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Books » Harry Potter » Corazón Solitario
Srita-Lunatica
Author of 5 Stories
Rated: K - Spanish - Romance - Remus L. - Reviews: 27 - Updated: 05-25-08 - Published: 11-19-06 - id:3252794
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Capítulo Segundo: Selección

—¡Todos los de primer año por acá! —un hombre delgado y alto de voz muy grave gritaba con enfado.

El tumulto de estudiantes se confundía en un desorden total, ya abajo del Expreso de Hogwarts. Lentamente, abriéndome el paso entre estudiantes más grandes que iban hacia otro lugar, llegué hasta donde estaban ya Lily y James, conversando con sonrisas no del todo convincentes en sus rostros.

El hombre delgado, con una expresión indiferente, nos pidió que lo siguiéramos y así lo hicimos. James iba hablando de cosas que no recuerdo, Lily y yo sólo escuchábamos fingiendo atención. Creo que ambos estábamos demasiado nerviosos como para concentrarnos en las conversaciones triviales de James.

Después de unos minutos de caminar entre sombras de árboles oscuros por un sendero que nunca logré definir, llegamos a un lago grandísimo, sobre cuyas aguas se reflejaba la luz que emitían las ventanas de un extraordinario castillo antiguo, colosal, magnífico. Varios segundos quedé pasmado y noté que mis manos y estómago comenzaban a temblar más violentamente; tales eran mis nervios.

Subimos a unos botes blancos que nos esperaban, encima de los cuales cruzamos el lago hasta llegar al castillo. Íbamos en grupos de cuatro por bote: Lily, James, yo y otro chico que descubrimos se llamaba Sirius Black. Él y James entablaron conversación con facilidad, mientras que yo y Lily sólo los mirábamos inquietos.

—¿Y a qué casa esperas entrar? —preguntó James, excitado por la selección.

—Esa es una cuestión algo problemática…—respondió Sirius, bajando la mirada, con una triste sonrisa en sus labios. A pesar de ese gesto, en sus ojos grises brillaba la emoción y energía; parecía un buen chico.

— ¿Problemático? Debes saber cuáles son tus cualidades¿no?

—No es eso…—se hizo un breve silencio, pero después prosiguió— Todos en la familia Black han pertenecido por generaciones a la casa de Slytherin. Pero yo no quiero.

— ¿Qué tiene de mala esa casa? —pregunté.

—Nada, supongo, pero no quiero pertenecer a ella.

Él y James continuaron hablando mientras el bote pasaba por entre un túnel subterráneo que nos llevaba a una especie de muelle; supuse que estábamos debajo del castillo. Noté que Lily tenía los ojos humedecidos y sentí un impulso por decirle algunas palabras de consuelo, para tranquilizarla; no pude, algo me lo impedía. Creo que es la misma timidez que todavía siento al pensar en sus ojos verdes.

Subimos unas largas escaleras de piedra y entramos a lo que parecía el vestíbulo, el cual tenía un tamaño tremendo; mi casa bien podía caber dentro. Sentí un vacío en el estómago y me aferré a la compañía de Lily, que a juzgar por la expresión de sus ojos sentía lo mismo que yo.

Pasaron los minutos, no supe bien que estaba pasando; todo era muy rápido. Fuimos llamados de uno por uno, fuimos seleccionados por orden alfabético. Primero Sirius, luego Lily. Ella (nunca lo voy a olvidar), me dirigió una mirada angustiosa, la tome de la mano derecha y luego se fue caminando. Escuché al sombrero gritar "¡Gryffindor!" Y esperé, realmente deseé, quedar en Gryffindor también.

Tiempo infinito¡por fin mi nombre! James me dio una palmada en el hombro. Caminé tan rápida y ridículamente que estoy seguro de que lucí cómico; estaba nervioso. El sombrero dudó unos segundos y gritó "¡Gryffindor!", sin tomarle mayor importancia. El nudo que había sentido hasta entonces en el estómago se transformó en una fugaz sonrisa y corrí a reunirme con quienes serían mi nueva familia.

James y Peter también quedaron en Gryffindor¡vaya día de buena suerte! Entre aplausos recibimos a cada uno de los que serían nuestros compañeros de casa y año y lo mismo para quienes entraran en alguna de las otras tres casas. Al terminar la ceremonia de selección, noté como Lily, James y Sirius abandonaron sus nervios y comenzaron a conversar con alumnos de otros años, la mayoría muy corteses.

El director dijo unas palabras que me parecieron sin sentido y en el segundo siguiente los platos se llenaron de la más rica variedad de comida que hubiera visto en mi vida. Me perdí entre tantos colores y olores que me saciaban los sentidos. Comí en silencio, con la mirada siempre fija en lo que iría a parar en mi boca. Tenía la sensación de no saber qué hacía ahí, sentado bajo un techo encantado para mostrar el cielo, comiendo como un rey entre personas diferentes.

