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Ese martes
Resumen: Lily nunca había sabido como era James realmente. Nunca se había preocupado especialmente por hacerlo. Sin embargo, todo cambió ese martes... ese martes en la torre.
Género: Romance.
Personajes: James Potter, Lily Evans.
Universo: Merodeadores (generación pre-Harry Potter). Canon.
Disclaimer: La gran mayoría de los personajes, los escenarios, las ideas, etc. de esta historia pertenecen a J. K. Rowling. Yo sólo los uso para divertirme escribiendo y divertir a los que leen. Lo hago sin fines de lucro.
Este fanfic es una traducción del fanfic en inglés "That Tuesday", de bella'amor. Si queréis leer el original, está en mis favoritos.
He rehecho la traducción de cero el diciembre de 2011, ahora que realmente sé inglés, porque la traducción anterior era un poco "cutre" y medio inventada. He subido un segundo capítulo ficticio para dejar constancia de la actualización, que ahora borraré. Creo que F F . Net debería tener un sistema para mostrar la última fecha de modificación de las historias…
Espero que os guste.
Era una tarde de jueves. Lily odiaba los jueves. Los odiaba de la misma manera en que el resto de la gente odiaba los lunes. Eran simplemente horribles. En esa tarde de jueves en particular, Lily estaba sentada en el Gran Comedor, hablando en voz baja con sus mejores amigas, Marlene MacMillan y Emmeline Vance, durante la cena. Se detuvo a media frase cuando dos chicos altos y atractivos entraron en el Comedor, tarde para la comida.
Emmeline levantó una ceja negra y elegante.
−Lily, tu historia no es tan interesante como para que si te detienes al contarla te vaya a rogar que continúes…
Marlene sofocó una risita con un panecillo de la cena. Lily las había estado informando de los contenidos de su último y excelente ensayo de Encantamientos, que debía entregarse el día siguiente por la mañana, a primera hora. Casualmente, ninguna de las dos chicas ni siquiera había empezado a hacer el suyo, así que oír a Lily hablar y hablar monótonamente sobre el origen del Encantamiento de Variación no era especialmente alentador.
Lily se sonrojó atractivamente, los ojos de esmeralda grandes e inocentes, obviamente disimulando alguna cosa. Antes de que nadie tuviera la oportunidad de preguntar qué cosa era, sin embargo, su expresión cambió a otra de indignación.
−Bien. Bien –escupió ella−. No os lo explicaré. Sé que ni siquiera habéis empezado vuestros ensayos, y estaba intentando ayudaros sin escribir las malditas cosas para vosotras, como finalmente habría terminado haciendo seguro. Pero bien. Si no queréis mi ayuda ahora, no haré que tengáis que sufrirla más tarde tampoco. Y ya no tengo hambre.
Saltó de su silla, agarró su bolsa y caminó con brío hacia las puertas del Gran Comedor, enviando una mirada mordaz sobre su hombro hacia sus dos amigas. Sus pasos cortos y rápidos la enviaron directamente contra una persona, ya que se movía sin mirar por donde estaba caminando.
James Potter la atrapó alrededor de la cintura. Soltó una risita grave antes de decir:
−Wow, Evans, realmente eres una mártir. Deseosa de morir, si eso es necesario, para reducir a tus amigas a cenizas a través de tu mirada fulminante. Impresionante –la enderezó con suavidad y le dio un golpecito en el hombro−. A veces, la gente mira en la dirección en la que se mueve, cuando camina a estas altas velocidades. Es la mejor manera de evitar colisiones…
Con eso, se hizo a un lado y continuó hasta la mesa de Gryffindor, sus amigos siguiéndole y riendo en señal de apreciación.
De vuelta en su habitación, Lily se sentó, furiosa. No estaba realmente enfadada porque sus amigas no quisieran oír su perorata sobre Encantamientos –simplemente había necesitado una excusa para irse. Los hechos combinados de que era jueves y de que James Potter acababa de entrar en el Gran Comedor la habían ido poniendo progresivamente de peor humor. Había tenido que salir del Comedor de alguna forma (sin levantar sospechas… lo último que necesitaba Lily era que la interrogaran sobre por qué se la veía tan deprimida otra vez), y qué mejor modo que estallando ante sus amigas. Exacto. Bueno, probablemente había podido manejar esa parte mejor. Pero lo que está hecho está hecho y, después de siete años, Marlene y Emmeline ya estaban muy acostumbradas a su temperamento volátil. Era un rasgo imponente en una Premio Anual, realmente.
