cristalera que separaba el comedor del jardín, con la mirada derretida de satisfacción.
- Es jodidamente bueno. –musitó Draco con orgullo.
- Ha tenido buen maestro. –observó su esposo, sin quedarse atrás.
- Cállate, Potter, los genes son míos.
Harry soltó una sonora carcajada.
- Justamente. Y el pobre chico todavía se pregunta porqué aún no me ha podido ganar… –Draco volvió el rostro, lanzándole una mirada absolutamente ofendida– …pero lo hará pronto. Me estoy haciendo viejo…
Draco clavó un codazo que el otro aguantó con estoicismo, sin perder la sonrisa burlona. Permanecieron en silencio unos minutos, disfrutando de su mutua compañía.
- ¿Ha ido todo bien? –preguntó por fin Harry.
- Aja. –respondió Draco, sin ser muy específico.
- ¿Le has quitado la idea de la cabeza?
- ¿Bromeas? –ironizó– Tiene a quien parecerse.
Harry dejó escapar un pequeño suspiro.
- Obstinado y persistente, como su padre. –sonrió. Después añadió con cierto deje de preocupación– ¿Podrás con esto, amor?
Draco buscó la mano de su esposo y la entrelazó con la suya.
- He podido con cosas peores. –dijo.
- Eso es cierto. –admitió Harry, besando su sien– Lo sortearemos juntos, como esas tantas otras cosas.
- Juntos. –musitó Draco.
Y durante mucho rato no se movieron, arrebujados el uno en el otro.
o.o.o.
Draco había decidido dar aquel paso después de meditarlo profundamente. No es que no comprendiera a su hijo. Pero Evon no conocía la historia completa y él había esperado poder evitarle el descubrimiento de hechos que sabía iban a herirle. Sí a pesar de todo, después Evon seguía insistiendo en viajar hasta Suiza y conocer a su madre, le acompañaría.
Terminó de preparar los recuerdos que había seleccionado, junto con los que Harry había dejado esa mañana, antes de irse al trabajo. Después, llamó a Puky y le dijo que buscara a su hijo y le pidiera que se uniera a él en su habitación. El muchacho no tardó en aparecer.
- ¿Qué sucede, papá?
Draco se volvió hacia su hijo y Evon sintió un repentino temor. Pocas veces le había visto tan serio.
- ¿Sigues queriendo conocer a tu madre, Evon? –preguntó sin elevar mucho la voz, pero en un tono absolutamente firme.
Evon se recompuso rápidamente y respondió con la misma firmeza con la que había sido formulada la pregunta.
- Sí.
- Entonces, acompáñame.
Evon jamás se había sumergido en un pensadero. Tampoco sabía que su padre tuviera uno. La sensación fue extraña y algo angustiante al principio, como si le absorbiera un remolino, rodeado de una sustancia negra y fría como el hielo. Sin embargo, sentir la mano de su padre asiéndole firmemente por el brazo le dio la tranquilidad necesaria.
