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Disclaimer: Nada de Prince of Tennis me pertenece, todo ello a Takeshi Konomi. Gracias a él, Ryoma tiene esos ojos tan preciosos que derrite a todas sus fans.
Her Hateful Boyfriend
Una y otra pelota más cayeron al suelo y rebotaron. Sakuno Ryuuzaki llevaba cerca de tres horas ella sola en aquella pista vacía golpeando sin cesar miles y miles de pelotas contra la pared. No deseaba compañía alguna. Hacía mucho que había decidido sacrificar la mayor parte de las tardes junto a sus amigas para dar lo mejor de sí misma en el campo de juego, lloviera o nevara. Nada la detenía cuando era hora de moverse para alcanzar las pequeñas esferas doradas, dirigirlas a la pared y moverse sin descanso, una y otra vez, en aquel juego solitario.
Lo que todo el mundo se preguntaría, o tal vez no, porque ya suponen que conocen a Sakuno, es lo siguiente¿Razones para aquel intempesivo afán por entrenar al tenis? Solo una, y bien conocida por todos. Sakuno se sentía muy avergonzada de que resultara tan predecible, sin embargo, no dudaba de que el instituto entero ya conocía su obsesión por el ahora titular Ryoma Echizen.
Ryoma-kun...
Suspiró. Descansando temporalmente de su desgaste físico, dejó la pelota que acababa de devolver rodar por el suelo polvoriento y miró el cielo cubierto de nubes, haciendo un hueco en su memoria al joven Echizen.
Ryoma, el chico que había conocido en el autobús y por el que quedó fascinada la primera vez que lo vio, era sin duda más que motivo suficiente para todos sus sacrificios. Un chico serio, discreto, y algo callado, pero era entreabrir sus labios y pronunciar tan solo una delicada palabra para que Sakuno considerara que valía la pena estar cerca de él las veinticuatro horas del día; solo y únicamente, para recrearse en su maravillosa voz, arrogante, pero no por ello le dejaba de impresionar la seguridad en sí misma... algo de lo que ella carecía por entero.
Siempre había estado enamorada de él, por supuesto. ¿Quién no podría estarlo? Ryoma era el chico más popular del Seigaku. Todas las chicas estaban locas por él, incluso le pedían autógrafos por el pasillo cuando éste se dirigía a las clases; y aquella afición aumentaba si añadían que Momo-sempai, que gozaba de tanta o más popularidad que él, lo acompañaba en los dobles. En definitiva, las probabilidades de hablar a solas con él no era muchas y tampoco Sakuno se sentía especialmente lúcida cuando Ryoma le dedicaba algún comentario entre partido y partido.
Sabía que no tenía nada que hacer ante tantas admiradoras, y la personalidad tan fría de Echizen, y aunque el precoz tenista denegaba amablemente todas las peticiones de ser-algo-más-que-compañeros-de-clase de las chicas, la castaña sabía que si alguien lograba impresionarle tanto que despertara su interés, haría a Ryoma suyo... Y eso es lo que exasperaba a Sakuno: si bien la vida de su Ryoma-kun era el tenis, ella se convertiría en una chica digna de ser admirada por él.
Segunda pregunta esquemática. ¿Cómo? Demostrando su valía en próximos enfrentamientos en la pista planificados por el instituto.
Sakuno planificó interiormente todo lo que esperaba, sin evitar que una sonrisa ingenua apareciera en sus labios.
Primero, Ryoma-kun la vería jugar tan maravillosamente bien que no cesaría de animarla en todo el encuentro.
En cuanto Sakuno derrotara a su oponente catastróficamente, iría donde ella y la felicitaría en persona.
A continuación, abrumado por su entereza y dedicación, la besaría delante de todos los titulares, sin importarle demasiado que Momo-sempai se escandalizara y que los chicos les prodigaran provocativos silbidos.
Tras unos días, le formularía la esperada petición de salir juntos, acompañada de un ramo de flores y una raqueta nueva. La chica se mostraría reticente al principio -¡no olvidar nunca que hay que hacerse la díficil con un hombre!- y, conteniendo sus ganas de saltar de alegría, aceptaría cortésmente.
