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Relena Sakurazuka Kaiba
Author of 9 Stories

Rated: K+ - Spanish - Angst/Romance - K. Jounouchi & Seto K. - Reviews: 4 - Updated: 05-30-07 - Published: 10-21-06 - id:3208930

Espero que este capítulo les guste, y disculpen las tardanzas, mis musas se mudaron de fic las muy malditas, lamento pero ahora aviso:

ME DEMORARÉ EN ACTUALIZAR, LA UNIVERSIDAD EMPIEZA ESTA SEMANA!!!

LAMENTO LAS MOLESTIAS U.U!!!

Capítulo Nº7: Between you and me.

En los alrededores del centro de Domino City existía una gran incertidumbre; en la oscuridad de la noche, un hombre se ceñía a los edificios casi como un fantasma en una ardua búsqueda de alguien en especial. Ese alguien, que tenía el efecto de despertar y alertar al máximo cada uno de sus sentidos y de los instintos propios de cualquier ser animal de una forma inmediata con la precisión casi de un radar.

Sus cortos y azabaches cabellos se mecían por la fuerza del viento que soplaba con furia esa noche y los ojos rojos casi pareciendo inyectados en sangre, que dejaban entrever el deseo casi obsesivo de hallar a su ‘presa’ y sentirla viva bajo él; sentir como perdía el impulso, el vigor de la juventud a causa de él; de que cada respiro que hacía, cada suspiro que daba, cada movimiento que realizaba...

- Me pertenece, ES MÍO… y nadie siquiera se te puede acercar, así deba matar lo más especial para ti.

Decía mientras se colocaba sus lentes oscuros y continuaba su camino en la penumbra al tiempo que dejaba una estela de Sakuras de víctimas desperdigadas en su andar que osaban detener su paso.

De pronto, lo vio escabullirse entre los automóviles que estaban cercanos a él, no pudo más que regocijarse en satisfacción. La cercanía de su presa hizo que sonriera enigmáticamente, como si todo estuviera a su favor.

- ¿Con que allí estas? Lamento que seas el responsable de tantas muertes pero eres sólo mío –añadió viendo un par de personas recostadas en la parte trasera de un auto –. Así deba matarte a ti, incluso, con tal que me pertenezcas.

Otra vez la marca del Sakurazukamori hacía acto de presencia en la mano derecha del bastión Sumeragi de un color azulado casi eléctrico, dejándolo en esos momentos muy pasmado. Estaba viajando, acompañado de su pareja, que se hallaba durmiendo apoyado en él, y de su hijo que, estaba en los brazos de Katsuya, moviéndose acompasadamente a la respiración de su ‘madre’.

Tan bella imagen era perturbada por sombras de su brutal pasado, una sombra que necesitaba de una vez por todas enterrar para siempre en el olvido y que no regresara jamás.

Siempre había admirado a Katsuya a la distancia, aún cuando eran amigos en su infancia y veía como el rubio superaba todos los problemas familiares con una gran sonrisa y un espíritu envidiable o cuando él salía con Seto Kaiba y como soportaba cada obstáculo que se le presentaba con tal de estar cerca de su ser amado. Llevar una situación amorosa muy similar a la que él tenía con Seishirou, la misma perseverancia, tildada como ‘terquedad’ a los ojos ajenos, la misma intensidad de su sentir y también que ambas relaciones llegaran a un mal desenlace.

¿Desde cuando lo amaba? Ni idea. Pero se calcinaba de celos todo lo que se refería a Katsuya y Seto Kaiba.

Irónico, si estábamos hablando de Subaru Sumeragi, la serenidad personificada.

Era que, cuando se trataba del rubio, esto rayaba en la irracionabilidad pura…

Inexplicable.

Comprendía a la perfección el hecho de que su esposo no le fuera fácil dejar pasar por alto a Kaiba. Más que mal, era el padre del pequeño sol de sus vidas y era el empuje en el andar del rubio y notaba, aunque Katsuya lo negara, que veía al ojiazul en ciertas ocasiones en su hijo y no lo podía culpar.

Cuando su cónyuge le había dicho que estaba por lástima con él, se sintió furioso consigo mismo, no por no enamorarlo como se debe, sino por no poder lograr borrar toda existencia dolorosa de Seto Kaiba de su corazón.

No le pediría que olvidara todo, ya que su hijo nació de una relación entre ambos, pero si que dejara de lamentarse por algo que no fue y NO SERÁ NUNCA, que diera vuelta a la página y le diera una oportunidad a su propia vida con él como pareja.

También aprendió mucho de él en su relación sobre ciertas situaciones que, en su tiempo, eran inauditas para él. Lo ayudó a comprender mejor el deseo de muchas personas en el pasado, inclusos de sus camaradas Ten No Ryû () y de la simpleza del actuar que tenía en ese entonces.

Siempre pensó que todos sus anteriores compañeros, los dragones del cielo, eran unos tontos por pedirle que olvidara a Seishirou y recuerda cuantas veces les dijo:

‘Es imposible que lo pueda hacer’

‘Lo amo demasiado como para poder sacarlo de mi corazón’

‘Nadie lo puede alcanzar, mucho menos reemplazar’

FLASHBACK

Después de la muerte de Seishirou, en el Rainbow Bridge, Subaru no había dejado de abrazar posesivamente el cadáver de su amado sin importarle las plegarias de sus camaradas dragones del cielo.

- ¡Subaru-sama!, por favor deje al Sakurazukamori y protejamos su kekkai(), no hay tiempo que perder – decía el joven líder Kamui de los Ten no Ryuu () al jefe de la familia de médium de elité de Japón y, al mismo tiempo, su mentor – ¡Debemos darnos prisa Subaru-sama! ¡No hay tiempo que perder!

- Es imposible de que yo haga algo tan bajo...como olvidarlo – susurraba hundiendo su cabeza en los hombros de un muerto Sakurazuka Seishirou.

- Subaru-san, no haga esto tan difícil. Entienda que debemos irnos – intentaba calmar la situación el monje Arisogawa Sorata acercándose a Subaru.

Pero al estar casi a medio metro de distancia, Subaru levantaba su muerta y azulea mirada para sorpresa de todos los allí presentes y daba a entender el abandono y la tristeza en su corazón.

Nadie pudo pasar por alto esa mirada.

- Lo amo demasiado como para poder sacarlo de mi corazón, ¿es que nadie parece comprenderlo? ¡¿No saben como deseo que hubiera un cambio de papeles en esto?!– hablaba mientras mostraba lágrimas que parecían haberse detenido en el tiempo - ¡¡¡Nadie lo puede alcanzar, mucho menos reemplazar!!! allí comenzó a tambalearse y a perder el equilibrio – Seishirou-san ,lo siento. Nunca pude ser digno de tifueron sus últimas palabras que dijo cuando abrazaba al Sakurazuka antes de que cayera en la inconciencia.

