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Capítulo 9: Lifeless.
"Así como toda carencia es desgracia, toda desgracia es carencia."
San Agustín de Hipona
Era la primera vez en siete años que el vagón de los merodeadores se encontraba en completo silencio, ni siquiera entre ellos se atrevían a dirigirse la palabra, cualquier cosa que pudiera ser comentada la sentirían fuera de lugar; la tención en el aire era tal, que Sirius sentía que tenía una espada en la garganta.
La puerta del compartimiento se abrió, por ella entró Remus cansinamente observó el interior del lugar, estar patrullando los pasillos se le antojaba más emotivo y divertido que encerrarse en ese sitio.
—Tengo…
Sirius se levantó de su asiento y fue con Remus. —Me dieron ganas de hacer pis¿Eso es extraño? Entonces no me mires así.
—No nos interesa saber lo que acontece con tu cuerpo, Black, ahórrate ese tipo de comentarios —acotó Vera secamente.
El joven no agregó absolutamente nada sobre el ácido comentario de Vera, en primera porque estaba acostumbrado a su mala leche, segundo no quería romper aquel frágil sentimiento de bienestar.
—No es correcto decir eso, Sirius, podrías haber dicho que necesitabas ir al tocador.
Sirius resopló con ironía, Sundory era magnánima, sucediera lo que sucediera seguían siendo una asquerosa cara dura. Ahora se le antojaba ir a buscar alguien con quien liarse, olvidaría por un rato todos los problemas que tenían entre ellos.
—Bueno, necesito ir al tocador porque tengo ganas de hacer pis. —Pero Sirius Black, era único.
Vera gruñó, Sundory hizo un gesto de desdén y Torrence soltó una risita tonta, Peter se limitó a devolverle el gesto a su novia.
—¿Dónde están Lily y James? —le preguntó Sundory sacudiéndose la falda del uniforme.
Temía que le preguntara eso, Remus negó con la cabeza. —No los he, visto supongo que en el vagón de Premios Anuales.
Sundory hizo un gesto llenó de desprecio, se levantó de su lugar, dirigiéndose hasta la puerta, con la mano le pidió a Remus permiso para pasar. En el pasillo la joven se acomodó la capa, así como todo lo demás que llevaba, le sonrió a los chicos dulcemente. —Voy al tocador. —Nadie se tragó la mentira pero tampoco querían intervenir en los desplantes de la joven, quien no era nada agradable cuando se irritaba.
Torrence le lanzó una mirada a Vera, quien volvía a clavar su nariz dentro de un libro sobre astrología rumana, lo más probable es que no le pusiera atención pero necesitaba aparentar de alguna forma. La joven entonces acudió a Remus quien desvió la mirada, la chica suspiró.
—¿Qué opinas, Remus?
Era la primera vez que Torrence se dirija a él con tanta seriedad en su tono de voz. —Quisiera evocarme a los estudios.
La chica rió secamente, como si aquello le hubiera parecido un insulto. —¿Y al diablo lo demás, no?
Remus rodó los ojos, se cruzó de brazos y se recargó en el umbral de la puerta. —Torrence, no somos nadie para dirigir la vida de las personas.
—Pero si te gusta manipularlas.
Remus se enderezó, observando a la chica fijamente, no sabía a donde quería llegar con aquella charla tan incómoda. —Yo no tengo idea de lo que tú hablas, Torrence, no quieras ver reflejada en mi tus acciones.
La chica bufó, movió la mano restándole importancia al asunto. —Da igual, todos sabemos que esta farsa no puede durar mucho¿no entiendes las líneas Vera? Porque hace mucho tiempo que no cambias tu vista de la misma hoja.
Los ánimos no había cambiado ni un ápice, la tensión estaba entre ellos con la misma intensidad que el primer día de clases de este año, el ambiente de vagón se había pegado a ellos. Actuaba como si nada hubiera sucedido, ante las demás personas eran el grupo modelo de amigos inseparables, sonreía, hablaban, presumían, hacían las tareas en conjunto así como comían. Lily y James eran la parejita enamorada que mostraba sus mimos aquí ya allá, recordando que el amor lo empalagaba todo, era suficiente aquel teatro para tapar los escándalos que la pelirroja podía armar con sus otras amigas; Mary Love y Mary Sea.
Torrence, Sundory y Vera se trataban como la mejores amigas del mundo, se ayudaban en todo lo que podían, cotilleaban tontamente; era como si les hubieran borrado la memoria por completo.
Irremediablemente lo chicos se veían forzados a seguir ese ritmo, les asqueaba tener que actuar, andar por el colegio fingiendo, diciendo que todo estaba bien entre ellos, pero al mismo tiempo no querían acabar con esos momento de paz, por mucho que Sirius se muriera de ganas por cantarle unas cuantas cosas a James. Tampoco había tenido oportunidad de hablar con tranquilidad los cuatro, Remus comenzaba a temer que la forma de ser de las jóvenes comenzara dominar la vida de los merodeadores. Ellos no se callaban las cosas cuando andaban mal, si había algo molesto entre ellos lo decían, se daban unas cuantas trompadas y al final todo se arreglaba.
Al mismo tiempo temían que eso desatara la tormenta.
Eran las siete de la tarde de un sábado mortífero, tranquilo sin nada bueno que contar, Sirius esperaba impaciente a que terminara para poder empezar otro día, quizás esta vez con el pie derecho. Se encontraba fumando en alfeizar de la ventana de su cuarto, Remus entró con un aire de pesadumbre total, como si fuera un hombre de cuarenta años, sin esposa, desempleado y con un hijo que alimentar, el cuadro pintaba demasiado mal.
El chico arrastró los pies hasta su cama y botó todos los libros en el suelo, se dejo caer en la cama; era el primer signo de decadencia. Sirius lo olió mucho antes que todos, porque Remus nunca dejaba sus libros esparcidos por el suelo, siempre los tenía bien acomodados, haciendo una diferencia amistosa entre el desorden de James, el desastre de Sirius y la pereza de Peter.
Remus volvió el rostro hacia Sirius, y lo observó y se observaron en silencio, el licántropo quería decirle tantas cosas.
—Ya sabes que muero por James, Remus, quizás en otra vida —sentenció el chico con cadencia de chiste, pero resulto salir casi un insulto.
Remus se incorporó. —Apaga esa cosa, no me gusta. —Sirius hizo un gesto de desaire muy similar al de Sundory, cuya traducción era un: pues te jodes—. Intente razonar con Vera.
—¿Acaso eso es posible?
El licántropo reaccionó como si le hubiera picado en las costillas. —No es tan mala ¿sabes?
—Se carga una leche más agria que Snape y mira que eso es mucho —proclamó el joven.
—Sólo contigo —Remus tomó aire, mirando al techo—, y a James.
—¿Con James quien no carga mala leche en este momento?
Aquel comentario no le había gustado en lo absoluto a Remus, lo demostró claramente frunciendo la nariz. —Tenemos que hablar con él, Sirius. —El aludido puso los ojos en blanco—. Debe estar todo liado con lo que ha pasado, su abuela, su abuelo y para acabarla de joder, Lilian.
Sirius no quería escuchar nada de esa mujer pelirroja, le irritaba todo aquello que tuviera que ver con ella y James estaba hasta las trancas de problemas con esa tipa. —Que no te escuche, pero quiero que terminen.
Remus asintió sentándose en la cama. —Tal vez sea lo mejor.
—No, Remus, ella sólo da problema tras problema, esa mujer lo va a matar.
La puerta del baño se abrió, Peter anduvo hasta su cama envuelto en una toalla de color purpura con flores, suponían era de Torrence porque el chico no tenía tan buenos gustos. —¿Podemos ir a las tres escobas? Me apetece un whiskey de fuego.
Sirius sonrió. —Pero ponte algo que no te llevo en pelotas.
El pequeño se sonrojó y se apresuró a vestirse ocultándose de sus compañeros, Remus siempre había agradecido el pudor que Peter les había mostrado toda la vida, algo muy contrario al descuidado James y al cínico de Sirius. Estaba cerrándose la camisa limpia de color azul claro, cuando las cortinas de la cama de James se abrieron.
Sirius apartó la vista, Lily bajó de la cama del chico, se calzó sus zapatos que se encontraba debajo de la cama de James, se volvió hacia su novio le sonrió zalameramente antes de inclinarse para besarle en la frente, intercambiaron un par de susurros los amantes y Lily caminó hacia la puerta. No se dirigió a nadie más, se limitó a salir del cuarto ignorando las miradas que los otros tres le dirigían.
Cada uno la miraba de diferente forma, Remus la veía en exceso delegada, pálida, muy desarreglada, con un cabello rojo apagado, deslavado, sin esa vitalidad que una vez le valió el título de chica del cabello de fuego. Sirius vio en ella la ropa desacomodada, el cabello revuelto, los labios hinchados, las marcas de los labios de James sobre su piel; una con poco color, impregnada de un sudor lascivo que a él le asqueaba. ¿A dónde se había marchado la pelirroja de explosivo carácter? Peter sólo vio salir a una jovencita débil, tan cansada y frágil como el cuerpo de Remus después de una dolorosa transformación.
Remus descubrió la cortina de su lado de la cama de James, el chico tenía los ojos cerrados, respiraba tranquilamente; probablemente dormitara, con las mantas enrolladas hasta las caderas, sin embargo ese signo no era lo que delataba las acciones del joven, era el olor tan peculiar que salía de las sábanas, la humedad del lugar, la temperatura cálida y asfixiante al mismo tiempo, la viscosidad que existía entre las mantas y el cuerpo del chico, el sudor, el maldito sudor corrosivo.
Remus negó con la cabeza, fue Sirius quien se encargó de levantar a James, echándole una jarra de agua helada. James no se levantó de buen humor, aquella forma tan brusca de despertarlo sólo ganó que el joven se irritara de manera infantil; tan típica de él.
—¿Hay algo por lo que no pueda dormir en paz? —prorrumpió el chico con un tono agrio, ácido y sarcástico.
—Buenas noches, amigo —dijo Sirius resaltando la palabra amigo con un toque de ironía.
James observó a sus compañeros de cuarto, todos reunidos alrededor de él con una cara de: hemos venido a hacerte chantaje sentimental. James trató de ignorarlos, esa tarde había sido muy pesada para él, sólo quería descansar y tal, fin de asunto.
—¿Podemos hablar mañana? —suplicó el chico—. Estoy muerto.
—Sabes, James —comenzó Sirius sentándose en la cama de su amigo de brazos cruzados—. Cuando éramos amigos. —James resopló fuertemente, las palabras de Sirius le estaban sacando de quicio—. Siempre encontrabas la forma de estar con nosotros, nunca te olvidabas que había gente a tu alrededor. —James entrecerró los ojos, Remus presintió que aquello iba por mal camino—. Eres un egotista, mimado, arrogante, idiota, pero siempre nos habías tomado en cuenta. —Ok, Remus lo aceptaba, iba por un pésimo camino.
—Gracias —resopló James—, yo también te quiero, Sirius. —Se estaba haciendo el duro, esto iba a ir para largo—. Ahora ¿puedo descansar, en PAZ?
—James queremos hablar contigo y muy en serio —intervino Remus, antes de que Sirius se lanzara con otro de sus fantásticos comentarios gilipollas—. Tenemos cosas que…
—Si Margot te envió a decirme que dejara a Lilian, dile que se vaya mucho al cuerno. No me interesa no contar con el apoyo de mi familia, ni de mis amigos. —Ese había sido un golpe muy bajo por parte del chico—. Sólo quiero que ella sea feliz, punto.
—¡¿Y nosotros qué? —explotó Sirius, agarrando a James por los hombros y sacudiéndolo.
—¡Suéltame! —le ordenó James en su tonó de: yo aquí soy el único que mando.
