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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » One Piece » Frío y calor

Shuls
Author of 18 Stories

Rated: K - Spanish - General/Romance - Reviews: 22 - Updated: 11-07-06 - Published: 10-27-06 - Complete - id:3216343
Advertencia: Por si no es obvio… One Piece no me pertenece, sino que es propiedad de su autor, aun que realmente no me importaría que Zoro Roronoa fuera enterítamente mío (jua jua jua –es una risa malvada, ¿vale?-).

Un aviso más, lo que hay escrito en negrita es conversación, lo que hay escrito en cursiva es pensamiento, y lo que hay en letra normal es narración; supongo que es evidente, pero nunca está de más decirlo.

ooooFrío y caloroooo Have you ever really love a woman

Cap. IV: Calor que dar

Al cabo de tres días puntualmente, según había predicho Nami, llegaron a una isla. Era una isla bonita, con amplias playas de arena blanca y fina, y una vegetación frondosa. A simple vista no advirtieron civilización, no había barcas ni rastro de embarcaderos, así que decidieron anclar el barco en una cala flanqueada por dos acantilados de no mucha altura.

Decidieron investigar un poco la isla antes de desembarcar todos, no fuera el caso que se llevaran una mala sorpresa al descubrir dinosaurios, plantas carnívoras, o cosas peores..., como ya les había pasado alguna vez.

En la comitiva de exploración iban: Luffy (obviamente), Robbin, alegando que le apetecía investigar, y Zoro que, simplemente, había subido a la barca sin dar explicaciones a nadie.

En el barco se quedaron el resto. Usopp diciendo que se quedaba para defender la embarcación en caso de peligro (ya, ya...), Chopper, porque sí, Sanji tenía que quedarse, obligado por su capitán, ya que pronto sería la hora de la comida, y Nami, que desde hacía tres días prácticamente no salía de su habitación, salvo para dar instrucciones del rumbo que debían tomar y para comer.

Al cabo de una hora los tres robinsones ya habían vuelto, estaba claro que tocaba comer...

-¿Y qué? ¿Cómo habéis visto la isla Luffy?- preguntó Sanji mientras acababa de servirse a él mismo.

Cuando el capitán hubo engullido todo lo que tenía en la boca respondió muy sonriente –Esta muy bien. Podremos quedarnos un par de días para rellenar la despensa con lo que cacemos por aquí.

Robbin, que estaba saboreando con agrado el “gulage” que había preparado el rubio, añadió -Además, hacia el interior hay una vegetación diferente, y hay bastantes árboles frutales.

-Oh, Robbin-chan, ¡eso es perfecto! Ya estaba temiendo no poder prepararos a mis dos princesas una dieta bien equilibrada...- y diciendo esto tomó a Nami de las manos. Como Zoro ya nunca comía con ellos, Sanji ocupó su lugar, y así quedaba al lado de su amada pelirroja.

-Por mi no tienes que preocuparte tanto, Sanji- Nami apartó sus manos de un tirón –En estos días te lo he repetido muchas veces, creo.- Y era cierto, además, últimamente Nami había pasado de tener un malhumor manifiesto a golpes, a comportarse de una manera extrañamente fría. Ahora siempre usaba ese tono neutro en su voz, como el que estaba usando ahora con Sanji, y eso solo los pocos ratos que compartía con el resto de la tripulación, porque la mayor parte del tiempo no se dejaba ver por nadie.

-Pero Nami-san, preciosa, tú sabes que no lo puedo evitar. Eres mi reina, y yo tengo que tratarte como tal.

-Yo no soy reina de nadie-Nami se levantó dejando su servilleta en la mesa -Y ahora, si me disculpáis, me voy a mi camarote.

-Pero Nami... no has acabado de comer...- Chopper estaba preocupado por la pelirroja, todos lo estaban.

Nami se giro desde la puerta –Lo sé, pero no tengo más hambre- y diciendo esto se marchó.

oooOooo

Eran las cinco de la tarde cuando alguien llamó a la puerta del camarote de las chicas. Nami, que estaba en el escritorio, trabajando en un mapa, contestó con desgano –¿Si?

