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CARDCAPTOR SAKURA
“Luz en la oscuridad”
“Soy la llave de tu corazón,
El albor guardado en tus recuerdos.
Soy la Enviada para apresar la oscuridad.
Recuérdame cuando las tinieblas
Se cierren en torno a ti,
Portadora de la Luz”
Capítulo 1: “Una vida normal”
Era una mañana como cualquier otra en la pequeña ciudad de Tomoeda. Un cielo despejado y el rumor de las hojas de los árboles al acariciarse le daban aún un aspecto más dormido del que normalmente caracterizaba al lugar. Casi en exceso tranquilas, se alzaban las casas a ambos lados de las calles medio vacías, transitadas únicamente por algunos jóvenes que se dirigían temprano al centro de estudios, y alguna que otra persona que, ocasionalmente, se paseaba en silencio entre tanta tranquilidad.
Y como todo lo que empieza acaba, aquella paz se vio seriamente afectada en un rincón de la población, en una casa de muros amarillos, donde la alarma del despertador no paraba de sonar y se repetía la misma ruidosa escena de todas las mañanas.
—¡LLEGO TARDE!
Nuevamente se había quedado dormida. Bajó las escaleras tan rápido como sus delgadas pero ágiles piernas se lo permitían, hizo un derrape en el pasillo, y se apresuró a sentarse en la mesa de la cocina bajo la atenta y burlona mirada de su hermano.
—Parece que algunas cosas nunca cambian¿tú qué dices, monstruo?
—¡TOUYA! —La niña dejó por unos instantes de engullir su desayuno en una carrera desenfrenada para gritarle al molesto de su hermano que, al parecer, se divertía en sobremanera haciéndola enfadar—. ¡Y no me distraigas, que voy a llegar tarde! —Se volvió a concentrar en su comida, pero por escasos segundos, ya que…
—Claro, había olvidado que el trabajo de los monstruos es agotador, por eso siempre te quedas dormi… —La frase fue interrumpida salvajemente, gracias a una patada en la pierna y cortesía del monstruo, como solía llamarla Touya tantas y tantas veces, hasta agotar su paciencia y acabar así o de forma similar. Ambos estaban, seguramente, dispuestos a seguir con la pelea, pero la voz de Fujitaka, su padre, los sacó del ring.
—¿No es tarde ya? —preguntó, más para recordárselo a sus hijos que para salir de alguna duda.
—Sí. Monstruo, si tardas tanto vas a llegar mañana… —dijo el chico, abriendo la puerta y atravesando el mural, casi sin darle tiempo a su hermana para reaccionar y seguirle, luego de despedirse de su padre, que la vio alejarse orgulloso, contemplando aquella sonrisa que siempre tenía, casi grabada a fuego, en su rostro alegre. Se parecía muchísimo a su madre, Nadeshiko, cuya imagen se dejaba ver en el portarretratos que había en el mueble del comedor.
Los cerezos de la senda peatonal aún no estaban en flor, y la sonriente muchacha de cabellos color miel que ahora le llegaban hasta media espalda, rizándose un tanto al final, y aquellos ojos que simulaban dos brillantes esmeraldas, se paseaba bajo las ramas desnudas de los árboles. Era una verdadera lástima que tuviera que darse tanta prisa y no pudiera disfrutar del camino, ya que debía alcanzar a su hermano que, al ir en bicicleta, le llevaba bastante ventaja. Se arrepintió de no usar sus patines, como hacía antes. Los recuerdos de su época de Card Captor la invadieron, llenándola de nostalgia. ¡Vaya si había pasado tiempo desde la captura de las cartas! Aunque, la verdad, esos 3 años no le sentaron para nada mal. Aún utilizaba su magia, aunque no tanto como antes, claro está, simplemente porque ya no había situaciones tan comprometedoras, cosa que agradecía, pero sólo en parte. En realidad, echaba mucho de menos aquellos momentos. Soltó una risita al venir a su mente la frase que Tomoyo recitara días atrás… y es que tenía razón, “le faltaba acción a sus vidas”.
De su ensimismamiento la sacó el divisar a Touya y a Yukito montados sus respectivas bicicletas, ambos rumbo al mismo trabajo, el cual ella desconocía de qué se trataba, ya que su hermano se había negado a responder nada, y a su amigo no se lo había preguntado, simplemente porque no se le había ocurrido. Y es que ella aún no entendía cómo se las arreglaban para encontrar empleo en el mismo sitio y cambiar tan seguido de trabajo. Pero bueno, al fin y al cabo, así había sido siempre con ellos.