A las cuatro de la tarde, la misma Sakuno de aspecto desaliñado y trenzas despeinadas se presentaría de punta en blanco en casa del peliverde.
A las cuatro y seis minutos, él le diría con sincera admiración lo guapa que estaba y le propondría ver una película romántica.
A las cuatro y veintisiete minutos, Ryoma y Sakuno olvidarían presuntamente la película y se dedicarían a conocerse mejor en el sofá del salón del titular...
A las cuatro...
Sakuno interrumpió sus sueños rosados cuando de pronto una pelota de tenis golpeó su espalda, no dolorosamente, pero sí lo suficiente para que su concentración volviera a su lugar. Dando un bote, se giró para comprobar el origen de la pelota lanzada. Sus ojos castaños se agrandaron y su cuerpo se paralizó.
-Caramba, Ryuuzaki.
El perfecto Ryoma Echizen, con sus perfectas ropas de titular estaba situado a unos pocos metros de la castaña, mientras dejaba que sus perfectos cabellos ondearan a falta de su acostumbrada y perfecta gorra. Además, para ser más redundante aún, sostenía una perfecta pelotita, que había vuelto a sus perfectas manos tras llamar la atención de la castaña.
-¡Ryoma-kun! –fue lo único que pudo pronunciar la chica, en cuanto se recuperó de su embelesamiento, al verlo tan... perfecto-. ¿Qué... qué haces por aquí?
-Soy alumno de este instituto, además de parte del equipo de tenis –comentó él como si fuera una novedad-. Y bueno... no es por nada, pero quería divertirme un rato viéndote entrenar.
Todos los pensamientos de Sakuno -¡que justo ahora empezaban a parecerle ridículos!-, cayeron por un precipicio mental. ¡Pero qué tonta era!. ¿Cómo podía pensar en citas y besos cuando aún quedaba tanto para eso? Ni siquiera Ryoma se tomaba en serio sus esfuerzos de jugar bien al tenis. Es más, por sus palabras parecía considerarla una especie de bufón. Solo había que ver esos ojos de brillante picardía que la contemplaban de arriba abajo, como un espectador ante un mago que espera ver qué saca de su chistera.
Sakuno no lo soportó. El simple hecho de verse humillada ante su Ryoma provocó un malhumor que quiso manifestar con las más duras e hirientes palabras hacia el joven titular, ya sin importarle lo más mínimo todo el difícil sacrificio que estaba llevando a causa suya, por supuesto.
Se irguió, en un intento de responderle altivamente que qué motivo tenía para divertirse viéndola entrenar, que se lo estaba tomando verdaderamente en serio, que solo lo hacía por él para que dejase de obsesionarle tanto el maldito tenis y se fijara en ella por fin.
Una actitud muy madura y valiente, había que reconocerlo. Tomo-chan estaría muy orgullosa de ella... después de haberla atravesado con una estaca, dando alaridos: “Noooo, .¡Ryoma-sama es míooooo!”
Pero, como todos sabemos, Sakuno tiene la virtud/defecto de ser muy tímida ante Ryoma, por lo que solo se sonrojó y musitó un “Gomen” que solo oyó el cuello de su camisa.
“Sakuno no baka”, le incriminó su mente, apesadumbrándola más aún. “Ahora Ryoma-kun pensará que, además de no jugar bien al tenis, eres demasiado simple como para mantener una conversación decente.”
-Eh, Ryuuzaki, .¿por qué no contestas? Estás algo rara, desde que he aparecido solo has dicho mi nombre y ahora te has quedado mirando las musarañas.
-Eh... –logró decir Sakuno en cuanto apaciguó sus instintos autodestructivos.
“Te lo dije", rió de nuevo la conciencia de Sakuno. Al parecer esa inner-conciencia-mente-maquiavélica-con-ganas-de-fastidiar-otra-oportunidad-de-hablar-con-Ryoma-kun tenía ganas de fastidiar de verdad. “Si sigues así, se va a acabar yendo de puro aburrimiento. Mira, ya tiene un pie delante.”