Se encontraban en el comedor de una casa que Evon no recordaba haber visto nunca. No habría podido decir si pertenecía a una de las propiedades de la familia, porque eran muchas y él no guardaba recuerdo de todas. Eres la madre de mi hijo, estaba diciendoel joven recuerdo de su padre en ese momento, y siempre te respetaré por ello. Pero no te amo, Victoria. Lo siento. Un pequeño temblor agitó el labio de la mujer de largo cabello castaño, sentada a la mesa frente a su padreSu tez era muy blanca y tersa. Evon pensó que era guapa. Mereces estar con alguien que te quiera. Y seguramente encontrarás a un hombre que te merezca más que yo. Ella parpadeó de forma algo exagerada y Evon pudo ver que sus ojos eran azules. ¿Estás… estás sugiriendo que nos divorciemos? Su padre asintió y ella se llevó la mano a la boca para ahogar un sollozo. No llores, por favor, rogó el recuerdo de su padre, muchos magos y brujas se divorcian y siguen con sus vidas después. Evon pensó que su madre parecía angustiada. Pero no nuestras familias, rebatió ella, ¿Qué crees que dirá la gente? Su padre tenía esa expresión que Evon conocía tan bien. La que indicaba que estaba intentando por todos los medios no perder los estribos. Su madre volvió a hablar, sollozante. ¡Estaremos en boca de todos! ¡Dirán que no he sido una buena esposa! Pero su padre la tranquilizó en seguida. No te preocupes por eso, Victoria. Yo asumiré toda la culpa del fracaso de nuestro matrimonio. Por el cambio de expresión de su madre, Evon tuvo la impresión de que acababa de quitarse un gran peso de encima. Bien, fue lo único que dijo. Su padre meneó un poco la cabeza, como si considerara aquella clara muestra de superficialidad un caso ya perdido. Después, volvió a tomar la palabra. Sólo hay una cuestión más que deberíamos tratar, Victoria. Me gustaría que Evon se quedara conmigo, si tú no tienes inconveniente. Como mi heredero, desearía que se criara en la mansión Malfoy. Al oír la mención de su nombre, a Evon el corazón le dio un pequeño vuelco. Miró anhelante al recuerdo de su madre. Ella pareció meditarlo con detenimiento, como si sopesara todas las posibilidades. Y el adolescente no pudo menos que cuestionar el porqué su madre tenía que pensárselo tanto. Y la respuesta no fue, ni mucho menos, la que su hijo esperaba. ¿Podré verle siempre que quiera?, preguntó. Por supuesto, afirmó su padre. Entonces, está bien, dijo ella.
Evon miró a Draco, a su lado. ¿Y ya está¿Ahí terminó todo? Su padre le dio un apretón cariñoso al brazo por el que le tenía cogido. Pero Evon sintió que su corazón se encogía un poco, decepcionado. Su madre se había angustiado y sollozado por el qué diría la gente de su divorcio. Pero no se había molestado en luchar por él. De pronto, el recuerdo de su padre pareció mucho más pálido, descompuesto y su madre le preguntó si se encontraba bien. Las imágenes se disolvieron bruscamente y con la misma rapidez, se encontró en otro escenario.
Su padre estaba tendido en una cama y trataba de incorporarse. Finalmente logró ponerse en pie. Un poco a trompicones y con una expresión aturdida en su rostro, logró llegar hasta la puerta. Evon jamás había visto a su padre borracho, pero lo primero que pensó en ese momento era que su progenitor se había pasado de copas. ¿Habría estado celebrando su divorcio? El recuerdo de su padre intentó abrir la puerta de la habitación, pero no pudo. Después deambuló por toda la estancia, como si buscara algo que hubiera perdido y le hiciera mucha falta. Evon miró a Draco con expresión interrogante y éste le indicó con la mano que tuviera paciencia. El recuerdo de su padre se había sentado nuevamente en la cama, sujetándose la cabeza con las manos, como si no pudiera con la resaca. Y de pronto, la puerta se abrió para dejar paso a un hombre de espeso pelo negro, de constitución delgada y nervuda, que miró a su padre con verdadero odio. Por fin estás despierto. Y espero que lo suficientemente despejado para que mantengamos una