Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search
: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Card Captor Sakura » Nuestra Historia

ChoCoLaTe-CoN-MeNTa
Author of 10 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Adventure - Sakura K. & Syaoran L. - Reviews: 86 - Updated: 12-09-06 - Published: 10-15-06 - Complete - id:3199333

¡Perdón por la tardanza! Estuve mal con eso de la gripe y tampoco tuve la oportunidad de venir al ciber para subir el capítulo… Pero acá estoy, únicamente para traerles la última parte de la historia, que sinceramente espero que disfruten.

Ni CardCaptor Sakura ni sus personajes me pertenecen, y estoy cansada de decir siempre lo mismo.


Capítulo 10: “El final del sueño”

Deseé que eso durara para siempre, pero la vida me enseñó, nuevamente, que los golpes más duros se dan a veces cuando uno menos lo espera. No transcurrió demasiado tiempo para que mi sueño, el sueño que yo había construido, que Xiao Lang y yo habíamos construido, corriera el riesgo de venirse abajo.

Era la tarde anterior al día en el que estaba previsto que llegáramos al puerto de Carfax otra vez. Yo había insistido mucho en pasar por allí primero, únicamente porque quería dar la cara frente a mi familia y decir, de una vez por todas, que me marchaba para no volver. No tenía ganas de comportarme como alguien que estaba huyendo, quería dar todo por terminado y olvidarme de todos por completo, con la conciencia tranquila y sólo preocupándome por mi futuro.

Yo caminaba tranquilamente por la cubierta, observando las olas chocar contra el casco del barco, iluminadas por el sol. Los reflejos de oro que se desprendían y el olor a agua salada me llenaron de una dulce melancolía. Súbitamente, me apetecía subir a ver aquel espectáculo desde lo alto de la vela mayor, el mejor observatorio que teníamos. Y, por supuesto, mi idea no era ir sola.

Me dirigí a la cocina, donde imaginé que se encontraba Xiao Lang, para proponerle que viniera conmigo. Sin embargo, la voz de Eriol, que sonaba entre enfadada y recriminatoria, me sacó de mi ensimismamiento y me puso en alerta. Decidí escuchar la conversación antes de irrumpir, y ojalá no lo hubiera hecho.

—No puedes hacer esto, Xiao Lang —le oí decir.

—¿Por qué no? Siempre he actuado conforme a mí me ha parecido bien, y eso no va a cambiar ahora. No entiendo porqué te pones así.

—¡Es que no está bien! —Me sorprendió que Eriol casi gritara, pero guardé silencio. ¿Qué estaba ocurriendo?—. Escucha, soy tu amigo, y eso lo sabes perfectamente. Lo único que intento es hacerte ver la verdad. Por mucho que no te guste, tienes una vida, una casa, un futuro en tierra. Tienes a tu prometida esperando por ti, y no creo que le guste la idea de que ahora le vengas con esto de que…

A mí se me encogió el corazón y tuve que taparme la boca para no dejar escapar un gemido de dolor o asombro.

—¡Tonterías! —oí que se exasperaba Xiao Lang, interrumpiéndole—. ¡Mei Ling no tiene nada que ver con esto, lo sabes perfectamente!

—¡Oh, por supuesto que sí¡Se supone que te casarías con ella en cuanto volvieras de tu viaje!

—Yo… no…

—¿Qué vas a hacer, Xiao Lang? No puedes decirle algo así como caído del cielo. Tienes que aterrizar de una vez, darte cuenta de que no siempre se puede jugar con la vida de esa manera. Por lo menos, hazte cargo de lo que ocasionas.

Yo no pude escuchar más. Antes de que me diera cuenta, las lágrimas comenzaron a bajar por mis mejillas con suma rapidez. Me apoyé contra la pared de la cocina, intentando no caer.

¿Una prometida¿Mei Ling?

