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Author of 3 Stories |
Nota: Todos los personajes de Rurouni Kenshin, incluyendo al sexy y perfecto Aoshi Shinomori y la tierna Misao, son propiedad del genial y talentoso Nobuhiro Watsuki. Esta historia tiene como principal, y único, objetivo la de entretenerlas, entretenerme y perder el tiempo.
Advertencia Este fanfic es lemon, tiene un alto contenido en descripciones sexuales gráficas. Así que no es recomendable para todo el público.
Sin Escapatoria
Cinco
Llevaban muchas horas cal vagando. Misao estaba segura de ello. Tenia sueño y ya estaba anocheciendo. Y tenía hambre. El caballo se detuvo de pronto, haciendo con que Misao fijase su mirada en el camino.
Estaban frente a una vieja casa abandonada.
Cuando iba a preguntar porque se habían detenido allí cuando sintió como Aoshi la bajaba un poco (¿?) bruscamente del caballo y la hacia entrar a la cabaña.
La casa en cuestión parecía llevar ya varios años abandonada, aunque conservada su belleza. Misao definitivamente quedo encanta con ella y más aun porque solo ellos dos es que la iban a ocupar.
Mientras iba caminado para ver las habitaciones de la casa para ver el piso de arriba, aun pudo escuchar algo que él dijo.
“Hay un bañero un poco mas en frente. Aprovecha y báñate.”
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Después de que había pasado en su supuesta boda, Misao no se atrevía a volver a dirigirse a Aoshi. Tenía vergüenza, un sentimiento estúpido que la hacia tener temor en sí en verdad él había dado cuenta de lo nerviosa que se ponía ahora siempre que estaba junto a él. Por otro lado, él estaba convicto de que había echo alguna cosa de errado, quizás la hubiese herido profundamente y esa era la razón por lo cual ella no demostraba más interese.
Por años él no se había relacionado con ninguna mujer. A no ser evidentemente con las mujeres de la calle. Él intento no enamorarse, pero fue en vano. Y como dicen por allí, nadie tiene control sobre el corazón.
Todos los días era el mismo: llenos de amigos; llenos de meditación; llenos de miradas que al ser detectadas, se desviaban. ¿Cuántas fueran las veces en que Misao, escondida, lo observaba meditando el tempo? Posiblemente menos veces que el propio Aoshi a ella, mientras ella entrenaba, comía, caminada… dormía.
Sólo que Misao se sonrosaba, bajaba la cabeza, disfrazaba, cualquier cosa sin importancia.
A Aoshi solo le quedaba fingir que nada había pasado a pesar de que en el hondo lo que más quería era preguntar lo que había ocurrido. Hasta entonces nadie había se dado cuenta como los dos estaban y si lo hicieran, no creían que les debían preguntar.
Pero Aoshi nunca soportaría compartirla con otro. Y espero pacientemente a que el fuera a su habitación y le dijera que en efecto lo habia escogido a él. Pero nada de aquello habia sucedido. Y Aoshi habia visto como todas sus ilusiones se vinieran abajo con el silencio de ella.
Y saber que aun a pesar de saber que el estaba dispuesto a quedarse con él, no solo lo habia herido en su orgullo de macho y ego sino que habia sentido como lago dentro suyo se hubiese echo añicos.
Y si ella no era para él, entonces seria para el enano al que todos insistían llamar de Soujiro Seta.
Un pensamiento egoísta. ¿Pero quien no es egoísta cuando ama? Muy tarde se habia dado cuenta de que no solo nutria deseo por ella, y si aun tenia una oportunidad de tenerla para si, entonces, Aoshi Shinomori haría de todo por tenerla.
Y coincidencia o no allí estaban los dos estaban completamente solos en un vieja cabaña aislada del mundo entero.
Pasaran el día entero sin hacer nada. Aoshi trataba de hablarle, y Misao mal conseguía mirarlo. Para animarla un poco le pidió que preparase la cena, así, quien sabe al menos una conversación podría empezar.
“¿Quieres que yo cocine?”
“¡Si!” Dijo él con algo de entusiasmos en la voz.
Fue la primera vez desde que habían llegado allí, que Misao habia esbozado una sonrisa. Eso lleno los ojos de él de alegría. ¿Quién sabe las cosas no mejorarían?
Misao preparo algo simple y con lo que Aoshi habia trajo del bosque. Después de la cena ella fue lavar los platos. Él, ducharse.
Misao se sentó en sobre el futón perfectamente extendido y se dedico a admirar la pared.. Ya habia oscurecido. El día se fue dando paso a la oscura y silenciosa noche. Y todo recordaba la primera vez y la única que hicieran el amor. Sus ojos se perdieran dentro de aquella pared, mientras más y más imágenes aprecian cada vez más en su mente.
“Misao, ¿puedes ayudarme?”
Misao dio un pequeño salto. Se había asustado. Estaba tan sube merza en aquellos pensamientos que ni se había dado cuenta de que él se había aproximado.