Sirius dejó de zangolotear al estúpido de su amigo, lo soltó, le dio un almohadazo tremendo que por poco lo manda del otro lado de la habitación. A James se le ocurrió la fantástica idea de devolver el amor con un puñetazo, tumbando a Sirius de su cama.
El joven se incorporó con un gruñido similar al perro que está a punto de atacar y se reincorporó alzando sus dos manos dispuestas a pescar a James para darle unas lecciones de boxeo, por suerte Remus y Peter aún conservaban la cordura, así que se interpusieron entre ellos para evitar que terminaran liados a tortazos sin sentido.
—¡Suficiente! —gritó Remus—. Dejen de pelear como chiquillos, recuerda porque estamos aquí, Sirius.
—¡Voy a mostrárselo con los puños!
James parpadeó comprendiendo que lo decía muy en serio su mejor amigo. —Pues venga, que por mi complacido de hacerte tragar tus palabras, Black.
Un pesado silencio acaeció en el lugar, cuando James decía Black con ese aire supremo es que casi, casi estaba tratando a Sirius de un doble de Snape; algo bastante peligroso.
Remus alcanzó a ambos y les dio un buen par de collejas para que se calmaran.
—No tienen porque actuar así —terció Remus bastante tenso—. Ponte algo, James, podrías pillar algo raro.
James buscó sus pantalones entre las sábanas, colocándoselos a prisa, ya no tenía sueño, ni ganas de dormir, quería desquitarse y bajar todo ese estrés que tenía.
—Ya me tienen, ahora digan lo que quieran. —El chico se sentó en su cama de brazos cruzados con el seño fruncido por entero.
—¿A dónde fuiste¿Qué hicieron? Nos tenías preocupados, James la situación no está para que andes corriendo por ahí libremente haciéndole de amante idiotizado —soltó Sirius velozmente poniendo ojitos de cachorro perdido.
A James le dolió observar aquella sinceridad en Sirius. —Fuimos al mundo muggle, no quiero hablar sobre el lugar en donde estuve, es incómodo, Sirius, es muy personal —habló el joven firmemente.
—¿Ella te hizo algo malo? —preguntó Peter.
James parpadeó, por Ella suponía que debía entender que refería a Lily. James rió —No, no me hizo nada…fuera de lo normal, sólo… —James se encogió de hombros—, no quiero hablar ahora de eso, en unos cuantos meses podre decírselos y os reirás como no tienen idea.
Todos le creyeron a James, en sus ojos no había otra cosa más que cierta incomodidad por recordar el pasado, inclusive existía cierto brillo pícaro.
—Creo que voy a tomar una ducha —anunció el chico.
—Pensábamos ir a Hogsmeade —dijo Sirius—, por unos whiskys de fuego, tendremos que ir a Cabeza de Puerco porque Rosmerta se puede poner muy quisquillosa.
James asintió. —Denme diez minutos y estaré listo. Así vamos a celebrar, tenemos cosas que celebrar —habló el joven mientras andaba de aquí para allá buscando ropa interior limpia, una toalla y algo más.
—¿Celebrar? —inquirió Remus—¿Qué debemos celebrar?
James abrió la puerta del baño, ladeó la cabeza como si se le estuviera escapando algo muy importante, rió bobamente. —No se los he contado ¿verdad? —A Sirius el tonito que James había usado no le había gustado en absoluto—. Lily y yo hemos decidido tener un hijo, no me tardo. —La puerta del baño se cerró tras James.
Troya, Roma y Londres ardieron en ese mismo instante.
—¿¡QUE!
Sirius jaló la puerta del baño pero esta se encontraba cerrada con llave, llamó a puñetazos a su amigo.
—¿Pero qué estás pensando? Por Merlín y toda su prole, James ¿Estás idiota?
El agua de la bañera comenzó a correr, Remus trató de calmar a Sirius quien estaba golpeando la puerta.
—¿Acaso quieres abrir un boquete en la puerta a puñetazos? —Sirius le hizo un gesto bastante grosero con la mano antes de separarse.
—A este cuatro ojos se le han ido las cabras al monte pero bien lejos —era la bonita manera en la que Sirius calificaba la situación—, con todo y casa.
Remus ríe aunque sabe que la circunstancia no lo amerita. Peter se acerca a ellos con ese aire inseguro que siempre le ha caracterizado. —¿Dejareis que siga con esto?
Ninguno tiene que responder aquello en voz alta, saben la respuesta de ante mano, que va desde que el cuatro lámparas había soltado semejante barbaridad obcecada, sus mentes lo habían gritado:
—Ni de coña —termina por firmar Sirius la declaración de guerra—, a Sundory le encantará escuchar este cuento.
Remus frunció los labios, con eso a James se le iba a armar la gorda, es más, el pobre podría terminar con doce años de castidad, en una celda fría, obligado a rezar todo el tiempo el rosario al derecho y al revés.
Sirius estaba dispuesto a utilizar artillería pesada.
Al salir del baño esperaba algún tipo de reclamo, no la Inquisición muy bien plantada, Sundory le observó con aquellos ojos violetas que una vez se le habían hecho cálidos, ahora no eran más que hielo cortante. Vera le observaba desde el dintel de la puerta con los brazos cruzados y ese aire de superioridad irritante de: yo soy señorita moral andando, palurdo bicho rastrero.
—Nos vemos después, Sirius —dijo Sundory con una voz muy gélida.
El chico asintió con la cabeza, se encontraba sentado sobre su baúl, con las piernas estiradas, los codos pegados a los pies de la cama, en donde recargaba todo su peso.
Sundory cerró la puerta tras de ella, James suponía que iría por Lily, le echaría la bronca y luego la llevaría hasta el cuarto para hacerla retractarse de sus palabras. El chico suspiró pesadamente, se pasó la toalla por el cabello para intentar secarse el cabello, al finalizar se la colocó sobre los hombros, enfrentando a sus amigos con las manos en los bolsillos de la túnica limpia.
—Sabes, James —comenzó Sirius—, no entiendo porque haces esto.
James alzó una ceja. —Por amor, Sirius, por amor.
Sirius rió sarcásticamente. —¿Amor? No digas eso, James…
—Sirius ¿tú que sabes del amor?
Remus respiró profundamente, era un punto demasiado delicado, entendía que Sirius era el menos apropiado para habla de amor, valores y familia, sin embargo la réplica de James había sido lanzada para lastimar, más que para protestar.
—Tal vez no lo conozca, James —Sirius se puso de pie—, pero si sé que amor: no significa hacer pedidos que involucran consecuencias demasiado serias.
James puso los ojos en blanco. —Se los dije hace tiempo, quiero formar una familia con Lily.
—Pero hazlo bien —gritó Sirius alzando los brazos—. No de esta forma, James. —Sirius tomó a su amigo por los hombros—. Piensa en tus padres, ellos nunca te han negado NADA, sólo te piden que cumplas una regla ¡James tan sólo es una regla!
—¿Lo dice quien nunca escuchó a sus padres?
—¡Sirius tranquilo! —gritó Remus. James se encontraba en el suelo con una mano en el ojo izquierdo, por suerte no se había colocado los lentes, el puñetazo que le dio Sirius lo había tumbado en el suelo—. Detente, detente, respira, no tenía esa intención.
Sirius dio media vuelta tratando de controlarse, Peter se acercó a James y le ayudó a ponerse de pie.
—Es la verdad.
Peter jaló a James hacia atrás en tanto que Remus se puso entre James y Sirius.
—¡Si hubiera escuchado a mis padres no estaría en Gryffindor! Estaría en un grupo con Voldemort matando muggles, grandísimo idiota. ¡Hazte a un lado, Remus! —Remus y Sirius forcejaban, el licántropo quería impedir algún suceso más fuerte entre sus amigos.
—¡Tú no entiendes, Sirius! No tiene idea, se a lo que me estoy enfrentando.
—¡NO, NO LO SABES¡NO TIENES NI PUTA IDEA DE LO QUE HACES¡Te lo advierto, Remus, sino me sueltas os toca a ti también! —Sirius estaba empezando a perder los estribos.
—Lo que quiere decir, Sirius, James es que no es correcto lo que estás haciendo, entendemos que quieres formar una familia, es muy bonito, pero debes hacerlo de forma correcta. Eres un crio…
—¡No lo soy! —bramó James.
—¡No me interrumpas! —gruñó Remus sacando el lobo dentro de sí—. Eres un crio, dime ¿Cómo piensas mantener esa familia, eh? Con el dinero de tus padres. ¿Tienes idea de lo que es pagar un alojamiento, víveres, seguridad, velas, muebles¡Por Morgana, James! Ni siquiera sabes cambiar pañales.
—Puedo aprender.
—¡Estamos hablando de la vida de un ser inocente! No es una estúpida mascota. ¡Ni un puto capricho de un chiquillo malcriado!
—¡Dejen de tratarme como un niño! —vociferó James, agarrando a Remus por el cuello de la túnica.
—Pues deja de comportarte como uno¡abre los ojos! —replicó Remus.
—Entiende que Lilian sólo te está pidiendo idioteces, no sabe lo que quiere, está completamente desequilibrada del cerebro¡LOCA! —estalló Sirius.
James aventó a Remus quien trastabilló hasta chocar contra Sirius, ambos se enredaron, yendo a parar al suelo.
—Creo que tienen razón, James —dijo Peter tomando su distancia con el joven—. No está en sus cabales, Lily no te conviene… —Peter corrió a ponerse a salvo detrás de las puerta del baño que había cerrado, el puño de James hizo temblar la madera—. ¡Escúchame, James! Piensa las cosas fríamente, no se trata de salvaguardar el honor del tu familia o la pureza de la sangre, hablamos sobre algo que puede afectar la integridad no sólo tuya o de ella. James, no tienes derecho sobre la vida de alguien tan inocente de todo.
—¡Es que acaso voy a ser el padre de Sirius y Lily como su madre!
—Hay más formas de lastimar a una persona, que con golpes —contestó Remus—, no tienes la madurez, ni yo, o cualquiera de este cuarto la tiene. Vamos, James¿crees que Lily tiene la estabilidad emocional para criar a una criatura?
—¡Ni siquiera puede cuidarse así misma! —agregó Sirius.
James suspiró pesadamente. —Yo estaré ahí para mi hijo.
—No vas a poder cuidar al hijo y a la madre al mismo tiempo.
—Espero contar con mis amigos, Remus.
—¡De ninguna forma! —negó rotundamente Sirius—. No voy a tolerar que ella arruine tu vida.
—No eres mi padre, Sirius —apuntó el chico—, no estoy pidiendo su permiso¡Si no me van a dar apoyo, perfecto¡Váyanse al demonio!
Remus le cortó el paso. —Nunca me metí en tu relación con Lily, te decía mi opinión, te la pasabas por donde mejor quisieras y no me importaba. Pero no vamos a permitir esto, James. ¡Ya basta! —James miró de mala gana a Remus, esto era un reto para James, porque a él nadie la ordena o manda—. ¡Basta de solapar todas las tonterías de Lily¡NO ME IMPORTA SI ELLA QUIERE MATARSE¿Es que no lo entiendes? Son chantajes, James¡Te Está Usando!
Remus sólo sintió que el horizonte sufría un cambio y se movía, para cuando tomó consciencia, estaba en el suelo con el pómulo doliéndole terriblemente.
—No voy a permitir que insultes a Lily —exclamó James con los puños en alto, Sirius empujó a James con el hombro.
—Lo que ella quiere hacer con su cuerpo, vida, salud y mente no me interesa, pero no voy a permitir que te arrastre a su absurdo mundo. —Sirius tomó a James por la barbilla obligándole a verle a la cara—. James, es una vida que no merece sufrir, no juegues con alguien que NECESITA de paz y amor —era una súplica que iba más allá de las palabras.
—No quiero perderla —confesó James—, quiero hacerla feliz, hablas de no hacer sufrir más, a mí, a ti, a una vida nueva ¿Y qué hay de ella, Sirius? Pides piedad para mí, para algo aún no real, pero te olvidas de ella, no te importa. ¿Quién es el que no tiene corazón, Sirius?