-Nami, vamos a desembarcar todos, seguramente cenaremos en la isla.

La pelirroja se sorprendió al darse cuenta de que el que había ingresado en la habitación era su capitán. Aún y así no se volvió a verle, no le apetecía ir de paseo por la isla –De acuerdo. Ya me prepararé algo yo misma para cenar.

-No, no me has entendido. Tú también vienes.- La navegante se giró muy irritada, estaba a punto de echarle del cuarto de forma grosera, pero al ver la expresión tan seria que tenía Luffy… Nunca lo había visto así, bueno, quizás un par de veces..., pero nunca para mantener una conversación, solo para luchar.

-Pero Luffy...

-Pero nada. Eres parte de esta tripulación, igual que el resto. No puede ser que te pases el día aquí encerrada, y cuando sales estas siempre peor que la última vez que te vimos. No comes, no te ríes, ni siquiera te da el aire... y Robbin me ha dicho que tampoco duermes bien.

-Robbin... ¡¿que sabrá Robbin?! Otra vez ella… ¡es que no pueden dejarme en paz!

-¡Nami! No sé que tienes en contra de ella, pero no me gusta.- La voz de Luffy era severa, muy diferente de la voz cantarina que tenía siempre -Decidimos darle una oportunidad y ella ha demostrado merecer nuestra confianza, no puedo permitir que entre la gente de mi tripulación existan este tipo de enfrentamientos. -Nami se sentía avergonzada, ¿Luffy le estaba regañando? No supo que contestar, así que simplemente se volvió hacia el escritorio, cogió la pluma e hizo un par de trazos, como para darle a entender a su capitán que la conversación ya había terminado.

El chico se quedó un rato observando a la navegante en silencio. Lo cierto es que no tenía ni idea de lo que le estaba ocurriendo, pero él era el capitán, y en cierta forma era su obligación solucionar el problema, o hacer que se solucionara. Lo que sí que estaba claro es que los implicados eran tres: Nami, Robbin y Zoro. Pero al parecer Robbin no tenía nada en contra de nadie, porque ella no había cambiado de actitud en ningún momento. De hecho, cuando en la mesa (después de que la navegante se fuera) habían comentado la situación, ella también se mostró preocupada (en cierto modo) y fue cuando dijo que durante las noches la pelirroja se levantaba a menudo, o ponía la silla cerca de la ventana y se ponía a observar el cielo nocturno mientras cavilaba Dios sabe qué. Así que esta preocupación de Robbin la descartaba como parte creadora del problema, lo cual reducía el círculo a dos acusados: Zoro y Nami.

De Nami no sacaría nada, estaba claro, y de Zoro…

Nami se giró hacia Luffy, que todavía no se había movido –Has dicho que tengo que bajar, ¿no? Ahora déjame en paz, porque hasta que no acabe no bajaré.

Luffy repuso su habitual sonrisa de oreja a oreja y en el mismo tono despreocupado de siempre dijo –¡Vale! Nos vemos dentro de un rato- Luego cerró la puerta y se marchó silbando por el pasillo.

Nami apoyó los codos en la mesa descansando su rostro entre sus manos. Al cabo de un rato dejo escapar de sus labios un hondo suspiro –Te echaré de menos, Luffy…

oooOooo

Ya habían hecho la fogata para que Sanji pudiera proceder a preparar una suculenta cena. Cada cual estaba implicado en alguna tarea. El rubio, por supuesto, estaba al frente de la hoguera, aderezando el alimento que iban a consumir, una bestia un tanto rara que habían cazado cuando desembarcaron, era algo parecido a un jabalí, pero que al parecer tenía la carne más tierna, o algo por el estilo, ya que Sanji no dejaba de hacer comentarios sobre eso.

Luffy y Chopper estaban trayendo del barco los utensilios necesarios para hacer la cena, como por ejemplo la hoya que cargaba el renito, que era casi más grande que él, o los platos y los cubiertos que llevaba Luffy haciendo difíciles equilibrios.

