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Author of 13 Stories |
Muchas gracias por los reviews!
Muy felices fiestas atrasado! Ojalá que lo hayan pasado muy bien y bkn y todo y que les vaya bien en este nuevo año:D
Naruto y sus personajes no son de mi propiedad.
-.-
Capitulo tres.
En su casa.
Tenía que admitir que estos días eran los más aburridos que había tenido en mucho tiempo. Bueno, tampoco tanto. Observó un momento a Sasuke caminar algo angustiado por la casa mientras limpiaba compulsivamente. A veces lo oía quejarse de lo desordenada que era.
Sonrió para sí misma y se dijo que Sasuke seguía siendo el mismo obsesionado por la limpieza de siempre. Hay cosas que nunca cambian, pensó mientras se reincorporaba para luego sentarse con las piernas cruzadas en la cama.
- Hey, ¿vas a hacer la cama o no? – le preguntó el pelinegro del otro lado de la pieza. No pudo dejar de notar el largo par de piernas de la chica.
- Sasuke…
- ¿Qué? – replicó con violencia sin despegar la vista de un vaso que fregaba compulsivamente.
- ¿Recuerdas mi nombre?
Lo observó dejar de limpiar un momento el vaso y luego volver a refregarlo con aún más fuerza. Estaba lejos pero podía casi apostar que había trizado un poco el vaso.
- Yo no te conozco.
- Ah… - musitó distraída.
La chica se paró repentinamente, se estiró un poco, se puso sus zapatos rápidamente y salió de la casa sin despedirse ni nada. Por un momento estuvo a punto de preguntarle a donde iba pero prefirió morderse la lengua que a hablar con ella.
Su puño colisionó con el árbol más cercano. Los nudillos se le llenaron de astillas y estaba segura que empezaría a sangrar pronto. Apoyó sus brazos en el tronco y ocultó su cabeza entre ellos para que nadie, y sobretodo él, viese las lágrimas que no podía retener.
Entonces era cierto… lo ha olvidado todo. No puede recordar mi nombre.
Levantó su vista al cielo y calculó vagamente los días que había estado con él. Cerca de una semana. Se le estaba acabando el tiempo, tendría que volver, tendría que dejarlo. Ahí, solo, solito – una sonrisa amarga en su rostro - perdido y sin recuerdos. Y nadie puede vivir sin recuerdos.
Se secó las lágrimas con fuerza y bajó la vista. No podía hacer nada. Se quería pegar contra el maldito árbol y gritar a todo pulmón su frustración. No podía hacer nada bien. ¡Nada! Ni siquiera tratar de ayudarlo. Sentía como sus pulmones se estrangularan, no podía ayudarlo, no podía salvarlo, no podía traerlo de vuelta.
¡Maldición, debió haber escuchado lo que le dijeron!, y sus nudillos vuelven a encontrarse con el árbol.
Se secó las lágrimas y decidió darse una vuelta por el pueblito que no estaba muy lejos y distraerse un poco.
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- ¡Llegué!
Pero nadie estaba en casa.
- ¿Sasuke? – generalmente él siempre contestaba, no con frases de bienvenida pero al menos contestaba.
Observó que aún quedaban platos sin lavar y que la escoba estaba botada en la mitad del pasillo junto con el delantal de patos que usa para limpiar.
No había nadie en casa, de seguro Sasuke había salido a caminar como acostumbra. Había notado que salía a caminar cuando la quería evitar. Ja ja, sigues igual. Siempre huyendo de las cosas, mi pobrecito Sasu- chan.
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Cuando abrió la puerta y pudo ver la pequeña mesita de la cocina encontró a aquella extranjera pintándose la última uña. O más precisamente poniéndose alguna substancia transparente y algo brillante en la última uña ya pintada. Arqueó levemente una ceja.
- Buenos días, Sasuke – lo recibió alegre mientras sacudía sus manos suavemente.
- Hn.
Sonrió al verlo desviar la vista algo fastidiado y ponerse nuevamente su delantal de patos y tomar la escoba. Luego lo veía distraídamente mientras lavaba los últimos platos. Parecía como si estuviese en una especie de trance o soñando despierta. Un bonito sueño. Un sueño de otra época. Un sueño de otro lugar. Un sueño de otros días.
- ¿Qué? – gritó.
Despertó de súbito y parpadeó confundida un par de veces antes de fijarse en él. Sasuke, ¿qué es lo que te ha pasado? Sintió una sonrisa triste empezar a formarse en su rostro pero sus ojos nunca dejaron los suyos. Luego cierto brillo de diversión resplandeció en sus ojos al verlo con un aire de preocupación. Finalmente le sonrió cálidamente.
- Ven, ven un poco.
Estúpidamente, Sasuke obedeció como una especie de robot. Se sobresaltó ligeramente cuando la chica tomó su mano y lo obligó a sentarse frente a ella. Todavía no soltaba su mano.
