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Author of 29 Stories |
Un nuevo capítulo. Espero que os guste y lo disfrutéis.
¡Besos a todos los que leéis y a los que dejáis comentario!
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Despacio, caminando con tranquilidad, mientras observaba cómo las briznas de hierva se plegaban a su paso, fue hasta el imponente castillo de Hogwarts. Se situó en la entrada del lugar, quieta, esperando a que alguien abriera la puerta y saliera. No podía hacerlo por sí misma, irrumpir sin ser invitada, o las medidas del castillo saltarían sin que lo pudiese controlar. Y como si fuera la voluntad de Merlín, los señores Parkinson salieron del lugar, entre juramentos e indignación.
Bellatrix los miró con asco. Sabía lo que había ocurrido en el castillo con el hijo de Lucius y sabía a qué habían ido los padres de la niña afectada. Por unos instantes, se alegró que Snape estuviera allí, posiblemente, hubiera impedido que se llevaran a la chica a casa. Si hubiera sido ella, hubiera cogido al pequeño Malfoy y lo habría torturado por destrozar los planes de su señor y por haber abusado de un igual.
Una vez dentro del castillo, se deslizó entre los estudiantes, con cuidado de no pisar ni golpear a nadie y se encaminó escaleras arriba. El corazón le latía a mil por hora. No importaba, tampoco le hacía mucho caso, pues era capaz de mantener la cabeza fría incluso en las peores situaciones. Además, su Señor le había dado una oportunidad de oro. Le había ordenado una infiltración en Hogwarts, peligrosa, pero demostraba tal y como ella sospechaba, que Severus Snape no era una persona de la que se podría fiar al cien por cien.
Con rapidez, se dirigió a la Torre Gryffinfor y deseó que algún leoncito pasara por allí cerca para poder colarse dentro de la Torre. Bajo el encantamiento desilusionador, tenía posibilidades de que no la atraparan, sin embargo, una nunca estaba segura. Y además, estaba el asunto de la otra. Quien debía proporcionarle la distracción suficiente para que ella pasara desapercibida. Rezó para que la cría fuera buena actriz y no delatara el plan del Señor, o que Dumbledore o McGonagall no sospecharan y se pusieran a registrar el castillo.
Podía resultar que el ataque a Azkaban no fuera suficiente, y…. Permaneció a la espera mientras retiraba los pensamientos negativos de su cabeza, y cerca de la señora Gorda, se situó, a la espera de que el retrato se abriera. Sus ojos, miraron hacia un cuadro del pasillo que parecía intuir que por ahí había alguien, sin embargo, inmóvil como una estatua, no podía atraer su atención.
Quieta, tranquila, paciente.
Al igual que una serpiente esperando cazar a su presa. Solo que aquella vez no necesitaría matar a nadie. Simplemente, filtrarse sigilosamente en la Sala Común, deslizarse por las escaleras de los chicos y buscar la habitación de Potter. Con una sonrisa de medio lado, recordó cual era. Según Colagusano, estaba en el segundo piso, así que no le sería muy complicado. También sabía cual era la cama, y suponía que su baúl y su armario estarían al lado de esta, con el preciado mapa esperando por ella.
Súbitamente, le vino a la cabeza una de esas ideas que solo se tienen en los peores momentos. Que Potter tuviera el mapa. ¿Y cómo podría ir a la guarida de vuelta con las manos vacías? Hasta entonces se había librado de los peores castigos, gracias a Brown, la niña embobada por una poción peligrosísima que le había hecho perder el juicio. Brown pensaba que el Señor Oscuro era su amo, y este, aplacaba parte de su ira con ella.
Pero en esos momentos la habían perdido, la chica cumplía su último encargo. Si algo malo sucediera, se encargarían de liquidarla en San Mungo. Contaban allí con infiltrado que priorizaba a los mortífagos encubiertos que llegaban lesionados, y ocultaba pruebas.
Apenas se movió de su sitio, cuando alguien a su espalda empezó a hablar. ¡Cuadros! Estaban cotilleando, sin embargo, lo que de pequeña le había parecido una constumbre muy molesta, en esos momentos, se había transformado en una vital fuente de información. Estaban comentando sobre la llegada de Brown a la Enfermería, en un estado lamentable, que el mismo Lord había ejecutado mientras la niña sonreía de dicha ante su destino de servirle incluso con su posible muerte.
Hasta el final de mis días, útil a mi amo.
