|
Author of 12 Stories |
Así es, es la hora del capitulo final. Pero no el final de la saga, porque ya viene la ultima parte de clasificación M. Así que disfruten este ultimo capitulo. No será la última vez que escuchen de Maynard y Harriet, apenas las cosas comienzan.
Capitulo 18. Resurrección
A la mañana siguiente Maynard desayunaba con Ted, Rowen, Charlie y Sean, Ellos comentaban lo terrible de haber perdido la copa de las casas y haber quedado de último, Slytherin por lo menos habia ganado la copa de Quidditch, pero las constantes detenciones y castigos para los de la casa de la serpiente habían ocasionado una pérdida excesiva de puntos.
Maynard no había tenido pesadillas aquella noche y eso era un alivio, no pensar en Harriet representaba un alivio también. Al levantar su cabeza pudo ver a su Padre entrando al Gran Salón con Marie L’Obiello. Marie lucía un escote exagerado para sus enormes pechos y su cabellera rubia oxigenada parecía intocable, iba de un brazo de Severus y este último con gesto de incomodidad.
- Padre, luces terrible. – Dijo Maynard con mucha sinceridad. - ¿Qué ocurre?
- Me agrada que seas detallista. Tuve una noche sin poder conciliar el sueño. Tu madre ha venido a verme. ¿Podrías venir con nosotros un momento?
- Claro. – Dijo Maynard levantándose. Los tres, Maynard, Severus y Florence (en forma de Marie L’Obiello) fueron hasta el despacho de Snape en las mazmorras.
Los gryffindor se quedaron algo atonitos antes la ida de tan peculiar familia.
- Yo me pregunto como el Profesor Snape se ha logrado encontrar una mujer como L’Obiello. – Dijo Rowen algo curioso. – Que me diga cual es la clave.
- Capaz la tiene hechizada o bajo la maldición Imperio, es una mujer muy hermosa para fijarse en un viejo desagradable como Snape. – Dijo Sean. – Justo la encontró tras la muerte de su esposa.
- Se me ocurre que Snape haya enviado a su esposa a propósito a juicio, de modo que la condenaran a muerte y luego así podría casarse con su amante. Y L’Obiello está detrás de la fortuna de los Snape. – Dijo Rowen sacando conjeturas.
- ¿Snape tiene una fortuna? – Preguntó Ted algo extrañado.
- No lo sabemos, pero eso explicaría porque está detrás del Profesor. – Dijo Sean.
- Si tuviera una fortuna no daría clases en Hogwarts. – Dijo Ted desmintiendo las especulaciones de sus amigos y su primo. – Además, sería mejor preguntarle a Maynard directamente y salimos de dudas. Capaz estamos juzgando mal a esa pobre mujer.
- Yo creo que Marie era una bailarina exótica en Francia, y el Profesor Snape decidió rescatarla de ese mundo depravado y convertirla en una buena mujer. Pero no pudo. – Dijo Rowen entre las risas de sus compañeros y la mirada reprobatoria de su primo Ted que seguía comiendo.
Mientras tanto en el despacho del viejo Profesor Snape, los tres Snape estaban reunidos una vez más. Maynard parecía algo nervioso por el silencio de sus padres
- Hijo mío. – Dijo Snape. – Lamentamos que tu madre solo venga por motivos poco agradables. Quisiera que nos respondieras con la mayor sinceridad posible a las preguntas que te haremos. Toma, jugo de calabaza para que te vaya mejor, pasaremos largo rato aquí. – Severus le aproximó un vaso de juego de calabaza refrescante.
- ¿Hice algo malo? – Maynard comenzó a desconfiar.
- No, no has hecho nada malo querido. – Dijo Florence volviendo a su habitual apariencia de cabello negro y túnicas discretas, así como a la proporcionalidad de su cuerpo (¿Quién puede concebir a Florence Harrington con enormes pechos al aire?). – Te necesitamos para una poción, es un ritual antiguo… de artes oscuras.
- Oh no, esto no va por buen camino. – Dijo Maynard tragando saliva.
- Todo esto tiene un propósito… necesitamos encontrar información sobre algo que sucedió hace muchos siglos atrás. – Dijo Florence algo severa. – La única solución es buscar en el pasado y en lo que quedó escrito en una sola hoja.