- ¡SUBARU-SAMA! – gritaban tanto Kamui como Sorata cuando veían desplomarse en el piso a Subaru junto a su amado que poco a poco se volvía pétalos de Sakura.

Decidieron dejar allí el cuerpo del Sakurazuka y sacar a Subaru.

Mientras huían vieron al Rainbow Bridge caerse, junto con el recuerdo del que fue gran amor del joven Subaru con un oscuro porvenir, sin saber que su rubio amigo lo iría a sacar de las tinieblas y lo haría reencontrarse con el amor.

FIN FLASHBACK

Nunca pudo sacarse de la mente ese día en que lo vio todo gris y, al mismo tiempo, lo recibió con agrado al sentir el apoyo de Katsuya y que le infundía nuevos ánimos.

Junto con la noticia de que estaba saliendo con el millonario Seto Kaiba y que, según él, el castaño lo amaba a morir y ahora son pareja, sus ojos brillaban al verlo expresarse del CEO casi tanto como a el le brillaban cuando hablaba de su Seishirou-san.

Y ahora, intentaba por todos los medios posibles convencer a un muchacho mucho más terco que él mismo a que olvidara a su amado, al que le entregó su corazón sin vacilar, siendo que ellos habían consumado su amor en un hijo ¡Dios, un hijo! Era un lazo muy fuerte y casi imposible de romper.

Ni siquiera Seishirou y él habían intimado, apenas unos roces y le juraba fidelidad absoluta, casi una ‘posesión’; y este tipo que se cree un dios se acostó con él por mero deseo y lo dejaba encinta totalmente feliz de la vida. No tenía idea cual era la extensión del gran genio de Kaiba, pero sí estaba seguro de una cosa: ese tipo no sabía absolutamente nada del amor, era un completo inepto con respecto a ese tema.

- Subaru-kun, tranquilízate – susurró suavemente Katsuya en el oído de su pareja –. No te presiones tanto, es muy hermoso de tu parte que me hayas dicho que me amas, pero no quiero obligarte a decírmelo – se gira, encarando a su pareja –, sé que no me quieres ver sufrir por Seto y harás lo posible por protegerme pero no te obligues a decir cosas que tú no sientas.

- ¡PERO ES QUE SÍ LO HAGO KATSUYA! – lo abraza enterrando su rostro en la nuca del rubio – Te estoy amando más que a mi vida y no soportaría perderte. Además, me encantó ver la cara de horror de Seto Kaiba cuando te tuve en mis brazos mientras me jurabas amor eterno durante la ceremonia. Sencillamente perfecto.

Ay, no… esto era un cuento de nunca acabar para el pobre rubio, ¿es que todos eran iguales?

- Eres un dragón posesivo Subby-chan ¿quién te hubiera imaginado así?, ni siquiera yo que te conozco de mi niñez. – le habló melosamente – ¿Qué voy a hacer contigo Subaru? Eso sí – dijo falsamente a la defensiva cuando sintió besitos en su cuello–, nada de ‘arranques de amor’, estoy con mi hijo y Antul, Kae y Relena van en la cabina de adelante.

- Si es un jueguito no lo sabrán – murmuró Subaru, mordiendo despacito su oído –, vamos, mi tenshi (ángel) tú también lo deseas.

Katsuya rodó por los ojos. Este chico no cambiaría nunca.

- Subaru... – lo separó de sopetón – ¡Basta!, tengo a Setsuna en mis brazos – hizo un puchero –. Subby malo – ambos sonrieron como los solían hacer en la infancia.

Sin embargo, no duró mucho, las risas terminaron y pronto el rostro de Sumeragi cambió drásticamente a uno más serio. Sin comprenderlo a cabalidad, dejó que su esposo le hablara antes de hacerse ideas preliminares.

- Verdad, Katsuya; mañana enviaré a Relena y a Jouno Sakurazuka a Kaiba Corp, sabes lo que significa, ¿cierto? –un silencio acompañaba a la pareja al pensar en la situación, Katsuya decidió terminar el silencio.

Ahí estaba. Para el moreno, era inevitable e irresistible; el fantasmal CEO de Kaiba Corp. les rondaba, era el tercero en esta relación aparentemente tan idílica. Sumeragi sentía pánico siquiera pensar quien era el que estaba haciendo el mal tercio en este complejo trío.

Por su lado, con lo dicho por su cónyuge, lo único que le quedaba era la resignación y disimular lo más posible ese estremecimiento de la cabeza a la punta de los pies que le estaba dejando el abdomen duro del solo hecho de tener un nudo en el estómago pensando en todo lo que se le vendría encima.

Que el destino decidiera…

- Veré a Seto Kaiba cada día, eso lo sé Subaru pero – cortó con un aire nervioso –Subaru yo no creo poder soportar un día sin romperle la cara por lo que me hizo, cada vez que vea su cara empezaré a recordar todo lo que he pasado por su culpa y dudo si en esos instantes me podré controlar.

Pegarle… ¡ja! Aplicar esa frase en doble sentido no era ir muy lejos. Salvo si el que lo hiciera fuera Subby.

Uy, las cosas ahí se pondrían feas.

- Lamento ponerte es esta situación, pero Relena y Jouno son tus guardaespaldas privados y para donde ellos vayan tú debes ir. No quiero que te pase nada – besó su frente –. Tuve suficiente con el año pasado y no quiero verte de nuevo en peligro, estando prácticamente con las manos atadas porque no puedo ayudarte.

- No ocurrirá nada Subaru, te lo prometo – daba un respiro antes de continuar –, pero de igual manera no dejaré a Relena y a Jouno, no te quiero preocupar más de la cuenta. Así deba ver todos los días al padre de Setsuna.

-¿Le dirás algún día que Setsuna es su hijo? – preguntó afectado Subaru, al ver el semblante neutro de su pareja – La verdad es que me tiene sin cuidado su reacción; me preocupa la tuya, Katsuya.

- Depende como se den las cosas, por ahora no le diré nada. No me gustaría estar en el lugar de Setsuna – su tono de voz baja –. No conocer a tu verdadero padre por miedo a que sea un tirano con tu ‘madre’. No quiero que se repita un a historia como la mía, donde Setsuna esté en una familia donde no exista amor. Así como van las cosas, su padre eres tú y nadie más – terminó mirando a los ojos de Subaru intentando darle seguridad a sus palabras.

La esperanza se apoderó del moreno, con un halo de emoción, esbozó una sonrisa. Aunque luego, lo pensó mejor y no era tan fáciles las cosas, Katsuya, antes de ser hombre, era padre.