Apreté los puños con más fuerza y bajé la cabeza. No, no podía estar pasándome aquello… ¡¿Por qué?! Si todo era perfecto¿por qué tendría que pasar esto ahora? No pude aguantar por más tiempo y estallé en llanto. No le di tiempo a nadie para verme en esa condición, pues salí de allí a toda prisa y me encerré en mi habitación. Me eché en la cama otra vez, como cuando estaba aún en Carfax y acababa de darme cuenta de cuánto me había afectado nuestro primer encuentro…

Lloré con más fuerza. Lo peor es que lo recordaba todo con demasiada claridad. El primer beso, la batalla, el día en que me descubrió y aún así me salvó de una muerte segura, la forma en que nos amamos aquella noche, y todas las noches siguientes, sus promesas, sus promesas, sus promesas…

¿Dónde quedaban ahora?

La realidad me golpeó tan fuerte como un bofetón en plena cara. Me había comportado como la niña ilusa que era. Todo había sido muy rápido, muy hermoso, muy perfecto. Tanto, que era como un sueño más. Xiao Lang había conseguido recobrar su preciado tesoro, y ahora la aventura llegaba a su fin.

Todas las hermosas historias, las de aventura, las de amor, las de muerte, todas tienen un final, y ahora era el momento de la nuestra. Él tenía una vida, una prometida esperándole en casa, un futuro con ella, con su futura familia, con sus futuros hijos, con su futura esposa, que no era yo. Y yo…, yo tendría siempre mi sobria vida, pese a que escapara de ella durante un rato. Había sido como un pequeño descanso, un descanso en el que conocí sensaciones que nunca antes había sentido.

Un pequeño descanso en el que me abrí a las promesas de alguien que debía seguir otro camino distinto al mío.

Había sido todo muy divertido, la aventura más apasionante de mi vida.

Pero el sueño se había terminado.

Era tiempo de volver al mundo. Era tiempo de resignarme a vivir una vida como todo el mundo, una vida solitaria y monótona, la vida que me merecía. Sólo en los libros ocurrían cosas tan hermosas y diferentes y luego había un final feliz. La vida no era eso, o al menos no para mí. Xiao Lang se marcharía a su hogar, a disfrutar de lo que había ganado y a dedicarse a amar a su nueva familia, algo que nunca había tenido. Y yo había sido tonta y me había enamorado de él, aún sabiendo que alguien como él no estaba a mi alcance, que era como intentar tocar el cielo con las manos. Siempre, por mucho que lo intentara, me dije a mí misma, acabaría cayendo y la caída sería más dolorosa conforme más cerca del cielo me encontrara. Había ido demasiado lejos, y ahora el dolor era insoportable. Me había enamorado de él, sabiendo todo eso, y él, como hombre astuto que era, se había aprovechado de mí con promesas falsas y obteniendo, a cambio, diversión y todo lo que su prometida, que estaba a miles de kilómetros, no podía darle estando en medio del océano.

Se había aprovechado de mí y de mi amor por él, y yo no había sabido verlo. Por causa de ello yo estaba ahora así, tumbada en la cama y llorando como una imbécil. Pero no más.

Era hora de regresar.

Limpié mis lágrimas con la manga de la camisa que llevaba puesta y que, por cierto, era de Xiao Lang, pues yo tenía muy poca ropa y tenía que usar la que él o Tomoyo me prestaban. Ya no quería usarla. Quería desprenderme de todo lo que fuera suyo, quería olvidar y esconderme, huir como una cobarde y no volver a verle más.

Oí que llamaban a la puerta, y pregunté quién era con la voz más normal que pude. Fruncí el ceño y por poco no aguanto las ganas de enterrarme un puñal en el pecho al identificar su voz.

—Sakura¿estás bien¿Por qué estás ahí encerrada, te encuentras mal?

—No me pasa nada —contesté ásperamente—. No necesito nada, Xiao Lang. Sólo quiero dormir.

—Como prefieras. —Sonó algo desconcertado, y yo me dije a mí misma que aquello era normal.

Después de todo, él no sabía que yo había escuchado su conversación con Eriol. Sus pasos se alejaron por el pasillo del barco otra vez y yo volví a dejarme caer sobre la cama y enterrar mi cabeza en la almohada.

Iba a ser una larga noche.

Los rayos del sol y los alaridos de las gaviotas me despertaron al día siguiente. A juzgar por la posición del sol, debía ser mediodía. Me incorporé con lentitud, y cuál fue mi asombro al divisar Carfax. Ya habíamos llegado y el barco estaba anclado en el puerto. Vi que Tomoyo estaba en tierra ya, ayudándole a Eriol a descargar lo que yo identifiqué como las cajas vacías en las que llevábamos comida.