Sirius soltó a James. —¿Piensas hacer sufrir a todo el mundo por ella?
—Le amo, Sirius. Pondría el mundo a sus pies.
Sirius bajó la mirada, se observó las manos atentamente, James parpadeó, se acomodó la túnica y dio media vuelta. No se esperaba que le jalaran por el brazo, menos un puñetazo de Sirius directo a su cara con toda la fuerza de éste.
—¡Egoísta, Egocéntrico, Gilipollas, Idiota, Tarado¡CABRÓN!
James se levantó dispuesto a defenderse, sin embargo Sirius fue más rápido. El puñetazo resonó por todo el cuarto, a todos les había dolido eso, pero es que la amistad ya no era suficiente para mantenerlos unidos.
—Ya no eres mi amigo, ya no sé quién eres. Prongs nunca se olvidaría de sus amigos, de su familia, de la gente que siempre ha estado para él, para hacerle sentir el rey y Dios de este mundo. Prongs invariablemente vería por todos, porque es un idiota con mucho corazón y sentido humor, porque los merodeadores aunque nunca tengan intenciones buenas, jamás se lastiman entre ellos, ni engañan, ni traicionan. Los merodeadores son los Dioses de este mundo, ellos crean esta realidad, no ceden ante propuestas idiotas. ¡Tú no eres un merodeador!
El cuarto estaba en completo silencio, era extraño, demasiado raro, no parecía el dormitorio de los merodeadores. Peter observó a los habitantes de aquella rara realidad, Remus se encontraba a los pies de su cama, con un pómulo hinchado descuadrando su porte. Sirius estaba sentado en el centro de su cama, con ambos pies sobre esta, escondiendo su cabeza entre las rodillas, ambas manos las tenía en la cabeza. James debía ser a quien las palabras debieron haberle causado más impacto, por inverosímil que parezca, a Sirius le surtieron mayor efecto. James se encontraba en el suelo, con la mirada perdida y sus dedos pintando figuras desconocidas en la madera.
La puerta del dormitorio se abrió de golpe, Sundory entraba al cuarto arrastrando a Lily, Peter pensó que James se levantaría, despotricaría contra Sundory, armando una nueva trifulca, pero el chico se limitó a observar la escena.
—¡Suéltame! —chilló Lily, intentando deshacerse de la mano opresora de Sundory, ambas se vieron envueltas en un conflicto de manotazos y arañazos.
—¡Mírate¡Sólo mira en lo te has convertido! —espetó Sundory con desprecio.
Lily logró escabullirse un poco de la fuerza de Sundory. —¡¿Y eso a ti qué? No te importa lo que me suceda mientras no abra la boca. Quien se ha degradado aquí eres tú, no yo.
Lily trastabilló tras el bofetón que le metió Sundory con todas sus fuerzas, Remus sintió que Lily se caía al suelo y se deshacía en mil pedazos. No se cayó, ni se rompió pero su respiración comenzó a hacerse demasiado pesada. Su túnica mal acomodada dejaba ver como a su pecho le costaba inflarse, hasta se podía decir que le dolía oxigenarse.
—¿Es todo lo que tienes?
Sundory bufó, tomó a Lily por la parte de atrás del cuello de su túnica, arrastrándola hasta el baño de los chicos, donde abrió la puerta con un manotazo, aventó a la chica pelirroja dentro de la estancia. Se escuchó como alguien fue a caer al suelo maldiciendo a los cuatro vientos, ese lenguaje tan árido y sórdido sólo pertenecía a Evans. La llave de la ducha se abrió, ambas muchachas gritaban improperios sin sentido, Lily hacía gala de su amplio repertorio vulgar para insultar a Sundory. Cuando ambas salieron del lugar la pelirroja estaba completamente empapada y Sundory la azuzaba para caminar.
La humedad en los pies de Lily le hizo resbalar, cayendo al suelo, cerca de James, mas no buscó apoyó en él, se volvió hacia Sundory con una expresión fiera; su fuerza volcánica seguía ahí, sólo que demasiado empolvada para poder reconocerla. —¿Cuál es su veredicto, mi juez?
La joven de cabello negro se cruzó de brazos, alzó una ceja antes de contestar: —Suficiente de tus desplantes, Lily. Hemos tolerado tus boberías demasiado tiempo.
—¡CULPABLE! —golpeó el suelo con una mano.
Sundory respiró hondamente, como si se estuviera conteniendo. —Creí que si te dejaba en paz terminarías por hartarte de tanto…eh, pensamiento con intelecto bajo. Necesitabas desahogarte, terminar con tu loca idea sobre nuestras acciones.
—¡Tú nos traicionaste a mí, a Alex, a Sita¡A Mia!
—A eso me refería —terció la joven—, pero ya has tocado fondo.
—¡NO¡Aún no he tocado fondo, Sundory! —Los ojos de Lily se iluminaron con la misma vitalidad de antes—. ¡No es suficiente!
—¡Ya basta! —exclamó la chica en un tono alto—, has hecho suficientes cosas fuera del mandamiento de Dios, necesitas tener un tiempo para arrepentirte, hacer penitencia y rehabilitarte.
—¿No te has mordido la lengua a estas alturas? —Lily se puso de pie y le escupió a Sundory en la cara—. ¡Me das asco!
Sundory volvió a respirar profundamente, apretó sus manos sobre su capa tratando de relajar la tención. Se pasó una mano por la cara para limpiarse la baba de Lily. —Nunca pensé que podías caer tan bajo.
—¡Por eso no te quería¡Alex me eligió a mi antes que a ti¡Alex me quiso siempre más a mí que a ti¡Severus siempre me querrá más a mí que a ti¡Yo no soy la hipócrita, rastrera¡Sirius respetaba más a Mia que a ti¡NO TE QUIERE¡Siempre te engañaron!
—¡Silencio! —Sundory empujó a Lily llevándose las manos a la cara—, basta de tus niñerías.
—Él te odiaba —escupió Lily con malicia—, tu blanca virtuosidad le era repugnante, tu ser tan santo le provocaban nauseas, él me lo confesó. —Lily tomó a Sundory por el cuello y pegó sus labios al oído de la chica para decirle más cosas, los chicos no escuchaba pero por las expresiones de Sundory no era nada agradable.
—¡Impía, impura! —chilló Sundory desesperadamente—. Mereces retorcerte en las llamas del infierno: Demonio Monstruoso.
Aquellas palabras tuvieron un extraño efecto en la pelirroja que se congeló en el instante, aquella bravura y bravuconería se esfumaron, sus ojos verdes se apagaron, su respiración se calmó, inclusive tuvieron la sensación de que la joven iba a comenzar a destrozarse como un castillo de arena.
—Lo soy ¿verdad? —era una extraña pregunta disfrazada de afirmación—. Entonces castígame.
Sundory se quitó las manos de la cara, para poder observar a su "amiga".
—¿No tienes el valor? Tan débil, tan patética. Yo siempre te ganaré, porque puedo hacerlo, porque quiero hacerlo, yo te lo quitaré.
¡PLAF!
Sundory le volteó el rostro a Lily con rotación de cuerpo, trastabillado y caída incluida. Tanto la bofetada, como el golpe que la pelirroja se dio contra el suelo, sonaron muy dolorosos.
Lily trató de levantarse, pero su cuerpo se negó a alzarse una vez más, el mundo le daba vueltas, su nariz chorreaba un líquido caliente, así como su boca se sentía el sabor fierroso de la sangre. Tanteó el suelo con sus manos buscando algo de que apoyarse para ponerse en pie. James se acercó a ella, la chica le dio la mano, la tenía muy fría como si la hubiera puesto sobre un bloque de hielo, tal vez se debía al sudor de esta o quizás era por clima del deprimente enero, dado que también temblaba o tal vez por el gran esfuerzo que estaba haciendo. Lily apretó los dientes y jadeó para ponerse de pie, James inspiró profundamente, el olor de ella, era muy penetrante, picaba la nariz era una mezcla de sexo, sudor rancio, alcohol, hierbas almizcladas con algo que se asemejaba a las pociones medicinales.
—¿Es todo lo que tienes?
Sundory entre abrió la boca como si el cinismo de Lily la sorprendiera. —¿Así quieres formar una familia? —La joven había vuelto a sus cabales.
Lily sacudió la cabeza. —Huyes, esa siempre ha sido tu forma de enfrentar las cosas —Lily rió—, pero ya que preguntas.
—No sé a quién tendrías que cuidar, a ti, al padre o al hijo. Además no están casados, sería un grave pecado.
—¿Es todo tu basto argumento? Tu Dios, así como tú me…
—¡Cállate! No te atrevas a decir una blasfemia.
—¿Acaso no era yo un demonio?
Remus se paró en medio de Sundory y Lily. —No estamos para discutir sus asuntos personales.
—Demasiado tarde, Lupin —dijo Lily—. La maldad crece, nunca se detiene, nunca duerme.
—Pero nunca ganará, el Señor la detendrá.
—Mira alrededor Sundory, mira tu vida ¿dónde está tú Dios?
—La luz vencerá sobre la oscuridad.
—Claramente nunca has visto la vida desde el punto de vista de Severus, él ni siquiera te tiene aprecio.
Tabú, incluso Sundory hizo un gesto desagradable. —No os dije que te alejaras de mi primo.
—¿Y ese amor familiar cuando te nació?
Sundory negó con la cabeza. —Lo conozco perfectamente, sé lo vas a hacer con él —aquellas palabras habían sonado demasiado comprometedoras—, sobra decir mi opinión al respecto.
Lily sonrió de forma maligna. —Como si él o yo, te estuviéramos pidiendo permiso. Puedo hacer lo que se me hinche la regalada gana.
—No, no puedes —sentenció Sundory firmemente—. Ahora, tú y el joven Potter desistirán de semejante tontería impía, es tiempo para volver a tus cabales o tomes las consecuencias de tus acciones.
—¿De que no me estoy haciendo cargo, Sundory? —dijo Lily—¿Algo más tengo que pagar?
—Deja de hacerte la víctima, porque ese papel NO te queda.
—Entonces ¿lo eres tú¡Oh San Sundory!
—¡Para tu juego, Lilian¡Te lo advierto!
—No lo voy a hacer, nunca me detendré, jamás te lo perdonará.
Ambas muchachas se miraron a los ojos, dos orgullos se estaban enfrentando.
—Te lo mereces, realmente te lo mereces —dijo Sundory con una paciencia desquiciante—. Eres malvada.
—Entonces hazlo.
Sundory alzó una mano, sus dedos temblaban al igual que sus ojos, Lilian a pesar de su precaria posición, además de su notable debilidad, no tenía miedo a ser lastimada. Sundory tomó vuelto pero una mano le detuvo.
—No caigas en su juego —habló Torrence con una voz muy suave.
Lily se irguió, esta vez ella fijó su atención en la morena, quien altiva le devolvía una mirada muy dura.
—Cuidado, Sundory, tal vez es ella quien quiere que caigas en su juego.
Sundory parpadeó varias veces, huyó de cualquier contacto con Torrence.
—¿Qué gano con eso?
—Eso no es lo importante, Torrence, tú y yo lo sabemos, la pregunta es¿Qué pierde ella con eso?
—Yo que tu buscaba una mejor madre para mi hijo, James. Ella está loca.
Lily rió. —Quizás sí, quizás no. Tal vez digo algo pero nadie entiende el significado, nadie entiende mi lenguaje, muy complicado, quizás plagado de verdad. ¿La verdad lastima, Torrence? No tienes el valor de afrontarla, eres una hipócrita, casi de la misma calaña de Sundory.
La chica sonrió de lado. —La verdad. ¿Por qué no la dices, Lily¿A que le tienes miedo? Habla si te atreves.
