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Quiero agradecer especialmente a Lastblade, Yanily, Ephira, aerith potter, mond, tati uchiha por haberme dejado reviews. De verdad, chicas, este capitulo va para todas ustedes Gracias por no dejar que me olvide del fic con sus reviews. Y perdón, perdón ¡Perdón! Se arrodilla a los pies de sus lectoras Siento haberme tardado tanto…Demasiadas cosas ocurren muy rapido…
Capítulo 9:
"Aclaraciones…¿O más enredos?"
Y allí estaba yo… Frente a un plato tres veces más grande que uno normal, aunque claro, también más apetitoso de lo normal. Está claro, tengo dos opciones: La primera sería pedir permiso e irme; y la otra, tendría que ser quedarme aquí y fingir que como. "M..Creo que optaré por la primera…" Ya me preparaba a excusarme ante el rey para poder salir de ahí. Pero justo antes de que pudiera abrir la boca, el Rey tenía mi mano ente las suyas.
-Sabrina, me alegra tenerte aquí. Hice que prepararan esta comida especialmente e incluso invite a tu amiguito ese –Hizo un gesto despectivo con la cabeza, indicando a Ben "Vaya, creía que los reyes no hacían eso… "- Espero que sea de tu agrado – Asentí "Oh cielos, ahora estoy perdida, esta comida es para mí y no me podré ausentar". Suspiré, tendría que resignarme – Sabrina, me gustaría que después de esta comida nos encontremos en el salón del trono…pero por favor, no lleves a tu amigo.
-Esta bien, ahí estaré- Sonreí, el rey hizo lo mismo y luego siguió conversando con Gandalf.
Comenzamos a comer, sin mayores inconvenientes, al parecer. Como era una mesa redonda, se me hacía más complicado esconder trocitos de comida entre la servilleta y tenía que comer algo para lograr disimular, porque todos nos veíamos las caras, aunque cada uno estaba más interesado en su plato más que en otra cosa. Fue la media hora más larga de mi vida…y se me acababan las servilletas. "Sabrina, creo que deberás dejar de hacer teatro y comer esa comida, sólo te queda la mitad" Mi subconsciente parecía tener razón, pero aún así no entendía que estaba hasta el cuello de las naranjas que había comido.
Aparte, en la mesa había vino, lo cual no era algo muy bueno. Me estremecí al recordar la última vez que Ben había bebido demasiado vino. Lo peor era que aparte de mí, no había nadie que alejara el vino del alcance de Ben, pero yo estaba demasiado ocupada en fingir comer como para preocuparme por él. Ben se comenzó a poner cariñoso "Efecto del vino", pensé, de inmediato. "O rayos…El aliento de este chico apesta…Y…¿Cómo se las arregla para comer usando una mano y con la otra acariciar mi rodilla?…Ya basta, lleva cinco minutos así, y no me gusta" Suspiré; Legolas le dedicaba a Ben miradas de odio continuamente. Luego Ben apoyó su cabeza en mi hombro "¡Cielos! ¿Por qué no puedo enojarme con él? ¡Es tan adorable!"
OK, esto ya es incómodo: De su mano en mi rodilla, pasó a acariciar mi hombro, y lo más molesto de todo era que su mano ahora acariciaba mi espalda. Hice esfuerzos sobrenaturales para no enviarlo de una bofetada a estrellarse con la pared.
"Ya, esto sí que no me lo aguanto"
Me paré de golpe y todas las miradas se posaron en mí. Pero no había opción; por mucho que yo lo quisiera no iba a dejar que me tratara así. Lo que sucedió fue que de mi espalda, su mano pasó a llevar mi busto…y luego bajó directamente a mi trasero. "¿Qué chica en su sano juicio soportaría eso?" No lo pensé y de le planté un bofetón en la cara. La ira me inundaba por dentro.