Me vestí con el traje ya harapiento que una vez había sido hermoso y que compré en Carfax el día en que me embarqué en el Amatsu. No quería llevar conmigo nada más que lo propio, que lo obtenido por mis propios medios. Nada de Xiao Lang, nada de Tomoyo, porque él era lo que deseaba olvidar, y ella era alguien a quien iba a echar mucho de menos y que además se decepcionaría terriblemente cuando se enterara de que había vuelto a huir, aunque ahora de ellos.

Corrí apresuradamente por los pasillos, rogándole a un dios en el que nunca había creído que por favor no me encontrara con nadie. Puede que por mi falta de fe o por mi hipocresía, el omnipresente, omnipotente y omnitodo hiciera caso omiso de mi petición y me chocara, cuando ya estaba fuera del barco y con los pies en el suelo de piedras, con la última persona a la que quería ver.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Xiao Lang con sincera sorpresa—. Has estado muy rara desde ayer¿adónde vas?

Yo intenté hacer como que no existía y seguir con mi camino, pero él me sujetó del brazo y con su mano libre me tomó del mentón y me obligó a verlo a los ojos. Supongo que se sorprendió al ver que no lo miraba precisamente con cariño, sino con algo similar al odio, o que al menos yo traté de disfrazar como eso siendo realmente frustración y dolor.

—Sakura¿qué te…?

—Oye lo que te voy a decir, Xiao Lang, y óyeme bien, porque no pienso repetirlo —interrumpí. Sonaba furiosa—. El juego se acabó. Me vuelvo a casa, a donde pertenezco, con quienes pertenezco, y no intentes detenerme. Ya has jugado suficiente conmigo y no pienso permitir que esto siga así. No me busques, no quiero volver a verte.

Había ido alzando la voz sin darme cuenta, y lo último ya lo había gritado. Él me miró con los ojos muy abiertos y supongo que sin saber qué decir. Yo me zafé de su mano y corrí en dirección a la casa de mi tía.

La gente con la que choqué no fue poca, y muchos dejaban de andar y me miraban con asombro. Yo simplemente les ignoraba y seguía con mi camino, demasiado concentrada en mi tristeza como para poder enfadarme con sus miradas curiosas y su afán por entrometerse.

Abrí el enorme portal negro de la mansión y corrí por sus jardines. Cuando Nanako, mi criada, abrió la puerta, me miró completamente desconcertada y yo me eché a llorar entre sus brazos. Ella me acarició el pelo y no dijo nada, pero me invitó a pasar. Yo me solté de ella y anduve a paso rápido hasta la biblioteca, donde estaba mi tía.

—¡Sakura! —se alarmó, aunque no supe si fue porque había vuelto o por la ropa zaparrastrosa que llevaba— Pequeña¿dónde te habías metido¡Te buscamos por todas partes, Jonathan estaba tan preocupado por ti…!

—Lo siento, lo siento mucho. —El abrazarme a ella fue algo completamente nuevo para las dos, pero ninguna se mostró reticente. Yo necesitaba desahogarme y ella supongo que simplemente no entendía nada—. No importa dónde estuve, lo importante es que no voy a volver a irme… ¡No volveré a irme nunca más!

Ella me abrazó más fuertemente contra sí y yo estallé en llanto con más fuerza que antes. Era curioso, pero su contacto humano me reconfortó en cierto modo, aunque al instante noté la diferencia entre sus abrazos y los abrazos de Xiao Lang. No eran lo mismo, por supuesto. No me transmitían aquella confianza y seguridad, aquella dulzura y protección que él sí, aunque ahora había descubierto que era todo una sarta de mentiras. Pero necesitaba a alguien para llorar, fuera quien fuera esa persona.

Había renunciado a mi sueño. Ya no había vuelta atrás. Y el dolor que ello conllevaba era demasiado como para intentar aparentar ser fuerte.

—Ven, mi niña, vamos a avisar a los demás que ya estás de vuelta. Le diré a Nanako que te dé una ropa decente y luego charlaremos con más calma.

