| B s . A A A | full 3/4 1/2 | E E | Light Dark |
|
Author of 2 Stories |
Bienvenidos a mi primer pequeño proyecto como escritora, por lo menos el primer fanfic que publico; de antemano les agradezco vuestra atención e interés. Y de veras espero que mi historia os guste y logre captar vuestra atención, por lo cual me gustaría que me contaran que les ha parecido, sus dudas y/o criticas constructivas me las hicieran saber por medio de los reviews, y os contestaré lo antes posible . En el caso de que no les haya agradado, de todas maneras les agradezco que lo hayan tomado en cuenta y lo hayan leído.
Os cuento que este fict aborda casi completamente una historia acerca de mi personaje favorito de esta fabulosa saga, osea, es acerca de MURTAGH. Antes había decidido que Nasuada supuestamente habría muerto en la batalla de Farthen Dur, aunque ESO CAMBIO...Ella y todos los demás personajes se conservan tal cual como quedaron al final de Eldest, exceptuando a Murtagh, ya que ESTO sería lo que le ocurrió a él posteriormente a la Batalla de los Llanos Ardientes.
Algunos podrán darse cuenta de que este fict ha sido RE-EDITADO, me refiero a quienes ya lo han leído, y solo quisiera contaros que el motivo de la re-edición se debe a que quiero corregir ciertos detalles y modificarlos. ¿Por qué? Pues porque he tomado la decisión de continuar la historia, es importante para mí hacerlo, sobretodo porque además me gustaría crear mi propia versión del tercer libro de la saga (ya que ahora serían 4 tomos de El Legado, como contó el Sr. Paolini). Y esta vez no lo relataría basándome solo desde una perspectiva o relatando las aventuras de un solo personaje, sino en todos los posibles; ya que se me han ocurrido un montón de ideas nuevas al haber re-leído los libros hace poco, y es por eso que quiero crear mi versión del tercer libro n.n , sobretodo el destino del tercer huevo y muchas cosas mas. Sin embargo, lo siguiente es muy importante: COMO TIENE QUE VER CON ESTE FIC, CREO QUE LO CONTINUARÉ EN EL MISMO, O TAL VEZ PARTE, PERO PARA LEERLO (si os interesa, claro) DEBEN HABER LEÍDO LOVE & FEAR, ES IMPORTANTE, YA SABRÁN POR QUÉ.
Los motivos por los que creé esto es simplemente porque admiro muchísimo el gran trabajo de Christopher Paolini, que pese a varias críticas que consideran su trabajo poco creativo, yo estoy en total desacuerdo, porque no es fácil escribir algo sin sonar un poco repetitivo, ya que hoy en día existen muchísimas obras con cosas en común, pero eso no implica que sean lo mismo, además el hecho de que haya escrito una historia así de genial con tan solo 15 años no es algo muy común ni de poco trabajo, al contrario, merece una gran valoración. Y pues, no pretendo ningún afán de lucro con mi fict, ni tampoco conseguir nada a cambio más que la alegría de saber que lo que escribo, las ideas que pongo aquí son de vuestro gusto, es decir, que lo que mi alocada mente llegó a crear les pareció bien e incluso interesante, ESA ES mi mayor satisfacción. .
Finalmente les recuerdo que la historia central, los personajes y el fantástico mundo de Alagaesia, son netamente propiedad del Sr. Paolini, sin embargo, los demás personajes que aquí aparecerán los hice para mi gusto, cada uno con su propia historia y personalidad.
Espero que lo disfruten...
Besazos!
Love & Fear...Can you escape from them?
1-. CAMBIOS QUE PARA EL ALMA SON MUY DIFÍCILES DE OLVIDAR.
Era un tarde bastante calurosa alrededor de los poblados de Dras Leona, aunque no tanto para un joven con ojos de un color verde esmeralda, ahora intensamente oscuros, de tez pálida, con no más de 25 años aparentemente. El sol, quemante y abrasador, azotaba los pastizales cercanos al lago Leona con una intensidad poco frecuente en las primaveras, sin embargo, el muchacho se hallaba sentado en las orillas del lago sin prestar atención a nada en particular, con una expresión de profundo vacío en su rostro y sobretodo en sus ojos. De haber estado en un estado menos aletargado se habría dado cuenta de que parte de ese vacío era producto de la ausencia de su dragón y el forzoso aislamiento antinatural al que ambos fueron obligados como parte de su arduo entrenamiento.
