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Akiko Koori
Author of 20 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Humor - Harry P. & Draco M. - Reviews: 162 - Updated: 12-25-07 - Published: 01-03-07 - Complete - id:3324414

Notas:

Sip, lo sé. Me he portado terriblemente mal... y lo he disfrutado.

Afortunadamente eso no influenció mi noche de navidad y recibí un preciado regalo, jejeje... Lo malo es que me operaron (de nuevo)... ¿podría decir que eso fue mi castigo?... nah... xD

Quiero agradecer a todas las personas que dejaron mensajito, bajo la aseveración de que el cap anterior fue el final. Algunos no quedaron nada felices, lo sé. Y corro el riesgo de que no lean este final. Pero, si lo hacen, deben tener mis mejores deseos, ya que expresaron su opinión de manera que respeto.

Otros quedaron “algo” satisfechos... A veces siento que es por el apoyo que me han dado a través de los años, que no expresaron cierto... enojo.

Esto fue una travesura mía. Quería un final especial, y me busque una fecha especial... la de Navidad.

Este es el final que tenía pensado desde el principio. Todo bajo leves variantes.

Espero que les guste.

¡Feliz Navidad!

Akiko

Una buena razón para no olvidar

Por Akiko

Final de “Diez buenas razones para no enamorarse”

Resumen:

¿Qué opinión tiene Draco Malfoy de todo esto que ha estado pasando a su costa?

Quizá no este tan molesto con ello; sin embargo le costará mucho trabajo convencer a Harry de eso.

¿Amor?

No. La verdad es que no te amaba.

Sólo estaba encantado con los secretos que guardaban tus labios,

justo aquellos que jamás dijiste, pero que fue fácil adivinar.

¿Amor?

No. Al principio me gustaste.

Y saber que te gustaba inflo mi ego de manera peligrosa.

Al principio no te amaba.

Sin embargo, un día cambiaron las cosas.

Y mi querer se encaprichó contigo hasta convertirse en amor.

Yo no necesitaba este amor, pero no pude detenerlo.

Ahora no puedo vivir sin él.

¿Tú ya te olvidaste del amor que sentiste por mí?

Lucius Malfoy suspiró. Frente a él se encontraba su único hijo, sosteniendo un informe sobre las acciones, leyendo detenidamente cada párrafo.

El hombre no pudo evitar pensar que su hijo había cambiado. Se notaba en su mirada una madurez sorpresiva, cargada de una extraña emoción que jamás había visto en él. De hecho no la había notado desde ese día, que fue por él al colegio. Y desde entonces no pudo averiguar lo que la había causado.

Su hijo había cambiado.

Lucius levantó la copa con vino y probó un poco. Justo en ese momento notó que su hijo cerraba el informe para colocarlo en su escritorio.

- Hay un sitio donde me gustaría invertir - murmuró con calma y entrelazó los dedos de sus manos - Hasta ahora es un negocio bastante independiente, pero pienso que no despreciarán la posibilidad de expandir sus productos.

- Jamás habías mostrado interés en aumentar la fortuna de la familia - observó el adulto - ¿Quién es el dueño de esa empresa?

Draco sonrió y murmuró el apellido de los dueños.

Lucius enarcó una ceja. Escuchar la razón que tenía su hijo para intentar un negocio tan riesgoso le sorprendió más.

o.o.o

¿Qué es eso? - preguntó Ron, mirando con curiosidad la majestuoso búho que había entrado por la ventana, para posarse frente a los gemelos.

- Nuestro socio nos ha invitado a celebrar la noche buena - dijo Fred de forma divertida - Es una situación bastante extraña, ¿cierto, George?

- Ni que lo digas - corroboró el otro - Es una invitación bastante sorprendente.

- Oh - Ron se desinteresó al instante y continuó comiendo. Desde hace casi seis meses, sus hermanos habían recibido una oferta de inversión difícil de rechazar, que alzó el negocio de forma asombrosa. A partir de ese momento los notó más misteriosos, pero no pudo saber la razón, así que sólo lo dejaba pasar.

- Nuestro socio nos ha invitado a pasar la noche ce navidad en su casa - dijeron al mismo tiempo, cuando vieron entrar a su regordeta madre - Deberíamos ir.

La verdad es que toda la familia se había visto envuelta en agradables eventos, causa de la amable invitación de ese socio misterioso quien, por cierto, jamás tenía tiempo de estar ahí.