Yo no asentí ni dije nada, pero ella se tomó mi mutismo como una respuesta afirmativa, como siempre había hecho. Siempre su voluntad por encima de todo, siempre… Y yo…, yo antes había sido tan libre.

No, no podía pensar en eso, me recordé. Debería jurarme a mí misma que nada de eso había pasado. Sería lo mejor.

Me condujo hasta el salón, donde todo el mundo me rodeó y me disparó miles de preguntas que yo no me molesté en contestar. Cuando por fin me dejaron en paz, Nanako me preparó un baño y yo pasé horas allí, sumergida en la espuma y las burbujas, intentando borrar de mi mente todo lo vivido.

Era inútil.

—Xiao Lang… —fue todo lo que dije antes de comenzar a llorar de nuevo.

Dos días después, Jonathan regresó. Apenas atravesó el umbral de la puerta y me vio sentada en el sofá del salón, con la vista perdida en el fuego de la chimenea, corrió a abrazarme. Yo me dejé, porque no tenía fuerzas para rechazarlo. Miré el reloj en un intento desesperado de quién sabe qué. Pasaba de medianoche.

—¡Sakura, no puedo creerlo¡He venido tan rápido como pude en cuanto me enteré de que estabas aquí! —Me acarició la mejilla derecha y me miró como si nunca antes hubiera visto mi rostro antes, examinándolo con cuidado. Supuse que se aseguraba de que estuviera sana y salva—. Cariño, no vuelvas a irte así, por favor…

—No lo creo —susurré y me mordí el labio inferior—. No creo que vuelva a irme, porque…, porque…

—No, no digas nada. —Me acalló poniendo un dedo sobre mis labios y me sonrió. Yo no pude hacer lo mismo, pese a que lo intenté—. No importan los porqués, estás aquí y es lo único que me importa.

Yo guardé silencio, atendiendo a sus exigencias. Él separó su dedo índice de mi boca y después se acercó más a mí. Sus labios me besaron con torpeza, como siempre, pero noté que intentaba ser pasional. No le respondí.

—Sakura, temo que te hayas ido por culpa mía. —Puede que tuviera razón—. Por eso, he decidido que seré más cariñoso contigo a partir de ahora. Quiero demostrarte lo mucho que me importas…

—No hace falta que me demuestres nada, Jonathan —repliqué—. Yo ya lo sé perfectamente…

Y no estaba mintiendo al decir eso, pues ciertamente sabía de sus sentimientos y no era algo que pusiera en tela de juicio, por mucho que pudiera repugnarme. Lo malo no era eso, sino lo que a mí me pasaba con respecto a él.

—Eres fantástica. —Volvió a besarme, esta vez con algo más de fuerza.

Intenté responderle tan apasionadamente como podía, y aunque noté que logré excitarle, yo seguía tan fría como siempre y era como estar besando un témpano de hielo. No conseguía erizar ni un solo cabello de mi nuca.

Sin embargo y a pesar de mi falta de entusiasmo, él comenzó a repartir besos a lo largo de mi cuello. Con sus manos acarició mi espalda mientras yo me entregaba resignada.

—Durante todo el tiempo que no he estado contigo he podido comprender la falta que me haces. Es por eso que quiero estar contigo siempre, Sakura. No puedo esperar a que finalmente estemos casados, necesito hacerte mía antes de que lo haga alguien más…

Yo sonreí tristemente. Pobre Jonathan. Me habría gustado, sólo por un momento, que él fuera menos ingenuo y atento conmigo, que supiera todo lo que había hecho cuando estuve fuera, que me hubiera visto regalarme en cuerpo y alma una y otra vez, noche tras noche, a un hombre que no era él y que me había usado como a un trapo. Quizás como yo una vez pretendí usar a Jonathan.

Desabotonó mi vestido por la parte trasera, y en poco tiempo me encontré semidesnuda, a no ser por mi ropa interior, que consistía en un pequeño vestido corto de seda blanca y un enterizo debajo.

Casi no me di cuenta del momento en que me penetró. Sólo lo supuse porque su cuerpo estaba muy pegado al mío y se movía ligeramente, con un compás constante. Yo miré al techo, esperando.

No sentía nada. No era perfecto, no era hermoso y no era nuestro.

