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- No tengo otra cosa - se disculpó - No pensaba tener que usar traje aquí...
Lisa hizo un aspaviento para quitarle importancia a su ropa, aunque su gesto parecía preocupado.
- ¿seguro que será buena idea? - Le preguntó echando un vistazo a la habitación de los dos médicos. Desde donde estaban a penas podía ver una forma recostada contra el cabecero de la cama, donde Wilson le había colocado.
- Conseguí que se durmiera hace un rato - suspiró el oncólogo - Tiene algo de fiebre, pero en general está mejor que Cameron.
- Si no tenemos en cuenta que echa todo lo que toma y que le dolerá la pierna a rabiar cuando se despierte, claro...
- Sí... Pero cuando eso le pasa en el hospital sigue atendiendo pacientes, así que podrá cuidar de ella si la fiebre la sube demasiado.
La expresión irónica de la directora hacia el final de su frase le hizo sonreírse un poco.
- Bueno... Que sea un gilipollas rabioso con algunos no implica que sea un ogro con todo el mundo... - Le dijo encogiéndose de hombros.
Lisa se apoyó en la pared junto a él. Estaba tan cansada del día anterior y de la noche que iba a tener que esforzarse por no quedarse dormida en las charlas.
- No se ha disculpado¿verdad?
James miró al techo y se tragó un suspiro, arqueando las cejas.
- No, claro que no...
- Algún día te vas a cansar, James, y entonces se derrumbará el mundo.
El médico giró los ojos para mirarle. Cuddy no parecía mirar a ninguna parte en especial y tenía la expresión serena de quien dice una verdad triste e irrefutable.
- Siempre consigo acordarme a tiempo de cómo es en realidad - Dijo intentando una sonrisa, aunque no le salió.
Cuddy suspiró, simpatizando con su amigo.
- ¿Los dejamos en tu cuarto o en el mío? - Le dijo haciendo referencia a los enfermos.
- En el mío. Y más vale que cuando House se despierte Cameron ya esté en la cama y nosotros lejos de aquí...
Greg House no era un hombre que se caracterizara por tener dulces sueños, así que a pesar de encontrarse como si le hubiera pasado una apisonadora por encima agradeció el estar despierto.
Se movió apretando los ojos y se estiró despacio como siempre, sin darse cuenta de que no estaba en su cama hasta que su brazo chocó contra algo que se quejó.
- Lo siento... - Murmuró pensando que sería Wilson, pero una voz totalmente diferente le hizo abrir los ojos.
Una sensación muy curiosa aunque no desconocida le asaltó. Estaba colocado. No tanto como para estar literalmente en otro mundo, pero sí lo suficiente como para que todo fuera más despacio de lo normal.
- Mmm... ¿Qué...? - Cameron rodó hacia el lado del que le había venido el golpe y abrió los ojos febriles para encontrarse los de House mirarla como si fuera un fantasma.
- ¿Qué... Qué haces en mi cama...? - Acertó a preguntar el médico. No recordaba de la noche anterior apenas nada a partir de que Cameron se fuera de la habitación.
Porque se fue¿verdad...?
- ...Déjame quedarme por favor... - Murmuró cerrando los ojos, exhausta. Apenas se le veían los ojos y el pelo fuera del edredón.
El nefrólogo la miró hacerse un ovillo bajo la ropa y siguió planteándose cómo había llegado ella allí, cómo no se había dado cuenta y dónde estaban los dos que faltaban.
¿En el otro cuarto? pensó al cabo de unos minutos. Su parte curiosa y morbosa le impulsó a querer levantarse, pero todo su cuerpo le dijo que no a la vez.
Tragó saliva penosamente y cerró los ojos casi sin darse cuenta, resbalando sin querer en el sopor una vez más... hasta que Cameron le despertó.
- House... - Tosió con voz rasposa, alargando un poco una mano para empujarle suavemente.
- ¿Qué...?
- ... Tengo frío...
Gregory suspiró y le entró tos, teniendo que sentarse por completo en la cama para conseguir respirar. Debían haberse dormido al menos otra hora más, porque la nebulosa de su mente se había disipado bastante.
- ¡No me destapes...! - Exclamó la doctora estirando hacia ella del edredón, y House se llevó una mano a las sienes. Las frotó despacio intentando imaginar que hacía lo mismo con el resto del cuerpo que dolía, que era la mayoría.
Dios, cómo odiaba estar enfermo.
- House...
- ¿Y qué quieres que haga...? Tienes fiebre - Gruñó aclarándose un poco la garganta. El edredón se agitó un poco y pensó que Cameron suspiraba muy fuerte cuando quería, pero al siguiente movimiento las neuronas del nefrólogo le hicieron pensar que aquello no podía ser normal.