—Curiosa cosa es la amistad ¿no lo crees, Sundory¿Sabes algo? —Una extraña mueca se dibujó en la cara de la pelirroja, una que se asemejaba a una sonrisa—. Tú…y Sirius se parece en algo. —La joven desvió su mirada al techo, pensando, meditando—. Usan el mismo truco para ocultar sus faltas, la misma cubierta.
—Pongámosle un fin a esto —habló Torrence—. Ahora entiendes porque no debes rebajarte a satisfacer los deseos de Lilian, James. Ella no está, cuerda.
Lily puso su atención en James, por primera vez desde que todo aquello se desatara. El chico se sintió intimidado, el peso que sostenía en sus manos comenzaba a ser bastante pesado.
—¿Podemos hablar en privado?
Claramente no era algo que se esperaban los jóvenes, mitad morbo, mitad presión, por una parte quería saber cómo se desarrollaban las cosas, por otro lado si no estaban presentes Lily terminaría embaucando al chico como bien lo sabía hacer.
—No lo creo, James —contestó Sundory.
—Diez minutos —pidió el joven—, sólo denos diez minutos.
Un "no" rotundo seguía coronando las mentes de todos los chicos. James se pasó una mano por el cabello. —Cinco minutos entonces. ¡Esto es privado por Merlín!
—Tres minutos —dijo Remus apuntando su reloj de pulsera. James asintió, el licántropo tuvo que sacar a Sirius a rastras del lugar.
En cuanto la puerta se cerró, James pudo respirar con mayor tranquilidad, Lily le miraba llena de curiosidad.
—Ven aquí, Lily, no tenemos mucho tiempo. —Una mueca desagradable marcó su rostro, mientras se sentaba a los pies de su cama—. Vamos.
Lily caminó hasta él y le abrazó fuertemente. —Estoy dispuesta a luchar, James, no me importa lo que digan, no me importa lo que hagan.
James se llevó ambas manos a la cara, todo le daba vueltas las cosas se estaban precipitando de forma muy desagradable para ambas partes, el chico suspiró se arrebujó contra la joven, abrazándola con la misma fuerza.
—Te amo, Lily.
La joven se separó de James. —No —sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas—, no, no, James, por favor. —Ella se hincó ante el joven posando su cabeza entre las piernas de él.
James acarició el cabello rojo de ella, estiró un brazo y sacó algo de su cómoda. —Mírame, Lily. —Tuvo que obligarla a mirarle a los ojos, pues ella se negaba rotundamente—. Te amo, pero no me perdonaría el hacerle daño a mis amigos, tú escuchaste a Margot; no puedo hacerles eso a mis padres.
Había sido un golpe muy duro para ella, podía verlo en sus ojos, podía sentirlo, a James le dolía más que a ella negarle semejante cosa. Pero tenían razón sus amigos, no estaba preparado, había pasado noches enteras tratando de convencerse sobre el bienestar de Lily, pero en ese momento, cuando sintió la debilidad de sus manos vio la realidad, aceptó que ella no estaba en las mejores condiciones para traer a un niño al mundo.
—No huyas, Lily. —James trató de sosegar los sollozos de la joven—. No te estoy diciendo que no vayamos a tener un hijo o dos, o tres o lo que te quieras, sólo no en este momento.
Lo que James no había notado es que ella había dejado de escucharle, ya no le miraba, ni le ponía atención, si se encontraba completamente dócil en los brazos de él no era porque había aceptado su decisión, sino porque creía que ya se había roto interiormente por completo.
—Lily, te prometo que cuando salgamos de Hogwarts las cosas van a cambiar, te daré todo lo que quieras. ¿Lily? —Su mirada verde se había oscurecido, parecía que miraba la cama de Sirius pero al mismo tiempo no la enfocaba, cualquier expresión en su rostro se había borrado, inclusive las lágrimas se había secado en sus ojos. Lo que James tenía entre sus brazos se asemejaba más a un muerto que a una persona viva. —¡Lily! Sólo quiero hacer las cosas correctamente, no es porque no te quiera o no lo desee, realmente quiero… —James la besó en la frente esperando que ella reaccionara, mas seguía en su propio mundo—. En verdad te lo prometo, te doy mi palabra de merodeador. —El joven tomó una de las muñecas de Lily y le colocó una pulsera.
Lily movió su cabeza grotescamente para poder ver la baratija, sus manos temblaron violentamente, su respiración se volvió demasiado agitada, tanto que en poco segundos abrió la boca para poder respirar porque sentía que el aire no le llegaba a los pulmones, la pupila de sus ojos se dilató por completo, era como si James le hubiera lanzando un crucio o algo peor.
—Creí que te alegrarías de volver a tenerla, en quinto no pensaba volver a dártela —rió el joven como si fuera un chiste—, pero, ya sabes, las cosas cambiaron, sino la quieres…
—¡Aléjate de mí! —gritó desesperadamente, huyendo de James.
El chico se levantó de la cama. —Entiendo tu molestia por lo que acabo de decirte, pero trata de comprender, Lily, no es fácil para mí en este momento hacerlo.
—¡Eres tú él que no entiende¡Eres tú quien no tiene idea! —bramó negando fuertemente con la cabeza, en su tono había un deje de histeria. Los sollozos y el llanto se hicieron presentes en la joven—. ¡Te has puesto de su lado¡Les has escuchado a ellos!
—No, Lily.
—¡No me hables¡No digas nada! —sus gritos eran rasposos, lastimaban los tímpanos—. ¡Eres, Eres, Eres...tú, tú no, no! —comenzaba a ahogarse con sus propias palabras.
—Lily tranquilízate, por favor. —El chico trató de acercarse a la joven pero esta avanzaba hacia atrás cada vez que el daba un paso.
—¿Por qué¿Por qué¿Por qué? —Se llevó las manos a la cara completamente alterada—, Severus y Alex tenían razón, siempre la tuvieron. —Sus labios temblaban, así como su cuerpo entero, las lágrimas resbalaban de manera antinatural por su rostro muriendo en el suelo.
—¡TE AMO, LILIAN!
—¡NO ME HABLES DE AMOR, POTTER! —replicó firmemente—. ¡Ni siquiera sabes lo que es el amor!
—Lily.
Un gritó agudísimo salió de la garganta de la joven, casi como el chillido de una banshee, la chica volvió a gritar de la misma forma mientras se llevaba las manos al cara, ni siquiera el llanto fue capaz de ahogar semejante dolor y es que James no tenía idea de lo que acaba de hacer. Escondió su cara entre sus manos, su lloro inundaba toda la habitación, el corazón de James se derruía carcomiéndole el interior al escucharla, el verla le hacía querer sangrarse los ojos y romperse la boca por idiota.
—¡SEVERUS! —clamó la joven—. ¡Severus!
La tragedia interna de James se congeló ante aquel nombre, era como si de pronto Lily escupiera sobre su corazón hecho pedazos.
—Discutamos esto entre tú y yo, no metamos a terceros que no pintan nada aquí —profirió James.
Lily se volvió hacia el joven. —¡Severus siempre ha estado de mi parte¡Él siempre me ha apoyado en todo¡NUNCA ME HA DEJADO SOLA!
El dolor se había convertido en ira, la confusión en rabia. —¿Ah sí¡Y quien te estuvo soportando todo este verano¡No le vi el pelo cuando ese intento de mago rubio, murió¡Él no estuvo tolerando todos tus berrinches! Jamás se ha preocupado por ti.
—¡No te atrevas a insultarle! Ni a él, ni a Alex¡Son mucho más que tú! No pedí tu apoyo, no te quería ahí, yo no fui quien te obligó a ir. ¡NO TE NECESITO!
—Entonces no sé qué haces aquí, no sé porque me pediste un hijo.
—¡Porque eres un idiota¡Porque eras el único a la mano¡Tienes razón, no sé qué hago contigo! —Lily respiró profundamente—. Cuando Severus me quiere a mí y yo a él.
—¡Pues lárgate con ese estúpido mata muggles¡No quiero volver a tener nada que ver contigo!
—¡TE ODIO POTTER! —explotó la chica, mirando al joven a los ojos—. ¡Fuera de mi vista maldito bastardo! —El aire se le estaba acabando, inspiró profundamente tratando de llenar sus pulmones con aire, pero el dolor era demasiado intenso—. Él siempre me ha amado mucho más que TÚ.
James no supo que responder, no supo que decir o hacer, Lily le había abierto una herida muy grande, tanto como si lo hubieran abierto el canal del panamá en el pecho, no conforme con eso todavía tenía el descaro de restregarle limón, sal y chile, con una tela rasposa en la herida.
Ambos lo supieron, ahí había terminado todo, para siempre. Lily dio media vuelta y salió del cuarto a toda prisa, en tanto que James sólo pudo buscar un lugar donde sentarse, para poder desahogarse libremente.
La joven corrió desesperadamente por todo Hogwarts hasta topar con la habitación de Snape, podía entrar a Slytherin porque Severus siempre le daba las contraseñas, sabía escabullirse hasta las mazmorras sin ser vista, puesto que Snape le había enseñado todo lo necesario para lograrlo en los últimos seis años. En el momento en que Lily necesitara de él, ella iba a contar con las herramientas para poder llegar hasta Severus.
Snape dormía pacíficamente tras sus doseles verdes en el cuarto que debía compartir con alguien, no es que no hubiera gente en Slytherin, sencillamente nadie quería estar mucho tiempo cerca de él. Tal vez era por su personalidad tan agria, quizás era el producto de su fama o la culpa de los merodeadores por marcarle como un blanco permanente, podría ser una mezcla estúpida de todo lo anterior y algo más, esa esencia negra, terrible y nefasta que toda la vida le acompañaba.
Fue por eso que cuando la puerta se abrió tan bruscamente, Snape supo que era Lily, agradeció que nadie más estuviera en el cuarto; sólo ellos dos, como en los viejos tiempos. No le dio tiempo de preparase, ni de armar algún comentario, ella se tiró a sus brazos en medio de un llanto incontrolable, todo aquel mal que le habían hecho se le a galopó en la garganta. Iba a matar a Potter, iba a hacerlo sin piedad alguna.
Cerró su boca, no tenía ganas de herirla aun más, sólo quería abrazarla fuertemente eliminando cualquier dolor dentro del corazón de ella, deseaba que ese ambiente oscuro en el que se encontraban, se adentraran en el alma de Lily, congelando así, esos sentimientos por el inútil de Potter.
Severus se inclinó para besarle en la cabeza suavemente, acariciando su espalda, sintiendo cada hueso que conformaba la columna vertebral de ella, era doloroso sentirla con aquella terrible delgadez, la piel casi se le pegaba a los huesos. El chico tapó a Lily con las sábanas de su casa, el color verde siempre le había quedado muy bien a ella, los colores de Slytnerin realzaban su belleza de forma elegante, no como los vulgares colores chillantes rojo y amarillo de Gryffindor que la hacían ver una prostituta.
Lily se prendió del él, como el naufrago se agarra a la tabla con la que planea salvarse la vida, apenas si le dio libertad para poder acostarse, el corazón y la cabeza de Severus palpitaban fuertemente, ella se le pegaba al cuerpo tocando zonas extremadamente sensibles, inclusive algunas que ni él mismo había notado. Severus cerró los ojos fuertemente al sentir que las manos de Lily le acariciaban el torso, su imaginación comenzaba a viajar fuera de sus límites.
Ella sobre él, en un mundo aislado, donde nadie podía interrumpirles, nadie podía tocarles. Severus dejó resbalar sus manos por las curvas de la chica, ella se movió acomodándose en la anatomía de él, era un sueño del cual no quería despertar. Ella lo rompió colocando sus manos sobre la faz de él. Snape abrió los ojos encontrándose con el verde opaco de los ojos de ella sobre sus posos negros, su rostro tenía una mueca de confusión en el brillo de los ojos de Lily. —Sev —su voz era dulce, muy suave, era el tono de una nana—, bésame —no era una orden, tampoco una sugerencia, era una desesperada petición, era un ruego interminable.