- Vaya, ustedes si que están locos. – Dijo Maynard asombrado. - ¿Qué necesitan de mi? ¿Acaso mi sangre?
- Es justamente lo que necesitamos hijo. – Dijo Snape al lado de Florence.
- Vaya, en verdad están locos de remate. – Dijo Maynard. – Bien, bien… si eso los hace felices a los dos. Tomen mi sangre.
- Primero toma el jugo de calabaza y relájate. – Dijo Snape. – Verás que todo va a estar bien.
- No, cuando tú intentas decirme que todo está bien es porque algo va a salir mal. Te conozco Severus. – Dijo Maynard.
- Mayn, tu padre sabe lo que hace. – Dijo Florence. – No te preocupes.
Maynard se tranquilizó al escuchar la dulce voz de su madre reconfortándolo, su madre sabía como apaciguarlo con su voz a pesar de que muchas otras personas que habían muerto en sus manos habían afirmado que su voz gélida podía erizar los pelos de la nuca y hacer temblar a los muertos. Pero Maynard sin pensarlo mucho se sentó en la silla y tomó el jugo de calabaza que su padre le había ofrecido junto a unas galletas.
- Bien, aquí está mi brazo. – Dijo Maynard estirando algo asustado su brazo. – Cuidado con tus inclinaciones vampirescas Severus. Mamá me lo contó todo.
- Gracias Florence. – Dijo Snape de malas pulgas.
- Esto será rápido. Pero antes hijo mío, tu padre y yo nos preguntábamos si por casualidad… ¿eres virgen? – Florence repentinamente se coloró hasta las orejas e hizo un gesto de no querer saber la respuesta.
- ¿Qué dicen? – Maynard parecía horrorizado ante tal pregunta íntima. – Oh no, ustedes aplicaron veritaserum en mi jugo. Tendré que decirles la verdad y…
- ¿Lo eres? – Snape habló con un tono más elevado para opacar la voz de su hijo, estaba muy nervioso.
- Pues… si, si lo soy. – Dijo Maynard algo apenado. - ¿Y que? No es un crimen, el hecho de que tenga 15 años y haya tenido una novia no quiere decir…
- Así que lo eres. – Dijo Florence con una sonrisa picara. – Mi niño lindo.
- ¡Mamá! No digas eso, por favor. Tengo 15 años. – Dijo Maynard avergonzado y bajando la cabeza. – Si, Esa es la verdad, pues como van a dudar de veritaserum.
- No te agregamos veritaserum hijo. – Dijo Snape con una cara de seriedad intentando borrar la escena sucedida anteriormente. – Confiamos en tu palabra.
- O sea… que ustedes me hicieron decir la verdad. – Dijo Maynard. - ¿Por qué les importa saber si soy virgen o no?
- Es importante para el ritual. – Dijo Snape. – Sangre inocente y de alguien virgen.
- No se lo digan a nadie, menos a mis amigos y mucho menos a Harriet Potter, bueno, ella ya lo sabe. – Dijo Maynard muy angustiado.
- ¿Potter? ¿Qué tiene que ver Potter con que…? – Snape mostró su desconfianza.
- NADA – Dijo Maynard sabiendo en los problemas que podía meter a su amiga si admitía el episodio donde ella le había agregado veritaserum para sacarle la verdad.
- No importa. Dame tu brazo. – Florence sostenía una daga plateada y Maynard sintió como un frío lo recorría. Se aproximó lentamente y Florence hizo una herida donde comenzó a salir abundante sangre, Maynard miraba con horror. Sin perder el tiempo Severus comenzó a llenar un pequeño frasco con la sangre de su hijo.
- Esto será suficiente. – Dijo Severus mientras Florence curaba la herida con mucho cuidado. – Para mañana la poción estará lista y podremos saber que secretos se ocultaron en el antiguo Castillo de los ocho extraordinarios.
- ¿De que trata todo esto? – Preguntó Maynard asombrado.
- Es una historia muy larga y podemos reflexionar sobre ella este viernes en nuestras clases avanzadas de defensa contra las artes oscuras. ¿Vendrás?
