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Author of 17 Stories |
Ninguno de los personajes me pertenece. Yo sólo hago un fanfic. Dejame un comentario gracias por favor, de nada por favor. Un capítulo más, tardé mucho en actualizar. Lo siento de verdad, suele pasar, espero que no se me haga costumbre.
Espero que les guste. Muchas gracias por leerme y comentar.
3.
Al terminar las horas de escuela, al final de las prácticas… Nada iba a ser lo mismo. Los vestidores se estaban quedando vacíos y ya empezaba a ponerse nervioso. Momo-sempai trataba de traerlo a la realidad hablándole de quien sabe que cosas, pero no había respuesta por más que lo intentaba.
Desistió.
Se alejó con el resto del equipo. Tezuka quedaba con la paciencia de siempre, acomodando sus ropas dentro de la maleta que siempre llevaba. Sus ojos sobre los de Ryoma, deteniéndolo en su sitio, deteniendo el tiempo, el espacio, el aire que entraba a pulmones.
De pronto estaba temblando. Escuchaba el silencio en el cual se movía, tan despacio.
La banca donde estaba sentado crujió cuando su cuerpo la abandonó. El de Ryoma en cambio, se estremeció casi al extremo de romperse en pedazos y caer al suelo sobre los vestidores, a los pies de Tezuka.
Pasó a su lado, hacia la puerta. No pudo evitar cerrar los ojos, morderse los labios, abrazar su cuerpo.
“Vamos.”
Sus piernas reaccionaron ante su voz, antes de que pudiera detenerlas. Se levantó como si el asiento estuviera caliente, pero no avanzó un centímetro.
Estaba aterrado. Al ver sus ojos de nuevo, con ganas de abrir la boca y exigir respuestas a sus preguntas silenciosas.
Tezuka era impaciente.
Lo siguió sin decirle nada a donde fuera que lo llevara.
En silencio, como si fuera una mascota. Lo siguió mirando sus talones moverse sobre el suelo. Nervioso. No es que no quisiera ver a donde se dirigían, pero el corazón palpitaba tanto que era lo único que podía escuchar.
Cuando se detuvieron por fin, después de caminar lo que le pareció un siglo, de abrir puertas infinitas puertas y cerrarlas y escaleras y nuevamente una puerta. Levantó la vista al final, como si no supiera donde estaba.
Tezuka se sentó sobre su cama. Había imaginado tanto aquel momento. No era nada de lo que pasó por su mente, en sus más audaces fantasías. Recostándose sobre la superficie blanda del colchón, pero sin mirarlo. Sus ojos estaban puestos en el marco de la puerta, no lo miraba más.
Volteó a buscar su mirada y la encontró sobre los ojos de Fuji-sempai. ¿En qué momento llegó? Traía puesto el uniforme escolar, pero no lo había visto en la escuela. En ese momento sintió lo que era desaparecer, lo que se siente al ser invisible. Ellos dos se miraban mutuamente, de hito a hito. Tezuka en un ligero movimiento se recostó sobre su cama. Ryoma seguía sin existir cuando Fuji avanzó por la habitación, con los ojos de una estatua de cera.
Cubrió el cuerpo del buchou con el suyo, como si estuvieran solos en la habitación. Tezuka llevó sus brazos alrededor del cuerpo que estaba encima. Ryoma no podía despegar los pies del suelo, como si ser un fantasma presente en la habitación resultara terriblemente pesado al desplazarse. Apenas si pudo con unos cuantos pasos en retroceso, hasta que la pared de la habitación detuvo su huida.
Cayó sentado sin dejar escapar sus ojos de las imágenes que se sucedían frente a él. La piel de Fuji-sempai tan blanca, brillaba como porcelana bajo la suave luz del atardecer. La camisa escolar se desprendió de su cuerpo y quedó expuesta como las piernas pálidas de Tezuka, que perdieron en el camino su envoltura de tela.
El sonido de sus besos resonaba en toda la habitación, tan fuerte que iban a caerse las ventanas. Hubiera querido taparse los oídos, pero sus manos estaban ocupadas liberando la presión que sentía en los pantalones. Cerrar los ojos, eso sí podía hacer.