Premio Anual. Lily había regresado a la raíz de sus problemas de nuevo, probablemente por milésima vez desde que había regresado a Hogwarts ese año. Era en el tren cuando Lily se había dado cuenta. Se encontraba en el Compartimento de los Premios Anuales, esperando que su homólogo llegara. Cuando resultó que James Potter era Premio Anual, Lily se sorprendió. Se sorprendió gratamente. Cerca del final del sexto año, James había recibido un Howler de su padre sobre alguna broma muy elaborada que Sirius supuestamente había hecho, y en la cual James había participado. Nadie en la escuela conocía los detalles, excepto los Merodeadores y Severus Snape. Las circunstancias ya eran de lo más inusuales, pero cuando James recibió el Howler, aún lo fueron más.
En lugar de reírse sobre ello con sus amigos, como solía hacer en el pasado, se levantó, golpeó a Sirius en la cabeza y caminó rápidamente fuera del Comedor. Nadie le siguió. Esa fue la parte más extraña. Los otros tres Merodeadores simplemente se quedaron ahí sentados: Peter, con aspecto desamparado; Sirius, con el gesto asesino y abatido al mismo tiempo, y Remus, viéndosele frío, distante y extremadamente enfadado. Durante el siguiente par de semanas, la escuela se movía de puntillas alrededor de los cuatro chicos. El humor durante esas semanas era uno que se asocia a la presencia de un dementor, o diez. Los días eran silenciosos, aburridos y largos. Resultó que los Merodeadores eran los que aportaban gran parte de la vida de esa escuela.
Bueno, fue durante la "Edad Oscura", como los estudiantes más jóvenes recordaron esas pocas semanas, que Lily había visto por primera vez cómo era James realmente cuando no estaba presumiendo o hechizando a otros estudiantes. Se había topado con él tarde, una noche, en la torre de astronomía; ella estaba allí arriba con un permiso especial de la Profesora Sinistra para terminar su tabla detallando los movimientos planetarios durante el año escolar. Cuando entró silenciosamente a través de la puerta, se dio cuenta del ruido de golpeteos que provenía del lado más alejado de la torre. Se arrastró de un lado al otro de la sala circular para encontrarse con el único e inigualable James Potter, estirado sobre su espalda y bañado en luz de luna, golpeteando con su pie suavemente en el suelo mientras miraba el cielo nocturno. Hasta entonces, Lily nunca había hecho caso realmente de los comentarios de las novias del chico sobre lo atractivo que era. Pero en ese momento, la luz de la luna le daba un brillo etéreo y pensó que James Potter se veía como un dios.
Lily tosió suavemente, causando que James hiciera un pequeño salto. Se incorporó sobre un codo y se giró en su dirección, su rostro vacío de emoción.
−Oh, hey, Evans. ¿Qué te trae aquí esta noche? –le preguntó en voz baja.
−En realidad, Potter, tengo permiso de la Profesora Sinistra para venir aquí arriba y terminar mi tabla de movimientos planetarios. Creo que debería de ser yo quien te preguntara a ti qué haces tú aquí –esperando completamente una respuesta mordaz, Lily se había sorprendido cuando él le dijo, en esa misma voz suave:
−Sólo estoy pensando…
Lily parpadeó. Ese no era el mismo James Potter egocéntrico al que estaba acostumbrada. El tono de su voz de por sí sólo indicó a Lily que el James que ella conocía no estaba presente esa noche.
Lily tembló mientras recordaba el resto de la noche. El cielo había sido tan hermoso, tan pacífico, y los argumentos caldeados que normalmente tenían lugar cuando los dos estaban juntos nunca tuvieron lugar. En lugar de eso…
−Has hecho un trayecto terriblemente largo solamente para pensar… ¿qué hay de malo con la Sala Común? −Lily se dio cuenta de que ahora ella estaba usando el mismo tono gentil, casi acariciador, que él había empleado unos momentos antes. Aunque aquello la ponía un poco nerviosa, una sola mirada a la bella y enorme luna fue suficiente para apagar cualquier protesta dentro de su mente. Esa no era una noche para discusiones. Era una noche para la calma… la paz… la tranquilidad.
James solamente la miró durante unos instantes, con firmeza.