- Claro, espero no tener muchos deberes. Hay un ensayo inmensamente largo de pociones que no me deja en paz. – Dijo Maynard sarcásticamente. - ¿Podrás hacer algo por mi Padre?
- Pequeño manipulador. Si no terminas esa asignación, me encargaré de que tu mugrosa casa pierda 30 puntos por cada irresponsable que no haga la tarea. – Dijo Severus Snape en tono amenazante.
- Puedes ahorrarte lo de pequeño, dentro de un par de años seré más alto que tu. No te preocupes padre, terminaré mis deberes. – Dijo Maynard haciendo una reverencia exagerada haciendo que Florence se riera de las ocurrencias de su hijo.
- Eso es, hagan burla del viejo y atolondrado Severus Snape. – Dijo Snape volteándose hacía el caldero humeante con la poción de los recuerdos.
- Hijo, antes que te retires. Creo haber escuchado que tuviste una novia, ¿es eso cierto? – Preguntó Florence muy intrigada.
- Si, tenía. Me terminó porque pensó que me había liado con otra chica (cosa que es falsa), bah, intentamos volver pero las cosas se complicaron, me propuso matrimonio y es una larga historia. ¿Qué estaba pensando al fijarme en Martha Macinsale? – Dijo Maynard, mientras Florence daba una sonrisa fingida mezclada con una mueca de horror.
- Historias personales que no son de mi interés. – Dijo Snape dando la espalda a su mujer y a su hijo.
- ¡Claro que si! – Dijo Florence con algo de enojo en su voz. – Yo si estoy interesada en mi hijo, incluso en sus historias personales. Quiero saber con quién anda y a quien…
- Maynard, sobre la pregunta de hoy. Prometo no volver a preguntarte algo así, ya que esa parte de tu vida personal es algo que no me interesa saber. – Dijo Snape mirando a su hijo brevemente, comprobando una similaridad física con él mismo al tener su edad.
- Gracias… creo. – Dijo Maynard algo exasperado.
- Oh, que lamentable lo de tu novia, hijo mío. – Dijo Florence alegrándose porque su hijo estaba solo ahora. – Si, estás muy joven para pensar en matrimonio.
- Tu te casaste con mi padre cuando tenias dos años mas de los que yo tengo ahora. – Dijo Maynard.
- Puess… eran otros tiempos. - Florence no sabía que decir y dudaba ligeramente.
- Yo no quiero casarme, ni siquiera quiero formar una familia. – Dijo Maynard algo nervioso. - Debo irme, espero que ambos tengan un feliz día. Nos veremos pronto espero. Madre, no olvides que te quiero.
Maynard se despidió de un beso y un abrazo a su madre, dándole además un apretón de manos a su padre que apenas quiso cruzar mirada con él. Snape resopló cuando la puerta se cerró y su hijo se había ido.
- ¿No estás orgulloso de Maynard? – Preguntó Florence. – Es casi un hombre y es muy aplicado en lo que hace.
- Si, lo estoy. Hubiese querido que perteneciera a Slytherin, es demasiado astuto y brillante. Muy despierto, me equivoqué con él. – Dijo Snape. – Pero jamás debes alabarlo directamente o se echará a perder como Potter. Podría terminar siendo un arrogante y petulante como James o Harry Potter.
- Creo que exageras Severus. – Dijo Florence. – Los hijos de Harry Potter son dos buenos muchachos.
- Los hermanos Potter ya tuvieron su momento. Al llegar a Hogwarts se dieron cuenta que aunque su padre había sido un héroe contemporáneo, ellos no serán tratados como celebridades, eso por lo menos se lo he dejado bien claro a la pelirroja. – Dijo Snape.
El día de los T.I.M.O.S llegó y los chicos estaban muy emocionados al respecto, nadie sabia si el próximo año Hogwarts volvería a abrir y todos estaban aprovechando los últimos días del año escolar.
Harriet salió exhausta de las pruebas el último dia, manifestaba un dolor de cabeza y junto a sus amigas bajaron a las orillas del lago. Harriet se sentó en la grama, cayó al piso mirando al cielo grisáceo, con ganas de dormir. Pero aun con demasiado miedo por las pesadillas, estás se habían ausentado desde hace tres días. Sus amigas disfrutaban de aquel momento sabiendo que no tendrían que estudiar más por ahora, pero a la vez les invadía un sentimiento de nostalgia al no saber si volverían a verse el próximo año. Nadie sabía si Hogwarts volvería a abrir el próximo año.