La respiración de Tezuka, agitada, la voz de Fuji-sempai, escapándole de la garganta, mientras frotaban su piel y su cuerpo al mismo ritmo en el que se sacudía la cama. No importaba que no abriera los ojos y que ellos hicieran como si no existiera. Daba igual, el sonido coloreaba sus mejillas y llenaba de sudor su frente. Recogió las rodillas y apoyó sobre ellas su mentón para cubrir un poco el rito frenético de sus manos entre sus piernas.
No podía detenerse ni detenerlos. Ellos seguían ajenos al mundo, moviéndose en una realidad paralela en la cual no existía nadie más. Los odió tanto en ese momento.
¿Estaba celoso de nuevo¿Acaso no quería ser él quien estuviera sobre el cuerpo de Tezuka, recibiendo caricias, hundiéndose?
Apretó más los ojos y se mordió los labios al escucharse a si mismo jadear como un animal. Ya no podía detenerse. Liberó sus piernas de la cárcel de tela y las separó un poco. No iba a abrir los ojos. El sonido que desprendía el colchón estaba dejándolo sordo, la voz de Fuji-sempai le iba a romper los tímpanos, la respiración de Tezuka-buchou lo iba a dejar llegar sobre el suelo.
Y de pronto pasó, esa sensación tibia de no sentir nada más que alivio. Aunque sentía el calor en las mejillas y el sudor chorreando por su frente, sus manos seguían donde quedaron un momento antes. Antes de morir, ir al cielo y caer a un lado de la habitación sintiéndose muy bien.
Levantó los ojos porque no había más ruido sobre la cama. Ahí estaban ellos, quietos, inmóviles, mirando hacia el rincón donde estaba. Volvió a recoger sus piernas, tratando de cubrirse inútilmente. No había nada que esconder.
Le temblaban los labios escondidos tras sus rodillas. Trató de cubrirse lo más que pudo, de sus ojos, de la mirada que traían.
Fuji-sempai sentado al lado de Tezuka bajó los ojos. Era algo, un movimiento siquiera, pero que sin embargo del que no pudo encontrar significado. Tezuka buchou en cambio, siguió mirandolo. Ahora le ordenaba que se levantara. Podía jurar que sus ojos le estaban gritando en ese momento. Se levantó del suelo caliente y caminó hacia él, hasta detenerse en medio de los dos.
El pantalón quedó en el camino, como un recuerdo de los momentos anteriores.
Se acomodó sobre Tezuka, sobre sus piernas separadas, rodeando su cuello con los brazos. Las manos del buchou quedaron a los costados para mantener el balance. Fuji-sempai no lo miraba, estaba sentado a su lado, como si nada estuviera pasando.
Estaba celoso, como él hace un momento estuvo. Pero no lo demostraba y a Ryoma le costó trabajo ahorrarse una sonrisa de triunfo. La esbozó tan sólo, porque se le desvaneció de la cara cuando sintió el dolor punzante en la parte más baja de su espalda.
Buscó los labios del capitán para que sonaran como los de Fuji-sempai, pero no los encontró. Estos estaban unidos a los de quien esperaba a su lado. Ryoma se mordió los labios, quizá de dolor más que de rabia, mientras empezaba a moverse al ritmo que imponía Tezuka a su cuerpo, con su cuerpo.
Echó la cabeza para atrás buscando un punto en el techo en el cual concentrarse y vencer el dolor. Manos acariciaban su cabeza… que fueron avanzando por sus mejillas, su pecho, su vientre… su ombligo.
Quiso gritar que lo dejara en paz, pero cuando llegó a cierto lugar se sintió muy bien. Anuló el dolor anterior e hizo que volviera a jadear como animal sediento.
Las manos de Fuji-sempai se sentían de seda, de terciopelo, de lo que fuera, pero estaba sintiéndose tan bien, mientras las subía y bajaba al ritmo que Tezuka marcaba. Fuji-sempai hacía un gran trabajo haciéndolo sentir tan bien, mientras besaba los labios del capitán, mientras se hundía también en su boca.
