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o-o-Nekoi-o-o
Author of 14 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Drama - Hikaru & Kaoru - Reviews: 21 - Published: 08-13-06 - Complete - id:3102527

Disclaimer: Pertenencia a Bisco Hatori, aunque estamos en proceso de descubrir a quién pertenecen realmente los gemelos Hitachiin XDD

Esto es twincest. Yaoi. Es decir, si no te gustan estas cosas, no leas.


Delirio

Cuando Hikaru se quiso dar cuenta, se encontraba en un territorio luminoso que le era totalmente desconocido. Quedó impávido por unos minutos, detenido en mitad de la pista, donde una música estruendosa le palpitaba los oídos y donde miles y miles de adolescentes disfrutaban de una noche entre tantas en aquel club en compañía de sus amigos.

El chico, apoyado en la barra, se masajeó las sienes, tratando de pensar con claridad. Ese día había empezado como uno de tantos: unas clases aburridas, charlas, almuerzo, un par de horas de estudio, clases otra vez, vuelta a casa en la limusina y una sesión de descanso en su cómodo lecho. Nada extraño en la vida de cualquier estudiante en la actualidad.

Bueno, si a todo eso le añadía la proposición de Haruhi de ir a aquel lugar que se había puesto tan de moda en su barrio, para escapar de la acalorada rutina del instituto, podía decir perfectamente que aquel había sido un día no tan común como los predecesores.

Cómo olvidarlo: todos habían estado de acuerdo –tras un arduo convencimiento hacia Tamaki, que no veía bien que su Haruhi se descontrolase en lugares de tal estirpe- en conocer más a fondo la prosaica vida de la joven y, por ello, se habían encaminado hacia el lugar sugerido. A pesar de la resistencia de Hikaru al principio, a quien no le llamaban la atención aquellos pubs, finalmente había acabado, no se sabía muy bien cómo, plantado en uno de ellos.

Al entrar, muchas chicas habían reparado en él y enseguida le habían pedido desesperadamente que compartiese la velada con ellas, mas Hikaru había denegado las invitaciones una a una, prefiriendo quedarse solo y contemplando cómo se divertían los demás. Su vista abarcaba todo lo imaginable. Sus compañeros no habían tardado en fundirse en la magia de la noche y parecían divertirse como nunca. Haruhi había decidido tomar aquel día apariencia femenina y nadie ahora podría decir que un aire varonil la rodeaba: una graciosa falda, una blusa de mezclilla corta y unos preciosos zapatos resplandecientes debido a las luces era su uniforme particular para una velada tan interesante como esa. Tamaki y los demás la rodeaban, siguiendo la música y riendo, sin reparar en nada más que en regocijarse al máximo por aquel momento de libertad, antes de volver al día siguiente a enterrar la cabeza en los libros y a atender a miles de chicas que suspiraban por cada uno de sus afectuosos gestos y sonrisas.

Lejos de unirse a ellos, Hikaru suspiró. No quería estar allí. Deseaba volver a su casa, esconderse bajo las sábanas y hacer volar su imaginación como todas las noches, donde en sus sueños era acompañado por quien realmente le importaba y nunca había conseguido olvidar. Era realmente paradójico el estar rodeado de aquella masificación de gente y él solo añorara la compañía de una sola persona.

Seguro que le hubiera agradado estar allí.

Se preguntó, por enésima vez, cuánto hacía que no veía a su Kaoru. ¿Meses?. ¿Tal vez años? Desde aquel maldito instante en que sus padres habían tomado la resolución de divorciarse y, consecuentemente, arrancar a los gemelos de los brazos del otro, Kaoru había sido trasladado a otro instituto y su permanencia al lado del otro se había volatilizado de repente. Así pues, su única relación era a través del teléfono, o reducidas visitas, donde apenas podían hablar sin que sus padres les apremiaran que lo dejaran, por lo innecesario que les suponía que se mantuvieran tan unidos, siendo, como ellos decían, tan solo hermanos.