-¿Y bien? –Echizen, algo cansado de no lograr nada de la joven castaña, que seguía con su conflicto interior, dio media vuelta, confirmando así la teoría de Sakuno-. Bueno, tengo un partido dentro de nada, así que...
-¡AAAGHH! –Sakuno dejó caer la raqueta al suelo, dándose por vencida-. ¡Ryoma-kun!. ¡Te lo pido por favor!. ¡Enséñame a jugar bien al tenis!
Tras cinco minutos en que solo se oyó el vuelo de una mosca que acertaba a pasar por ahí, Sakuno mantuvo la cabeza baja y se atrevió a mirar a Ryoma por el rabillo del ojo, a ver su reacción. Más que nada para confirmar que no se había ido, convencido de que la sola idea de enseñarla le horrorizara.
Sin embargo, le esperaba una sorpresita cuando los orbes de su compañero se encontraron con los suyos y éstos volvieron a brillar con su acostumbrada travesura, provocando el más acentuado sonrojo en la joven tenista. Poco sospechaba que en realidad no ocurría nada de eso, era solo el efecto óptico que tenía por brillar tanto el sol aquel día. Pero realmente a la autora le estimula mucho describir los ojos de los chicos... Sobre todo si son doraditos como los de Ryoma, tan grandes, tan expresivos y... creo que hay un fic por atender. ¡Vuelta a la realidad!
-¿Te gusto acaso, Ryuuzaki?
Sigamos un orden: el rostro de Sakuno se convirtió en un lindo símil de una cereza madura, sus ojos se agrandaron, pareciendo por un instante negros por el carbón por la impresión y todo su cuerpo experimentó un tembleque del cual se dudaba su origen. Para ser más exactos, parecía que el alma había transpirado por la calentura de sus extremidades.
-Eh... ¿Eh?. ¡Ryoma-kun! –logró articular cuando se vio capaz-. ¿Cómo dices... eso? Yo... Tú no...
-Jugando al tenis –se limitó a decir él.
-¿Eh?
-Digo, te gusto jugando al tenis¿no es así? Por eso quieres que te enseñe.
Un nuevo golpe emocional hizo dudar a Sakuno de su salud mental y su propia integridad. Definitivamente, un chico como Ryoma... no podía pensar en nada más que en tenis, para su desgracia. Maldito fuera el día en que se conocieron en aquel autobús. Maldito Ryoma, y su raqueta, sus piernas de escándalo, su pelo sedoso y sus por enésima vez repetidos ojos dorados y malditas también esas mariposas en el estómago que le impedían declararse como es debido al chico de oro del Seigaku.
Está bien, Sakuno Ryuuzaki tendría una segunda oportunidad de ponerse en su sitio.
Le diría que claro que no le gustaba, pero para nada, que solo acudía a verle para acompañar a la histérica de Tomoka y que todos aquellos tartamudeos, comidas preparadas y ansias de reconocimiento eran cosa de una doble personalidad estrambótica que le nacía cuando estaba con él, nada, nada que ver con que le admiraba, le amaba o... lo que quisiera que entendiera Ryoma por gustar.
-¡Claro que me gustas jugando al tenis! Quiero decir... ¡junto a Momo-sempai eres una estrella en ciernes! Y me gustaría mucho aprender del mejor... ¡Me...!. ¡Me sentiría muy honrada si me dieras un par de consejos!
Ahora sí que Sakuno tuvo unas ganas horribles de que su raqueta se transformara en un cutter -entiéndase como ese arma similar al cuchillo que se usa en clase de tecnología-, para acabar con esa miserable vida de acciones bien pensadas y jamás llevadas a cabo.
Ryoma suspiró, captando de nuevo su atención.
-Bueno, no veo por qué no.
-¿Ah? -las onomatopeyas son una buena salida cuando estás bloqueado. Primera lección ofrecida por Sakuno Ryuuzaki.
-Momo-sempai puede esperar por mí un rato más, no creo que se vaya a molestar. Tengo un par de minutos, así que te enseñaré algo.
El dulce corazón de Sakuno experimentó un nuevo flote.