-¿Quién te crees que eres? –Le grité en la cara. Era la primera vez que yo le hacía algo así, y Ben me miraba con las pupilas dilatadas – Mira Ben, ¡Ya no soy tu novia! ¡Tampoco volveré a ser "tu chica"! ¡Menos seré tu esposa! – Suspiré, tenía que tranquilizarme…Estaba haciendo un escándalo…y se sentía genial – Ben, yo te adoro, de verdad te quiero, pero no puedo dejar que me trates así. No soy ninguna…¡ninguna puta! - ¿Por qué rayos me costaba tanto decir eso? Además, me sentía mal, era la primera vez que me peleaba con Ben. Lo fulminé con la mirada, él odiaba que yo hiciera eso- ¿Sabes? Tu no eres el Ben del que yo alguna vez me enamoré, tampoco eres mi amigo Ben…Ya no sé que eres…eres…- Encontré la palabra perfecta, y supe que mis ojos brillaron con malicia - uno de ellos - Ben no decía palabra, parecía entrado en un trance. Me giré hacia al Rey, hice una leve reverencia, luego a las demás personas que se hallaban en la mesa e hice lo mismo, luego, me retiré con un: "Con permiso" y una sonrisa forzada.
"¡Ja! Dos…tres pájaros de un tiro. Primero, me salvé de la comida…le paré los carros a Ben e hice una salida dramática que no creía ser capaz de hacer" Entré al palacio y subí las primeras escaleras que encontré, además de que estaba al borde de las lágrimas. Llegué al primer bacón que pude divisar en aquel extraño momento. Necesitaba respirar un poco. Pensar en lo mal que me había portado con Ben, y en lo mal que él se había portado conmigo. Rayos…desde el balcón se divisaba aquella mesa en la que estaba sentada minutos antes. Ben seguía en ella, perdido, mirando a la nada.
Otra vez… culpabilidad me estaba matando por dentro. Y ni siquiera tenía por qué hacerlo…"¡Rayos!" Legolas ya no estaba sentado. Al parecer ya se había retirado hace mucho, ya que todos estaban perdidos en su mundo.
Me tomé la cabeza, y apoyé mi espalda al balcón. ¿Por qué me sentía así cuando él no estaba? Estoy demente. Lo mejor será que me retire a un lugar más calmado. Salí de ahí de inmediato…sentí pasos en el pasillo, así que apuré mas el paso. Bajé las grandes y frías escaleras de piedra por las cuales había pasado antes. Cuando llegué al jardín, pude divisar la pileta donde antes había tirado a Ben… Cerré los ojos con fuerza, y salí corriendo. ¿Por qué me pasaba esto a mi?
Inconscientemente, había llegado a un lugar al que le había tomado bastante cariño. El establo. Me senté sobre un barril junto a Niebla. Le acaricié las crines; y, como cualquier chica, tenía que contar mis problemas, ya sea a una persona, un animal…o a una alfombra – Y no crean que en mis momentos de desesperación no lo he hecho – Sin querer, comencé a hablar. Suspiré
-Ay Niebla…Ben está aquí ¡Sí! El mismo Ben, mi amigo del alma, mi sol personal…Mi amigo, mi compinche, mi novio y mi futuro esposo, el amor de mi vida…Eso es lo que fue Ben para mí, ahora, esta cambiado por completo…Hasta su sonrisa es distinta. Lo perdí, y todo por culpa de mis estúpidos deseos de viajar…Y además, le acabo de decir algo que estoy segura de que le ha dolido bastante- Niebla ladeó un poco la cabeza, claramente preguntándome: ¿Y por qué le dijiste eso?
-Le dije que era uno de ellos, tal vez, eso no sea lo mejor; hay insultos peores, pero para Ben, ese es uno más o menos letal ¿Por qué? Porque desde pequeños nosotros definíamos ellos como los típicos chicos que se la pasaban bebiendo y se jactaban de tener más chicas y cosas por el estilo, que pasaban en la calle vagabundeando. Es algo tonto, pero aún así. Los odiábamos, Ben siempre me decía que lo cuidara y que no dejase que se convirtiese en uno de esos chicos. ¿Y qué fue lo que ocurrió? Exactamente lo que no queríamos que pasara. Típico. -Hice una mueca. Niebla resopló y pegó un pisotón. Este caballo es genial…sí que sabe escuchar. Luego me miró con unos grandes ojos grises que no logré interpretar; su mensaje podría ir desde un "alcánzame una manzana del barril sobre el cual estás sentada" hasta un "Deja a Ben y quédate con Legolas" …O por lo menos eso era lo que yo quería que dijera. "¿Por qué los caballos no hablan? ¿Nadie se ha dignado a enseñarles?..Cielos…¿Por qué me pasa esto?¿Por qué llegué aquí?¿Por qué Legolas entró a mi vida?¿Y que tiene que ver el aquí?¡Estaba reclamando por mi vida no por él! ¡Además, el que tiene la culpa aquí es Ben!"