Los gemelos se resignaban a estar separados solo por la confianza tan desmedida que tenían en el otro. Porque exclusivamente ellos sabían lo que se escondía detrás de todas aquellas muestras de mero cariño fraternal, y sin necesidad de hablar, entendían a la perfección. No hacía falta palabras que lo describieran: una mirada, un beso, una caricia... Solo con tiernos gestos, que se prodigaban en los escasos y fugaces momentos en que se veían, eran suficientes para dar a entender que solo vivían por el otro, y nada más.

Y que al igual que sentían esa soledad que les oprimía por no poder estar juntos como querían, también sentían que aquel amor se fortalecía a cada momento, pese a los obstáculos que pudieren encontrarse.

Hikaru nunca había vuelto a ser el mismo desde que se le había negado la compañía diaria de su hermano. Aquel muchacho irreverente y dicharachero que todos conocían se había tornado en un joven callado y retraído. Aunque algo de humanidad había hecho mella en él, gracias a sus amigos, nadie podía decir que no había experimentado un cambio. Como si le faltara medio corazón, el pelirrojo prolongaba una existencia miserable, basada en el empeño de mantener a su lado a Kaoru permanentemente, si acaso lo conseguía.

Despertó de su ensueño al cambiar la canción y empezó a caminar, tratando de distraerse. Sus perspicaces ojos alcanzaron a ver una imagen de chocante perspectiva: Tamaki y Haruhi empezaban a bailar muy juntos, dedicándose miradas de tímida complicidad –por parte de él- y diversión –por parte de ella-. Sacudió la cabeza, decidido a no investigar aquel extraño fenómeno que había abducido a sus compañeros, cuando algo sí le hizo detenerse en su sitio y que su mundo comenzara a dar vueltas.

La visión en sí poseía unos cabellos pelirrojos y revueltos, unos ojos dorados, un cuerpo esbelto y una sonrisa resplandeciente, todos aquellos atributos idénticos a los de él. La preciosa figura estaba subida a una de las plataformas del lugar, siguiendo la animada música con su cuerpo y rodeado de miles de chicas que babeaban al verle. Portaba una camiseta sin mangas, blanca, que se le ajustaba a su torso, dejando ver tímidamente su ombligo y unos pantalones negros de tela largos, moldeados a sus largas piernas, que provocó el éxtasis de Hikaru. El sudor resplandecía bajo los focos y sus ojos estaban entrecerrados, sintiendo la letra de la canción. En ocasiones, sus labios encarnados y humedecidos tarareaban en voz baja alguna estrofa particular, sin dejar de moverse en ningún momento.

Esa preciosa criatura realmente disfrutaba con lo que hacía.

Hikaru tuvo la impresión de que el alma se le había ido del cuerpo. Quedó paralizado por el extraordinario ser, y lo único que quiso fue grabarla a fuego en su mente y llevarla consigo hasta su lecho de muerte.

-Ka... Kaoru...

La voz temblorosa del mayor se perdió entre el barullo. Sabía que era totalmente imposible que su hermano hubiese oído esa llamada. Pero como si de un milagro se tratara, el joven abrió los ojos, dejando su baile por unos segundos, y éstos se clavaron en Hikaru a la lejanía. Al momento, el mundo exterior pareció desvanecerse y se concentró alrededor de dos personas, Hikaru y él.

Kaoru había sentido su presencia, como si fuese una radiante divinidad. No había habido necesidad de un grito, un acercamiento. Solo ese cruce de miradas les había unido y vuelto a encontrar en aquel atronador recinto. El instinto de ambos les animaba a correr hacia el otro, abrazarse, recuperar aquellos años separados. Pero, como si hubieran echado raíces, seguían allí, sin poder creerse que el objeto de sus deseos estuviera tan cerca.