Ron notó un brillo en la mirada de su madre. Al parecer era quien más había disfrutado de las atenciones del socio de los gemelos.

- Deberíamos - coincidió ella - ¿Esta será la ocasión en que conozcamos a su socio?

- Tal vez - evadieron ambos gemelos.

Ron miró a su madre y continuó masticando. Lo cierto es que el negocio de sus hermanos había mejorado lo suficiente como para que ella tomara el asunto del socio secreto como algo bastante divertido y aceptable. Después de seis meses en eventos, donde él no aparecía, ella había comenzado a pensar que se trataba de un juego, así que había estado intentando adivinar la identidad de la persona. Lo que parecía tener encantados a los gemelos, especialmente cuando negaban la información.

- Pero Harry pasará la navidad con nosotros - intervino el muchacho - No podemos, simplemente, irnos a otro lugar.

Los gemelos volvieron a sonreír.

- Claro que hemos pensado en eso - aseguró Fred.

- Por eso, Harry vendrá con nosotros.

- La invitación es para toda la familia - terminaron a coro.

Ron pensó que todo eso era muy extraño, especialmente viniendo de sus hermanos mayores, en quien no se debería confiar enteramente, ya que no habían perdido su oscuro sentido de humor.

Sin embargo todas sus dudas se disiparon al escuchar el sitio donde se celebraría la cena.

o.o.o

Harry llegó al anochecer.

Le había parecido un poco extraño que la familia Weasley cambiase el sitio de la celebración de navidad, pero pensó que no era quien debería cuestionar los sitios donde se reunían; aún cuando le parecía bastante extraño a las costumbres que tenían, especialmente si era un sitio terriblemente lujoso y lucía de lo más caro que Harry hubiese visto también.

Lo cierto es que la noticia de la prosperidad de la familia no sólo había corrido entre extraños; el propio Harry supo de esos eventos a los que sus amigos habían asistido, la mayoría por labios de Ron, quien parecía más encantado que indignado.

El propio Harry estuvo en alguno de esos eventos, trabajando. Y tuvo que admitir que todos los integrantes de la familia Weasley se veían felices.

Lo que hacía raro que le invitasen a compartir esa celebración, en ese lugar, con su socio desconocido, quien no se había dignado a aparecer en público.

Era cierto que él había estado todas las navidades con ellos, desde que pudo, pero ahora le parecía un tanto extraño. Sencillamente las circunstancias ya no eran las mismas, y se sentía un tanto incómodo.

Aunque eso quedó de lado cuando apareció Fred Weasley, con una de sus traviesas sonrisas y se acercó para recibirlo con un fuerte abrazo que provocó una descarga en el cuerpo del moreno.

- ¡Hey! - protestó el chico, y apartó al pelirrojo, quien le mostró un curioso artefacto - ¿Qué es eso?

- Un artefacto muggle que George se encargó de mostrarme esta misma mañana - sonrió - Produce una interesante descarga.

- Lo he notado - interrumpió el moreno, quien se sacudió un poco - Wow. Este sitio si que es... poco común.

- ¿Verdad? - Fred sonrió - Es una propiedad de nuestro socio - explicó rápidamente.

- Oh - Harry evitó comentar lo extraño que se le hacía que ellos estuviesen en un sitio desconocido, con un socio desconocido - Creo que no me has dicho el nombre de su socio - intentó obtener.

- Es una sorpresa - Fred sonrió de manera que provocó un escalofrío en la piel del moreno.

- ¿Pero porqué hemos venido un día antes?.

- Para conocer París - se escuchó desde las escaleras y Harry volteó a ver a George, quien lucía esa misma sonrisa maliciosa, como su hermano, y se acercó extendiéndole la mano.

- No más artefactos muggles - susurró Harry con el ceño fruncido. George dejó caer los hombros. - ¿Dónde están los demás?

- Conociendo París - Fred lo miró atentamente - Por eso debiste llegar... - miró su reloj - cuatro horas antes.

-Tuve dificultades en el trabajo - se excusó el chico al instante.

- Deberías dejar ese trabajo, Harry - murmuró George - Nuestra empresa esta creciendo de forma positiva. Podrías tomar un puesto con nosotros.

- Esa empresa ha sido idea de ustedes - negó Harry - Quiero hacer algo por mis propios medios.

Porque ese era el problema. Desde el penoso incidente en el séptimo año, Harry había notado lo incapaz que lo creían sus amigos. Cosa suficiente para alejarse un poco de ellos e intentar cosas por sí mismo.