“Creo que hay un nudo en mi cabello y no logro quitarlo…”
Sorpresa, ella levantara o rostro cuando escucho su voz. Y allá estaba él, de pie, de yukata, con sus cabellos mojados.
“Es… Esta… Bien…” Tartamudeo Misao.
Misao se sentó un poco hacia tras. El le ofreció su peine y se sentó en su frente, de espaldas. Tímidamente ella toco sus cabellos. No se acordaba ni siquiera de la última vez que lo había echo.
Eran muy suaves.
Encontró el nudo y delicadamente empezar a deshacerlo. Nunca había notado los colores del cabello de Aoshi. Entre sus mechones azules, había negros, como los colores de aquella misma noche.
Los mechones se enredaban entre sus dedos. El nudo ya había sido desecho pero aun así ella no resistía acariciar, alisar y sutilmente sentir el olor fresco del baño.
El tiempo se detuvo en aquel momento.
Aoshi ya se estaba entregando al cariño. Sentía cada mechón ser tocado y de ojos cerrados, se inclinaba cada vez mas hacia tras, ofreciendo los en toda extensión.
Estaba profundamente hipnotizado el uno por el otro.
Aoshi se sentó de frente. Misao empezó a jugar con algunos mechones de él. Quedaran allí, estáticos, respirando el deseo uno del otro, extasiados, con los corazones palpitando.
Aoshi solo vaya la boca de Misao. Roja, entreabierta, mostrando un poco del blanco de sus dientes, mordiendo los labios. Misao miraba la boca de Aoshi, que humedecía los labios. Era como un himen que los acerca los dos… más cerca… cerca… cerca…
Misao ya no escuchaba nada, ni el viento, ni las hojas cayeren al suelo, ni la respiración de Aoshi: nada.
Sintió sus labios tocando los de él. La boca de él era suave. Sus labios se fuera acostumbrando hasta quedaren totalmente obsesionados con los de él, embragándose de la caliente y húmeda saliva, del gusto de la adrenalina.
Aoshi tenía la lengua gruesa, áspera. Cada vez que la lengua de Aoshi tocaba la de Misao, ella no contenía el gemido. Las lenguas se alisaban lentas, ritmadas, inmersas una en la otra. Si detenían el tiempo el beso, inmediatamente empezaban de nuevo.
Aoshi estaba sediento.
Le mordía los labios, superior… inferior… La memorizaba con la boca. Ella ni lograba pensar si quiera.
Cuando dio por si, ya estaban desnudos. Misao tenia el cuerpo de Aoshi, pesado, mojado, quitándole la respiración.
El le besaba el cuello, lambía su piel sudada. Sus cabellos negros se recostaban en los senos de ella. Misao gemía, mordiscaba los hombros y los brazos de Aoshi.
Aoshi masajeaba los senos de ella. Toco los pezones con el interior de su mano, sintiéndolos erectos. Aoshi apretó los pezones con la punta de sus dedos, torciéndolos con cuidado.
Misao se dio cuenta de Aoshi estaba excitado. El apretada su caderas contra las de ella, deslizaba en el sexo húmedo. Misao deseaba mas que nunca ser poseída, pero él no la penetraba. Aun abriendo las piernas, colocándolo en la posesión. Aoshi se aparto un poco. Se decido entonces a chuparle los senos. Mordía, lambía, colocaba ambos en la boca, mirando fijamente para la cara de placer de la chica. Por un largo momento se sacio allí, jugando con los pezones de ella.
Tranquilamente empezó a bajar por su vientre, tropezando con su umbigo, lo circulo con la lengua. Se detuvo en la virilla, tocando casi su humedad. Misao temblaba a cada toque del. Era como una explosión sentir Aoshi saborear su carne, milímetro a milímetro. Ella sentía un poco de vergüenza. Solo que cada vez que la lengua áspera de él la tocaba, esos pensamientos se evaporaban.
Aoshi se detuvo. Se color sobre, apoyándose en los brazos.
“¡Quiero tenerte ahora!”
Aquella presión, el dolor que provocaba la reciente invasión solo aumento aun mas el deseo de Misao. Aoshi la penetro lentamente, estimulándola, acostumbrándola con le cuerpo caliente, apretado, húmedo de ella.
“Caliente… Húmedo…” Susurraba. Era difícil mantener los ojos abiertos. Se quedo parado durante algunos segundos. Después se hundió profundamente, soltando un gemido sexo y corto.
Los cabellos de Aoshi le hacían cosquillas en el cuello. Las manos recorrían su espina dorsal, deteniéndose en el trasero, clavando las uñas.
“¡Mas hondo!”
Oírla hablar aquello causo un descontrol en Aoshi. El mantuvo un ritmo rápido, variando los movimientos, respirando cada mas difícilmente. Intentaba no explotar aun dentro de ella, deseando prolongar más y más el placer. Las piernas de ella al rededor de su cintura, se dio cuenta de que estaba completamente dentro de ella.
Entre sus propios gemidos, y los de Misao, apenas escuchaban el ruido de s cuerpo chocando el uno contra el otro. Estaban extasiados.