- Suéltame.
Ella solo amplió su sonrisa. Le parecía divertido que él susurrara y que, al contrario de sus palabras, no se moviera.
- Cálmate, solo te voy a pintar las uñas, ¿ya?
- ¿Q-qué? ¡Eso es de niñas!
- ¡Pff! ¡Dame tu mano ahora!
- ¡No!
- ¡Dámela!
Ella se acercó a él rodeando la mesa y le agarró una mano. Sasuse se echó hacía atrás y tiró su mano y a ella. Chocaron levemente. Ella se reincorporó tirando su mano de nuevo y con todo el peso de su cuerpo se puso sobre el brazo del pelinegro y lo obligó a mantenerlo sobre la mesa. Luego con mucho esfuerzo tomó el esmalte de uñas. Sasuke no paraba de quejarse y de gritar que él no haría esa cosa de niñas. Una divertida sonrisa en la cara de ella y en la cara de él una sonrisa se dibuja pese a que hacía todo su esfuerzo para estar enojado… o al menos parecerlo.
De un brusco movimiento la tiró de la mesa y ella se cayó de espaldas. Él frunció el seño algo preocupado y cuando la fue a ver ella ya había desaparecido solo para aparecer al lado de él y hacerle cosquillas. El famoso vengador casi saltó al repentino contacto y miró hacía otro lado para ocultar la risa que se le había escapado. Ella aprovechó ese momento para tomar su mano de nuevo y ponerla en la mesa.
Alarmado Sasuke se dio vuelta y de un rápido movimiento tomó ambas de sus muñecas y las puso contra la mesa. Su cuerpo arrinconaba el de ella.
Una maliciosa sonrisa se fue dibujando en el rostro de la chica y levantó ligeramente su cabeza para susurrarle al oído un “¿Es que acaso estamos coqueteando?” con una seductora voz ronca.
Puede ser, le hubiese gustado a él responder pero se enfrascaron en un beso. En un agresivo, fuerte y apasionado beso. Cuando Sasuke sintió sus pequeñas y frágiles pero audaces manos a bajar a su pantalón fue que se apartó de ella.
Se pasó la mano por la boca y luego el cuello donde una serie de besos habían sido depositados y sintió calor subir a sus mejillas. Ella, por otra parte, solo se dignó a arreglarse un poco la polera y a suspirar contenta mientras se ordenaba el pelo.
En los lugares precisos, Sasuke. Sigues siendo el único que sabe como me gusta que me besen.
La mano de Sasuke había tapado toda su boca en una mezcla de vergüenza y confusión. No podía explicar muy bien lo que había pasado ni tampoco porque había pasado. De repente sintió una de sus manos en la suya.
- ¿Q-qué quieres? – le preguntó sin darse vuelta.
- Que te sientes para que te pueda pintar las uñas.
Hizo lo que le pidió aunque tuviese ganas de salir corriendo a perderse. Nunca en todo el rato que ella estuvo pintándole las uñas de negro él pudo levantar su vista a la divertida de ella.
- Tienes heridas las manos.
- Aah… - murmuró distraída.
- Nunca me dijiste tu nombre… - fue lo único que pudo decir.
- Aah…
Ella estaba demasiada absorta en su tarea para poder realmente escuchar lo que le había dicho. En ese momento se dio cuenta que ella evadía las preguntas con respecto a su nombre y que hacían alusión a por que estaba ahí, a su pasado, a su procedencia y a su supuesto pasado juntos. Lo que a él le parecía completamente absurdo pero en fin. Su nombre, al parecer él solo tendría que recordarlo.
Pero no puedo
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- ¿Te vas?
Y lo único que demostraba su desconcierto fue el macetero que se le cayó de las manos. Era un bonito día y él seguía con su delantal de patos amarillos y extrañamente uno azul mientras se paseaba por su pequeño jardín regando, plantando y cuidando flores.
- Sips – dijo concentrándose en el lindo macetero destruido y la bonita flor que se arruinó con él.
Quiso preguntar a donde y porque pero se mordió la lengua.
- Vuelvo a Konoha, Sasuke. Tú también deberías volver, es tu hogar después de todo.
El Uchiha se agachó para arreglar el desastre que había hecho decidiéndose a no prestarle más atención. Si se iba poca lo importaba, ahí ella.
- Bueno, entonces supongo que esto es el adiós. Trataré de venir cada vez que pueda.
- No trates – replicó, tratando de usar su característico tono de arrogancia y prepotencia pero fallando miserablemente.
Además, los dos pensaron que de alguna manera u otra esa promesa de volver cada vez que pudiese sonaba totalmente falsa.
Se acercó a él pausadamente, casi como dándole la oportunidad de huir, y le dio un suave beso en la comisura de los labios.
-Adiós – dijo aún cerca de su cara, se dio media vuelta y se fue.
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Gracias por leer! Ojalá que les haya gustado!
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Cuidense y adiós!