Esa era la máxima de Brown, de los mortífagos leales como ella… del séquito solo muy pocos lo decían de corazón. La misma Bellatrix y… apretó los dientes. ¿Por qué? ¿Por qué? Una maldita poción, y esa zorra se había ganado el favor del Amo en menos de una semana. ¿Y ella que llevaba toda una vida a su servicio? ¿Qué había soportado años y años de Azkaban? Una de las pocas que le habían intentado buscar.
Cuando unos pasos se acercaron por el pasillo, se alegró. Estaba harta de estar allí sola, esperando junto a sus pensamientos que pululaban a su alrededor minando su siempre voluntad de hierro. Se movió muy despacio para que en cuanto pasaran por su lado, pudiera entrar con tranquilidad.
Las que llegaban eran dos niñas, que por la forma de hablar, debían tener trece años, la edad en la que una se considera lo suficiente mayor para todo, pero que sigue siendo una cría que no tiene ni idea del mundo que la rodea.
- ¿Contraseña?- preguntó el retrato de la Dama Gorda.
- Tríbada- contestó la más pequeña de tamaño, cuyas trencitas en el pelo se movían graciosamente al mismo tiempo que su cabeza.
El retrato se abrió de par en par y Bella tuvo la destreza de colarse dentro sin que las dos niñas se percataran. Después, observó la sala común de Gryffindor y no pudo dejar de notar las diferencias que había respecto a la de Slytherin. Allí, tanto los sofás como el resto del mobiliario estaba condicionado a la forma redondeada de la sala. Las chimeneas resguardaban el fuego y alrededor de estas se juntaban los sofás en semicírculo.
A Bellatrix le producía una sensación de poco espacio y agobio. Incluso cuando pasó cerca de las mesas de estudio, tuvo la tentación de apartarlo todo para que estuviera todo apilado y hubiese más aire para respirar. Sin embargo, sus estudiantes no opinaban lo mismo, ya que estaban charlando todos tranquilos, relajados.
Mejor para ella, así no se fijarían en una sombra que se deslizaba entre ellos. Subió las escaleras y llegó hasta el piso correcto. Después de encontrar la habitación, s encontró con los cinco chicos que allí estaban, levantándose, yendo por turnos al baño.
- Oye, Harry, ¿estás bien?
Uno de los Weasley le preguntaba al chico de oro. Bellatrix se pegó a la pared, detrás de la puerta y esperó que ninguno de los jóvenes que se paseaban semidesnudos por delante de ella repararan en su presencia.
- Sí, tranquilo, la cicatriz no me duele. Temo que Voldemort prepare algo…
- ¿Has tenido algún sueño de esos preguntó?- Deam.
Harry negó con la cabeza y continuaron con otros temas de conversación como equipos de Quidditch o chicas. Y llegando a ese tema, Neville Longbotton (fácilmente reconocible por sus rasgos de niño mimado, al igual que su madre), declaró que le gustaría hacer un regalo conjunto a Pansy Parkinson. Bellatrix, en esos momentos permaneció más alerta que nunca.
- ¿Y eso?- preguntó otro chico.
- Bueno, -declaró Neville.- Esa chica ha pasado por una experiencia horrible, y parece que la única que la apoya es Hermione… tenemos que hacer algo, y con más urgencia si es de nuestro bando.
¿De su bando? Bellatrix dudaba que a pesar de que Parkinson hubiera sufrido por eso, no se alejaría de las enseñanzas puras de su familia. Sus padres podían ser despreciables, el mismo Malfoy un auténtico cretino, pero eran todos una familia y Pansy encontraría muchos apoyos entre los mortífagos que la protegerían. Allí había gato encerrado. Harry, por su parte, era partidario de esa opción.
- Podría ir con Tonks esta tarde a Hogsmenade y comprarle algo…
- ¿Con la profesora Tonks?- preguntó Neville, pícaramente. Harry ni se inmutó:
- Por supuesto, es la profesora de DCLAO y además, aurora, sino, dudo que me dejen salir de este castillo…
En esos momentos, Bellatrix comprendió que posiblemente se tratara de la heredera de Slytherin que su amo estaba buscando. Dudaba que Potter se tomara tantas molestias para con alguien que no fuera de su propia casa. O podría ser cierto lo que decía Draco Malfoy: que todo el mundo le admiraba era por los favores que hacía. Aquella vez, no parecía ser diferente.
