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Anime/Manga » Card Captor Sakura » CORAZÓN SALVAJE
HOSHI KUMIKO CHAN
Author of 3 Stories
Rated: M - Spanish - Adventure/Romance - Syaoran L. & Sakura K. - Reviews: 482 - Updated: 08-25-08 - Published: 12-15-06 - Complete - id:3291070

Esta historia es una adaptación de "Corazones en Llamas", obra de JOHANNA LINDSEY. Este Fanfiction contiene escenas que no corresponden con la obra original, pues han sido modificadas para el ajuste de personajes de CCS de CLAMP, bajo criterio de la persona responsable de esta adaptación.

CAPÍTULO XXII

Sakura aún no podía creer lo que escuchaba. Por un momento creyó morirse, pero haciendo acopio de toda su razón, suspiró conteniendo un grito que expresara su dolor y furia. Su cabeza negaba lo que le pedían hacer, lo negaba sin decir palabra, solo lo hizo hasta que pudo hablar sin perder la cordura.

- No ¡No, Yukito, eso no puede ser! No lo voy a permitir. Quiero hablar con él! –

Las primeras horas de la mañana, y debido a las críticas circunstancias era obvio el reinante silencio en la sala. Las mujeres rezaban sin hablar. Los hombres afilaban solemnemente sus espadas.

Nadeshiko había vuelto con Fujitaka, pero él no le había permitido regresar con Sakura. En cambio, habían enviado a Yukito con la misión de informarles lo que se había decidido. Los vikingos se habían retirado nuevamente junto al recinto amurallado, parecían formar parte de los gigantescos muros, solo observando, a la expectativa de nuevas órdenes. Sakura había esperado con Syaoran el resto de la noche. Habían previsto que habría un ataque, un ultimátum, pero no lo que Yukito estaba diciéndoles.

Sakura estaba de pie al lado de Syaoran. Por órdenes de su madre, ahora Sakura vestía ropa de Vikinga, según por palabras de su madre, era mejor que Fujitaka la viese como él la recordaba y no con los harapos que el Sajón le hizo usar. Pues de haberla visto así, Nadeshiko juró que el Sajón y su gente no conocerían la piedad de un Vikingo poseído por la furia. Sakura no podía negar sentirse extraña, no por sentir nuevamente la suavidad de su vestido y la sensación de portar joyas; sino, por la mirada penetrante de Syaoran, quién desde que la vio vestida de esa forma, no le había quitado los ojos de encima. Lo descubrió más de una ocasión observando sus piernas. Le dolía su mirada, ese atisbo de reserva, como si no la conociera.

Agradeció a los cielos cuando Yukito apareció en la entrada. Apenas amaneció, el vikingo llegó desarmado. Tenía el mentón y el labio inferior monstruosamente hinchados, testimonio del mal humor del tío Jun. Había hablado únicamente con Sakura, dejando a cargo de la joven la tarea de interpretar el mensaje para beneficio de Syaoran. Y ella aún no lo había hecho.

- Puedes venir conmigo ahora para verlo – dijo francamente Yukito -. Pero si abandonas esta casa, tu sajón pierde el único recurso que le permite negociar. No creo que desees eso. –

- Entonces, dile que venga aquí. –

Yukito meneó la cabeza.

- No vendrá. No confía en los sajones. –

- ¡Tú viniste! –

- Sí. – Sonrió. – Pero confió en tu capacidad para evitar que tu hombre me degollé. En cambio, tu padre no ha visto el poder que tú ejerces sobre él. –

Sakura respondió en voz colérica: - Quizás eso sea cierto en las cosas poco importantes, ¡pero no cuando se trata de algo que afecta la seguridad de toda su gente! –

Yukito no se mostró impresionado. Si hubiesen querido matarlo, ya lo habrían hecho. Pero el sajón permanecía de pie allí mismo, el rostro impasible. Ni siquiera mostraba curiosidad por saber de qué hablaban, ocasionalmente desviaba la miraba a Sakura.

- Tienes que hablar con el Sajón, Sakura. Esto es inevitable. Habla con él ahora, por favor. De lo contrario tendré que hacerlo yo y lo más seguro es que no me entienda bien. –

- ¡Yukito, por favor! Esto no puede ser. ¡Para mí no habrá un triunfador! –

- No creo que se haya considerado ese aspecto. Dieciséis de los nuestros fueron convertidos en esclavos, y obligados a trabajar para estos sajones. No todos reclaman venganza por eso. Unos pocos incluso preferirían vivir aquí, si pudieran hacerlo como hombres libres. Pero aunque no lo comprendas, los que no buscan la venganza ahora tienen aquí hermanos y padres que sí la reclaman, y eso te incluye a ti también, Sakura. Tienes que entender eso quieras o no. –

- ¡No me pidas que trate de entender una locura! – exclamó ella -. ¡Es el riesgo que aceptaron cuando vinieron a atacar este lugar. –

- Ellos no lo ven así. –

- ¡Por Dios! ¿Mi madre habló con mi padre? –

- Hablaron largamente, discutieron. Y después se adoptó la decisión. –

- ¿Mi madre aprueba esto? –

- No, no lo aprueba, pero como tú misma, no puede evitarlo. Tu tío es el Jarl, y ejerce el mando. Le corresponde la palabra definitiva, y aceptó. Y tu padre fue elegido a reclamar venganza unánimemente, pues se entiende que es el que ha sufrido la peor ofensa del sajón, a causa de ti. Ahora, díselo, Sakura. Se acerca el momento. –

Sakura miró a Syaoran. La cara de la joven era una máscara pálida y sombría. El sufrimiento más profundo se manifestaba en su mirada. ¿Cómo podía decírselo? Y sin embargo, era necesario. Que Dios la ayudase, ese día, ella misma quedaría destruida.