Se giró hacia ella, mascullando una maldición cuando su pierna se quejó por el apoyo, y la rodó contra su voluntad hasta dejarla boca arriba. Entonces puso una mano sobre su frente y acto seguido, la destapó.
La indignación hizo que tratara de gritarle, pero un acceso de tos hizo que la doctora se doblara sobre sus rodillas, rodando de costado hacia él.
Estaba tan encogida que House por un momento pensó que tal vez tenía goma espuma en lugar de vértebras, pero desechando cualquier pensamiento absurdo alargó el brazo hacia la mesilla de noche y buscó el termómetro sin perderla de vista.
Su mano chocó contra el bote de vicodina, tan familiar contra sus dedos, y lo cogió sin pensárselo dos veces junto a lo que había ido a buscar.
Cameron jadeaba tras tanto toser y estaba a punto de conseguir taparse otra vez cuando Greg se lo impidió.
- ... ¡Tengo frío...! - Gimió peleando débilmente contra él.
- Tapándote no te bajará la fiebre... - murmuró - Estate quieta un momento - Le abrió un poco la chaqueta del pijama y le puso el termómetro bajo el brazo. Consciente al fin de que no estaba haciendo aquello por fastidiarla, Allison le miró, tiritando bajo las manos que le sujetaban.
- ... Tienes mala cara... - Le dijo, las mejillas encendidas por la fiebre.
- Mira quien fue a hablar... - Murmuró tomándose un par de pastillas y dejándose el bote cerca, a sabiendas de que tendría que tomarse otra a no mucho tardar; Su pierna había sido tan amable de aguardar hasta que estuviera más despierto para comenzar a insistir en sus quejas. El dolor era difuso y radiado hasta el abdomen, incómodo en cualquier postura, pero lo peor eran los calambres. Los conocía bien, solían visitarle sobre todo cuando forzaba la pierna más de la cuenta, y lo del día anterior sobrepasaba con creces el verbo forzar.
Suponía que recordaba poco de la noche anterior no solo por la fiebre sino porque Wilson debió drogarle de lo lindo. Eso explicaría por qué pudo dormir algo y por qué no estaba en ese instante retorciéndose de dolor por la cama.
Sólo esperaba que no fuera cuestión de tiempo.
Cameron suspiró suavemente e hizo una mueca al tragar saliva. Le dolía la garganta a rabiar.
El pitido del termómetro electrónico la sobresaltó un poco, y apartó la mirada cuando el nefrólogo se lo quitó.
- ¿Por qué... estás ahí sentado? - Le preguntó carraspeando un poco y viendo las estrellas al hacerlo.
House miró el termómetro y respondió sin prestarle demasiada atención.
- Porque soy así de especialito. Son 39,5. Creo que vas a estar un poco destapada hasta que - tosió un par de veces y se recostó en las almohadas - te toque tomar ibuprofeno ...
- ¿Y eso cuando es...? - La inmunóloga era un ovillo tembloroso en la mitad de la cama.
Perezosamente, House miró su reloj y se sorprendió de ver lo tarde que era. Al parecer, llevaban durmiendo más horas de las que había imaginado.
- Supongo que ya.
- Pero tendré que comer algo...
Greg cerró los ojos un momento ante la mera idea de llevarse algo a la boca y le alcanzó el teléfono de la mesilla, tirándoselo junto a la cara.
- Sírvete.
- Podrías llamar tú...
- ¿Quién quiere comer?
Cameron cogió el teléfono, frustrada, y se sentó en la cama. Tiritando y mareada por la fiebre, le miró con el ceño fruncido.
- ... ¿A partir de la una cobran por ser mínimamente amable?
- No, pero no tengo ganas de serlo más. Gasté toda mi amabilidad con el termómetro.
- ¿Vas a querer algo? - Preguntó secamente, apoyándose en el cabecero de la cama hecha un ovillo.
- No.
Sin mirarle, la doctora llamó a recepción y pidió una sopa bien caliente como la que tomaron la noche anterior. No tenía especialmente hambre tampoco pero sabía que necesitaba comer no sólo para las medicinas, sino para recuperarse antes.
Después le tiró el teléfono al regazo y apretó las rodillas contra el pecho todo lo que pudo para intentar que el calor no se fuera.
Era absurdo guardar calor con esa fiebre, pero el frío que tenía la hacía encogerse de todas formas.
House se lo quitó de encima deliberadamente despacio y lo colocó en su sitio. No es algo que hubiera hecho en otra circunstancia, pero habitualmente tampoco estaba en la misma cama que Cameron.
Aprovechando el viaje de su mano a la mesilla cogió un paquete de pañuelos y se limpió la nariz ruidosamente, tirándole el paquete a ella después.
- ¿Cómo llegaste hasta aquí?
Allison sacó un cleenex y se limpió también, sin mirarle.
- Andando - Le dijo con una tos. Si no le doliera todo del golpe y del costipado intentaría olvidar sus malas formas, pero no estaba de humor.