Los últimos días de Hogwarts donde no había mucho que hacer, los chicos hablaban mucho del futuro y Harriet estaba sumida en una tristeza que no podía disimular, Christian se encargaba de animarla con muchos mimos pero ella le seguía incomodando, pero se podía decir que lo apreciaba. A pesar de las discusiones Harriet se había acostumbrado al cariño del chico, además de tenerle aprecio y apreciar perderse en su aroma. No quería creer lo que Marion y Daeva habían dicho sobre él, a primera apariencias Christian solo vivía para ella y aunque pareciera algo egocéntrico sabía como preocuparse por Harriet. Aunque muchas veces tenía la sensación de estar con la persona equivocada, pronto eso cambiaría. Era una tarde fría a pesar de estar acercándose el verano. Christian Valdemarr se acercó hacía las Slytherin y se sentó junto a Harriet.
- Espero que toda esta locura pase, no quiero que Hogwarts cierre. Quiero seguir viéndote. – Dijo Christian abrazando a su amada. – Te amo Harriet.
- Dios, que empalagoso Valdemarr. – Dijo Hillary algo incomoda.
- Todo va a estar bien. – Dijo Cassie. Pero Eloise estaba algo perdida mirando hacía el lago con un gesto de tristeza imborrable.
- Eloise, ¿Qué ocurre?
- Las cosas nunca van a estar bien. – Dijo la chica de cabello oscuro. – Lo se.
- No tiene sentido vivir en el miedo, ven amiga. Debemos tener fe. – Dijo Cassie abrazando a Eloise que lloró amargamente.
- Quiero… que todo esto acabe. – Dijo Eloise ocultando su rostro.
- No llores Eloise. – Dijo Harriet. – Aunque Hogwarts cierre nos volveremos a ver. Somos amigas, ¿no? Hay algo más que nos une a pesar de estar aquí compartiendo casa en Slytherin.
- Somos amigos y compañeros. – Dijo Christian.
- No solo eso, entre nosotros existe amor y lealtad. – Dijo Harriet con una sonrisa.
Eloise lloró aun más, pero rápidamente secó sus lágrimas y se levantó.
- Necesito estar a solas. – Dijo Eloise sin mirar a sus amigas. – Me voy a volver loca.
Eloise corrió hacía el castillo, cruzándose con Maynard Snape en el camino. Ella se desapareció en un instante.
- Ella estará bien. – Dijo Cassie. – Solo necesita tiempo, ella estará bien.
Faltaban pocas horas para abordar el tren de regreso a King Cross, Maynard Snape se había acercado hasta los Slytherin, encontrando a Harriet compartiendo con sus amigas y su novio en las orillas del lago.
- Potter, ¿Podemos hablar un momento? – Dijo Maynard sorprendiendo a las Slytherin. Christian mostró un gesto de disgusto.
- ¿Qué deseas hablar? – Preguntó Harriet. Maynard se dio media vuelta y la llamó con un dedo, ella fue tras el. Luego de alejarse hasta llegar a un árbol bastante frondoso Maynard le dio una ligera sonrisa y sacó un pequeño papel de su bolsillo.
- Esta es la dirección de mi nueva casa, quédatela. – Dijo Maynard. – Creo que desde aquella noche firmamos un contrato, a vivir pesadillas juntos y ayudarnos en esta tortura hasta el día de nuestra muerte.
- No digas eso. – Dijo Harriet. – No vamos a morir.
- No dejemos de estar en contacto estas vacaciones. – Dijo Maynard. – Hay mucho por averiguar sobre lo que ocurre con nosotros.
- Manley Malfoy está detrás de esto. Lo se. – Dijo Harriet. – Pero el está muerto. ¿Recuerdas esa noche en la casa de tu abuelo Harrington? Malfoy puso su mirada en mí. Se que tiene que ver con él, a pesar de que está muerto se que aun ronda por ahí hechizándonos.