Ryoma enseñándola, más Ryoma preocupado por ella, más Ryoma pasando tiempo con ella daban una igualdad de sueño hecho realidad y felicidad absoluta. Matarse con el cutter de tecnología ya pasó a idea que pasa a mejor vida. El nuevo motivo por el que vivir... ¡Ryoma enseñándola a jugar al tenis!
-¡Genial!. ¡Oh, gracias, Ryoma-kun! –agradeció en cuanto esquematizó sus ideas.
-No hay de qué –le restó importancia éste, con un delicado gesto del brazo-. Colócate en posición, te enseñaré a golpear desde un ángulo diferente.
-Mmmm... –de pronto, eso de “colocarse en posición” le sonaba tan... sugerente, que a punto estuvo de volver a sonrojarse.
Ryoma se acercó a la chica, elegante, siendo consciente de que las pupilas marroncitas de Sakuno seguían atentas todos sus movimientos -aunque es muy inexpresivo, así que nunca se sabe...-, y regocijándose en esa atención. Detrás de Sakuno, tomó su manita, que aún sujetaba la raqueta y simuló la devolución de la pelota, rozando así el brazo de ella con su torso.
-El giro que le das no es bueno –decía, muy metido en su nuevo papel de profesor-. Eso unido al inadecuado movimiento de tus piernas hace que tu juego sea ineficaz.
-Mmm –asentía Sakuno. Por dentro, una batalla entre su lado más atrevido y tímido tenía lugar y la desconcentraban.
¡Sakuno Ryuuzaki¡Enséñale a ese chaval de lo que eres capaz en lugar de perder el tiempo con insinuaciones estúpidas!
"Pero Ryoma-kun solo quiere ser amable enseñándome un nuevo giro de muñeca... ¿Qué pensará de mí si malinterpreto sus acciones?", le contestaba una indecisa castaña.
¡Pero mira cómo te está agarrando! Si Tomo-chan viniera ahora, serías aprendiza muerta. Asúmelo, sabe que le gustas e intenta llevarte a su terreno. ¡Demuestra que estás a un paso por delante de él!
"¿Y cómo lo hago? No puedo decirle: “Ah, Ryoma, no me importa jugar al tenis, estoy cansada¿te parece si vamos a tu casa y lo vemos por televisión, en el sofá,juntitos?”. Me trataría como loca, si no pensara ya que me trastorno cuando lo tengo cerca..."
-¿Me estás escuchando? –llamó su atención Ryoma, soltándola-. He dicho que intentes ahora golpear la pelota contra la pared con este giro y estás ahí parada. ¿Te pasa algo?
-No, no –“ohhh, debo tranquilizarme”.-. Sí, ahora... ahora lo haré.
Dicho y hecho, aunque supuestamente Sakuno no había oído nada de las enseñanzas de Echizen, tomó la raqueta y, ardiendo de determinación, y luchando contra su doble y enfermiza personalidad recién adquirida, tomó la pelota, la lanzó y, dando un salto que jamás creyó dar, la golpeó con fuerza hacia la pared.
Tal vez por desgracia o por fortuna, Sakuno, que nunca había destacado por tener una fuerza descomunal, se había propasado con el tiro, lo que provocó que la pelota se desviara con fuerza y, en lugar de volver grácilmente a su raqueta, acudiera cual bala disparada hacia su rostro.
... (Momentos de expectación a bajo coste).
Lo siguiente que pasó por delante de los ojos de Sakuno fue el suelo de la pista. Había sido tan rápido todo que ni siquiera se acordaba de la luz al final del camino que se supone que ven esas personas tras un shock profundo.
¿La pelota le había dado, entonces? No, pues la cabeza no le daba vueltas, ni el suelo estaba manchado de sangre de una posible brecha en la cabeza, teniendo en cuenta la velocidad de ataque de la señora pelota.
Entonces, .¿por qué estaba tirada en el suelo, con algo muy pesado a su espalda?
Muy pronto lo descubrió: como todo el mundo suponía, autora incluida, Ryoma la había protegido de ese auto-ataque pelotil justo a tiempo, la había protegido con su cuerpo y habían caído al suelo ambos en una preciosa aunque algo indecorosa pose que turbó a Sakuno en el buen sentido.