Robbin estaba sentada leyendo un libro cerca del cocinero, a la luz de la lumbre; a ella nadie le decía lo que tenía que hacer, a menos que saliera de ella misma, y como la única persona que solía mandar (y a veces tiranizar) a todo el mundo, sin reservas, era Nami y ahora no le dirigía la palabra pues... Eso sí, cada vez que Sanji hacía un comentario sobre el bicho que estaba salpimentando, ella levantaba la vista de su libro y movía la cabeza afirmativamente, como si hubiera oído lo que el rubio decía, o como si le interesase.

Usopp como manitas del grupo que era, había decidido montar una mesa con troncos y demás materias primas que encontraba por los alrededores. Estaba aburrido, que se le iba a hacer...

Zoro, a regañadientes y de malhumor, había ido a por agua a un riachuelo que no estaba muy lejos de donde habían decidido acampar. No había pérdida, eso es lo que pensaban todos cuando decidieron mandarle a él. Pero por otra parte estaba agradecido de tener una excusa para poder marcharse, desde que tubo la pelea con Nami no le apetecía estar con nadie.

Por una parte sentía vergüenza del incidente que “posiblemente” había ocurrido entre él y Robbin, a pesar de que él no tuviera constancia de ello. Y por otra parte... deseaba sacarse esa discusión de la cabeza, pero no podía. Eran demasiados sentimientos a la vez... enfado por la bofetada; frustración por no haber conseguido lo que quería, solucionar la situación; orgullo por haberse sentido menospreciado; ira cada vez que recordaba a Sanji junto a Nami...; vergüenza por lo de Robbin; confusión por la actitud de Nami; dolor por el desprecio con el que le hablaba; y... aquí venía el que le costaba más reconocer, miedo. Cada vez que recordaba la imagen de la navegante diciendo que había llegado el momento de irse del barco, cada vez que recordaba como su silueta se disolvía entra las sombras del pasillo hasta no dejar ni rastro de ella... sentía miedo, una angustia que le oprimía el pecho y le hacía olvidarse de todo lo demás, incluido su orgullo.

Zoro se agachó y miro su reflejo en el agua cristalina del río mientras por su cabeza cruzaban todos esos pensamientos chocándose y no dejándole ver nada claro. Luego estiró su brazo hasta tocar el agua con la punta de sus dedos, y mientras veía su imagen distorsionada un murmullo se escapo de sus labios -¿Qué tengo que hacer?

oooOooo

-Vale, ya está casi todo listo, pero falta... ¡a sí!, ¡falta el postre!- Sanji ya estaba acabando con la cocción del plato principal, pero revisando el menú se dio cuenta de que faltaba el postre, y como entre las provisiones, de lo que iban más escasos era de fruta... –Luffy ¿por qué no vas a buscar algo de fruta al bosque? Esta mañana habíais encontrado árboles frutales, ¿no?

-Sí Sanji, pero por qué no mandas a Usopp, yo estoy ocupado- Oh, sí. Sombrero de paja estaba ocupadísimo... persiguiendo a “algo parecido” a una ardilla que llevaba en las manos “algo parecido” a una bellota.

-No importa Sanji, ya voy yo

-¡¿Nami?!- La pelirroja por fin había decidido acompañar al resto. Cuando todos habían desembarcado, ella dijo que bajaría en un rato, cuando estuviese listo el mapa en el que trabajaba. –No mi princesa, ¡¿como se te ocurre?!- Después desaparecieron los corazoncitos de sus ojos para mirar a Luffy con una cara de enfado marcada en “su ojo visible”- ¡¡¡Tú imbécil!!! ¡¡¡Quieres dejar de corretear detrás de ese animalejo e ira a por lo que te he pedido!!!

-Pero Sanji... Nami ha dicho que no le importa ir- El capitán, haciendo alarde de toda su dignidad de hombre hecho y derecho, puso un pucherito que ni los recién nacidos.