-¿Eso deseas también para ti?, ¿no estar con el padre de tu hijo y quedarte con otro, así debas mentirle a tu hijo y a tu corazón?... te sacrificas por todos y nadie parece hacerlo por ti.

- No es que quiera Subaru – colocó sus manos en las mejillas de Subaru –. Es que debe ser así. Por mi bien y el de mi hijo. Además – besó las mejillas de Subaru –, sé que tu también dejas muchas cosas de lado para estar conmigo y lo menos que debo hacer es olvidarme de Seto Kaiba para siempre.

¿Sacrificio? No era lo mismo, él estaba enamorado. Nada que ver con este rubio, que sonaba más a gratificación. Muchas gracias por aquí, muchas gracias por acá, pero de amor…mmm… se quedaban en una relación de amigos que hacían cosas de esposos, aunque a la hora del corazón, no recibía más que un “lo que menos que debo que hacer es olvidarme de Seto Kaiba para siempre”.

Desolador para cualquiera, ¿o no?

Hubiera seguido discutiendo, si no fuera porque había visto el hotel. En el fondo, le había salvado la campana.

- Katsuya, ya llegamos al hotel – dijo Jouno Sakurazuka algo triste - ¿se le ofrece algo más?...

- Sólo una cosa, que no se les olvide nuestra primera tarea en la mañana – decía más tranquilo Subaru, aunque con la mirada fija en su esposo, para que le quedara grabado a ese distraído.

. ¿Qué debo elegir un atuendo de acuerdo al “formalismo” de KC? – añadió Relena algo fastidiada por el asunto – O por lo que iremos a hacer mañana con ese dragoncito bebé.

- No, me refiero a quienes vamos a visitar. Les debo una gran explicación a ellos – terminó riendo el joven Katsuya dejando a todos algo expectantes.

Mañana sería un largo día.

Otro ataque, de mediana importancia, sacudió a Kaiba Corp apenas Seto Kaiba llegó a su oficina, haciéndolo temblar de pies a cabeza con respecto a su significado. En esta ocasión, también había dejado una pequeña firma en el sistema. Lo único bueno era que fue un altercado menor comparado al sufrido en Tokyo en el concilio.

Aunque...

Lo que le inspiraba temor era que hubiera un peligro mayor que azotara a KC o a alguien de la empresa, y por ende a su reputación como presidente de la compañía. Trataba de mantener la compostura, digna a su altura, pero la frase que aparecía en los códigos, le daba la corazonada que la persona que estaba detrás de todo esto, no debía tomársela como una jugarreta.





Pronto apareceré frente a ti... Seto...

Eso lo aterraba, mañana llegarían los representantes a su oficina de los afiliados a Kaiba Corp y de discutiría su permanencia en el consorcio y, tal vez, conocería a su misterioso atacante.

¿O quizás sería su nuevo aliado?

¿Por qué no? Era una demasiado neutra y no había dañado terriblemente a su compañía pudiéndolo hacerlo sin mayores contratiempos de por medio.

Se sentó hacia atrás en una posición confiada. Se frotaba la barbilla pensando que eso era extraño, muy extraño…

En todo caso, debía ser precavido y no sacar conclusiones apresuradas. Todo dependía de cómo jugara sus cartas en la junta. No por nada fue un buen duelista, sabía como “dar vuelta” una situación peligrosa.

- Cuando descubra al maldito sentirá todo el poder de Kaiba Corp, nadie me enfrenta y sale ileso – se sentó en su butaca y vio las ficha de sus 5 candidatos sospechosos.

Al fin mañana iba a saber de una vez por todas quien lo quería acabar… o ayudar…


Sonaba escandalosamente el despertador de un teléfono móvil en la morada de los barrios comunes de la ciudad, una pareja se desperezaba de su “gran noche”.

Gran modo de celebrar su unión eterna como dios manda, disfrutando su calor, y otras cosas más, en la cama matrimonial.

-Yami… – un tricolor recién amanecido zarandeaba a su actual marido – Yami, despierta amor.

- Cinco minutos más, mami – decía somnoliento el faraón y agarraba la cadera del menor apresándolo a su lado para continuar durmiendo. Era una delicia disfrutar de su esposo a plenitud, mataría por caricias como las que había recibido en la noche anterior.

- Yami… – dijo perdiendo la paciencia – no ando de humor, despierta – cambiaba su tono de voz a uno seco – ¡Yami, despierta de una buena vez!

Pero el susodicho no parecía o no quería reaccionar, y agotaba todo rastro de templanza en el pequeño duelista orillándolo a botar a su koibito de la cama de una sola patada. Ya en el suelo, el más alto aparecía asomándose algo adolorido.

- ¿Qué te pasa, Yugi? ¿Hoy no es mi día de descanso amor? – dijo con un puchero el antiguo monarca a su luz, recibiendo un golpe certero con su almohada.

- ¡¡¡¿¿¿YAMI ATEMU, SE TE OLVIDO QUE DÍA ES HOY???!!! – la cara del faraón constataba la “amnesia” – Hoy viene Katsuya – el rostro del faraón se iluminaba súbitamente – ¡¡¡EN UNA HORA MÁS!!!

Poco después del grito de Yugi se escuchaban cajones en movimiento, caídas de escaleras y un Yami algo desesperado que buscaba su camiseta, y tocan la puerta. Ambos se miraban fijamente y corrían a recibir a su amigo rubio, sin saber la sorpresa que les tenía.


Dos automóviles iban en medio de la avenida principal de Domino City conducidos por guardaespaldas de la familia Sumeragi y Sakurazuka, cuidándose las espaldas, debido que hasta en reuniones protocolares le habían valido la vida a los integrantes de los clanes. Ahora se dirigían en “visitas de recuerdos” para el actual líder del Clan Sumeragi. Aunque en el primer automóvil no estaban los ánimos muy arriba.

- Repíteme de nuevo Katsu-chan, ¿venimos a ver a Yugi Motou y a Yami Atemu? – dijo sin creérselo por completo la joven Relena mientras levantaba una ceja – ¿No crees que por hoy ha sido suficiente? – añadía algo derrotada, ya no daba más.

- Parece que las otras visitas no te cayeron muy en gracia señorita – se burlaba Jouno al ver el ceño fruncido de la joven rubia – esa castaña tiene aserrín en vez de cerebro.

- Y es una homofóbica resentida – rió junto a Setsuna el sicario – cuando vio salir a Katsu con Subaru-kun de la mano casi se le cae el pelo alegando – incluía muecas grotescas – “No puedo creer que tu también te hayas hecho gay, estás igual que Yami Atemu, bla bla bla, que se quedó con un hombre bla bla bla , y yugi jamás le dará hijos bla bla bla, que relación más antinatural”.