Repentinamente, la canción fue sustituida por una un poco más lenta, que invitaba a las parejas de la estancia a arrimarse. Kaoru bajó de la plataforma tratando de no tambalearse y, como por inercia, se acercó a su hermano, quien seguía sin mover un músculo. Estaba cada vez más rígido y no encontraba palabras que dedicarle a su amado, aunque millones de ellas pasaran por su cabeza.

Los pensamientos de Hikaru se detuvieron al oler el delicioso perfume de Kaoru, embriagándolo. Se notó levitar. Los ojos del menor intentaban buscar algún rastro de cómo se sentía el mayor. Ya no había nada de su picardía anterior mientras bailaba, todo se había disipado hasta convertirse en aquel ser idéntico a él que lo seguía observando.

-Ho... Hola, Hikaru –se animó a decir. Dio gracias a que la música era ahora tan suave que le era posible poder hablar con tranquilidad.

-Kaoru... –el mayor volvió a notar la sangre recorrer sus miembros-. Estás aquí –murmuró como si todavía no se lo creyera-. Kaoru.

Lo abrazó, sin poderse contener más. Intentaba reprimir las lágrimas de alegría sin conseguirlo, maravillado por tener a su hermano junto a él después de tanto tiempo. Kaoru respondió al asfixiante abrazo, sin necesidad de decir más. El volver a sentir el cuerpo del otro les bastaba y les sobraba. No había palabras. Solo necesidad de emociones.

Al poco, Kaoru fue relajándose un tanto, moviéndose contra Hikaru. Éste aflojó la fuerza con que aún lo mantenía apretado contra su pecho y lo miró. El joven le sonreía, tímido, como el Kaoru de siempre, y colocó sus manos en los hombros de su hermano. El susodicho entendió, apresando la cintura del menor y entrelazando sus dedos, más felices que nunca en su vida.

Ambos supieron lo que esos gestos indicaban.

Así, ignorando a los demás, empezaron a bailar, dejándose llevar por aquella música melodiosa. Kaoru se sentía flotar en los cálidos brazos de su hermano y se ruborizó al escuchar su aliento en su lóbulo, donde muy suavemente lo encendía con dulces palabras.

-No te separes de mí, Kaoru... Sintámonos. Disfrutemos este momento... No quiero volver tan rápido... a la soledad.

-Hikaru... –solo atenía a pronunciar el menor, aferrándose a su espalda-. No puedo creer que... estemos aquí y...

-Ahora solo importamos nosotros... Tú. Yo. Nadie más. Nuestro mundo, como cuando éramos pequeños. Como antes, como siempre. No te soltaré. No te perderé, esta noche no. Y si volvemos a separarnos, quiero mantener el recuerdo tuyo abrazándome y sintiéndote mío, solo mío...

Kaoru se estremeció ante aquellas hermosas palabras. Con movimientos suaves, seguían la música, obnubilados por la emoción. Estaban viendo las estrellas juntos, sentían que las tocaban. La calidez de sus cuerpos los invitaba a unirse en un abrazo cada vez más fogoso. Se denotaba aquella pasión reprimida de tantos años separados. Se sentían totalmente realizados al estar juntos.

Hikaru empezó a acariciar con suavidad la cintura de Kaoru mientras seguía susurrándole bonitas palabras al oído, turbando al menor por su increíble dulzura. El mayor lo notó y, sonriente, besó la acalorada mejilla de su hermano, sin poderse contener. Estaba siendo delicado con él, pero sentía el deseo latente en sus entrañas. No sabía si Kaoru lo permitiría, pero esa noche lo quería, en cuerpo y alma, antes de volver a aquél pozo oscuro de terrible soledad. Su corazón latió más deprisa, más vehemente, rugiendo por mantener a Kaoru a su lado, sin que nadie más interviniera.