-Sanji, déjalo. He dicho que voy yo.- Últimamente ya habían descubierto que cuando Nami hablaba con seriedad era mejor no contradecirla, así que no queriendo tentar a su suerte (más de lo normal) el rubiales la dejo marchar, pidiéndole que no tardara mucho y mandándole un afectuoso beso, desde la distancia, por supuesto. Pero Nami ya no le veía, ni le escuchaba.

Sí había aceptado ir a por la fruta no era por un gesto generosamente altruista, viniendo de ella, ya nos lo podemos suponer. Era simplemente, para no tener que compartir espacio con Zoro, cuanto más alejada de él, mejor. El único problema es que, al no querer fijarse en el grupo, para no verle, Nami no se había dado cuenta de que él no estaba. Pequeño fallo, ¿no?

oooOooo

Nami balanceaba la cesta de mimbre que llevaba en las manos. Por más vueltas que le daba al asunto no encontraba una solución más lógica, tenía que marcharse. Abandonarlos. Por mucho que le doliera. Los iba a echar tanto de menos... a todos, incluso a la “maldita arpía”, que siempre parecía saberlo todo.

-Pero si lo sabía todo... ¿cómo es que no sabía que yo estaba enamorada de Zoro? O quizás... sí que lo sabe pero le da igual... eso es una traición, ¿no? Porque si yo hubiera sabido que a Robbin le gustaba Zoro, no habría intentado nada con él, por lo menos hasta comentárselo a la arqueóloga. Aún que ya sin saberlo, tampoco he intentado nada... pero bueno.

El caso es que si Robbin sabía que a mi me gustaba Zoro... ¡un momento! ¿Cómo es que yo no me he dado cuenta de que Robbin se sentía atraída por él? Una chica, cuando está enamorada esta más alerta..., y a pesar de eso yo no he notado ningún signo por parte de la arqueóloga de que... entonces... ¿es a Zoro a quien le gusta Robbin? ¡Mierda! Esto no tiene sentido. Porqué me iba a mentir, entonces. Qué sentido tiene que Zoro me niegue que la besó o que no acepte que le gusta... bueno es muy orgulloso, pero... El dice que no recuerda nada... pero...- Nami se sentó en el suelo, estaba confusa. Apoyó la cesta entre sus piernas y sacó una manzana de ella. Era roja, y reluciente. –¡Ya estoy harta de tanto pensar! ¡¡Me voy a volver loca!! Por más que le de vueltas en mi cabeza no voy a solucionar nada- Apoyó la manzana en sus labios, estaba cansada, muy cansada de todo esto. Su aliento chocó contra la brillante piel de la fruta mientras susurraba –Ya no puedo arreglar nada.

Nami cerró los ojos, apretó la manzana entre sus manos, y luego, poniéndose en pie, la tiró con todas sus fuerzas, como dejando que con ella se fueran todos sus problemas. Lejos, muy lejos, aún que sabía que era imposible.

El silencio fue cortado por un ruido, un débil chasquido acompañado de una suave vibración metálica. Nami observó un destello azulado aparecer y extinguirse rápidamente, bajo la sombra de uno de los árboles que daban forma al claro en el que se encontraba. Se puso en guardia.

-Vaya, creo que no me odias lo suficiente. Porque intentar matarme con una manzana... aún que he de reconocer que es creativo- Zoro avanzó con paso firme, dejándose ver al salir de las sombras. Venía cargado con un cubo de agua que llevaba en la mano izquierda, mientras que la mano derecha aún la mantenía en la empuñadura de la Sandai Kitetsu, ya que la había utilizado para partir en dos la manzana.

Nami se quedó ahí, de pie. –“Estamos locos ¿o qué?()” ¿Esto es una broma? No puede ser…- A pesar de la confusión adopto una actitud de indiferencia, por lo menos exterior, peor aún y así las palabras se le trabaron -¿Q-qué…?

-Vaya, otra vez… esto me suena a dejavú- dijo Zoro con sonrisa torcida y tono irónico –Si lo que intentas preguntarme es qué hago aquí, vengo de recoger agua- dijo elevando un poco el cubo –aunque esta vez tampoco creo que te importe.