- ¿En serio? Y yo que pensaba que habías inventado el teletransporte...
- No me he acostado contigo, si es lo que preguntas - Sopló intentando que su voz no vacilara a pesar de los escalofríos y el apuro que le daba una frase así.
- Así que te trajeron aquí para que nos hiciéramos compañía, qué encantadores... - Greg se cambió de postura apretando los dientes y la mano sobre el muslo - No podíamos haber ido a la playa...
Cameron consiguió sonreírse un poco al verle casi hacer un puchero.
- Hubiera pasado cualquier otra cosa... Motos de agua, medusas... - de pronto metió la cabeza entre los brazos del escalofrío que la recorrió - House...
- Si pudiera hacer algo lo habría hecho hace rato para que me dejaras en paz... - Gruñó el doctor frotándose los ojos ausentemente.
La puerta sonó pocos minutos después, y el servicio de habitaciones entró con un carrito y la sopa que había pedido la inmunóloga. Al ver las caras que ambos traían, el botones les recordó que estaban allí para ayudarles con lo que fuera menester, que llamaran a recepción si necesitaban algo.
Por supuesto, House le indicó dónde quedaba la puerta para que se marchara.
Allison suspiró un poco sentándose despacio en la cama para no marearse; no tenía fuerzas ni ganas para regañarle. Destapó la sopera y un aroma delicioso llenó el aire, o al menos ella supuso que lo hacía porque no olía nada con la nariz tapada. El cacillo la tembló en la mano varias veces, pero consiguió echarse en el plato sin que se derramara.
- ¿Seguro que no quieres? - Le preguntó de nuevo mirándole de reojo por encima del hombro. House no estaba vuelto hacia ella, pero aún así podía ver su gesto de desagrado. Agitó un poco la cabeza y sopló la sopa. Sabía a poco, pero el reguero de calorcillo que le bajó por el cuerpo era agradable.
Greg se sentó en la cama. Le latía el corazón deprisa, retumbando en la boca del estómago, y cerró los ojos deseando estar tan costipado como Cameron para no oler nada. Tragó saliva. Intentó calmarse respirando despacio. Agarró la ropa de la cama e intentó distraerse mirando a otro lado, pero el sonido de la cuchara se le clavaba en las sienes.
El estómago se le encogió sin avisar y se llevó la mano a la boca al tiempo que se ponía de pie, pero no llegó al baño. Las rodillas le flaquearon cuando un puñal invisible pareció atravesarle el muslo al apoyar la pierna y cayó de rodillas. Su mente no tuvo tiempo de mandarle a calmar el dolor porque su estómago estaba el primero en la lista de prioridades.
Por suerte para el suelo, la papelera seguía en el mismo lugar que la noche pasada.
Cameron dejó caer la cuchara en el plato al escucharle primero caer y luego las arcadas que le sacudían entero; no tenía nada que echar.
Toda la habitación giró al mismo tiempo cuando se volvió de golpe hacia él. Tragó aire y cerró los ojos intentando no sucumbir al vértigo, agarrando el edredón y respirando hondo para tranquilizarse y que no le dieran nauseas.
- ¿House...¿Estás bien...? - Le preguntó un poco insegura de como sonaría su voz, sin atreverse a abrir los ojos.
- ...Lo estaré cuando te tomes la puta sopa... - Greg echó la cabeza atrás y taladró el techo con la mirada como si fuera el culpable de todos sus males. Las arcadas habían cesado pero el dolor del calambre le hacía jadear. Tosía casi al tiempo, siseando a veces entre los dientes apretados.
Cameron tomó un par de respiraciones profundas intentando prepararse para mirar al mundo, y dio un respingo cuando al poco House pateó la mesilla de noche con fuerza.
- ¿Hasta cuándo piensas seguir torturándome? – Le imprecó medio encogido contra la cama como la noche anterior. Intentaba mantener su estómago a raya, pero el dolor que se radiaba desde la pierna no ayudaba para nada. Apretó los dientes. Era malo, pero sería aún peor si no conseguía mantener la vicodina dentro hasta que hiciera su efecto.
Mierda de motos, de nieve y de toda esta puta idea del demonio pensó aguantándose las ganas de patear de nuevo la mesa por no moverse más. Vio a la inmunóloga lidiar con sus propios problemas, pero un House miserable y dolorido era el House más egoísta de todos los que podía ser.
- ¡Por amor de Dios...¿Voy a tener que ir yo a tirar esa mierda por el water...?
Allison agarró el plato y vació lo que aún quedaba dentro en la sopera, tapándola después más bruscamente de lo que habría querido. El metal pareció repicar contra todos sus huesos y se encogió, tragándose un gemido.
El mundo era un desastre de colores borrosos.