Debió cerrar los ojos cuando pudo, porque tal espectáculo hizo que casi liberara la presión que Fuji-sempai provocaba bajo su vientre. Movía sus manos demasiado bien, ya estaba haciéndolo gemir.
Tezuka abandonó las caricias de Fuji-sempai y retomó lo que estaba haciendo. Lo hizo más fuerte. Dolía mucho más que antes. Ahora iba a hacerlo llorar, tanto que Ryoma hundió las uñas cortitas sobre la nuca del capitán.
Ahora sí estaba llorando.
Su frente chocaba con la barbilla de Tezuka que no dejaba de moverse. Llevó sus manos a las caderas de Ryoma estrujándolas como si tuviera papel en las manos. Ahora estaba gritando.
“Buchou…”
Las manos de Fuji-sempai volvieron a donde estuvieron antes, sus labios a los oídos de Tezuka y Ryoma hubiera escuchado que decían si es que no hubiera gritado tan fuerte.
Tezuka se detuvo un momento, uno sólo maravilloso en donde pudo bajarse de encima suyo para tratar de escapar. Pero las manos sobre sus caderas no lo dejaron ir muy lejos. De nuevo terminó sentado donde había estado, sobre las piernas de Tezuka, sólo que esta vez con las piernas colgando a los lados, demasiado separadas y con los dientes del buchou mordiéndole la garganta.
Cerró los ojos de nuevo, continuando su repertorio de jadeos y gemidos, matizándolo con grititos que Tezuka acallaba mordiendo su boca. Pero hubo uno que no pudo contener, fue cuando sintió tibieza deliciosa recubriendo y deslizándose bajo su ombligo, entre sus piernas.
“Fu ji-sem...pai…”
Su voz sonó como la de una niña y no tuvo tiempo de odiarse por eso. Sus manos se aferraron al cabello castaño que estaba a su alcance, entre sus piernas, hundiendo todo su rostro, como jugando con su lengua y sus manos.
Siguió chillando como una niña mientras Tezuka buchou le clavaba los dientes en el cuello, en los labios, en los hombros. Mientras que Fuji-sempai lamía como un gatito la piel entre sus piernas.
Y gritó al momento que sintió que no podía aguantar más las ganas de hacerlo. Tezuka también lo hizo, pero no fue tan alto, pero si profundo. La sensación dentro de su cuerpo y saliendo de este, fue demasiado. Cerró los ojos mirando al techo mientras relajaba los músculos sobre el cuerpo del capitán.
Se podía quedar en esa posición, sentando entre ambos, mojado de sudor, por siempre.
Fuji-sempai fue quien se levantó primero, pasándose una mano por el rostro húmedo. Ahora sí parecía un gatito al que se le remojó el rostro en su plato de leche. Quiso sonreír ante este pensamiento, pero no lo hizo. Al bajarse del cuerpo de Tezuka las piernas se le mojaron también.
Cayó de rodillas sin poder sostenerse en pie.
Fuji-sempai se iba de la habitación y casi se prende de sus tobillos para no quedarse donde estaba. Tezuka hizo lo mismo. Sin decir una palabra, sin una caricia extra, sin nada abandonó la habitación.
Ahora Ryoma se tumbó en el suelo frío, cansado y sintiendo celos de nuevo.
Sin duda se quedó dormido esperando que alguien viniera a levantarlo. El sonido fuera de la habitación lo sacó del letargo. La curiosidad hizo que se arrastrara hasta la puerta de la habitación. El ruido venía del baño. La puerta se abrió para dejar salir a Fuji-sempai. Tambaleándose.
Y ahí venía la causa de ello. Tezuka le dio otro empujón que casi lo estrella contra la pared. Ryoma sintió deseos de haberse arrastrado bajo la cama, en vez de hacia la puerta.
Apenas alcanzó hacerse a un lado cuando Fuji-sempai cayó al suelo de la habitación. Trató de auxiliarlo, pero se dio cuenta que no era lo adecuado. Tezuka llegó al momento e hizo que se levantara de nuevo para arrojarlo sobre la cama. Y empezó a golpearlo.
No podía estar sucediendo, eso no podía estar sucediendo.