El sueño era oscuro, atormentador, su hermosa flor que con tanto anhelo y ahínco había cuidado se encontraba ante él completamente deshojada, pachucha, pisoteada por su peor enemigo, ella quien con ardoroso valor se enfrentó a él lanzándole a la cara que amaba a otro hombre, quien al son de su cálida risa había ido a contarle todas aquellas cosas que él deseaba haber hecho con ella¿Qué era lo que había hecho mal? Enredó sus brazos y manos alrededor de la esencia dañina de ella, no le importaba el dolor, ni que el brillo se hubiera apagado o si el perfume de su flor se había contaminado, si ambos caían en la eterna penumbra agonizante llena de tormentos por siempre, el mundo ya no importaba.
Ella jadeó al verse de pronto boca arriba con Severus sobre de ella, con las manos de él tocándola con miedo, casi con reverencia. Cerró los ojos en una profunda inspiración, los labios de Snape eran impasibles, delicados, demasiado miedosos, el toque de él era helado, caballeroso, gentil pero flemático. Su beso era intenso, pero no pasional, su deseo era un copo de nieve suspendido en el tiempo.
Desde aquellas oscuras tinieblas, con aquella petición tan cruel pero dulce que satisfizo con todo su corazón, pudo ver el mundo con diferentes colores, su alma se elevó al cielo para tocar el borde, dándole la sensación de ser algo verdaderamente bueno.
Lily abrazó a Snape sintiendo el laxo cuerpo de su amigo, le agarró como si no tuviera a nadie más en este mundo, como si fuera su último aliento. Severus escondió su rostro en el cuello de Lily, ella pasó sus uñas por el rostro de su amigo, acariciándole lentamente.
—Sev. —Snape levantó su rostro para verle de frente—. Hazme el amor.
Con el rompimiento de Lily y James el ambiente se relajó un poco, los chicos parecían volver a su rutina normal; excepto por James quien tenía un humor taciturno, apático y a veces mal humorado, uno lo veía en sus clases prestando atención, pasando mayor tiempo con sus amigos, casi se podía decir que actuaba de forma normal, excepto porque James Potter no era un ser que se limitara a estudiar, compartir agradables ratos con sus amigos y nada más. Él era el Dios supremo de Hogwarts, un muchacho rebosante de energía que iba de aquí para allá haciendo desastre y medio, así como bromas al por mayor. James podía actuar, hasta reír, pero estaba muy lejos de estar feliz.
Sirius se había preocupado por él desde el momento en que Lily había abandonado la estancia a una velocidad vertiginosa, Sirius suspiró porque significaba que estaba enojada con James pues le negó un capricho, para pronto sabía que la idea de un hijo había sido desecha por el sensato de su amigo; le concedía demasiadas virtudes, pero era su hermano ¿qué más daba? Nadie se esperaba que en realidad lo que había sucedido era que habían terminado y por lo que se veía en muy malas condiciones.
Todos pensaron que James comenzaría a despotricar lo que había sucedido en aquella estancia, sin embargo el chico se limitó a comentar que se sentía muy cansado. Al día siguiente en medio de: "me pasas el pan, Peter" y "Quiero más jugo de calabaza, no te lo vayas a terminar, Torrence" soltó un: Lily y yo hemos terminado.
El silencio se hizo en el lugar, el comedor mismo pareció bajar los decibeles para tratar de asimilar lo que el joven había dicho, hasta sonaba a chiste o broma de mal gusto. Torrence fue la primera en reaccionar, jaló aire ruidosamente por la boca y movió los labios, pero James se levantó de la mesa excusándose de que tenía que poner unos avisos para el equipo de quidditch.
Remus fue quien contuvo al grupo de acribillar al pobre muchacho de preguntas incómodas, dejando en claro que estaba pasando por una etapa muy difícil y que no toleraría ninguna intromisión en su vida. Sirius supo que eso lo decía por las chicas y no por los chicos. Aunque Remus se la vivía impidiendo que Sirius iniciara una conversación sobre ello. "El mensaje es muy claro, Padfoot, no quiere pensar en ello, hablará con nosotros cuando se sienta preparado."
Sirius había estado al pendiente de la vida de James, tras la declaración de separación en el desayuno el chico se había puesto a estudiar, crear estrategias de quidditch (aunque el equipo estuviera doscientos puntos por arriba de su rival más cercano en la tabla), inclusive se había aparecido a varias reuniones de Prefectos y Premios Anuales acompañado por Remus, a ninguno del grupo de ñoños insufribles (como le llamaba Sirius) le había agradado la aparición del chico de la nada, pero uno nunca rechaza a un merodeador. Así que James se había envuelto con ellos en varios proyectos (inútiles, sin sentido y para ratones de biblioteca, según las palabras de Sirius). Si no estaba estudiando en su cuarto, estaba en el campo de quidditch; donde se había ofrecido a ayudar al equipo de Hufflepuff para que no quedara debajo de Slytherin, inclusive había dicho que había posibilidades para que rebasarán a los Ravenclaw (los segundos en la tabla, naturalmente Gryffindor encabezaba la lista). Hasta se había puesto a dar tutorías a unos chicos de quinto grado en transformaciones.
Eso de no pensar en Lily se lo había tomado muy en serio, porque se llenaba de labores hasta decir basta, se levantaba temprano y se iba a dormir muy tarde, siempre con la mente en todo menos en la pelirroja.
Lily ayudaba a esa condición, no se acercaba a James, inclusive no entraba en la misma habitación que él; labor muy difícil si contaban que asistían casi a las mismas clases, aunque la pelirroja a veces asistía a clases, la mayor parte del tiempo no.
En uno de esos días, James había llegado al cuarto de los merodeadores con un labio hinchado, los nudillos sangrando, raspones por varias partes del cuerpo y su ropa desgarrada, lucía como si se hubiera puesto a jugar luchitas con el Sauce Boxeador. Sirius abrió la boca para decir algo, pero el chico se limitó a decir: —Me encontré con Snape.
James ahora lucía como el estudiante modelo, el amigo indispensable, el compañero de clase accesible, pero no era James.
—Vamos a Hogsmeade —propuso Sirius repentinamente.
James estaba haciendo el ensayo para Encantamientos que tenía que entregarse dentro de tres semanas. —Estoy ocupado, Sirius. Remus me habías hablado de tres libros sobre la teoría de los encantamientos para hacer inmarcables los lugares. ¿Dónde están, los tienes a la mano?
—Sólo dos de ellos —dijo Remus, sacando de su montón de libros que siempre tenía entre la pared y su cómoda, dos libros muy gruesos—. Aunque podrías hablar con Helena.
—¿La perfecta de sexto año de Hufflepuff?
—Sabe mucho sobre eso, al parecer su padre está trabajando en un nuevo encantamiento que va a conjugar el ser inmarcable con el encantamiento fidelio.
—Suena prometedor —murmuró James, sin quitar la vista de su pergamino—, no he hablado con ella, creo que me tiene manía.
Remus rió. —Le gustas, James.
—El tercer libro ¿dónde lo encuentro? Sé que estaba en la sección avanzada de encantamientos, aunque hace poco leí uno muy interesante era de Bob Carruthers decía que si al dejar caer la mano un poco a la hora de realizar los encantamientos desilusionadores lograbas un efecto más realista y no se notaba tanto tu camuflaje.
—Así que a una prefecta le gusta nuestro, Jimmy, no sé, las ñoñas nunca te han ido —comentó Sirius a forma de guasa.
—Estuve pensando en el ensayo de posiciones, me estaba preguntando, es una teoría un poco descabellada, Remus. Pero si le agregamos un poco de gusamoco a la poción…
—¿Por qué no vamos a las tres escobas, James? Podemos discutir allá los ingredientes, hasta podemos hacer una prueba con los Slytherin. —Sirius creyó que el mundo se había vuelto loco¿Remus proponiendo una cosa como aquella?
—No gracias, necesito escribir sobre transformaciones, quiero impresionar a McGonagall, ya escuchaste la otra clase: "Siga así señor Potter y llegará a ser un genio" —James rió—, ya soy todo un genio, Mine. Creo que incluiré una descripción detallada de lo que puedes lograr si al momento de girara la varita hacia la derecha al transformar un pedazo de metal en un mueble, piensas en diversas cosas, el acabado y la decoración varían.
Remus negó con la cabeza, el antiguo James no se preocuparía por esas cosas, estaría encantando parloteando con Sirius, sobre las cervezas de mantequilla que se tomarían al llegar a Hogsmeade.
—James, no crees que…
La puerta se abrió de golpe, por ella entró Peter corriendo velozmente. —¡Pelea!
Remus se levantó de la cama en su actitud pasiva de prefecto que hace siempre lo correcto. —¿Acaso los jóvenes de tercero no aprendieron la lección? Supongo, tendré que ponerlos un par de días con Filch.
—No seas tan malo, Moony, la chica estaba muy maja.
El licántropo bufó sonoramente.
—¡No son los chicos de tercero!
—¿Entonces? —preguntó Remus con un tono en exceso despreocupado.
—¡Son las chicas!
Sirius y Remus se miraron a los ojos, Remus comenzó a avanzar velozmente hacia Peter, dio media vuelta para ver a Sirius volverse a echar en su cama, mientras James mantenía su vista clavada en un libro sobre herbología.
—¿No van a bajar?
Sirius negó con la cabeza, James se hizo el que no le escuchó. —¿Para qué? Para luego discutir entre nosotros, además ¿Qué tan grave es? La última vez sólo se insultaron.
Remus miró el suelo, tenían razón Sirius, se volvió a sentar en su cama, mejor persuadiría a James para que los acompañara a Hogsmeade.
—¿Ahora que se dicen? —le cuestionó Remus.
—Pues —dijo Peter—, Lily le lanzó una pila de libros a Sundory y esta le aventó una silla, fue culpa de Sundory —se apresuró a añadir—, insultó a Vera sin razón. Todo inició cuando Lily entró a la sala común ella iba a subir al dormitorio en silencio, pero Vera se le acercó, le dirigió un par de palabras y Lily le contestó; no era nada malo, ambas se rieron como si fuera un chiste. Fue cuando Sundory insultó a Vera, entonces se hicieron de las varitas. Creo que es grave, quiero decir ¿Cuántas personas salen ilesas cuando les avientan un sillón grande?
Todos se pusieron de pie excepto James quien siguió con el libro entre sus manos, en la misma página que antes.
—¡Vamos, James! —le gritó Sirius, pero el chico seguía en su lugar—, no seas tonto, quieres saber si está bien.
—¿Tienes libros de pociones por aquí, Remus?
Sirius tomó a James por un brazo y le obligó a caminar con él. James no dijo nada pero tampoco se atrevió a mirar a su amigo. Para cuando llegaron Vera y Torrence estaban pegadas a la puerta del dormitorio, escuchando lo que sucedía afuera, cuchicheando entre ellas.
—Abran paso —les ordenó Sirius.
Las jóvenes se volvieron hacia ellos con cierta inquietud. —No creo que quieras estar ahí, es muy peligroso.
Sirius echó aire por la nariz. —Yo decido si es peligroso o no ¡hazte a un lado!
—¡Inténtalo, Black! —Vera le apuntó con su varita firmemente, un movimiento y la chica le atacaría.
—Bajemos esos ánimos, por favor, Vera —intervino Remus—, se están peleando allá afuera, no creo que quieras.
—No sabes de lo que hablas, Lupin.
Aquella noche también iba para largo.
—Mira no voy a estar gastando mi tiempo…—comenzó a decir Sirius.
—¡Cállense que no me dejan escuchar! —les ordenó Torrence.
—¿Qué dicen?
Torrence le hizo una seña a Vera para que se callara. —Hablaban sobre Mia. —Vera frunció el ceño, Sirius iba a protestar algo pero Remus le jaló y le obligó a callar, cualquier cosa podría servirles a ellos también.