Kaoru tembló ante aquel toque y se separó un poco de Hikaru para perderse en sus orbes dorados. La expresión que lucía el mayor lo hizo estremecer; le notaba ansioso, salvaje. Casi podía leer sus pensamientos, mas no se asustó, pues era el único en quien de verdad confiaba. Alzó la cabeza, invitándole a seguir, con la gente y la música muy, muy lejos...

Sin embargo, lo que recibió de Hikaru en lugar de aquel beso tan deseado fueron unas palabras...

-Vamos a otro lugar... Allí terminaremos lo que hemos empezado.

Kaoru descartó cualquier razonamiento lógico que le pasara por la cabeza al instante. Asintió sonrojado, y eso fue lo único que necesitó Hikaru para tomarlo de la mano, feliz como en mucho tiempo no estaba, y conducirlo fuera de la discoteca con paso rápido.

Ambos sabían que sería una noche que recordarían en tiempos venideros.

xxx

Hacía tiempo que había llegado la madrugada. La luna cubría con su blanca luz los tejados de la ciudad entre las sombras. Se podían distinguir ocasionalmente las siluetas de noctámbulos que se dirigían a sus casas tras una noche de diversión y, como solo en aquel instante, dos hermanos en uno de los hoteles más lujosos de la ciudad, pidiendo una habitación para pasar el resto de la noche. Una vez en la deseada habitación, no perdieron un segundo en volver a tocarse y abrazarse, ahora más suavemente que en el pub donde habían coincidido por obra del destino.

Sabemos que está mal.

Kaoru apoyó la cabeza en el pecho de Hikaru, disfrutando de sus caricias. El mayor besaba su pelo, sus orejas, sus mejillas, dejando lo mejor para el final. Quería hacerlo suyo, pero también memorizar cada rincón de su piel, acariciarlo hasta volverlo loco, entregarse de forma total.

Nos une la misma sangre.

Sus consciencias aún trataban de proveerles de pensamientos lógicos, pero no las escuchaban. ¿Para qué?. ¿Acaso querían condenarse a una vida de suplicios y sufrimiento? Daba lo mismo: hermanos, gemelos, hombres. Aquello era demasiado perfecto, demasiado armónico para ahora romperse.

Quisiéramos erradicar lo que sentimos...

No quisieron esperar. Se dispusieron a satisfacer su más oscuro y prohibido deseo, por fin, donde contaban exclusivamente ellos. No había padres que se opusieran a la relación prohibida, ni el instituto, ni las sabias palabras de Kyouya o los amables gestos de Haruhi. Nada. Solo dos jóvenes idénticos, con almas necesitadas de deseo, que rogaban por que aquel contacto durara para siempre.

...pero nos es tan imposible como negar lo que somos.

Compartieron un primer beso, suave en un principio, sin ninguna prisa. Sus labios se friccionaban con timidez, algo asustados por lo que iba a ocurrir. Kaoru, en un arranque intempestivo, pidió permiso para introducir su lengua en la boca del mayor, lo que éste le permitió con gusto. El contacto se volvió acalorado, hambriento, necesitado. Se ahogaron en el otro, nadando en la misma esencia, el mismo sabor. Pronto, sus pulmones reclamaron algo de aire a sus propietarios y se vieron obligados a separarse, mirándose con intensidad. Hikaru no tardó en cargar a Kaoru en sus brazos una vez recuperados y, volviendo a besarlo con insistencia, lo depositó con suavidad en la cama, quedando encima de él.

Rompiendo de nuevo el beso, habló, sonrojado.

-Kaoru... Tengo... tengo algo de miedo... Lo que menos querría sería dañarte, jamás me lo perdonaría.

El aludido besó la frente de su amado, sonriéndole con ternura.

-No te preocupes por eso, Hikaru –lo calmó-. Tú solo procede. Haz que esta noche sea inolvidable para ambos. Quiero ser completamente tuyo, llevarme conmigo el recuerdo de que me tuviste esta noche, en esta cama. Tómame antes de que nos arrepintamos, antes de que esta noche llegue a su fin. Solo sé que te amo, y que quiero estar contigo, quedarme contigo, al igual que quiero que lo sientas tú.