pequeña conversación. Evon se dio inmediatamente cuenta de que el odio era mutuo. ¿De qué va todo esto, Nott?, preguntó su padre. Va de tu escaso sentido de la colaboración con tu familia política, amigo mío. Su padre se puso en pie y hundió las manos en los bolsillos de su pantalón. Evon se dio cuenta entonces de que el tal Nott tenía una varita en la mano y que la blandía con aire amenazador. En dirección a su padre. Entonces también comprendió que su padre no sufría una espectacular resaca ni había estado celebrando ningún divorcio. Miró hacia su padre actual y éste se lo confirmó con un leve asentimiento. Sé razonable, Draco. Y todos saldremos ganando. También a ti te reportará jugosos beneficios. El recuerdo de su padre se encogió de hombros, en actitud desdeñosa. No me interesa. Se lo dije claramente a mi suegro en su momento y no he cambiado de opinión. Evon vio que al otro hombre la respuesta no le hizo mucha gracia. Pero insistió, adoptando un tono burlón. Parece mentira que un hombre tan inteligente como tú, tenga en realidad tan poca visión. ¡Piensa en las ventajas¡En todo los galeones que podrías ganar! La respuesta de su padre fue cortante y cargada de aborrecimiento. ¿Qué parte de “no me interesa” no has entendido, Nott? Entonces, la mirada de ese hombre que Evon ya odiaba con toda su alma, destelló un brillo de astucia mientras esbozaba una sonrisa que al muchacho se le antojó de lo más pérfida. Te contaré algo que seguro TÚ, si entenderás. En estos momentos, Victoria debe estar ya en casa. Ha ido a buscar a tu hijo. He de reconocer que tu esposa tiene escasas luces, pero sabe seguir las instrucciones al pie de la letra. La saliva espesó en la boca de Evon y su respiración se detuvo durante unos segundos. Vio como el recuerdo de su padre daba un paso hacia su secuestrador, sus ojos fríos como el hielo, destilando tanto odio que incluso Evon sintió un pequeño estremecimiento; los puños apretados, conteniéndose apenas. No te atrevas a tocar a mi hijo. Pero el otro le detuvo enarbolando la varita contra él. Ni se te ocurra, le amenazó. Evon sabía que su padre no tenía ninguna posibilidad de salir con bien de aquella situación. Y a pesar de que se lo estaban comiendo todos los demonios, su progenitor conservó la suficiente sangre fría como para preguntar, ¿Qué es lo qué quieres? El tal Nott esbozó una sonrisa de triunfo y le tendió varios pergaminos, que extrajo del interior de su túnica. Esto es lo más urgente. Y asegúrate de dejar bien clara tu firma mágica.
Tan sorpresivamente como la vez anterior, saltaron al siguiente recuerdo, sin que Evon tuviera tiempo de sobreponerse a lo que acababa de ver. El joven mago tuvo la impresión de que había pasado algún tiempo desde el recuerdo anterior. En este, su padre se veía algo desaliñado, con barba de varios días. Llevaba la misma ropa, pero más arrugada. La puerta de la habitación donde estaba encerrado volvió a abrirse, esta vez de forma intempestiva. Nott entró como una exhalación y antes de que su padre pudiera tan siquiera intentar defenderse, un fuerte puñetazo le derribó al suelo. Nott se agachó sobre él y cogiéndole por el cuello de la camisa le sacudió violentamente. De pronto, Evon se encontró dando furiosas patadas al aire, puñetazos que no alcanzaban a nadie, fuera de sí, intentando golpear al hombre que sujetaba a su padre contra el suelo. Lleno de ira, apenas fue consciente de que su padre real, tiraba de él y le sujetaba entre sus brazos hasta hacerle comprender que aquello era inútil. Que seguía siendo un recuerdo. ¿Dónde diablos está tu hijo, Malfoy?, oyó que preguntaba Nott lleno de ira. Tu mujer asegura que no está en la mansión, ni tampoco el elfo que suele cuidarlo. Su padre recibió un nuevo golpe y Evon se echó instintivamente hacia delante. Pero esta vez Draco estaba prevenido. Te crees muy listo ¿verdad? Para sorpresa de Evon, el recuerdo de su padre en ese momento empezó a reírse. Como un loco. Como si de pronto nada le importara ya.