Nami no respondió, su cara seguía tan neutra como al principio. Después de unos instantes de mirarse a los ojos la pelirroja bajo la vista. Zoro, que estaba terriblemente serio, avanzo hacia ella.

No soportaba esta situación. Cuando no entendía una cosa, la detestaba, y por eso odiaba esta situación. No entendía, por muy enfadada que estuviera Nami con él, porqué no era capaz de sostenerle la mirada.

Zoro paro enfrente de la navegante, y dejó el cubo en el suelo. Al ver que ella seguía encontrando más interesante la hierba bajo sus pies que su cara decidió hablar por fin. -O ahora, o nunca. Si se va a marchar… es mejor dejarlo todo claro. Nami, ¿por qué ha pasado todo esto?- Ella seguía sin mirarlo, pero como buen luchador que era, pudo percibir que se tensaba, y la vio cerrar los puños apretándolos con fuerza. –Esta bien, no quieres hablar… pero vas a escucharme, te guste o no.- Así que reuniendo todas sus fuerzas, ya que iba a hacer algo que nunca había hecho, decidió empezar por el principio. -De nada valdría ahora reclamarle la bofetada. Pero como empezar…- Después de observarla un rato en silencio, las palabras salieron de su boca, con una suavidad que a él mismo le sorprendió -Yo creía que… yo creí que empezábamos a llevarnos bien. Sé que siempre hemos tenido nuestras diferencias, pero yo… bueno… Nami, sabes bien que te aprecio, y no hace falta que yo te lo diga. Formas parte de la tripulación, y hemos vivido muchas cosas…

En ese momento Nami levantó su mano, poniéndola delante de la boca de Zoro, pero sin llegar a rozar sus labios, haciéndole callar. –Me aprecia…, me aprecia- Repitió en su mente con amargura. –Lo siento Zoro. De verás que lo siento- Su voz temblaba, pero Zoro no era capaz de verle los ojos porque aún seguía con la vista en el suelo, y el flequillo dibujaba sombras en su rostro. –He sido muy egoísta. Al final te he dado la razón, y me he comportado como la niñata estúpida y caprichosa que siempre dices que soy...

-Pero Nami, yo…

Por fin Nami levantó la vista, y Zoro se arrepintió de haberlo deseado. –No. Déjame acabar- Sus ojos estaban inundados en lágrimas y sus mejillas estaban sonrojadas por la vergüenza, por el esfuerzo de retener el llanto y por la tensión de la difícil situación en la que se encontraba. ¿Decir la verdad o seguir mintiendo?Entonces todo acabaría con una mentira… -¿Eso es lo que quiero?... Tienes razón. Empezábamos a llevarnos bien, y eso nos costó mucho esfuerzo, ¿verdad?- Una amarga sonrisa se dibujó en su rostro, haciendo que una lágrima solitaria se le escurriera mejilla abajo. –Y siento que todo vaya a acabar así. Lo lamento… mucho. Pero yo no puedo quedarme más con vosotros. He pasado los mejores momentos de mi vida siendo parte de esta tripulación… y nunca lo olvidaré. Como tampoco os olvidaré a ninguno de vosotros…- Tuvo que callarse porque se le empezaba a formar un nudo en la garganta que le impedía hablar con claridad. En cualquier momento empezaría a sollozar, y no quería, así que intento calmarse. Volvió a bajar la vista intentando encontrar el valor que siempre la había caracterizado.

Zoro estaba… bueno, no era fácil de describir. Como por inercia, mientras su mirada seguía el recorrido de la lágrima que instantes antes había bajado por la mejilla de Nami, levantó la mano y acarició su rostro, hasta secar el rastro húmedo que había dejado esa lágrima traicionera.

Nami levantó la vista, casi asustada, ante la caricia del espadachín, y este lo notó, pero no apartó su mano. –¿Por qué lloras? No lo entiendo Nami. Sí no quieres irte ¿por qué sigues con eso?