Subaru se abtenía de soltar una risotada ante la “imitación” tan fidedigna de Anzu, cosa que no pudo contener el pequeño Setsuna.

-¡Qué horror! Y eso que no mencionamos a esa rubia peliteñida de goma, ese tipo de mujeres me da asco; nos mete a todas en el mismo saco de mujeres fáciles que buscamos cualquier cosa – giró su faz hacia los esposos y a sus colegas – ¿Qué clase de imbécil se puede fijar en tamaña desgracia femenina siliconada?

- Seto Kaiba por lo visto – respondió con una sonrisita cómplice Jouno sin despegar su vista del volante –. No sé si sus “atributos rentados” llamaron su atención. Parece que usa en esos casos su otra cabeza, ¿no les parece? – terminó con una mirada algo pícara y guiñó el ojo a Relena quedando pasmada.

1...

Todos callaban ante semejante comentario, algunos cubrían su boca con el dorso de su mano, Setsuna preguntaba a que se referían con otra cabeza.

2...

Se percibían algunas convulsiones pequeñas de los presentes y confusión de infante al no recibir respuesta. Jouno bajaba las ventanas, algo grande se avecinaba.

3...

- ¡¡¡BUAJAJAJAJAJAAAAA!!!- risa total al comparar el “planteamiento” del misterioso ojirojo rubio con el estoico Seto Kaiba, nadie lo pudo pasar por alto salvo el pequeño infante que sólo estaba calladito, nadie pensaba responderle.

- Bueno, bueno – dijo Subaru cuando logró calmarse –, ya casi llegamos a la casa de los Motou – recuperan todos el autocontrol hasta llegar a la morada de los tricolores, que esperan, sean un poco más “agraciados” que sus antiguas visitas.


En el hogar de los duelistas estaba un desastre de proporciones descomunales, desde que el abuelo decidió viajar a Egipto por un proyecto de arqueología los dos jóvenes tricolores fortalecían más y más su relación habiéndose casado hace un par de meses y que mejor que concretar tu luna de miel que con la casa “sólo para ellos”. Nadie era permitido después de las diez de la noche porque simple y llanamente no los iban a atender, estarían muy ocupados en sus “tareas maritales” dejando de lado que ése no sería un hotel de cinco estrellas que tenía conserjes para asear el sector, tampoco chef ni nada. Habían descuidado mucho la casa.

Lo que ahora se les avecinó como un balde de agua fría, tenían la casa “patas arriba” y los venía a visitar alguien de quién no sabían por casi dos años. Un acontecimiento importante, con la casa hecha un caos, un desayuno tragado a la rápida por ambos, todo desarreglados y con su amigo en la puerta del lugar tocando el timbre.

Yami, un poco más arreglado que su contraparte, decidió abrirle a su amigo y mantenerlo entretenido mientras Yugi arreglaba un poco el living pero nunca esperó que su amigo haya cambiado de ese modo. En el momento que abrió la puerta se quedó boquiabierto.

- ¿Ka… Katsuya, eres tú? – el faraón tenía la impresión de que la frase “ver para creer” le hacía justicia al rubio – ¡Cuánto has cambiado Jou-chan! Estás radiante.

- Bueno, me han pasado dos años por el cuerpo y no puedo hacerle frente al tiempo ¿no? Y por cierto has crecido Atemu, tú tampoco te quedas atrás en las reformas – terminó sonriendo como hace tiempo no hacía, retadoramente.

- No sólo he cambiado físicamente, también tengo un nuevo estado civil, estoy casado con el amor de mi vida, lo que hacen dos años en la gente – ahora Katsuya sorprendido boqueaba.

- No me digas que con...

-Yami, ¿ya llegó Kats...? – se calló al ver a su rubio amigo Yugi, y luego ni el mismo previó su reacción. Saltó a sus brazos a recibirle – ¡¡¡Katsuya, eres un mal amigo!!! ¡¡¡Dos años y no escribes ni das señales de vida!!! – Yami tampoco resistió mucho, al muchacho rubio lo consideró siempre un hermano y un confidente cuando su amor por Yugi era secreto y era muy grato verlo feliz.

Katsuya estaba en las nubes, un semblante casi paternal adornaba su rostro; ver a sus amigos del instituto lo llenaba de una nostalgia gigantesca y muy ambivalente.

Por un lado le recordaba todos los momentos mágicos que paso con sus amigos-compañeros de aventuras, desde las peleas de Hiroto y Ryuji por su hermana pasando a los consejos de Anzu, la compañía de Yugi y las pláticas con el faraón, incluso el tiempo en que su hermana era la dulce niña que lo motivaba a seguir con su vida y las peleas impetuosas con el ricachón inescrupuloso que le quitó el aliento.

Y por el otro extremo recordaba a su padre y cada uno de sus reclamos y golpes, el rechazo de varios amigos a la condición homosexual y la traición de las dos personas que más había amado. Nunca lo pudo olvidar, lo marcó de por vida.

No notó cuando los tricolores dejaron de abrazarlos ni cuando empezaron a hablarle, estaba sumido en sus pensamientos.

Claro, hasta que alguien más bajó del automóvil movido por la tardanza de su marido, se estaba retrasando mucho.

-Katsuya, ¿pasa algo malo? – pudo regresar a tierra firme cuando Subaru lo llamó a sus espaldas.

-¿Subaru?, lo siento, se me pasó el tiempo amor – se disculpó con un pequeño beso en la punta de la nariz – Las visitas a mis amigos me ponen algo nostálgico – Subaru asentía y pasaba una mano por la cintura del rubio, todo esto desconcertaba a sus amigos tricolores con una laguna mental del tamaño del pacífico.

-Kat-chan, ¿nos presentas por favor? – dijo el rey de los juegos al ver tanto “amor en el aire” por parte de su rubio amigo y un desconocido con el que se veía bastante acarameladito. Luego notaron casi con estupor un anillo en la mano izquierda, igual a nuestro extraño.

-lo lamento Yugi, bueno – dijo y recuperaba un poco de aire para continuar –. Yugi, Atemu, les presento a mi actual cónyuge, Subaru Sumeragi. Nos casamos hace un año y medio aproximadamente en Tokyo –. El silencio que siguió a lo dicho fue fúnebre el cual daba paso a un atronador grito.

- ¡¡¡ESTÁS CASADO Y NO NOS AVISAAAS!!!! ¡¡¡QUÉ CLASE DE AMIGO ERES!! – decían con cierto reproche sobretodo Yugi, quien se pegó a Katsuya como lapa tratando de sacarle alguna razón, cosa que no pasaba por desapercibida para Subaru y Atemu.