No sé podía escuchar mucho de lo que Lily y Sundory se decían, sobre todo de Sundory quien tenía una voz muy baja, pero si se podía escuchar que la pelea entre ambas era lo suficientemente fuerte para llegar a estar lanzándose cosas con la varita.
Peter se colocó entre amabas jóvenes, agudizando el oído, Vera tomó al chico por el hombro pero Torrence le detuvo.
—Están hablando sobre Alexander, Sundory cree que Lily tiene la culpa, ella estaba con él el día de su muerte. —Peter frunció el ceño—. Sundory acababa de decirle a Lily que es una asesina, Evans está llorando, Sundory es muy cruel. No entiendo que dice Evans, sus palabras se entremezclan con sollozos. Se están gritando la una a la otra, cosas sin sentido. No sé que dice Evans, pero es sobre Alexander, Sundory le está llamando mentirosa, Lily se defiende, de nuevo se están vociferando pero no entiendo sus gritos.
Todos estaban pendientes de la voz de Peter, sin embargo era bastante extraño el no poder escuchar la conversación completa, bastaba con abrir la puerta.
—Hablan sobre algo de Sundory, ella no sé que hizo, creo que engañó a alguien.
Torrence se pegó a la puerta, por su rostro estaba entendiendo más de lo que Peter podía agarrar de la conversación. —¡PUTA! Voy a sacarle los ojos con mis propias manos. —Torrence golpeó la puerta con ambos puños.
—¡Espera, no lo hagas, TORRENCE! —gritó desesperadamente Vera, al ver a su amiga salir del lugar y correr a enfrentarse con la verdad.
Todos corrieron detrás de Torrence quien se abalanzó sobre Sundory, la chica de ojos lilas bramó algo extraño, movió su varita y Lily salió despedida hacia el retrato de la señora gorda.
—¡Nunca creí que fueras realmente capaz! —exclamó Torrence olvidándose de todas aquellas reglas extrañas entre ellas, de que alguien más escuchaba la conversación y que no era el lugar más adecuado para hablarlo.
Sundory no dijo nada se limitó a dejar que Torrence le agarrara por el cuello de la túnica, su pelea inconclusa con Lily, le tenía más preocupación que el súbito enojo de Torrence. —Cualquier cosa tendrá que ser dicha después —contestó con la impasibilidad más desquiciante del planeta.
—¡Mírame!
—Si quieres pelea con ella, has fila, que yo llegue primero.
Torrence le lanzó una mirada llena de rencor a Lily. —Me importa un pito…
Sundory se deshizo de las manos de Torrence. —No voy a atenderte, Torrence, vocifera todo lo que desees.
Es decir que a Sundory le importaba un esparrago lo que Torrence hiciera, estaba más concentrada en pelearse a lo: "yo te sé algo" con Lily, porque esas dos siempre daban unos rodeos impresionantes o quizás sus cerebros eran tan veloces que podía armarse pláticas tan poéticas en las que sólo ellas se entendía con su entrañable lenguaje inefable.
—No es como si tu estuvieras limpia de todo pecado —dijo Sundory—, hablas de que soy hipócrita de que traicione ¿Y qué hay de ti?
—Tú fuiste la causa, yo sólo tome partido. ¿Por qué debía ser el tuyo, cuando fuiste tú quien nos dejaste?
Peter se estaba comenzando cansar de todo esto, era un ridículo e interminable círculo vicioso de: me dijiste, te dije, nos dijimos y la realidad adquiría una caris en exceso surrealista.
Lily siempre era la que hablaba, la que lanzaba el anzuelo, la mala del cuento, Sundory siempre le escuchaba tranquila, ella era evasiva, la buenita de la historia y hasta simpaticona. Ambas interpretaban su papel a la perfección, al menos eso pensaba Peter.
—Estoy cansada de ti, voy a ponerle fin a este asunto.
—¿Ahora o te doy tiempo que componer un epitafio?
Sundory bufa sonoramente, no está para las respuestas de Lily.
—Esto Tiene que doler. —Aquello no era una duda, ni siquiera una promesa, era una afirmación.
Lily se extiende de brazos. —Ya nada me duele. —Eso tampoco era una duda, ni una promesa, ni siquiera era una afirmación, era un triste lamento que desgarraba a la razón.
Sundory ríe nadie sabe si de cinismo o nerviosismo, con ella la verdad es que nunca se sabía nada. Sólo se sabe que es muy cruel a su manera, Lily se acerca a ella, se miran, se retan, es cuando todo se vuelve un mal acertijo pues uno siempre se preguntará ¿quién ha sido el malo?
Sundory alza su varita de forma determinante, Lily le sigue mirando con unos ojos hundidos, ojerosos y apagados, la pelirroja se acerca a la punta de la varita de Sundory, esta saca chispas pero Lily no se amedrenta. —Ten el coraje que nunca has tenido —le provoca, Remus piensa que ella está completamente fuera de tus cabales pues se entrega por completo de una forma aterrante; porque Evans no huye, ni siquiera esquiva, aunque su cuerpo esté tan débil, ella se pone en pie y pide que le hagan más daño.
Naturalmente Sundory se enfurece, su varita saca chispas que queman, pero Evans no retrocede, ni se inmuta cuando algunas tocan su piel, en verdad no siente. Se vuelven a mirar, Sundory es quien respira hondamente, titubea, desde la posición, la firma de alzar su varita, hasta su cabello mal acomodado, es la nota clara de no querer hacerlo. Es como si le estuviera pidiendo a Lily que se detuviera, que no le obligara.
—¡Cobarde!
Cala, el mote en verdad cala en las entrañas de Sundory y la punta de su varita se enciende, todas saben si toca con ella a Lily, la varita la lastimará. Vera da un paso hacia delante de forma ruidosa, Sundory parpadea y es Evans quien se clava la varita en hombro, es la mano de la propia Evans quien ha llevado a hacerle semejante herida.
El olor a carne quemada aparece al instante, debe doler, Lilian debería gritar, retorcerse del dolor pero no hace ni un solo gesto, es Sundory quien no aguanta, quien no soporta, es ella la que grita. La chica de cabello negro intenta quitar la varita del lugar lastimado pero Evans sujeta con fuerza la varita, inclusive la baja sobre piel, marcando un negra línea vertical. Es Sundory la que se retuerce, es la quien pierde la cordura, alza la mano y golpea a Lily.
La varita de Sundory rodó por el suelo perdiéndose en la sala común, Evans sigue de pie, con el rostro vuelto hacia las paredes, con su túnica mal acomodada, una herida en el pecho sangrante, y ni un maldito gesto que hiciera real aquel autoflagelo.
—¿Eso es todo?
Nadie puede creerlo, nadie puede entenderlo, Sundory se lleva las manos a la cabeza antes de abalanzarse sobre Lily, la toma por el cuello de la blusa y la abofetea; una, dos, tres, cuatro, cinco veces pero la pelirroja no chilla, no se queja, no habla.
Evans empuja a Sundory, no se toca el rostro, se limita a reacomodarse —o al menos intentar—, limpiar su blusa. Cuando vuelve su atención a Sundory, sus ojos no reflejan nada, ni odio, ni rencor, ni enojo, ni siquiera tristeza, vacíos, su mirada está cargada de un autentico vacío.
—Hazlo de verdad, Sundory, siente lo que estás haciendo, porque no me has hecho nada. —Remus intentó detener a Sundory, pero llegó demasiado tarde, la chica ya estaba lastimando a Evans con sus propias manos, lo único que pudo hacer fue tomar a Sundory por la cintura, pero eso no evitó que la chica pateara a su compañera y esta se fuera a dar de bruces con una silla.
—¡Traten de usar la cabeza para arreglar sus asuntos! La violencia no sirve nada —habló el chico alterado.
—¡Te lo mereces! —gritó Sundory, aunque todo el mundo sospecho que trataba de converse más a sí misma.
Lily se puso de pie. —¿Sí¡Pues de muéstralo, Sundory! Si lo merezco ¡Entonces hazme daño! Pruébame que es verdad —La joven alzó una de sus manos y la dejó caer pesadamente sobre la mesa, el golpe debió de haber sido muy duro, Evans debió doblarse del dolor, Sirius lo hizo, pero sólo alzo el brazo lastimado con la muñeca en una posición muy rara. —Muéstrame que es real. —Alzó la otra mano y golpeó la pared con fuerza, Peter juraba que se rompía el brazo.
—¡Detente, Evans! —le pidió Remus.
—Para personas como tú, nunca será real —aseveró Sundory.
La cara de Lily se contorsionó levemente. —¡Ódiame¡Ódiame¡Ódiame!
—¡YA BASTA! —gritó Vera rasposamente—. Por favor, ya dejen de hacerse daño. —Las lágrimas que salían de ella eran abundantes, sinceras, demasiado tristes.
Remus llevó a Sundory hasta Sirius para que el chico controlara de ella. Lily trataba de fijar su vista en Vera, como si no supiera quién era, hasta parecía que no la distinguía de entre la pared y los muebles.
Peter agarró a Torrence por los hombros, no quería que ella iniciara una nueva discusión, menos si tenía la probabilidad de terminar como la pelea entre Sundory y Lily. Remus avanzó hacia Evans, pero esta ya caminaba hacia el dormitorio de las chicas, con la vista puesta en el suelo, tarareando una canción y con un andar poco estable.
—¿Te encuentras bien, Sundory? —la voz de James resonó por todo el lugar. Remus se volvió hacia su amigo¿acaso no veía que Lily estaba en peores condiciones?
—Evans tienes que ir a la enfermería. —Remus la tomó por uno de los brazos, pero de inmediato la soltó, estaba helada, temblaba violentamente, era la primera vez que sentía más el hueso que la carne—. Estás en un mal estado, Pomfrey podrá ayudarte.
Ella le hizo un gesto de fastidio. —¿Y eso a ti que te importa? No seas el compañero modelo, Black, ya tienes lo que querías, déjame irme en paz.
Remus fue quien se llevó las manos a la boca. ¡Estaban a dos pasos de distancia, dos malditos pasos! Él no se parecía a Sirius, ni siquiera James con lo topo que era los confundía a veinte metros de distancia.
—Por favor, Lily ¡Yo te lo ruego! Vamos a la enfermería.
—No me molestes. —Remus vio que Evans se esforzaba por enfocar a la persona que le había hablado, pero sus ojos se perdían en algún punto distante. Ella continuó subiendo por las escaleras, su andar se parecía más al de una vieja anciana, en vez del de una jovencita de diecisiete años, con el cabello todo desordenado, su ropa mal puesta, hasta la canción que tarareaba tenía un toque añejo.
Remus se volvió hacia los chicos, miró a James en un intento desesperado para detener a Lily de seguir en semejante estado. El chico observaba el suelo con poco interés, se retuerce las manos algo está matando a James, alguna travesura no contada.
—No vayas, Remus —le contiene Sundory.
Remus se vuelve hacia la chica¿acaso no le importa Evans? Torrence se le adelanta plantándose delante de Sundory, quien alza una ceja en signo de incredulidad.
—¿Por qué?
Sundory se encoge de hombros, se sacude la túnica como si nada le importara. —Esa es una pregunta que debes responder tú, Torrence.
—Nunca creí en sus palabras, pero ahora…
—Tú nunca has creído en ninguna de nosotras, Torrence. Deja de estar brincando de bando en bando, toma uno. —La joven hizo un gesto de desdén tremendo y aburrimiento—. Al menos Lilian sabe plantarse y decir las cosas de frente.
Remus sentía que sus ojos se iban a salir de su lugar, la había abofeteado, por Morgana y toda su corte que ese golpe había dolido hasta la médula espinal, había sido duro, fuerte, violento y sin embargo muy bien merecido.
—No me enjuicies cuando tú haces lo mismo.