Aunque Sakuno de mil amores se hubiese quedado bajo el perfecto y atlético cuerpo de Echizen durante mucho, mucho tiempo, su buena disposición hizo acto de presencia y enseguida se movió para dejar paso libre a Ryoma.
-¡Ryoma-kun! Yo... ¿Qué tal estás?. ¿Qué te duele?
-Ryuu... zaki... –suspiró él, tosiendo un poco por la impresión. Se incorporó algo para mirarla-. Tú... –y para asombro de Sakuno, una mano del pequeño tenista se situó sobre su cabeza.
¿Cómo?
¡Ryoma le acariciaba la cabeza!
Eso significaba...
¿Eso significaba que vendría ahora el cumplimiento de sus deseos más atrevidos?. ¿Le diría que la amaba, y que por eso la había protegido de la bola asesina?. ¿Qué tenía unos cabellos preciosos y que no se los cortara nunca, nunca, porque le encantaba ver cómo el viento los mecía, a la par que oía su risa alegre y despreocupada y su sano y sincero interés por él tocaban dulcemente su férreo corazón de titular?
-Tienes el pelo muy largo, Ryuuzaki. Probablemente, relentizó tu respuesta al ataque y tuve que tirarme encima de ti para que no te golpeara la esfera.
Un clonc que solo oyó Sakuno significó que una piedra de considerable tamaño se estrellaba contra su cabeza. Nueva decepción por parte del peliverde. ¿Ryoma le leería el pensamiento alguna vez, o simplemente era un sádico que se recreaba al verla sufrir?
-Pero...
-¿Sí? –murmuró, avergonzada de sí misma. Ya nada cabía esperar de aquel chico. Había quedado demostrado que para él solo sería una de las tantas chicas que se esforzaban en vano por agradarle y que él siempre despecharía, solo viviría por el tenis y la ignoraría para siempre, sin importarle que la oscuridad de su corazón se la llevara y...
-Creo que es por eso por lo que me gustas... Sakuno.
¡Eh!. ¿EH?. Parón, parón, volvamos atrás.
“Tienes el pelo demasiado largo y molesto, pero... creo que es por eso por lo que me gustas... Sakuno”.
¡Sakuno! La había llamado por su nombre... ¡Y no solo eso, sino que seguido por la maravillosa frase de creo-que-me-gustas!. ¿No estaría alucinando por alguna de sus fantasías que solían atormentarla?
Ryoma había apartado un poco la vista, para que ella no lo mirara, pero la aguda percepción de la chica no dejó escapar esas mejillas tenuemente -¡muy tenuemente! Porque Ryoma sigue siendo Ryoma-el-frío-nada-me-afecta, aunque le haya dedicado una frase tierna a Sakuno- sonrojadas.
¡He ahí la demostración!. ¡No era un desvarío!. ¡Ni siquiera podía malinterpretarlo!. ¡Oh, cuánta razón tenía aquel que decía que no había que desear las cosas para que éstas sucedieran! Había sido perder la esperanza con Ryoma para que éste se declarara.
-Sakuno...
Dios, pero qué sugestivo sonaba su nombre en la boca del tenista. E iba seguido de algo más. Oh, oh, aún no había acabado la confesión de su amor. Sakuno, convertida en un clon de un tomate de huerta, le miró expectante.
-Discúlpame si esto te molesta...
La mano de él aún estaba sobre su cabeza y bajó delicadamente hacia su mentón, sosteniéndolo y llevándola más cerca de él.
Sakuno deseó a los dioses de todas las religiones que hicieran maravillas con el sistema sexagesimal para alargar lo máximo aquel encuentro.
¿Por qué Ryoma estaba siendo tan sensualmente atrevido?
¿Por qué sentía que iba a ser él el dueño de sus vírgenes labios?
¿Cómo es que después de todas las estupideces, peleas mentales con sus conciencias, deseos a los que no veía sentido, etcétera, habían terminado con un guapísimo Ryoma Echizen enamorado tanto o más que ella?