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“Ryoma-kun”
Había tratado de evitar a Fuji-sempai durante toda la mañana y lo había logrado sin problema, porque Tezuka-buchou siempre andaba cerca. Pero ahora que no estaba por los alrededores no pudo escapar.
Daba igual, no quería verlo ni hablar con él.
“Ryoma-kun, tenemos que hablar.”
No lo iba a dejar ir tan fácil. Lo tomó del brazo y lo jaló hacia detrás de la biblioteca. Si él quería hablar, no tenía ganas de escuchar. Se había preguntado todo el resto de la tarde del día anterior y toda la noche por lo que había pasado en la habitación de Tezuka.
No podía creer que fuera cierto, prefería pensar que fue un mal sueño. Pero su cuerpo no pensaba lo mismo.
“¿Estas bien? Estabas cojeando un poco. ¿Has tomado algún analgésico para el dolor?”
Eso debía preguntarle a él, quien debía tomar pastillas para el dolor era Fuji-sempai.
“Estoy bien.”
Mentira, era lo más lejos de la verdad que había dicho en su vida.
“Mientras él no esté cerca podemos hablar tranquilos.”
Le dijo mirando a los lados, nervioso. Seguro se dio cuenta de sus propios nervios, por eso lo dijo.
“Sólo quería saber si estabas bien y nada más. Es mejor que nos vayamos, que no nos vea juntos.”
¿Tantas molestias para preguntarle eso? No, Fuji-sempai estaba tan asustado como él mismo. Ryoma no estaba bien, empezando porque no sabía como había llegado a esa situación, ni lo que estaba pasando entre ellos.
Entre los tres.
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En un momento se preguntó cómo pasó todo esto. ¿Cómo empezó? En que momento que ni cuenta se dio cuando se hizo costumbre. ¿A qué hora que no notó lo mal que se estaba sintiendo?
No, lo dejó pasar, una vez, dos veces, tres veces. Cuando se dio cuenta ya no había vuelta atrás. Ya no sabía ni como llegó y menos como regresar al punto de partida.
¿Qué estaba sucediendo entre ellos?
No podía responderse a sí mismo, menos cuando Ryoma se lo preguntó entre sollozos. No tenía respuestas, sólo más preguntas que no quería hacerse, pero tercas terminaban apareciendo en la boca de otros.
La misma habitación y la mirada perdida en el fondo de la ventana. Esta vez no estaba solo, Ryoma le estaba mojando la pierna donde tenía apoyado el rostro. Sentado sobre la cama revuelta, aún tibia cuando hace un momento estuvo hirviendo.
Tezuka no estaba a su lado y ya no estaba seguro de que eso era lo correcto.
Cerró los ojos para reprimir un suspiro. Al abrirlos de nuevo estaba en el marco de la puerta. Mirándolos con los mismos ojos que antes le parecieron fascinantes. De pronto se trasformaron en dos orbes oscuras, que destellaban cuando él se subía encima.
¿Ahora qué quería¿Qué más quería?
¿Qué más quería que le diera?
Puso una mano sobre el rostro de Ryoma para alejarlo de su cuerpo.
“¿Qué más quieres de mi, Tezuka?”
Susurró.
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“No vas a lograr nada huyendo.”
Era curioso escuchar a Fuji-sempai diciendo aquello y con la misma sonrisa de siempre.
“Fue fácil encontrarte. Supongo que soy bueno encontrando cosas.”
Y se sentó a su lado en la banca del parque, mientras el viento les revolvía el cabello. Incomodando con sus palabras, por haberlo llamado “cosa” o por sentarse tan cerca a su cuerpo. De un momento al otro eso parecía fastidiar. Pero aunque se sentara sobre él, se veía como si no estuviera presente en el mundo. Parecía un fantasma, casi no tocaba la tierra por lo lento que caminaba. Quizá lo hacía al propósito.
“Ryoma-kun… No deberías faltar tanto a la escuela. Tus padres pueden empezar a preocuparse.”
Lo decía para sí mismo y sonaba tan cansado. Casi tan cansado como él mismo se estaba sintiendo. Las maletas con el uniforme de entrenamiento yacían a un lado de sus pies. ¿Se las estaba saltando también? Un escalofrío subió y bajó por su espalda entonces.