Aceleró aún más, y logró captar la atención del joven de cabellos grisáceos, que se giró hacia ella con una radiante sonrisa, de esas que antes la hacían temblar como un flan y ponerse más colorada que un tomate maduro. Pero ya no, todo eso había cambiado hacía ya muchos años, aún en su etapa de Card Captor, comprendió que no era amor lo que sentía hacia él, y aunque le costó aceptarlo en un principio y realmente le dolió en el alma no ser correspondida, alguien la había ayudado a recuperarse completamente, brindándole todo su apoyo cuando más lo necesitaba…
—¡Sakura!
La chica volvió nuevamente a la realidad, y le regaló una tierna mirada al joven Yukito Tsukishiro, quien aminoró la velocidad que llevaba, para que ella pudiera seguirlo a él y a su hermano sin tener que correr.
—¡Buenos días, Yukito!
—Buenos días¿has dormido bien?
El rostro de Sakura se tornó algo sombrío unos instantes, y bajó la vista para ocultar la preocupación que, al parecer, se había apoderado de ella. Y es que aquel sueño que venía teniendo desde hacía días le resultaba de lo más extraño e incluso le infería cierto temor.
—Sí…
—¿Y cómo no va a haber dormido bien, si tiene un sueño tan pesado que no despierta ni con los tres despertadores que programa? —interrumpió Touya, con el único fin de sacarla de quicio y hacerla quedar mal delante de su amigo. Pero por una extraña razón, su hermana no había respondido con ninguna patada ni grito; seguía ensimismada y seria. No era buen presagio—. Oye, monstruo…
—¿Qué quieres? —Se ve que esa palabra era la única capaz de hacerla reaccionar.
Touya parecía querer decir algo, pero se calló al instante y volvió a girar su vista hacia delante, haciendo que la pobre y despistada Sakura quedara en un desconcierto total ante su actitud. Desistió en preguntar qué era lo que iba a decirle por dos motivos: primero y principal, porque sabía perfectamente que no le diría nada; y segundo, porque ya veía las puertas del instituto ante ella. Se detuvo frente a las rejas, agitando la mano a modo de despedida de su odioso hermanito y su amigo, que, quizás en honor a los viejos tiempos, le arrojó un caramelo que ella cazó al vuelo y agradeció con una sonrisa de oreja a oreja mientras los veía alejarse, charlando animadamente. Echó un último vistazo a su reloj; al fin y al cabo, no se le había hecho tarde. Ese día tenía guardia, así que era relativamente temprano, por lo que no debía preocuparse por el horario. Se dio la vuelta, encaminándose hacia el patio, para entrar, finalmente, al pasillo que la llevaría a su clase, luego de alguna que otra vuelta. La luz del sol se colaba a raudales por entre las ventanas, iluminándolo todo, y también a ella, que se asemejaba cada vez más a un verdadero ángel… o al menos, eso era lo que le decían a menudo. Aquella idea hizo que se sonrojara. Algunos exageraban realmente demasiado, se dijo.
Abrió la puerta corredera de la clase, y se alegró de que Tomoyo ya hubiera llegado.
—¡Buenos días! —El saludo fue acompañado con su habitual y encantadora sonrisa, dejando atrás, en un recuerdo borroso, la amargura que había sentido hacía unos instantes.
—¡Esto es un verdadero milagro¡Qué madrugadora estás hoy! —rió la amatista, provocando el comentario en Sakura un ligero sonrojo—. No estarás enferma… ¿verdad? Me preocupas, nunca llegas a estas horas… Mmm…
—Jejeje, bueno, es que como nos toca de guardia…
—¡Ah, es verdad, ya casi lo había olvidado! —Tomoyo introdujo su mano en su portafolios, de donde sacó una cámara de video cuyo objetivo quedó a pocos centímetros de la entre asombrada y azorada cara de la castaña—. ¡Así podré grabar a la maravillosa Sakura mientras ordena la clase¡Es una ocasión perfecta, perfecta…!
—No es para tanto, Tomoyo…
Pero cualquier reproche era pasado por alto por la amatista, que seguía filmando a su amiga con el mismo entusiasmo y mirada soñadora que hacía años.