Estaba claro que intentaban poner de su parte a la hija de una de las mejores familias del mundo mágico. Hacía meses, hubiera creído imposible que aquello fuera a funcionar, pero sabía lo que había hecho el idiota de su sobrino, y cómo había actuado. Y que aquella era la razón por la cual estaba ella allí.
Guardó la rabia, pensando que si ella misma hubiera educado a Draco como su propio hijo, no hubiera dejado que su crueldad se malgastara en hundir al empresa del Señor Oscuro. Le habría enseñado autocontrol y diligencia, para que el Lord se hubiera sentido orgulloso de él. De ella.
- Entonces ¿tú y Tonks iréis a Hogsmenade para comprarle algo a Pansy?
- ¿Ya la llamas por su nombre?- silbó Ron.
- Bueno, Hermione lo hace…
Cuando Bellatrix observó como el chico de oro deslizaba su mano hacia un pergamino y se lo guardaba en un bolsillo interior de la chaqueta, comprendió que no podría hacer nada para coger el mapa. Pero tenía la información que buscaba, y esos chicos le habían dado más información de la que en un principio hubiera esperado.
Estaba de suerte. Su señor estaría contento.
Volvería a ser la preferida.
Con un sigilo propio de las sombras más sutiles, volvió hacia la sala común y salió de la Torre. Mientras se alejaba, la Dama Gorda gritaba, preguntando quién había salido de allí sin ser visto.
A Bellatrix no le importaba, tenía una información muy importante: Pansy Parkison era la heredera de Slytherin que tanto quería su señor conocer, y Potter, iba ir ese mismo día con tan solo un auror, al pueblo. Perfectamente, podrían elaborar una emboscada.
Solo le faltaba salir del castillo.
Se deslizó por los pasillos, cuando algo le llamó la atención: todo estaba demasiado quieto, todo estaba demasiado tranquilo y a la vez, tenso. Atravesó unos cuantos pasadizos, saliéndose de su ruta de regreso, pues quería saber el origen de aquella sensación. Quizá hubieran descubierto la trampa, quizá la chica había fallado.
Y ella, como la mejor mortífago, no iba a caer en algo tan simple.
Giró una esquina y se lo encontró cara a cara.
- Buenos días, señora Lestrange ¿qué le trae por aquí?
Imposible, no podía verla. Teniá una de las mejores ocultaciones, su señor se había implicado en eso personalmente. Pero los ojos azules del director la atravesaban y buscaban en su interior al igual que hacía cuando él no era más que un profesor y ella una alumna de Slytherin.
- ¿Quiere pasar a mi despacho a hablar?- preguntó, con amabilidad.
¡Maldito vejestorio!
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Pansy y Hermione, de la mano, observaron a Lavender, tendida en la cama conjunta a donde estaban ellas. Había mucho revuelo en la enfermería, aurores y demás, que iban a trasladarla de urgencia a San Mungo y que iban a custodiarla para intentar averiguar más sobre el paradero del mago oscuro.
Pansy reprimió un suspiro, y media hora después, la calma volvió a aquella sala. Se quedaron absolutamente solas.
- Vaya revuelo… podríamos aprovechar para escaparnos ¿no crees?- declaró Pansy, haciéndole una carantoña traviesa y riéndose por lo bajo. Hermione le clavó una mirada y suspiró. La cogió fuertemente de la mano.
- No creo que podamos hacerlo, Pansy. Verás, hay una cosa muy importante que tengo que decirle…
Tomó aire y le dijo:
- Sabemos quién es el heredero de Slytherin que ayudará a los que ya conocemos: Neville y Luna.
- ¿Y Hufflepuff?- preguntó Pansy, acordándose de esa casa a la que siempre había evitado. Era experta en detectar temas que no quería tratar y desviarlos.
- No sabemos si es Hannan o Ernie. Desde luego, Ernie parece el indicado, pero Hannan tiene bastante carácter- confesó Hermione.- Es algo extraño, porque se supone que debería ser Ernie, y sin embargo, Hannan, cada vez, tiene más especie de poder…- arrugó el entrecejo y Pansy se entusiasmó, había conseguido evitar algo que tenía por seguro, no quería saber.
- ¿Y eso porqué será? ¡Qué interesante! La verdad es que Hannan parece mucho más simpática que el pedante de Ernie- declaró.- Y sin embargo, es como una chiquilla con las hormonas a punto de estallar.