Hikaru, animado por aquellas dulces palabras, besó fervientemente a Kaoru, dándose cuenta de que compartía absolutamente todas aquellas verdades. Daba igual la razón, los pensamientos lógicos, la filosofía de vida. Solo importaban ellos y nada más.

-Te quiero, Kaoru...

Sus manos comenzaron ansiosas a despojarse de la ropa, sin poder esperar a sentirse la piel ardiendo y pidiendo a gritos ser acariciada. Entre besos y palabras ávidas, por fin pudieron darse el placer de verse totalmente desnudos, a merced del otro. Hikaru recostó al menor, entre las sábanas frescas, dispuesto a hacerlo estremecer de gozo. Con pequeños besos, comenzó por su cuello, siguiendo por su torso, extasiado, y llegando al poco tiempo a sus caderas. Su hermano era maravilloso, su cuerpo bien formado, sus estrechos miembros, su cintura fina, sus piernas largas que se contraían por el reciente placer. Era una visión demasiado hermosa como para cesar de admirarla.

Kaoru suspiraba por todo aquel cariño que ahora poseía a su hermano. Sus manos se aferraron al cabello de Hikaru, acariciándolo, rogándole de forma silenciosa que no se arrepintiera ahora. Al sentirlo cerca de sus ingles, bajó los ojos, sonrojado, dándose cuenta de que lo que iba a proceder a hacer su gemelo.

-Hikaru...

-Tranquilo, lo haremos despacio...

Hikaru acogió entre sus manos la erección de su acompañante para distraer un poco su nerviosismo. Kaoru quedó embelesado por una sensación electrizante que comenzaba a dominarlo. Poco a poco, las oleadas de placer empezaron a dominarlo. Echó la cabeza hacia atrás y agarró las sábanas con las manos, levantando las caderas para dar mejor acceso al mayor. Sus gemidos empezaron a llenar la estancia, haciendo que Hikaru empezara a excitarse más rápido de lo previsto. Su hermano era hermoso, y lo tenía bajo suyo como siempre había querido. Era tan idílico como en sus propios sueños.

-Kaoru, eres delicioso –le dijo sin poder contenerse-. Eres un regalo que los dioses me han ofrecido, eres... eres lo más hermoso que jamás he visto. Nunca te darías cuenta de la inmensidad con que te amo...

No dejó de mover su mano, regocijado por la respuesta del menor, quien no dejaba de gemir, deseando que se culminara por fin su pasión. Kaoru notaba el final cada vez más cerca, hasta que no pudo contenerse más y, con un grito, dio paso al tan esperado orgasmo, cubriendo su pasión el vientre de ambos.

Hikaru aprovechó aquel lubricante natural para comenzar a dirigirse a la entrada del menor, con cuidado de no lastimarlo demasiado. Un pequeño quejido por parte de Kaoru lo obligó a mover sus dedos con mayor suavidad para acostumbrarlo.

-Relájate, no te haré daño...

Kaoru lo sabía, pues confiaba en su hermano, pero no podía evitar una gran molestia por la invasión. Apretando los dientes, se agarró a la espalda de Hikaru, quejándose bajito. Éste empezó a acariciarle de nuevo para distraerlo y con ello consiguió que su entrada se relajara más todavía. Satisfecho, siguió moviendo sus dedos un poco más hasta que estuvo convencido de que ya era la hora.

Colocó a Kaoru de forma que pudiera acceder totalmente a él, tomando sus piernas, y, muy suavemente, se adentró en él. Apenas había presión, había hecho un buen trabajo al estimularlo antes. Kaoru arañó la parte inferior de la espalda de su hermano, indicándole que no se moviera hasta que la penetración fuese completa e indolora. Así obedeció Hikaru y pudo comprobar, complacido, que muy pronto, ya tenía permiso para moverse.

-Voy a empezar... –le avisó.