“Fuji-sempai.” Pero no se atrevió a preguntarle si sus sospechas eran ciertas o no. Quizá aún no era tarde y podían correr a las
prácticas antes de que fuera demasiado tarde. ¿O quizá era que Tezuka lo había mandado a buscarlo?
¿Por qué no vino entonces a buscarme? La pregunta salió de lo profundo de su ser, pero al llegar a su cerebro se deshizo en pánico. Si tan sólo fuera a buscarlos, ya estaban en problemas, si los encontraba juntos, tan juntos… Iba a ser más problemático. ¿Por qué Fuji-sempai se veía tan tranquilo? Una vez más no sabía que estaba pasando. Ya se estaba haciendo costumbre en él.
“¿No ha habido prácticas hoy?”
Susurró agachando la cabeza pensando en todo lo malo que iba a pasar, como si lo estuviera presintiendo, como si ya lo sintiera venir.
“Las hubo.”
Contestó tras un corto silencio con sabor a eternidad.
“Y tú no fuiste ni hoy, ni ayer. Y en tu casa dijeron que estabas enfermo.”
Era cierto, Nanako había estado encubriéndolo. Pero la voz de Fuji-sempai traía notas de reproche. ¿Acaso le estaba reclamando no haber ido?
“Ya te dije que huir no es una opción si no tienes a donde ir.”
Fuji se levantó de la banca y tomó sus cosas del suelo, despacio, tanto como si con el menor esfuerzo los brazos se le fueran a partir.
“Entonces que quieres que haga. ¿Por qué no haces lo mismo y te alejas de él Fuji-sempai?”
¿Por qué no podía aplicar sus palabras para él mismo? Ryoma cerró los ojos deseando poder alcanzar las prácticas, retroceder el tiempo, hasta antes de que todo se diera.
“No tengo…”
Le dijo y se empezó a alejar con la misma pesadez de cuerpo que un cadáver viviente. Lo vio alejarse arrastrando los pies despacio, dejando un sendero de humedad roja. De a poquitos, gotitas que iban escurriendo de sus brazos, por sus manos, descendiendo por sus dedos.
“Fuji-sempai.”
Lo alcanzó mientras se iba tan lentamente que en cualquier momento se iba a detener. Lo tomó del brazo, le descubrió la piel.
Se le quedó mirando. Fuji-sempai sonreía como siempre, pero sus ojos no eran los mismos. Las heridas que nos hacemos en la piel, pueden ser muy profundas, pero con el tiempo sanan y desaparecen. Las que Tezuka les estaba haciendo, quizá no iban a tener la misma suerte.
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Se veía enojado. No era que siempre hubiera estado bailando de felicidad. Pero esa expresión en los ojos ya se le estaba haciendo costumbre.
Es que antes no era así…
Sus manos, adoraba sus manos sobre su cuerpo, corriendo por su espalda, por su vientre, por su cuello. Ahora estrujaba sus brazos y apretaba sus cabellos.
“Te he dicho que sólo yo puedo lastimarte. Nadie más.”
Tezuka tenía razón. Así era como se daban las cosas.
“Lo siento.” La respuesta de siempre, maquinal, automática mientras caía de espaldas sobre la cama.
Su cuerpo, adoraba la sensación de su cuerpo frotándose contra el suyo, aunque la ropa estorbara. Cuando antes todo estaba bien. En el presente, su cuerpo apabullaba, apretaba su presencia, lastimaba.
“Sólo yo puedo hacerte daño Syuusuke.”
Era cierto, era la verdad.
“¿Por qué haces esto¿Por qué?”
¿Por qué se lo preguntaba? No tenía idea de sus acciones, hacía tiempo dejó de tener conciencia, desde que le cedió la potestad de su cuerpo. Así que sólo se lo quedó viendo, tumbado sobre la cama, mientras se subía sobre él para cubrirlo de besos.
Ese era el mismo sabor de antaño, como si volvieran los buenos tiempos.
“Yo te amo Syusuuke. ¿Por qué te haces esto?”
Sus labios articulaban las palabras hundiéndolas en su piel, como antes. Como cuando le decía que lo amaba y podía sentir que era cierto. ¿Acaso no era cierto ahora¿Acaso no lo amaba y por eso hacía esto?