- Sucedió por que estábamos muy enamorados y... – si quedaron tan sorprendidos con su matrimonio, como irían a terminar si sabían “lo demás” – bueno, pues... todo se fue dando paso porque...

- Tenemos un hijo – cortó Subaru al ver a su esposo tan sonrojado y nervioso –, ésa fue una de las razones de nuestro matrimonio, si nos acompañan le contamos en el camino. Tenemos un asunto pendiente con mi nuevo cliente – dijo sereno y firme mientras subía al automóvil seguido por un Katsuya indicando sus asientos a un perplejo faraón y a un Yugi decepcionado por ordenar a la velocidad de la luz la casa en vano.

En cuanto el faraón iba a abrir la boca un niñito rubio salía del asiento del copiloto junto a una joven rubia ceniza con unos lentes oscuros y vestimenta algo estrafalaria. El infante saludaba animosamente con sus manitas a los invitados.

- Setsuna-chan, te cayeron en gracia los amigos de papá ¿verdad? – dijo Katsuya mientras acariciaba la cabecita de su niño.

- ¿El es tu hijo Jou-chan? – dijo el faraón, el pequeño le despertaba un sentimiento de protección increíble y algo de envidia, el también quería tener el propio con su Yugi con todo su corazón así tuviera que atarlo a la cama hasta que diera un resultado positivo – ¿Puedo tomarlo?

- Sí, no veo problema – de pronto Relena bajaba del automóvil entregándole a Yami el pequeño Setsuna mientras besaba la cabeza del pequeño.

- Te me cuidas, ¿sí? – y el pequeño asentía con entusiasmo – Cuídelo joven Atemu, parece ser una persona digna – Atemu la mira algo confundido –, pensaba que tal vez sería un chico algo “insulso” como ciertas personitas chillonas – hacía comillas con sus dedos y realzaba la oración – por no decir otra palabra, pero al verlo creo que no es igual a esa banda de inútiles – ¡¡¡Aghh… todavía me retumban los oídos de tanto que me gritaron!!!

-Relena... – dijo severamente Katsuya –, mejor ve a Kaiba Corp antes de que me moleste contigo, el otro automóvil está detrás – la joven sólo hizo una mueca de desagrado ante el comentario y se cambió de automóvil, específicamente al asiento del conductor –. Discúlpenla Yami, Yugi; pero antes fuimos a ver a los otros y no los soportó mucho. Ahora vamos a KC a arreglar un par de asuntos.

- ¿Ir a Kaiba Corp?, pero Yami trabaja en Kaiba Corp como cara en cada nueva línea de mazos de duelo y para cada torneo – dijo yugi a su amigo rubio con orgullo –. A veces me pone algo celoso que salga en televisión pero, es su trabajo.

- Y créeme Jounouchi, a muy duras penas logró entender esta lucecita mía – un coscorrón en la sien del rey de los juegos era plantado mientras cerraban la puerta del automóvil –, pero comprendió más tarde que nunca, para mi desgracia.

Nadie notaba la mirada analítica que le lanzaba Subaru a Atemu desde el asiento copiloto, estaba algo ensimismado desde que vio el colgante piramidal en el cuello del tricolor que lo mantenía intranquilo, esa “cosa dorada” emitía energía espiritual algo tenue pero perceptible.

- Oye, ¿por qué tu esposo mira tanto a Yami? – salió el lado celoso de Yugi sin impresionar mucho al faraón, pero Katsuya decidió explicar, sabía que Yugi en modo celoso era de temer

-Yugi, ¿el apellido Sumeragi no se te hace familiar?, ¿de las noticias?, ¿de la escuela?, ¿de un libro de historia? – dijo el rubio suplicante.

- Me suena el apellido ahora que lo dices – meditaba Yugi – ah!, los Sumeragi eran los descendientes directos del emperador japonés Masamune Shir--- ¡¡¡QUÉ!!! ¡¡¡TE CASASTE CON UN SUMERAGIII!!! ¡¡¡UN ONMYOUJII!!! – Jouno frenó como pudo tras semejante estruendo, Subaru quedó como si nada, se lo esperaba pero Yami y Yugi temblando como hojas. Un médium en su vida no era algo planeado, podía exorcizar al faraón y su matrimonio acababa.

- Sí, Yugi me casé con el líder Sumeragi, por eso mira tanto a Atemu, sabe que es un espíritu por ello – jugaba con sus dedos cuando explicaba – pero...

- Pero no te preocupes Motou – interrumpió Subaru acabando con su mutis auto-impuesto –, mi esposo me explicó todo lo relevante a la situación del faraón Atemu y no pienso interferir en la decisión de los dioses. Si ellos permitieron al monarca quedarse contigo no tengo razón de exorcizarte. Las divinidades han hablado, yo soy un mero servidor de ellas – eso dejó respirar tranquilo a la pareja, pero a Yami parecía quedarle una duda.

- Pasando a otro tema Sumeragi-san, ¿tu cliente es un socio de Kaiba Corp.? Recuerdo que mencionaste que nos dirigimos hacia allá cuando partió el auto, ¿o eres uno de los inversionistas nuevos? Porque no creo que Kaiba quiera que le hagas un rito de buena suerte en su oficina – preguntaba el monarca a la pareja de su rubio amigo.

- La verdad es que no he sido contratado, se formó una alianza de familias debido al continuo ataque a la corporación – tomó aire Subaru –, es como si fuésemos su barrera contra el mundo exterior, naturalmente al ser Katsuya y yo los líderes del bastión completo debemos ir a cerrar un acuerdo formal entre ambas partes.

- Aunque yami, necesitamos de ustedes dos un favor muy importante – dijo Katsuya directo a los ojos tanto de Yugi como de su Yami –. Esto no se los pediría si no confiara en ustedes en un cien por ciento, esto es de vida o muerte para Kaiba Corp y para mi nueva familia.

Ambos asentían totalmente confiados en su rubio camarada, justo después de eso empezaron a explicar en que consistía ese favor, bajo la mirada atónita de ambos.

Esto era directamente jugar con fuego.


- Shizuka, avíseme si llegan las cabezas de la familia Sumeragi, estaré en el cuarto de juntas recibiendo a los inversionistas y delegados – ordenó por el transmisor personal Seto Kaiba a su secretaria la cual aceptó con gusto.

Desde que hace un par de días apareció SU hombre en su departamento exigiendo un poco de atención que no le negaba nada; Shizuka era la mujer más feliz del planeta tierra cuando Seto Kaiba la hacía suya una y otra vez como sólo él podía hacerlo.