Nami se mordió el labio. Tenía tantas ganas de abrazarlo, de decirle lo mucho que le quería… Pero no podía hacerlo, estaba decidida. No iba a hacer el ridículo nunca más. Dio un paso hacia atrás, evitando así el contacto con la mano de Zoro. Y recobrando la compostura, con la voz aún entre cortada dijo –Porque es lo que tengo que hacer-. Diciendo esto se giró, cogió la cesta de las manzanas y empezó a caminar, mientras apretaba los labios para intentar ahogar el llanto que, sin que ella quisiera, ya había empezado.

Zoro se quedó atrás, en silencio. La veía partir nuevamente, y esta vez sería, casi con total seguridad, la última vez que cruzarían palabras. De golpe volvió ese sentimiento que le ahogaba por dentro, y como impulsado por un resorte, salió corriendo detrás de Nami. –Perdí a Kuina. Era un niño y no pude hacer nada…Ella era la persona más importante para mi, y desapareció de mi lado… Pero a ti no te perderé, no tan fácilmente.

No tardó en darle alcance, y cuando lo hizo la abrazó por detrás, haciendo que ella tirara la cesta. Uniendo la espalda de ella con su pecho, aspirando el dulce aroma de sus cabellos, notando como ella tiritaba…

Zoro no decía nada, permanecía aferrado a ella sin emitir un solo sonido. No se oía nada…, hasta que Nami empezó a llorar. Ya no podía aguantarse más, y con esto aumento su temblor. Zoro se asustó, aflojó su abrazo para darle la vuelta. Ella no levantaba la vista.

El espadachín tomo el rostro de la navegante entre sus manos, haciendo que le mirara, pero entonces ella protestó enérgicamente, apartándose de él otra vez. -¡¡No!! ¡¡¡No quiero que me toques!!!- Se agachó para coger la cesta, quería marcharse de allí, quería correr, pero le temblaban las piernas. ¡¿Por qué Zoro era tan condenadamente injusto?!

-Nami, por favor…- No quería que se fuera, no quería que le dejara solo.

Nami se detuvo. Se giró furiosa, aún con la cara bañada en lágrimas, y dijo con rabia -¡¿Qué es lo que quieres de mí?! ¡¿Qué es lo que quieres?!

-Yo…

-¡¿Tú qué?!- El espadachín no tenía palabras, volvía a no entender lo que ocurría. Pero no era así como quería que salieran las cosas, no así. Él quería… él quería… -¡Haces y deshaces como quieres! ¡Y no puedes!, eso no esta bien…- Nami volvió a llorar. Un llanto amargo, lleno de tristeza. Se estaba consumiendo por dentro, todo esto la estaba destrozando, por eso tenía que marcharse. –Déjame en paz Zoro. Vete con Robbin y déjame en paz. Se feliz con ella, yo no os molestaré, por eso quiero irme… Por eso quiero alejarme de ti…- hizo una breve pausa, ya no había nada que hacer –Porque te quiero demasiado. ¡¡Te quiero tanto que me estoy volviendo loca!! ¡Pero eres tan idiota que no te das cuenta!- Nami no pudo decir nada más, porque los calidos labios de Zoro estaban cubriendo su boca.

Zoro la besó con dulzura. Una dulzura que no comprendía, que nunca había sentido dentro de él, salvo… cuando pensaba en ella. Cuando pensaba en Nami sonriendo, cuando la veía observándolo al entrenar, cuando notaba que ella le miraba mientras estaba medio dormido, cuando la pillaba espiándole mientras afilaba sus katanas… Y entonces lo comprendió todo, estaba enamorado. Y no había vuelta atrás.

Separó sus labios de los de la navegante, la miró a los ojos mientras con sus manos le secaba las mejillas –¡Estoy enamorado! Vaya, eso sí que es nuevo- Mostrando por primera vez en mucho tiempo una sonrisa, tan sincera como real, le susurró a Nami –Si quieres que sea feliz, tú tendrás que ser mi paz. Te necesito Nami- con su brazo izquierdo tomo la cintura de la muchacha, y con su mano derecha puso un mechón del sedoso cabello de Nami tras su oreja, dejando después la mano sobre su suave cuello –te quiero.