Hermione la miró durante un buen rato. Pansy, quien estaba entrenada en captar las intenciones de los demás notó un pinchazo de frustración al ver que no conseguía saber qué demonios estaba pensando ella.
Intentó distraerla, sonriendo y acariciándole el rostro y eso provocó que la joven saltara ligeramente de su asiento, se sonrojara y, al parecer, intentaba retomar la conversación que había iniciado.
Pansy, sin atenderle mucho lo que decía, se mordió el labio inferior y quedó encantada ante el hecho de que Hermione, a pesar de que parecía tan inteligente y experta en todo lo que hiciera, tenía ese punto dulce, tierno e inocente. Cuando la volvió a mirar con aquellos ojos marrón miel, mientras parpadeaba, volvió a la tierra.
- ¿Me estás escuchando’
- Es evidente que no ¿qué decías?
- Tú eres la heredera de Slytherin- lo soltó así, a bocajarro. Y Pansy, simplemente, se rió. Pensó que bromeaba.
- ¡Anda ya!
- Esto es muy serio.
- No, no me lo creo, será otra persona- declaró ella.- ¿Heredera de Slytherin?- Volvió a carcajearse, pero se detuvo a los pocos segundos. Hermione seguía seria, tan seria como cuando estaba concentrada para estudiar para un examen o cuando estaba diciendo algo importante, que era el caso.
- Vale, no… no, no puede ser- declaró ella.
Hermione asintió:
- El libro que me dejaste… rastreé sus antepasados y conseguí llegar hasta una rama de la familia de antepasados de Voldemort. ¡Y Voldemort tiene sangre de Salazar!
- Después de tantos años… no creo- se burló ella. Hermione quedó anonadada por instantes.
- ¿Has hecho un chiste sobre la sangre de Voldermort?- preguntó la gryffindor. Enarcó una ceja mientras observaba a su chica sobresaltarse y asustarse a un mismo tiempo.
- No, no lo he hecho ¡olvídalo, Hermione!- pidió.- No quiero hacerlo.
- No lo conseguiremos si no es contigo- pidió Hermione.- Oye, sabes quién soy yo…- se quedó callada abruptamente. Quizá para Pansy solo fuera una forma de librarse de Malfoy. Era evidente que la educación tiraba demasiado, y ella estaba fuera de plano.- Yo.. es… esto…- vaciló, no sabía que decir.
El mundo de Hermione tembló por instantes que parecieron eternos. Apenas fue consciente de cuando Pansy la zarandeó suavemente.
- No, mira… no nos pasará nada ¿vale? Desaparecemos y ya está. Sé a donde podemos ir y que no nos encuentren…
- Pero… pero yo no… no puedo dejar esto así- protestó Hermione con suavidad.
- ¿Qué? ¿Les prefieres a ellos que a mi?- preguntó Pansy.- Yo lo he dejado todo por ti, Hermione. Mi familia me odia y posiblemente la familia de Malfoy y los mortífagos unidos decidan que yo he sido un estorbo para ellos y quieran eliminarme. No tengo a nadie.
- Tampoco es muy difícil dejar todo eso por alguien ¿no? ¿A quién le gusta sentirse mal?
- Oh, perdona la señorita que ha tenido la vida perfecta y siempre ha sabido salir de los malos momentos.
- Ah, así que ahora la única que tiene una vida difícil eres tú ¿verdad? ¡pues me parece ideal de la muerte!
Hermione tenía los ojos llorosos. Miraba con furia a Pansy. Sabía que no debía de haber dicho todo lo que había soltado, pero por una parte, creía tener razón. Pansy era muy egoísta y le parecía muy injusto que, teniendo la oportunidad de vencer a Voldemort y de que todo terminara, la desperdiciara.
- ¿Sabes? Es tu culpa- le hechó en cara Pansy, mientras se recostaba en la camilla y le daba la espalda.- Tú me hiciste creer en otra cosa que no fuera pelear y luchar por mi propia supervivencia y ahora me lo quieres arrebatar.
- ¡Ja! ¿Te crees que la libertad es fácil? Tener libertad es actuar según tu criterio y aceptar las consecuencias. Luchar por sobrevivir con derechos, sí, pero también deberes. Y si no eres capaz de entender eso, es que quizá deberías seguir siendo una esclava.
Pansy no contestó mientras escuchaba los pasos de Hermione alejarse. Empezó a sollozar en silencio. De todo lo que le había sucedido hasta ahora, incluida la violación de Malfoy, lo que más le había dolido era ese último comentario.
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