Habló con voz apagada.

- Milord, te retan a duelo. Eligieron a su representante, y tú combatirás solo contra él. Si lo derrotas, entonces se hará la retirada. –

Syaoran provocó mayor sufrimiento en Sakura cuando lo miró sonriente. Vio que animosamente se acercó a ella y tomándola de los brazos le habló suavemente.

- Sakura, esto es mejor que todo lo que yo podría haber deseado. ¿Por qué estás tan triste? ¿Tienes miedo que no pueda ganarle? –

- Esa es una de las razones – dijo ella con voz quebrada.

- Muy bien. ¿Qué sucederá si soy derrotado? –

Syaoran desbordaba confianza. Pero ella no podía mirarlo a los ojos.

- Eriol siempre me tendrá aquí, y podrá usarme para negociar. Mi tío Jun ejerce el mando. No cree que tú me mates, pero no se siente tan seguro si otro sajón ejerce el mando. Sé cómo es mi tío, no arriesgará mi vida. Se marcharán si yo voy con ellos. En cualquiera de los dos casos tu gente se salvará. –

- Entonces, ¿sólo están contra mí? –

Sakura se preguntó si Syaoran había comprendido el hecho que si él ganase o perdiese, ella tenía que irse con su gente.

- Sí. Un vikingo prefiere morir en combate antes que ser esclavo, ser capturado es deshonroso. Tú los obligaste a aceptar lo que más odian. –

- ¿Pero se darán por satisfechos si triunfo? –

- Syaoran, son hombres de pelea. Pelean por divertirse o por el más mínimo insulto; poco les importa la razón. En nuestros festines mueren hombres por incidentes que comienzan como una sencilla disputa. Los amigos enfrentan a los amigos... lo que les importa es el desafío. Pero siempre se respeta al vencedor porque se lo considera el mejor. Han designado al mejor de sus hombres. No creen que puedas derrotarlo, pero si lo consigues habrás demostrado tu fuerza, y por lo tanto te respetarán. –

El acercó la mano al mentón de Sakura, y la obligó a mirarlo.

- ¿Esto te angustia? ¿Deseas que rechace el desafío? –

Sakura gimió.

- No puedes. Mi madre seguramente les dijo que no me dañarás, no importa lo que suceda. Como te expliqué antes, mi tío está seguro de eso. Atacarán tu casa si no peleas. No tienes alternativa si quieres salvar a tu gente. –

- Por otra parte, podrían atacar incluso ahora, y sin embargo me proponen este reto. Sakura, es un trato justo. No te inquietes. No puedo perder. –

Ella contuvo una exclamación. Lo miró por segundos que parecieron eternidad. Lo abrazó luego de haberle dado un desesperado beso de despedida.

– Te amo, Syaoran. –

– Tranquila, preciosa, tranquila. Todo saldrá bien. –

– Sakura. – Dijo Yukito.

Sakura se volvió bruscamente y se dirigió hacia la escalera a pasos presurosos. Syaoran la miró con el ceño fruncido hasta que ella desapareció en el piso alto. Después, miró hostil a Yukito.

- ¿Qué le dijiste a Sakura que la conmovió tanto? – preguntó Syaoran.

A Yukito le dolía la cabeza debido al intento de entender el rápido diálogo de los dos jóvenes. Había renunciado al esfuerzo después de comprender que el sajón sabía a qué atenerse. Quería conocer la causa de la inquietud de Sakura. Yukito pensó que la joven tenía sus propias razones para parecer preocupada.

El vikingo se encogió de hombros.

- Fujitaka está furioso con Touya... perdió la nave... trajo aquí a Sakura. Probablemente tendremos nuestro merecido por todo esto. –

Syaoran no se tranquilizó. ¿Era posible que la preocupación por su hermano la agobiase tanto? Quizá, si eso se sumaba a la inquietud por el resultado del combate.

- ¿Cuándo vendrá mi contrincante? – preguntó.

- Tardará el tiempo necesario para prepararse. –

- ¿Vendrá completamente armado? –

- Sí. –

Syaoran despidió con un gesto a Yukito. Envió a un hombre a su dormitorio con la orden de alcanzarle su armadura, y entretanto explicó a Eriol lo que sucedería. Impartió instrucciones para el caso improbable de que el vikingo lo derrotará.

Un rato después se había puesto el casco y la cota de mallas. Eriol estaba afilando la espada cuando llegó la llamada desde el patio.