- Algo tendremos que poder hacer. – Dijo Maynard Snape. – El dijo que volvería por mi, pero ¿qué tan acertado podría ser eso? ¿Por qué nosotros?
- No lo se. – Dijo Harriet bajando la mirada. Se quedó varios segundos en silencio mirando la dirección de los Snape, hasta que añadió. - Me sentiría algo incomoda estando en la casa de los Snape, recuerda que soy una Potter.
- Yo te doy la bienvenida. – Dijo Maynard. – A mi madrastra no le importará y mi padre no pasa tanto tiempo en casa. Hay un vínculo mágico entre nosotros y debemos estar alerta a todo lo que suceda. No dudes en escribirme una lechuza al menos. – Dijo Maynard.
- Está bien, Snape.
– ¿Puedo hacerte una pregunta personal? – Preguntó Maynard mirando hacía otro lado.
- Ya la has hecho. – Dijo Harriet.
- ¿En verdad tienes un lunar en los lumbares y una cicatriz en tu costado? – Preguntó Maynard sonando algo impertinente.
- ¿Cómo supiste eso? Ah…Soñaste conmigo otra vez, que incomodo. – Harriet había enrojecido ligeramente en las orejas. - Si… eso es verdad, un lunar en mis lumbares y una cicatriz en mi costado producto de una caída muy dolorosa de la escoba cuando tenía 7 años. ¿Por qué me intimidas de esa manera?
- Lo siento. Ese sueño es bastante real, cada vez que estoy con Martha, solo me recuerdo de ese sueño y eso si es bastante terrible. Si, es algo incomodo. – Maynard miraba al horizonte y Harriet miraba el suelo.
- Si, he tratado de no pensar en lo horrible que es el sueño. – Dijo Harriet. – He vaciado mi mente y desde entonces las pesadillas son menos frecuentes, pero al regresar son más violentas que antes.
- Si no termináramos los dos muertos, capaz hasta fuera agradable. – Dijo Maynard con una sonrisa fría. – ¿Esas sensaciones placenteras son reales?
- No lo se. Es solo un sueño, nada ha ocurrido entre nosotros. Tú y yo nunca optaríamos por eso. – Dijo Harriet, pero parecía que lo decía más para convencerse ella más que para convencerlo a él. - No te confundas ya que la chica del sueño no soy yo, el chico no eres tú. No somos nosotros, aunque se parecen. Nosotros nunca…
- Entiendo. – Dijo Maynard volviéndola a mirar. – Solo que a veces confunde un poco. Bueno, a mí por lo menos. Hemos visto tantas cosas el uno del otro sin querer, creo que ya nada nos puede sorprender.
- ¿Entonces? – Dijo Harriet.
- Esos sueños nos están diciendo algo y tenemos que averiguar que es, de esa forma podamos detener todo esto. ¿No crees? - Dijo Maynard. – Además que puedo asegurarte que hemos afianzado nuestra amistad, eso es muy bueno para mi.
- Que optimista considerar nuestra amistad entre tantas malas noticias. – Dijo Harriet sonriéndole un poco.
- Si. Pero aparte de eso quería despedirme de ti, será un verano bastante largo y hoy será la última vez que nos crucemos hoy.
- ¿Despedirte de mi? – Harriet sonrió levemente. - ¿Desde cuando hay tanta formalidad entre nosotros?
- Está bien, nada más una despedida porque eres mi amiga. ¿No es ese el código de amigos? – Dijo Maynard con una voz de indiferencia falsa y una actitud desenfadada. –Es lo mínimo que se espera entre nosotros.
- Quizás. Bien, entonces nos veremos pronto. – Dijo Harriet extendiéndole su mano y él la estrechó fuertemente. – Adiós, Snape.
- Acércate un momento. – Dijo Maynard. Harriet se acercó y Maynard la besó en la mejilla por primera vez. Harriet no se esperó aquel gesto y el chico Gryffindor le sonrió con maldad. – Creo que entre nosotros hay suficiente confianza para que tengamos contacto físico.
- Vaya, eso es una novedad. – Dijo Harriet y Maynard retrocedió. – Adiós Maynard.
- Adiós Harriet.