Por ello tenía ese sencillo trabajo de medio tiempo, atendiendo mesas en un lujoso restaurante.

Le gustaba lo que hacía, aunque había resultado un poco penoso cuando se encontraba con alguna cara familiar. Pese a ello llegó a adaptarse, al mismo tiempo que estudiaba la carrera.

Y a su opinión lo estaba haciendo bien. A sus 18 años podía decir que estaba librándose de toda esa fama, para lograr que los demás le valoraran por lo que en verdad sabía hacer.

- De todas maneras estoy muy cansado para salir - murmuró el moreno, para quitar tensión a la constante oferta de los gemelos. Ellos lo hacían por ayudarle, y lo sabía, pero él no quería ayuda. No más.

- Te llevaré a tu habitación - ofreció Fred

- ¿Su socio verá eso bien? - preguntó Harry con una sonrisa - ¿Seguros que no se inventaron a ese personaje?

- Claro que no - George sonrió - Es tan real como esta mansión, que ni en sueños nos pertenecería.

Harry se sintió algo avergonzado por eso. Se dejó guiar por los pasillos, hasta que George se detuvo frente a una puerta bastante cargada de decorados, que no dejaban de moverse suavemente.

- ¿Dragones? - musitó.

- Es una extraña afición de nuestro socio - el pelirrojo se apresuró a abrir la puerta y dar un suave empujoncito a Harry - Descansa. Nosotros nos encargaremos de excusarte, si no bajas a cenar.

Harry agradeció ese gesto y penetró el lugar. Habría querido observar con mayor detenimiento el exquisito decorado de la habitación, sin embargo estaba terriblemente cansado y se limitó a quitarse la ropa para meterse bajo las mantas.

Tras un suspiro quedó dormido. Su último pensamiento fue que no había estado en una cama tan tibia y cómoda como esa.

o.o.o

Un tímido beso fue lo que dio paso al primer contacto íntimo entre ellos.

Fue él quien lo inició. Hasta entonces no se había sentido capaz de hacerlo, pero hubo algo en la insegura mirada gris que le convenció de tomar valor de algún lado.

Había inseguridad en el joven que le acompañaba. Lo que le pareció una soberana estupidez, ya que era él quien estaba perdiendo en todo eso. Era él quien se había enamorado y fue quien perdió la oportunidad de reestructurar a su herido corazón.

No había razón para que fuera su acompañante el inseguro. ¡Estaba por obtener lo que quería! ¿Por qué debería sentirse inseguro?

… y sin embargo… ese beso inseguro podía dar demasiadas expectativas.

Sin embargo debería ignorar cada una, ya que era demasiado riesgoso guardar una tonta esperanza.

Pero ese beso no se le olvidaba. Ese beso tímido, casi inseguro, con el que todo inició.

Debería ser un hermoso acontecimiento, pero se convirtió en algo… doloroso.

Harry abrió los ojos.

Un poco desorientado, se incorporó, viendo la decoración extraña; la idea de que estaba en un hotel le confundió. ¿Qué hacía en un hotel?

El moreno se pasó una mano por la cabeza y cubrió un bostezo. Fue entonces que recordó el sitio en el que se encontraba. Y de nuevo pensó que estaba un poco fuera de lugar, ya que estaba acostumbrado al ambiente humilde y divertido de los Weasley. Definitivamente ese sitio no llenaba esa descripción, especialmente porque no había sido despertado por los inquietos gemelos, quienes aprovecharían la primera oportunidad para molestarlo, pese a que su madre les habría advertido no hacerlo.

Se pasó una mano por la cara y enarcó una ceja.

¿Se había quitado los lentes? No lo recordaba.

Verlos pulcramente acomodados en la mesita de noche le extrañó aún más, pero no lo tomó en cuenta y se encaminó al cuarto de baño para darse una ducha rápida.

Era ese día en que se celebraría la cena de navidad, así que el moreno pensó que podría salir a comprar algunos obsequios para sus amigos. Claro que hacer eso en un sitio desconocido resultaría bastante difícil y al salir de la habitación tuvo que notar, con algo de disgusto, que había despertado bastante tarde, así que no había nadie esperándolo.

Afortunadamente no ocurrió lo mismo con el almuerzo y el moreno se encontró comiendo solo, hasta que un elfo apareció para ponerse a sus órdenes.