Syaoran salió de la casa, la espada en una mano y el escudo en la otra. Syaoran trató de ignorar esa horrible sensación que sintió en su ser al apreciar a todos esos vikingos rodeando su propiedad. Habían entrado todos en el patio, aunque algunos se habían desplegado a lo largo del muro externo, los escudos y las espadas a los pies de cada uno, como signo de que habían venido sólo para mirar. Los hombres de Syaoran salieron de la casa, y él impartió la orden de que también depositaran en el suelo sus armas. Vio a la madre de Sakura que aferraba el brazo un gigante de ancho pecho que estaba a su lado.

Pensó si ese sería el padre de Sakura.

Syaoran no necesitó esperar mucho tiempo, y de pronto vio a su contrincante, a pocos metros de distancia. Era un hombre alto y corpulento, quizá tres o cuatro centímetros más alto que Syaoran. Mantenía separadas las piernas musculosas revestidas de cuero, la única protección que usaba, además del yelmo cónico con el largo protector de la nariz que ocultaba la mayor parte de su cara. Una sólida musculatura le cubría el ancho pecho y el estómago liso. Los brazos parecían garrotes carnosos. Adornaba sus muñecas con brazaletes de oro que mostraban dibujos de serpientes y dragones. El amplio escudo estaba revestido de cuero, y en el centro tenía un espolón de cinco centímetros. Y la espada de doble filo era una de las armas mejor trabajadas que Syaoran había visto jamás; el pomo estaba grabado y tachonado de plata y oro.

Syaoran vio todo esto de una ojeada. Que el hombre apareciese con el pecho desnudo era un gesto de menosprecio que el sajón no podía ignorar. Pidió a Eriol que le ayudase, porque deseaba quitarse su propia cota de mallas.

- ¿Estás loco? – preguntó Eriol.

- No, me llevará ventaja si soporto el peso de la cota y él no. Primo, no creo que esto termine rápidamente. No quiero ofrecerle ninguna ventaja. –

Los vikingos vivaron cuando Syaoran desnudó su propio pecho. Su antagonista había permanecido inmóvil, esperando. Eriol devolvió a Syaoran la espada y el escudo, y el sajón se acercó al hombre a quién debía matar. Y entonces se sintió paralizado.

Syaoran, vio los mechones claros, idénticos a los de Sakura, los mismos ojos expresivos de ella que lo observaban tras los protectores de yelmo. Era imposible ignorar esa mirada además del cabello tan castaño como el de ella, Syaoran rogó a los cielos que no fuera lo que estaba pensando.

– ¿Te divertiste con mi hija y mi gente, maldito Sajón? –

Syaoran lanzó una violenta maldición, y retrocedió. Juró de nuevo, y arrojó la espada al suelo, frente al vikingo.

Fujitaka bajó su propia espada.

- Ella no te lo dijo, ¿eh? –

- ¡No puedo combatir contra ti! – gritó irritado Syaoran -. ¿No entiendes que eso la destruiría? ¡Maldita sea! –

- ¿Es la única razón por la cual no peleas? –

El tono era insultante, y Syaoran no podía ignorar la insinuación de cobardía. En ese momento casi decidió volver a tomar la espada. Pero en su mente evocó la expresión angustiada de Sakura, y cerró los puños para dominar el impulso.

- Qué otro venga a combatir – dijo Syaoran con voz áspera. Su voz resonó como un trueno-. Envíame a ese oso que está de pie al lado de tu esposa. –

- No, mi hermano no puede enfrentar a un hombre de tus proporciones y tu edad, aunque él no quiera reconocerlo. Te enfrentarás conmigo o con nadie. ¿O quizá mi hija también olvidó decirte lo que sucederá si te niegas a luchar? –

- ¡Me lo dijo! – Syaoran estaba enfurecido por la impotencia. El tono del Vikingo estaba lleno de burla.

- Entonces, sajón, recoge tu espada y actúa como hombre. ¿O solo lo eres con una mujer en tu cama? Sabes que no tienes alternativa. ¡Toma la maldita arma y pelea! –

Syaoran sabía que si dejaba dominarse por la furia perdería instantáneamente. Decidió no caer en el juego del sujeto.

- Vikingo, ¿estás seguro de que no eres demasiado viejo para esto? – se burló Syaoran - Me entreno diariamente en el arte de la guerra, porque estamos preparándonos para enfrentar a tus hermanos los daneses. Pero entiendo que no eres más que un mercader. –

- ¡Vaya, vaya! – rió Fujitaka mientras se paseaba mofándose de las palabras dichas -. Ahora he sido bien desafiado. Niño, tienes un segundo antes de que comience a despedazarte. –

Syaoran se inclinó para recoger su espada y con ella en la mano rodó y se incorporó sobre el costado izquierdo de Fujitaka. Dispuso sólo del segundo prometido antes de que el primer golpe cayese sobre su escudo. Siguió otro antes de que pudiese afirmarse sólidamente sobre los pies.

Nadeshiko había dicho la verdad. En efecto, el padre de Sakura quería su sangre. Ni por un instante cesó en sus ataques, y descargó un golpe tras otro siendo obvio el único propósito del gigante, el de matarlo. Obligó a Syaoran a retroceder en medio del patio. Ninguno de los daneses contra los cuales Syaoran había desenvainado la espada se había mostrado nunca tan implacable. Pero por otra parte ningún otro contrincante había tenido una motivación parecida. Estaba peleando ante todo contra un padre encolerizado, y en segundo lugar contra un vikingo. Estaba obligándolo a pagar cada una de las veces que había llevado a su lecho a Sakura.