Por más que miraba hacia el horizonte no encontraba nada más que oscuridad y amargura, estaba triste por su separación con Espina, aunque eso tenía remedio, porque más adelante volvería a verle, sin embargo su frustración y amargura se debían a algo mas, algo que sabía pero que no lograba recordar y eso lo abrumaba mas que nada, el no tener ningún recuerdo agradable, exceptuando la imagen del rostro de su madre y la melodiosa voz con la que pocas veces ella lo arrulló en su habitación, y por último a Espina, su alma gemela y compañero eterno. Pero mas allá de eso todo era dolor y tristeza, no existía nada más que le demostrara lo contrario.
Estaba seguro de que algo faltaba, pero Galbatorix le había robado todo, incluso su mayor tesoro: su libertad.
Con pesar, volvió sus ojos en dirección a Belatona, la ciudad que le fue asignado como primer tarea en su nuevo entrenamiento. Aunque no era exactamente allí donde debía dirigirse, sino hacia el noroeste de la ciudad, para adentrarse en los antiguos bosques que limitaban parte de las Vertebradas.
No obstante, el chico aún estaba completamente sumido en sus más profundos pensamientos, lamentando lo iluso que fue al pensar que a alguien como Galbatorix le importaría la vida y libertad del hijo de su más leal apóstata, sobretodo por el hecho de que este no tuviera nada en contra de él y de su reinado, a pesar de que al principio no compartía sus ideales, pero ahora ya todo le daba igual. Si los vardenos derrotaban al Imperio sería su fin porque jamás le perdonarían; y al contrario, si Galbatorix ganaba, seguiría siendo su esclavo de por vida, nunca podría soñar con que su amo le concediera la libertad que tanto extrañaba, y a pesar de su posición como Jinete, eso nunca cambiaría, Galbatorix siempre lo conservaría como mascota.
Pasaban los segundos, los minutos y no deseaba levantarse para nada, a pesar del calor. Le agradaba bastante la tranquilidad del lugar en esos instantes gracias a que era raramente frecuentado por los habitantes del sector; y a pesar de saber que unos pocos kilómetros más al sureste se hallaba un pequeño grupo de soldados que lo vigilaban por ordenes del rey – ya que este aún no confiaba ciegamente en él como para dejarlo viajar solo, además para mantenerlo alejado de la ciudad ya que Galbatorix no quería que alguien de los vardenos le reconociera y pudiera hacerle recordar – pero que ciertamente no deseaba tomar en cuenta, ya que pronto ellos le dejarían solo dado al temor que les producía el lugar al que se dirigía.
Pasadas algunas horas, Murtagh sabía muy bien quienes eran Eragon y Saphira, pero los recordaba confusamente a causa de la maldición de Galbatorix, mas sabía que algo andaba mal ya que cuando volviera a enfrentárseles debía capturarles como fuese y llevarlos ante el rey y eso lo hacía sentirse como alguien indigno de ser Jinete, de utilizar sus poderes para algo tan ruin a pesar de no saber el por qué de dicha situación.
Tratando de olvidar todo se levantó, dejando marcada su silueta en el lugar en el que había estado tendido. A lo lejos, los soldados le observaban escondidos para no levantar sospechas, creyendo que su presencia no había sido percibida, lo cual era ridículo para el Jinete.
Camino un rato rodeando las orillas del lago y decidió refrescarse un breve momento ya que estaba bastante sudado. Dejó su arco sobre el césped y junto a este a Zar'roc, más un pequeño bolso en donde guardaba algunas de sus pertenencias. Se quito las ropas quedando solo en pantalones, dejando entrever su perfecta figura a pesar de la cicatriz en la espalda que le había dejado su padre cuando era muy pequeño y se lanzó al lago.
El agua estaba tibia y era de un color verde cristalino, en el no habían muchos peces, pero muy cerca de la zona abundaban las aves y los conejos, además de coyotes y comadrejas.