- ¡¿Ya estás contento...?! - Exclamó hecha una bola sobre la cama. Dios, sólo quería tumbarse y morir hasta que le bajara la fiebre. No tenía fuerzas para pelearse con House... ¿Por qué él se empeñaba en discutir y jalear?
La respuesta del nefrólogo no fue más que un gruñido, pero valió más que mil palabras. Intentó levantarse y volver a la cama porque estaba helado e incómodo en el suelo, y todo su cuerpo echó de menos al momento la ayuda de Wilson.
El oncólogo le había sujetado a sus hombros y le había metido en la cama. Tenía la sensación de que incluso le había arropado, pero no recordaba demasiado. Podría haber sido Cuddy.
Se agarró al edredón y echó el peso del cuerpo sobre el brazo para levantarse, apoyándose en la pierna buena y dejándose caer en la cama con un quejido. Cameron protestó suavemente por el movimiento del colchón, pero abrió los ojos al sonido desagradable de más arcadas.
El alma se le fue a los pies al verle convulsionar vencido hacia delante, y se arrastró hacia él. Si algo no toleraba Allison era el sufrimiento de los demás, y menos si podía considerarse parcialmente responsable por él.
La cabeza embotada y los escalofríos no la dejaban pensar con claridad, pero creyó que House no apreciaría un intento de consuelo físico así que se dejó caer a su lado y se encogió. No podía evitar mirarle y desear que se sintiera menos miserable que el aspecto que ofrecía.
- Lo siento... - Murmuró sin apartar los ojos de sus manos.
- Como si eso arreglara algo... - tragó con una mueca; la boca le sabía a bilis y era asqueroso - Quita de ahí - Gruñó dándole un golpecito en un hombro.
Cameron rodó a un lado, haciéndole espacio para que pudiera estirarse, y al ver el carrito le preguntó si quería agua.
- No. Y tómate tus putas pastillas - Las cogió de la mesilla y se las tiró antes de agarrarse la pierna para trepar a la cama. Ella sacó el ibuprofeno con las manos temblorosas y se sirvió agua intentando hacer como si no le escuchara resentirse de los movimientos.
Cuando supo que hubo conseguido su propósito se volvió despacio y le tendió el vaso con agua. Sudaba, y parecía asesinar a la pared de la habitación con la mirada.
- Tienes que beber... - Casi le pidió, y House le quitó el vaso de las manos. Dudó al llevárselo a la boca, pero le dio un trago tentativo. El agua le bajó hasta el estómago como si cayera desde mil metros y dejó el vaso sobre la mesilla con una mueca.
Allison le miró con cara preocupada antes de dejarse caer sobre su almohada, derrotada.
- Pide agua con limón. Acuarius. Algo. Tienes que beber... - Repitió encogiéndose. El nefrólogo resopló.
- Creo que también tengo el título de médico, gracias - Recostado en las almohadas, se apretó el puente de la nariz casi a la altura de los ojos intentando no hacer tanta fuerza como la mano que tenía sobre el muslo. Unos momentos después cogía el teléfono y llamaba a recepción para que le subieran Acuarius de naranja y algo con metoclopramida.
Si no asentaba pronto el estómago para no echar la vicodina, cuando volvieran Wilson y Cuddy no quedaría títere con cabeza en la habitación.
- ¿Te... has puesto el termómetro...? - La doctora se estaba quedando dormida en contra de su voluntad, y aun exhausta por la fiebre intentaba taparse. En un arrebato, Gregory agarró el edredón y se lo echó a los dos por encima de malas maneras, pero ella no se quejó.
- No, y no voy a hacerlo - Cameron dio un tirón a la ropa y le dejó medio destapado - Desde luego duermes sola¿eh? - Gruñó reclamando de otro tirón lo que era suyo.
- Lo siento... - murmuró ella contra la almohada - House... quédate cerca...
- A correr por la nieve me voy a ir, no te jode... - se pasó una mano por la cara, revolviéndose un poco el pelo que se le pegaba a la frente del sudor - Duérmete y no me pegues patadas, ni me empujes ni me chilles y seguro que seguiré aquí luego.
- No necesito una camisa... de fuerza para... dormir...
La respiración de la mujer, aunque por la boca, se volvió acompasada, signo de que había sucumbido al cansancio y al ibuprofeno . House se alegró de no tener que seguir hablando y miró un momento al techo antes de volverse hacia la mesilla.
Alargó el brazo y cogió la vicodina, y también el iPod que dejó ahí la noche anterior. La música siempre le servía de distracción, y por una vez agradeció que las canciones no fueran muy estridentes.
El servicio de habitaciones consiguió que Cameron se revolviera inquieta en la cama, pero no llegó a despertarla, y cuando el tipo se marchó Greg pasó una de las nuevas pastillas con un trago de Acuarius. Encogió la pierna buena, intentando pensar en cualquier cosa larga y tediosa de enumerar para que le entretuviera con la música.