En la ventana de la habitación de Syaoran, en el piso alto, Sakura parecía una estatua, y observaba el combate. El espectáculo la torturaba, y sin embargo no podía apartar la mirada. Media docena de veces había sentido que se le encogía el corazón, pues parecía que Syaoran no lograría protegerse a tiempo con el escudo, y entonces la espada de Fujitaka pasaba a pocos centímetros del sajón. Y después, llegaba la respuesta de Syaoran, y los golpes feroces sobre el escudo de Fujitaka.

Parecían dos murallas, descargando golpes que eran martillazos. Los labios de Sakura sangraban, porque se los mordía para contener los gritos. ¿Cuánto tiempo duraría eso? ¿Cuánto tiempo antes de que...?

La vikinga contuvo el aliento, la espada rasgó el costado de Syaoran.

Sakura, no podía soportar más. Era testigo como ambos hombres a quién tanto amaba se mataban a golpes. Se retiró presurosa de la ventana.

Syaoran, sentía como cada golpe parecía destrozarle las entrañas. Lo único que podía hacer era protegerse y responder cuando era posible, descargaba ataques sobre el vikingo enfurecido. Un segundo fue el tiempo con el que contó para afirmarse sobre sus piernas, cuando tuvo que recibir con su escudo el ataque de la espada doble filo que se dirigía hacia su cuello. Cada vez era más difícil protegerse. Por instinto, guió su espada hacia el pecho del gigante para alejarlo de su cuerpo.

La fuerza del último golpe derribó a Syaoran. Fujitaka atacó por la derecha, pero los pies de Syaoran lo derribaron. Syaoran consiguió incorporarse antes que su antagonista, siendo evidente que podía alcanzar el vientre del vikingo. No aprovechó la oportunidad. En fracción de segundos yacía sobre el suelo de nuevo y sin su espada.

En segundos, ambos sostenían en sus manos enormes cuchillos, Fujitaka fue el primero en lanzarse al ataque. Cuerpo a cuerpo la fuerza del vikingo era abrumadora. El sajón, propinaba sendos golpes que parecían no doblegar al vikingo, respondía a cada golpe recibido. Syaoran con trabajo mantenía lejos de su vientre la imponente arma. Pudo ver cómo el gigante en una oportunidad clara, prefirió asestar un golpe en su vientre que enterrar el cuchillo. Entendió que el vikingo solo jugaba con él. Eso lo encolerizó.

Syaoran vio como el endemoniado vikingo empuñaba el cuchillo y se dirigía a él implacable. Sin más opción que defenderse, Syaoran se aferró a su arma, estaba listo a recibir el ataque de su oponente. Sin embargo, fue inesperado recibir un golpe que bien pudo romperle la mandíbula. Lo derribó. Pero el sajón giró de prisa sobre sí mismo, y con un impulso poderoso hundió el hombro en el vientre de Fujitaka, desarmándolo al instante, Syaoran decidió deshacerse del cuchillo. La pelea continuaría, pero ahora con los puños.

El vikingo sin preámbulo, yacía sobre él descargándole un sin número de golpes por todo el cuerpo y rostro. La mano del vikingo sobre su cuello le cortaba la respiración, sin embargo Syaoran no dejaba de defenderse. Fujitaka, sacó de su costado un cuchillito el cual lo dirigió a su cuello, a duras penas Syaoran lo mantenía alejado, podía sentir lo frío del arma sobre su yugular.

– ¡Ya basta! –

El desgarrador grito de Sakura, quien ahora estaba a pocos metros de los combatientes, hizo que la lucha cesara. Ambos, sangrando y jadeantes observaron a Sakura de pie frente a ellos con su rostro bañado el lágrimas.

– ¡Ya basta, papá! Obtuviste lo que querías ahora déjalo! –

Con trabajo, ambos se pusieron de pie. Y viéndose cara a cara.

- Podría haberte destruido – Dijo Fujitaka.

– Digo exactamente lo mismo, vikingo. –

Fujitaka se acercó hacia Syaoran y viéndolo fijamente descargó un puñetazo sobre la ya lacerada mandíbula de Syaoran. Este apenas pudo mantenerse en pie, no respondió el golpe porque sabía la razón de ese ataque en especial.

- Seríamos unos estúpidos si continuáramos, porque no puedo matarte. Pero no me tientes porque no tengo tantos escrúpulos si se trata de esto. – Las palabras de Fujitaka eran cortantes.

Sakura comenzó a llorar aliviada. Al fondo del patio, Nadeshiko se volvió para ocultar sus propias lágrimas. Las dos mujeres sonrieron, seguras de que los hombres vivirían.

Largo rato después, Syaoran no hubiera podido levantar la cabeza siquiera para salvar su vida, cayó sobre sus rodillas casi desmayado. Fujitaka, fue declarado vencedor poco antes de inclinarse y caer cerca de Syaoran. Reinó el silencio en el patio. No se había contemplado la posibilidad de que los dos hombres conservaran la vida.

