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Author of 16 Stories |
Pairing: Sirius/Bellatrix
Calificación: PG
Spoilers: Ninguno que yo sepa
Disclaimer: HP y demás son propiedad de JK Rowling y yo no consigo nada con esto
Notas: Como de costumbre esto es solo una muestra porque no soporto el sistema de posteo de FF... la totalidad de mis fics estan en Sense Offense (url en el profile :))
Creció y se olvidó de la cuna y dejó de utilizar la sala de juegos, y durante los años del cambio -de los tutores al colegio, de los hijos de los amigos de sus padres a los amigos sin más, de la sangre azul a "mezclarse con escoria"- acogió aquellas sombras de óleos con resquemor, se olvidó de la cuna de cedro e incluso cuando la presencia de su prima era real en los pasillos, Sirius trató de mirar hacia otro lado. Bellatrix lo sabía o debía saberlo, porque en ocasiones Hogwarts no era más que un espacio vacío donde sólo dos Blacks eran de carne y hueso; cuando Lunático, Colagusano y Cornamenta no estaban, Canuto volvía a ser Sirius y jugaban al gato y al ratón, sólo que nadie era ratón. Ella le buscaba empeñada en tirar de la cuerda, porque su primo naufragaba, se ahogaba en aquel mar de sangre sucia y vidas indignas, y nadie a quien hubiera besado tras los rosales de la mansión Black iba a dejarla en tan mal lugar. Y él tiraba de la cuerda y trataba de romperla a mordiscos durante unos segundos, los primeros segundos de cada caricia, cuando se revolvía enfadado antes de decidir que era la última vez, que la siguiente miraría a otro lado convencido de que Bellatrix no era Bellatrix sino su imagen y por tanto no podía esconderse con ella en un pasillo para darse motivos por los que sentirse culpable.
Sirius nunca se preocupó mucho por lo que le decían que estaba mal, pero aquello era distinto. No podía usar su lógica, su propio libro de reglas, porque Bellatrix misma era el fin de la lógica y de las reglas, desde su instinto explosivo hasta las sombras oscuras bajo los ojos claros. Pero sabía que estaba mal y necesitó decenas, cientos de noches para terminar de apartarse, a pesar del abismo que la guerra abrió entre ellos. Y dejó de verla. Cerró los ojos ante cada sombra que le recordara la silueta espigada y la mayoría de las veces, al abrirlos, Bellatrix ya no estaba allí.
Apareció de repente aquel día. El mundo explotó, muggles, amigos, ladrillos, y una rata que corría y Sirius sólo pudo reír y reír cuando el retrato de terciopelo se abrió paso entre el humo y le miró, y le dijo sin palabras que en Azkabán nadie escapa de los fantasmas.