−Cuando al principio has subido aquí, he pensado que podías ser Sirius −Lily inclinó ligeramente su cabeza, observándole.
−¿Puedo sentarme? −preguntó, mirando sus bellos ojos color avellana, sin romper el contacto cuando él asintió lentamente con la cabeza.
Lily se hundió con lentitud hasta el suelo, estirando sus piernas y apoyándose hacia atrás en sus manos. Estaban encarados el uno al otro, sus cuerpos lado a lado, sin llegar a tocarse. Ahora que Lily estaba al mismo nivel que él, se sentía un poco tímida. Examinó una de sus manos mientras abría la boca para preguntarle qué era lo que quería decir con eso de Sirius. Sus palabras salieron despacio y con suavidad, como todo el resto de cosas aquella noche.
−James −hizo una pausa, insegura de cómo continuar sin sonar como si estuviera metiéndose donde no la llamaban−. James, ¿por qué Sirius y tú no os habláis? −él no respondió, así que ella siguió, tan suavemente como antes, su voz sonando con una cadencia dulce en el aire nocturno: − ¿Por qué Remus os ignora a ambos? ¿Por qué Peter deambula por el castillo con aspecto perdido e impotente? ¿Qué ha pasado?
Sus ojos, grandes y brillantes, estaban teñidos de compasión. Preocupación. James inspiró profundamente, los ojos cerrados, y se estiró hacia atrás en sus brazos. Su aliento salió en una corriente lenta y constante. Mientras hablaba, sus ojos permanecieron cuidadosamente cerrados.
−Sirius hizo una broma que no era divertida. Yo limpié el caos que causó. Mi padre está furioso de que el nombre de Potter esté siquiera asociado con tanta infantilidad. Remus fue traicionado por la broma de Sirius, y no habla nunca. Y Peter… Peter no sabe de qué lado ponerse.
Mientras Lily escuchaba, también le observó. Se dio cuenta del modo en el que su piel, lisa y bronceada por el Quidditch, resplandecía en la luz lunar. Se fijó en la manera en la que los músculos de su brazo se encontraban flexionados tras su cabeza. También eran un resultado de años y años de duro entrenamiento de Quidditch. Esa noche, ella comprendió por qué todas las chicas le veían como el dios que él, a veces, también se obligaba a ser.
Apartando sus pensamientos con cuidado, volvió a aquello que James acababa de decir.
−Así pues, ¿en qué estabas pensando?
Él soltó una risa silenciosa y dulce, girando su cabeza ligeramente y abriendo los ojos con somnolencia para mirarla.
−Amor, confianza, traición, decepción, fracaso… ¿sabes que Sirius está considerando dejar la escuela? Cree que es la última baza que le queda por jugar conmigo. ¿Cómo podría dejar que simplemente se fuera, después de todo lo que ha pasado? −Lily asintió lentamente, sus ojos fijos en los de él.
−¿Qué es "todo lo que ha pasado", para Sirius? −los labios de él se curvaron en una sonrisa perezosa y rompió el contacto visual con ella.
−Vino a vivir conmigo, el año pasado. Su familia está interesada en la magia negra… los Gryffindors simplemente no encajan ahí −en ese punto, su voz se había vuelto dura, por la primera vez en esa noche. Agitó un poco la cabeza antes de continuar, en esa voz dulce que amenazaba con arrullar a Lily hasta dormirla: −. Hay otras… otras cosas también, en realidad. Para mí es más importante que un hermano, ¿sabes? Odio no hablar con él −cerró sus ojos brevemente, antes de volver a abrirlos para encontrarse con los de Lily. Ella suspiró suavemente.
−Entonces ¿por qué no hablar con él de nuevo? −James se apoyó otra vez en un codo, como había hecho cuando ella acababa de entrar.
−Él necesita esto. Necesita entender que lo que hace también afecta a otras personas. Que, cuando juegas con la vida y la muerte, no siempre todo termina a tu favor −aunque iba con cuidado de esconder cualquier rastro de sorpresa ante sus palabras, ella estaba muda de asombro. ¿Era realmente James Potter la persona con la que estaba hablando? Cuando una brisa fresca y de olor dulce alborotó su cabello negro azabache, no hubo duda de que estaba despierta. Giró su cabeza cuando la brisa envió sus rizos sueltos color caoba en su rostro.