Harry jamás había salido de compras con un elfo. Pero pensó que no sería tan malo.

Que equivocado estaba.

La alegría de ver a toda la familia Weasley, reunida en torno a una enorme mesa, servida de forma tan exquisita, se evaporó en cuanto vio a ese elegante rubio, colocarse donde todos le vieran y tomando una copa para brindar.

Los Weasley parecían genuinamente sorprendidos, excepto los gemelos, quienes se encargaron de aligerar la tensión.

¿Socio?

¿Ese era el socio de sus amigos?

Harry estaba seguro de que terminaría por romper la copa que sostenía entre sus dedos, así que la bajó hasta la pulida superficie de la mesa, mientras seguía viendo al anfitrión que había aparecido en la silla principal, sosteniendo su bebida y dispuesto a dar el brindis.

¿Qué demonios se había creído al plantarse en medio de la familia a la que más había ofendido en los últimos siete años?

Harry apretó los labios y deslizó la mirada hacia el resto de las personas que estaban ahí.

Un impulso le hizo hacer la silla hacia atrás y escapar sin que le importara que los demás le vieran con curiosidad.

Llegó hasta su habitación y comenzó a guardar la ropa con la que había llegado. Dispuesto a irse de inmediato.

No volvería a exponer a su corazón a eso, pese a que había decidido que no era malo haberlo sufrido. Una cosa era aprender de la dolorosa experiencia para salir, más o menos, completo de ella; y otra, muy distinta, era dejarse caer en el mismo poso, por iniciativa propia.

Aunque no había sido iniciativa suya, debía admitir. Estaba claro que Draco se las había arreglado para que eso ocurriera. Lo que le molestaba bastante. Ahora debía agradecerle arruinar su noche de navidad.

¡Maldito rubio engreído!

No habían pasado ni cinco minutos cuando escuchó que la puerta se cerraba a sus espaldas y volteó para encarar a ese odioso rubio.

- ¿Te vas? - preguntó el rubio con un tono de voz bastante sedoso e inusual.

- ¿Acaso no es obvio? - preguntó retóricamente, y Harry le advirtió, con una mirada, que ni se le ocurriera responder. Claro que Draco jamás había atendido una sola petición suya.

- No creo que eso haga sentir cómodos a tus amigos - murmuró Draco y se acercó para comenzar a sacar la ropa del moreno, viéndola con descaro - Oh, que interesante prenda... - levantó un bóxer con estampado de renos - Es muy propicio para la época, supongo.

Harry le arrebató la prenda y empujó a Draco lejos de él.

El moreno volvió a meter las cosas en la maleta, mientras mascullaba improperios ininteligibles hacia la otra persona que había en la habitación. Y sobre todo hacia esa situación.

- No actúes como si te importaran - siseó Harry.

- No me importan - admitió el rubio con serenidad - , pero jamás he sido un mal anfitrión. Y no creo que les haga feliz que te vayas - se sentó a la orilla de la cama, viéndolo atentamente - Debe haber alguna manera de convencerte para que te quedes - sonrió.

- Oh, por supuesto - sonrió Harry irónicamente - Vete.

- Esta es mi casa - Draco se pasó una mano por el cabello - Temo que eso es imposible. Además - se acercó hasta él, rozando su oreja con su aliento - Aún me debes "algo"...

Harry lo empujó lejos de él, nuevamente.

Escuchar esas palabras apretujaron dolorosamente su corazón, pero no le iba a dar el gusto de que viese justo esa expresión.

Sabía que su primer encuentro íntimo había sido... totalmente extraño. Pero Harry no pensaba disculparse por ello, ya que no era el experto que Draco parecía haber esperado.

Y de todas maneras no se había quejado mucho, esa noche.

- No te debo absolutamente nada - rechazó con fuerza.

- Estás siendo absolutamente infantil - acusó el rubio con calma y sacó su varita para hechizar la puerta.

¿Eso había sido un hechizó para... silenciar?

- Eso pensé yo cuando te fuiste - replicó Harry con absoluta maldad y miró la puerta - Retira ese encantamiento, Malfoy.

- ¡Fuiste tú el que dijo que no quería aclaraciones! - exclamó indignado - Decidiste por ambos y no pude hacer nada para cambiar eso. - se acercó y lo atrapó. Claro que Harry no era fácil de sorprender y terminaron forcejeando hasta que Draco tuvo que tirarlo en la cama y colocarse encima, para impedirle mover - Ahora tienes que escucharme.