Cuando la doctora se despertó estaba hecha un ovillo a un lado de la cama, tapada hasta la nariz. Cansada de boquear para respirar quiso pañuelos, pero desorientada como estaba alargó un brazo hacia donde estaba la mesilla de noche en su casa. Su mano, obviamente, no salió al exterior bajo el edredón como pensaba.
Se estiró un poco más, esperando el frío de fuera en cualquier momento, pero lo que tocaron sus dedos era cálido y firme aunque con una forma extraña bajo la tela. Frunció el ceño al palpar un valle con altibajos y dio un respingo de pronto cuando le agarraron la muñeca con fuerza.
- ¿Pero qué...? - Exclamó incorporándose sobre un codo, sobresaltada y confusa. La boca se le secó al ver al nefrólogo mirarla como si le hubiera abofeteado.
House apartó la mirada de golpe y la soltó, frotándose la pierna donde Allison le había tocado. Por el rabillo del ojo vio que la mujer no mudaba su expresión de sorpresa y echó la cabeza atrás tragándose un suspiro.
No había conseguido dormir como tal, aunque cuando la vicodina hizo por fin su efecto la música y la hidrocodona le acunaron en un duermevela. Si no hubiera estado perdido en aquella nube nunca habría dado tiempo a que Allison se espantara con la cicatriz.
- Lo... yo...
- Ya. - Tragó saliva al ver que Cameron estaba tan abrumada que no encontraba qué decir, y se quitó los cascos. Si algo odiaba más que estar enfermo era no ser perfecto, y hacía años que distaba mucho de serlo.
- Lo siento... No me di cuenta... Estaba medio dormida...
- Da igual.
- No te he hecho daño¿verdad?
- No.
La inmunóloga bajó la mirada, mortificada por la expresión que se le había quedado, como si tocándole hubiera cometido un sacrilegio o algo peor.
Primero le besas y ahora esto... Dios mío, vas a conseguir que nos odie de verdad...
Por los cascos en su regazo murmuraba alguna canción y Greg apagó el iPod, sumiéndolos en el silencio absoluto.
- ... Te ha bajado la fiebre - Comentó al rato sin mirarla, y Allison se volvió a por el termómetro.
- No me he tomado la temperatura aún... - casi murmuró poniéndoselo torpemente, y ninguno volvió a decir más hasta que confirmó sus palabras - Sí... sí me ha bajado - se lo echó al regazo por si quería ponérselo también - Parece que estás mejor...
- Conseguí que la vicodina se quedara dentro - Se encogió un poco de hombros, jugueteando con los cascos.
- Oye... Lo siento, de verdad. No... No imaginaba que incomodara tanto que alguien...
- Cállate, Cameron - Gruñó cerrando los ojos, no queriendo entrar en aquella conversación. De pronto dio un respingo al sentir su mano pequeña sobre su muslo.
Allison supo que acababa de firmar su sentencia de muerte cuando una de sus manos desapareció bajo el edredón.
- No es tan terrible - Dijo rápidamente, nerviosa, esperando un manotazo y desde luego cualquier bordería, pero nada sucedió. Le miró alzando las cejas, incrédula, pero él tenía los ojos cerrados y parecía tenso como la cuerda de un arco.
Abrió la boca para decir algo, pero la cerró casi de golpe al sentir su mano sobre la suya moviéndola sobre la cicatriz. Tragó saliva sin darse cuenta, dejándose llevar y haciéndose una idea mental de lo que era no tener un músculo. Sintió un espasmo bajo sus dedos y cerró los ojos cuando se venció hacia delante de golpe y le apretó la mano con fuerza sobre la pierna.
Dolor. Dolor físico, real. Y estaba compartiéndolo con ella.
Los ojos se le humedecieron.
Greg le apartó la mano despacio cuando el dolor remitió minutos después, y la miró. Durante unos instantes Cameron continuó con los ojos cerrados, pero luego los abrió y le sonrió. No había desagrado en su mirada, sino aquél brillo de amor que a veces era incapaz de ocultar.
House volvió la cabeza y le dio un trago al Acuarius de naranja, necesitado de esconderse de alguna manera de ella.
- ¿Qué tal se ha portado el iPod? - Preguntó Allison cambiando de tema radicalmente para aliviar la tensión del ambiente.
- Horrible - mintió secándose la frente perlada en sudor - Con esas canciones que metiste...
- Y dale con que fui yo...
- Claro que fuiste tú. Esas baladas llevan tu marca de identidad. Pone "Cameron" en el nombre de cada una.
Ella empezó a reírse y acabó tosiendo hecha un ovillo a su lado, sintiendo que se le iba a hacer un agujero en la garganta de un momento a otro.