Ella esperó que él siguiera hablando, antes de darse cuenta de que él esperaba que ella hiciera el próximo movimiento. Quería ver su reacción ante sus palabras. Quería ver si ella podía sentir que, esa noche, estaba mostrándole el verdadero James Potter. Quería ver si ella sabía que esa noche era diferente para ellos. Que es a noche, simplemente eran Lily y James −no Potter y Evans, los dos alumnos de sexto año que hacían competiciones para ver quién podía gritar más, y herir más al otro con sus palabras. Ella no le decepcionó.
−¿Y está captando el mensaje?
James se encogió de hombros perezosamente, levantando su cabeza de nuevo para mirar las estrellas.
−Es difícil de saber. A veces está enfadado conmigo porque no estoy a su lado en esto, como cualquier mejor amigo debería, y otras veces se pone a rogar… −al decir esto, le hizo una sonrisa rápida−. Bueno… tan cerca de rogar como Sirius puede llegar…
Lily rió ligeramente antes de calmarse, preparándose para meterse, de nuevo, en la vida personal de James.
−James, si no te molesta que te pregunte −empezó lentamente−, ¿por qué tu padre está enfadado contigo? Suena como si tú fueras el responsable de lo que sea que pasó… −dejó que su voz se fuera apagando, con una expresión aprensiva.
James se sentó lentamente… más lentamente de lo que Lily habría podido hacerlo nunca. Los pensamientos de ella se detuvieron un instante en los músculos que James debía de haber hecho trabajar en aquel movimiento fluido. Él se inclinó hacia delante, estirando sus brazos y sus largas piernas.
−Mi padre… −dejó las palabras al aire con una risa suave y breve−. Mi padre tiene una opinión muy elevada del nombre de Potter y lo que éste implica −Lily se sentó también. Estaban más cerca que antes y él tomó su mano con suavidad, casi como un reflejo. Siguió hablando mientras examinaba su mano pequeña y pálida−. Los Potters no deberían ayudar a sus amigos cuando lo necesitan, ya que, de entrada, los amigos de los Potters no deberían necesitar ayuda −hizo rodar los ojos−. Por supuesto, los Potters también deberían ser generosos, nobles, valientes y leales… desinteresados… siempre he tenido problemas para reconciliar esa dos ideas… no parece que encajen muy bien juntas, ¿verdad? ¿Cómo puede alguien sólo tener amigos ricos y de buena casa si se supone que tiene que ser generoso y desinteresado? Pero, de algún modo, un Potter debería hacer todo eso −apoyó su frente en la mano que aún sostenía la de Lily−. Mi madre quiere a Sirius como a un hijo, pero a veces mi padre no puede ir más allá de su apellido. Black. "Tan negro como su nombre", creo que fue una frase que usó para describirlo en ese Howler. Los Potters no tienen amigos que actúen del modo en el que lo hizo Sirius.
Lily soltó su mano de su agarre y en lugar de ello, tocó su mejilla. Condujo los ojos de él tiernamente hacia los suyos y murmuró:
−Conozco a un Potter que es todo lo que debería ser. Es valiente… −James se inclinó hacia Lily sólo un poco−. Es noble… −él se acercó un poco más−. Es generoso… −sus rostros estaban ahora tocándose y Lily murmuraba en su oreja a estas alturas− y es leal −James giró su cabeza, de modo que ambos volvían a mirarse a los ojos−. Es tan leal que, incluso, aunque no ha hablado con su mejor amigo en dos semanas, aún cuida de él… La idea de perder a su amigo nunca se le ocurre siquiera, ya que… −sus palabras quedaron cortadas cuando James se inclinó hacia delante ligerísimamente y capturó sus labios en un beso lento y dulce.
Cuando él se apartó, Lily se quedó quieta, aparentemente paladeando en sabor de sus labios en los suyos. Parpadeó. No tenía ni idea de de dónde habían salido esas palabras… nunca le había dedicado a James Potter un halago en toda su vida, antes de eso. Y ese beso… Bajó la mirada. De repente era muy consciente de exactamente lo tranquila que realmente era aquella noche. Hubo un silencio pesado e incómodo durante unos instantes, hasta que la voz suave de James la sobresaltó y la despertó de su ensueño.
−Leal o no, mi padre aún está soberanamente furioso conmigo… −rió suavemente, antes de inclinar su cabeza y mirarla con expresión repentinamente curiosa−. ¿Por qué no estás trabajando en tu tabla? No deberías dejar que mis patéticos problemas te alejaran del objetivo de ser Premio Anual el año que viene… esta es una tarea bastante importante −la boca de Lily se puso en forma de "O".