- ¡Así tendrías que haber insistido antes! - le reprochó y trató de sacárselo de encima - ¡No ahora!

- ¡No parecía ser lo que querías entonces! - replicó Draco con enfado y se inclinó para cubrir esos labios con su boca.

Sentir esa calidez contra él en verdad lo sintió raro, tanto que la rabia explotó dentro de él.

Maldito Malfoy.

Harry se movió bajo ese cuerpo, apoyando las manos en cualquier parte de su cuerpo con tal de tenerlo lo más lejos posible; pero era imposible.

Draco ejercía una fuerza desconocida, para mantenerlo quieto, a medida que esa boca se encargaba de acariciar sus labios y daba paso a la punta de su lengua, con la que delineó de forma terriblemente novedosa, hasta arrancarle un gemido ahogado.

La fuerza con la que Harry intentaba mantener la boca apretada comenzó a flaquear y sintió el momento en que la punta de la lengua del rubio se acunaba entre ellos, sin llegar a penetrar. Como si buscase el consentimiento para ello.

Harry se cansó de luchar y finalmente se lo dio.

Sus labios se abrieron hacia él, dejándole traspasar esas barreras que habían flaqueado, con tan solo un poco de su tacto, y no pudo remediar el salir al encuentro de aquella lengua.

Las manos que antes habían buscando alejarlo, ahora se aferraron a su espalda para mantenerlo quieto a su lado.

¿Cuántas veces había soñado con eso?

Debería ser un crimen recordarlas.

Ahora estaban ahí, frotándose de forma terriblemente descarada y novedosa; justo la que Harry no conoció hace un año.

Su falta de experiencia no era mala, entonces, pero, pasado un año, le hizo comprender que pudo divertirse más. Al menos ambos lo habrían disfrutado, no sólo él.

La lengua de Draco se encontró con la de él. Pronto marcaron un suave ritmo entre ambas, acariciándose todo lo que pudieron, hasta que la falta de aire obligó a que ese beso se rompiera y ambas respiraciones estuvieran agitadas.

Draco desvió la mirada y se inclinó para llenar de besos el rostro de Harry. Deslizando los labios hasta su cuello hasta tocar un sensible punto, cercano a su oreja.

Herry evitó dejar salir sonido alguno. A pesar de haber abandonado aquel esfuerzo por mantenerlo lejos, aún no quería darle la satisfacción de escuchar otro gemido por su parte, que revelara lo mucho que había anhelado una caricia como esa.

Incluso disfrutaba haciéndose de rogar; haciéndole sufrir un poquito más.

Draco dejó que sus manos dejaran de sostenerlo, y dejó que sus cuerpos tuvieran más contacto, traspasando el calor a través de la tela.

El rubio se mordió los labios para evitar que escapase algún sonido de ellos. Por unos segundos, sólo se dedicó a sentir el calor bajo él, abrazándolo con firmeza.

Una extraña sensación.

Eso solo desató irremediablemente que Harry buscara de nuevo los labios de Draco; pero esta vez de una forma más suave.

El moreno abrazó su espalda apretándolo contra él, y su propio cuerpo buscó roces necesarios para provocar esos deliciosos temblores.

De alguna manera le pareció familiar.

Ah si, de esa manera había sido la primera vez.

Harry se sintió abrumado cuando fue consciente del calor del cuerpo de Draco, especialmente cuando las caderas del rubio de apretaron a las suyas, haciéndole notar esa firmeza.

- Esta vez lo quiero todo, Potter - susurró a su oído.

Eso le hizo ruborizarse mortalmente.

¿En verdad Draco lo querría "todo"?

El moreno cerró los ojos y pensó tanto en esa pregunta que terminó dejarla a un lado.

- Entonces tómalo - invitó Harry.

Dreco frunció el ceño, pero el gesto fue eludido al instante y Harry comenzó a ser consciente de la forma en que le comenzaban a quitar la ropa. Agradeció mentalmente haber vestido de esa forma tan elegante, pese a lo reacio que había estado al principio y sintió que su corazón daba un salto al sentir que una de las palmas del rubio acariciaba en su pecho, deleitándose con su textura, hasta que sus dedos chocaron con una sensible tetilla, que se encargaron de atrapar y apretar suavemente.

- No dudes que lo haré... - prometió el rubio con voz ronca y su boca acudió al encuentro de esa tetilla para succionarla suavemente y tironear con los dientes.