“Misao, quiero dejarte embarazada. Llenarte con mi líquido ardiente, quemarte por dentro. Quiero que todos miren tu vientre crecer y que sepan que quien fue el hombro que te poseyó y que te va a poseer todo las noches de tu vida.”
¡Que idea mas loca era aquella! Ni el mismo entendía el porque. Hablaba todo lo que le venia a la mente. Y habia quedado tan excitado con la idea de dejarla embarazarla que no pensaba en otra sino llenarla de esperma.
“Si… Derrámate dentro mió…”
Ni dio tiempo para que ella pudiera terminar la frase. Aoshi habia explotado de ella, desplaciendo luego sobre el pecho de Misao. Descanso durante algunos segundos.
Con la respiración ínter cortada, el la beso cariñosamente, y riendo, acaricio el rostro de ella.
“¿Pero y si realmente me dejas en cinta?”
“¿Y qué? Eres mi mujer, nadie se extrañara que lleves un hijo mío dentro tuyo.” Dijo sonriendo.
Los dos se rieran de aquella plática loca, relajaran y recordaran que aquella noche apenas habia empezado.
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Se habia pasado un mes desde entonces. Y aunque aquellos días, en aquella cabaña habían sido los mejores de todas sus vidas, tanto Aoshi como Misao sabían que era hora de partir hacia Kyoto y terminar la boda que se habia realizado allá. Solo que esta vez el novio no seria Seta ni ningún otro. Sino Aoshi Shinomori, junto a una Misao que dentro de varios meses empezaría a ganar unos kilitos demás.
Por eso en cuanto hubo terminado de saciar de ella, empezaran a cal vagar rumbo al único que habia conocido.
A lo lejos Aoshi pudo ver perfectamente el Aoya y aunque quiso despertar a un dormida Misao, no hizo. Después de todas las embarazadas tenían que descansar mucho.
Detuvo el caballo frente al restaurante. Okon lo saludo calurosamente mientras loa ayudaba a bajar a Misao del caballo y la llevaba para una habitación.
Aoshi pidió entonces un te, cinco minutos mas tarde. Cuando se disponía a relajar mientras esperaba a que despertase a su futura novia, apareció el “ex” de ella.
“De repente el aire empezó a oler mal.”
Soujiro Seta hizo de todo por no responderle con la misma moneda. Se sentó frente a él, sin pedir permiso, pues ya sabia cual seria su respuesta.
“Si he venido a hablar con usted, es para esclarecer algunos puntos entre nosotros con respecto a la señorita Misao.” Aoshi irguió una ceja no creyendo lo que acaba de oír. “Mi relación con ella era la de un buen amigo. Yo se que él la amaba mucho y que usted no se daba cuenta de tales sentimientos. Por eso yo y el seño Okina ideamos una trampa para que usted aceptase que la amase y así Misao fuese feliz. Pero nunca creíamos que esto…”
Las varias personas en aquel restaurante pudieran escuchar perfectamente una risa maquiavélica. El noventa y nueve por cierto grito ante lo que sucedió.
“¿Entonces, todo este tiempo haz estado fingiendo sentir un infinito amor por mi Misao, solo para hacerme entender con ella?”
Aun sabiendo lo que pasaría a continuación y temiendo por su vida, Soujiro Seta sintió mientras veía como un furioso aoshi erguía su puño y le acertaba directamente en aquella parte mas sensible del hombre.
Y antes de desquitarse definitivamente por todo el engaño que le hizo pasar aquel tiempo aun pudo escuchar la voz de Misao diciéndole que se detuviese. Pero nada el mundo podría hacer con que Soujiro no llevase una buena paliza por parte suya.
Y como suelen decir…
En el amor como en guerra absolutamente todo esta permitido.
Y vivieron enoja… err… digo… felices por siempre.
OWARI
Fin)
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Notas de la autora: ¡Hola a todo el mundo! Siento mucho no haber actualizado el Jueves como lo habia prometido, pero en cierto modo me sentí un poco desanimada para escribir este capítulo final (que creo que fue el peor que he escrito en toda mi vida, y también el primer u.u). Pero llego el sábado y me puse a escribir como loca para terminarlo.
Muchas gracias a todas por sus 17 reviews! (¡fueran más de lo que había pedido como meta!). Muchos Dulces de Algodón para K-mila1106, YukiyashaMiara Makisan, Gabyhyatt, Carolina, Al ShinomoriMash, Pau, Becky-chan, Mollykfever, Ali-chan6, AoshMi SeshLin, Mitsuki Himura, Danny, Susy, Hikaruhiwatari y Ladie02 por sus comentarios en el capitulo anterior.
Otra cosa… La música que utilicé para finalizar este fic se llama “Además de ti” y es otra hermosa canción del guapísimo David Bustamante (definitivamente me he vuelto adicta a sus canciones u.u).
Bueno, espero que digan que les pareció este capitulo final y solo esperen por el Epilogo.
¡Hasta la próxima!
“En el amor como en la guerra todo esta permitido…”