−¡Oh, Dios, me había olvidado completamente de eso! Maldición, no sé cómo voy a terminarla esta noche ahora. Joder… y la Profesora Sinistra estará esperando un trabajo realmente bueno por mi parte, ya que me ha dado permiso especial para usar la torre, y… −el dedo de James en sus labios la silenció.
−Shh… te ayudaré. Terminé la mía hace dos semanas. Vamos, sácala −se apoyó de nuevo hacia atrás en sus manos y observó a Lily mientras ésta se levantaba y caminaba hacia su bolsa, que antes había dejado a un lado.
−¡Gracias, James, eres un salvavidas!
El resto de la noche pasó con calma. Ambos conversaron sobre todo lo que se les ocurrió mientras James la ayudaba a completar la tabla. Para cuando terminaron, la noche estaba teñida de un ligero tono rosado, señalando el próximo amanecer. Habían caminado abajo hasta Gryffindor juntos. Cuando llegaron al agujero del retrato, James se había detenido, se había girado para estar frente a ella y le había dado un beso suave en la mejilla antes de decir la contraseña a una Señora Gorda de aspecto curioso. Mientras se subía por el agujero, había mirado hacia atrás sobre su hombro y había dicho con voz sutil:
−Gracias por escucharme, Lily.
Lily suspiró. Realmente no podía dejar de pensar en esa noche. Sin embargo, estaba tan confundida. ¿Por qué James no la había buscado más después de esa experiencia? Habían disfrutado de tal conexión, y había habido tanta emoción cariñosa presente entre ambos. ¿Cómo podía él haber dejado aquello ir? Ese era el chico que la había perseguido durante tres años anteriormente. Tres años. ¿Un beso le había saciado?
Estaba siendo ridícula, por supuesto. Haciendo una montaña de un grano de arena. Cuando él había dejado de pedirle para salir durante el resto del año, se había sentido aliviada. Realmente había estado muy contenta de que él ya no estuviera interesado en ella románticamente, ya que aquello había significado mucha menos vergüenza en público. Ella y James se habían tratado amistosamente durante el resto del año, incluso cuando los Merodeadores terminaron su pelea.
Por supuesto, no se habían vuelto los mejores amigos del mundo ni nada, pero si él la veía en el Comedor, la saludaba con la mano y le decía hola, y viceversa. Lily ya no estaba furiosa si los ponían juntos en clase, tampoco. Era simplemente una amistad cómoda en todos los sentidos.
Había dejado de ser tan cómoda alrededor de la segunda semana del séptimo año. Ver a James asumir todas las responsabilidades de Premio Anual y de Capitán de Quidditch hacía que se diera cuenta de lo responsable y maduro que realmente era. Además, a menudo venía a las reuniones de Premios directamente de la práctica de Quidditch y se le veía muy, muy atractivo en su equipo de Quidditch, todo cubierto de sudor. ¿Quién podría haber imaginado que a Lily le gustaban los hombres fuertes? Porque aparentemente, era así. O quizás sólo era porque era James…
Desgraciadamente para ella, parecía que a él ya no le importaba más que como una amiga. Eso era lo que había llevado a Lily hasta el punto de gritar a sus mejores amigas solamente para alejarse de él. Su angustia por sus sentimientos no correspondidos se había multiplicado por diez cuando se había estrellado contra él y él la había atrapado, había dicho las cosas que tocaba decir y no había aprovechado la ocasión para intentar tocarla. En su quinto año, siempre que estaba lo bastante cerca, inventaba cualquier excusa simplemente para ponerle la mano encima −donde fuera. Hay que reconocer que eso había llevado a algunas maldiciones bastante desagradables por parte de Lily varias veces, pero pese a ello, a él antes le gustaba cuando estaba enfadada. Pero ahora…
Su estómago hizo un ruidoso rugido. No debería haberse escaqueado de la cena… ahora se moría de hambre. Miró su reloj rápidamente y maldijo. La cena terminaría en cinco minutos, la cual cosa significaba que no podría comer nada en doce horas más. Maldición. Se levantó con lentitud, decidiendo buscar a sus amigas y disculparse por su ridícula sobrerreacción.