¿Merecía yo, a pesar de mi terrible condición, estar ahí, dentro de todas esas personas con una gran cualidad común: la magia? Sabía que yo era tan mago como cualquiera de los que compartían conmigo su mesa, sus alimentos, sus inquietudes. Pero ellos no comprendían y siguen sin comprender. Ellos tenían temores, los que cualquier joven o niño tiene, tenían complejos y todas esas situaciones que simplemente se dan. Mas no sabían, no tenían la menor idea, del sentimiento que invade a quien se sabe peligroso, a quien se conoce como una persona anormal.

Cuando mis padres hablaron con el director, éste les prometió apoyarme con mi anormalidad para evitar accidentes; les dijo que no era impedimento para que yo estudiara y me desarrollara como el buen mago que era. Tengo miedo de desilusionar a ese amable y raro viejo barbón. Aunque tengo miedo, miedo de lo que me espera y hasta de mí mismo, me siento obligado a responder a esta oportunidad que él me brinda de estar aquí.

Al verse finalizada la cena (de la cual quedé bastante satisfecho), los prefectos nos guiaron a los nuevos hacia nuestra sala común, nos dijeron la contraseña y el retrato de una Dama Gorda nos permitió el paso, no sin antes darnos a todos una muy cordial bienvenida. No me acostumbro a ver a los retratos moverse y hablar, como si fuesen personas atrapadas en el viejo lienzo. ¿Qué se sentirá observarlo todo siempre desde una misma perspectiva, sin poder actuar y sin tener la capacidad de interactuar con el exterior?

La Sala Común es hermosa y acogedora. Abundan los colores que he identificado como los de la casa a la que ahora pertenezco; hay una chimenea, muebles y mesitas. Mi habitación también me agradó, es más amplia que la que tenía en mi casa, aunque la compartía con tres compañeros más: Sirius, James y Peter. Desde la ventana se podía observar el horizonte, que tan inmenso me ha parecido siempre, por estar ubicada la Sala Común en una torre en el séptimo piso.

Me quedé dormido, no sin antes establecer una corta y superficial platica con los demás, quienes lucían ya tranquilos y muy emocionados. Lucían normales. ¿Qué pasaría si se enterarán de lo que soy? Seguro pedirían que me sacaran de su habitación, o de la escuela. Con ese ánimo inicié mi vida como estudiante del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. «No deben darse cuenta, no deben darse cuenta. Nadie debe darse cuenta nunca de lo que soy»

Peter me pareció el más normal de los tres: es tímido, risueño; no sé, simplemente normal, como cualquier otra persona. Quisiera ser como él. En cambio Sirius y James parecen compaginar mejor entre ellos: ambos divertidos, educados, ricos, habladores, bromistas… A veces pensaba que hasta el más malvado era mejor que yo, porque quien es malo conscientemente, en cualquier momento puede enmendarse y cambiar; yo no podía hacer nada. Lo que era y soy, moriré siendo.

Al día siguiente nos dieron los horarios en el desayuno. Habían tantas clases que me resultaban extrañas y hasta chistosas. "Transformaciones", leí mientras comía un poco de pan. ¿Aprendería a transformarme? No me imaginaba a mí mismo transformado en un pájaro, en una serpiente¡en cualquier cosa! Lo mejor hubiera sido si me enseñaran a no transformarme, pero ya en esa edad sabía que era imposible.

Peter y yo íbamos a todas las clases juntos, James y Sirius iban casi por otro lado. Lily se había hecho de nuevas amigas: Nancy y Ashley. La primera era muy delgada y más alta que las niñas promedio de su edad, tenía cabello negro y rizado que caía sobre sus ojos; la segunda era rubia, delgada y usaba lentes. Ambas andaban con Lily a donde ella fuera. Tardé unos meses en llegar a conocerlas, eran agradables e inteligentes, pero no tanto como Lily. Creo que nadie fue nunca más agradable que ella.

—¿Quieres ser mi pareja? —me preguntó Nancy un día en clase de Herbología. Yo estaba ensimismado en mis pensamientos y su pregunta logró que me sonrojara. Ella al notarlo se indignó, o algo semejante, y se fue lejos de mí. Fue después de que Peter llegó a hacerme la misma pregunta cuando comprendí que se refería a pareja de trabajo. Desde ese día no pude volver a mirarla a la cara de vergüenza.


Tardé mucho, lo sé y pido disculpas. He aquí el segundo capítulo, en el cual existe un cambio de narrador, cambio que se convertirá en una constante dentro de esta historia.

El siguiente capítulo estará titulado Quejicus Snape y lo narrará James. Es todo lo que puedo decir por el momento.

Si escribes y publicas aquí o en cualquier lugar, sabes lo importante que es recibir un review, sea bueno o malo, largo o corto, profundo o sencillo. Si sólo te dedicas a leer, te lo manifestaré literalmente: un review es de suma importancia para mí y no te quitará mucho tiempo. Te lo agradeceré bastante.

Srita-Lunática

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