Me levanté de allí y volví a colocarme mi ropa interior. Él me miró con sorpresa y algo de pena.

—Lo siento, Jonathan, pero no puede ser. Yo no te amo.

Anduve hasta mi habitación y cerré la puerta tras de mí. Todo era tan triste, pero tan real. Mi vida volvía a ser sobria y seria como lo había sido siempre. Tenía mi casa, a mi tía, mis criadas, mi dinero, parte de la herencia, mi prometido. Pero nada de eso me importaba. Entre ninguna de esas cosas se encontraba lo único que yo quería.

De seguro aquello ya estaría demasiado lejos.

Ya habían pasado tres días, de modo que lo más probable era que se hubiera marchado en su barco, rumbo a la China, para encontrarse con su prometida Mei Ling. Intenté desearle lo mejor, desearle que fuera feliz con él, pero no pude. Rechacé la idea en mi mente al instante. Era demasiado doloroso para mí aún. Puede que fuera muy pronto como para poder tratar el tema con naturalidad.

Sí, eso debía ser.

Caminé hasta el escritorio, donde encontré un pequeño librito. Sonreí y lo tomé entre mis manos con delicadeza. Era el librito en donde yo escribía mis cuentos de niña. Siempre me había gustado redactar, y mi espíritu soñador, que únicamente era libre cuando lo desataba en una hoja de papel, casi me obligaba a inventarme esos bonitos cuentos. Miré por encima algunas carillas, y me di prisa para llegar a la última página, que estaba amarillenta por el paso del tiempo.

—Y vivieron felices para siempre… —leí en voz alta.

Cerré el librito y lo apreté contra mi pecho. Ojalá todo fuera como en los cuentos, pero no. La vida real era más dura que eso, y el príncipe era en realidad un sapo y la princesa no se despertaba nunca sólo con un beso. No vivían felices para siempre, porque si se encontraban, la vida se encargaba de volver a separarles.

Oh, pero cuánto deseaba yo que…

Un extraño sonido en mi ventana me sobresaltó. Permanecí alerta durante unos segundos para asegurarme de que no había sido producto de mi imaginación, y entonces el tiempo me dio la razón. Dos golpecitos más me sacaron de dudas, y además me di cuenta de que era el ruido de pequeñas piedras golpeando el cristal. ¿Quién arrojaba piedras a mi ventana? Como descubriera al pequeño rufián que estaba haciendo eso, iba a caerle una buena.

Me acerqué a la ventana y vi la luna a través del cristal, una luna llena y hermosamente amarilla, casi dorada. Un dorado que me recordó al brillo en unos ojos marrones.

No, tenía que dejar de pensar en eso.

Abrí la ventana rápidamente y me asomé. Estuve a punto de gritarle al crío que dejara de tirar piedras, pero la orden se quedó en mi garganta.

—Hola, Sakura.

Mis ojos se abrieron desmesuradamente y ahogué un suspiro. Allí estaba él, sonriéndome como si nada hubiera pasado, con su camisa blanca y sus pantalones color caqui. Llevaba una levita en color marrón con detalles dorados, y algunas de las joyas que habíamos encontrado en su tesoro colgaban de su cuello o adornaban sus bien formadas manos. Me estaba observando con aquel gesto soñador que tanto me gustaba, pero me obligué a ser dura e infranqueable.

—Li, te dije que no quería verte. ¿Qué haces aquí?

—Pasaba por aquí —contestó con simpleza—. Además, no me importa que no quieras verme. Yo sí quiero verte a ti.

—¡Cínico! —le grité—. ¡Vete de aquí o llamaré a alguien y te meterán en la cárcel por invadir una propiedad privada!

Amplió su sonrisa, divertido.

—Vamos, sé que no hablas en serio. Además, yo no te he hecho nada para que me trates así.

—No lo entenderías, Xiao Lang. Mira que tienes cara como para volver a verme aún después de lo que te dije, después de que te dijera que no quería verte más. Me haces daño, pero no te importa¿verdad?

Se había puesto serio de repente, y entonces vi que me miraba con verdadera tristeza. Yo apreté los puños y casi me pongo a llorar de nuevo, pero conseguí aguantar.

—Claro que me importa, pero es que no te entiendo.