Mientras Lily bajaba hacia la Sala Común para esperar la llegada de sus amigas, se encontró con una visión que a la vez era bienvenida y no lo era. James Potter (hablando del rey de Roma…) estaba sentado en la mejor butaca al lado del fuego, comiendo de una plétora de comida de aspecto delicioso en una bandeja. Lily se detuvo al pie de las escaleras y lo miró con su cabeza ligeramente ladeada.
James alzó la cabeza cuando entró.
−¿Hambrienta? −preguntó, entre mordisco y mordisco de pollo. Levantó un plato de bocadillos y fruta y lo agitó de un modo tentador. Lily hizo una amplia sonrisa y negó con la cabeza.
−Impresionante, señor Potter. ¿Cómo lo supo? −James rió.
−Después de que te toparas conmigo tan groseramente −al decir esto, le guiñó un ojo−, tus amigas me informaron de que no habías comido nada antes de irte enojada. Así que me he tomado la libertad de asaltar las cocinas para ti. Y para mí, por supuesto −sonrió−. Así que, ¿qué me dices? ¿Bocadillo? −Lily caminó hacia el fuego y se sentó en el suelo junto a la mesa donde había la bandeja de comida.
−Por supuesto −alzó los ojos para mirarle−. Eres un salvavidas, ¿sabes? ¡Habría tenido hambre hasta el desayuno de mañana! Déjame que te diga, por experiencia, que doce horas es mucho tiempo.
James parecía pensativo.
−¿Sabes?, creo que debería convertirme en un Sanador en lugar de un Auror. Ya van dos veces que te he salvado la vida. Soy bastante increíble, ¿eh? −le dedicó una sonrisa traviesa−. Y pensar que durante todo este tiempo pensaba que mi vocación era matar magos oscuros. Claramente, estaba del todo equivocado. Mi auténtica vocación es salvar brujas bonitas. Me apuesto que eso tiene algunos beneficios extras −alzó sus cejas sugestivamente y Lily empujó su pierna.
−Cerdo −James puso cara de ofendido y respondió en broma:
−Para tu información, mis intenciones son puras. Simplemente quería decir que todas las chicas que salve tendrán, probablemente, novios y maridos que las querrán mucho y que estarán deseosos de pagarme montones de oro por haber salvado a sus queridas amantes. ¿Ves? Muy respetable −Lily hizo rodar los ojos.
−Así pues, morirás rico y solo. ¡Ahí tienes un final de cuento de hadas! −al oír aquello, James levantó su dedo y se inclinó hacia delante ligeramente.
−¡Ah, pero aquí es donde te equivocas! Sabes, aunque salvaré centenares de bonitas chicas atacadas, ya he salvado a una chica actualmente soltera y hermosa, ¡no sólo una vez, sino dos! ¿Qué tienes que decir ante eso? −sus ojos centelleaban con felicidad y parecía que lo estaba pasando realmente bien.
Lily le dirigió una mirada de lado antes de hacer un mordisco a su bocadillo. Masticó lentamente, tragó y luego preguntó:
−Entonces, ¿quién es la chica hermosa?
James sonrió.
−Aquí tienes una pista −se inclinó hacia abajo, le quitó el bocadillo de las manos, lo dejó en la mesa y besó la comisura de sus labios con suavidad−. Tiene los ojos tan verdes como un sapo en vinagre fresco… −susurró contra su boca. Lily soltó una carcajada y lo empujó lejos de sí.
−Bueno, ¡al menos mi pelo no es negro como una pizarra! −James esbozó una enorme sonrisa y se movió hasta sentarse al lado de ella en el suelo.
−Eso podría ser cierto… pero no creo que tenga una relevancia especial para la conversación que estábamos teniendo hace un momento −Lily hizo una sonrisa confusa y alzó la cabeza para ver su sonrisa perversa.
−Creo que sí que tiene relación, en realidad… ¡estabas hablando sobre belleza! −James negó con la cabeza.
−No me refiero a esa conversación.
Dicho esto, cogió tiernamente el rostro de ella en sus manos y le dio otro beso, no precisamente tan suave como lo había sido el anterior.
Cuando las amigas de Lily volvieron a la Sala Común cinco minutos después, se quedaron sorprendidas e indignadas al ver que, en lugar de estar disculpándose ante ellas por su horrible temperamento, Lily se encontraba sentada ante el fuego con su lengua en la garganta del Premio Anual, con un plato de comida casi sin tocar al lado de ambos.
Majarath F.
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