Sakura no les dio tiempo para pensar. Corrió hacia los luchadores caídos, abrazando primero a su padre. Sakura se apoderó rápidamente de una de las espadas caídas al suelo, en el momento mismo en que su tío y la mayoría de los vikingos se acercaban. Enfrentó con ella a Jun, blandiendo el arma.

- Esto ha terminado, tío Jun – le advirtió irritada – Es hora de retirarnos. –

– Dile al Sajón que ambos han ganado. Le concedemos la paz. –

– Sakura…– Syaoran solo balbuceaba.

Sakura con lágrimas en sus ojos lo vio y le dirigió una sonrisa. Se acercó lentamente a él hasta tomarlo en sus brazos.

– Tu pueblo ahora estará en paz, Syaoran.–

– He ganado... He ganado. – Syaoran producía solo balbuceos.

– Tengo que irme. –

– He ganado. –

– Salvaste a tu gente. –

– Saku…ra... –

La vikinga observo como su gente recogía las armas, a su vez, los sajones se ponían alertas, fue cuando su madre la llamó.

– Hija, este es el momento. –

Sakura no pudo contener las lágrimas. Por el bien de la gente de Syaoran y por él mismo, tenía que irse.

– Syaoran... te amo. –

– No te irás… Sakura – Syaoran juntaba todas las fuerzas que tenía para no desmayarse en ese momento.

Sakura depositó un tierno beso en los labios de Syaoran mientras acariciaba su cabellera bañada en sudor. Lo observó y dijo en un susurro que lo amaba. Rápidamente, de un grito llamó a Eriol, quien en un principio vaciló en acercarse. Entregó en sus brazos a Syaoran.

– Más te vale que lo cuides, Sajón. –

– No te preocupes. – Eriol observaba fijamente a Sakura.

Ella se levantó, y con gran esfuerzo se alejó de Syaoran, solo en ese momento los vikingos comenzaron la retirada.

Corrió junto a su madre escuchando sin entender los balbuceos de Syaoran. Sakura no volvió su vista atrás.

Semanas después de haber llegado a su tierra, Sakura parecía retomar poco a poco sus viejas actividades. Los primeros días fueron de constantes atenciones por parte de su madre, aunque ella creyó estar en el cielo, Sakura sentía tener el infierno dentro de si.

Fujitaka no había tocado el tema siquiera con ella. Lo único que supo fue de los golpes que recibió Touya, en castigo de ser uno de los principales responsables de lo que su padre había calificado como una torpeza. Sabía que habían determinado otros castigos pero no supo en qué consistían.

Los días en su hogar habían sido reconfortables, era curioso que toda su vida había pasado en ese lugar, en su cautiverio había soñado con regresar a todo lo que ella quería y necesitaba. Sin embargo, ahora estaba con su gente pero se sentía vacía. No había día en que sus pensamientos no fueran dirigidos a Syaoran, recorría mentalmente la casa del sajón, revivía todos los momentos con él y a pesar de los aspectos negativos, lo recordaba con placer. Y aunque lo ocultaba, no podía dejar de sentir una inmensa tristeza.

Extrañaba al sajón.

Su madre en repetidas ocasiones le preguntó si lo extrañaba, pero siempre lo negaba, no quería exponer su dolor. Ese día Sakura harta de todo el ambiente depresivo, decidió ir a nadar al río.

Tirando de las riendas de su caballo se acercó a las aguas observando distraída el horizonte. Dejó a su caballo y se acercó al río, deseó que Syaoran estuviera con ella, quería mostrarle esos lugares que tanto significaban para ella.

Se sentó en un troncó cerca de la orilla a esperar que llegase la noche. Pensaba en una de las tantas noches que hicieron el amor, en cuánto disfrutó decirle a Syaoran que lo amaba. Sakura recordó el momento en que Syaoran al fin le confesó sus sentimientos, para ella ese momento fue tan sublime como el momento de unirse a él.

Lágrimas empezaron a rodar por las mejillas de Sakura. Suspiró con dolor al recordarlo.

– Syaoran. –

– Dime. –

Sakura salto asustada al escuchar respuesta.

Lo vió.

Ante ella, portando su armadura de gala y con esa sonrisa arrogante que lo caracterizaba. Sin pensar en nada más, Sakura se tiró a sus brazos. Syaoran gimió de dolor cuando Sakura apretó sus costillas fracturadas, pero aún así Syaoran no se contuvo y devoró sus labios, demostrando a Sakura una ansiedad que no había sentido jamás en él.

– Pensaste que me daría por vencido, mujer? –

– Pero... –

– Te he extrañado, Sakura. –

– Syaoran –

– Combatí con tu padre por el derecho a la paz de mi pueblo, pero no por la mía. Pasé postrado en el lecho con el alma siendo carcomida por la furia de no poder levantarme, y venir por ti. Era frustrante como toda mi gente cuidaba de mí, pero solo te necesitaba a ti, princesa. –

– Mi querido Syaoran. –

– He venido, porque quiero hacerte una pregunta y juro que no aceptaré un no por respuesta… Te casarías conmigo? –

– Pero…–

Syaoran juntó sus cejas, confundido, entendiendo que la vikinga no asimilaba lo que pasaba.