Sirius no pudo aguantar y comenzó a partirse de la risa, Sundory le miró perpleja, se encontraba atónita ante la reacción de él.
—¡VÁYANSE AL INFIERNO TODOS USTEDES, ESTOY CANSADA DE SUS IDIOTECES! —Peter nunca pensó que iba a vivir el momento en que Sundory, alzara de forma tan violenta la voz.
—Para Moony, o me vas a marear.
Remus se sentó en su cama no habría paz hasta que las cosas terminaran y como pintaba, la cosa iba a ir para largo. Los últimos días no habían sido en los absoluto placenteros, cada quien había estado maquinando por su lado.
—Estaba pensando…
—Pues deja de pensar, hombre, que no te iría mal. Busquemos un buen polvo, hace mucho que no lo hacemos.
Remus puso los ojos en blanco, Sirius Black era único. —Tienes novia, Sirius, más respeto.
—Como si ella lo tuviera por mí, además con esa última declaración creo que hemos terminado, total comenzaba a aburrirme.
—Sirius.
—Hombre pues, iré sólo por el buen polvo, hace mucho tiempo que extrañaba magrearme en un aula o cubículo de escobas, Merlín que tal vez me busque unos dos polvos.
—¿En verdad no te afecta esto?
—¡Eh, cuatro lámparas! Vienes para desempolvar esos encántanos, debes estar oxidado, viejo.
James estaba tirado en su cama, haciendo como que leía un libro aunque tenía tiempo de no pasar de la misma página. Se arrebujó en su lugar al escuchar a Sirius, hizo como que veía su reloj de pulsera. —Tengo cita con los Hufflepuffs en quince minutos, quiero terminar de hacer mi ensayo de encantamientos.
—No seas teto, Jimmy, venga esos ánimos que nos vamos de parranda. —Sirius no esperó a tener el permiso de James para tomarle por el brazo y sacarlo de la cama, aunque éste se resistía un poco—, no pongas esa cara de blandengue, Peter, hoy nos olvidamos de todo.
Remus suspiró, le tocaba intervenir, se puso de pie con gran lentitud. —No creo que sea el momento, Sirius.
—Para ti nunca es el momento, Monny, verdad, James.
El joven aún forcejeaba con Sirius para volver a su cama. —Creo que Remus tiene razón, déjame volver a…
—¡James! No puedes estar deprimido toda la vida.
El chico paró cualquier intento de huida para dejarse caer sobre el suelo de rodillas. —Lárgate —con aquella contestación, James se arrastró por el suelo para volverse a echar en la cama como un león herido, golpeó la cama con sus puños y enterró su rostro en las mullidas almohadas de su cama. Sirius se miró las manos bastante apenado.
Remus le dirigió una mirada reprobatoria a Sirius antes de sentarse en la cama de James. —Está bien, James.
—No, no lo está —murmuró el joven aún con la cara vuelta en las almohadas—. Todo está jodidamente mal.
El licántropo le puso una mano en la espalda. —Así se ve al principio pero al final…
—¡No, Remus! —Se volvió para encarar a su amigo, quien retrocedió un poco—. No me digas que lo olvide, no me pidas que haga eso. —Su rostro reflejaba su pena y sus ojos cristalinos mantenían aquellas lágrimas que no podían salir—. ¡No Puedo! —James dejó caer su cabeza, así como sus hombros completamente abatido—. No quiero.
James le dio la espalda a Remus y se acostó, llevándose las manos a los ojos, provocando que sus gafas resbalaran por las sábanas hasta caer debajo de su cama.
Sirius tomó los lentes del suelo, aunque se detuvo en medio del acto, algo había llamado su atención. — ¿Qué es esto?
James alzó la vista, de inmediato le arrebató a Sirius lo que tenía éntrelas manos. Envolvió el objeto en sus manos. —Se iba a llamar Harry, Harry James Potter —susurró—, no decidíamos aún el nombre si era niña.
Los chicos se sintieron bastante incómodos, no era algo que deseaban escuchar, sin embargo James tenía la necesidad de soltar todo lo de adentro de su corazón. El joven abrió sus manos para dejar ver un patuco amarillo de estambre, tenía un moñito blanco como adorno. —Ella lo tejió —rió—, pasó dos días haciéndolo, debía quedar perfecto, yo le puse el moñito —terminó orgulloso el joven.
¿Qué podían decirle? Te quedó chulísimo, James, esta súper chupis guay. Sería una ofensa, mejor le mentaban la madre y serían más diplomáticos.
—¿En verdad querías un hijo? —preguntó Peter bastante apenado.
James alzó la vista hacia el más pequeño del grupo. —Sí, Peter, sí lo quería. —Las lágrimas se derramaron con una facilidad absurda, el chico peleó, luchó por controlar sus emociones pero era inevitable, no podía contener los restos de aquellas ilusiones rotas, no tenía la fuerza para frenar al mundo de cristal que se deshacía.
Sirius se puso muy nervioso, ciertamente en sus planes no habían contemplado los sentimientos de James, pero ¿habían hecho lo correcto, no? Habían puesto freno a una locura sin pies ni cabeza, eso ¿estaba bien?
Sirius se sentó cerca de James, de lado opuesto a Remus. —Yo…James.
—Está bien, tenías la razón, Sirius —habló James, sin atreverse a mirar a ninguno de sus amigos, le avergonzaba el haberse desecho de aquella forma, frente a todo ellos, después de todo, seguía teniendo un orgullo de macho, algo pisoteado y maltrecho, pero aún lo conservaba—. No era la forma correcta, además…además… —Pero su mente aún estaba demasiado turbada por las últimas palabras que cruzó con Lilian para poder repetirlas, la herida aún sangraba abundantemente. —No quiero hablar más de esto, por favor.
Su amigo se tumbó sobre la cama abatido, cansado, ofuscado, parecía ser un hombre de setenta años. —James —susurró Remus—, tienes que ayudar a Lily.
A Sirius quiso darle un paro cardiaco ¿Pero qué cosas estaba diciendo Remus? Ayudar a Evans, coño, James no podía con eso, más tiempo cerca de esa mujer sólo lo mataría.
—Escúchame, James, ella no está bien.
—Eso todo el mundo lo sabe, Remus —replicó Sirius fríamente—, no hay nada que se pueda hacer.
—Eres al único al que le hará caso, ella sólo te escucha a ti.
James no respondió, ni siquiera se movió.
—Tenemos que ayudarle.
—Remus por favor, ponte de un lado o la desprecias o le amas, no juegues a los dos bandos —bramó James—. De cualquier forma, no puedo hacer nada, ya lo he intentado.
—Esto va muy en serio, James —terció Remus—, sólo…sólo mírame por Merlín. No me parezco a Sirius, no estaba lejos de mí¿acaso no le viste? Su vista muy dañada, ella tiene algo.
James bufó. —¿Y? ahogado el niño a tapar el pozo, comienzas a parecerte a Sundory.
—James…
—¡Todo este maldito tiempo les he pedido su apoyo para ayudar a Lily! —exclamó el chico firmemente—. Siempre les había dicho que ella tenía algo, que me ayudaran a pensar, a meditar sobre cómo lograr sacarla de ese estado ¿y que he recibido como respuesta, Remus? Ahora te sientes culpable, quieres ayudarle¡Bien¡Inténtalo¡Ve y busca ayuda de su fabuloso amiguito Snape o invoca a Fontela!
El silencio se hizo en el lugar, ambos nombres era un tabú enorme en la vida de los merodeadores, Snape, Fontela, no eran palabras que debían ponerse junto a Lily, en ningún sentido.
—¿Lo cuentas o lo adivino? —preguntó Remus.
James farfulló un par de cosas que el chico interpretó como un: haz lo que quieras Lupin que de mí no sale ninguna otra información. —Cada chango a su mecate ¿no?
—Cualquier cosa que haya dicho, probablemente lo dijo llena de furia, nada agradable.
James se llevó las manos a la cabeza. —¡Por Puto Amor a Circe, Déjame en PAZ!
Vale ahora si había cabreado al chico.
—Yo creo que Evans se puede ir mucho a la mierda —sinceró Sirius—. Su vida a nosotros, no nos interesa.
James se levantó de la cama, las palabras de Sirius le habían perturbado demasiado, todos notaron que intentaba decirles algo, sólo que no sabía cómo hacerlo o que decir primero, finalmente se volvió hacia Remus y con tranquilidad dijo:
—Dame un respiro ¿quieres?
—¡James! —clamó Sirius enojado levantándose de la cama de James—. Tienes que estar bromeando, en verdad ya basta de jugar al tonto con Evans.
—¿Tú que sabes de ella, Sirius? No le conoces.
—No necesito hacerlo para saber que está demente.
—¡Le estás juzgando de la misma manera que tus familiares a ti! —Sirius dio unos cuantos pasos hacia atrás—. No quiero pensar en eso, no hoy, no mañana¡Denme tiempo! Con un puto carajo, me interesé por una chica por primera vez, la cosa va del culo y mis amigos sólo vienen a incordiarme. Si te sientes culpable Lupin ten pantalones y ayúdala tú, si no la tragas Sirius entonces da argumentos más razonables, no hables al tanteo. Ahora largaos todos de mi cama que quiero descansar.
—El cuatro ojos tiene su carácter —murmuró Sirius, al ver como echaba James a Peter y le cerraba los doseles en la cara.
Sirius bufó al ver a Remus volverse a pasear por el cuarto con una mano en la barbilla muy metido en sus propias cavilaciones.
—¡Parad de una puñetera vez, me tienes cansado con tus vaivenes que no sirven más que para espabilar un poco las piernas y las musarañas!
Remus miró de mala gana a Sirius, pero ya sabía que Black, no es sinónimo de paciencia precisamente.
—¿Qué os habéis imaginado, Moony? —preguntó Peter quien estaba sentado en el suelo cerca de su baúl, como un niño de cinco años que espera escuchar una linda historia.
—Lily le dijo algo muy perturbador a James, que involucra o a Snape o a Fontela, tal vez ambos. —Sirius alzó una ceja, por parte de la pelirroja ya se esperaba todo—. Pero eso no es lo importante en este momento ¿verdad?
—Creí que el de la campaña: Salvemos a Lily, eras tú.
—No seas idiota, Sirius —masculló el chico—. Eso es aparte, me refiero a las chicas.
—¿Ahora Evans cambió de sexo?
Ese día no era bueno para los chistecitos de Sirius Black.
—Me refiero a las demás.
—Ahora caigo en la cuenta, Evans es: Lily, la pelirroja, Evans, la chica de James, la novia de Prongs, la pareja del cuatro ojos y las demás son: las chicas, las otras. Eso debe fastidiar un poco.
Remus iba a hacerle callar a Sirius, pero lo que había dicho tenía algo de lógica, era verdad todo el mundo trataba las cosas de: lo que Lily piensa y lo que las del montón piensan. —No sé porque es así, Sirius. Quizás porque ella se destaca sobre las demás, pero no íbamos por ese lado, te estás desviando.
Sirius hizo una mueca bastante desagradable. —No jodas, Remus.
—Estas en un modo poco agradable, Sirius, no te sentó nada bien el hecho de que fuera Sundory quien te mandara a volar¿verdad?
—No me importa —afirmó el chico—, puede hacer de su vida lo que se le dé la gana, ahora entiendo porque Evans se ponía así de pesada con ella. ¡Mira lo que me has hecho decir!
—Yo no le tengo rencor a Evans. James no tira por ese lado ¿sabes, Sirius?
Sirius pateó el suelo. —Lo que me faltaba, un licántropo con ganas de hacerle al payaso.
Remus rió. —Estoy pensando en si actuar o esperar.
—Por mi tú puedes esperar a que el inferno se congele, Remus —bramó Sirius fuera de sí—¡Ya estoy hasta la madre de tanta mierda!