Sakuno no buscó respuesta a esas preguntas retóricas y estúpidas. Sencillamente, esperó por el ansiado beso de su amado, cerrando los ojos.
Pero aquel contacto no llegó.
-Mada, mada dane. Practica hasta poder aspirar a novata y entonces... creo que ya me gustarás... de manera oficial.
En el último momento, los labios de Ryoma habían ignorado los de Sakuno y se habían dirigido a su oído, rozándolo deliciosamente con su aliento y prodigándole unas palabras que volvieron a acabar por cuarta vez, con las ilusiones de la muchacha.
-Tú a mí sí me gustas de manera oficial, Ryoma-kun.
¿Esa era su voz?. ¿ESA HABÍA SIDO SU VOZ? Echizen, que estaba por levantarse del suelo, desistió de momento para escuchar la cuasi-declaración (que ya tocaba) por parte de su compañera.
-¿Eh? –ahora le tocaba a Ryoma el turno de las onomatopeyas para rellenar espacio.
Sakuno, movida por una imprevista decisión, abrió la boca para empezar a largar todo aquel dilema de su interior y sus ganas de poder librarse de tanto sufrimiento... unido a las ganas de llegar a algo con este fic por parte de la autora.
-Te pedí que me ayudaras a jugar bien al tenis porque esperaba tu reconocimiento, que me valoraras no solo como una chica más de las pesadas que te van detrás todo el día, sino como una persona que se esfuerza en lograr lo que quiere, en una ganadora al tenis, en alguien que se pudiera acercar más a ti, pero a ti solo te gusta el tenis y yo no significo nada para ti, solo me sueltas a cada poco que me corte el pelo y que no juego bien, y entonces yo no sé qué hacer; en todo caso me cortaría las trenzas solo si así logro que me mires más de cinco segundos seguidos, o jugaría contra ti aunque quedase en ridículo, o si no, incluso haría que Tomo-chan-amo-a-Ryoma-sama-no-me-lo-quites-o-te-mato se quedara contigo y yo sería feliz viéndoos desde la distancia y...
Algo impedió a Sakuno seguir con el aburrido monólogo y esa vez no fueron las duras palabras de Ryoma amedrentándola, sino una presión suave en la boca que atropelló sus palabras. Frunciendo el ceño, se preparó para afrontar qué era lo que había detenido su declaración... y solo sus ojos tuvieron constancia de la cara de Ryoma muy cerca de la suya.
Entonces... lo que la había detenido... eran sus labios. El ex–novato del Seigaku la estaba besando con todo el aplomo del mundo, creyendo para sí mismo que era la mejor manera de acallar a su compañera, aunque ahora algo más, se suponía. Y creía bien.
Sakuno, maravillada por que, por fin, su deseo de ser besada por su amado se viera cumplido, ignoró la razón y se dejó llevar. Sin embargo, el peliverde se separó al poco tiempo, dejando un poco decepcionada a la chica.
-Yo nunca dije que no me gustaras. Y por la parrafada que me has soltado, creo que tergiversas mis palabras. Solo he comentado –ronroneó sensual-, que acabaría pensando en ti más de lo necesario si lograbas mejorar al tenis, y... que quizá sería mi perdición.
Oh. Con que era eso.
-¿Y dejarías... de pensar en el tenis para pensar solo en mí? –Sakuno en modo emocionada asustó un poco al recién declarado Echizen.
-Supongo... que... se puede entender así...
-¡Ryoma-kun! –Sakuno, aún con vena emocional, saltó sobre el peliverde, abrazándolo-. ¡Yo... ya pienso solo en ti!
-¡Ryuuzaki, me aplastas!. ¡Quita de encima!. ¡Tus cabellos me impiden ver!
-Pero me acabas de decir que te gusto por eso...
Ryoma tuvo la impresión de que no había sido muy buena idea confesarse a Sakuno estableciendo ese símil, pero ya era tarde para echarse atrás. Consideró que podría haber habido miles de comparaciones más, como las típicas con floripondios o el cielo azul, pero no podía evitar ver las trenzas de la niña como para inspirarse... La observó. Sí, a pesar de todo, de verdad le agradaba y mucho esa castaña.