Después se sumergieron en varios recuerdos que no podían ser de su padre Draco, si no de su padre Harry. El primero de ellos estaba situado en un despacho que parecía del Ministerio. Hermione, la amiga de su padre Harry estaba sentada tras la mesa y Evon comprendió que el despacho era suyo. También estaban el tío Blaise y la tía Pansy, llorosa y descompuesta, con el abogado de sus padres. Y Ron, el marido de Hermione, también auror. Su padre Harry sostenía sobre sus rodillas un bebé de aproximadamente un año que, no le cupo la menor duda, era él mismo. Hermione les estaba explicando a todos el hechizo que su padre Draco había utilizado para protegerle, entregándole al entonces auror Potter, para que cuidara de él. Y cuando la cosa parecía que iba a ponerse interesante, con un Ron Weasley a punto de explotar, empezando a preguntarle a su mujer porqué Malfoy –no podía ser otro que su padre– y ella se veían, el recuerdo acabó bruscamente. Evon miró a su padre con reproche pero éste se hizo el desentendido. Le siguieron algunos recuerdos más, fragmentos de la investigación que ayudaron a entender al muchacho el porqué de toda aquella situación y finalmente, el interrogatorio de su abuelo y el de su madre. Evon llegó a dos conclusiones. La primera, que su padre Harry, realmente cabreado, daba miedo. Le aseguro que no tenemos que estar en la misma habitación, ni siquiera en el mismo edificio para que pueda alcanzarle. Evon sintió una especie de escalofrío. Ni siquiera la voz sonaba a la de su habitualmente cariñoso padre. Mi interés en este caso es personal. MUY personal. Y puedo convertir su vida en un infierno si no tengo a Draco de vuelta antes de finalizar el día. A Evon no le pasó desapercibido que su padre había dicho “Draco” y no “Sr. Malfoy”, como hubiera sido lo correcto. La segunda, que su madre no se merecía ni ese nombre, ni que él perdiera su tiempo en ir a conocerla.
En ese justo momento, Evon sintió como tiraban de él para salir del pensadero. Un poco desorientado se apoyó en su padre, quien todavía le tenía agarrado por el brazo, hasta que sintió sus piernas los suficientemente seguras como para sostenerle por sí solo. Draco, por su parte, guardó silencio. Esperando la reacción de su hijo con el corazón en un puño, removido por recuerdos que hubiera deseado no tener que revivir. Observó a Evon, algo cabizbajo, por cuyo rostro estaban cruzando mil y una emociones en ese momento. Y sintió rabia e impotencia, porque no había nada que él pudiera hacer para remediar la decepción y la aflicción que su hijo sentía. Al poco Evon levantó sus ojos, cristalinos y entristecidos, hacia él.
- No me quería. –dijo con la voz estrangulada– Creo que puedo seguir viviendo sin conocerla.
Evon se dejó envolver en el abrazo protector y afectuoso de su padre.
- Yo te quiero por los dos, hijo. –susurró Draco, tratando de que su voz sonara serena y mucho más firme de lo que él mismo se sentía en ese momento. Evon asintió sobre su hombro– Y Harry… sabes cuánto te quiere también tu padre¿verdad? –el chico volvió a asentir– Entonces, olvidemos este asunto, Evon. Para siempre.
Evon se separó un poco de él y le miró. Con los mismos ojos grises. Con la misma intensidad. Con esa ceja a medio alzar, gemela de la suya. Y esos dos hoyuelos que no había heredado de él.
- No me has dejado ver el final. –le reprochó el muchacho, tras un ligero carraspeo.
- ¿Qué final? –preguntó Draco, desconcertado.
- Cómo papá te rescató.
Draco negó con la cabeza, esbozando una leve sonrisa.
- Has oído esa historia mil veces, Evon. –le recordó– Todo auror que estuvo allí ese día te la ha contado un montón de veces. Ron Weasley, como mínimo, unas cien.
Más que nada, por fastidiarle, no pudo evitar pensar Draco.
- Pero no lo he visto. –insistió el chico.
- Ni falta que te hace.
Evon se quedó pensativo unos momentos.
- Tengo muchas preguntas…
Su padre le miró con expresión paciente, dispuesto a responder hasta donde pudiera.
- ¿Qué clase de preguntas? –inquirió.
- Esa conversación que se quedó a medias, en la que Ron decía algo sobre su mujer y tú…
- Nada relevante que pudiera aportar dato alguno sobre tu madre. –respondió Draco con tranquilidad– Weasley suele ver arder Roma antes de que haya fuego.
Evon le miró con aire retador. Ahí iba otra vez, pensó Draco.