- Esto te pasa por borrar mis ocho gigas de música gloriosa. Dios siempre castiga a los malos - Le dijo el nefrólogo con toda la seriedad del mundo pero tirando un poco del edredón hacia arriba para taparles mejor.
Después que Cameron consiguiera normalizar su respiración, se levantó de la cama. Estaba débil por la fiebre, pero el mundo no se movía como horas atrás y tenía que aprovecharlo para ir al baño. Al pasar junto a las maletas de los doctores se le vino a la mente algo que tenía guardado en la suya, algo que había comprado poco antes de que Cuddy le dijera que irían a la nieve con ellos.
Contuvo el impulso de girarse a mirar al nefrólogo. No sabía cómo iba a dárselo pero tenía que hacerlo. Quizá si lo hacía cuando aclararan lo del beso no la odiara tanto...
Si House notó que algo la preocupaba cuando volvió a la cama no dio señales de ello y en su lugar le pidió el mando a distancia de la televisión del cuarto. El dolor amenazaba con volver de nuevo, y necesitaba distraerse con cualquier cosa que no hiciera que Allison se convirtiera en una bola de ansiedad por su bienestar.
- Seguro que te sabes la programación de la mitad de los canales... - Medio sonrió la doctora dejándose caer sobre la cama y resbalando bajo el edredón. No se había dejado pensar que estaba compartiendo cama con su jefe, que les separaban poco más que unos centímetros, pero al volver a su lado no podía ignorarlo más. Se encogió bajo el edredón sintiendo que se sonrojaba, pero intentó mirar a la tele recién encendida.
- No echarán Hospital General... - Murmuró Greg frunciendo el ceño mientras hacía zapping por la parabólica. Tenía en el regazo el bote de vicodina e intentaba no mirarlo, aunque cada vez que se revolvía bajo la ropa las pastillas repicaban ahogadas contra el plástico.
- No sé cómo te puede gustar eso...
- Eh. Que es una gran serie.
- Sí... Seguro que te gustaría que pasara lo mismo en el Plainsboro¿a que sí?
- Hombre... tenemos a Wilson y sus enfermeras... Y las tetas de la mayoría no rivalizan con las de Cuddy.
- No creo que sean tan lascivas - Ella frunció el ceño un poco escandalizada, y House arqueó las cejas.
- ¿Las tetas de Cuddy?
- ¡No! - exclamó, y tosió un poco, encogiendo las piernas - Me refería a las enfermeras... Esos uniformes que llevan no son normales. Están diseñados para dominar subliminalmente al sexo masculino.
- Bendita dominación - House miró al techo - El hospital sería mucho más interesante si fuerais todas así... - Hizo zapping un rato más, pero lo más interesante que ponían era Monk, así que ambos médicos se pusieron lo más cómodos que pudieron para ver la serie.
Cameron sonrió un poco, haciendo esfuerzos por no quedarse dormida. Monk siempre le había recordado vagamente a House, aunque el pensamiento de que ella pudiera ser Sharona siempre le hacía temblar.
- Aw, claro que el asesino es el tipo en coma¿quién si no? - Se quejó el doctor un poco frustrado al ver que los policías no creían a Adrian. La sonrisa de ella se hizo un poco más amplia, y la pesadez de sus párpados más difícil de vencer.
El episodio estaba en pleno apogeo de la explicación del caso cuando Greg sintió un peso en su hombro; Cameron se había quedado dormida y su cabeza había rodado por la almohada hasta él. Miró al techo, se pasó una mano por la cara e intentó no morderse.
De acuerdo, no la despertaré. Por ahora y sólo porque no me de la coña. Cuando se me duerma el brazo será otro cantar... Hizo una mueca involuntariamente al sentir un espasmo, y se frotó la pierna con la palma abierta. Eso si no la despierto antes por causas mayores...
Con los cascos en los oídos, House no sintió la puerta abrirse hasta que Wilson y Cuddy estuvieron en mitad de la habitación. Controló en el último segundo el instinto de lanzar a Cameron volando de su lado e intentó con todas sus fuerzas hacerse el dormido.
Lisa no había podido evitar una sonrisita al verles tan juntos, y el oncólogo le sacó del trance susurrando cerca de ella:
- Deberíamos llevar a Cameron a vuestra habitación.
- ¿No es mejor dejarles dormir otro poco? - Susurró ella también, y James agitó la cabeza. House estaba despierto pero intentando engañarles para ahorrarse la vergüenza de que Cameron durmiera sobre su hombro, se jugaba un brazo. No lo sabía porque fuera más listo que Cuddy, sino porque conocía a House como la palma de su mano y los gestos del nefrólogo le decían que le dolía la pierna, y nunca era capaz de dormir cuando eso pasaba.
- No seas mala. Se morirá si se despierta con ella encima y echará a Cameron a patadas de la cama. Y seguramente del trabajo también - Explicó pacientemente, y Cuddy le dio la razón al momento.