La verdad era que Tomoyo siempre había estado allí, grabando cada paso que daba, cada segundo, cada alegría, cada dolor, cada cambio. No soportaría separarse de ella, ojalá eso no ocurriera nunca. Fue quien conoció primero que nadie el secreto de las Cartas de Clow y le brindó su amistad y apoyo incondicionalmente, animándola cuando necesitaba palabras de aliento; su hombro para llorar, su mejor amiga y consejera. Sakura la estimaba como a pocas personas, el cariño que se tenían mutuamente no era fácil de encontrar entre amigos, más bien parecían hermanas.
Tomoyo comprobaba a cada segundo que su adorada prima era aún aquella niña inocente y despistada que, pese a los años, seguía siendo la misma: una chica realmente encantadora, que sabía la quería muchísimo, como a alguien de su familia…, y pese a que Sakura no se daba cuenta del cariño algo diferente que Tomoyo le profesaba, ella sabía muy bien que aquella inocencia era parte de su ser, y que amaba eso como cada uno de los sentimientos y emociones que la Maestra de Cartas albergaba dentro de su pecho, amaba esa pureza como cada centímetro de su piel, como su sonrisa y sus preciosos ojos verdes, como la amaba a toda ella en conjunto. Pero se contentaba con tener todo el cariño que ella podía darle, sabiendo a la perfección que jamás sería correspondida de la manera que le gustaría, pues amaba a otra persona.
La felicidad de Sakura era su felicidad. Aquella frase la seguía manteniendo en pie y la reconfortaba siempre que sentía que se desmoronaba. Podría sacrificarlo todo por ella, aunque su amiga quizás nunca llegaría a entenderlo…, mas eso no era importante.
Una cálida sonrisa se dejó ver en el rostro de la amatista, mientras contemplaba embelezada el rostro de su compañera, que ya había salido del estado de shock y empezaba a borrar la pizarra y realizar las demás tareas que le eran requeridas a quien le tocaba el aseo de la clase por las mañanas. La muchacha de cabellos acaramelados salió a toda velocidad del aula, para cambiar el agua del jarrón y poner flores nuevas en el mismo. Pero sus dotes de atleta —que no había perdido, ni mucho menos— se vieron interrumpidas por la aparición de un muro de adolescentes machos sobrehormonados, que se plantaron ante ella y empezaron a parlotear todos a la vez, mientras la pobre los miraba algo intimidada.
—Vaya, Kinomoto —se adelantó un chico rubio y de ojos grisáceos—, estás tan hermosa hoy que no podría resistir la tentación de invitarte al cine este domingo¿qué te parece, te vienes conmigo?
—De eso nada —interrumpió otro, de melena algo más larga y color castaño oscuro, casi negra–. Tengo entradas para la feria de atracciones. Seguro que lo pasaremos mucho mejor…
—Pero chicos —dijo otro, algo más confiado, acercándose a ella y pasándole la mano en torno a su fina cintura, cosa que la hizo sonrojarse aún más de lo que ya estaba—, ya sabéis que Sakura es mi amiga y de seguro querrá venir conmigo a bailar a la discoteca el domingo, así que…
El grupo comenzó una discusión por ver quién se llevaba a la ahora arreboladísima chica el domingo, como siempre ocurría cuando el fin de semana se veía cerca… o entre semana… La verdad es que se había vuelto muy popular y la molestaban con ese tipo —y otros menos decentes— de propuestas todo el tiempo, tal y como le había ocurrido a su hermano y a Yukito en sus tiempos de Instituto.
Aprovechando la situación, Sakura hizo gala de su agilidad y se escabulló entre la horda que había ido a su ataque, escapando así de ellos —algo le decía que no por mucho tiempo— y consiguiendo llegar hasta el grifo, donde comenzó a llenar el jarrón de porcelana azul oscuro de agua limpia.
Mientras tanto, en el aula seguía una pensativa Tomoyo, con la cabeza algo baja y su ondulada y brillante cabellera azabache bajando por sus hombros que, al oír las voces de sus antiguos compañeros, se deslizó por los hombros y cayó sobre su espalda cuando levantó la cabeza para encontrarse con ellos.
—Buenos días, Daidouji —saludó Yamazaki, que entraba acompañado de Rika, Naoko y Chiharu, que también la saludaron, respectivamente.
—Hola, chicos— contestó con una radiante sonrisa.