Estaba tramitando con una clínica viendo si era posible, de algún modo, ser fértil como cualquier mujer y así tener a su adonis ojiazul a su lado; tenerle, si era posible, un ato de hijos y vivir como una familia normal, sin dejar pasar el prestigio social de la prole Kaiba ni su “estabilidad económica”.

Era el mejor partido que tendría en su vida y debía aprovecharlo a costa de lo que sea con tal de lograr su cometido.


Seto Kaiba era otra historia, en la noche pasada tuvo las peores premoniciones a su empresa como no había tenido desde que decidió cambiar Kaiba Corp de ser una empresa militar a ser una compañía creadora de juegos aún bajo la tutela de su padre.

Maldito sea Subaru Sumeragi y su pseudo-imperio de poderío feudal, era un mero aristócrata japonés; a diferencia de él que se peleó cada eslabón de su ascenso al poder que tenía ahora, pero lamentablemente dependía de esos que nacen en cunas de oro para permanecer en su posición.

Por fortuna hoy le llegó una llamada, casi como señal divina, de uno de sus accionistas más competentes de su plantel. Arribó a Japón apenas unas horas y se dirigía directamente a KC a tratar de dar solución a los problemas de la empresa.

Él era uno de los más poderosos dueños de petroleras chinas y el actual jefe de la familia Zen; Alexander Kaitou Zen; era su más fiel servidor en cuanto a proyectos y patrocinios se refería. Un brillante magnate mitad chino mitad inglés con un temple de hierro y una sonrisa de mil kilates que deslumbraba a millas de distancia.

Además el escondía un gran secreto del poderoso Ceo de Kaiba Corp, su apariencia física. Más de alguna vez el empresario no veía a Kaitou sino que notaba en su actuar orgulloso y muy impulsivo a su rubio capricho de ojos mieles, porque ambos hombres poseían esas características.

Rubios de ojos mieles intensos, con una personalidad deslumbrante y eran capaces de sacarlo de sus casillas en un santiamén por cosas irrelevantes; y para colmo, ambos estaban ENAMORADOS de él.

Fue su único “Affaire” con otro hombre después de Katsuya, sólo que Kaitou era mucho más varonil, un poco más alto que el cachorro pero no tanto como el propio ojiazul, cuerpo más definido, casi parecía tallado por algún escultor y tenía una voz ronca que le erizaba los cabellos. Lo más cómico del asunto, el chico siempre le había sido fiel, era casi una sombra suya, asegurándose “por primera fuente” que era su primer ejemplar entre sus piernas. Un banquete se hizo del muchacho aquella noche y muchas más.

Y hablando del rey de roma, el teléfono móvil de Kaiba sonaba insistentemente y señalaba claramente el nombre Alexander Kaitou Zen en su pantalla azulina.

- Seto, Are you there? Sorry, I can’t hear you well because we are still in the damn airport! Fucking airplane’s engine! Seto, ¿estás allí?, lo lamento es que no puedo escucharte ¡por que aún estamos en el condenado Aeropuerto! Puto motor de avión!

- Alex, estamos en Japón, así que acostúmbrate por favor a nuestro idioma. Y maneja tu vocabulario, por favor – le señalo despectivamente, no estaban en una barraca

Aunque al mismo tiempo, el ojiazul sentía que volvía al instituto cuando escuchaba al rubio hablar tanta palabrota junta y la imagen del marido de Sumeragi se hizo presente y el beso dado antes de irse de la casona.

Subaru-kun, no me dejes sólo... te amo”

Sólo eso arruinó el momento si no allí mismo hubiera…

El sonido del celular lo sacó de sus cavilaciones

- Seto, ¿sigues allí o debo continuar un monólogo eterno? Sabes, mi tiempo vale oro y sabes que yo priorizo a mis socios y sus utilidades – esa era la mayor diferencia con el rubio tornado de su adolescencia, los negocios primero. Y un sarcasmo que llegaba a superarlo.

- Mira Alex, en este momento sabes que la empresa no atraviesa buen momento y necesito que...

- Sí, si... necesitas que les ponga suficiente “verde en su mirar” para que te dejen en paz. No te preocupes Caballito que lo hago en un segundito – dijo con una voz juguetona.

-No me llames caballito otra vez Kaitou o te parto a palos – contestaba fastidiado el Ceo.

- Me encanta como me hablas my love, but tengo cosas que hacer. – un gruñido del Ceo se escuchaba por el teléfono – Nos vemos en el lugar de siempre Seto Kaiba.

Esa era una directa incitación a otra de las tantas noches con ese maldito chino-americano, y Seto no dudaría en quedar con él.

- Nos vemos Alexander – y el Ceo cortó.

Al fin alguien de su entera confianza y de gran capacidad estaba de su lado, si había alguien a quien definitivamente no le convenía ser su atacante ni tampoco quería serlo, o al menos eso demostraba cada vez que le pedía más en la cama Alexander. Tenía a un aliado poderoso y fiel a cada orden suya.

Esto comenzaba a mejorar cada vez más, si seguía así su atacante no iba a tener oportunidad.

Las alarmas del sector del Hall de entrada comenzaron a sonar y las cámaras eran bloqueadas una por una

-SEÑOR KAIBA!! EMERGENCIA EN LA PLANTA BAJA!!

O al menos eso creía, había cantado victoria antes de tiempo.

- ¡¿Qué diantres sucede en la planta baja?! ¡¡Exijo un reporte!! – en su pequeño apartado de las cámaras de seguridad veía a Yami Atemu siendo arrastrado por dos sujetos con pasamontañas que cubrían su rostro, un par de armas blancas con las que disminuyeron a sus guardias a simples nenes asustadizos.

“¿Y para eso les pago casi 60.000 yenes mensuales?, malditos buenos para nada” se decía a sí mismo el joven ojiazul con preocupación. La familia Sumeragi aún no llegaba y tenían miserables problemas técnicos que su “estimadísimo” líder no dudaría restregarle en su cara.

- Esto será espléndido si ese pseudo-sacerdote se apareciera por la oficina, ¡Magnífico! – ironizaba a sí mismo.

- Señor Kaiba, lo solicitan en el intercomunicador – decía con miedo la secretaria – Es Yami Atemu, habla sobre una negociación con…

- ¡¡¡Pásamelo de inmediato!!! – dijo sudando frío, otra vez estaba colapsando el sistema, y no sólo el computacional, el teléfono de las oficinas estaban sin señal, lo mismo que los teléfonos móviles.

Su atacante no tenía tiempo para jugar hoy; lo iba a mandar a contar monedas en la calle HOY MISMO.

Debía negociar,

Debía bajar la cabeza,

Debía... rendirse.

- Seto, es... escúchame por favor, no abras tu oficina hagan lo que hagan – declaró el antiguo monarca a su “amigo” ojiazul –. No debes hacerlo por lo que más quieras.