Me debes una, House... Bueno¿qué digo? Si tuviera que llevar cuenta de lo que me debes...
- Tendremos que ir con cuidado...
Wilson la siguió la corriente actuando como si estuviera tan preocupado como ella por no despertar a House, y por eso ambos se detuvieron cuando el doctor dejó escapar un jadeo ahogado. Greg se mordió fuerte al momento para permanecer callado e hizo su mejor esfuerzo por estarse quieto a pesar de que daría su sueldo por poder tocarse la pierna.
- Vamos - apremió Wilson al ver que el dolor debía ser bastante malo si no era capaz de controlar del todo sus gestos - No tardará en despertarse - Le puso una mano en el hombro a Cameron despacio, para no sobresaltarla y al momento Lisa la llamaba suavemente.
Fue toda una suerte que la inmunóloga estuviera demasiado cansada para asustarse por verles a los dos allí. Las manos de Wilson le cogieron por los hombros para ayudarla a incorporarse y la directora la tranquilizó.
- Vamos al cuarto para dejar dormir a los chicos¿vale?
Allison se volvió a mirar a House. Le había vuelto a subir la fiebre, pero aún así se daba cuenta de lo inquieto que parecía su jefe.
- No te preocupes, ahora le despertaré para darle sus pastillas y que descanse - Wilson sonrió un poco como hacía con todos los pacientes que temían por algo y Cameron pareció quedarse algo más tranquila - ¿Puedes con ella¿Sí? Llévate el ibuprofeno . Voy a despertar a éste y ahora voy a veros.
Cuando la puerta se cerró tras las dos mujeres, el oncólogo fue al otro lado de la cama.
- Ya puedes dejar de fingir, se han ido - Dijo con un suspiro, y al instante House se encogió sobre sí mismo, soltando la respiración que había estado medio conteniendo. James se sentó junto a él y le destapó, frotándose un poco las manos antes de cogerle por la pantorrilla y obligarle a estirar la pierna.
- Lo siento, ya sé que duele - Se disculpó al oírle quejarse. Sopló suavemente, intentando encontrar una postura más cómoda donde no le tirara la espalda cansada y al momento empezó a masajearle el muslo con ambas manos, apartando las suyas cuando se ponían en el camino.
El nefrólogo le miró con los ojos como platos durante los segundos que la sorpresa y el shock sobrepasaron al dolor, escondiendo al momento la cara en la almohada cuando volvió en toda su plenitud. Quería que se apartara y no le tocara, odiaba mostrarse débil, pero no podía hacer nada por evitarlo.
- Intenta relajarte, anoche funcionó bastante bien... - sin decir nada más, James trabajó sobre los músculos hasta sentir que la tensión se disipaba poco a poco y pasaba lo peor del calambre. Entonces se irguió con gesto cansado y cogió el bote de vicodina, haciéndolo sonar en su mano - Toma, anda.
- ¿Quién eres... tú y qué has hecho... con Wilson...? - Le preguntó Greg entre jadeos, los ojos claros recobrando su dureza al ir pasándose el mal rato. El iPod y los cascos sonaban desde el suelo, y el oncólogo los recogió y apagó el aparato antes de dejarlo sobre la mesilla de noche.
- No seas idiota y toma las pastillas. No voy a pasarme la noche haciéndote de masajista otra vez - Wilson se levantó sudando por el ejercicio y se quitó el jersey que llevaba con gesto dolorido.
- Y yo no pienso ser tu proyecto de caridad mientras estás lejos de los niños calvos para que te sientas bien contigo mismo - le dijo ácido tomándose las pastillas con manos temblorosas, agotado - Si necesitas desesperadamente arreglar la vida de alguien en estos dos días lárgate con Cameron.
- Eres... eres un bastardo desagradecido, un desgraciado y un miserable - Le espetó dado la vuelta, no queriendo siquiera mirarle.
- ¿A eso has llegado solito o te lo ha chivado alguien?
- ¿Es que habrías preferido que me quedara mirando cómo te retuerces por la cama¿Sacas algún tipo de placer aberrante del dolor o qué? - casi le gritó - Yo no soy como tú, no puedo ver a la gente sufrir sin hacer nada.
House pareció reírse entre dientes, pero el tono no era para nada de diversión.
- Para no poder te das una maña increíble en mirar a otro lado cuando no te interesa.
Wilson se esperaba algo así desde que había comenzado aquella conversación y se volvió frustrado, enfadado y dolido a partes iguales.
- ¡Esto es distinto, House¡Tuviste un accidente¡TIENE que dolerte!
- ¡Estupendo! Así que como el detonante de tus jaquecas es el stress y eso es psicosomático no te duele ¿verdad? Te lo recordaré la próxima vez que te quedes sin pastillas, santurrón de mierda.