Según ella, era una verdadera suerte compartir de nuevo la clase con sus viejos amigos de primaria, a los que conocía perfectamente. Al ser sumamente observadora, pudo ver la mirada confiada de Naoko, que esperaba ansiosa el examen sobre el libro que tuvieron que leer. Así también la gentil sonrisa de Rika al ver pasar por el pasillo a su antiguo amor, el profesor Terada, que había conseguido una plaza en el Instituto Seijô para impartir clases de educación física y algunas otras de matemáticas. Notó las miradas fulminantes que de vez en cuando Chiharu dirigía a Yamazaki, su actual novio, al descubrir que nuevamente estaba contando una de sus increíbles historias a un pobre chico que entró desprevenido a la clase, sin contar con ese ataque sorpresa. En verdad sus amigos no habían cambiado demasiado, y eso era algo que la alegraba en sobremanera, pues sentía conocerlos palmo a palmo, pudiendo depositar su confianza en ellos, y siendo correspondida de la misma manera.
—¡Sakura, buenos días! —saludó Chiharu al ver entrar a la chica, con el jarrón en mano y todavía algo roja.
—¡B-buenos días…! —Lo cierto es que seguía algo nerviosa, aquellas situaciones siempre podían con ella y la dejaban con los nervios un tanto alterados.
—Veo que hoy también te han entretenido tus pretendientes¿eh, Sakurita? —le susurró Tomoyo pícaramente, creando en su amiga un sonrojo aún peor que el de antes—. Deberías acostumbrarte…, aunque sé de alguien que se molestaría mucho si viera cómo se te echan encima¡jujujuju!
—¡T-Tomoyo, por favor…!
—Está bien… —cedió, divertida—. Ven, vamos a nuestros sitios, que la profesora debe de estar apunto de llegar.
Al llegar junto a su pupitre, la amatista lanzó una mirada algo preocupada hacia el asiento que había detrás de ella y permanecía vacío…
¿Le habría pasado algo?
En una antigua y lujosa mansión, dos figuras se recortaban contra la luz de la ventana. Eran dos jóvenes altos, uno de ellos sentado en un gran sillón rojo burdeaux, y el otro que se mantenía erguido junto al marco de la puerta y lo miraba inquisidoramente, a lo que el primero respondió con una de sus enigmáticas y hermosas sonrisas.
—Me alegro de que hayas venido —dijo al fin, aún sonriendo.
—De modo que… estás aquí desde hace unos meses¿verdad? —contestó el que permanecía junto a la puerta, evadiendo los comentarios o preguntas de su compañero, o simplemente comportándose como si de verdad no lo estuviera escuchando.
—Así es.
Un incómodo silencio se apoderó del ambiente; ambos estaban perdidos en sus cavilaciones, acompañados del tic-tac del reloj, que marcaba el paso del tiempo entre aquellos muros imperecederos.
—¿Por qué has venido? —insistió aquella fría voz varonil, una vez más.
—Supongo… que más o menos por lo mismo que tú. —Fue toda la contestación recibida y acompañada, cómo no, de esa misteriosa sonrisa que no podía faltar jamás en cada uno de sus comentarios que guardaran algo de verdad entre líneas y que, por cierto, siempre había conseguido exasperar al otro joven desde que se conocieron. Bueno, en realidad también había otras cosas que influyeron en esa desconfianza que le guardaba, pero eso ya era otra historia.
El día transcurrió con normalidad y los alumnos fueron retirándose uno a uno del aula. Al acabar con la labor, los amigos se despidieron, saliendo todos por separado. Esta vez Tomoyo no podría acompañar a Sakura, de modo que se despidieron también en la puerta del instituto.
El frío le helaba los huesos al salir y aventurarse a caminar bajo el cielo nublado y las calles heladas. Repasaba mentalmente los ingredientes que debía comprar antes de ir a casa para preparar la cena cuando, de pronto, sintió cómo todo a su alrededor se volvía negro, a la vez que notó su cuerpo flaqueando en fuerzas, dejándose caer hacia atrás, esperando chocar contra el suelo. Pero unos brazos detuvieron el impacto, y volvieron a enderezarla un poco.
—¿Estás bien? —dijo una voz conocida.
—¿Yu-Yukito?
—Sí, soy yo. —Aquellos ojos dorados la contemplaban, llenos de preocupación. Después de todo, era casi su hermana—. ¿Qué te pasó¿Estás enferma¿Te encuentras mal?