No estaba bromeando, tampoco lo había dicho al instante, por el contrario, tenía mucho tiempo pensándolo.
—¿Ya no te importan, Sirius? —intervino Peter.
El aludido se cruzó de brazos. —Estoy harto, es todo. Miren fue guay el tener algo diferente en nuestras vidas, sigo pensando que son chicas…entretenidas, fueron como un respiro a tanta idiotez anterior, pero ya me canse de su estúpido círculo vicioso. Seamos sinceros nunca vamos a lograr que hablen con la verdad, y yo ya no tengo ganas de saber lo que sucede, no quiero. —Sirius respiró profundamente, se rascó la nunca lentamente—. Entiendo eso de no pedir algo que no se puede dar, pero al mismo tiempo, Remus, no puedo confiar en ellas, con ver cómo se comportan entre ellas me deja muy en claro lo arriesgado que es dejar un secreto en sus manos. En verdad he tratado de darles espacio, tiempo para cualquier cosa pero ya no puedo, siento que si continuó con esto, terminaré perdiendo el horizonte de mi propio mundo. No quiero perderme a mí mismo.
Abrió la boca mientras su cuerpo se retorcía, agonía le abrazó gentilmente antes de penetrarla con sus hirientes dedos, la carne se rompía con una facilidad desquiciante, trató de gritar pero su voz se esfumó en la nada. Dio media vuelta en el fango, la podredumbre se impregnaba en cada parte de su cuerpo, el fango se internaba por sus partes más intimas, el dolor se apoderaba de todo su ser.
Jaló aire por la nariz pero este no entró, se bloqueó a medio camino, volvió a inhalar con más fuerza pero nada llegó, parpadeó con desesperación, intentó suplir la boca por la nariz. Sus manos se clavaron al suelo, se enterraron en la dureza de este y sus uñas la desgarraron, demencia adentraba sus rasposos tentáculos dentro de su garganta impidiendo el paso del aire, murciélagos que se transmutaban en babosas pendían del techo, se estaban riendo de lo que acontecía. El aire, el aire no le llegaba necesitaba de aire, todo comenzaba a dar vueltas; bailaba era lo único que sabía hacer, se sentía bien, se sentía libre, se sentía vacía. Cayó en el más helado suelo, desde ahí contemplaba a la luz azul ir y venir de aquí para allá, era hermosa, era divina, era inalcanzable.
Atada por todos lados, silenciada para siempre, azotó su cabeza contra la superficie quería dejar de pensar, quería dejar de recordar, quería que su interior estallara, así la historia que había escrito se esparciría por todo el universo, flotaría eternamente y nunca nadie más se acordaría de ella, no volvería a existir, dejaría de vivir.
Las animas le acariciaba, los ojos de éstas lloraban por ella, trató de devolverles el favor pero sus labios cortados estaban, dos manos cernieron en la cuenca de sus ojos, dolía un poco, lo último que vieron sus ojos fue el color rojo intenso de su propia sangre. Termina por favorle rogó a su ejecutor se cruel, se suave, se mi último amante. Y lo fue, la desmembró con una sutileza etérea, destruyó uno a uno sus miembros primero rompiendo aquí, luego machando acá, haciéndole sentir cada una de las agonías; lenta de forma suave, como se le hace el amor a la primera ilusión.
—Arriba, Mary Anne.
No sabía en donde se encontraba, odiaba a quien le había salvado del ángel de la muerte, quería volver con él, deseaba no volver a poner un pie en esta tierra.
—Lily, ya es hora de comenzar el día, Mary Love te ayudará a ponerte en pie.
Que importa si era de noche o de día, para ella oscuro siempre sería.
—No deberías volver a tomar una dosis como la de anoche, pude que no la cuentes la próxima vez.
Tenía tan mala suerte, el día de hoy ya no se hubiera levantado. ¿Cuánto tiempo más su cuerpo se negaría a soltar su alma?
—¡Ey¿Estás bien?
—Claro¿acaso no me vez? —su voz era casi como un susurró, como su alma pendía de un diminuto hilo.
—Mary Sea…emh, hola Lily ¿qué tal la noche, muy mal? Deberías tomarte una ducha, ir a clases y no volver a hacer travesuras dentro de una semana.
—No más travesuras¿ah? —la chica negó con la lengua—. Eso jamás.
Las jóvenes que le acompañaban rieron.
—Muy buena, Mary Anne, pero nos agrada tu compañía, por cierto deberías dejar de inyectarte se te están poniendo muy feos los brazos, además podrías pasarte por la enfermería para revisarte esa muñeca el golpe que te diste se está poniendo un poco malito ¿no crees? Y el otro también.
—¿Crees? —dijo haciendo como si estuviera viendo con ojos clínico la zona hinchada—. Creo que se ve, ligeramente raro.
Las tres rieron, los brazos de Lily tenían muchas marcas notoriamente terribles, no se necesitaba ser médico para saber que necesitaba con urgencia ayuda para ello.
—En serió, tomate un descanso.
Ella asintió con la cabeza, un eterno descanso eso era lo que necesitaba. Salió del cuarto bamboleándose de un lado a otro, la luz y la oscuridad bailaban con ella, el viento entonaba una canción sólo para ella, la naturaleza le llamaba. Se vio a sí misma de pequeña, con un pequeño tutu blanco, el leotardo sencillo, las mallas blancas y las zapatillas rosas. Las paredes del castillo se difuminaron, abriendo paso al gran salón de práctica, todas las niñas en fila un, deux, trois susurraba la instructora para hacerlas bailar a su ritmo. Ella alzaba la mano derecha hacia el frente para luego subirla sobre su cabeza, daba dos pasos elegantes hacia la derecha, inclinaba su cabeza hacía la izquierda, girando un poco con ella su cuerpo, colocaba ambos brazos en segunda posición y sus piernas se acomodaba para comenzar a girar, giraba y giraba con una sutileza deliciosa. Las notas de un viejo piano resonaban por el lugar, cuando uno baila debe entregarse al acto, dejar que la música guie al cuerpo, ahí no existen reglas, compases o proporciones, uno sólo debe dejarse arrastrar por los sonidos, por el alma, por la vida. Los movimientos de la pequeña contagiaron a la grande, no sólo era el piano quien la acompañaba, también el melancólico violín, el grave contrabajo, la dulce flauta, todos tocaba para ella.
Cierra los ojos, respira profundamente, escucha, no, no a los instrumentos musicales en tu cabeza, sólo escucha tu mundo, el sonido de la pluma al rasgar el pergamino, los murmullos distantes de una conversación, la constancia del caminar de la gente, al viento acariciar los árboles, las aves batiendo sus alas, las hojas danzando suspendidas en la nada, girando, flotando, cayendo sobre la tierra chapuceras con una poética cadencia, escucha la profundidad de tu respiración, el desenfreno de los latidos de tu corazón, agudiza el oído, capta los sentimientos de tu alma y entonces, sólo entonces baila, baila al compás de la madre tierra, gira en torno al delirio de las emociones, has tu cuerpo vibrar con la esencia de la vida.
Se llevó las manos al rostro tratando de ahogar la tristeza, porque había olvidado como se hacía aquello, porque se había dejado arrastrar por las banalidades de este mundo. Se había perdido, había olvidado como bailar.
El sol se ocultó detrás de las colinas, la niña estaba tirada en el suelo, con las piernas destrozadas, ya no volvería a levantarse, ya no volvería a bailar. Si no podía bailar, entonces…entonces ya no quería estar aquí.
Por primera vez en mucho tiempo se veía a sí misma, dejando fuera el maquillaje, las pociones y cualquier otra magia capaz de ocultar la pena real en el alma. Mira al espejo para saber quién eres, mira en tu interior para notar, que no tienes nada adentro. Quería llorar, mas las lágrimas se le habían acabado, quería gritar pero su voz se había consumido, deseaba andar pero sus piernas ya estaban desechas, quería implorar pero su Dios la había abandonado hacía mucho tiempo. Si una a una, todas las piedras a las que había intentado agarrarse se habían desquebrajado, ganando únicamente más heridas, entonces ¿porqué no dejarse caer simplemente?
Se encerró en su cuarto, observándolo con detenimiento no sabía quién era el que vivía ahí o qué clase de ser maligno habitaba en su interior, sólo deseaba liberarse de él. Arremetió contra todo lo que tenía ahí destrozando y destruyendo todo, si pudiera, si con sus manos pudiera quemar lo haría, pero fuego eterno era lo que le esperaba después de esta vida. Golpeó sus espejos con sus propias débiles manos, la sangre comenzaba a correr, intentó sonreír pues por fin se haría justicia; sería su sangre la que se derramaría, no la de inocentes.
Y no pararía de fluir, pues ya estaba muy cansada, sólo quería decir para siempre: Adiós.
El reproductor fue lo único que dejó intacto, porque no se atrevía a parar a Beethoven y su Moonligth sonando a todo volumen.
Nada quedaba en esta tierra para recordarle, bebió un par de botellas antes de abrir la bañera. El agua fluía, cristalina, refulgente, limpia de todo pecado, el vapor comenzó elevarse ocupando cada rincón del espacio.
Frente al espejo, dijo un rezo blasfemo, las notas del piano vibraban animando a su cuerpo. Tras el espejo se encontraban todos esos fútiles intentos de evadir la realidad, había sido su intento desesperado para escapar de todo lo que le ataba a esta tierra, una excusa para vivir y para morir. Una última probadita para decir adiós, un coctel de todo para brindar por el honor.
Preparó su bebida de despedida con gran lentitud, sin importarle que el agua de la bañera se derramara hasta tocar sus pies. Se sirvió el néctar muy cargado, para que no existiera vuelta atrás, cuando estuvo listo se observó en el espejo, el rojo, el brillante rojo era lo único que veía reflejado, cerró su puño libre y golpeó con fuerza. Los pedazos reflectores cayeron velozmente al suelo, los pisó con los pies descalzos.
—No duele, ya nada duele.
Tomó el más largo y puntiagudo de ellos, observó el trozo y luego el coctel, se llevó ambos hasta la bañera. El agua caliente debía quemarle la piel, pero ella ya nada sentía. Alzó la copa recordando a Romeo: "Brindo por mi amada" y bebió hasta el fondo, la copa rodó por el suelo aunque no hizo mucho ruido. Su sistema de inmediato se retorció, su mundo se movía constantemente, no había nada que no se estuviera quieto, pero eso no impidió el poder clavarse el objeto punzó cortante en la muñeca profundamente y seguir el camino de sus venas.
El agua se tornó rosa, al principió era de un tono que apenas si se reconocía, luego fue de un color pastel, hasta que pronto adquirió el color rojo. No, de sus ojos no caían lágrimas, eran las gotitas que forma el vapor del agua al enfriarse en su piel aquello derramándose por su rostro. De lado izquierdo y de lado derecho la piel se abrió con total facilidad, no fue capaz de impedir, que aquel objeto externo penetrar en su interior lo más profundo posible, derruyendo todo a su paso.
El agua ya era de color carmín cuando dejó a su amigo punzocortante deslizarse más allá de sus dedos. Su cuerpo se deslizó suavemente cual seda hacia abajo, el arrullo del agua cayendo sobre ella y las notas de un piano melancólico le despedían modestamente.
El agua la aceptaba con sus brazos mortíferos abiertos, sus cabellos flotaban tapándole la visión, volviéndolo todo rojo: la felicidad, la tristeza, el coraje, la valentía, el amor, la cordura, el olvido, nada escapaba de su atrapante tinte, por aquel maldito esmalte, ella era maligna, ella portaba ese color. El rojo era el color de la perdición, de los infames, de los pecadores, rojo como las llamas que la devoraría por la eternidad.
Sus parpados se fueron cerrando lentamente mientras el agua fluía, mientras su vida se detenía.
Las confesiones de Kirsche:
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Atte: Kirsche Himitsu Fyrof.
M.O.S.
M.O.M.
M.O.J.