Kaoru asintió, con los ojos llenos de lágrimas, pero ya preparado completamente. Hikaru empezó con embestidas suavecitas, acompasadas, que lo turbaron de placer e hicieron que demandara enseguida un ritmo más rápido. Sus cuerpos se movían al compás, como si hubieran ensayado previamente, y sabían que esta era la primera experiencia para ambos, y, lo más bonito, lo estaban disfrutando juntos.

Nuevos besos tuvieron lugar en aquella habitación. La luna era la única testigo de aquella pasión desbordante entre los gemelos, de aquel amor prohibido que se manifestaba a sus ojos. Sus cuerpos relucían de sudor y sus gemidos eran cada vez más sonoros. Hikaru alcanzó la velocidad máxima, y al sentirse al límite, gimió el nombre del menor, acabando dentro del mismo. Kaoru, al notarlo, arqueó la espalda y, con un pequeño grito, él también acabó, derramándose por segunda vez.

El contacto se rompió en cuanto el mayor salió con sutileza de Kaoru, extasiándolo con más besos, y se recostó a su lado. Kaoru lo abrazó contra su pecho.

Tus manos me comprenden, me hablan, me tocan, me llevan... No dejes de abrazarme cada segundo.

-Hikaru... Gracias, Hikaru, te amo... Te quiero muchísimo, ahora... No quisiera separarme de ti, no puedo ni pensar en que mañana tendremos que estar separados de nuevo.

-Tranquilo... Esta no será la última vez que nos veamos. Podemos estar separados, pero siempre podremos vernos a solas alguna noche como la de hoy. Nadie me arrebatará tu presencia, Kaoru, no después de lo que ha pasado –lo besó-. Jamás me había sentido tan unido a ti... Creo que valió la pena esperar tantos años para esto, me has hecho disfrutarlo como nunca, te he sentido tan... No permitiré que nadie te ponga la mano encima de ahora en adelante, que te hagan sufrir. Te protegeré, Kaoru, contigo o en la distancia, pero siempre contarás con ello, te lo garantizo.

Los gemelos volvieron a besarse. Su vínculo se había fortalecido como nunca. Su universo se había expandido. Los recuerdos de aquella noche no quedarían jamás borrados, pese a que muchas otras le cedieran el paso, a los comentarios de la gente si se enteraban, las críticas, las amenazas. Les daba lo mismo. Kaoru estaba con Hikaru, Hikaru estaba con Kaoru. Nada importaba más allá del amor que se profesaban.

Cuando la persona amada se encuentra a tu lado, todo carece de importancia, hasta tal punto de que te planteas si tu vida ha pasado a ser propiedad suya, o aún sigues manteniendo control sobre tus acciones. El destino da vueltas hasta que te unes a alguien con quien serás feliz y con quien alcanzarás la felicidad.

Eso lo supieron en cuanto quedaron dormidos y abrazados, a la espera de una mañana llena de emociones, obstáculos que superar, planes que tramar. Todo fuera por ellos y por su amor, sus lazos, las mitades del corazón unidas.

El tiempo es demasiado lento para aquellos que esperan, demasiado rápido para aquellos que temen, demasiado largo para aquellos que sufren, demasiado corto para aquellos que celebran... pero para aquellos que aman, el tiempo es eterno.

FIN


N/A: Este oneshot de los gemelos se me ocurrió viendo un día una serie que trataba de un encuentro en una discoteca. Y enseguida me pregunté cómo sería hacer un semiUA de Ouran donde los gemelos estuvieran en una situación similar... De esa locura, nació este sencillo oneshot. No muy denso, lo suficiente para complacerme con un lemon de estos dos.

Sugerencias, quejas, críticas constructivas, opiniones o cualquier comentario pueden dejarme un review, me hará mucha ilusión. Muchos besitos y hasta el próximo fic, nos vemos.

PD: La cita final pertenece a Henry Van Dyke.



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