No me di cuenta de que los pensamientos ya no estaban en mi cabeza, sino que resonaban el todo el establo gracias a mis gritos. Pasé una mano por mis mejillas y me di cuenta de que estaba llorando. Niebla rodó los ojos y echó las orejas hacia atrás. De pronto, decidí hacer caso a los ojos de Niebla; me bajé del barril con algo de dificultad, abrí la tapa y le dejé una manzana en el piso; la comió gustoso. Al parecer, no escuchaba mis palabras, solo quería una manzana…
De pronto, me di cuenta de que tenía un Legolas enfrente de mí.
LEGOLAS
Apenas tuve tiempo de disfrutar el hecho de que Sabrina hubiera abofeteado al chico; Porque…Sabrina ya desaparecía entre las puertas del castillo. Miré a mi padre, que con su mirada me indicaba que fuera a por ella, luego observé a "Ben", qué aun no reaccionaba y seguía con la mano de Sabrina marcada en su mejilla. Mi amigo Gimli estaba aguantándose las risas de una forma…digamos… indecorosa; mientras que Aragorn, hacía lo mismo, con la diplomacia digna de un rey; Escondía su sonrisa tras una servilleta.
Decidí ir por ella de inmediato, así que me paré y luego de una reverencia me dirigí hacia los corredores del castillo. "Bien, tengo todo un castillo y todo un bosque por donde buscarla. ¿Por donde empiezo?" Me dirigí hacia su habitación, llegué allí, golpeé la puerta suavemente con mis nudillos y entré; pero no había rastro de ella. Decidí seguirla por los lugares que habíamos visitado con anterioridad dentro del castillo, pasaba rápidamente por habitaciones, balcones y salas; Pero aún así, luego de dar vuelta todo el castillo en poco tiempo, no había rastro de mi Sabrina
¿Eh? Ahí detuve mis pensamientos, pero no mis pasos. ¿Había dicho mi Sabrina? Imposible, no puedo permitirme el lujo de llamarla así, además, no tengo nada que ver con ella, por lo mismo, la idea de pasar a ser su pareja no debería existir. Soy un príncipe. Un P-R-I-N-C-I-P-E, me lo repetí letra por letra para no olvidarme. Un príncipe como yo no puede andar pensando en, en…¡chicas! Tengo asuntos más importantes que resolver como para andar preocupado de una muchacha que lo único que hace es entorpecerme.
Ella no tiene por qué amargarse al verse obligada a vivir aquí y si yo me permito el hecho de enamorarme de ella y que ella se enamorara de mí, sólo estaría creándole más problemas, al crear ataduras para ella…Y no soportaría el hecho de verla triste, pero tampoco la podía dejar ir…La tengo que mantener aquí a mi lado…
"¡Egoísta!" Una voz tronó en mi interior, y si mi desarrollado sentido del oído no fallaba, me había dicho egoísta.
Otra vez, me obligué a cortar el hilo de mis cavilaciones. Tenía un grave problema: Mi mente no funcionaba como debe. Resoplé. Esta chica si que causa estragos...Es decir, lleva poco más de un día aquí y ya me estoy volviendo loco. Lo único que necesitaba ahora era relajarme un poco y volver a ser yo.
Me apoyé sobre la pared del establo donde se hallaba Niebla, al parecer, había caminado de forma inconsciente hasta aquí. Cerré los ojos, hora ya pensaba con claridad y podría encontrar a Sabrina muy pronto… Mi oído se aguzó al escuchar el timbre de su voz, sonaba alterada…Hablaba deprisa, y las palabras salían a trompicones de su boca. Eran increíbles los cambios emocionales que se podían distinguir en una sola frase.
"Ben, mi amigo del alma, mi sol personal…Mi amigo, mi compinche, mi novio y mi futuro esposo, el amor de mi vida"
Me obligué a dejar de escuchar, y aquellas palabras resonaban en mi cabeza una y otra vez "El amor de mi vida…" Era vagamente consiente de lo que ella seguía diciendo, después, cuando haya despejado mi mente, pueda sentarme a comprender con claridad todo lo que ella decía; pero ahora, en lo único que pensaba era en esas palabras que rebotaban en mi cabeza. Di unos cuantos pasos hasta entrar al establo, y allí estaba ella, sentada sobre el barril de manzanas, y a pesar de tener los ojos rojos e hinchados de lagrimas, se veía preciosa..
