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Lamento haberles hecho esperar durante tanto tiempo. Esta historia comenzó en abril del 2006 y ahora estamos a 2009, casi tres años después, y aunque sé que hubo ocasiones en que las hice esperar demasiado, espero que haya valido la pena. Quería hacer un capítulo más, previo a este, pero por diferentes circunstancias, no he podido hacerlo, así que deseo dejarles el capítulo final de WITL. Como curiosidad, les contaré que este último capítulo ya estaba escrito, aun antes que el primero, incluso antes que cualquier historia de PoT que haya publicado aquí antes. Así que perdonen los errores, no he querido editarlo para que lo leyeran tal cual lo escribí hace tres años.
Espero que les haya gustado y mil gracias a quienes fueron constantes lectoras. Espero que la musa inspiradora llegue pronto a mí y pueda escribir algo más de esta maravillosa pareja. ¡Un beso a todas!
Previo: Las palabras sencillas, los gestos pequeños, todas aquellas cosas que parecen insignificantes son en ocasiones los que forman los recuerdos más valiosos en nuestras vidas. El amor puede estar en un pequeño beso compartido al despertar, al recibir un regalo de cumpleaños o al aceptar un nuevo integrante en tu mundo.
Este capítulo: Enarcó una ceja cuando sintió una pequeña lengua humedecer con tibia saliva la punta de sus dedos.
**El cachorro de Syusuke.**
By Kea Langrey
Parpadeó confundido. Con aparente tranquilidad retiró sus anteojos, los limpió con un pañuelo desechable que tomó de un paquetito que sacó del bolsillo de su pantalón. Volvió a colocarlos sobre su nariz en silencio. Lo miró de nuevo.
Enarcó una ceja cuando sintió una pequeña lengua humedecer con tibia saliva la punta de sus dedos.
—No. —ordenó con firmeza. El tono que uso solo lo habían escuchado los miembros del equipo de tenis en el que solía ser capitán, por lo que al otro no le sorprendió y simplemente sonrió.
—¿No te gusta, Tezuka? —y ahí estaba, el culpable de todo.
—No, ya te lo había dicho. —volvió a sentir la cálida humedad impregnar su mano, pero esta vez fue tomado por sorpresa y dio un respingo.
—Pudiste haber cambiado de opinión. —aquella imborrable sonrisa, cómo llegaba a detestarla. Deslizó sus manos sobre los hombros de Tezuka. Sus cejas se unieron ligeramente, ¿desde cuándo él podría haber cambiado de opinión de un día a otro?
—No lo creo. —Sujetó las manos del menor y las apartó de sí. Un pequeño gruñido de protesta, exigiendo un poco de atención le hizo volver la mirada al suelo.
Se encontraba sentado sobre su cama, los píes descansando sobre el suelo de madera y sus brazos apoyados descuidadamente sobre sus piernas. Miraba atentamente a aquel intruso que lo alteraba en cierta manera.
Justo había terminado de lavar la taza en la que había estado bebiendo un poco de café cuando el timbre de la puerta llamó su atención. Encontrarse a Fuji mirándolo con inocencia le dijo que algo se traía entre manos. Y no se había equivocado.
—Es lindo. —el día anterior Syusuke había encontrado un pequeño cachorro cerca de su facultad. Tenía una habitación en los dormitorios de la universidad por lo que, a pesar de que no podía abandonar al pequeño animal que tenía una graciosa mancha oscura sobre su ojo izquierdo, no podía llevarlo consigo.
Le había dicho a Tezuka que él, viviendo en un apartamento (aun cuando fuese tan pequeño) podía cuidar del pequeño. Pero a Tezuka Kunimitsu nunca le habían gustado los perros, ni siendo pequeño, y mucho menos ahora que era mayor y tenía más responsabilidades. Un perro nunca entraría en sus planes.
—No lo es. Está sucio y seguramente tiene pulgas. —el perrito gruñó, si Tezuka no supiera que era imposible, creería que se habría ofendido.
—No las tiene, lo bañé. —defendió Syusuke. Kunimitsu cerró sus ojos y suspiró, Syusuke sonrió, sabía que estaba cediendo.
—A Hamasaki-san no le agradará. —La casera era una mujer mayor bastante agradable que se divertía comentando la película de terror de la semana con Syusuke mientras tomaban té en la terraza del pequeño edificio. La extraña convivencia se había dado una tarde en que Tezuka había llegado tarde de la librería donde trabajaba medio tiempo.
Syusuke había llegado a su departamento y al no encontrarlo se quedó esperando en las escaleras. Hamasaki-san, desconfiada como era había sometido a un duro interrogatorio al castaño y mientras el joven respondía con una enorme sonrisa cada una de sus preguntas, no pudo evitar hacer un comentario sobre lo parecida que era la situación a la trama de la película del detective de lo paranormal del domingo anterior.
La mujer, maravillada, había concordado con aquella afirmación y luego de eso, cuando Tezuka llegó y miró a la regularmente desagradable mujer hablando divertida con su amigo no pudo menos que pensar que quizá se había equivocado de lugar.