– Esa no es la respuesta que esperaba… Quieres que elabore una lista de razones por las que tienes que estar a mi lado? – Syaoran miraba extasiado el rostro impresionado de Sakura. – Emi pregunta mucho por ti, está deslumbrada y complacida con tu madre y los vikingos que pudo ver. Tu madre prometió llevarla a visitar una nave vikinga. De hecho Emi me amenazó que no volviese a casa sin ti y que pidiera que tu madre cumpla su promesa. Debo de cumplir si quiero que mi hermana continúe con ese cambio tan positivo de hablarme. –

– Mi amor… –

Sakura disfrutaba ese tono juguetón en Syaoran. Este, abrazaba a Sakura con aires de posesión y ternura. Syaoran besó la frente de la vikinga, se preguntó si el destino no había corregido el error cometido al arrebatarle su primer amor en el curso de una incursión vikinga, y le había enviado a Sakura durante otra incursión. En todo caso, ella había llenado el vacío en que él había vivido todos esos años. Sakura lo amaba. Después de todo lo que él le había hecho, en verdad lo amaba. Y eso jamás dejaría de asombrar a Syaoran. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera con tal de que ella aceptase casarse con él. Si ella aceptaba, ya no le importaba lo que sucediera con el padre de Sakura. Lo que fuera lo enfrentaría.

Realmente era molesto actuar como jovencitos para poder verla. Pero de no haber sido por la ayuda de Nadeshiko, ese encuentro hubiera sido imposible. Ella había logrado controlar al gigante de Fujitaka y permitir que él hablase primero con Sakura antes que con el padre. Al final lo que Syaoran le preocupaba era la opinión de Sakura.

Se enfrentaría a Fujitaka para que le concediese su mano, si el deseo de Sakura era estar con él.

– Eso es un si? –

Sakura sonrió y le dio un beso tierno y prolongado. – Si, quiero casarme contigo. –

– Te amo, princesa. –

– Yo también. –

– Entonces, ha llegado el momento. Tengo que hablar con tu padre. –

Sakura abrió los ojos asustada de imaginarse lo que se avecinaba.

El vikingo había buscado la sangre del sajón, y Syaoran había escupido bocanadas enteras. Había dicho que en adelante lo pensaría mucho antes de enfrentarse nuevamente con ese vikingo implacable, pero ahora debía hacerlo por ella.

El encuentro decisivo era ahora. Estando en la casa de los Kinomoto, Syaoran se sentía extraño, como un adolescente estaba nervioso de lo que venía. Sakura llegó de prisa para advertirle, apenas unos segundos antes, que su padre se acercaba. Syaoran enterró la cabeza bajo el almohadón que estaba junto donde estaba sentado. Ella rió y se lo arrebató. Y entonces, en la puerta apareció Fujitaka Kinomoto, y ocupó todo el espacio disponible con su enorme cuerpo.

Syaoran había visto en acción ese cuerpo soberbio, pero ésta era la primera vez que podía contemplarlo tranquilamente. No parecía tener edad suficiente para contar con un hijo que era sólo cinco o seis años menor que Syaoran.

La reflexión no agradó en absoluto a Syaoran, pues cobró conciencia de que había sido castigado enérgicamente por un hombre que era casi cuarenta años mayor; y además un mercader, es decir un individuo que naturalmente hubiera debido ablandarse con el paso de los años. Y lo que era peor, estaba de pie ante el propio Syaoran solo con señales de algunos golpes, aún y cuando él mismo debajo de sus ropas estaba vendado por sus costillas rotas. El sajón conocía el poder de su propia fuerza. Un hombre de la edad de Fujitaka hubiera debido guardar cama como mínimo durante dos quincenas.

Y sin embargo, allí estaba, alto y erguido, y sólo unos pocos signos atestiguaban su participación en el combate: la decoloración del labio, una mancha morada en una mejilla, una pequeña herida bajo un ojo. Syaoran sintió deseos de haber visto ese ojo cuando estaba completamente negro, y todavía hinchado. Lo irritaba la capacidad del vikingo para reponerse con tal rapidez.

Fujitaka vestía una túnica de cuero sin mangas, y se cubría las extremidades inferiores con las perneras firmemente aseguradas a los muslos y los tobillos. Las botas de cuero blanco estaban tachonadas de oro, y le llegaban a las rodillas. Se adornaba la túnica con anillos de oro. A decir verdad, llevaba encima una verdadera fortuna; y cerraba el cinturón con una hebilla de oro del tamaño de un puño. En los dedos lucía anillos de oro con piedras preciosas. Sobre el pecho mostraba un medallón de oro macizo, y otras piezas de oro adornaban sus muñecas.

Syaoran descubrió consternado que lo intimidaba, no la riqueza y la fuerza que se transparentaban en todos los detalles de ese hombre, sino la expresión sombría del rostro de Fujitaka. Era el padre de Sakura. Una sola palabra que él pronunciara y Syaoran podía perder a la muchacha.

Cuando habló con Sakura creyó que el problema estaba resuelto. Pero al mirar al padre de Sakura comprendió que no era así. Aún necesitaba obtener la aprobación de este hombre, y por lo que podía ver no parecía que Fujitaka estuviese dispuesto a concederla.