- No te las quieras dar de héroe Faraón que el mundo no está en peligro y detesto ser la “damisela vulnerable” ¿Qué quiere ese antisocial que te sigue? No creo que sean autógrafos tuyos ni una comida conmigo – no iba a tragarse su orgullo sin antes dar batalla – ¿Te dijo algo no?...

- Quiere que ciertas transacciones de la compañía pasen a una cuenta bancaria suiza específica, si aceptas deja en paz a la compañía – terminó el faraón con un suspiro.

- ¿Transacciones? Raro que no las quiera todas, ¿qué número pidió de cuentas? – si tenía que sacrificar un par de acciones menores para salvarse no iba a dudar, después las recuperaría a como de lugar o las reemplazaría con otras mejores.

- Quiere las transacciones de... la familia Sumeragi con KC – Seto quedó perplejo, ¿comprar las acciones de la familia Sumeragi? No eran las más caras pero eran importantes para mantener al farsante de Subaru con la boca cerrada – ¿Conoces una familia de ese apellido Kaiba?... ¿Kaiba, estás allí?– lamentablemente su jefe estaba en serios problemas...

Buenas tardes Seto, parece ser que llegué en el momento justo...


- Creo que es hora de actuar Subaru – decía el rubio duelista cuando el automóvil donde iban los guardaespaldas se estaciona frente a ellos como escudo- debes hacer esto rápido o te saldrá el tiro por la culata.

- Yami, Yugi, les pregunto una vez más: ¿Están seguros de hacer esto? Si no lo desean no duden en...

- No te preocupes, lo estamos – respondió Yugi al médium mientras su oscuridad asentía con su cabeza –, esto es por el bien de todos. Aunque le provoquemos un dolor de cabeza a Kaiba.

- Será una jaqueca bien fundada si nuestro objetivo se cumple y logro establecer un parámetro mínimo – bajaba la voz Subaru a medida que se acercaban a Kaiba Corp. –; si fallamos, démonos por muertos – tomaba un radio transmisor y emitía un mensaje – Antul, Kae adelante – un último suspiro dejaba escapar el líder en el momento en que descendían del automóvil frente a ellos –, no me fallen por favor. Y ustedes dos – se dirigía a los egipcios – tengan cuidado, no hagan nada no estimado, no se arriesguen demasiado.

Un asentimiento de ambos y dio inicio a la operación.

Kae iba cubierto con un pasamontañas negro y Antul llevaba uno azul marino, ambos cargaban dos semiautomáticas, una en cada mano; y suficientes balas para un batallón. Junto a ellos bajó amordazada y con sus ojos cubiertos Relena y procedían a “raptar” a Yugi y Yami, los cuales “mostraban resistencia”.

Más tarde bajaron 3 hombres más cubiertos por pasamontañas y armados hasta los dientes entraron a Kaiba Corp.

- ¡¡¡QUE NADIE SE MUEVA O VUELO EL EDIFICIO!!! – gritó Jouno Sakurazuka al público en la planta baja de la compañía, muchos no hicieron caso hasta que presionó un botón que volaba en mil pedazos uno de los automóviles, un viejo truco aprendido.

- ¡¡¡DETÉNGASE!!! – decía un guardia temblando ante Antul, éste intentó dispararle en la pierna pero rápidamente Kae estaba ya a las espaldas del guardia con “algo” en su espalda, que según la deducción del guardia era un revólver. Se quedó inmóvil en el acto.

- Manos en alto todos los presentes o los lleno de plomo en un abrir y cerrar de ojos – dijo forzando su voz para no ser reconocido Katsuya a los accionistas y demases visitas a la compañía.

La gente entró en pánico y comenzó a correr hacia las salidas más cercanas pero volvieron aterrados descubriendo bombas colocadas en cada puerta; Subaru tenía tres detonadores en sus manos y comenzaba a hacer malabares en vista de burla a las víctimas, aunque es realidad estaba seriamente decepcionado. Iba a hablar con Seto Kaiba si quería permanecer su alianza...

¿Tienes aquí a alemanes, estadounidenses, canadienses, franceses, chinos, incluso a negociantes árabes y sólo te falta la realeza española e inglesa; pilares de la economía mundial, y no eres capaz de contratar guardia y sistemas de seguridad decentes Seto Kaiba? Definitivamente hay un largo trabajo por hacer”

- Katsuya, por favor sube al sector administrativo. Ocúpate de esa área en especial, si esa parte de la seguridad falla necesito que alguien de mi confianza quede a cargo – dijo mientras se acercaba al rubio –, pero no te lo tomes a pecho, nuestro blanco te puede usar y no quiero que te suceda nada.

- Te preocupas demasiado por mí, Subby, ¿lo sabías?

Si Subaru supiese que era lo que a su esposo le esperaba arriba, un Omnyoujitsu era lo que menos le preocuparía…

- ¡Otra vez tú! ¿Qué quieres de mí? ¡Déjame en paz de una maldita vez! – gritaba el Ceo en su oficina, lo bueno es que todas las oficinas aledañas estaban vacías por la evacuación del personal de todo el edificio – ¡¡¡YA MUÉSTRATE!!!

- Seto, Seto, Seto – siseaba en son de regaño –, ¿qué has aprendido de lo que te he dicho? Deberías hacerle más caso a tu instinto que a tu cabeza, creo que el ser tan “racional” te da muchos dolores de cabeza – su voz denotaba que jugaba a su propio placer con el Ceo, que por cierto estaba perdiendo la cordura poco a poco.

- ¿¿¿ES QUE NO TIENES NADA MEJOR QUE HACER??? NO TENGO TIEMPO PARA TUS JUEGUITOS MENTALES ¡¡¡DEBO ADMINISTRAR UNA EMPRESA Y PROTEGERLA DE LOCOS COMO TÚ QUE SE QUIERAN APROPIAR DE ELLA!!! – ya con su temple roto y gritando fuera de sí.

-Pues déjame decirte que haces un trabajo excepcional vociferando niñerías, eso defenderá a KC hasta de un terremoto – reía la “voz” mientras Kaiba gruñía por lo bajo –. Debiera dejarte a cargo de mi fortuna “hombre de hierro”.

- ¡¡¡BASTA DE FASTIDIAR Y VE AL GRANO!!! – perdía rápidamente el control a medida que pasaba otro momento hablando con ese ente – ¿QUÉ QUIERES DE MÍ?

- Que tomes cartas en el asunto de Sumeragi, tanto tú como yo queremos a esos dos fuera, a dos kilómetros de distancia del otro y si es posible con una campanita para saber donde andan.