Esta vez sí que se dejó llevar.

Harry emitió un suave gemido ante aquellos dientes y su espalda se arqueó levemente hacia él.

Todo contrariado, pero empezaba a desear eso tanto, o más que el mismo Draco.

Una mano intrusa logró deslizarse en el interior de los pantalones de Harry, acariciando esa leve firmeza y rodeándola con los dedos. La rodilla del rubio se metió entre las piernas bajo él, abriendo poco a poco.

El moreno se lamió el labio inferior y jadeó un poquito.

Sus caderas se movieron frente a esas caricias y de pronto deseó tocarlo también.

Las manos de Harry se movieron lo suficiente para llegar a su pecho y con cierta dificultad retiró un poco de tela, para tocar esa pálida piel.

Draco atrapó esa traviesa mano y se la llevó a los labios, metiendo dos dedos en su boca y acariciándolos con la lengua.

La acción sorprendió a Harry y, de pronto, no pudo apartar la vista de esa lengua que recorría la extensión de sus dedos de forma tan descarada y pervertida.

Cuando Draco atinó a liberar esos dedos húmedos, se acomodó a la altura de la cintura de Harry, extrayendo ese miembro erguido y soltó una risita algo perversa.

- Creo que sé lo que debo hacer acá abajo - ronroneó y su lengua acudió a tocar la punta de ese miembro, deslizándose de forma circular.

No le tomó de sorpresa, pero su reacción fue como si así hubiera sido.

Harry apretó las mantas entre los dedos mientras sus labios se abrían sin dejar escapar sonido alguno, o tan siquiera sin tomar aire; todo él estaba atento a esa lengua y las caricias que le proporcionaba.

Sintió esa humedad deslizarse sobre su miembro; los dientes atrapar la final piel de los testículos y volver a su miembro para proveerle de esa suave succión.

Harry jadeaba a cada una de ellas, sintiendo un insoportable deseo de lo que lo tomara en verdad, cuanto antes.

De pronto Draco se detuvo.

Dedicó a Harry una mirada tranquilizadora antes de comenzar a apartar los pantalones de sus piernas y mirarlo desde lo alto.

El rubio gruñó al descubrirse con mayor cantidad de ropa, cuando Harry lucía esa preciosa desnudez. Así que comenzó a desnudarse, antes de volver a acercarse al chico, y abrir suavemente sus piernas, para acomodarlo contra él y volver a abarcar ese miembro entres sus labios.

Las manos del rubio se dedicaron a acariciar las redondas nalgas de Harry, hasta levantarlas un poco y abrirlas, dejando que la humedad de su saliva se deslizara entre ellas.

Poco a poco se acercó hasta esa delicada entrada, donde comenzó a empujar suavemente un dedo, ayudado de esa humedad.

Harry jadeó de nuevo.

Realmente no era la intrusión que esperaba.

Un pinchazo de dolor le hizo apretar los labios. Era extraño, porque el placer proporcionado por las caricias de Draco parecía mezclarse de forma absolutamente novedosa, y el chico se encontró moviéndose en torno a ambas caricias.

De pronto Draco tocó algo en el interior de Harry, que le hizo jadear de sorpresa.

Miró al rubio y descubrió esa suave sonrisa que logró tranquilizarlo un poco.

- Te encontré, Harry - susurró el rubio, y el chico volvió a sentir esa caricia en su interior, arrancándole un gemido de placer.

Lo próximo que supo es que Draco había entrado en su cuerpo y ambos se estaban besando y abrazando, mientras ese delicioso vaivén les llenaba poco a poco, aspirando al clímax.

De pronto lo sintió terriblemente suyo. Y a cambio, se proclamó suyo.

Las dudas se disiparon y abrazó su cintura con las piernas, dejando que se hundiera una y otra vez en su cuerpo, tocando ese punto tan sensible y adornándolo con suaves sonidos de placer.

Todas las barreras que había colocado en torno a su corazón se derrumbaron. Harry supo que volvería a llorar, pero no le importó; ya se ocuparía de ello, en su momento.

Ahora lo significativo era el beso que Draco depositó en su frente y su mano cerrándose en el miembro, brindándole aún más placer.

Lo más importante fue el instante en que besó sus párpados y bebió sus lágrimas, hasta el inevitable orgasmo que azotó a ambos y obligó a sus cuerpos a permanecer quietos, mientras sus respiraciones luchaban por regularizarse.