El hecho de que Sakura sonriera suavizó un poco el pánico que comenzaba a dominar a Syaoran. Si ella no veía nada alarmante en la severa expresión de su padre, quizá podía afirmarse que Syaoran, estaba reaccionando con exceso de precaución. Después de todo, él no conocía al hombre. Quizá siempre adoptaba esa expresión tan inquietante.

Nadeshiko apareció detrás de Fujitaka y con una suave presión obligó a su esposo a entrar al cuarto. Rodeó la sala y se sentó al lado de Sakura. También ella tenía una expresión severa en el rostro, y sus ojos grises recorrieron el cuerpo de Syaoran.

– Se puede saber por qué tardó tanto, Señor? –

– Perdón? – Syaoran parpadeó confundido.

– Pensé por un momento que había recurrido a patrañas esa noche en su habitación solo para que no lo matara. –

Syaoran sintió como si tiraran de sus orejas debido a la cólera – Claro que no, Señora. –

– Entonces… por qué tardarse tanto? –

– Oh, mujer, no lo presiones. Es evidente que apenas logró salir de su lecho. –

Syaoran sintió como dagas esas palabras. La ironía era hasta despreciable.

– Se equivoca, no me hice presente antes, porque me pareció poco prudente. No fue más que una cortesía. Señora, no quise obligar a su esposo a interrumpir su descanso para recibirme antes de que estuviese en condiciones. –

- ¡Syaoran! – exclamó Sakura.

Nadeshiko sonrió, y comenzó a formular una respuesta que fue interrumpida por su marido.

Fujitaka echó hacia atrás la cabeza y rió a carcajadas.

- ¿Es eso, sajón? Tú excusa nada tiene que ver con el tiempo que permito para que mi esposa me mime. –

- No sé qué harás tú – replicó Nadeshiko -, pero si tu padre no cuida su lengua, lo obligaré a volver a la cama.

- Señora, acabamos de abandonarla – replicó Fujitaka con una sonrisa perversa -. Pero si deseas volver... –

Sakura vio el sonrojo de su madre y reprendió a Fujitaka.

- Padre, por favor. Syaoran no comprende que estás bromeando. Lo impresionas. –

- Si es así, tendré que disculparme por los golpes que le di. Pero según me dijeron, compartiste su cama todo el verano.

Si antes Syaoran no se había sentido chocado, entonces lo estuvo. Vio el sonrojo de Sakura, y sintió el calor en sus propias mejillas. De pronto, Fujitaka abandonó la actitud de broma. En un instante se dibujó en su rostro una expresión grave. Syaoran comprendió de dónde venían los repentinos cambios que siempre le habían intrigado tanto de Sakura.

- Hiciste todo lo posible para matarme a causa de eso – recordó bruscamente Syaoran a Fujitaka -. Si todavía lo deseas. –

- No seas estúpido – contestó secamente Fujitaka -. No podía matarte después de que Nadeshiko me dijo lo que nuestra hija siente por ti.

- ¡Hubieras ordenado a Yukito que me lo dijera! – exclamó Sakura.

- ¿Y que tú se lo se lo dijeras a él? – Fujitaka meneó la cabeza. – No, Sakura, tenía que ser como fue, para contentar a todos. Pero él merecía los golpes. –

- Tu padre olvida su propia juventud – dijo. Dirigió una mirada significativa a Fujitaka antes de sonreír a Sakura -. Por otra parte, se muestra irrazonable cuando se trata de ti. – Aunque se había acercado al costado de Fujitaka para tomarle la mano, Nadeshiko continuó hablando a Sakura. – No se trata tanto de que te hayas acostado con él, sino de que no se casaron antes. Ambos nos oponemos a eso, y por lo tanto deseamos corregir la situación. –

Syaoran aún tenía que escuchar la confirmación de los labios del padre de Sakura. Por lo que preguntó: - Entonces, ¿tengo su bendición?

Nadeshiko clavó el codo en las costillas de Fujitaka cuando éste no contesto inmediatamente.

- ¡Sí! – explotó el vikingo.

Syaoran comenzó a reír al ver el gesto de dolor en los rasgos de Fujitaka. Pero después gimió, porque también él sufrió al reír; y ahora tocó a Fujitaka el turno de festejar.

- Por lo menos, esta tarde no tendré que demostrar mi fuerza – dijo Fujitaka. Y esa frase le ganó una mirada de hostilidad que acentuó su regocijo, y esto a su vez provocó otro golpe en las costillas, asestado por su esposa.

Nadeshiko dijo a su hija: - Entonces, tenemos que realizar todos los preparativos, de modo que iré con tu padre para arreglar todo, y tú te ocuparás de preparar a Syaoran. –

Dicho esto, empujó a Fujitaka que aún reía, y ambos salieron de la habitación.

Después de que sus padres salieron, Sakura cerró la puerta, y con una semisonrisa se volvió hacia Syaoran.

- Se necesita tiempo para acostumbrarse a ellos – observó.

Syaoran vio que ella hacía todo lo posible para evitar la risa. Desde el momento de la aparición de sus padres Sakura había hecho gala de excelente humor. Rodeada por los miembros de su familia y los amigos, se sentía inmensamente feliz, y él no deseaba entristecerla quejándose del padre.