“Tezuka…”
No se iba a resistir a una probadita de recuerdos preciosos. Pero siempre pasa que cuando más disfrutas más rápido se acaba.
La presión en la garganta le indicó que la hora feliz terminó. Se estaba excediendo de nuevo, esta vez lo iba a asfixiar.
“¿Acaso no te digo que te amo¿Por qué haces esto Syuusuke?”
Intentaba buscar alguna palabra que le dijera cuanto lo amaba, pero sus acciones se concentraban en alejarlo de su cuello y dejar entrar aire a su organismo.
Te amo, te amo.
Adoraba escuchar aquello, pero más adoraba que fuera cierto.
Tosía cuando lo liberó y hasta dejó que se incorporara sobre la cama revolviendo los cobertores. Tezuka se removió la ropa del cuerpo y se tumbó esperando que se le acabara la tos. Había hecho un buen trabajo vendándole las muñecas, porque con el ajetreo no se habían soltado. Cuando hubo terminado de dar lástima, Syuusuke se acercó a su cuerpo. Como siempre colocó su cabeza a la altura de su pecho.
No tenía ganas de hacer nada, pero no lo quería dejar ir. No estaba de humor para lidiar con los problemas que le ocasionaba ni él ni Echizen.
”Yo también te amo Tezuka…”
“Entonces deja de hacer tonterías.”
Ahora era mejor quedarse en silencio, no responderle. Así la noche se iba pronto y llegaba la mañana y las cosas seguían siendo iguales.
Iguales…
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“Fujiko”
No tenía ganas de escuchar a Eiji por la mañana, tratando de indagar sobre su vida privada. No tenía ganas de escuchar a nadie, como había perdido las ganas de dormir, de comer, de seguir respirando.
“Fuji-kun…”
Hablaba en serio, en la innumerable cantidad de mensajes que dejó en su teléfono celular en donde amenazaba con ir a buscarlo a su casa si era necesario, que iba a descubrir que le estaba ocurriendo.
La curiosidad mató al gato, pensaba mientras Eiji se le prendía del brazo para detener su avance.
“¿Puedes detenerte un momento? Quiero hablar contigo.”
Ya se lo había mencionado antes, en los mensajes de voz. Apenas los había escuchado, mientras los iba borrando, uno por uno.
Hizo que se detuviera, algo extraño, eso era potestad de Tezuka.
“¿Qué te pasa? No eres tu mismo, algo te sucede.”
Estaba hablando más en serio que nunca antes en toda su vida. Ni un solo maullido, estaba hablando muy en serio cuando lo sujetó de los hombros.
Y cuando lo sacudió para sacarle una respuesta.
Estaba empezando a hartarse de eso.
“Contéstame. ¿Acaso no somos amigos¿Por qué no me respondes los mensajes¿Qué te ocurre Fuji?”
Eiji estaba llegando a su límite. Estaba harto de escuchar su voz en su celular, estaba harto de escuchar a Tezuka decirle que hacer, estaba exhausto de no tener nada que responder.
No lo hizo, sólo arrojó a Eiji al suelo de un empujón. Se sintió bien, para variar.
Verlo levantarse, con los ojos brillando de rabia, levantándose para mirarlo más cerca. Le devolvería el empujón o algo mejor. Incluso hasta podría terminar con todo de una vez.
Pero sólo lo miró, herido. Lo lastimó mucho, pero no era que le importara del todo. Casi ni sintió pena por haberle hecho eso a Eiji. Era su amigo, lo estimaba mucho. ¿No? No sentía nada por haberlo lanzado al suelo, sentía ganas de hacerlo de nuevo, pero se quedó en su sitio.
Los ojos de Eiji estaban molestándolo. No pudo verlos más. Eiji buscaba una reacción, una respuesta. Pero se fue, sin mirar atrás. Lo dejó de pie, mirando al suelo.
Eiji… Lo siento…
Muy tarde, ya se había ido. Tampoco lo dijo en voz alta.
Tampoco estaba diciéndolo en serio.
¿Qué más quieres de mi Tezuka?
Continuará ...