SABRINA:
Legolas parecía perturbado, tal vez escuchó todo lo que había dicho…y quizás, sólo quizás, algo le había afectado. Me baje de un salto del barril y recorrí la distancia que nos separaba para abrazarlo. Enterré mi cabeza en su cuello y di rienda suelta a las lagrimas.
-Lo odio, quiero que Ben se vaya – Dije una vez que me hube tranquilizado algo, con la cabeza aún apoyada en él, luego lo miré a los ojos- No…No te vayas…No me dejes sola – Susurré, antes de volver a acurrucarme en él.
Legolas sonrió y besó mi frente, y comenzó a acariciar mi cabello, susurrando palabras de consuelo. Seguimos así abrasados hasta que las lagrimas cesaron del todo. Le dediqué una sonrisa tímida
-Gracias – Le dije- Yo…Siento que hayas tenido que escuchar y presenciar esto- Legolas no dijo nada, simplemente me dirigió de nuevo hasta el barril, y me elevó tomándome de las caderas, para que me sentara, y nuestros rostros quedaron a la misma altura. Me miró y yo me perdí en sus ojos. – Legolas, déjame explicarte…- Antes de que pudiese hablar, coloco uno de sus dedos sobre mi boca, haciéndome callar suavemente.
-Tranquila…Simplemente quiero…- Dijo, dejando la frase incompleta y acercándose mucho a mí, y su boca a mis labios. El corazón se me aceleró a mil, pero Legolas solo pudo llegar a besar la comisura de mis labios, porque Niebla pegaba patadas al piso y resoplaba. Una milésima de segundo después de que Legolas se separara un poco de mí, apareció un guardia del Rey, indicándonos que ya era la hora. Legolas asintió y el guardia se fue. Ladeé la cabeza, con el ceño fruncido, pero luego recordé: Era la hora de ir a hablar con el Rey.
En ese momento, deseé con todas mis fuerzas que el guardia hubiera aparecido un minuto después, Legolas me había dejado con el corazón fuera del pecho y ahora no ocurriría nada, aunque aún tenia su brazo en mi cintura. Me ayudo a bajar del barril y luego tomó de mi mano y comenzamos a caminar en silencio hasta el salón del trono, antes de salir del establo, le dediqué una sonrisa a Niebla, dándole las gracias, aunque no estaba muy segura de por qué.
Caminábamos en silencio, casa uno sumido en sus pensamientos, pero no era un silencio incómodo. Frente a las grandes puertas de entrada del salón, recordé a Ben.
- ¿Y Ben? ¿Dónde está? – Pregunté a Legolas, mirándolo a los ojos y haciendo esfuerzos sobrehumanos para no derretirme.
- Está durmiendo, en tu habitación, ahí se supone que lo enviaría mi padre – Dijo con una leve sonrisa en los labios. Abrió la puerta y recién ahí soltó mi mano, en cuanto lo hizo sentí que perdía una parte de mí, pero no pude preocuparme mucho de eso, porque de inmediato me tomó de la cintura y me guió hasta adentro, frente al trono del Rey y luego se separó.
En la habitación, aparte de nosotros tres, también se encontraban Gandalf, Lord Elrond y Galadriel, que se hallaban parados solemnemente al fondo del salón, pero nadie más. No había guardias ni otras elfas sirvientes del Rey, el gran salón en que nos encontrábamos estaba casi vacía. Legolas y yo hicimos una reverencia y el Rey asintió.
-Sabrina, será mejor que tomes asiento – Indicó el Rey, luego, de la nada, apareció atrás de mi una butaca.
-No, no, señor, no se preocupe, estoy bien – Dije mientras tomaba mis manos y comenzaba a jugar nerviosamente con ellas, porque sentía el peso de varias miradas sobre mí.
-Como prefieras tú, estará bien –Dijo el Rey con voz amable, pero luego se puso serio- Sabrina, déjame contarte una historia…
Bueno chicas, gracias por leer hasta aquí, espero que les haya gustado el capitulo El próximo se viene pronto, porque me faltan unos datos para completar mejor
Bueno, nos leeremos pronto Espero sus reviews, para animarme y seguir escribiendo.