- ¿Y por qué mejor no lo haces tú solito en vez de chantajearme de esta manera, acaso eres un inútil? – si esa vocecita quería guerra, eso le daría Seto hasta que se lo permitiera, aunque no esperaba la respuesta de ÉL.

- Ya me hice cargo de esos dos hace mucho tiempo, pero necesito darle un poco de glamour a esta masacre y tú Seto eres sencillamente la guinda a mi pastel, el último detalle para acabarlos de un solo tiro con estilo. No te des tanta importancia, a ti también te tengo controlado desde hace un buen rato. Y no te preocupes por tu “accionista de oro” que te protegerá en este ataque que también es parte de mi jugada. Además no sabes que está en la oficina vecina, y que “se muere por verte” Seto. Así que, ¿qué decides?... ¿salvar a tu empresa junto a Sumeragi y toda su tropa o a tu “rubiecito de ensueño”? Y que sea rápido por favor que el tiempo corre para ambos sentidos de tu ruleta – una sonrisa profunda se oyó decir y seto salió disparado de su oficina; debía cuidar como oro a Alexander ya que era su única salida del problema financiero de todos los altibajos de los ataques.

Casi por un impulso vio por la ventana y alcanzó a distinguir los automóviles iguales estacionados en la acera del frente del edificio. Comprobó que Subaru Sumeragi debía estar con sus guardaespaldas y con su cónyuge sano y salvo.

El cónyuge de Subaru...

- Katsuya... – dijo a la nada, para luego reprimirse por tan deliberada acción ,¿Cómo en estos momentos tan cruciales se ponía a pensar en ese perro?... al menos estaban con algo de protección según lo que pudo ver.

Si algo les pasaba a los Sumeragi cargaría con una responsabilidad descomunal, la aristocracia japonesa débil en su yugular, pero en lo personal se podían meter su prestigio social por donde mejor les cupiera. A él no debía importarle. Menos mal que estaban a salvo por el momento.

Por otro lado Alexander era un hombre que definitivamente le servía en cada ámbito de la empresa y de la intimidad y no le convenía perderlo, corrió a la oficina a ver si estaba allí

Cuando tocó la puerta sintió algo, no supo explicar muy bien qué, pero de la nada, un delicado pétalo de Sakura cayó en su mano en el momento en que abrió la puerta.

Lo que estaba dentro de esa habitación no era precisamente Alexander amordazado, atado o por último amenazado por alguien con una pistola en su cabeza.

Estaba ileso de espaldas a él como si nada pasase, tampoco sin su típica chaqueta larga puesta en el respaldar de su silla. Ni mucho esperaba su propia reacción, caminaba hacia él como si la empresa estuviera de las mil maravillas como para darse un “respiro” con ese rubio, casi por inercia.

Su juicio no respondía como para darse cuenta de algunas cosas; la puerta tenía un pergamino con una estrella invertida y la persona que estaba allí NO era Alexander.

Era momento de que algunos secretos salieran a relucir...


Subía por el acceso de emergencia raudo, debía cerciorarse de la seguridad del sistema y él conocía como la palma de su mano esa parte de la oficina.

- Después de todo la usé muchas veces cuando estuve contigo – rió tristemente al rememorar las veces en que, después de terminar de entregarse a su amor, era evacuado por esa vía de escape para no ser visto –, siempre te despedías en la puerta que conecta a tu oficina y seguías tu mundo mientras yo volaba en el mío.

Entre más escalones ascendía se acercaba un poco más al “trono” del Ceo y un presentimiento iba in crescendo, algo no andaba bien

¿Seto estaba solo en esos momentos? Pudo jurar que escuchó voces en la oficina por parte de Seto y de alguien más. Decidió quedarse en la oficina contigua para saber qué ocurría cuando sintió algo que lo inmovilizaba.

- ¡Pero qué…! Mald… – algo cubrió su boca, parecía tela o quizás algodón... invisible, cayó directo en la trampa del atacante.

Una mano de posó en sus hombros y otra en su cintura... algo no andaba nada de bien fue lo último que llegó a pensar antes de que todo se volviese negro.

Al menos ahora está seguro de algo, el atacante tiene dominio de Omnyoujitsu.


Su cerebro en ese momento era una masa muscular inútil en jaque a la cual el mismo calló, frente a él estaba increíblemente Katsuya de espaldas quieto como un pilar, y no supo por qué, pero avanzó con paso firme hacia su encuentro.

Sentía que su esencia lo rodeaba por completo, esa maldita y narcótica loción, ese cabello rubio alborotado, ese cuello que lo llamaba a ser devorado, esa parte donde finalizaba su espalda a ser acariciada y mancillada. Una explosión de sensaciones lo asolaban al punto de hipnotizarlo, estaba completamente hechizado con aquel cachorro.

Sus propias respuestas eran peores aún, sólo observándolo lo poseía, recordaba besos y fantásticas sesiones de sexo, pero recordaba como protagonista a otro rubio.

Todo lo que el había jurado no volver a sentir por el perro afloraba como si nada sólo por verlo parado allí.

Un rubio con dueño de cuerpo, mente, corazón y alma pero que lo tenía preso del éxtasis tanto en sus tiempos de instituto como ahora a puertas del casorio. Que el mundo se viniera abajo si ese can seguía dándole pelea, que fuera el mismo pelafustán, el mismo duelista de cuarta, que a estas alturas el hecho de que “no le importara” Katsuya se estaba yendo al caño.

Y él mismo se quedaba inmóvil presa del pánico por hacer algo inapropiado mientras su cuerpo sólo parecía obedecerle a él mismo...

- Es Katsuya Sumeragi…

Sus manos se posaron en sus hombros tratando de corroborar el hecho de que el perro estaba a merced suya otra vez; el deseo de palpar se le hacía irresistible.

- Está casado…

Su otra mano descansa en la cintura del rubio como si fuera lo más natural del mundo, atrae el cuerpo del perro contra él sintiendo su aroma, dejándose intoxicar con ese veneno que le inundaba a los sentidos.

- Tiene un hijo…

Lo sostuvo con cuidado en el momento en que se desvaneció su cachorro en sus brazos dándolo vuelta para que quedara mirándolo. Se veía tan...hermoso.

- ¡Maldición, es el perro

El último vestigio de cordura que le llegó al Ceo antes de sellar su boca con la de Katsuya, sentir de nuevo ese sabor, tocar de nuevo esa piel tersa y suave, tenerlo tan dócil y sumiso.

Era una fuerza volcánica que superaba todo su rígido razonar…

Ya no había escapatoria.

- Cachorro... eres mío.

Continuará...


son 513.5 dólares americanos En chile eso es $359.450 pesos chilenos; mucho para un simple guardia.

Seto Kaiba significa Caballo de Mar y Alexander lo llama caballito como un apodo.



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