Lo primordial fue que no se apartó de él, como la primera vez, y lo acurrucó contra su pecho, como si no quisiera dejarlo escapar.

Que raro.

- No tiene nada de malo equivocarse - susurró Draco. Harry sabía que ya había escuchado esas palabras y se mordió los labios. - Esto también fue por una buena causa, pero quiero saber más de ti. No me pidas que lo olvide.

- Dijiste - recordó Harry - ... que yo era un irresponsable.

- Aún lo pienso - corroboró Draco.

- ¿Por qué?

- Porque te atreviste a ayudarme, sin pedir nada a cambio. De pronto no supe cómo reaccionar. No podía tomarlo; especialmente porque tus razones me superaban.

- ¿Mi amor, quieres decir? - musitó Harry.

- No estaba listo para eso.

- Entiendo - de pronto volvió a sentirse mal.

- No, no entiendes - Draco se tensó - Crees entenderlo, pero no es verdad. Sólo inventas aquello que yo debería sentir. Eso es irresponsable.

- ¿Eso hice? - susurró - ¿No es así?

- No.

El corazón de Harry se aceleró de nuevo. No supo su era de alegría o miedo. No podía definirlo.

- Corrígeme - pidió.

- Hace un año, comenzaste a gustarme - admitió el rubio y apoyó la mejilla en la sábana, de forma que no tuviese que ver a Harry - Empecé a sentir celos ante la idea de que le gustaras a alguien... y que ese alguien te gustara. Cuando supe que te gustaba yo... me sentí mal. Porque no sabía cómo debería portarme ante eso.

- Esperaste un año para decir eso - señaló Harry - Te fuiste...

- Si.

- ¿Por qué ahora? ¿No se te ocurrió que ya no sentía nada por ti?

- No creas que tenía planeado arrojarme a tus brazos, simplemente. Yo... quería... - se ruborizó - “cortejarte”.

- ¿Un año después? - insistió Harry - Eso es irresponsable - regresó - No sabes lo... doloroso que fue para mí.

- Habría sido peor hacerlo antes - Draco se incorporó un poco y lo miró.

- Eso no tiene sentido - Harry frunció el ceño.

- ¿Qué habrías pensado si te dijera que te quiero, unas horas después de que me traspasaste bastante magia? - lo retó - Instantes antes habías dejado claro que no querías algo más.

Harry jadeó al comprender.

- Así es, Potter - Draco torció los labios - Habrías pensado que sólo necesito más magia... y más, y más... No era precisamente la idea romántica que tenía de nosotros. Debía esperar a recuperarme por completo para que estuvieras seguro de que lo único que necesitaba era...

- ¿Era...? - invitó Harry, tocando la mejilla coloreada de carmín del rubio.

- Tú... Sólo te necesitaba a ti...

Harry sonrió y se abrazó a ese rubio. Lo sintió salir delicadamente de su cuerpo, para colocarse a un lado y suspiró, acomodándose a un lado.

- Así que te hiciste amigo de los Weasley - murmuró de modo travieso - Es lo más romántico que han hecho por mí. Pero pienso que no debió ser fácil.

- No lo fue - Draco gruñó - Esos... miserables gemelos no perdían oportunidad para burlarse de mí.

- Y los eventos...

- ¡No quería que me hechizaran esta noche por intentar seducir a su octavo hijo! - se defendió.

- Supongo que eso habrían hecho - Harry rió bajito y recordó algo - Dijiste que tomarías todo...

- Si - Draco lo abrazó - Cuerpo, alma y corazón.

Harry se ruborizó.

- ¿Y qué me llevo a cambio?

- Te has vuelto bastante interesado en un año - protestó el rubio y suspiró - Bueno, puedo darte... lo mismo, a cambio.

- ¡Sip! - el moreno lo abrazó.

Unas campanadas llamaron la atención de ambos. Draco sonrió y se apretó al moreno.

- Ya es Navidad - señaló innecesariamente.

- Felicidades... - susurró Harry - Yo... te compre un regalo.

- ¿Otro? - el rubio lo miró divertido - Que generoso de tu parte, Harry.

- De haber sabido que se trataba de ti, no habría gastado mi dinero.

- No te lo habría reprochado siempre y cuando me dieses este regalo - ronroneó, abrazándolo de nuevo para apretarle el trasero de manera bastante sensual.

- Pervertido...

- Si - lo besó.



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