-Y yo no he dicho que haya mentido.
Un nuevo beso tranquilizó a la joven, y más ahora que fue algo más profundo que la simple caricia anterior. Aunque Sakuno se sintió tan avergonzada por darse cuenta de que estaban en una pista pública y cualquiera podría verlos, contradiciéndose con uno de sus sueños del principio; que el beso se volvió casi una imitación del anterior.
Y justo a tiempo, Momoshiro Takeshi apareció por una esquina, sin llegar a tiempo de sorprender a la recién estrenada pareja, pero sí para dar cuenta del pequeño Ryoma sentado en el suelo junto a Sakuno, al parecer habiendo olvidado su cita en la pista con él.
-¡ECHIZEN!
El grito sobresaltó a los jóvenes. Ryoma, levantándose, se volvió algo asustado (pero sin mostrarlo), hacia un histérico Momo-sempai.
-¡Llevo media hora esperándote en la pista, maldito impuntual!. ¿Qué demonios hacías ahí parado, en tu mundo de ensueño?
-Lo siento, Momo-sempai –se disculpó Sakuno-. He entretenido a Ryoma-kun más de lo necesario y...
Momoshiro reparó en la dulzura de la chica y su enfado se apaciguó algo. No era lo mismo enfadarse con el arrogante de Echizen que con la joven Sakuno, que no dañaría a una mosca si se lo propusiera.
-Si es por ti, no importa, Sakuno-chan, pero es que Echizen nunca piensa que tiene responsabilidades para conmigo y el resto de jugadores...
-Ah, Momo-sempai...- habló el peliverde en tono cansino, empezando a andar hacia la pista que le asignaban junto a su compañero de dobles-. Precisamente, .¿por qué crees que tengo ganas de aguantar tus neuras tan de mañana?
-No las tendría si no fuese por tu culpa...
Las voces se fueron perdiendo a la lejanía, pero Sakuno vio como Ryoma le hacía un gesto con la mano estando de espaldas a ella, lo cual significaba: “nos vemos al rato”. Emocionada, se levantó y tomó su raqueta.
Ahora su razón para entrenarse ya no era el reconocimiento de Ryoma, pues todo se había aclarado entre ellos, ahora era por sí misma... Al fin y al cabo, había quedado demostrado que Ryoma Echizen la amaba precisamente por ser Sakuno Ryuuzaki.
FIN
N/A: Bueno, pues he aquí mi primer intento de fic medio humorístico, medio romántico, pero sin azucarar demasiado, resultado de un día en que verdaderamente estaba traumada con ejercicios de la universidad y me dio por escribir esto. Es muy distinto de mis otros fics, que son infinitamente más serios y con más dosis de amor, pero... con Prince of Tennis quería hacer algo distinto.
Para ser sincera, solo he visto la serie hasta el capítulo 15, así que si hay alguna incoherencia, o una Sakuno muy OOC, perdonadme, pero soy novata. No es una serie que me guste mucho, pero quería poner mi granito de arena a los fics de esta sección, de los cuales he leído algunos que francamente me han parecido preciosos.
Aclarar también que me parece linda la pareja de Ryoma y Sakuno y quise escribir algo de ellos. Aunque por supuesto no hago ascos al yaoi, en materia de esta serie, tenía más ganas de escribir sobre esta pareja. Además, a mí Sakuno, pese a lo que digan algunos, me parece buena niña y, basándome en unos cuantos fanarts que tengo (la mayoría con colores verdaderamente lindos XD) la verdad es que no queda nada mal junto a Ryoma.
Por último, si alguien se ha sentido ofendido, no era mi intención desprestigiar ni a Ryoma ni a Sakuno con mis tonterías, sino era solo para llevar a cabo un fic que se saliera de la temática habitual y que a ambos los quiero y respeto como personajes.
Para cualquier cosa: críticas constructivas, comentarios, sugerencias, promesas de regalos por Navidad (XD) amenazas de muerte (pero suaves, por favor, soy sensible) dejadme reviews y me haréis muy feliz. Muchos besitos y hasta la próxima.