—¡Eres un imbécil¡Oí lo de Mei Ling, lo que Eriol te dijo en la cocina, Xiao Lang! —estallé, aunque en contra de mi voluntad—. No puedo creer que ahora vengas aquí como si nada, cuando estás comprometido con una mujer y…

Xiao Lang se echó a reír a carcajada limpia, con aquella risa suya tan clara y hermosa. Oh, maldición, por mucho que lo intentara no conseguía sacarme de la cabeza cada uno de sus detalles. Yo estuve a punto de perder la batalla y dejar que las lágrimas salieran, presa de la impotencia y la desesperación, cuando él volvió a mirarme con atención, esta vez dulcemente y con algo de compasión en sus ojos.

—Mei Ling y yo estamos comprometidos desde que tengo cinco años. Fue un compromiso que arreglaron mis padres y que ni yo ni ella nos hemos atrevido a romper cuando toda la familia murió. Somos primos, y lo único que nos hizo seguir con esa promesa utópica fue el intentar conservar la sangre de nuestra familia. Sin embargo, ni ella me quiere a mí ni yo la quiero a ella como debería. Lo nuestro es más una hermandad que otra cosa, puedo asegurártelo. ¿Fue por eso que te marchaste, porque estabas celosa?

Yo bajé la mirada y sentí mis mejillas encenderse de rubor. Si una cosa había aprendido es que Xiao Lang era un hombre de palabra. Me reproché mentalmente por haber dudado de él, pero aún así el orgullo era más fuerte y yo seguí mostrándome hostil y hasta algo caprichosa. Desvié la mirada y luego oí unos ruiditos en la reja que ascendía hasta mi ventana y estaba llena de rosas rojas. Cuando giré la cabeza de nuevo, me lo encontré trepando por ella y más sonriente y divertido que nunca.

—¿Qué haces? —exclamé yo.

—Vengo a rescatar a la princesa, igual que en los cuentos.

Llegó hasta mí y nuestros rostros quedaron separados por pocos centímetros. Él estaba apoyado en el alféizar de la ventana, mientras yo pugnaba por concentrarme en mi enfado, aunque ahora no sabía realmente porqué seguía enfadada.

—¿No piensas volver a mirarme?

—No tengo porqué hacerlo —le respondí secamente y con obstinación. Él me tomó de la barbilla y me obligó a hacer contacto visual—. Deberías haberte marchado a China. Creí que ya te habías ido.

Xiao Lang pareció indignarse.

—No me iría sin ti, eso deberías saberlo. ¿No recuerdas lo que te prometí?

—No, no lo recuerdo.

Sí, si que lo recordaba.

—Te vendrás conmigo —dijo—. No eres un hombre fiel ni fuerte, eres la mujer valiente y decidida que quiero tener a mi lado por siempre… Nunca nadie se arriesgó tanto por alguien como yo, no puedo dejarte cuando he comprendido lo necesaria que eres para mí. En el momento en que te vi en el barco supe que no podría haber sido de otra manera. Si tú no venías, yo sería quien me quedara. Desde el primer momento lo he sentido así¿tú no?

Yo lo miré, algo sonrojada. Sus ojos color chocolate brillaban con destellos dorados, tal y como recordaba, y tenía una sonrisa dibujada en sus labios. Su mano aún sujetaba mi barbilla con suavidad, y yo noté que ya no podía contener las lágrimas. Una de ellas resbaló por mi mejilla, y Xiao Lang la apartó con un dedo.

—Vuelve a escapar conmigo, Sakura. Vayámonos lejos de todo y de todos, no importa nada más. Iré a donde tú quieras, eso me da igual. Pero, por favor, vayamos juntos.

—Oh, Xiao Lang…

Me abracé tan fuertemente a él que casi nos caemos los dos de la ventana. Por suerte, Xiao Lang se aferró al marco de la ventana y me sostuvo a mí también. Yo le miré agradecida y con una sonrisa de oreja a oreja. De repente, ya había olvidado todo mi disgusto.