Nami estaba extasiada, completamente fuera de si. Si Zoro la soltara ahora, lo más probable es que sus piernas flaquearan y caería al suelo. No sabía que decir, Zoro la había dejado sin palabras –Y pensar que creía que eras de piedra…- fue un susurro, más para ella que para el espadachín, pero igualmente la oyó. Y volvió a regalarle una sonrisa, y volvió a robarle el aliento. -Tienes la sonrisa más bonita que he visto nunca- estaba realmente maravillada de la sencillez y belleza de ese simple gesto.

Zoro se sonrojó, quizás un poco más de lo que ya estaba, y le dijo –Si tú me lo pides, te sonreiré cada día- de repente se acordó de algo, y se puso serio –Pero no te irás, ¿verdad? No me dejarás solo…

-¿Tú me quieres?- Zoro nunca había visto a Nami tan humilde, tan serena… tan bella.

-Más que a nada en este mundo- se sorprendió a si mismo al descubrir que las palabras que acababan de brotar de sus labios, de lo más profundo de su ser, eran la pura verdad.

Nami sonrió ante esta respuesta. Supo que Zoro no mentía, sus ojos no mentían, siempre habían sido sinceros. Todo lo demás... daba igual. –Entonces nada podrá separarnos.

Y volvieron a unirse en un abrazo cálido, lleno de amor. Les había costado tanto… tenían derecho a disfrutar ese momento. El inicio de su nueva vida, juntos. Y por fin felices.

oooOooo

N.A.: Vale! Ya he acabado el fic! Que os ha parecido!!! No tengo ganas de hacer comentarios sobre él, lo escrito, escrito está. Pero os diré que me ha costado mucho concentrarme para poder acabarlo.

Solo diré que quizás vereis a Luffy un poco OCC pero yo no estoy convencida de eso. Yo creo que ese toque él en realidad sí que lo tiene, pq cuando se trata de su tripulación se lo toma todo muy en serio.

() He puesto esta frase porque es una frase que yo y mis amigos solemos utilizar. Lo que pasa es que es la típica frasecilla que se va pegando de unos a otros, y que se tiene que decir con una entonación especial… no sé si me explico… Y el significado es algo así como cuando te dices a ti mismo “¿Pero que pasa aquí?”.

Quizás dentro de un tiempo lo vuelva a leer y diga: Pero que pifia! Pero eso será dentro de un tiempo, pq ahora mismo: estoy satisfecha de mi trabajo!

Halane: Siento lo de los nombres! Lo de Luffy a sido un fallo… supongo que por la costumbre de escribir con la “i” y no con la “y”. Lo de Robbin… pues es que a mi me parece que queda mejor así, no? Y como lo he visto en algún sitio escrito así pos… jeje.

Me alegra que te haya gustado la discusión, a mi me encanta escribir peleas (verbales, pq las físicas no me salen bien… de hecho nunca lo he probado jeje). Me halaga que te guste tanto. Espero que el final te haya gustado también.

PrincessPrym: Pues gracias! A mi tb me encanta esta pareja, se nota, no? Espero que te guste este último cap.

Deneb: Pues cuando hagas la lista me la pasas, jeje. Me alegra haberte convencido, sobre todo pq se ve que tienes ojo crítico, jeje. Lo de estar viéndoles y escuchándoles… muchas gracias! Yo cuando escribo lo que hago es imaginarme la escena, y ver cómo actuarían los personajes, sin forzar. Pq no me gusta cambiar los caracteres de los personajes. Aun q en este cap Luffy ha cambiado un pokillo, eh? Jeje Pero yo creo que ese toque él en realidad sí que lo tiene, pq cuando se trata de su tripulación se lo toma todo muy en serio.

Uala! Estas casada? Que edad tienes? Si no te parece impertinente la pregunta, jeje. Por cierto, tu escribes fics? Es que no te he encontrado… Si no lo haces, yo te animo a que lo hagas, pq si te gusta tanto leer, no creo que te cueste mucho escribir, y seguro que lo haces muy bien!

¡¡¡Gracias a todos por haber leído mi historia!!!

Un saludo, Marie.



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