Con voz vacilante preguntó:

- Entonces, ¿los extrañarás cuando nos marchemos? –

Ella sonrió, y se acercó a Syaoran. Se inclinó sobre él, y con los brazos rodeó el cuello del sajón.

- Sí, pero sé que me visitarán. En verano el viaje no es demasiado largo. –

Syaoran gimió íntimamente.

- Imagino que no lo harán a menudo – dijo esperanzado.

- Quizá verano por medio. –

El trató de disimular lo mejor posible su temor. Y después, el perfume de la piel de Sakura lo aturdió, y Syaoran se olvidó de los padres de la joven. La sentó sobre sus piernas.

Los brazos de Syaoran rodearon la cintura de Sakura; él elevó los ojos para mirarla, y su mentón descansó en la profunda V del vestido de terciopelo verde. Ninguno de los dos había mencionado su condición anterior. Ella se había limitado a abandonar la condición de esclava con la misma facilidad con que la había adoptado, lo cual llevó a Syaoran a comprender que en realidad jamás había asumido su esclavitud.

El verde oscuro del vestido agregaba un matiz más oscuro a los ojos de Sakura, de modo que los hacía parecer enormes gemas. En los ojos de Syaoran se manifestaba la intensidad de su amor y su ternura.

- Han esperado semanas esta boda. – Syaoran apretó los labios sobre la piel de Sakura antes de agregar: - ¿Nos atreveremos a demorarlos un poco más? –

- Bromeas, milord. – Las manos de Sakura sujetaron las mejillas del hombre y ella se inclinó para acariciar los labios de Syaoran con movimientos lentos y sensuales de su lengua. - ¡No estarás sugiriendo...! – Ella rió roncamente cuando él la apretó contra su pecho y acarició el contorno de sus piernas y caderas.

- Sí, bromeo. Pero tú podrías obligarme a cambiar de idea. –

- ¿Puedo? – La mano de Sakura sobre la nuca del sajón lo obligó a acercar los labios. – Entonces, milord, quizá lo haga. Sí, quizá... –

– Te amo, Sakura. –

–Yo también te amo, Syaoran. –

FIN


HOLA, HOLA, HOL ¬.¬ ... Mala imitación de Kero, lo sé… Jajajaja

Espero que este último capítulo sea de su agrado y quedemos todos contentos… jajajaja… lamento la tardanza, pero en estos meses me pasó de todo, desde trabajo, viajes hasta la pérdida de mi abuelita… que si les soy muy honesta fue un golpe muy duro que me mantuvo en una profunda depresión de la cual mi novio y mi trabajo fueron lo que me ayudó…Además de todos sus reviews y correos electrónicos que me preguntaban si estaba bien, o si ya no actualizaría…

Lamento la espera, hace mucho tiempo que no recupero mi record de actualización semanal… espero contar com más tiempo en estos días que las exigencias del trabajo me lo permiten…

LEAN MI NUEVA HISTORIAAAA!... Se llama "LA DAMA DE VELO"… La trabajo con mi novio que ustedes conocen como Belzer… Búsquenla bajo la tituría de HOSHI KUMIKO CHAN y Belzer ai , es una nueva cuenta que manejamos mi novio y yo. Espero que la lean y sigamos en contacto… Verán a una Sakura muy diferente a las que he venido presentando en mis trabajo… cambio de escenario, de época, y de temáticas de tortura, jajajajaja… les aseguro que les gustará... Para muestra una probadita…

"-¿Supongo que es usted la misteriosa Dama del Velo? -preguntó Syaoran"

"-Buenas noches, mi señor -le dijo."

"-Recibí su última nota, señora. Me pareció de lo más irritante, tal como las anteriores."

"-Esperaba atraer su interés, señor."

"-La curiosidad es una de mis debilidades. -Syaoran sonrió levemente a la luz de la luna, pero la curva de su boca no denotó calidez alguna, ni la sombría mirada tampoco reveló nada-. Desde hace dos meses usted se ha transformado en una espina clavada en mi costado, señora. Espero que tenga plena conciencia del hecho. "

"-Le pido disculpas –"

"-¿De modo que decidió provocarme de forma deliberada, hasta el punto de llegar a agitarme de tal manera que aceptara verla? "

"Sakura respiró profundamente. -Digamos que fue algo así. "

"-Por lo general se considera algo peligroso molestarme, mi misteriosa Dama del Velo… -Si hasta aquí se siente satisfecha con el desafío-dijo Syaoran-, es sólo porque ha venido ganando. Eso está a punto de cambiar. "

Qué tal, eh?... jejeje… los estaré esperando para que juntos disfrutemos de otra emocionante historia. Nos vemos muy pronto, gracias a todos los que me escriben, lo quiero mucho, mucho, mucho…

...·:·:·:·:·…

HOSHI KUMIKO CHAN.

...·:·:·:·:·…

"Quizás Dios quiera que conozcas mucha gente equivocada antes de que conozcas a la persona adecuada, para que cuando al fin la conozcas sepas estar agradecido."

G.G.MÁRQUEZ

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