—N-no, estoy… estoy bien, fue sólo un mareo, nada importante… —Pero pareciera que sólo lo hubiera dicho para confirmar lo peor, ya que, acabada la frase, se desplomó definitivamente en los brazos de Yukito, que la levantó y cargó sobre sus hombros, como tantas veces había hecho Touya años atrás.
Una sensación de vacío la invadió por completo. Era aquello otra vez. No podía entender lo que pasaba, pero no era normal. Esta vez no veía nada ni a nadie, simplemente las tinieblas insondables. Se sintió sumergida en un océano de alquitrán, ahogada entre tanta oscuridad, entrando por sus ojos y pulmones, respirando La Nada.
—Sólo espero que no sea nada grave y que te recuperes, Sakura.
Yukito aguardaba impaciente a que la puerta de la casa de Sakura se abriera. Touya debería estar ahí, que él supiera, no tenía que ir a ningún sitio el día de hoy. Para su gran alivio, unos pasos se acercaron por el pasillo, las bisagras giraron y la figura de Touya se apareció ante el chico de cabellos plateados, deteniendo sus ojos en los de su amigo para pasar, segundos más tarde, a la simpática figura que cargaba en sus hombros, desmayada y con el rostro algo pálido.
—¿Qué le pasó al monstruo!
—No lo sé, me la encontré por la calle y pareció marearse. La sujeté y le pregunté si estaba bien, me dijo que sí, pero acabó por desmayarse.
—Ya veo… pasa, hace frío.
—Muchas gracias.
Touya cargó a Sakura y la recostó en el sofá de la sala, esperando a que despertara. Tanto él como Yukito la miraban con la preocupación tatuada en sus rostros. A su querido monstruo le estaba pasando algo…, pero no estaba enferma.
—Tiene algo que ver con la magia¿no es así? –Touya sólo esperó la respuesta.
Yukito se elevó un poco y su cuerpo comenzó a irradiar una luz plateada. Dos hermosas alas salieron de su espalda, cubriéndolo por completo, para luego volver a abrirse y dejar ver al hermoso ángel de ojos de hielo en el que se había convertido.
—Eso parece… Hay una presencia que últimamente la ronda, no sé de qué se trata, pero la energía es muy débil. Aún así, no podemos descuidarnos.
—Lo sabía, yo también lo noté. —Y es que, con el paso del tiempo, Touya había recobrado sus poderes, ya que una especie de energía residual había quedado en él, y aquella semilla fue germinando nuevamente, hasta llegar a recuperar las habilidades sobrenaturales que siempre había tenido. A decir verdad, ningún humano perdería sus poderes cediéndolos, pues la magia es un don interior, que no se regala y, tarde o temprano, la persona que brindó parte de ellos a otro individuo acaba recuperándolos.
—Kerberos no está al tanto de esto, aunque imagino que también se habrá dado cuenta de que algo raro pasa. Supongo que tendré que hablar con él sobre ello, me preocupa que todo este asunto pueda llegar muy lejos—. Yue extendió sus alas y se dirigió hacia el piso de arriba a hablar con el otro Guardián de las Cartas.
Touya permanecía al lado de su hermanita. Su monstruo. Realmente estaba preocupado, no quería que nada malo le pasara…, no se podría perdonar el no poder protegerla.
—Todo esto es demasiada carga para ti —susurró. Casi estaba pensando en voz alta, mientras con su mano izquierda acariciaba suavemente la mejilla de quien dormía. Estaba fría, su habitual tibieza parecía haberla abandonado por completo—. Será mejor que hoy sólo descanses.
Luego de levantar su figura casi etérea y acogerla entre sus brazos, Touya comenzó a subir las escaleras, para llevarla de una vez a su habitación y dejarla descansar. Habría sido un día largo para ella.
Fuera, en medio de la oscuridad de la noche, el cuervo que se sostenía en una de las ramas que había junto a la ventana, observaba detenidamente a la joven de cabellos castaños que dormía en su lecho. Cuando una ráfaga de viento helado azotó su plumaje de plutonio el animal emprendió el vuelo con destreza.
La había encontrado.
Notas: Bueeeeeeeeeeno... Este es el primer fic que escribí, y tiene algunos meses, así que por favor no me corten la cabeza si hay errores o chiquilinadas sueltas por ahí. No es una historia tan..., hum..., adulta como pueden ser mis otros fics, porque es la continuación de CCS y tengo que ceñirme a algunas cosas. Sin embargo, espero que les guste.
Reviews, onegai!
Carmilla