- Hagamos un trato. –propuso Evon– Si te gano la snitch en el próximo juego, me dirás porqué papá Harry te llamaba “Draco” con tanta familiaridad, cuando se supone que apenas os tratabais…
- ¿A qué le llamas tú familiaridad, hijo?
- ¡Oh, vamos papá!
Draco sonrió, meneando un poco la cabeza, mientras Evon sostenía una mirada desafiante, muy al estilo Malfoy.
- Hagamos otro trato. –sugirió Draco en un tono que puso a su hijo inmediatamente alerta– Si me prometes no volver a hacerlo a espaldas nuestras, yo olvidaré que te has estado escapando a Londres las últimas noches, y en qué locales has estado.
Evon palideció.
- Yo no… –trató de desmentir, componiendo una expresión la mar de ofendida.
- Tú sí. –afirmó su padre con una sonrisa indulgente. Después, en un tono más serio preguntó– Has utilizado protección¿verdad?
De su palidez extrema, Evon pasó a un rojo intenso.
- ¡Papá! –jadeó.
- ¡Ni papá, ni troll muerto, Evon! –exigió Draco, olvidando su condescendencia.
Evon miro a su padre con fastidio, tratando de adivinar cómo había sido descubierto. Sintió que su sangre bullía sólo de pensar que su otro padre era capaz de haber mandado a todo un escuadrón de aurores a seguirle por todo Londres.
Los compré en una farmacia muggle. –confesó, mortificado– No soy tan idiota.
Draco alzó una ceja imitando su gesto.
- Pues demuéstrame que verdaderamente no lo eres y no vuelvas a pisar uno de esos antros. –una sonrisa maliciosa apuntó en sus labios– No creo que a Laura Worthow, le haga mucha gracia saber donde la mojas.
Evon le dirigió una mirada de absoluta irritación.
- ¿Hay algo que no sepas? –preguntó, molesto.
- Seguramente. –respondió su padre, volviendo a su expresión condescendiente– Un chico tiene que tener sus secretos¿no?
Evon entrecerró los ojos y miró a su padre, muy a su pesar en ese momento, con absoluta admiración. La maniobra de distracción había sido brillante y efectiva. Y absolutamente humillante para él.
- Supongo que un padre también. –admitió, seguro de que su progenitor difícilmente respondería a ciertas preguntas.
Draco sonrió con indulgencia.
- Exacto. Me alegra de que lo hayas comprendido.
Evon también sonrió. Después de todo papá Harry a veces era tan fácil de convencer…
o.o.o.
Habían pasado casi diecisiete años desde que Harry había visto a Draco guardar su pensadero en uno de los pequeños armarios sobre los que se elevaba la biblioteca personal de su esposo, en la habitación que compartían. Once desde que habían formalizado su unión legal bajo la ley muggle. Apenas tres, desde que habían contraído matrimonio tras la aprobación de la ley mágica. De pie ante el sólido escritorio de madera noble, Harry llevaba más de diez minutos contemplando fijamente el pensadero que Draco había olvidado guardar aquella tarde. En diecisiete años no lo había vuelto a ver. Hasta esa misma mañana, cuando Draco le había pedido que depositara en él determinados recuerdos. En todos esos años jamás había sentido la necesidad de saber. Tal como le había dicho aquella noche a Draco, no necesitaba conocer cuánto le había amado antes. Sino que le amaba en ese presente y no al recuerdo de ese otro Harry que para él no existía.
Finalmente, y tras un primer paso vacilante, –fuiste un Gryffindor, que no se diga– Harry decidió que tal vez ya era tiempo.
o.o.o.
Su auror era un hombre duro. Curtido a costa de cada encontronazo que la vida le había reservado. Su trabajo tampoco dejaba lugar para flaquezas ni debilidades. Draco sólo le había visto llorar dos veces. La primera, en una vida distinta a la presente. Y había sido de rabia y coraje. La segunda, un par de años atrás, cuando Remus Lupin había fallecido. Y había sido de dolor por la pérdida de un ser tan querido.