El sabor del dolor no estaba ya en mi boca, y no sabía nada acerca de los tres horribles días que pasé en casa de mi tía como una muerta en vida. No recordé a Jonathan ni a nadie, tan sólo existía para mí aquel muchacho de ojos marrones que me sostenía con fuerza por la cintura y respiraba calmadamente contra mi rostro. De repente, lo supe. Supe que nunca habría nadie más, que todo había estado muy claro desde un principio. Supe que Xiao Lang no se daba por vencido, y que yo tampoco podría, por mucho que me esforzara. Supe que, pese a todo y quizás sin darnos cuenta, ambos lucharíamos por volver a encontrarnos cuantas veces fuera necesario. No importaban los demás, no importaba nada. Importábamos nosotros, y eso era todo.

La luna nos iluminó mientras nos besábamos con pasión, y también nos acompañó hasta el suelo cuando Xiao Lang me llevó en brazos al bajar por la reja con rosas. Nos acompañó todo el camino hasta el puerto. Nos acompañó hasta la habitación en el barco. Nos acompañó aquella noche en su cama.

Nos acompañó durante todos estos años.

Porque ahora que escribo este libro, la luna también nos acompaña. Han pasado siete años desde aquello, y aquí, en el Caribe, brilla con más luz que en ningún otro lugar. Ilumina el amplio sillón de mimbre en el que estoy sentada, me ilumina a mí y a Xiao Lang, que está durmiendo tranquilamente con la cabeza recostada sobre mi pecho. Él se acurruca un poco mejor y yo sonrío. Parece un niño.

Me he animado a escribir esto porque recibí una carta de mi amiga Tomoyo, que está ahora mismo en Japón, viviendo con Eriol, su marido, y su familia. Ya tiene dos hijos, a los que, por cierto, aún no he visto, pero confío en que así será dentro de poco, cuando vengan a visitarnos. La nostalgia me invadió por completo y entonces no pude evitar tener que plasmar en un papel lo que pasó…

Y aún un escalofrío sube por mi espalda al recordar aquella noche en la que casi lo pierdo todo, de no ser porque Xiao Lang volvió a buscarme, a pesar de mi negativa.

Sí, conocí a Mei Ling cuando viajé a China, y no hice más que comprobar que ella era más hermana suya que ninguna otra cosa. Pasé en China un tiempo, hasta que luego vinimos aquí, al Caribe. Él decía que le recordaba a nuestro primer viaje, a cómo nos conocimos y a todo lo maravilloso que había pasado aquí. Y tenía razón. Los recuerdos me invaden en cada rincón de esta isla, y no lo cambiaría por nada.

Contemplo la noche estrellada y pienso que, sin importar las dificultades y teniendo que arriesgarlo todo, me había salido con la mía y había conseguido vivir mi cuento. Una historia de aventuras, en la que la heroína luchaba en tierras desconocidas y exóticas, donde encontraba el amor. Yo había podido recrear dos de los tipos más comunes de mis historias favoritas, pues, además de eso, podría decirse que el valeroso caballero había venido a rescatarme.

Habían pasado tantas cosas. Pude desatarme de la vida que llevaba y comenzar de nuevo, sin renunciar a mis sueños. Encontré una amiga de verdad, e incluso mi pasado, una parte de mí que me faltaba, que se quedó con Touya en la isla al morir él…

Y no es que lo mío sea un cuento de hadas. Ni tampoco tiene un final de ensueño, creo yo. No somos perfectos, y nuestra vida o nuestros actos puede que no sean dignos de admiración…

Pero, al fin y al cabo, es nuestra historia.


Notas de la autora¡Cof, cof…¡SE ACABÓ¡FIN! THE END! C’EST FINI! Es el último capítulo y la verdad es que no sé qué decir XD. Esto es más difícil de lo que pensé…, pero bueno, pasaré a lo primero que se me ocurre:

Infinitas gracias a TODOS los que siguieron la historia, y también a quienes dejaron sus comentarios, que fueron de gran ayuda y sobre todo me animaron muchísimo a seguir publicando, sabiendo que lo que escribiera sería bien recibido. Tengan la certeza de que es algo que les agradezco de todo corazón, porque no sólo escribo para mí, porque me guste, sino que también para los demás, para que otras personas también puedan disfrutar de ello.

¡Saludos a todos! Nos leemos en alguna de mis otras historias, o en las suyas también, probablemente.



Return to Top