- ¡Ya sé que te duele! - Echó los brazos al aire, sin saber cómo habían acabado una vez más discutiendo sobre lo mismo de siempre.
- ¡Qué coño vas a saber! Si tuvieras una idea...
- ¡¿De qué?! - le cortó - ¿Te recetaría calmantes¿No es eso lo que hago siempre¿Firmar las malditas recetas y volver la cabeza para olvidarme que cada vez consumes más?
El nefrólogo se mordió de nuevo para no responder lo que se le pasaba por la cabeza y no precisamente porque le importara hacerle daño.
Por eso tengo que falsificar tu firma¿Verdad, Jimmy? Para que no tengas cargo de conciencia por las pastillas que tomo.
- Vete a la mierda y llévate tus recetas y tu estúpida amistad hipócrita - le dijo por fin - Prefiero mi placer aberrante a tenerte cerca un minuto más.
- ¡No lo dices en serio! - Wilson se pasó una mano por el pelo y la dejó un momento en su nuca - ¡Joder, House¿Qué quieres que haga¡No te dejas ayudar de ninguna forma¡Y no quiero ser el que te recetó las pastillas que te mataron, joder!
- ¡Las putas pastillas no van a matarme! - Le gritó de pronto sentándose de golpe en la cama. Un latigazo de dolor le subió hasta la cadera y encajó las mandíbulas con fuerza para no darle el gusto de verle débil y vulnerable de nuevo.
- ¡Pues claro que no¡Habló el eminente Gregory House, que no pudo diagnosticar su isquemia hasta cuatro días después del infarto! - Exclamó Wilson devolviéndole la puya del mismo modo que Greg se la lanzara la noche anterior.
La expresión dolida en el gesto de House fue como un flash, pero duró lo bastante para que Wilson la viera antes de mudar a una de rencor atroz. El oncólogo se dejó caer sobre la cama, a los pies de donde había estado Cameron y suspiró apoyando los codos en las rodillas.
- He leído mil tratamientos contra el dolor, libros de psicología, he hablado con varios fisioterapeutas... y hasta pedí que me enseñaran a dar masajes por si alguna vez eso podía ser de ayuda. Cuddy y yo habríamos dado la mitad de nuestra vida para que recuperaras la tuya con la ketamina, pero no funcionó y ningún otro tratamiento te ha parecido nunca correcto. Estamos dispuestos a ayudarte y a intentar todo pero lo siento, House, no vamos a dejarte morir por unas pastillas.
Tras esa frase, frustración y tristeza llenaron el silencio entre los dos amigos hasta que Wilson suspiró.
- Voy a ver a las chicas.
La puerta se cerró tras él con un pequeño click y Greg se pasó una mano por la cara, sintiéndose el bastardo más desagradecido, desgraciado y miserable de toda Canadá.
Un par de horas más tarde, después de cenar con las doctoras en su habitación, James volvió a la suya. No tenía las más mínimas ganas de compartir nada con House en aquél momento, pero no era como si tuviera elección. Además, estaba agotado de los dos días y la espalda le estaba matando; necesitaba estirarse y descansar. Y si su amigo decidía no dejarle dormir le robaría las pastillas para colocarse con ellas y olvidarse del mundo. Así de claro.
Seguía encendida la misma luz que cuando se marchara aunque había bastante más desorden. Todo lo que tenía la mesilla de noche estaba en el suelo, y también las cosas que habían estado encima del lavabo. Wilson agitó un poco la cabeza imaginando el periplo desde la cama al baño.
Me pregunto si se desintegrará o algo por pedir ayuda a alguien... Ah. Déjalo James, no vale la pena… se dijo cogiendo el pijama de la maleta y yendo hasta su lado de la cama. House estaba hecho un ovillo en el suyo, medio escondido dentro del edredón. Parecía descansar tranquilo, aunque que tuviera los cascos puestos le decía que le había costado quedarse dormido. Si es que lo estaba.
Se desabrochó la camisa con un suspiro y al abrir la cama para sentarse no dio crédito a lo que vio. Junto a su almohada había un blister con un par de pastillas de ibuprofeno y una bolsa de calor que suponía habrían subido desde recepción, porque que James supiera, ninguno de los dos llevaba nada parecido.
Se quedó mirándolo boquiabierto hasta que consiguió sobreponerse de la impresión. Bajó la cabeza, y una sonrisita cansada y aliviada se le dibujó en la cara. Aquella mañana le había dicho a Cuddy que siempre lograba recordar cómo era en realidad, pero era agradable tener de vez en cuando algo real a lo que agarrarse.
NdeNyaar: Nyaa... Lo dicho, perdón por el retraso :333 Y gracias por todos los comentarios del otro cap. Os respondería uno a uno pero tengo que irme a dormir pero yah! El próximo capítulo espero que no sea para cuando el Froilancito haga la mili... XD