Las lágrimas que ahora resbalaban por el rostro de Harry eran distintas. Su expresión se mostraba serena. Pero el río que brotaba de sus ojos parecía incontenible e interminable. Lo que más preocupaba a Draco en ese instante era que desconocía la razón. Se había sentado a su lado, en silencio, con la innegable sensación de que no era momento para hablar. De que Harry no deseaba que preguntara todavía. Draco no habría podido decir cuanto tiempo pasó hasta que su marido se volvió hacia él, mirándole con tal intensidad que su estómago se llenó de mariposas. Después Harry extendió la mano y la llevó hasta la mejilla de Draco. La punta de sus dedos reposó un instante en ella para después iniciar un suave movimiento y recorrerla despacio. Comprendiendo, Draco contuvo la respiración, como lo había hecho mucho, mucho tiempo atrás, mientras que su corazón empezaba a latir con tanta fuerza que amenazaba con salírsele del pecho. Cerró los ojos, concentrado totalmente en las sensaciones que se extendían por su rostro. Ahora con ambas manos, los pulgares de Harry acariciaron suavemente los parpados cerrados y después viajaron hacia sus sienes. A continuación, un dedo resbaló despacio por su nariz para caer lentamente sobre sus labios y recorrerlos cuidadosamente. Y allí esperaron, como si le cedieran el siguiente movimiento. Draco atrapó un par de dedos entre sus labios, jugueteando unos instantes con ellos.
- ¿Recuerdas lo que me dijiste? –preguntó Harry, hablando por primera vez.
Su voz sonó ronca y frágil, a punto de romperse en cualquier momento. Draco asintió, tomando la muñeca de su marido para besar la palma de su mano.
- No me rechaces, por favor. –susurró después, rememorando el instante al que Harry se refería.
Harry no negó como en aquella ocasión, entonces probablemente temeroso de una mentira que no podía ver. Esta vez, sólo esperó. Anhelante, febril, mirando a Draco con la intensidad que surgía arrolladora desde el fondo de su alma. Porque ahora era capaz de comprender la verdadera profundidad del amor que Draco le había profesado. Que le profesaba.
Draco soltó su muñeca para tomar el rostro del auror entre sus manos. Los ojos de ambos pudieron encontrarse esta vez, hablando sin palabras. Diciéndose tantas cosas como el corazón podía desbordar en ese momento. Draco restregó suavemente los pulgares por las mejillas de su esposo, arrastrando humedad y agradecimiento, acercando su rostro al suyo. Los labios de Harry se abrieron, temblorosos e impacientes. Deseosos. Como si jamás hubiera probado los que, lentamente, se acercaban a los suyos. Draco casi podía sentir la misma excitación de ese otro momento, el mismo nerviosismo. Cuando sus labios alcanzaron la tibieza de los de su compañero, presionaron levemente, saboreándolos gentilmente, sin prisa. Y como entonces, Harry se perdió en sus brazos, pero fundiéndose contra su cuerpo con una pasión distinta, más crecida, más viva. Lejos de la inseguridad que recordaba haber sentido en él aquella vez. Emocionado por la grandeza de ese instante, Draco trató de encontrar su voz para dar sonoridad a las palabras que aún faltaban por decir. Las que había pronunciado cuando había sentido a Harry aferrado a su túnica y le había declarado sus sentimientos.
- Te amo, Harry –la voz se perdió unos segundos en la garganta de Draco, antes de poder continuar– Eres la luz que ilumina mi oscuridad.
Sintió batir la respiración rápida y estremecida de Harry sobre su cuello. Su cuerpo cálido, tan familiar y amado, apretarse todavía más contra el suyo.
- Sigues siendo mi luz, Harry. –murmuró.
Harry se separó un poco de él, apenas lo necesario para buscar la mirada, ahora también cristalina, de Draco.
- Y tú la mía. –susurró a su vez.
En ese momento Draco supo cuál sería el regalo de Navidad perfecto para Harry ese año. Uno que en su reverso tendría grabada la frase que resumía su vida y su esposo llevaría siempre en contacto con su piel. Y esta vez, Harry no necesitaría abrir el pequeño cristal de la esfera para palpar las manitas.
FIN