—Le pregunté, no le molesta que lo tengas, mientras no haga mucho ruido. Los vecinos también tienen mascotas. Himiko-chan tiene un gatito. —Tezuka era en ocasiones así se preguntaba cómo era que Syusuke conocía mejor a sus vecinos que él, pero luego negó con la cabeza y se resignó a no saber la respuesta. —Es negro, con ojos amarillos.
La sonrisa macabra en el rostro del menor le provocó un ligero escalofrío, aún no podía entender los gustos del chico, a pesar del montón de años que tenía conociéndolo.
—Deberías llevarlo a un albergue, yo no tengo tiempo para cuidarlo. —Syusuke se sentó sobre sus piernas. Se había mantenido arrodillado a espaldas del mayor, esperando quizá con esa actitud despreocupada que Tezuka se mostrase más accesible a conservar al cachorro.
—Si tienes, eres muy ordenado. —refunfuñó. Se cruzó de brazos y a espaldas de Tezuka le hizo señas al pequeño perro para que subiera a la cama. El cachorro entendió a la perfección y de un salto rápido estaba sobre la mullida superficie del colchón.
—¡No! —casi gritó. Intentó sujetarlo antes de que el animalito cometiera su objetivo, pero solo pudo cerrar su mano en el aire pues el cachorro había sido lo suficientemente rápido para burlarlo. Syusuke lo tomó en brazos y se recostó en la cama, abrazándolo como un peluche.
—Míralo, Tezuka, es tan lindo ¿cómo podrías echarlo? —Tezuka giró el cuerpo, lo suficiente para mirarlos a ambos. Negó con la cabeza, el cuadro se veía bastante lindo, para alguien a quien le gustaran los perros.
—Sin remordimientos. —con un movimiento que Fuji no pudo prever, sujetó la piel del cuello del animal y lo levantó. Syusuke no pudo hacer nada y vio como era depositado con suavidad sobre el suelo. Al menos no lo había arrojado con fuerza a la calle, así que se sentía ligeramente victorioso. Estiró los brazos y atrapó el cuerpo del mayor entre ellos y lo tiró en la cama.
—Eres muy malo. —musitó cerca de su oreja y la mordió con suavidad. —¿En verdad lo echaras? —Tezuka lo abrazó por la cintura y lo recostó de espaldas para luego colocarse encima de él.
—Sin dudarlo. —observó su rostro y con un par de dedos retiró unos cuantos mechones de castaño cabello del rostro del menor. Syusuke mantenía los ojos abiertos, fijos en los ojos marrones del mayor.
—Yo lo quiero, Tezuka. —¡ah palabras mágicas! Se habían tardado un poco en salir, pero finalmente ahí estaban, justo en el momento en que harían efecto.
—¿Vendrás a sacarlo todos los días? —preguntó luego de inclinarse para besarlo con suavidad.
—Haré todo lo posible. —prometió deslizando sus manos por la espalda del más alto.
—Podrías mudarte aquí. —ofreció entonces luego de que un beso más prolongado se diera entre ellos. A pesar de que la familia de ambos sabía de la relación que mantenían desde hacía varios años, Syusuke se empeñaba en vivir en la universidad, sólo porque la mayoría de sus amigos vivían ahí.
Tezuka había insinuado la posibilidad de que ambos viviesen juntos en el departamento, pero Fuji nunca se mostró interesado. Tezuka, siendo el hombre que era no lo había mencionado de nuevo, hasta ese momento.
—Para cuidar al perro, claro. —aclaró. Syusuke sonrió enternecido y empujando la cabeza de Tezuka lo guió a un nuevo beso. Este terminó cuando un suave ladrido atrajo su atención.
—Si, para cuidarlo. —aceptó. Empujó de los hombros a Kunimitsu y se medio incorporó para sujetar al cachorro y subirlo de nuevo a la cama. Lo colocó entre sus piernas luego de haberse sentado recargando su cabeza en la pared blanca.
Tezuka se sentó a su lado y miró las graciosas orejas del perrito. Resignado estiró la mano para acariciarlas y sentir su pelo suave.
Cuando hizo el ofrecimiento sabía que aceptar que Fuji Syusuke se hiciese una presencia permanente en su vida era porque aceptaba hacer un sin fin de cambios que modificarían cada aspecto de su vida, pero desde que el chico de preciosos ojos azules y sedosos cabellos castaños había entrado en su mundo nada había vuelto a ser igual.
Desde los regalos de cumpleaños, hasta las celebraciones de aniversarios (pasando por caminatas en el parque a media tarde, hasta clases de baile demasiado eróticas para ser descritas con simples palabras). Su vida había ido cambiado cada día.
—Ibas a dejar que se quedara desde un principio, ¿verdad? —Tezuka sonrió y besó la mejilla de Syusuke, gestos como ese eran los que habían ido creciendo con la convivencia diaria con Fuji.
—Si, solo quería hacerte sufrir un poco. —confesó, estirando su brazo para sujetar el libro que había estado leyendo la noche anterior. Syusuke sonrió de nuevo y continuó jugando con las orejitas del perro.
Si, serían días interesantes.