Harriet observó como el Gryffindor se devolvía al Castillo y ella estaba detenida mirándolo, detallando que Snape la había llamado por su nombre de pila. Recordaba que cuando apenas ellos tenían 11 años y el era tan bajito como ella, pero ahora era mucho más alto y en su caminar había algo elegante, pero capaz eran puras ideas suyas. Se dio cuenta que su corazón estaba algo acelerado. Cuando volteó encontró a Christian mirando con mucho enfado. Sus amigas estaban disimulando las risas y ella solo caminó hasta donde estaban sus amigas y su novio.
Harriet abordó el tren presintiendo muchas cosas incomodas. Ella se sentía algo triste sin saber exactamente porque, al fin aquel año escolar terminaba. En el compartimiento iba acompañada de Hillary, Cassie, Ted y Rowen. El silencio era algo incomodo, además que Ted dejaba caer todo al piso. Harriet no se percató de ello hasta que Ted lanzó sobre ella una caja de Ranas de Chocolate edición especial.
- ¡Cuidado! – Dijo Harriet. – Ted, estás muy torpe.
- Debe ser la emoción de abandonar Hogwarts. – Dijo Hillary. - ¿No es así Weasley?
Ted se sonrojó mucho y dijo un ligero “Si”. Harriet dejó de mirar la ventana, observando que Cassie dormía en el hombro de Hillary. Rowen leía una revista mientras Ted no sabía que hacer. Harriet se fijó en el pasillo de un chico de cabello negro que pasaba con gran apuro. Al regresarse vio con más calma que se trataba de Maynard acompañado por Nicole Osborne. Rowen y Ted se miraron cómplices y empezaron a reír. Harriet no entendió.
- ¿De que se rien? – Preguntó Harriet.
- Nada. – Dijo Rowen.
- No seas tonto. – Dijo Ted. – Sucede que Maynard ha tenido un pequeño romance con Nicole Osborne, ayer los descubrimos en la sala común besándose en un rincón.
- Si Martha se entera, va a enloquecer. ¿Así que su amado anda probando labios de otras queridas? – Hillary miraba con maldad.
- Oh vaya… - Harriet tenía un pequeño nudo en la garganta. Miró hacía el pasiaje afuera de la ventana. Hillary pasó su mano en el hombro de su amiga en señal de apoyo.
- ¿Saben algo? Este momento nunca va a volver. – Dijo Rowen.
- Ningún momento vuelve, Rowen. – Dijo Harriet.
- Quiero recordar este momento para siempre. – Dijo Rowen. – Junto a mi hermana, regresando a casa. Junto a sus amigas y mí mejor amigo y primo Ted. Quiero que las cosas nunca cambien, porque en cualquier momento podrías perderlo todo.
- Es bueno saber que te espera algo bueno en casa. Mis padres siempre viajan, estaré sola otro verano. – Dijo Hillary algo frustrada. – Cassie tiene que ayudar a su abuela en el Callejón Diagon con su negocio. Nada especial, yo aprecio estar en Hogwarts porque está mi verdadera familia. Las chicas, mis amigas.
- Vaya, no me imaginaba algo así Hillary. –Dijo Ted con la voz que le temblaba. Harriet miró el techo y cerró sus ojos. Una “época que termina hoy” se dijo a si misma, pero ella no se imaginaba que al llegar a su casa encontraría muchas más cosas de las que esperaba. Pudo dormir un rato, pero el mundo siguió su rumbo. El tren seguía andando y Harriet estaba muy lejos de allí…
Madre Galia, ayúdame
Madre Galia, me siento perdida
No se a donde ir, me siento tan perdida
Y se que vienen tras de mi a matarme
Se que mi inocencia va a acabar pronto
Ayúdame a sobrevivir, se que voy a morir
Madre Galia, no me dejes sola.
Acompáñame en la hora de mi venganza
He resucitado en su cuerpo, tengo una misión
Madre Galia, guíame en los caminos oscuros
Maynard regresó a su compartimiento donde Charlie y Sean hablaban. Miró fijamente por la ventanilla, muchas cosas pasaban por su cabeza. Extraños deseos y sensaciones.
- Todo Gryffindor sabe de lo tuyo con Nicole, ¿De dónde vino eso? – Sean estaba intrigado.