Nadó un buen rato y se quedo flotando, observando el cielo de un celeste intenso claramente despejado, pensando en que consistiría las pruebas a las que se enfrentaría y si Espina triunfaría en su convivencia y entrenamiento con Shruikan, ya que desde el principio ambos se habían odiado. Otro punto que lo intrigaba era qué tanto podía aprender si el mismísimo Galbatorix era la persona con más poder en toda Alagaesia, aquello era bastante extraño. Trató de adivinar pero al final solo pudo deducir en que tenía que ver con la hechicería de un brujo muy poderoso que había enseñado muchas cosas al propio Galbatorix mientras vagaba por Alagaesia luego de perder a su dragón y querer dominar la magia negra. Ya aburrido de tanta quietud, decidió salirse del agua, nadó hacia la orilla y al salir de ésta, la luminosidad del día reflejaba cada una de las pequeñas gotas de recorrían sus marcados y perfectos bíceps. Esperó a secarse por completo para vestirse y poder marcharse al destino que le habían ordenado. Cuando ya estuvo listo tomó su espada y su arco y se dispuso a marcharse para así también librarse de la molesta presencia de los soldados de una vez por todas. Quería partir antes de que oscureciera por completo, a pesar de que no corría mayor peligro por esos territorios pero de todos modos él estaba acostumbrado a estar siempre alerta, eso era algo innato en su comportamiento.
Caminó un largo trayecto abriéndose paso entre la maleza que se acrecentaba a medida que se acercaba a los territorios del brujo; ya sabía que los soldados desde un buen rato habían desistido en seguirlo. Cuando finalmente divisó el estrecho y oscuro sendero rodeado por arbustos resecos, descubrió que éste a su vez se dividía en otros cuatro. Decidido a no dejarse abatir por aquello, agudizó su sentido del olfato para detectar algún olor diferente en el ambiente, y aquello no le fue muy difícil. Había uno de ellos que estaba impregnado en una especie humo fortísimo que le produjo un profundo asco, era idéntico al olor de los huevos podridos, no obstante, Murtagh era consciente de que era casi seguro que ese fuera el camino correcto dado a que los demás carecían de aquel repugnante olor. Y en efecto, así era. Por lo que aceleró un poco más el paso al percatarse de lo tenebroso del lugar. Los árboles eran cada vez más altos y sin hojas, y sobre ellos se hallaban bandadas de cuervos y buitres que lo miraban peligrosamente, aunque aquello no le intimidaba en lo absoluto, deseaba encontrar pronto el lugar dado a lo cansado que estaba por el viaje.
Para su gran alivio no tardo demasiado, ya que justo frente a sus pies veía el comienzo de la entrada a los dominios del brujo. Avanzó por el pequeño caminito maltrecho que estaba rodeado por un jardín (si es que se le podía llamar así al terreno con más maleza y pasto crecido de lo habitual) que estaba bastante descuidado. En este, habían unas rejillas muy oxidadas y chuecas, como si hubiera sido aplastadas por algo muy grande. Caminó sigilosamente hasta llegar a una pequeña casucha muy vieja y apolillada. La miro y pudo ver que tan solo tenía una pequeña ventanilla por la cual despedían un sinfín de olores bastante desagradables – entre los cuales se hallaba el de los huevos podridos –, a pesar de estar tapada con un pedazo de tela muy raída y sucia.
Decidido a terminar lo más pronto posible lo que tuviera que hacer en ese lugar que no le agradaba en lo absoluto, se acercó a la mohosa puerta que tenía enfrente y golpeó. Nada ocurrió, pero cuando se dispuso a golpear por segunda vez, la puerta se entreabrió lentamente y dejó ver un pasillo lleno de estanterías de libros muy viejos y frascos con extraños objetos, criaturas y líquidos viscosos de diversos colores que en su mayoría eran parecidos al moho. Murtagh entró, y al hacerlo pudo sentir una oleada de olores aún más intensos pero siguió con paso firme. Llegó hasta una habitación antigua, la única ordenada en esa casucha. Al fondo de ella había una pequeña chimenea encendida, y al lado de ésta, colgado en la pared, había un buitre disecado más grande de lo normal y bajo él una cajonera a la que no prestó atención. Lo que sí le llamó poderosamente la atención fue el espejo que se hallaba al lado de ésta. Era de tamaño humano y en su marco habían grabado muchas cosas en un idioma extraño y antiguo que a Murtagh le era desconocido, y era aquello lo que le daba un aspecto de misterio, sin contar los cuatro orificios – uno en cada esquina – del negro marco que al parecer, deberían haber estado ocupados.
Pero repentinamente percibió la presencia poderosa de alguien más en dicha habitación. Se volteó con una velocidad inhumana y se encaró al individuo.
Para su gran sorpresa, lo único que encontró ante sus ojos fue un gato más grande de lo común, quien dormitaba acurrucado sobre un destartalado catre. Su aspecto era viejo y enfermizo.
Al principio pensó que se trataba de un hombre gato – un mito urbano para muchos pero ellos realmente existían, aunque encontrarlos era casi imposible – pero un presentimiento le advirtió que estaba equivocado con respecto a dicha criatura. Por lo que se acercó con sigilo para no despertarle y así, verlo mejor, pero éste se dio cuenta de que alguien desconocido estaba allí mirándolo.
Sin previo aviso, se levantó y se quedó mirando al muchacho fijamente a los ojos. En ese momento, todo comenzó a darle vueltas en la cabeza, y de no ser porque logró arrimarse contra la pared mas cercana y cerró los ojos con fuerza, concentrándose en relajar su mente, hubiese comenzado a tener las peores alucinaciones.
Pasados algunos segundos, y algo débil por lo previamente ocurrido, decidió que lo mas conveniente era enfrentarse nuevamente a los ojos del aquel ser, no podía sentir miedo ante aquella insignificante criatura; por lo que abrió los ojos y descubrió que donde antes había estado el gato estaba vacío. Más en su lugar, o mejor dicho junto al catre se hallaba ni mas ni menos que el brujo, Mustafá.
Era un viejo muy alto, blanco como la cera y con marcadas arrugas en su rostro, pero lo que más le llamo la atención eran sus ojos completamente negros, y en ellos no había ni un atisbo de vida ni compasión.
Cuando ya casi se hubo recuperado del efecto de la sensación de inestabilidad, escuchó la voz áspera del viejo que le recomendaba sentarse y quedarse quieto por un momento para que el efecto pasase por completo. Y como esa sensación era tan desagradable y lo hacía sentir algo indefenso, no le quedo otra opción mas que hacerle caso.
Ya habiéndose recuperado, observó atentamente al viejo, y éste a su vez lo escudriñaba con la mirada de pies a cabeza y murmurando cosas que no entendía claramente.
Fue entonces cuando escuchó mejor la voz del viejo.
— ¿Qué haces aquí? – dijo el viejo con cara de pocos amigos.
— Estoy buscando a Mustafá, se supone que él vive aquí – le contestó el chico evitando mirarle a los ojos, pero sabiendo que ya había encontrado al susodicho.
— ¿Y quién le busca? – cortó el viejo.
— Lo que me ha traído hasta este lugar fueron las ordenes de el rey, se supone que él estaría al tanto de esto y tendría que haberme esperado – le contestó Murtagh levantándose de la cama.
— Pues tendrías que haberme dicho eso antes de entrar sin permiso – dijo – yo soy Mustafá. Así que eres tu el elegido por el rey, espero que estés lo suficientemente preparado para la misión que te encomendaron.
— Así es, ¿cuándo comienzo?, me quiero marchar lo antes posible de este lugar – dijo indiferentemente el muchacho.
— Tranquilo jinete, primero tengo que preparar ciertas pociones y tu debes descansar del viaje porque o si no, no lograras tu cometido.
— ¿Y en que consiste? – preguntó el chico mirando de reojo al brujo.
— Todo a su debido tiempo – dijo – ahora ve hacia el pasillo y entra en la segunda puerta a mano derecha, ahí tienes donde dormir el tiempo que nos tome esto.
Y sin decir nada más el chico se encaminó a la habitación indicada. Tras él se había cerrado repentinamente la puerta pero no le dio importancia.
Trataría de dormir aunque sabía que eso siempre le había sido casi imposible..
Nota del autor: Este capítulo fue re-editado en enero 2008.
|
Review this Chapter |