- No lo se. – Dijo Maynard indiferente. – Ella me ha buscado y yo solo me he dejado llevar. ¿Quién soy yo para negarme a los encuentros causales que me da el destino?
- Nicole está muy pendiente de ti desde que Martha y tu terminaron. – Dijo Sean con una sonrisa.
- Nunca he estado enamorado. – Dijo Maynard repentinamente a sus amigos. – Hoy me di cuenta de ello. Nunca he querido a una chica como para decirle “Te amo”. ¿Será que no tengo corazón? Porque me gustan algunas, pero no voy más alla. Pero temo por el hecho de que Martha si está realmente enamorada de mi. Alguna vez creí amarla, pero de repente todo se esfumó. Ahora siento cosas distintas…
- ¿A que te refieres?
- Estoy confundido. – Dijo Maynard. – Prefiero estar solo un tiempo.
Muchos deseos oscuros pasaban por su mente, poco a poco se había dado cuenta que su juego ya no tenía sentido. Martha y Nicole, eran las dos devotas hacía el. Pero ellas no eran nada para él y eso le hacía sentir mal. En sus pensamientos había aparecido otra vez aquella chica, aquella pequeña obsesión que iba creciendo. Ella era a quién quería probar, la chica de cabello rojo que le parecía imposible de alcanzar. Imposible por ser Potter, imposible por ser la hermana de Rowen e imposible por estar con otro chico. Harriet Potter se paseaba por sus pensamientos una vez más. Se había despedido de ella con un beso en la mejilla y secretamente hubiera deseado besarla en la boca, porque él no era capaz. Quizás los sueños lo estaban volviendo loco, pero se decía: “Algún día te voy a tener, algún día, así sea engañada serás mía”.
El tren llegó a Londres. Los chicos se levantaron y despidieron. Harriet comprobó que en la estación estaban sus padres y sus dos pequeños hermanos Greg y Myriad a los que tanto amaba. Pero se sentía extraña, un mal sabor en su boca. Rowen lo notó y le dijo a su hermana.
- ¿Ocurre algo? – Dijo Rowen mientras llevaba su baúl. Los ojos de su hermana se habían aclarado y un frío invadió el pasillo del Tren.
- He resucitado, al fin he resucitado. – Dijo Harriet con una voz diferente a la de ella. Esa voz esparció un frío extraño en el vagón. Todos se dieron cuenta del frío que apareció en aquel momento, menos Maynard al final del pasillo, Harriet volteó a verlo sin entender muy bien, sus miradas se cruzaron por cinco segundos.
- He resucitado, por ti. - Harriet proyectaba sus pensamientos y Maynard podía entenderla.
- Pronto estaremos juntos, lo prometo. – Maynard respondió también.
- No dejes que se haga tarde sino todo esto será en vano.
- Yo también he resucitado y estoy a tu lado.
Maynard siguió su camino, Harriet bajó su baúl. Todo siguió su curso en aquella tarde gris de Julio. Todos abrazaban a sus padres y se preparaban para ir a casa. Este próximo verano sería inolvidable.
FIN
Por lo visto he dejado muchos cabos sueltos. No se preocupen, que este es el final de esta parte pero no el final de la saga. Había deseado tanto tiempo llegar hasta aquí y ahora que lo he hecho, espero de corazón que les haya gustado. Por mi parte, ya voy a publicar en otra nueva historia la cuarta y ultima parte.
VickBlack: Florence aun tiene mucho que averiguar, ella no es la única pieza clave de esta historia. ¿Maynard es genial? Es un adolescente con hormonas desbordadas, que si es guapo, habrá que preguntarle a Harriet y a Martha, ¿qué tiene de especial este chico? Quien puede vivir sin chismes en Hogwarts, más aun sabiendo que de pronto todo puede acabar. Florence si, está vieja (aunque se siente frustrada por seguir siendo joven, pero recuerda que por lo menos ella estuvo fuera del mundo de los vivos al menos por 15 años, 15 años menos que Snape que tenía su misma edad) y aparte que desde que Maynard nació su envejecimiento se detuvo. Y Bingo, Maynard a pesar de todo, sigue siendo virgen aun… ¿Por cuánto tiempo? No pudo superar a su padre Severus. -- jajaja.
Un beso y nos vemos!